domingo, 3 de mayo de 2026

El laberinto de María Corina.


Sería como decir que también es el laberinto de la Venezuela democrática y libre. Porque, según lo que le depara el futuro inmediato a nuestra líder, y en vista a la urgencia del llamado a unas elecciones para legitimar el poder en Venezuela, María Corina Machado se encuentra en una posición difícil; primero, no está en el país, el chavismo está haciendo lo imposible por obstaculizar su ingreso con su aparato judicial, y luego, si entra, y no me cabe la menor duda que lo hará, las amenazas a su integridad física no hay que tomarlas a juego.

Pero, quizás, lo más difícil va ser su posicionamiento dentro de la realidad política que existe en el país. Aunque hay una mayoría abrumadora que la apoya, va a estar rodeada de partidos y políticos que esperan prolongar sus existencias acercándose a ella y prometiéndole respaldo; es el “alacranato” en sus más características funciones, que va hacer lo posible por demoler su gestión y su patrimonio político.

No nos caigamos a mentiras, toda esa estructura política aliada al chavismo o, en su defecto, minando la política para su propio beneficio, como si fueran garimpeiros, quieren tomarse la foto con ella, salir en los tarjetones apoyando su proyecto, acompañarla en las giras para promover ellos sus propias agendas, declarar que su interés es el rescate de Venezuela, para aprovechar la oleada de votos que los hará imprescindibles para constituir gobierno.

Si definimos el alacranato como la reunión de partidos políticos y líderes de la oposición falsaria que, de acuerdo a las leyes electorales vigentes, son los únicos que podrían conformar la estructura política de un posible gobierno en nuestro país, es decir, los únicos autorizados para hacerse parte del poder político, entonces las expectativas de una salida democrática decente y honorable estarían en riesgo.

Sería una situación perder-perder, porque habría que negociar curules de la Asamblea Nacional con ese chiripero que, de nuevo, se ha reunido en torno al único candidato alternativo al chavismo que tiene la posibilidad real de ganar unas elecciones; se trata de unos seres que ya fueron contaminados por los 26 años de socialismo revolucionario, y algunos vienen incluso de antes, de la decadencia de los partidos democráticos, esos que fueron “las comadronas” de ese íncubo llamado Hugo Chávez.

Los cotos de caza de estos políticos, que vienen de postrarse a los pies del más aberrante militarismo que existe, estarían en las gobernaciones y alcaldías, en las direcciones de algunos ministerios, en embajadas y consulados, en las bancadas del Poder Legislativo; sus partidos serían los únicos registrados y autorizados en el CNE, con financiamiento para hacer campaña electoral, con la posibilidad de exhibir sus insignias en el tarjetón electoral, con sus cuotas disponibles de votantes al momento de repartir los coeficientes electorales, y podrían postular a sus miembros, cuyo único mérito es haber estado presos en alguno de los centros de torturas del chavismo, algo así como un premio a su sufrimiento.

María Corina se vería obligada a negociar apoyos y cargos con gente ya viciada por negociados y traiciones, sin esperar lealtad alguna salvo la de sus propios intereses, porque son propensos a la traición y tienen muchas deudas hacia los revolucionarios que les dieron tribuna… algo más, y esto es lamentable, hay entre estos partidos algunos provenientes de toda una generación de jóvenes descerebrados, producto de un adiestramiento que no incluyó los principios democráticos, que permitieron que la corrupción y la mentira se hicieran sus estandartes.

Entre esta fauna de escorpiones, chínches, chipos y otras alimañas, María Corina tiene sus opciones de cohabitación muy limitadas, y todo apunta a que esos sectores estarían apostando al fracaso de su gestión, las meta más codiciada de sus enemigos políticos, especialmente del chavismo repotenciado, que tiene sus cofres de guerra llenos de dinero mal habido en el exterior, cuyas facciones ya están haciendo campaña electoral y se mimetizan con las circunstancias, cambiando de colores, amos y lenguaje, y que va a tener infiltrados en el campo opositor.

La epidemia izquierdista, el discurso cubano, la ideología revolucionaria del ELN y las FARC, el odio incólume hacia “el imperialismo capitalista”, encarnado en Estados Unidos, el desprecio por el mercado y sus leyes de la oferta y la demanda, están siendo incorporados en una reingeniería retórica audaz y sin alma, dentro del nuevo discurso con el que intentarán continuar en el poder.

Y aunque la candidata María Corina Machado tiene su propia plataforma política y banderas con el partido Vente Venezuela, las simpatías electorales están dispersas a grado máximo y Vente Venezuela no está entre los favoritos, aunque Machado es, definitivamente la candidata presidencial más reconocida y popular de los aspirantes a Miraflores.

La situación es en extremo difícil, tendría que jugar a múltiples bandas y con gente muy poco confiable, afrontando un escenario casi que de post guerra, porque el país está en muy malas condiciones, aunque con la apertura petrolera hacia el mercado norteamericano se augura una gran cantidad de inversiones necesarias para aumentar la producción, tanto de crudo como de gas, y es en este punto que me pregunto si es sensato apurar, como lo están haciendo, las elecciones.

Los norteamericanos habían previsto dos años de estabilización económica antes de las elecciones, pero el interinato de la Sra. Delcy Rodríguez se ha transformado muy rápidamente en una maquinaria bien aprovechada de propaganda para el nuevo chavismo, y esto tiene muy preocupada a la oposición democrática, a algunos desesperados, y a los interventores norteamericanos tampoco los tiene muy felices, pues ya están sintiendo que esta relación tóxica con los que propiciaron el desastre venezolano, empieza a salpicarlos con rechazo y críticas que debilitan el llamado que desde Washington se le hace a los inversionista para que apuesten al país.

La figura de los hermanos Rodríguez y el resto de la banda chavista, enquistados en el poder con la anuencia del Sr. Trump, no sólo se perfila como un continuismo peligroso, sino que los posibles éxitos de la intervención los acapara ese “chavismo recargado” como propios, aunque no lo sean.

No son pocos los que opinan que las elecciones deben hacerse ya, contra viento y marea, un día que pase con los chavistas en el poder es un día más de destrucción del país y de retroceso en las posibilidades de un rescate a la democracia; para estos críticos, la intervención de María Corina debe hacerse de inmediato, para ponerle un parado al cáncer moral que está matando lo que queda de decencia y futuro.

Dentro de los posibles escenarios planteados por Departamento de Estado para nuestro país, no tengo dudas de que éste haya sido previsto como una de las bifurcaciones potenciales, eso dentro del espíritu pragmático que han mostrado los norteamericanos al hacer política exterior, y a los mejor ven esta situación como positiva, ya que hay empresarios, analistas y planificadores que prefieren los gobiernos “duros”, de un autoritarismo moderado, sobre todo cuando se trata de economías petroleras, cuando la seguridad es indispensable. Con este panorama, María Corina tiene una cuesta difícil por remontar.

Nuestra candidata va a tener que negociar con este chiripero redivivo, eso está cantado, y muchos de esos políticos y partidos de la falsa oposición no sólo van a tratar de aprovecharse de ella, sino que muchos llevarán una agenda para dañarla; bastaría que los presupuestos sean distraídos por la corrupción, que la administración pública carezca de medios para exigir la presentación de cuentas, que las malas mañas del reciente modelo de estado se repliquen en conductas como el nepotismo, las asignaciones a “dedo” de los contratos, el cobro de comisiones, o no reportar ingresos en caja, para que esa serie de prácticas nocivas haga fracasar la mejor voluntad de hacer un buen gobierno. Hay factores apostando al fracaso de la gestión de María Corina para que el nuevo chavismo tenga la oportunidad de instaurarse otra vez en el poder.

¿Qué puede hacer María Corina? Por lo pronto, concentrarse en llevar a cabo la tan esperada reforma electoral, de la ley que la regula, de sus agencias y direcciones, hacer que el voto llegue a los confines de la Tierra, adentro y afuera, depurar la tecnología a usarse, los controles, el conteo y boletines, las mesas, el voto por correo, si se va a permitir, los anuncios… en fin, hay trabajo y muy técnico a realizar. Para hacerlo bien se necesita tiempo, asegurar el proceso electoral ya es una gran ventaja; en mi opinión, se necesita no menos de un año para ajustar todos esos mecanismos a derecho y en la práctica.

María Corina necesitaría obtener de cada factor político que la quiera apoyar, una carta compromiso con su gestión, utilizar la contraloría social para exigirle un apego integral en cada aspecto de su política so pena de su exclusión inmediata del gobierno.

Si el tiempo lo permite, creo que se debe realizar una gran campaña entre los empresarios venezolanos y el capital privado para que, por medio de fondos especiales, fundaciones y otras instituciones, se financie la puesta al día del conocimiento político en Venezuela; educar a las nuevas generaciones en política es tan fundamental como ayudarlas en sus emprendimientos y motivar las innovaciones; hay que rescatar y poner al día conceptos de moral y cívica, el decálogo básico de cualquier democracia, porque la economía no funciona aislada en el mundo, requiere de un soporte político que dicte la norma y los usos de la actividad, 26 años de políticas para la destrucción del aparato productivo y del ambiente nos han enseñado que ni la política puede hacer economía, ni la economía debería hacer política.

El qué, cómo, dónde, cuándo, quién y porqué de las instituciones políticas deben ser materias de cursos seminarios, talleres, programas especiales para los medios de comunicación, para que puedan llegar a las escuelas, universidades, lugares de trabajo, espacios públicos… inundar los centros urbanos y públicos de explicaciones sobre la necesidad de ser honestos en la vida privada y pública, sobre lo que significa ser un empleado público, la importancia del voto en una elección, las maneras correctas de llevarse con los demás, lo que significan los derechos y los deberes, en resumen, ir construyendo la narrativa que fundamentó esta nación, y que fue dinamitada durante estos últimos 26 años, la que necesita Venezuela para que fenómenos tan desgraciados como el chavismo y su clientelismo esclavista no vuelvan a tener una oportunidad.

De lo que estamos hablando es de desplegar a nivel nacional una campaña que ilustre, de manera clara y sencilla, la manera de comportarse en sociedad de los venezolanos; para ello se necesita organizar a la gente, invertir dinero en comunicar y educar, hacer intervenciones en las empresas e instituciones para establecer los vínculos éticos que le darán sentido a la productividad, a la lealtad, a las responsabilidades de patronos y empleados en las organizaciones privadas y establecer las pautas en funcionarios públicos.

Si los venezolanos no nos ocupamos de ello, otros lo harán por nosotros; ya hemos visto impávidos como las ideologías más dañinas y primitivas del mundo están dispuestas a clavarnos sus colmillos ideológicos en la yugular y convertirnos convenientemente en zombis.

Hay una urgencia en el aire para adelantar las elecciones, posiblemente no tendremos el tiempo suficiente para diseñar y poner en práctica esta iniciativa de dotar al país de no sólo de un modelo de comportamiento racional y ético, de darle una identidad y construir la memoria histórica tan necesaria para poder ubicarnos y tomar las decisiones más apropiadas. Eso le daría a María Corina una buena ventaja para hacer realidad una nueva Venezuela.

 

 

 

  



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