lunes, 18 de julio de 2016

Los mediocres



 Tengo una amiga que se lamenta y con mucha razón “Saúl, esta gente, cuando ganó las elecciones, representaba a los sectores menos preparados, a los mas ignorantes del país; era ese recurso humano que, por malo, era utilizado para cumplir las labores más básicas de la escala productiva, casi se podría decir, estaban fuera del esquema de competitividad que planteaba una sociedad moderna y en desarrollo… esa gente, que se resintió porque no era capaz de producir lo que querían tener, fue la que el país eligió en 1999 para que lo condujera y el resultado no podía ser otro…”
Su argumentación me dejó en silencio, pero inmediatamente remató: “Los recursos y los medios de un país, si se quisiera actuar con inteligencia y construir futuro, deberían estar en manos de los mejores, de los más capaces, no de los inútiles. Eso es desperdiciarlos!”
El pensamiento de mi amiga sería rechazado por los socialistas como imperialista y por querer imponer un sistema de meritocracia que va en contra de la igualdad de los seres humanos, mi amiga estaría señalada como burguesa y escuálida, los revolucionarios la catalogarían como enemiga del proletariado, como objetivo militar de la revolución ya que es un factor antidemocrático y que transgrede la integridad del llamado poder popular.
Gracias al socialismo, la ineptitud y la ignorancia tienen un partido político conocido como el PSUV y que nos ha estado gobernando casi por dos décadas, lo que han logrado con Venezuela es el paraíso de su utopía, el producto más acabado y puro de su pensamiento y acción, y lo que no han podido destruir todavía, es por culpa de la guerra económica que el mundo capitalista le tiene dedicado en exclusiva a Venezuela y al gobierno chavista, pero no han acabado con todo, por el odio que “la derecha” le tienen al primer presidente obrero de la historia de nuestro país, al indocumentado colombiano Nicolás Maduro, un agente cubano al servicio del castrocomunismo.
Este ha sido el resultado de un largo camino, que nuestro país empezó a transitar con los primeros partidos socialistas que armaron el juego democrático en nuestro país, primero con Acción Democrática y Copey, con toda la pléyade de partidos, igualmente socialistas, que se prestaron para educar a un pueblo a su imagen y semejanza, eran una serie de organizaciones políticas nacidas de la Guerra Fría y la confrontación entre la URSS y los EUA.
En Latinoamérica la derecha tuvo poca fortuna en esta competencia, los partidos liberales y conservadores jugaban siempre banco durante las justas electorales, donde la izquierda y sus partidos, que iban desde los más moderados hasta los revolucionarios, ofrecían la promesa electoral más favorecida, que era siempre darle poder al pueblo ignorante, y no estoy diciendo una barbaridad, está a la vista que la situación que hoy sufrimos como nación, solo ha sido posible por el inmenso fracaso educativo que pusieron los gobiernos socialistas durante sus gestiones de gobierno, fracasaron de manera rotunda al ideologizar a generaciones completas con sus ideas.
¿Y cuáles eran esas ideas?
Las ideas populistas de la izquierda latinoamericana que nacieron de esos insondables complejos y resentimientos coloniales primero, se fueron estructurando en contra la ilustración y los doctores, en contra de los que sabían leer y escribir, de quienes obtenía éxito por su propio esfuerzo, pero había un elemento adicional involucrado, el aparato educativo venezolano, tanto público como privado dejó por fuera lo principal, la educación cívica y republicana de sus ciudadanos.
El socialismo no solo es un sentimiento, es un modelo, es decir, que tiene una teoría y supuestamente está soportado por datos empíricos recogidos de la realidad, nació como una aspiración romántica y utópica pero Marx lo reconoció como el principio, la idea, que mueve la acción de los comunistas, y esto lo dejó por escrito muy claramente en su obra La ideología Alemana (1846), de la que surgió la necesidad de fundar un partido comunista para avanzar hacia el logro del ideal socialista.
El modelo socialista pide eliminar la propiedad privada, la división del trabajo y la producción mercantil, esto, para evitar la alienación en el hombre, la idea del humanismo socialista fue desarrollada por Lenin y luego por el Che Guevara, y su fin principal era sustituir las relaciones del hombre con el dinero, es decir, para alcanzar la verdadera “liberación” del hombre se debería sustituir la relación social en vez del sistema monetario, pues la economía socialista funciona diferente a la economía capitalista ya que el concepto de “valor” se desplaza de la moneda hacia la necesidad social sin intermediaciones, pero para alcanzar este fin hay que sustituir la mentalidad adquisitiva de los individuos como móvil principal del desarrollo económico.
El nuevo orden socialista en el mundo debería ser uno que erradique de manera definitiva la explotación del hombre por el hombre, que supere el concepto de clases dominantes que es lo que hace que perduren los distingos de clase, y que se cambie el sistema económico por uno que le dé suprema importancia a satisfacer las necesidades colectivas, que el hombre trabaje sólo lo necesario y lo que se produzca sea distribuido equitativamente.
Este sueño socialista, muy parecido al ideal de las comunidades cristianas primitivas que vivían en comunismo, ha contagiado las mentes de muchos hombres y mujeres idealistas que de alguna manera desprecian la realidad humana, este ideal ha sido transformado en mil versiones de fantasías personales sobre lo que la gente entiende como Justicia Social, que llegó a su concreción con el concepto de Justicia Social de la iglesia católica, y de la que nacen los nuevos principios socialistas que conforman la ideología de innumerables partidos políticos.
El Latinoamérica este ideal fue distorsionado por las luchas de liberación e independencia de nuestros pueblos, el colonialismo y vasallaje que se dieron en nuestras tierras, creó una enorme carga de odio y venganza en el pueblo llano en contra de las clases privilegiadas, que hasta el día de hoy nos ha impedido pensar con claridad sobre nuestro destino.
Al pueblo le gustan los militares o en su lugar, aquellos hombres machos que saben darse su sitio en el mundo, con don de mando y armados, entre ellos los revolucionarios, los guerrilleros que se van a luchar en la montaña y se ganan el poder a tiros, pero también se sienten bien con aquellos políticos que saben que el pueblo ignorante tiene unos atributos mágicos o más bien teológicos, porque fue el cristianismo el que promovió la idea que el hombre de a pie, el que nada tiene, el que menos sabe, será el primero en la mesa de Dios.
Como religión de esclavos, acusó Nietzsche a la iglesia, de ser promotora del carácter populista de sus creencias, ya que su labor de catequización la hacía entre quienes eran, por muchas razones, inferiores al hombre de conocimiento; el hombre común tenía quien lo alabara, y cuando surgió el socialismo en las fábricas europeas se sabían legión, se sabían hermanos, se constituyeron en clase social y lanzaron su grito: Juntos somos poderosos, unidos indetenibles!
Habían nacido los políticos socialistas, entre ellos, los populistas, los que le atribuían poderes mágicos a las masas, sapiencia inconmensurable, virtudes insospechadas, posibilidades infinitas.
“Déjennos gobernar en su nombre y vuestros intereses estarán por siempre protegidos, o mejor, serán aumentados, todo es y será de ustedes, no solo las haciendas, las fábricas, los bancos y las mansiones, de ustedes será el gobierno, el petróleo, la soberanía, las mujeres bellas que los otros tienen como suyas, sus autos, sus joyas, cavas de licores y neveras repletas de manjares, de ustedes es el futuro y el mundo, de ustedes soy yo, su servidor, yo soy el pueblo.”
Y de esta intoxicación socialista, de creer en estos cuentos de caminos, pasamos de los socialistas moderados, medianamente libertarios e ilustrados que lograron, mal que bien construir la democracia en nuestro país, al extremo de la izquierda, los que conseguirían el paraíso socialista a sangre y fuego, los verdaderos justicieros que desenfundaron la espada para liberar al pueblo.
¿Y quiénes eran estos libertadores revolucionarios? Pues justamente las personas de las que se quejaba mi amiga, que no era socialista, que creía en el trabajo y el esfuerzo, que estaba educada y sabía cómo funcionaba el mundo real, no ese mundo de promesas y vagos sueños de esos flautistas de Hammelin que con su música se llevaron a todas las ratas del pueblo y las ahogaron en el río, en nuestro caso, las están matando de hambre, no sé que es peor.
Los venezolanos estamos atrapados en el perverso juego de los socialistas, estamos a punto de patearle el trasero a uno de estos bichos de uña socialistas que han arruinado el país, pero la opción que tenemos por delante es entregarle el poder de nuevo a los socialistas moderados, a los sucesores de quienes nos trajeron hasta estas playas del horror, a los que insisten en que la economía capitalista es inhumana e injusta.
Y nada ha cambiado dentro del cerebro vacío de esta gente, siguen creyendo, y lo dicen, en las cualidades mágicas de un pueblo ignorante, siguen queriendo gobernar en su nombre y darle todo lo que otros les han negado, insisten en los beneficios de tener un estado gigante, poderoso, paternalista, en privilegiar al pobre, al que nada sabe, al que nada tiene, prefieren un gobierno que reparte a uno que ayuda a la gente a producir, siguen prefiriendo a un pueblo ignorante, dependiente, esclavo, que a uno dueño de su destino, propietario, culto y que decide su destino.
Los venezolanos tenemos que decirle basta al socialismo, en cualquiera de sus presentaciones.  –
saulgodoy@gmail.com






















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