martes, 21 de julio de 2026

Planificar el robo del siglo, por Saúl Godoy Gómez

 



El primer paso de todo robo consiste en penetrar el lugar donde se encuentra el botín a ser sustraído, aquí es indispensable toda la información posible, hay que llegar al sitio de la manera más cómoda y menos sospechosa, disminuyendo el “ruido”, alertas, víctimas y daños colaterales; una vez dentro, el robo se ejecuta, en parte o en su totalidad de acuerdo a un plan que incluye rutas de escape, coartadas en caso de una investigación posterior, limpieza de la escena del crimen para no dejar pistas incriminatorias, y en lo posible, una narrativa preparada para poder negarlo todo.

El caso de Venezuela, un país petrolero que fue despojado de una buena parte de su riqueza por un grupo de narcoterroristas liderados, primero, por el teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez Frías y, luego, por el chofer de autobús de nacionalidad colombiana Nicolás Maduro Moros, con conexiones con los grupos criminales más duros de la escena internacional para su momento, y con la complicidad de algunos gobiernos, fue el robo del siglo y duró 26 largos años.

El robo fue una operación de alta complejidad, que incluía una fachada política nacionalista y de extrema izquierda, que contaba con un aparato partidista-militar para el control social de la población, con su propia maquinaria comunicacional y una extensa plantilla de socios, operarios, expertos en distintas áreas técnicas y profesionales, con un esquema de inteligencia e información ubicado en los cinco continentes y cercanos a los centros de poder más importantes de occidente y oriente.

Fue un plan que se fue forjando en el tiempo, mientras se avanzaba en lograr cabezas de playa en áreas sociales, legislativas, diplomáticas e incluso religiosas, contando con el apoyo de gobiernos socialistas y comunistas, en especial con el apadrinamiento del líder cubano Fidel Castro, quien le abrió a los socialistas bolivarianos muchas puertas, y con el aval de grupos extremistas islámicos, que ya venían posicionándose de la región por medio de hijos de emigrantes radicados en el país.

Visto a la distancia y luego del pasar del tiempo, fueron como teselas o mosaicos de un gran mural, que fueron encajando de acuerdo a intereses comunes, principalmente por el odio y el sentimiento de venganza que muchos de estas organizaciones tenían contra Estados Unidos de América y el sistema capitalista que representaba, y esto era así, entre otras cosas, porque Venezuela era cercana no sólo geográficamente al gigante del norte, sino por filiaciones culturales y familiares cultivadas por décadas de convivencia pacífica y comercial.

Una de los organizaciones criminales de los gobiernos chavistas fue el Cartel de Los Soles, un grupo miembro a la red compuesto por altos personeros de las Fuerzas Armadas venezolanas, que hicieron del narcotráfico no solo una actividad lucrativa, traficando con drogas peligrosas e ilícitas hacia el país del norte, sino que lo hicieron con el ánimo de causarle daño al pueblo norteamericano, a su juventud, quienes eran sus víctimas propiciadoras, pero también con la intención de desestabilizar su sistema económico, aprovechando las libertades para inundar algunas economías locales con dinero de origen ilícito con el propósito de “lavarlo”, propiciando la corrupción, la inflación y la decadencia de los valores democráticos.

Pero esa manera ser y de comportarse contra toda racionalidad y el desprecio que sentían por el trabajo y la libertad humana, los llevó a configurar un esquema superior de criminalidad; se dieron cuenta de que sus gobiernos no eran populares, que sus actuaciones no llenaban las expectativas sembradas por sus promesas electorales, que las diferencias sociales que habían creado producían un gran descontento inexcusable, a pesar de las crisis que creaban artificialmente, y de atribuirle la causa de los problemas a terceros.

Decidieron entonces robarse las elecciones en un gigantesco fraude electoral, pero robarse las elecciones no era en realidad el cofre del tesoro, y aunque ya venían robando los recursos naturales del país, su petróleo, el oro, el carbón, el hierro, el aluminio, los diamantes, la fauna salvaje, el tráfico humano… el mayor botín estaba por configurarse en la deuda externa del país, porque los chavistas le habían tomado el gusto a refinanciar las deudas de los institutos públicos y otros órganos del estado, endeudarse con créditos para la adquisición de equipamiento e instalaciones de ministerios, armamento militar y policial, e incluso ficticios programas espaciales.

El gusto por las comisiones, la coima, el sobreprecio en las obras públicas, los megaproyectos de transporte, la promesa del alivio a la crisis eléctrica, de la construcción de represas, los programas de vacunación y atención a las epidemias, el equipamiento de hospitales, la compra de alimentos… había un mundo de dinero fácil , rápido y abundante que se podía obtener por medio de las contrataciones internacionales, los prestamos multilaterales, las mismísimas expropiaciones de empresas extranjeras, negocios en pleno funcionamiento que sólo había que robárselos a sus dueños legítimos bajo la figura de un decreto de utilidad pública presidencial, y la palabra “exprópiese” se hizo común en los programas televisivos del gobierno.

Pero para hacer todo esto se necesitaba ser gobierno, y tener el apelativo de “legítimo”, avalado por elecciones populares y libres que le dieran autoridad a los ladrones, porque lo sabroso del negocio de endeudarse para no pagar, es que ninguno de ellos iba a responder por los desfalcos y despojos que se producirían, las obras jamás se construirían pero sí se pagarían, por lo menos las comisiones acordadas, y para ello se necesitaba contar con socios dispuestos al fraude, países cómplices que sabían que el negocio estaba en la deuda, y que el país en algún momento sería de ellos; eso pasó con los rusos, con los chinos, con los brasileños, con los españoles… con los bancos vagabundos que conocían el retorcido negocio y les interesaban los papeles para poder venderlos en los mercados secundarios.

Las recientes declaraciones del presidente Trump, revelaron el informe de la CIA sobre los planes del chavismo para cometer fraude electoral por medio de máquinas electorales y sofisticados programas para contabilizar los votos, de manea que lo que quedaba era armar las organizaciones y países veedores que respaldaran la legitimidad de la trampa, cosa que no les tomó mucho esfuerzo en un entorno que favorecía tamaña vagabundería, de esta manera consiguieron algunas ONG´s, representaciones de gobiernos cómplices y algunos árbitros internacionales en asuntos electorales.

Pero los venezolanos no nos estábamos chupando el dedo, no sólo se protestó y se hizo resistencia, a pesar de los candidatos de la oposición falsaria que aceptaban esos resultados totalmente manipulados, se denunció esos manejos, se peleó en las mesas por los resultados reales de las votaciones, y en esto María Corina Machado tiene un estelar papel organizativo que permitió que los venezolanos pudiéramos conocer cómo se falseaba la voluntad popular, y que esos señalamientos llegaran a instancias internacionales, donde empezó a cuestionarse “el mejor sistema electoral del mundo”, a decir de las autoridades chavistas. Bueno, el mejor, para su conveniencia…

Esa deuda externa, que se dice es de 240 millardos de dólares y que el país debe reconocer, es el atraco del siglo contra una democracia secuestrada por el crimen organizado,  la mayor parte de esa deuda fue negociada a espaldas del pueblo de Venezuela, inducida por engaños y trampas, y las pruebas empiezan a emerger; ya no se trata solamente de las actas electorales que prueban el enorme fraude, al verse al descubierto, al no poder utilizar los números forjados por sus máquinas inteligentes de votación, el chavismo trató de introducir como prueba una servilleta donde estaban escritos los resultados y que utilizó el presidente del CNE para declarar el triunfo de Maduro, pero ahora son los informes de inteligencia, declaraciones y confesiones de los involucrados ante jueces federales… el robo del siglo se está poniendo al descubierto. Para perpetrarlo se necesitó de miles de participantes de distintos países, pero la prueba más sólida e innegable es el país, Venezuela tenía un buen futuro pero quedó reducida  reducida a escombros, a la indigencia, por unos revolucionarios de pacotilla, por ladrones y criminales que únicamente merecen la pena capital.

El porqué el Sr. Trump escogió a los hermanos Rodríguez, parte importante de la banda de estafadores que urdió el crimen electoral contra los venezolanos, para montar esta primera fase de estabilización y reconstrucción del país, es una decisión que debe tener su lógica, pero que escapa a mi comprensión; unas personas que no tienen la menor buena voluntad, que son deshonestas, que han demostrado no tener empatía por el pueblo de Venezuela, que han sido enemigos declarados de USA, mal que bien pueden hacer un trabajo de esta naturaleza. Sin duda, las autoridades de Washington manejan información que yo desconozco y que pudiera ser vital para no desestabilizar al país, pero estos sujetos carecen de toda credibilidad institucional y moral, una muestra de ello es la negativa rotunda de varios organismos internacionales en facilitarles fondos retenidos pertenecientes a Venezuela a esa banda de ladrones.

Robar es el motivo principal que impulsa al chavismo, lo tienen marcado en la frente, ninguno de ellos podría justificar sus bienes de fortuna y propiedades ante una contraloría medianamente seria y profesional, y la pobreza que alegan los que quieren defender lo indefendible no se compagina con sus conspicuos estilos de vida, propios de una oligarquía revolucionaria que exhibe sus trofeos; robar es el proyecto en que se basó el aparato del estado del chavismo, desde la presidencia, pasando por los legisladores, jueces, ministros, gobernadores y alcaldes, que son parte de una intrincada red de corrupción, si se permite que estos ladrones se salgan con las suyas, que consigan un perdón y un exilio dorado por sus actos, lo que se va a lograr es estimular que estos comportamientos se hagan dignos de imitar por todos aquellos que prefieran el crimen como vía rápida para resolver sus necesidades.

 

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