miércoles, 21 de enero de 2026

El arte de saber esperar, por Saúl Godoy Gómez

 



Hablarle de paciencia a un venezolano que ha esperado décadas de su vida por que el país se ajuste a su idea de orden, prosperidad y normalidad es un tema delicado, teníamos un país que más o menos que cumplía con esos requerimientos, pero que ya no existe debido principalmente a que la ideología comunista o socialista se apoderó de nuestro cuerpo político, a una serie de malas decisiones sobre quienes debían gobernar a nuestra nación y a unas peores maneras de como adminístralo, nos sumió en el caos y la violencia, al punto de hacer nuestra vida un calvario.

Muchos venezolanos no pudieron soportarlo y se fueron y los que quedamos, aparte de rumiar nuestros pesares y recordar con nostalgia lo que una vez fuimos, tratamos de hacer un cambio, confiar en líderes que prometían el esperado renacer, y contra viento y marea, marchamos, hacíamos vigilias, veíamos a nuestros hijos con escudos de cartón enfrentar a las fuerzas gubernamentales entre el humo de bombas lacrimógenas y disparos, hacíamos “guarimbas”, tocábamos cacerolas con furia desafiando al dictador de turno, cantábamos el himno nacional a todo dar en las concentraciones, fuimos y votamos una y otra vez para derrotar la ignominia expresando nuestra voluntad de cambio… pero todo fue en vano.

Era la manera como nos habían enseñado a protestar, no teníamos armas, el pacifismo y la no resistencia era la vía que nos habían inculcado, habíamos perdido aquella agresividad y voluntad de lucha que una vez tuvimos como bravo pueblo, además, era inútil enfrentarnos en los mismos términos en contra de unos gorilas y unas fuerzas armadas que nos habían traicionado, y estaban ahora defendiendo a unos tiranos que nos habían vendido a los chinos, a los rusos, al fundamentalismo islámico, a Cuba, al Foro de Sao Paulo…

Y en aquella horrorosa vorágine de populismo, ignorancia y lujuria, el país se fue desarticulando, los valores nacionales se fueron perdiendo y poco a poco, fuimos testigos de cómo Venezuela se convertía en estado fallido y en un peligro para la seguridad hemisférica y la democracia.

En medio de denuncias de narcotráfico, de violaciones masivas de derechos humanos, de persecuciones políticas, de corrupción e injerencias en los sistemas electorales de otros países, muy pronto no convertimos en el tema de preocupación de los organismos internacionales que debería estar velando por la estabilidad de la región, pero igual, en muchos de estos foros nada podían hacer, la política y el acomodo a los intereses de la izquierda mundial impedían respuestas contundentes y realistas, el caos en Venezuela se estaba desbordando y ya estaba afectando la paz y el orden de otras naciones.

Tuvo que intervenir EEUU, entre otras cosas por que había un presidente como Donald Trump, de derecha, demócrata y que ya estaba sintiendo en su propia casa el desorden que el chavismo, esa maligna ideología enemiga de la libertad, estaba propiciando en su territorio, algo que no iba a tolerar, y ya que se trataba de la principal potencia del mundo, del país más rico y desarrollado del orbe; ante la actitud de complacencia de los organismos internacionales, que no hacían nada para detener aquel desorden que amenazaba en tomar al mundo por asalto, decidió utilizar sus fuerzas militares para, en una operación quirúrgica, extraer el tumor que estaba acabando con el orden y la convivencia en el continente.

El presidente Trump en una de sus declaraciones dijo que EEUU era el único país con la fuerza y capacidad de detener aquel aquelarre, y descabezó al régimen de terror, pero dejó intacta su estructura criminal, esto, con el propósito de ensayar una nueva manera de desactivar el aparato chavista sin que hubiera repercusiones a posteriori, quería dejar al paciente vivo y que se recuperara para que en algún momento volviera Venezuela a ser dueña de su destino.

Esta nueva manera de intervención requiere de tiempo y dedicación pues implica desmantelar una organización criminal y enemiga de los intereses de Norteamérica, sin que se desaten los demonios de una guerra intestina, para ello está ensayando la fórmula de la colaboración obligada de los jefes chavistas para limpiar la casa, pero Venezuela bien vale la pena, pues no solo alberga un pueblo con una tradición libertaria y demócrata, amiga de EEUU, sino que se trata de un país con una importancia geopolítica de gran alcance y poseedora de una de las riquezas energéticas y de minerales estratégicos más grandes del mundo.

Y aquí caemos en el problema del tiempo y del arte de la paciencia, y que va ligado a una concepción del mundo que ha variado de manera importante, y que si no tenemos claro cuál es la nueva estructura de nuestra realidad podría hacer que volvamos a recaer en el desorden, y perder de manera definitiva esta nueva oportunidad que se nos ha dado.

Lo primero en lo que debemos estar claros es en los conceptos políticos que hemos venido manejando hasta el momento, la idea de patria, nación, soberanía, estado, pueblo… que son conceptos que heredamos de los siglos XVIII y XIX y de un mundo muy diferente al nuestro, son ideas sujetas a evolución y adaptaciones obligados por el mismo desarrollo de nuestras circunstancias, si las usamos como descripciones absolutas e invariables, lo más probable es que tengamos problemas no solo de identidad, sino confrontaciones innecesarias con vecinos, aliados y la posibilidad de una convivencia multilateral con nuestro entorno.

Ya el hecho de haber sido declarados como un estado fallido, es decir una nación que fracasó en su intento por manejarse a sí misma, haciéndole al orden internacional el daño que hemos causado, ya implica una responsabilidad tremenda y una tarea inmensa por recuperar nuestro status como nación, nuestra clase política pareciera no haber caído en cuenta de las graves consecuencia que esto significa y del trabajo tan arduo y delicado que significa el camino que tenemos por delante, se trata de volver a contar con credibilidad y respeto en la comunidad de naciones.

Yo estoy convencido que la gran mayoría de los programas políticos de nuestros líderes y partidos políticos demócratas que tenían preparados antes del 3 de enero, ya no sirven, o por lo menos están necesitados de una reingeniería urgente que tome en cuenta las nuevas circunstancias que nos obliga haber sido intervenidos de la manera como fuimos intervenidos. Muchos de nuestros líderes políticos todavía no aceptan el hecho de que fuimos recatados de un desastre anunciado, o que nuestro país es otro muy distinto después de la intervención.

Hay políticos de la oposición democrática que no aguantan las ganas de ocupar sus posiciones de liderazgo y empezar su tarea de dirección y desarrollo de sus planes, lo cual es natural y se entiende, pero el ambiente de inseguridad y la crisis humanitaria que sufre el país lo hacen inviable, igualmente no existen las condiciones adecuadas para que el país entre en elecciones populares que garanticen pulcritud y transparencia.

El chavismo y sus socios en la insurgencia y el mundo del crimen, todavía están activos en algunas regiones importantes del país y hay que ir haciendo un desmontaje sistemático que elimine su infausta presencia; los venezolanos en la diáspora deben ser tomados en cuenta y aún no tenemos los mecanismos electorales y de servicios que los una al país, nuestras representaciones diplomáticas se encuentran tomadas todavía por funcionarios de la tiranía, aunque digan que representan a Venezuela; la economía y los medios de comunicación siguen secuestrados por grupos de interés de la izquierda y trabajando en contra de las libertades y nuestros derechos.

Organizaciones como Fedecámaras, Consecomercio, nuestros distintos ministerios e instancias de decisiones de políticas públicas, los diferentes gremios, organizaciones tan básicas como las juntas de vecinos, los mismos emprendedores, la familia venezolana, todos estamos bajo los efectos de estas nuevas condiciones de vida, para muchos significará un alivio, para otros, quizás, una amenaza a sus costumbres y maneras de pensar, sobre todo a aquellos con una vena nacionalista gruesa.

Es fundamental limpiar de corrupción y política el aparato judicial y policial del país, sin ello, cualquier gestión administrativa se hace ineficaz, se alimenta al crimen y se pone a la gente como comida para las mafias que manejan la ley, esto no se hace de la noche a la mañana; de igual manera hay que sanear el sistema carcelario que ha provocado tanto dolor y rechazo entre los ciudadanos y nos ha distinguido como una nación de bárbaros. De algo estoy seguro, y es que a todos los venezolanos nos corresponde cambiar, y pienso que para bien, y si somos lo suficientemente inteligentes, aprovecharemos al máximo el hecho de que USA haya tomado ese interés por nosotros.

Pero debo advertir algo que me preocupa, he notado que hay una campaña a través de los medios digitales de comunicación, desarrollados por los mismos chavistas, que alimentan justamente esa peligrosa impaciencia, azuzando a los venezolanos a que retomen su destino y despreciando la ayuda extranjera, que nuestros líderes tomen las riendas del momento, sin advertir las amenazas de verse envuelto en fracasos y finalmente, en el retroceso que los enemigos de la democracia quieren.

Por todo lo anteriormente expuesto es que debemos resetear nuestro disco duro, el que no cambie en su percepción de la nueva realidad en Venezuela, probablemente pierda el tren y no disfrute de las nuevas perspectivas que se le están abriendo al país, repito, creo que hemos sido afortunados que el presidente de USA, el señor Donald Trump y su Secretario de Estado, el señor Marco Rubio, se hayan tomado la molestia de rescatar el país del desastre en el que estábamos sumidos, razón por la que los venezolanos debemos armarnos de paciencia y pedirle a Dios que le de mucha salud a Trump, y que los republicanos continúen en el poder en USA.

Estuvimos a punto de perderlo todo, de sumirnos en una pesadilla totalitarista muy oscura, no sabemos en realidad cuales son los próximos pasos a dar, no hay cronograma disponible pues estamos sobre la marcha sobre algo nuevo, incluso para EEUU que tiene una gran experiencia rescatando naciones (lo hicieron con gran parte de Europa y Japón luego de la Segunda Guerra mundial), los que si les puedo decir es que hay que trabajar, debemos adaptarnos, lo cual nos viene por naturaleza, somos sobrevivientes natos, y reconstruir a Venezuela es una labor a la medida de nuestra voluntad, pero ahora tenemos un socio al que no deberíamos defraudar.

 

 

 

 

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