De los filósofos latinoamericanos más importantes
del pasado siglo figura el médico José Ingenieros (1877-1925), vástago de una
familia de sindicalistas anarquistas de Sicilia, militó en las filas del recién
fundado Partido Socialista Obrero Internacional del que fue secretario con tan
solo 18 años.
Desde muy joven Ingenieros organizaba marchas,
arengaba a los obreros con encendidos discursos y organizó las células de base
del Partido Socialista Obrero Argentino. Su temprana obra ¿Que es el Socialismo? nace en esta época tumultuosa.
Era un trabajador compulsivo, le robaba horas a la noche
para producir su obra intelectual y de activismo político que lo llevó a ser
elegido para ser diputado por la Capital Federal, pero debido a sus 17 años y “en homenaje a la seriedad del partido”
según consta en actas, fue eliminado del listado.
Para 1880 el general Julio Argentino Roca,
conservador, ocupó la presidencia de Argentina, su meta era la reconstrucción
de la economía Argentina, la base agroalimentaria del país venía en franco
crecimiento, las mejoras tanto de las líneas férreas como los puertos fueron
objetivo principal, de modo de conectar las más lejanas “estancias” con los
mercados internacionales.
Argentina en poco tiempo se convirtió en el granero
del mundo, en sólo 25 años su población se había triplicado. Fue el primer país
Latinoamericano con verdaderas posibilidades de desarrollo en el mundo. Pero sobrevino la primera de las crisis
financieras, Londres perdió la confianza en Argentina, entre otras razones por
sus políticas populistas basadas en expropiaciones, corrupción y desorden
fiscal.
En 1868 llegó a la presidencia Domingo Faustino
Sarmiento, este gran reformador y educador le dio un vuelco al espíritu
argentino a pesar de las difíciles circunstancias que se vivían.
Instauró un ambicioso programa de educación pública,
abonando un rico suelo para las artes y las ciencias del nuevo siglo, fue
justamente el resultado de este empeño el que benefició a Ingenieros y a otros muchos
jóvenes argentinos en adquirir una educación formal, que era de las mejores en
su época.
El joven Ingenieros fue amigo del poeta nicaragüense
en el exilio Rubén Darío, precursor del modernismo y estrella fulgurante de la inteligentzia de Buenos Aires y junto a
él, luminarias como Leopoldo Lugones, José Ramos Mejía y otros, fundan el
periódico La Montaña, donde se
discutían temas de crítica y arte, la experiencia modernista se abría como una
flor en esta publicación.
A principios de 1898 Argentina y Chile estuvieron
cerca de una confrontación bélica, Ingenieros, pacifista a ultranza dirige sus
baterías en contra de los apologistas de la guerra: “...no cambiéis la blusa harapienta manchada por el trabajo, por el
vistoso uniforme que se manchará con sangre. Las manchas del trabajo son
honrosas; las manchas de sangre son infames. Si algún día os exigen que expongáis
vuestras vidas en los campos de batalla, responded que el pueblo trabajador
argentino es hermano del chileno; y que vuestras manos no se ensangrentarán
jamás con el fratricidio; agregad que el enemigo común es quien oprime y quien
explota al pueblo y el sistema social que lo permite”.
Fue el más joven jefe de la Clínica de Neurología de
la Facultad de Medicina y luego Director del Sistema Penitenciario de la
Policía Federal, de aquí parte su densa obra criminológica.
Su personalidad era tan compleja como su vasta
cultura, era misógino, racista y anticlerical, creía en la superioridad de la
raza blanca argentina. Su evolución como pensador fue tormentosa y en su obra
puede palparse cada una de esas etapas, su capacidad de comprensión y
adaptación eran pasmosas.
En sus Cronicas
de Viaje, una de sus obras menos conocidas, su racismo y clasismo se
encuentra exacerbado por las opiniones de su época, dice de los pobres: “El examen de los caracteres físicos, fisiológicos y
psicológicos, minuciosamente realizados, demuestra la inferioridad física e
intelectual de los hombres pertenecientes a las clases sociales inferiores... Resulta
que el grado de civilización de las clases pobres, étnicamente considerado,
equivale al de los pueblos primitivos. En ellas encuentra Nicéforo las
primitivas formas violentas de criminalidad, el animismo, el culto de los
fantasmas, (etc.)... Las manifestaciones estéticas de las clases pobres
recuerdan los sentimientos similares de los primitivos, los salvajes y los
niños" -más adelante afirma- “He aquí algunas inducciones que podrían someterse al criterio de los
estudiosos: 1°) La modificación previa del medio económico es indispensable
para corregir o atenuar la inferioridad física, intelectual y moral de las
clases pobres; 2°) Su actual inferioridad les impide propender al propio
elevamiento; sólo pueden elegir entre los buenos y los malos pastores..., y 3°)
La modificación de las condiciones económicas, indispensable para el
mejoramiento de las clases pobres, sólo puede ser la obra de hombres
pertenecientes a la clase considerada superior desde el punto de vista físico e
intelectual… La conclusión política de las tres premisas podría ser un
socialismo aristocrático, donde los hombres física e intelectualmente
superiores propendiesen a mejorar las condiciones de vida de los pobres, de la
raza inferior".
Sergio Bagul en su obra Vida Ejemplar de Ingenieros, nos informa de cómo fue cultivando su
personalidad y pensamiento, nos proporciona un impresionante listado de autores
europeos que leyó durante su carrera como médico: Tarde, Durkheim, Marx, Ibsen,
Tolstoy y sobre todo Nietszche, entre muchos otros.
La obra de Juan P. Ramos Ingenieros Criminalista da cuenta de la profunda y dedicada labor
en el estudio de las enfermedades mentales y que fueron directamente estudiadas
por él en el Hospicio de las Mercedes, documentando rigurosamente cada caso.
A los 24 años de edad, el Doctor José Ingenieros fue
nombrado Director de Los Archivos de Criminología,
Medicina Legal y Psiquiatría, una tribuna científica para los expertos
americanos y europeos cuyas publicaciones dieron la vuelta al mundo.
Con la Simulación
de la locura, segundo libro que se adentra en los aspectos médicos legales
de esta curiosa y compleja expresión humana, Ingenieros es publicado por
primera vez en Rusia, con esta obra gana la medalla de oro concedida por la
Academia de Medicina de Argentina y es designado en París por la Societè
Medico-Psychologique como miembro correspondiente para ese año (1904).
Viajó a Europa en 1905 al V Congreso de Psicología
en Roma y recibido por los más famosos criminólogos de la época como un igual,
entre ellos las luminarias del momento, los doctores Ferri y Lombroso.
Uno de los episodios que más lo llenaron de
satisfacción sucedió en el anfiteatro de Quinet, en la Sorbona (1906), delante
de los más eminentes neurólogos y Psicólogos de París y de cientos de estudiantes
que coparon el local para escuchar su charla, el eminente profesor Lacassagne,
director de la cátedra, al presentarlo dijo: “He aquí un joven que viene a enseñarnos precisamente a la edad en que
nosotros comenzamos a aprender.”
A su regreso a la Argentina ya traía elaborado un
programa de legislación laboral, en los años subsiguientes se interesa por la
sociología y escribe con profundidad sobre el tema tal como lo describe Raúl A.
Orgaz en Ingenieros Sociólogo. Para
1911 entra en conflicto con el stablishment académico y político de Buenos Aires y se
adentra en la filosofía, se va a Europa a estudiar ciencias naturales.
A partir de 1914 hace de la filosofía su principal
interés y publica sus obras que abarcan la ética, la metafísica, historia de la
filosofía, la crítica literaria, la estética.
Sus dos trabajos más conocidos fueron Hacia una moral sin dogmas y Proposiciones
relativas al porvenir de la filosofía.
De obtener todos los honores como médico pasa ahora
a ser el filósofo más distinguido de Argentina.
Los años y su labor en el mundo de las ideas van
depurando su carácter, deja el racismo a un lado, modera su clasismo y empieza
un combate contra el imperialismo, a favor de los oprimidos y se convierte en
el más ardoroso defensor de la unidad latinoamericana y las ideas bolivarianas,
mantiene una intensa correspondencia con revolucionarios de Cuba, Puerto Rico,
Panamá, México e inicia su periplo suramericano.
El año de su muerte es de intensa actividad, viaja a
Paris y delibera junto a Unamuno, Ortega y Gasset y Haya de la Torre sobre el
nuevo Orden Internacional.
Muere de una meningitis en Buenos Aires el 31 de
Octubre de 1925, autor prolífico, uno de sus trabajos más ambiciosos Tratado del Amor es publicado póstumamente.
En Venezuela, fue el maestro Luis Beltrán Prieto
Figueroa un gran estudioso y publicista de su obra. La Biblioteca Ayacucho apenas y lo recoge en
una breve antología.
Ingenieros espera paciente el rescate de sus ideas para el público
latinoamericano, un autor señero de nuestra historia, aunque incómodo para
algunos, su voz es una guía en la aventura intelectual de nuestro continente. –
saulgodoy@gmail.com


No hay comentarios:
Publicar un comentario