Acaban de dejar en
libertad a un número de venezolanos y extranjeros, algunos de ellos
pertenecientes a la oposición democrática de nuestro país, mujeres y hombres
que, por pensar distinto, recibieron el castigo de la sin razón, la prisión y
la tortura, ofrecida sin rubor y ejecutada sin piedad, detenidos en lugares tan
nefastos como el Helicoide, una ergástula hecha a la medida del chavismo, donde
muchas de estas víctimas inocentes dejaron su salud y tranquilidad por creer y
trabajar para construir un mejor país para las nuevas generaciones.
Pero son muchos los
presos políticos secuestrados por el régimen del PSUV, y no son pocos los que
permanecen enterrados en tumbas sin luz, sin agua, sin comida y siendo
torturados física y psicológicamente, no solo ellos, sus familias y allegados,
de modo que fácilmente podríamos decir que por cada preso político hay por lo
menos veinte personas de su entorno que sufren esta pesadilla que desgarra el
alma.
Muchos de estos
prisioneros de la ignominia salen de sus encierros directo a centros de salud,
a reparar sus cuerpos y mentes, a llorar sus heridas con sus familiares y
amigos, a gritar su impotencia por las injusticias que los marcaron, tanto en la carne como en el espíritu, sufren
y lloran por los años y meses que perdieron siendo humillados, porque fueron
marcados de por vida por el odio de unos funcionarios venezolanos y algunos extranjeros,
que perdieron la cordura y jugaron a ser verdugos de sus semejantes, alegando
la banal razón de estar defendiendo un proceso revolucionario, que no era otra
cosa que una ideología diseñada para ilusos y dementes… algunos de estos presos
sólo estaban en el lugar equivocado en un momento inoportuno, estudiantes, choferes,
comerciantes y eran obligados a confesar crímenes absurdos que nunca cometieron.
No hay discurso
chavista que pueda reparar los excesos y la barbarie de quienes se dicen
socialistas, humanistas y patriotas. Lo que hicieron con nuestros presos políticos
fue una bestialidad que no tiene perdón, mucho menos obtendrán las dispensas de
ese pueblo que ayer recibía algunos de sus presos finalmente liberados, con
lágrimas en los ojos y una tremenda arrechera en el corazón. Tarden todo lo que
quieran en procesar estas liberaciones, hagan sufrir todavía más a la buena
gente que esperan sólo volver abrazar a sus esposos hijos, madres… todo ese
daño se les revertirá, todo ese dolor acumulado se les multiplicará, esa es la
ley del karma.
Y todos sabemos,
porque lo hemos vivido, que los liberaron porque fueron obligados por el
presidente Trump y las armas de los Estados Unidos que, en una intervención
humanitaria y velando por su propia seguridad, desalojaron de su cubil al
obsceno comandante en jefe de la organización criminal más grande, letal y
cruel que haya existido en nuestra historia, porque hacían fortuna con la
desgracia humana, porque complacían a sus amos en La Habana, Teherán y
Damasco, porque era el capo mayor de las
más abyectas organizaciones narcoterroristas, que insaciables exigían mayores
sacrificios, más dolor y más sangre.
Hace ya mucho tiempo que
dejaron de engañarnos, y lo harán en menor medida ahora, que vamos a escuchar
historias que nos harán llorar de rabia e impotencia; esos asesinos y
torturadores están cediendo bajo presión, bajo amenaza, sólo de esa manera fue
posible que esas rejas se abrieran y nuestros hermanos volvieran a ver la luz…
sean de nuevo bienvenidos a sus familias, regresan a un país que los extrañaba
y los quería en sus puestos de trabajo, en sus cargos directivos, en la calle, fue
indudablemente un triunfo para esas personas que abnegadamente trabajaron día y
noche, por meses y años, defensores de derechos humanos, abogados y amigos, que
nunca dejaron de luchar por que fueran libres de nuevo.
Que no quede ninguno
en las sombras. Aquellos que no pudieron sobrevivir al horror, serán honrados y
recordados, para que este vergonzoso episodio jamás se repita. Todos los
responsables de esta ignominia lo pagarán, tarde o temprano, ninguno escapará
de nuestro desprecio. Lo que más me revuelve el estómago es la impudicia que
tienen representantes del régimen al sostener sus posiciones y discursos sobre
la paz y la hermandad, sobre la unión y la nacionalidad que nos hermana…
llenaron el país de mercenarios, de torturadores, de expertos en
interrogatorios, de asesinos, para mantener a raya a los venezolanos que
queríamos una vida mejor para nuestros hijos.
¿Y qué dicen los
jueces y fiscales, los chivatos y los jefes de comunas que delataron,
sustanciaron los expedientes y condenaron a sus propios vecinos y los hundieron
en una pesadilla de procesos viciados y acusaciones falsas? ¿Van a seguir
vociferando “Patria, socialismo o muerte”? Muerte nos dieron y socialismo del
más perverso, y la patria que le dejan a sus propios hijos es una en la que
deberán cambiarse sus nombres para no legarles el escarnio público.
Estos hombres y
mujeres que se llenaron de poder y dinero robado, a costa del país entero y que
todavía se atreven a decir que lo hicieron “por amor”, sólo conseguirán rabia y
rechazo por parte del pueblo, el odio desgasta y nos hace infelices, pero
recordarlos por lo que son, personas incompletas que necesitan tener un cofre
de horrores para enseñar y así poder obtener sumisión… y, eso sí, jamás tendrán
el perdón de los venezolanos ni del mundo libre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario