viernes, 23 de junio de 2017

Después de nosotros, el diluvio


El filósofo alemán Peter Sloterdijk, en su libro Los hijos terribles de la edad moderna (2014) dedica un capítulo a explicar aquella expresión que tuvo la marquesa de Pompadour y que la elevó a la inmortalidad: après nous, le déluge, y nos informa de las condiciones en que esta exitosa cortesana expresó tan brillante comentario.
Esta señora, una de las mujeres más brillantes de su época, no sólo era la amante oficial del Rey Luis XIV de Francia, fue su consejera más confiable y regente secreta de Francia, amiga de los hombres más poderosos e inteligentes de su época, una lectora voraz de libros y mejor conversadora, quizás de las personas mejor informadas del país, era también la cabeza más visible de aquella clase noble, improductiva, dedicada al derroche y al lujo y que vivía rodeada de un pueblo miserable e impaciente, apenas contenido por las bayonetas de los militares adeptos al régimen.
En una fría noche de noviembre en el año de 1757 en una fiesta vespertina en la que era anfitriona de un dilecto grupo de personas cercanas al trono, fue llamada en privado y presentada a un hujier que le informó de la derrota que había sufrido el ejército francés en la batalla de Rossbach de manos de Federico II de Prusia, quien con fuerzas de inferior número se había anotado una victoria importante.
Dejemos que sea Sloterdijk quien nos comente el asunto:
Todavía hoy puede uno imaginarse perfectamente cómo la anfitriona de esa reunión, probablemente en la corte de Fontainebleau, decidida a no poner en peligro el ánimo de sus visitantes, encontró en un instante una salida con ese buen humor histérico-galante que es desde antiguo uno de los requisitos de la conversación cortesana. Parece que fueron esos modos cortesanos los que le dictaron el giro, cuya brillante falta de escrúpulos se grabó en la memoria de la posterioridad… Generaciones posteriores quisieron ver en el dicho el testamento de la nobleza francesa, incluso la última palabra de la era aristocrática. Las clases despreocupadas de épocas siguientes se apropiaron de esa rápida ocurrencia. Los ricos y arrogantes saben muy bien desde entonces que la despreocupación es una ficción que tiene sus costes. Quien no está dispuesto a la huida hacia delante es proclive a la melancolía y al desequilibrio.

Creo que no hay mejor descripción de lo que en estos momentos sucede en la corte del dictador Maduro, allá en el palacio de Miraflores, saben, presienten, intuyen que su final está cercano pero no quieren interrumpir la fiesta y el toque de tambor, los revolucionarios bailan embriagados en los mejores licores y ahítos de las exquisiteces que se hacen traer desde el imperio, mientras el pueblo muere de hambre y mengua en las calles y hospitales.
Pero esa es una realidad que hay que negar, como hay que negar las enormes manifestaciones de la gente que protesta en su contra en las ciudades y pueblos, de los jóvenes estudiantes que son asesinados por las armas de sus soldados, traidores a la patria que creen que quedarán impunes de sus crímenes, todo lo contrario, lo que el régimen proclama por medio de su hegemonía comunicacional es que el gobierno revolucionario de Nicolás Maduro apenas empieza a gobernar.
Sigue el análisis certero de Sloterdijk de aquel cuadro histórico:
Después de nosotros, el diluvio: si se mira doscientos cincuenta años atrás a la escena descrita de noviembre de 1757, se impone la idea de que madame de Pompadour profetizó mucho más de lo que nadie de su tiempo fue capaz de ver y de captar. Quien dio la bienvenida al diluvio para que una fiesta galante no se interrumpiera manifestó un no-querer-ver, en cuyo núcleo se ocultaba a la vez una clarividencia intranquilizadora; por no hablar ya, naturalmente, de la exacerbación de un cinismo derrotista y de un hálito de travesura corrupta. Solo han de pasar treinta y seis años entre el comentario histérico de la marquesa respecto a la derrota de las tropas francesas en Rossbach y aquel decisivo día de enero de 1793 en el que la cuchilla de la guillotina, ampulosamente recomendada por el doctor Guillotin, separó la cabeza del tronco de Luis XVI.

La modernidad ha acelerado exponencialmente los tiempos, el régimen de Maduro está resquebrajado por todos lados, la presión internacional aumenta, el país se encuentra en quiebra, no hay recursos para pagar la nómina del gobierno, a Cuba se le revirtió la estrategia de tener a Venezuela como rehén, Maduro ha sido tan inepto que descubrió el juego criminal de La Habana y el foco se concentra en el gobierno de Raúl Castro que ahora no puede presentarse como víctima sino como agresor, a los países del Caribe se les cayó la máscara, no son naciones responsables ni independientes, son peones que utiliza el comunismo y las mafias internacionales para sus propósitos, con la crisis en Venezuela por fin se ha descubierto el entramado real de una Latinoamérica frágil, desunida, voluble y atormentada por los demonios de las ideologías de izquierda.
Ni siquiera el suministro de petróleo, que ha servido de chantaje por parte del gobierno chavista puede ser garantizado, Maduro mientras baila salsa sobre el futuro de la nación que le dio cobijo y soporte, ordena contra viento y marea la implantación de un constituyente comunal, la receta para la destrucción final de Venezuela.
Y mientras todo esto sucede como si fuera una película surrealista, me pregunto una y otra vez ¿Cómo fue todo esto posible?, trato de entender las relaciones de poder en la sociedad, estudio el derecho constitucional, los principios de la democracia, me sumerjo en los tratados de sociología y antropología tratando de descubrir mecanismos ocultos, estudio las grandes tesis que explican las relaciones internacionales, pero al final, es la historia la que siempre me apunta el camino de dónde venimos, y hacia dónde vamos.
Hay un historiador británico muy interesante llamado H.R. Trevor-Roper, lo he estado estudiando en mis investigaciones sobre la ilustración escocesa de la que es un verdadero conocedor, Trevor-Roper disfrutó de un enorme prestigio en su época pero luego cayó en desgracia, siguió muy de cerca el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo la historia de la Alemania nazi, y en uno de sus estudios (en realidad para un historiador, escribió poco) dice lo siguiente:
Ningún gobernante ha puesto en práctica jamás medidas políticas de expulsión o destrucción a gran escala sin el concurso de la sociedad… los tiranos pueden ordenar grandes masacres, pero son los pueblos quienes las llevan a cabo… más adelante cuando cambia el estado de ánimo, o cuando la presión social, tras la sangría, se aplaca, el pueblo anónimo se escabulle, dejándole la responsabilidad a los teóricos y gobernantes que ordenaron la comisión de los actos.

¿Será acaso que ha sido nuestro mismo pueblo el causante, la razón primaria de tanta devastación? ¿Fue acaso el pueblo de Venezuela, el mismo que ahora aborrece al tirano, el que lo puso allí para ver la sangre derramada? ¿Se trató de un acto de automutilación, de primitiva regresión lo que nos impulsó a la barbarie?
El escenario que me sugieren las ideas de Sloterdijk y Trevor-Roper, es que la revolución bolivariana fue aceptada por el pueblo de Venezuela a manera de venganza social entre clases, una venganza que iba a tener consecuencias desastrosas para el país, de hecho, de ser unos militares desconocidos y de origen humilde, escalaron posiciones hasta convertirse en la nueva oligarquía nacional gracias a sus alianzas y participación con el crimen organizado ¿Que mejores vengadores para un pueblo oprimido y resentido que unos militares amorales, con pretensiones de encarnar el papel de revolucionarios cubanos, pero con un gusto por la vida peligrosa y glamorosa de los narcotraficantes?
La combinación era suficientemente explosiva para desatar una mortandad general, que en 18 años de gobierno chavista, pudieran llegar fácil al millón de muertos (directos o indirectos pero todos productos de la situación político social producida por el chavismo), esta cantidad de víctimas saturó el nivel de tolerancia del colectivo venezolano, que saciado de violencia y ya sintiendo que la situación se salía de control, empieza ahora desde la otra acera a reclamar justicia y fin del proceso revolucionario (se impone la necesidad de la sobrevivencia de la mayoría, a pesar de los llamados pacifistas de la MUD).
Pero el núcleo duro del chavismo madurista lo constituyen unos sociópatas suicidas, que prefieren la muerte al abandono del poder, no les importa el mañana ni el destino del país, prefieren seguir de fiesta y que después de ellos, no importa lo que venga, se saben condenados, y con la resolución que da saberse atrapados y sin salida, están dispuestos a vender caras sus vidas (según un amigo que ha estudiado la cultura chavista, muy al estilo de las películas Carlito’s way y Caracortada, ambas con Al Pacino en el rol estelar, films muy populares entre estos militares).
Por supuesto, a medida que empeore la situación del pueblo y dada las aceleradas condiciones de deterioro del país, y debido igualmente a la incapacidad de la dirigencia política de darle una solución definitiva al problema, lo más probable es que el pueblo enardecido, se levante en un impresionante momento de locura colectiva, y tome la venganza por su propia mano en un ritual de sacrificio al mejor estilo del extinto imperio Maya en Mesoamérica, les saque el corazón a los chivos expiatorios, y se los coma.
Estarán presentes todos los elementos de una tragedia griega arcaica, de esas que definen de una vez por toda la naturaleza de una raza.
Los pueblos en sus actuaciones colectivas son impredecibles y las respuestas a mis preguntas están no muy lejos, en el futuro próximo, cuando exista el tiempo y la distancia para poder juzgar éste diluvio de violencia y horror.   -    saulgodoy@gmail.com



jueves, 22 de junio de 2017

Por la Constitución


James Madison fue una de las mentes más preclaras que tuvo los EEUU en el momento y el lugar adecuado, fue uno de los redactores de la Constitución de ese país; cuando escribía para El Federalista, una publicación que explicaba a los norteamericanos que conformaban las distintas colonias como podrían funcionar como bajo un sólo gobierno, y trabajar como un país, decía:
Si los hombres fueran ángeles, no habría necesidad de tener un gobierno. Demarcando un gobierno que sea administrado por hombres para otros hombres, la parte más difícil sería la siguiente: debemos primero permitir que el gobierno controle a los gobernados; y a continuación obligarlo a que se controle a sí mismo.

Los padres fundadores de los EEUU, herederos de la ilustración, vieron claramente que la solución a esta enorme dificultad estaba en el mandato de la ley: la ley podía mantener dominada la ambición de los hombres que estaban muy lejos de ser ángeles, y la ley podía moderar los excesos de gobiernos que trataran de abusar de sus poderes.
De allí la importancia de las constituciones, por ello se les conoce como “el pacto social fundamental”, de allí es que se derivan todas las demás normas y regulaciones que harán posible la vida en sociedad, por ello la importancia que tiene que todos los ciudadanos conozcan su constitución, de respetarla, y por parte del gobierno, de acatarla con rigor.
A los venezolanos nos ha tocado aprender la letra constitucional de la manera más difícil y ruda posible, con sangre. El caso venezolano repite la tendencia histórica de ciertos líderes, grupos de poder, sectas, que llegan al gobierno utilizando la constitución, aparentan respetarla, incluso, elaboran una a su medida, pero llegado el momento de ejercer el poder absoluto, cuando están cerca de su objetivo del dominio totalitario sobre el pueblo que le brindó su confianza, y ya la constitución se les hace incómoda, resuelven adulterarla y como en el caso de Nicolás Maduro, desconocerla.
Detrás de cada una de las constituciones de los países democráticos del mundo hay una historia de sacrificios y de trabajo de incontables generaciones de ciudadanos, muchos de los cuales tuvieron que luchar en guerras, sufrir privaciones, sembrar esperanzas; cada constitución vigente en el mundo, es el producto de la historia de sus pueblos, en los países desarrollados la veneran pues entienden que esas palabras escritas son las que han hecho posible que los pueblos tengan patria, que cada uno de nosotros tenga un hogar al cual cuidar, engrandecer y donde nuestras familias se sientan seguras y puedan prosperar.
Todos estos hombres que construyeron países, y entre ellos destaco la figura de Simón Bolívar, conocían de primera mano cuando las naciones eran gobernadas por reyes, quien se erigía como la ley encarnada en su persona, que hacían lo que les venía en gana y tenían el poder absoluto sobre sus súbditos, sabían de los problemas que acarreaba el poder concentrado en una sola persona y vieron las revoluciones que los enfrentaba.
Estos hombres y mujeres fundadores de naciones, sabían que solamente bajo el imperio de la ley podían sustraerse del dominio de los hombres fuertes que querían hacer su voluntad sin importarle la voluntad y la opinión de los demás, por ello redactaron constituciones, para dejar muy claro cuáles eran los derechos de los gobernados y cuáles eran los límites del gobierno, pero sobre todas las circunstancias y avatares de la sociedad, establecía como garantía esencial al imperio de la ley, que el soberano era el pueblo, que no había instancia superior a la voluntad popular, expresada en un voto para cada ciudadano y cuya mayoría decidiría el destino de la nación.
Con las constituciones no había presidente, o juez, o militar, o cualquier otro funcionario, que pudiera ponerse por encima de la ley, para ello se escogían a expertos, a ciudadanos comprometidos con el país a redactar estas palabras que claramente indicaban el lugar, las responsabilidades y los límites de sus jurisdicciones, todas estas propuestas se discutían, se votaban y finalmente se promulgaba para que fuera la ley de la tierra, de ese país, y se publicaba para que todos la conocieran, que supieran a qué atenerse y le brindase seguridad jurídica a todo el que estuviera viviendo o de paso en esa nación.
Por supuesto, hubo con el transcurso de la historia de la humanidad, otras formas de gobierno que no eran democráticas y otras constituciones, en las cuales la soberanía era encarnada por un soberano otro que el pueblo, grupos religiosos, partidos políticos, dictadores, etnias dominantes, se dieron el título de soberanos y subyugaron al resto de la población principalmente por medio del terror y la violencia.
Los sistemas democráticos, debido principalmente a su característica apertura a estilos de vida y de conocimiento, de creencias y pensamiento políticos de diferente origen y naturaleza, trata de acuerdo a las leyes y la tolerancia, de darle cabida a la diversidad de ideas para que convivan en paz y armonía en un mismo grupo social, pero a veces resulta que grupos e ideas, enemigos de la democracia logran infiltrarse y posicionarse dentro de una sociedad para empezar una labor de corrosión y disolvencia del tejido democrático, aprovechándose justamente de que se trata de sociedades abiertas.
Hay que entender que el sostenimiento de las libertades y la democracia es un proceso continuo que compete a cada uno de los ciudadanos, no hay descanso en este sentido, la construcción de la democracia es una actividad que cada día se hace más perfectible, que puede mejorarse tanto en sus formas como en sus resultados, que necesita de la participación del pueblo, que esté preocupado y ocupado en conservarla, mejorarla y hacerla cada día mejor.
Los enemigos de la democracia, esas voluntades totalitarias, esas ideologías radicales, esas creencias que en un primer momento parecen bellísimas y perfectas, tienen escondido el germen del autoritarismo y la opresión, porque el hombre puede ser vano y egoísta, y el poder actúa como una droga, por ello es que las sociedades democráticas deben defenderse de estos ataques, pero para defenderse deben ubicar el peligro que muchas veces se presenta como algo inocuo y disfrazado de buena voluntad, de una utopía donde no hay injusticias ni desigualdades.
Las democracias tienen muchas formas de defenderse, siendo la primera línea de batalla, la opinión pública, la libertad de información y de opinión, ese derecho de informar y estar informado es vital para una sociedad democrática, porque cuando los medios de comunicaciones de una sociedad están “entubados” con una sola visión de la realidad, cuando no hay crítica ni posibilidad de conocer de otras opiniones aparte de la dominante, cuando existe la censura y los gobiernos o los dueños de los medios prefieren callar o simplemente favorecer una sola idea, es la oportunidad que tienen los enemigos de la democracia para imponer su ideología y esclavizar la mente de los ciudadanos.
Es por ello que un gobierno que se jacta y promueve la llamada hegemonía comunicacional, claramente no es un gobierno democrático, tener acaparado todos los espacios de las comunicaciones para solo escuchar una sola voz y ver una sola visión de la realidad, es el primer paso para crear una sociedad de esclavos.
La otra gran defensa y que solo se utiliza en casos de extrema gravedad es la que nos brinda la misma constitución; todas las constituciones del mundo tienen mecanismos establecidos para la defensa del mandato de la ley y entre ellos destacan la desobediencia civil hacia el usurpador, la obligación de resistir, y luchar para la defensa de la constitución, la de restituir a cualquier precio el imperio de la ley.
Los venezolanos estamos viviendo en carne propia varias de estas lecciones que les he referido, por un lado descuidamos la defensa de la democracia, por innumerable razones los ciudadanos dejaron de participar en la vida política del país y lo dejaron todo en manos de los partidos políticos que lamentablemente se engolosinaron con el poder y empezaron a pelear entre ellos olvidando al país, descuidaron lamentablemente la educación cívica de sus ciudadanos, la puesta al día de los mecanismos de participación y la discusión pública de los asuntos públicos.
Cuando nos infiltraron los enemigos de la democracia no solo no pudimos reconocerlos, sino que creímos eran la solución a nuestros problemas, como no teníamos desarrollado un sistema de protección autoinmune, simplemente se hicieron gobierno gracias al apoyo popular, para cuando nos dimos cuenta del error, ya era tarde.
Nos dejamos imponer la hegemonía comunicacional, el gobierno empezó a desconocer la constitución, principalmente obviando las garantías de nuestros derechos ciudadanos, empezando por la propiedad privada, nacionalizando, expropiando o simplemente robándose los medios privados de producción, cercenando puestos de trabajos y oportunidades para la gente, imponiendo una serie de misiones sociales con toda la intención de captar clientela política, se dio inicio a una discriminación masiva, un apartheid con toda la intención de crear odio social, politizó a las FFAA hasta desfigurarlas y se entregó a los intereses cubanos.
Tanto Chávez como Maduro manipularon para sus fines particulares la constitución, que afortunadamente conservó los rasgos fundamentales de una forma republicana y democrática de gobierno, lo que no la salvaba de ser violada, malinterpretada, manipulada, pero era una manera de conservar cierta legitimidad y reconocimiento de los otros países, pero sin desviarse de los fines de imponernos un socialismo revolucionario, es por ello que los hemos visto con las constitución en la mano predicando su vigencia pero buscando las maneras de traicionarla.
Ya con el desastroso gobierno de Maduro, con la ruina del país y la total militarización del gobierno era inocultable el objetivo final de los enemigos de la democracia, sacar a la constitución del medio e imponer una constituyente comunal, que es la fórmula dictatorial cubana, con lo que la constitución nacional quedaría definitivamente abolida, pero el país estaba en resistencia y en estos momentos se prepara para entrar en franca rebelión en contra de la dictadura.
El gobierno del dictador Maduro ha movido a todas sus fichas en el tablero internacional para proteger su proyecto totalitario, se ha proveído de respaldos difíciles de comprender viniendo de países supuestamente democráticos y que eran antiguos aliados de la democracia venezolana, esta jugada está tratando de bloquear cualquier medida que vaya en contra de su gobierno asesino y violento, parecen no darse cuenta nuestros ubicuos vecinos, que si Maduro triunfa en sus propósitos, la región entera no tendrá ni paz ni orden posible.
Los ciudadanos venezolanos que creemos que nuestras libertades y dignidad están siendo seriamente amenazadas, nos estamos preparando para el enfrentamiento, que será cruento y rápido, para muchos de nosotros, preferimos morir libres que vivir de rodillas.   -   saulgodoy@gmail.com







miércoles, 21 de junio de 2017

Una breve historia de Shanghái


No me explico de donde viene mi interés por la cultura e historia de China y Japón, pero desde muy niño me sentía atraído por todo el misterio oriental, por aquellos seres tan diferentes a los venezolanos.  Nunca he estado allí (aunque mi primera esposa si tuvo la oportunidad de conocer esa parte del mundo y darme versiones de primera mano), eso sí, no había libro o programa de televisión que versara sobre esos lugares que no devorara con fruición, y cuando mi interés por la historia y la filosofía se despertó en mí, como si fuera malaria (una fiebre intensa al principio y luego con brotes y recurrencias por el resto de mi vida), busqué todo lo que había traducido al español y al inglés sobre estas civilizaciones.
Hoy quiero referirme a una obra que adquirí en los ventorrillos de libros usados en Caracas, se trata de La Dinastía Sung, (1985), del historiador Sterling Seagrave, quien nació en la frontera entre China y Birmania, periodista de profesión, que escribía como corresponsal del Oriente para varios importantes medios de comunicación, y según su propia versión, ocupó más de la mitad de su vida en investigar y escribir esta fabulosa biografía sobre una de las familias de mayor fortuna y poder en la China contemporánea, una historia muy ligada a la ciudad de Shanghái.
Y, justamente, el artículo de hoy se lo voy a dedicar a la historia de esa gran ciudad china, una de las urbes más modernas y pujantes del mundo; en otro artículo, más adelante, les daré noticia sobre la increíble saga de la familia Sung.
La dinastía de los Manchú era considerada por una buena parte de la población china como unos extranjeros invasores, que se hicieron con el poder en el año de 1644, y a pesar de todo su esfuerzo y empuje, les fue imposible conquistar a toda China, principalmente su parte más meridional; dado justamente al rechazo de los nativos, los manchú y sus emperadores tuvieron que aplicar métodos brutales contra los alzamientos populares, lo que sin duda contribuyó a su impopularidad.
Según Seagrave, el levantamiento de Mao Tse-Tung no fue sino la continuación, y culminación, de esta serie de rebeliones campesinas, a través de los siglos, contra el sistema feudal que el trono manchú había impuesto a cal y canto en el país.
Cuando se dio inicio al siglo XIX, Shanghái, que quiere decir “orillas del mar”, no era sino una aldea de pescadores, situada a unos 28 km. del pantanoso estuario del río Yangtzé, en una de las orillas del río Whangpu. Está ubicada en una región muy plana y baja, de manera que, cuando no había viento, en los canales que conducían río arriba, principal cabeza de playa, los sampanes de carga debían ser remolcados por unas carreteras, conocidas como sirgas, que corrían paralelas a los canales. Esto era un problema de mucho peso, porque Shanghái concentraba buena parte del tráfico de mercaderías entre el exterior y el interior de China y su influencia se hacía sentir a 1.600 km. río arriba.
El principal puerto de la región era Cantón, desde el cual operaban los ingleses por medio de su exitosa Compañía de Indias Orientales, que había crecido de manera prodigiosa gracias a las rutas comerciales con la India; la empresa estaba segura de que China sería un mercado mejor que el de la India, y ya, desde hacía tiempo, le habían puesto el ojo a Shanghái, privilegiadamente emplazada en una de las provincias más alejadas del poder de los manchú y una de las más levantiscas, debido precisamente a la gran cantidad de contrabandistas, piratas y revolucionarios que allí se concentraban.
Los ingleses tenían un problema y era que el intercambio comercial favorecía a los chinos: ellos necesitaban del té y la seda, cuya demanda iba en continuo crecimiento en Inglaterra, y disponían de artículos de lana, algodón y enseres metálicos, que tenían poca demanda en China; si la balanza comercial continuaba así, Inglaterra se iba a descapitalizar entregando su fortuna a los mandarines manchú.
Hasta que a alguien se le ocurrió comercializar el opio, que se compraba muy barato en la India y se podía vender caro en China; lo que tenían que hacer era crear el mercado, el alto grado de adicción de la droga facilitaba las cosas.
En una primera etapa, el negocio dio pingües ganancias, lo suficiente, según los cálculos, para que el opio pagara los costos de las exportaciones de té y seda; pero el problema persistía, debido, justamente, a la siempre creciente demanda de la sociedad inglesa por ambos productos, si querían conservar el negocio debían incrementar el tráfico de opio, pero ese intento por inyectar una mayor cantidad de la droga en el consumo de China resultó en la prohibición del gobierno manchú sobre las exportaciones de opio, y tuvieron los ingleses que recurrir al mercado negro y al contrabando.
Los ingleses llegaban con su cargamento de opio a la isla de Macao, ahí la disfrazaban como otro tipo de mercancía y la llevaban hasta Cantón y de allí, gracias a los sobornos de algunos funcionarios claves, la introducían a China; el negocio seguía siendo muy bueno, al punto que los norteamericanos quisieron probar suerte en el mismo, y respetables compañías de exportaciones e importación de Boston y New York se involucraron con sus socios ingleses en la aventura.
Para darles una idea, para 1821, el tráfico era de 5000 cajas, y para 1837 ascendía a 39.000; este consumo de opio fue devastador para la sociedad china a todo nivel, en las clases gobernantes como en el pueblo, y como un resultado aún más catastrófico, la corrupción en el gobierno se extendió de manera alarmante, pocos eran los funcionarios que de alguna manera no recibieran los sobornos en este negocio de muerte; el otro gran desastre fue que, en este cambio en la balanza de comercio, ahora era China la que se estaba descapitalizando de manera alarmante, entregando sus reservas de plata para financiar el tráfico del opio.
A medida que el gobierno chino imponía mayores controles al tráfico del opio, algunos sectores de la población se levantaban contra los extranjeros y su negocio de droga, quemando algunos depósitos y asesinando traficantes; los servicios de inteligencia británicos se ocuparon de atizar la rebelión contra los manchúes, contrataron al mayor contrabandista chino de opio para que sobornara a los mandarines, enviados por la corte a encarar la situación, y tuvieron éxito. El tráfico de opio nunca se detuvo.
Pero la situación llegó a donde los ingleses habían planificado que llegara, el juego se trancó e Inglaterra le declaró la guerra a China el 1o. de octubre de 1839, una guerra para la que se habían preparado con la anuencia de los otros poderes coloniales occidentales, se hizo una convincente campaña en el Imperio Británico a favor de la guerra y lo mejor de la armada inglesa puso de rodillas al emperador manchú.
China tuvo que indemnizar a los británicos y, entre los beneficios que lograron, estuvo el sitio de Shanghái y que los británicos sólo tendrían que responder a la justicia británica, no a la china.
A partir de este momento, Shanghái empieza una rápida metamorfosis diseñada a partir de los intereses coloniales de sus nuevos residentes; los norteamericanos,  y luego los franceses, no tardaron en hacerse parte de este bastión del comercio con China, que se convirtió en un territorio de intereses internacionales; los ingleses conservaron las funciones de policía y de administración de justicia, los extranjeros competían entre sí dotándose de excelentes instalaciones, edificios, avenidas, parques y, sobre todo, sus exclusivos clubs.
Los ingleses, sobre todo, impusieron el estilo y el gusto en la naciente urbe, pero dejando un amplio margen de tolerancia para que los chinos desarrollaran sus negocios; la mafia china, los Tongs, prosperaron igualmente con una proliferación de casas de apuestas, fumaderos de opio y burdeles, en su mejor época se llegó a contabilizar 668 lupanares. Shanghái adquirió el mote de “pozo de inequidades”, la ciudad del pecado de oriente, un poderoso imán para aventureros, mercenarios, estafadores y perseguidos por la justicia, que buscaban la manera de hacer fortuna lo más rápido posible.
Igualmente, una gran cantidad de misioneros, principalmente norteamericanos, del sur de los EEUU, vinieron a predicar la palabra de Dios e impartir la educación cristiana a los nativos idólatras. Ya, antes de la Primera Guerra Mundial, la variopinta Shanghái era un centro del espionaje mundial, condición ésta que fue exaltada por innumerables películas y novelas.
El Club de los Ingleses, con su famoso Bar Largo, fue sin duda el lugar de reunión de mayor abolengo y belleza de todos. Seagrave nos brinda una breve visión de lo que fue aquella vida colonial, en uno de los sitios de mayor comercio y de concentración de riquezas de la región; dice el historiador:
Como no tenían más compañía que la de sus pares, los taipanes (comerciantes) llevaban una vida descansada que imitaba la del caballero rural inglés.  Se levantaba tarde, ingería un copioso desayuno, visitaba los hongs (depósitos) para revisar las cuentas llevadas por gerentes occidentales llamados griffins, y después se retiraban para tomar un abundante almuerzo de exquisiteces chinas regadas con cerveza inglesa y gin holandés.  Por la tarde bebían whisky en la veranda y observaban las operaciones de carga y descarga que se realizaban en el río, y fumaban cigarros con un agradable grupo de amigos hasta la hora de la cena.  Esta comida incluía jerez español, claretes y sauternes franceses, exquisitos pescados y aves chinos, carne y cordero importados y asados, con el agregado de salsas indias, pastas, quesos, champañas, café y más cigarros.

Pero luego, con la Segunda Guerra Mundial, llegó la invasión de los japoneses, que, como anécdota curiosa, instalaron sus Centro de Operaciones en el Club de los Ingleses y tuvieron que recortar las patas a mesas y sillas para que se ajustaran a la estatura de los nuevos potentados; finalmente, China recuperaría la jurisdicción sobre Shanghái. Por cierto, si se diera el caso de la subida del nivel de los océanos por causa del calentamiento global, Shanghái se convertiría en zona de desastre, pero esa es otra historia…  -   saulgodoy@gmail.com













martes, 20 de junio de 2017

El dilema militar


Los militares están sentados sobre sus propias bayonetas, contraviniendo la sabiduría popular, que desaconseja tal práctica. Las bayonetas no sirven para asentar las posaderas, lo cual, traducido al lenguaje del hombre común, quiere decir que la institución militar ha sido conducida a una situación muy incómoda, a un dilema muy difícil de resolver y con toda la posibilidad de que salga mal parada.
Esta situación ha sido diseñada por los laboratorios de intriga y guerra psicológica cubanos, que se aprovecharon del fanatismo de Chávez, quien trabajó muy duro y con tenacidad por dominar a las FFAA, socavando principalmente por debajo de los pilares que sustentaban a los militares, que son: su pasado histórico (tradición), su gusto por el poder político y la corrupción, que ya venía carcomiendo su sentido de responsabilidad y honor. No voy a explicar las causas del derrumbe de la institución, ríos de tinta se han escrito sobre el tema; lo que si les puedo decir es que los hombres y mujeres, adscritos a ese importante sector de la sociedad, fueron incapaces de manejar su propio destino.
El asunto que quiero destacar en este artículo es la situación actual. Para el resto del país es muy difícil discernir lo que sucede puertas adentro de los cuarteles, sólo podemos trabajar con base en conjeturas y una serie de confidencias, muchas de las cuales son elaboraciones del G2 cubano, pero no hay nada que pueda sustituir a una buena observación… el que tenga ojos que vea.
Y lo que veo es a un país en ruinas, y como las FFAA no viven en otro planeta, sus familias, su futuro, sus esperanzas están atadas a la suerte del país, de nada sirven las prebendas con que el gobierno los quiere marear, las promesas de más poder y corrupción, cuando ya lo que queda es la botella vacía… es una carnada para tontos.
He repetido, a lo largo de mis últimos escritos, que el país ya no es el mismo que el del año pasado, ni siquiera es el mismo que el del mes anterior, el flujo de los acontecimientos, la degradación y el desgaste en la fibra social, en la economía y en la moral, son tremendos, no hay ninguna posibilidad de que el gobierno pueda cumplir sus promesas, o dar solución alguna a los problemas; quien le crea al gobierno alguno de sus desesperados discursos, entre ellos el que con la constituyente se va a poder enderezar la carga, simplemente, no está en su cabales.

No habrá impunidad
El país entero no quiere a Maduro, ni a ninguno de sus compinches; los oficiales de las FFAA que se entregaron a la danza de los millones, mientras había petrodólares, los que todavía le están succionando recursos al estado, los pocos dineros públicos que aún quedan, están viviendo como parásitos sobre un cuerpo agónico.
Los que están ahítos de tanto robar y se encuentran en el extranjero tratando de darse la gran vida no lo están teniendo fácil; y  los que están en el país, que quieren irse, en la creencia de que afuera la vida es más sabrosa, tampoco ven clara esa opción… y tienen razón, la vida en Venezuela se hace cada día más y más difícil, pero vivir en el extranjero, en estos momentos, siendo venezolano, corrupto y chavista, es un desafío para personas nerviosas.
Ya nadie cree que Venezuela pudiera ser la nueva Cuba; tampoco que si todos los corruptos y chavistas radicales hacen el círculo con las carretas y apuntan con sus armas al resto del país van a poder sobrevivir. Ninguno de ustedes, amables lectores pertenecientes al exclusivo club de corruptos provenientes del gobierno, va a poder vivir en paz en sus mansiones, ni transitar por el país sin estar viendo quién los sigue o quién los espía; Venezuela es un pañuelo, todo el mundo se conoce, y nadie que no pueda justificar la procedencia de sus bienes, especialmente cuando éstos son el producto de la corrupción, puede exhibir una vida de fastos y lujuria, como muchos militares creen poder seguir haciéndolo.
Cuando la fortuna mal adquirida está manchada de sangre, de hambre y de enfermedades, no hay manera de que la gente lo acepte o permanezca indiferente. Eso podía pasar antes, cuando los corruptos podían pasar bajo cuerda, porque era dinero del petróleo y siempre caía algo para todos; ahora no, el que se compró una quinta en una buena urbanización o tiene su buen carro, y hace fiestas los fines de semana, pero está rodeado de indigentes y de vecinos, que pasan trabajo y saben de donde provienen esos reales, no van a dejar las cosas de ese tamaño; lo más probable es que esa masa de venezolanos vean en esa ostentación de bienes mal habidos la causa por las que ese hijo que tenían se les murió víctima del hampa, o que ese familiar que no pudo conseguir su tratamiento y agravó, perdiera la vida, o a los nietos que se tuvieron que irse al extranjero, y que esos vecinos del nuevo vecino “echón” y acomodado, que vive en medio de la inopia, sea visto como uno de los culpables de sus desgracias… no es nada grato vivir en medio del escrutinio público y del rechazo.
Los que están afuera, viviendo la vida de ricos y famosos, tampoco la están pasando bien; de seguro, ya tienen notificaciones e investigaciones en su contra, por parte de organismos contralores de los países democráticos, están siendo vigilados, algunos hasta con procesos judiciales, viviendo una vida que no es vida, contratando costosos bufetes de abogados para que les mantengan las visas de residentes, pagando por una privacidad que no existe, temiendo que en algún momento alguien los identifique en un supermercado y les reclame el origen de sus fortunas.
El asunto que quiero destacarle a los militares, es que el gobierno no les puede garantizar impunidad, todos los grandes capos están identificados, con sendos expedientes internacionales, con medidas policiales en su contra, no importan las charreteras ni los pasaportes diplomáticos… los privilegios y las seguridades se van desmoronando, dejándolos al descampado, y eso es, como mínimo incómodo; pero hay una creencia, falsa por supuesto, que si se atrincheran en el poder y no lo sueltan, podrían vivir en Venezuela disfrutando la vida loca.

No son venezolanos
Poder sin pueblo no es poder, y gobierno con el pueblo en contra, no es gobierno; por eso es que Maduro y su entorno contratan mercenarios, ex combatientes de las FARC, soldados que por contrato vienen de Bolivia, Nicaragua, de Siria, de Palestina, se visten de Guardias Nacionales y salen a reprimir venezolanos con saña, como malandros… ojo, y no es que haya venezolanos tan dañados como esos criminales extranjeros, los hay, y se destacan por su particular crueldad, porque son psicópatas y gente deformada, que es lo que ha estado atrayendo últimamente el chavismo.
Está claro que el gobierno, en su desplome, no cuenta con la mayor parte de las FFAA, ni con el componente ejército, ni con la aviación, ni con la marina; es decir, el grueso de las FFAA no acompaña al gobierno en su locura, los veo y siento que quisieran actuar para recomponer el orden, pero hay algo se los impide.

Hacerse gobierno no es saber gobernar
Los militares, por razones que no voy a discutir, por esa hambre de poder político que los consumía, se prestaron y ellos mismos tomaron ciertas iniciativas para hacerse gobierno; muy lamentablemente, fue el ala de la izquierda de la FFAA quienes, con la ayuda de Cuba y luego de varios fallidos intentos de golpes de estado, pudieron colocar un candidato en las listas electorales del país.
Varios factores hicieron conjunción y ganaron las elecciones, por fin los militares llegaban al poder por medios “legítimos”, para demostrarle al mundo y a la nación – lo vemos ahora, con las terribles consecuencias de haber puesto a los peores en responsabilidades para las que no estaban preparados -  que nunca estuvieron dispuestos para gobernar. La creencia popular los hacía únicos para poner orden y darle progreso al país, pero todo era parte de una leyenda, de una mentira… y los primeros que se la creyeron fueron los militares.
18 años después, tenemos el país arruinado y la gente muriéndose de hambre, en un país con enormes riquezas, potencialidades energéticas y una industria petrolera de primer mundo. A Venezuela la asaltaron y la quebraron; sucedió lo impensable, con los militares en el poder, Venezuela pasó de ser el país con las mejores condiciones para el desarrollo en la región, a convertirse en un problema humanitario para el mundo y en un patético caso para la caridad internacional.
Fue un golpe demasiado duro para la institución militar y con ello perdieron la credibilidad necesaria para jugar como factor de equilibrio en los turbulentos tiempos que vivimos.

Desalojarlos del poder para tener elecciones y atender las terribles necesidades
Esa mala jugada de los militares en funciones de gobierno se la anotaron los partidos políticos y, cuando éstos conformaron el núcleo de la oposición, siempre hubo una relación muy tirante y difícil con los llamados de militares institucionales, es decir, con aquellos que no estaban de acuerdo con lo que los militares de la izquierda habían hecho.
Estas relaciones se enturbiaron con algunas actuaciones de políticos como Julio Borges, cuando dejó algunos de estos militares en la estacada en momentos críticos, y de acuerdo a la leyenda urbana, por delaciones y traiciones, un grupo de militares institucionales fueron a parar a la cárcel.
Pero también se encontraron con un hueso duro de roer en la persona de Ramos Allup, líder del partido AD, quien les tiene jurada la venganza de La Malinche a los militares; en sus declaraciones, Allup dice que si el huele a golpe de estado lo denunciaría al gobierno chavista.
Pero hay un asunto todavía más complicado que estas aversiones personales con líderes de la oposición, y se trata que dentro de la MUD, la organización política que agrupa a las fuerzas políticas democráticas y en oposición al chavismo, la impresión que existe, es que en Venezuela, la solución a nuestros problemas es únicamente política, no militar.
Yo he sostenido la tesis de que la solución a nuestros problemas tiene un primer componente que es netamente militar y que pasa por desalojar del poder, por la fuerza, a la facción de los militares de izquierda, y luego pacificar el país de las bandas armadas y grupos insurgentes aliados al chavismo, lo que incluye enfrentar la amenaza cubana; eso sólo puede lograrse con las armas.
La alternativa es que haya una intervención internacional que haga el trabajo, pero, igual, sería con la fuerza, pues los chavistas ya lo han dicho y demostrado, ellos sólo salen del gobierno con los pies por delante.
Esta intervención de una fuerza multinacional en nuestro país no le conviene a los militares institucionales pues, si se diere, quedaría en evidencia que ellos son unos inútiles, buenos para nada y que hubo la necesidad de que fuerzas extranjeras hicieran el trabajo que les correspondía.
Los políticos de la oposición democrática han trabajado duro por posicionarse como candidatos salidores en unas elecciones, sobre todo Borges, Capriles y Allup, que quieren ser los próximos presidentes del país, hay toda una predisposición y un escenario en la cabeza de nuestros políticos de que, si contamos con el apoyo internacional y un mínimo de seguridades, podríamos embarcarnos en unas elecciones generales al cortísimo plazo, y que esa sería la solución. Yo creo que están muy equivocados.
Unas elecciones generales en este momento de crisis serían no menos que un desastre, con el país lleno de grupos violentos, con el hambre y las necesidades a flor de piel, un gasto tan grande y superfluo como una campaña electoral sería una bofetada a la dignidad del pueblo, sería la oportunidad del chavismo para posicionar candidatos infiltrados en la oposición e, incluso, de conservar algunos “espacios”; sin pacificación del territorio, con un CNE absolutamente parcial, los resultados serían desastrosos para la estabilidad del país.

Flagrancia o complicidad
Lo he dicho una y otra vez, para la oposición democrática la prioridad es atender la crisis humanitaria que el país enfrenta; se trata de un panorama altamente complejo, que requiere de nuestras mejores mentes y voluntades para volver a levantar el país, reactivar su aparato productivo, detener la inflación, manejar la deuda, rescatar la industria petrolera, sanear la moneda, buscar los equilibrios macroeconómicos, manejar la ayuda internacional con equidad y justicia, detener el derrumbe de los servicios públicos… lo que viene es demasiado importante para estar complaciendo ciertos egos e intereses políticos.
Pero no nos distraigamos del asunto militar, vienen unos ascensos militares para el próximo mes y el gobierno de Maduro está en la ofensiva para eliminar a quienes se le oponen dentro de las FFAA y nombrar a adeptos comprometidos con el régimen, que le permitan utilizar a los componentes y las armas que no ha podido utilizar.
La estrategia es sencilla, los ascensos militares se otorgan por meritos y tiempo de servicio, pero, al final, según la constitución, es Maduro quien tiene la última palabra; a los aspirantes los van a obligar a comprometerse con el régimen bajo términos de la neolengua chavista, si el aspirante está en la disposición de obedecer las órdenes del Comandante en Jefe de las FFAA (el colombiano Nicolás Maduro) de utilizar todas las fuerzas a su disposición para restaurar “la paz” y al gobierno “democrático” en manos de los socialistas bolivarianos, tiene el ascenso, si dice no, no va para el baile.
Es posible que todos esos nuevos oficiales, que no han actuado en la represión del gobierno contra el pueblo de Venezuela, que no tienen expedientes por violaciones de derechos humanos, que tienen una hoja de servicio limpia y, por lo tanto, que no tienen nada que los haga sujetos de señalamientos como criminales por el derecho internacional, cuenten con que podrán obtener ascensos en su carrera y salir campantes en esta delicada situación; pero eso no es tan cierto, por lo menos en los que se refiere a las leyes venezolanas, porque todos los militares están obligados, por la Constitución y por su juramento, a hacer lo posible por proteger el orden constitucional, las leyes y la forma republicana, de manera que si no han actuado en este sentido, se encuentran en desacato de sus principios y valores, todos son reos de traición a la patria, cómplices de violaciones de derechos humanos por inacción, porque viendo que se estaban violando los derechos del pueblo de Venezuela, no hicieron nada por el retorno al imperio de la ley, teniendo ellos la custodia de las armas de la república.
Como les mencioné, lamentablemente, no hay por el momento puentes entre los partidos políticos de oposición y los militares institucionales, esto es el resultado de una labor harto peligrosa y poco confiable, pero la sociedad venezolana está escindida y cada parte está desconectada de la otra, justo cuando ambas se necesitan.

Hay que hacerlo ya
En mi opinión, tal como está planteado el juego, los militares institucionales deben actuar de inmediato, a todo riesgo; desalojar al madurismo del gobierno, llamar a un gobierno civil de emergencia (calculo que en un año y medio, dos años, se pueda llamar a elecciones generales), empezar a pacificar el país, expulsar a los cubanos y dar todas las garantías a los gobiernos amigos de Venezuela e instancias multilaterales de que se trata de una limpieza de la casa y no de un golpe por el poder; para ello deben invitar a inspecciones y veedurías sobre sus acciones que deben ser realizadas en estricto cumplimiento de las normas sobre el respeto de los derechos humanos. Dado lo implacable de los tiempos, y visto que Nicolás Maduro y su gobierno van a toda máquina con su golpe de estado, que es la constituyente comunal, este freno de emergencia deben aplicarlo ya. Sólo espero que estos militares institucionales tengan un plan que se ajuste al interés nacional y a los principios democráticos, por los cuales los civiles hemos luchado sin tregua, sin intervención suya, y en condiciones tan desiguales.   -   saulgodoy@gmail.com











sábado, 17 de junio de 2017

Descubriendo “la torta” climática


Trump, quien había advertido que había cambiado de opinión sobre las políticas de su antecesor sobre cambio climático, se salió del acuerdo de París con lo que revierte las costosas medidas que el ex presidente Obama le había impuesto a Norteamérica, una retirada que vuelve a llenar de esperanza y sueños a gran número de emprendedores.
Ningún sistema económico puede vivir del miedo y la culpa. El presidente Trump levantó el velo y descubrió, a su país y al mundo, cómo un grupo de burócratas crearon el pánico climático no sólo para favorecer sus bolsillos, sino para cambiar los equilibrios de poder en el mundo.
Es cada vez más obvio que aquella carrera que pegó el gobierno de Obama por la urgente concreción de los acuerdos mundiales para revertir el cambio climático, cambiar el patrón energético del mundo de combustibles fósiles al de energías alternativas, e imponer a los países desarrollados la obligación de financiar el desarrollo de estas tecnologías “verdes”, en un plan de inversiones que, simplemente, iba a quebrar el sistema económico mundial, era solo un escenario creado artificialmente y para ganancia de unos pocos privilegiados.
Aquella estrambótica idea de que el cambio climático era supuestamente causado por el hombre fue una farsa creada por un grupo de interés, dirigido por Al Gore y los Clinton, nucleado en torno al presidente Barak Obama, quien, desde la Casa Blanca, presionó a diferentes entes gubernamentales, universidades, centros de investigación y organismos internacionales, entre ellos las Naciones Unidas, para que manipularan e interpretaran cierta información científica a favor de su tesis de que el lobo venía… de ese pánico creado sobre un efecto invernadero desbocado emergieron varias fortunas.
Los que creyeron a pie juntillas en la “ciencia” politizada, interesada que puso todas sus apuestas en un escenario catastrófico, en el fin del planeta Tierra y de la civilización humana debido al efecto invernadero, en un alza incontrolable de la temperatura, siguen creyendo que esa versión de la información que se ha venido recogiendo desde hace ya lustros y en algunos casos, siglos, no es conclusiva en este sentido y deja muchas interrogantes abiertas en puntos medulares.
Los cambios climáticos del planeta tiene su propia agenda y consiste en ciclos geológicos de muy largo aliento donde intervienen variables de todo tipo, igual sucede con la composición de gases de la atmósfera, son sistema dinámicos en constante cambio donde el incremento de carbono, por ejemplo, puede ser visto de diversas maneras, una de estas perspectivas es contraria a los catastrofistas, ya que la consideran positivo para la vida en el planeta, los cambios de temperatura no son necesariamente malos, algunos incluso avalan la tesis que nos encontramos en el principio de una nueva edad de hielo, a pesar de los signos contradictorios que anotan nuestros sensores remotos.
El 15 de diciembre del 2015, en la Conferencia Climática mundial en París, promovida por la ONU y liderada por los EEUU, el presidente Obama, ya de salida de su cargo como presidente, desesperadamente trató de consolidar esta conspiración contra el orden mundial; aunque estaba seguro de que Hilary Clinton sería la nueva presidente de los EEUU, pero no quería dejar este importante hilo de su administración sin atar y, contra viento y marea, obligó prácticamente al mundo desarrollado a firmar un paquete de compromisos y medidas, unas más locas que las otras, para cambiar el orden económico mundial.
Pero no fue una cruzada fácil, había una fuerte oposición; desde la comunidad científica se cuestionó la objetividad y la seriedad de algunas de estas hipótesis: el clima era un tema complicado donde nadie tenía la última palabra; la emisión de gases, por la actividad humana y la composición atmosférica, planteaba serios problemas no resueltos; los efectos en la tierra, los océanos y la vida natural eran un asunto de muchas variables y pocas explicaciones holísticas definitivas; la data, que se recogía por sensores remotos, por estudios del hielo y de épocas geológicas anteriores, arrojaba resultados inconclusos.
La campaña de miedo y el temor que se le infundía a la población arreció, al punto de declarar la inmediata desaparición de importantes regiones costeras, de islas, de especies de animales, del derretimiento de los polos, del incremento de desastres naturales… nada de eso ha sido confirmado ni hay patrones de que fuera la actividad humana la causante de estos cambios catastróficos. Lo que sí hizo la administración de Obama, durante su gobierno, fue presionar a las instituciones científicas y universidades, que dependían de la ayuda gubernamental para su existencia (por ejemplo, la NASA), para que sus investigaciones se amoldaran a las tesis del desastre ambiental. La Casa Blanca llegó al descaro de prohibir declaraciones de expertos contrarias a la tesis verde y a perseguir judicialmente, como irresponsables, a quienes tuvieran una opinión opuesta a la suya.
Todo esta operación tenía un interés muy lejos de la sobrevivencia del ser humano en el planeta, se trataba de una tesis que vendía muy bien un paquete mundial de reformas, que movía una serie de intereses poderosos acicateada por el miedo, pero sobre todo, era una jugada política que si resultaba, iba a ser muy ricos a un círculo muy pequeño de personas y de estas maneras concentrar el poder en un gobierno mundial, manejado por el socialismo internacional y entre sus principales promotores estaba el gobierno de Obama y el Vaticano del Para Francisco.
El que fuera vicepresidente del gobierno de Bill Clinton, el ex senador Al Gore, se había convertido en el profeta del desastre, montando todo un entramado de señales y de malos augurios de los tiempos por venir; hizo de la actividad humana, del progreso capitalista, pero, sobre todo, del consumo mundial del petróleo y el carbón, los grandes culpables de los desastres naturales que asolaban el mundo, de las pérdidas de vidas y propiedades, del deshielo de los polos y glaciares, de la acidificación de los océanos, de la subida del nivel de los mares, de la extinción de las especies… en pocas palabras, la actividad económica del hombre y su sub-producto, el CO2 que se arrojaba sin medida a la atmósfera terrestre, eran la causa de un efecto invernadero de proporciones bíblicas, que acabaría con la civilización humana si no se hacía lo que él decía.
Para el partido demócrata, cuyo interés era desbancar a sus opositores del partido republicano, esta tesis tenía gran interés, ya que los republicanos tenían a sus principales contribuyentes entre los empresarios petroleros, del carbón y del gas; si podían, de alguna manera, afectar el flujo de dinero de las contribuciones al cofre de guerra de los republicanos, ellos, los demócratas, podrían tener más oportunidades de llegar al poder y perpetuarse al timón de la nación más poderosa del mundo.
Pero también habían revoloteando sobre la cabeza del gran profeta del desastre climático otros interesados, banqueros y financistas (muchos de ellos que no eran norteamericanos o que sus lealtades estaban en otro lado) que vieron la oportunidad, con esta partida de “verdes” en el gobierno de los EEUU, de alterar a su favor la economía mundial; si el patrón energético cambiaba, también podía cambiar el patrón monetario, apostar al rublo o al yuan, o a cualquier otra moneda que pudiera competir con el dólar, hacer del proceso de globalización una oportunidad de amasar nuevas grandes fortunas fuera de los EEUU, crear nuevos polos financieros.
Prácticamente si podían “mudar” las grandes fábricas del territorio norteamericano e instalarlas en otros países, donde ellos pudieran controlar mejor esta productividad, si podía redistribuir el poder militar de mejor manera que estando solo concentrado en los EEUU podrían instaurar el modelo socialista-autoritario que ellos pensaban era lo mejor para el Tercer Mundo (tipo Cuba y Venezuela), un nuevo colonialismo, esta vez en materia energética estaba en puertas y estaban aseguradas enormes ganancias, fuera del ojo vigilante del tío Sam, sería una gran ventaja tener a varios EEUU en el mundo que sólo a uno, que para los objetivos de un gobierno mundial, donde contaban con una ONU prácticamente socialista tanto en su ideología como en su dirección.
Estaban también las apetencias personales de los políticos involucrados. El combo Clinton-Obama-Al Gore, entre otros implicados, podría recoger una cosecha de consultorías, presentaciones, carteras de inversiones… por medio de fundaciones y otras fachadas de organizaciones no gubernamentales podrían acopiar el grueso de estas inversiones que demandaban los nuevos acuerdos de París (la Fundación Clinton, con una millonaria cartera de contribuciones, tiene al cambio climático como la primera de sus áreas de interés).
Y por supuesto, aguas abajo, estaban una serie de organizaciones, universidades, industrias que se verían favorecidas por los subsidios, inversiones directas, ayudas a la investigación y el desarrollo, becas, fondos para nuevas tecnologías… habría una cantidad inmensa de recursos, suficientes para montar una economía paralela, lo suficientemente fuerte para desalojar al capitalismo explotador y contaminante, y sustituirlo por un “socialismo progresista”, amable con la naturaleza, humanista, que le ofreciera al mundo entero un estilo de vida alternativo; el ser humano podría volver a una vida más natural, en armonía con su medio ambiente y bajo un sistema “donde a cada uno le sería dado de acuerdo a sus necesidades”.
Lo más importante de todo este asunto era el desarrollo de las tecnologías alternativas; se le daría un nuevo impulso a la energía eólica, de mareas, geotérmica, solar, de biocombustibles, de hidrógeno, obligando de esta manera al Tercer Mundo a depender cada vez más de estos ingenios y avances tecnológicos para producir la energía que necesitaban para su progreso y, al mismo tiempo, reducir su emisión de CO2 a la atmósfera. El caramelo envenenado eran una serie de subsidios que los países pobres que se plegaran a este convenio recibirían de los países ricos si cambiaban su patrón energético.
Reclutaron a artistas de fama mundial con claras filiaciones comunistas o por lo menos comprometidos con el movimiento verde militante, que es una rama del comunismo internacional, hicieron conciertos y eventos multitudinarios en los cinco continentes, convencieron a grandes empresarios de que aquello era el futuro, se hizo una campaña mundial, por diversos medios, mostrando los resultados de una ciencia amañada y manipulada, de un escenario creado para inducir el miedo… y se olvidaron del fascismo que acompañaba aquella utopía (Venezuela fue una de las víctimas), desestimaron los costos monumentales de aquellos cambios (el empresario Bill Gates, que apoyaba estas medidas, se dio cuenta de que los costos para reducir la emisión de CO2 a la atmósfera, invirtiendo en energías alternativas, era astronómico e imposible de alcanzar), que los números no daban en las cuentas que ellos presentaban, que las predicciones del profeta del desastre climático no se estaban cumpliendo… aún así, muchas empresas habían dado el paso para convertirse en “verdes” y quedaron colgadas.
Lo peor de esta historia - o lo mejor, decida usted - fue que Donald Trump llegó a la presidencia de los EEUU en contra de todo pronóstico, y el empresario metido a político, fino con los números y experto en la relación costo-beneficio, estaba muy claro del circo que Obama le dejaba montado con relación al clima, que el interés del partido demócrata era debilitar la presencia global de los EEUU para dar paso a un nuevo Orden Mundial.   -   saulgodoy@gmail.com





Cuando la política no es crítica


Leyendo algunos textos sobre teoría política, que es una de las formas de aproximarse a la filosofía política, me encuentro con el ámbito dentro del cual estos pensadores expresan sus puntos de vistas, siendo las preguntas fundamentales que se hacen ¿Qué significa ser gobernado? De la que se desprenden otras preguntas claves ¿Qué es gobernar? ¿Cómo se controla el gobierno, cuáles son sus límites?  
Para el profesor James Tully de la Universidad de Toronto (2002), sobre estas bases se abre un continuo diálogo e intercambio de ideas sobre cuatro aspectos fundamentales: una práctica del gobierno, sobre todo esa impresión de opresión que se produce en los gobernados cuando los gobiernos regulan cada vez más aspectos de la vida social, problema este que hace que la política se convierta en negociación, en crítica, en reflexiones y soluciones que conllevan a las reformas tanto en teoría como en las políticas que estas generan.
En segundo lugar hay que construir una relación entre la práctica de la política y la ética, es decir hay que encontrar “una manera de hacer política” a partir de la forma de vida de la gente, de sus problemas, hay que caracterizar a los gobernados dentro de cierto medio y condiciones con lo que es necesario hacer pruebas, experimentar, con miras a transformaciones tanto de los gobernados como de su medio, esta es una dinámica que es positiva para el desarrollo de una teoría de la justicia, de la igualdad, de la democracia, y lo más importante, impide la fosilización de la política.
Tercero, este objetivo práctico y teórico nos obliga a recoger los lenguajes y las prácticas en las que se produce este encuentro entre gobierno y gobernados y los programas y reformas que producen, de esta compilación de conocimiento nos lleva a los temas esenciales, a como se constituye esa sociedad y cuáles son sus problemas y soluciones.  Es en este punto que se hace necesario la cooperación y apertura al diálogo sobre las posibles maneras de gobernanzas.
Por último, este intercambio de impresiones, experiencias, objetivos y resultados es lo que estimula la relación política, es lo que activa la máquina de transformaciones y lo que mantiene en equilibrio al gobierno en su actividad de mandato y árbitro de los avatares sociales, es la única manera como los gobernantes pueden avizorar el presente y prepararse para el futuro.
Ésta manera crítica de ver la política queda anulada desde el momento en que el gobierno desestima la participación de los gobernados en el acto de gobierno, al cancelar los vasos comunicantes entre el pueblo y el gobierno, al ser la imposición, la fuerza, el acto de dominio, la manera de hacer política desde el gobierno, éste pierde toda referencia con sus mandantes y con su entorno, la realidad se torna una creación desde el poder, el mundo para el gobierno se hace un solipsismo y las posibilidades de desviarse de sus objetivos se incrementan exponencialmente.
Esto empezó a suceder con Chávez, su vocación totalitarista se veía compensada por una utopía socialista donde tenía al pueblo como factor participante y soberano, mientras en la práctica era su voluntad la que regía los destinos del país, en la teoría, permitía una constitución y un marco legal donde existía la democracia y algunos principios de autonomía de las personas, pero a medida que fue perdiendo su norte y enfermó, se impuso la formula militarista y autoritaria.
Para cuando llega Maduro al poder ya las apariencias se dejaron a un lado, y le dio un nuevo curso a la política, esta vez, prescindiendo de la mayoría, de las relaciones institucionales, de la participación de la gente en la política del gobierno, del uso interesado y parcial de la constitución y las leyes, el intercambio entre gobernados y gobierno era ya imposible por lo que el gobierno se traza rutas y programas a los que no puede hacérseles seguimiento, no hay manera de saber de sus resultados, de sus costos y beneficios, la política de la hegemonía de la información resultó su peor enemigo, es un gobierno que no sabe por dónde va, que está volando a ciegas, sin la retroalimentación de los gobernados, sin ese diálogo al que la política obliga, no hay manera de conducir un país.
Esa relación de la que habla Tully entre gobierno y gobernados, y que explica como parte fundamental de la política, al suprimirse una de las partes, la política entra en crisis, y empieza un proceso de ajustes muy violento, sobre todo cuando desde el poder se pretende la obediencia incondicional y sin contrapartida a los gobernados, de hecho, algunos analistas estiman que ya deja de ser política, o en palabras de Clausewitz, conduce a la guerra, de cuyos resultados dependerá el nuevo equilibrio político.
En este capítulo estamos, luego de 17 largos años de un totalitarismo en formación, el chavismo cree que la fruta está madura y que es el momento de aplicar lo que ellos llaman, la constituyente comunal-militar, que no es otra cosa que una forma jurídica de darle normatividad y justificación a la opresión por medio de un régimen totalitario, o sea, la trampa-jaula que el marxismo-leninismo construyó para oprimir a una mayoría con una minoría, por medio del terror y la violencia, una fórmula fracasada y probada en Rusia, China, Europa del este, Camboya, Corea del norte y que vía Cuba, nos quieren imponer.
El problema es que Venezuela viene resistiendo a este gobierno mafioso desde hace ya mucho tiempo, de incontables maneras, en diferentes ámbitos, el gobierno chavista no ha querido o no se ha dado cuenta de esta rebelión subterránea que cada día se hace más patente y firme, se trata de una contrarrevolución que le ha corroído las patas a la mesa revolucionaria sin que el gobierno se haya percatado, justamente porque no tiene contacto con el pueblo, porque gobierna de espaldas de la gente, porque no escucha, sino lo que hace es hablar y hablar, viviendo en un mundo de mentiras que ellos mismos se han creado y que se las creen.
El gobierno de Maduro está tan desconectado del país que va a intentar, contra viento y marea, de implantar su constituyente totalitaria, el dice que está claro, que el pueblo o acepta la constituyente o habrá guerra, y que para ello cuenta con el apoyo de las FFAA sin percatarse que el viento ya cambió de dirección, que ya es imposible volver al país de estos 17 años de revolución, que ya su misma gente, el chavismo monolítico que una vez conoció, ya no existe, que su empeño por la salida de la constituyente ha alienado a más de uno y se está quedando solo.
Lo que le queda es la barbarie, la violencia al por mayor, la represión indiscriminada en contra del pueblo, el protagonismo de las bandas armadas, incluyendo a la Guardia Nacional, quienes se están percatando que ya no tienen futuro, un gobierno de maleantes y psicópatas no tiene vida, han sembrado vientos, y las tormentas que vienen son devastadoras para los seguidores de Maduro.
La causa de Maduro es totalmente estéril, sin piso político, sin legado, cuenta sólo con el chavismo más radical y comprometido con el crimen organizado, fundamentalmente convertido en una dictadura violadora de los derechos humanos y una peligrosa perturbación para el orden y la paz internacional, el mundo entero lo sabe y se está preparando para asistir al entierro de este tipo de régimen, incluyendo el de Cuba, que en silencio ve con horror como su experimento venezolano se convirtió en el frankenstein, que en algún momento, más pronto que tarde, le quitará los tubos de la máquina de soporte, que lo mantiene con vida.  -   saulgodoy@gmail.com





La historia de Dios


A medida que me hago más viejo me preocupan los temas espirituales, una tendencia muy común y natural en el hombre que ha pasado la línea que marca más de la mitad de su vida, y viviendo en un país como la Venezuela de principio del siglo XXI, donde la dignidad de un ser humano se tranza en unos pocos centavos y lo material ha obnubilado la visión de quienes se ocupan del gobierno, lo espiritual, ante lo inevitable de la muerte, se hace necesario para diferenciarnos de las demás bestias.
Es por ello que insisto en mis estudio sobre las religiones, de las experiencias místicas, de ese mundo que no podemos ver pero suponemos está allí- y como decía el historiador A. Toynbee- donde se encuentran las respuestas fundamentales de nuestras vidas- por eso mi empeño en comprender la mitología, por descifrar ese lenguaje secreto de las leyendas, por entender esos chispazos que producen esos cables pelados de la magia, de los mensajes revelados del mundo divino, de los epifenómenos que se disparan en nuestro sistema nervioso central y nos hacen alucinar túneles de luz, cuando nuestros sistemas de vida empiezan a colapsar.
Como muchos de los detractores de la religión y Dios, me paseé por la idea de que la fe y las creencias religiosas son parte de un sistema justificativo ideológico bien para el campo socialista, donde fui educado por los jesuitas, o bien para un anarco capitalista como terminé siendo, que justificaba mi tendencia de derecha, en la que hoy creo.
La idea más actual, la opinión que prevalece en los círculos académicos y que vienen referenciados por la epistemología moderna, es que la religión y Dios son “accidentes” evolucionistas, subproductos de adaptaciones psicológicas que nos permiten presumir existen causas y agentes ocultos, involucrados en los cambios que se suceden en el mundo físico y social.
Paul Bloom (2005) dice con mucha más precisión, que nuestro aparato cognitivo evolucionó para ver en el mundo propósito, intención y diseño, aún cuando nada de eso esté allí en realidad.
Y dentro de todo este complejo panorama la pregunta sobre Dios es fundamental, hay una tendencia dentro de la antropología religiosa que se interroga sobre la evolución del concepto de Dios ¿Es un Dios único una señal de evolución religiosa en el hombre? O por el contrario, todo en el universo tiene su propio genio y espíritu, cada cosa tiene su causa vital y debemos referirnos a ellas por su nombre (divinidad) particular, y la univocidad de Dios, ¿Es un error?, o en el peor de los casos, ¿Una degradación de la superioridad del politeísmo?.
Autores como Max Müller, Andrew Lang, J.G. Frazer hablan de períodos pre-lógicos, de estados mentales animistas, de orígenes del lenguaje naturales donde la relación del hombre con el mundo eran de manera más inmediata, sin ningún tipo de mediación o filtro cultural, por lo que el contacto con la realidad era de otro tenor, en directo, casi en un estado constante de demencia, alucinado, donde el asombro, el terror y el éxtasis eran estados colectivos comunes entre los miembros de la tribu.
Muchas de estas religiones antiguas no tenían la intención de explicar el origen de la vida o de dar soluciones a los más urgentes problemas del hombre primitivo, muy por el contrario su intención era mantener a los hombres en un estado de continua búsqueda del equilibrio entre la maravilla y el terror que significaban estar vivo, eran muchas más las preguntas que generaban, que las respuestas, y su papel principal era mantener a los pueblos en actitud de reverencia ante los misterios.
Ya para el siglo 8 a.C., cuando los arios (de Irán) invadieron la India, llevaron consigo los Rig-Veda que eran una colección de odas referidas a una multitud de dioses, que representaba cada uno a las fuerzas de la naturaleza en forma de un instinto con poder, vida propia y personalidad.
Y ya por la misma fecha los sacerdotes babilónicos estaban tratando de desentrañar, a partir del caos original, una sola divinidad, absoluta y trascendente que unía a todos estos dioses en una sola expresión del misterio de la existencia.
Los rituales y los sacrificios eran puestas en escena de un microcosmos que representaba a todo el universo, había implícito un proceso de revelación de los desconocido, todo lo que sucedía era un manifestación de ese poder de la deidad sobre el mundo y los hombres.
El historiador de las religiones Georges Dumézil, en su ilustrativo estudio Los Dioses de los Germanos, ensayos sobre la formación de la religión escandinava, (1959) nos habla de varios grupos de divinidades en la alborada de estos pueblos, los Ases y los Vanes, también los Elfos, nos dice Dumésil:
Cuando Adán de Bremen, en los últimos tiempos del paganismo, conoció la religión practicada en el templo de Upsala por los habitantes del Upland sueco, se resumía sensiblemente en los tres ídolos que habitaban codo con codo el edificio, abriendo a los creyentes un abanico de devociones:  En este templo, todo adornado de oro —escribe el viajero alemán—, el pueblo adora tres estatuas de dioses, Thor, el más poderoso, está sentado en medio, con Wodan a su diestra y Fricco a su izquierda. Las significaciones de estos dioses son las siguientes: Thor, dicen, es el amo de la atmósfera y gobierna el trueno y el rayo, los vientos y lluvias, el buen tiempo y la cosecha; Wodan, o sea el Furor, dirige las guerras y da al hombre la valentía contra los enemigos; el tercero es Fricco, que procura a los mortales la paz y la voluptuosidad, y cuyo ídolo está dotado de un miembro enorme. Tienen sacerdotes agregados a todos sus dioses, que presentan los sacrificios del pueblo. Si amenazan peste o hambre, es al ídolo Thor al que hacen ofrenda; para la guerra, a Wodan; y si han de ser celebradas bodas, a Fricco.

Pero de igual manera la investigadora de la religión Karen Armstrong, de quien ya hemos dedicado un artículo sobre el budismo, nos recuerda en su magistral trabajo Una Historia de Dios, (1993) de los serios inconvenientes del monoteísmo:
Hoy nos hemos familiarizado con la intolerancia que desafortunadamente ha sido característica del monoteísmo que no podemos apreciar en la hostilidad hacia otros dioses y que es una nueva actitud religiosa. El paganismo era esencialmente una religión tolerante: eran cultos antiguos que no se sentían amenazados por nuevas deidades, siempre había espacio para otro dios en el partenón tradicional… Pero los profetas de Israel no tenían esa capacidad de tomar con calma a otras deidades que competían con Iahvé. En las escrituras judías, el nuevo pecado de “Idolatría”, el culto al dios “falso”, inspira algo cercano a la náusea…

Y es interesante como el sexo de los dioses de pronto tuvo relevancia en sus existencias, en el pensamiento arcaico, la figura de la diosa madre era de vital importancia en las sociedades primitivas que le daban un principal significado a la abundancia y la fertilidad, asociados a sus ganados y campos de cultivos, a la abundancia de peces en el mar y de aves en el cielo, de hecho Baal fue adorada como diosa de la fertilidad por muchas tribus canaanitas hasta que fue desbancada por Iahvé, el dios masculino y guerrero que las tribus de los hijos de Abraham trajeron de su larga huída de Egipto.
Le era muy difícil a dioses masculinos asumir los ritos de fertilidad que desde tiempo inmemorable eran funciones de las diosas, pero en el caso de Israel, con el Convenio, el pacto entre Iavhé y los hombres, establecía como punto de honor, que sólo serían los judíos el pueblo elegido, si dejaban de adorar a otros dioses.
Para terminar este brevísimo escrito sobre una inquietud tan compleja como Dios, quiero referirme al estudioso Eliade Mircea, en su imperdible libro El vuelo mágico y otros ensayos, (1995), quien afirmaba, que es en las religiones primitivas del oriente, donde encuentra su génesis la inquietud espiritual del hombre y donde por primera vez, de manera sistemática se abre el estudio profundo de esta materia tan fundamental como lo es la religión, allí están las bases formativas de las principales religiones como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, hace toda una apología al estudio de las religiones y dice, refiriéndose a la modernidad:
Es sabido que Feuerbach y Marx defendían que la religión alienaba al hombre de la tierra y le impedía realizarse humanamente, etc. Pero aun en tal caso esta crítica solo puede aplicarse a formas tardías de religiosidad, como las de la India post-védica o del judeocristianismo, es decir, a religiones en donde el elemento del “otro mundo” desempeña un papel importante.  La alienación y el alejamiento del mundo son desconocidos, incluso inimaginables, en todas las religiones de tipo cósmico, tanto primitivas como orientales, pues en estas últimas -la aplastante mayoría de las religiones conocidas por la historia- la vida religiosa consiste precisamente en exaltar la solidaridad del hombre con la vida y la naturaleza.

Pero concurro con la opinión generalizada, la pérdida del interés por la religión y por la cuestión de Dios se debe principalmente, a que en occidente, a partir del siglo XIX gracias al auge del materialismo, le metafísica cayó en desgracia y todo el pensamiento religioso quedó atrapado en cuestiones eminentemente dogmáticas.
Aunque Wittgenstein en su Tractatus distinguía lo que se puede decir de lo que sólo se puede mostrar, y las proposiciones metafísicas según él, eran inefables, si se expresaban siempre iban a estar mal construidas, por lo que eran elementos que solamente podían mostrarse, y además, estaba el hecho con que Wittgenstein concluyó tajantemente, que no hay necesidades metafísicas en la naturaleza.
Aristóteles que era un científico y siempre tuvo por la religión un gran respeto, decía que aquellos que se iniciaban en los misterios no estaban obligados a aprender hechos, sino a experimentar ciertas emociones y a ponerse en predisposición a ciertos estados, esos iniciados(as) son hoy una rareza, y un tesoro.  -   saulgodoy@gmail.com