La situación política,
social y económica de Venezuela es harto compleja; es muy rápida, llena de
rebotes, de bandazos y triangulaciones, y es muy difícil seguirle la pista a
los acontecimientos, más ahora, cuando muchas de las decisiones se hacen fuera
del país, con actores que no existían apenas un mes atrás. El chavismo, esa siniestra
manera de hacer política, ya venía desmoronándose, en sus bases y su cúpula, a
pesar de que maquillaba de unión su apariencia, cuando estaba plagada de
contradicciones e intereses, que halaban cada uno para satisfacer apetitos
gigantescos, unas desaforadas ansias de robo, traiciones y crueldad que
desafiaban la imaginación.
Pero un elemento
principal que no podemos perder de vista es el cambio radical de la ideología
imperante; de un socialismo comunitarista y militarista, con fuertes notas de
fascismo, pasamos a uno libertario y capitalista, con exigencias de libertades
constitucionales que habían sido confiscadas por el régimen. Se trata de un
cambio gradual, pues todavía impera el miedo a la represión policial, siguen
normas que no han sido derogadas y funcionarios, enemigos de las libertades,
que todavía siguen en sus puestos.
Pero luego del bombardeo
a Caracas y alrededores del 3 de enero pasado, por parte de fuerzas de
liberación de Estados Unidos, y la extracción del tirano Maduro y su infausta
esposa, para ser llevados a enfrentar la justicia norteamericana por delitos de
narcoterrorismo y corrupción, la administración del país cambió de manera
importante; altos funcionarios gubernamentales están recibiendo instrucciones
precisas por parte de Washington en cómo hacer una transición pacífica y
ordenada. Es un experimento político que no tiene precedentes para evitar la
violencia que pudieran ejercer las fuerzas del gobierno chavista contra una
población que ya no admite la opresión.
Esto ha sido posible
por la superioridad tecnológica y militar que Estados Unidos tiene sobre
nuestro país, con capacidad de vigilancia y localización de blancos de gran
precisión, grupos de intervención listos para la acción y una variedad de
misiles a la carta, para resolver cualquier escenario. Ya Venezuela estaba bajo
un régimen de sanciones económicas y medidas de seguridad, donde los
principales actores del chavismo estaban sometidos a una estrecha vigilancia,
algunos con recompensas por sus cabezas y la imposibilidad de manejar sus
fortunas mal habidas sin ser descubiertos.
Pero fundamentalmente,
Venezuela estaba afectada por una tenaza política que imposibilitaba a sus
aliados comunistas intervenir en el país sin sufrir repercusiones de alto costo.
El país, debido a la anomia gubernamental que diseñaron los chavistas, había
perdido su presencia y carácter como nación en la comunidad internacional, y su
régimen era un paria en la mayor parte de los foros y organizaciones
internacionales para el desarrollo; el país quedó aislado y sus gobernantes de
facto estaban imposibilitados de moverse libremente por el mundo.
La experiencia militar
y política acumulada por las fuerzas norteamericanas luego de la Guerra del
Desierto, así como la posterior transición ejecutada en Irak luego de haber
sido depuesto el tirano Hussein, que fue todo un desastre, marcó el modo y los
tiempos en la ejecución de las transiciones de un gobierno dictatorial a uno en
democracia; Venezuela se ha convertido en un laboratorio político en cómo
evitar los desastres post liberación de regímenes, de allí la cautela y la
necesidad de no eliminar del todo a las élites en el poder y utilizarlas para
poco a poco ir desmontando la estructura de fuerza que sostenía la tiranía, lo
que explica el papel de vicepresidenta en funciones Delsy Eloína tutelada,
junto a los altos rangos militares, a deshacer el constructo del horror que
habían construido para oprimir al pueblo bajo amenaza de retaliación inmediata,
que es el tipo de lenguaje que los revolucionarios entienden.
El presidente Donal
Trump, que había llevado adelante una política dura contra los emigrantes
venezolanos en su país (la que se entiende, debido a los deliberados ataques
del chavismo contra la sociedad norteamericana, enviando criminales y
desadaptados confundidos con esa masa de emigrantes ilegales, en una clara
guerra asimétrica que se inspiró en los balseros del puerto de Mariel de Fidel
Castro), la obscena adquisición de propiedades valiosas por parte de testaferros
y empresas de maletín y la tesonera filtración de dinero mal habido en su
sistema bancario, decidió intervenir; las razones solo él las conoce, pero, de
alguna manera podemos deducirlas y trataremos de analizarlas.
Como he explicado anteriormente
en varios artículos, la posición privilegiada de nuestro país en el continente,
nos hace parte estratégica en la geopolítica de Estados Unidos, además de ser
reconocidos como los afortunados dueños de las mayores reservas petroleras del
mundo. Luego de la campaña de cartografía submarina que la armada de ese país
hizo de nuestra plataforma continental, aprovechando la gran cantidad de naves
que movilizó, utilizando la última tecnología de prospección geológica, quién
sabe que secretos y recursos más descubrieron, eso los obligaba a cambiar su
actitud hacia nuestro país.
El asunto fue que, de
pronto, nos convertimos en asunto de extremo interés para Washington. Ya éramos
una amenaza real y presente para la seguridad hemisférica, y tanto la actitud
como los recursos que han invertido en el problema venezolano han cambiado a
nuestro favor, si sabemos cómo aprovechar la oportunidad que se nos abre para
la reconstrucción del país.
Lo que tenemos que
entender los venezolanos es que hay un nuevo actor en nuestro presente, ya no
se trata del enfrentamiento entre la oposición democrática y los chavistas (y,
por supuesto los cubanos, rusos, chinos, grupos fundamentalistas islámicos y la
izquierda mundial, que nos estaban sorbiendo nuestras riquezas sin rubor
alguno), ahora es la superpotencia rectora del nuevo globalismo de la derecha, y
no lo considero como un nuevo colonialismo, como los zurdos pretenden
presentarlos para beneficio de su supervivencia, para Venezuela sería algo así
como una Segunda Fundación, en los términos del maestro Assimov, derivado de la
grandiosa y magnífica Trantor.
Y la verdad es que Estados
Unidos tiene su propia reserva de petróleo (cuenta con lo que le suministra
Canadá), y que en este momento no necesita de las nuestras, pero si hay en el
futuro un conflicto mundial, es razonable que quiera contar con nuestras
reservas. El otro punto sobre el petróleo es que, si tienen la preferencia
sobre su explotación, refinación y exportación, pueden de alguna manera
controlar el precio del barril en los mercados, y con ello el ritmo de la
economía mundial.
Otro punto que casi
nadie ha tomado en cuenta es que uno de los mejores negocios del mundo es la
reconstrucción de los países luego de guerras o desastres naturales. El
chavismo perpetró un arrase de tal magnitud con nuestro país que casi un tercio
de la población se vio empujada a emigrar a otros países, eso hace que
Venezuela es ahora un país manejable, con poca población sobre un enorme
territorio en el que sorprendentemente no perdimos la totalidad de la
infraestructura; necesitamos una “puesta al día”, traer nuevos equipos y
tecnología de punta, lo que beneficiaría a las empresas norteamericanas en este
repunte manufacturero.
Lo mejor que tiene
Venezuela es que es que cuenta con recursos para pagar esa reconstrucción, no
una, sino varias veces, si se logra poner nuestra producción petrolera de nuevo
en los tres millones de barriles diarios que llegamos a tener; nuestros
planificadores ya deberían estar trabajando en las prioridades para nuestra
entrada en el siglo XXI, luego de esa época de oscurantismo que significó vivir
en las garras del chavismo.
En cuanto a lo
militar, se trata de una actividad y clase social destinada a desaparecer, con
un aliado tan poderoso como USA, la seguridad sería uno de los servicios que
debe venir adjunto a estos programas de reconstrucción. De nuestras Fuerzas
Armadas, que no sirvieron ni siquiera para proteger a su supuesto Comandante en
Jefe, aunque formaron parte activa de la expoliación de los recursos del país
en esos aciagos años, yo reconvertiría a la degenerada Guardia Nacional en una
Guardia Territorial, dedicada exclusivamente a la seguridad del territorio,
principalmente en actividades ambientales, ya que el ambiente ha sido el más
vapuleado de nuestros recursos durante esta expoliación generalizada, y crearía
un nuevo servicio de Guardacostas, con movilidad marítima, lacustre y fluvial,
ambos cuerpos con capacidad de resguardo a las instalaciones petroleras y
mineras.
En resumen, veo esta
intervención de Estados Unidos como una oportunidad dorada para dar un salto
cuántico en nuestro desarrollo como nación. La mayor parte de los planes que
tiene sobre la mesa la mayor parte de los partidos políticos, presentados como “planes
para el futuro”, quedan cortos ante el impulso que tendríamos si nos dedicamos
a aprovechar, de una vez por todas, de manera inteligente y oportuna, esta
ventana que se nos ha abierto. Para ello debemos dejar de lado esos conceptos
primitivos de soberanía tribal y mirar por el espejo retrovisor ese
nacionalismo barato, enterrarlo, para elaborar una nueva identidad que nos
permita ser parte dinámica de la comunidad de países civilizados.
Todo es cuestión de
elegir cual sería nuestro modelo de desarrollo, en lo personal me anoto por el
de los gringos, me gusta Estados Unidos, me gusta su gente, allí estudié y
conviví con ellos por cinco años y puedo decir, con conocimiento de causa, que
son en su gran mayoría gente buena, inteligente, de buen talante e industriosa.
No me gusta el modelo Chino, ni el Ruso, menos todavía el cubano, y al modelo
europeo lo veo agotado, senil y con tendencias suicidas; hay quienes piensan, y
los respeto, que deberíamos tener nuestro propio modelo, inventarnos un futuro
audaz y novedoso… pero ya hemos visto los experimentos fallidos con los que nos
ha mentido el socialismo, además, hemos perdido demasiado tiempo abriendo picas
hacia ningún lado y éste es el momento de asegurar nuestro futuro. Apuesto a
los gringos, a Trump, a Marco Rubio, al partido Republicano, con todos sus
problemas y defectos, han demostrado ser transparentes y tienen palabra. Y
luego, más adelante, ajustamos. Venezuela merece la oportunidad.

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