Hablarle de paciencia a
un venezolano que ha esperado décadas de su vida por que el país se ajuste a su
idea de orden, prosperidad y normalidad es un tema delicado, teníamos un país
que más o menos que cumplía con esos requerimientos, pero que ya no existe
debido principalmente a que la ideología comunista o socialista se apoderó de
nuestro cuerpo político, a una serie de malas decisiones sobre quienes debían
gobernar a nuestra nación y a unas peores maneras de como adminístralo, nos
sumió en el caos y la violencia, al punto de hacer nuestra vida un calvario.
Muchos venezolanos no
pudieron soportarlo y se fueron y los que quedamos, aparte de rumiar nuestros
pesares y recordar con nostalgia lo que una vez fuimos, tratamos de hacer un
cambio, confiar en líderes que prometían el esperado renacer, y contra viento y
marea, marchamos, hacíamos vigilias, veíamos a nuestros hijos con escudos de
cartón enfrentar a las fuerzas gubernamentales entre el humo de bombas lacrimógenas
y disparos, hacíamos “guarimbas”, tocábamos cacerolas con furia desafiando al
dictador de turno, cantábamos el himno nacional a todo dar en las
concentraciones, fuimos y votamos una y otra vez para derrotar la ignominia
expresando nuestra voluntad de cambio… pero todo fue en vano.
Era la manera como nos
habían enseñado a protestar, no teníamos armas, el pacifismo y la no
resistencia era la vía que nos habían inculcado, habíamos perdido aquella
agresividad y voluntad de lucha que una vez tuvimos como bravo pueblo, además,
era inútil enfrentarnos en los mismos términos en contra de unos gorilas y unas
fuerzas armadas que nos habían traicionado, y estaban ahora defendiendo a unos
tiranos que nos habían vendido a los chinos, a los rusos, al fundamentalismo
islámico, a Cuba, al Foro de Sao Paulo…
Y en aquella horrorosa
vorágine de populismo, ignorancia y lujuria, el país se fue desarticulando, los
valores nacionales se fueron perdiendo y poco a poco, fuimos testigos de cómo
Venezuela se convertía en estado fallido y en un peligro para la seguridad
hemisférica y la democracia.
En medio de denuncias
de narcotráfico, de violaciones masivas de derechos humanos, de persecuciones
políticas, de corrupción e injerencias en los sistemas electorales de otros
países, muy pronto no convertimos en el tema de preocupación de los organismos
internacionales que debería estar velando por la estabilidad de la región, pero
igual, en muchos de estos foros nada podían hacer, la política y el acomodo a
los intereses de la izquierda mundial impedían respuestas contundentes y
realistas, el caos en Venezuela se estaba desbordando y ya estaba afectando la
paz y el orden de otras naciones.
Tuvo que intervenir
EEUU, entre otras cosas por que había un presidente como Donald Trump, de derecha,
demócrata y que ya estaba sintiendo en su propia casa el desorden que el
chavismo, esa maligna ideología enemiga de la libertad, estaba propiciando en
su territorio, algo que no iba a tolerar, y ya que se trataba de la principal
potencia del mundo, del país más rico y desarrollado del orbe; ante la actitud
de complacencia de los organismos internacionales, que no hacían nada para
detener aquel desorden que amenazaba en tomar al mundo por asalto, decidió
utilizar sus fuerzas militares para, en una operación quirúrgica, extraer el
tumor que estaba acabando con el orden y la convivencia en el continente.
El presidente Trump en
una de sus declaraciones dijo que EEUU era el único país con la fuerza y
capacidad de detener aquel aquelarre, y descabezó al régimen de terror, pero
dejó intacta su estructura criminal, esto, con el propósito de ensayar una
nueva manera de desactivar el aparato chavista sin que hubiera repercusiones a
posteriori, quería dejar al paciente vivo y que se recuperara para que en algún
momento volviera Venezuela a ser dueña de su destino.
Esta nueva manera de
intervención requiere de tiempo y dedicación pues implica desmantelar una
organización criminal y enemiga de los intereses de Norteamérica, sin que se
desaten los demonios de una guerra intestina, para ello está ensayando la
fórmula de la colaboración obligada de los jefes chavistas para limpiar la casa,
pero Venezuela bien vale la pena, pues no solo alberga un pueblo con una
tradición libertaria y demócrata, amiga de EEUU, sino que se trata de un país
con una importancia geopolítica de gran alcance y poseedora de una de las
riquezas energéticas y de minerales estratégicos más grandes del mundo.
Y aquí caemos en el
problema del tiempo y del arte de la paciencia, y que va ligado a una concepción
del mundo que ha variado de manera importante, y que si no tenemos claro cuál es
la nueva estructura de nuestra realidad podría hacer que volvamos a recaer en
el desorden, y perder de manera definitiva esta nueva oportunidad que se nos ha
dado.
Lo primero en lo que
debemos estar claros es en los conceptos políticos que hemos venido manejando
hasta el momento, la idea de patria, nación, soberanía, estado, pueblo… que son
conceptos que heredamos de los siglos XVIII y XIX y de un mundo muy diferente
al nuestro, son ideas sujetas a evolución y adaptaciones obligados por el mismo
desarrollo de nuestras circunstancias, si las usamos como descripciones
absolutas e invariables, lo más probable es que tengamos problemas no solo de
identidad, sino confrontaciones innecesarias con vecinos, aliados y la
posibilidad de una convivencia multilateral con nuestro entorno.
Ya el hecho de haber
sido declarados como un estado fallido, es decir una nación que fracasó en su
intento por manejarse a sí misma, haciéndole al orden internacional el daño que
hemos causado, ya implica una responsabilidad tremenda y una tarea inmensa por
recuperar nuestro status como nación, nuestra clase política pareciera no haber
caído en cuenta de las graves consecuencia que esto significa y del trabajo tan
arduo y delicado que significa el camino que tenemos por delante, se trata de
volver a contar con credibilidad y respeto en la comunidad de naciones.
Yo estoy convencido
que la gran mayoría de los programas políticos de nuestros líderes y partidos
políticos demócratas que tenían preparados antes del 3 de enero, ya no sirven,
o por lo menos están necesitados de una reingeniería urgente que tome en cuenta
las nuevas circunstancias que nos obliga haber sido intervenidos de la manera
como fuimos intervenidos. Muchos de nuestros líderes políticos todavía no
aceptan el hecho de que fuimos recatados de un desastre anunciado, o que
nuestro país es otro muy distinto después de la intervención.
Hay políticos de la
oposición democrática que no aguantan las ganas de ocupar sus posiciones de
liderazgo y empezar su tarea de dirección y desarrollo de sus planes, lo cual
es natural y se entiende, pero el ambiente de inseguridad y la crisis
humanitaria que sufre el país lo hacen inviable, igualmente no existen las
condiciones adecuadas para que el país entre en elecciones populares que
garanticen pulcritud y transparencia.
El chavismo y sus
socios en la insurgencia y el mundo del crimen, todavía están activos en
algunas regiones importantes del país y hay que ir haciendo un desmontaje
sistemático que elimine su infausta presencia; los venezolanos en la diáspora
deben ser tomados en cuenta y aún no tenemos los mecanismos electorales y de
servicios que los una al país, nuestras representaciones diplomáticas se encuentran
tomadas todavía por funcionarios de la tiranía, aunque digan que representan a
Venezuela; la economía y los medios de comunicación siguen secuestrados por
grupos de interés de la izquierda y trabajando en contra de las libertades y
nuestros derechos.
Organizaciones como
Fedecámaras, Consecomercio, nuestros distintos ministerios e instancias de
decisiones de políticas públicas, los diferentes gremios, organizaciones tan
básicas como las juntas de vecinos, los mismos emprendedores, la familia
venezolana, todos estamos bajo los efectos de estas nuevas condiciones de vida,
para muchos significará un alivio, para otros, quizás, una amenaza a sus
costumbres y maneras de pensar, sobre todo a aquellos con una vena nacionalista
gruesa.
Es fundamental limpiar
de corrupción y política el aparato judicial y policial del país, sin ello,
cualquier gestión administrativa se hace ineficaz, se alimenta al crimen y se
pone a la gente como comida para las mafias que manejan la ley, esto no se hace
de la noche a la mañana; de igual manera hay que sanear el sistema carcelario
que ha provocado tanto dolor y rechazo entre los ciudadanos y nos ha
distinguido como una nación de bárbaros. De algo estoy seguro, y es que a todos
los venezolanos nos corresponde cambiar, y pienso que para bien, y si somos lo
suficientemente inteligentes, aprovecharemos al máximo el hecho de que USA haya
tomado ese interés por nosotros.
Pero debo advertir
algo que me preocupa, he notado que hay una campaña a través de los medios digitales
de comunicación, desarrollados por los mismos chavistas, que alimentan
justamente esa peligrosa impaciencia, azuzando a los venezolanos a que retomen
su destino y despreciando la ayuda extranjera, que nuestros líderes tomen las
riendas del momento, sin advertir las amenazas de verse envuelto en fracasos y
finalmente, en el retroceso que los enemigos de la democracia quieren.
Por todo lo
anteriormente expuesto es que debemos resetear nuestro disco duro, el que no
cambie en su percepción de la nueva realidad en Venezuela, probablemente pierda
el tren y no disfrute de las nuevas perspectivas que se le están abriendo al
país, repito, creo que hemos sido afortunados que el presidente de USA, el
señor Donald Trump y su Secretario de Estado, el señor Marco Rubio, se hayan
tomado la molestia de rescatar el país del desastre en el que estábamos
sumidos, razón por la que los venezolanos debemos armarnos de paciencia y
pedirle a Dios que le de mucha salud a Trump, y que los republicanos continúen
en el poder en USA.
Estuvimos a punto de
perderlo todo, de sumirnos en una pesadilla totalitarista muy oscura, no
sabemos en realidad cuales son los próximos pasos a dar, no hay cronograma disponible
pues estamos sobre la marcha sobre algo nuevo, incluso para EEUU que tiene una
gran experiencia rescatando naciones (lo hicieron con gran parte de Europa y
Japón luego de la Segunda Guerra mundial), los que si les puedo decir es que
hay que trabajar, debemos adaptarnos, lo cual nos viene por naturaleza, somos
sobrevivientes natos, y reconstruir a Venezuela es una labor a la medida de
nuestra voluntad, pero ahora tenemos un socio al que no deberíamos defraudar.

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