Acabo de leer el estupendo artículo de la escritora,
novelista y ensayista de origen indio, Roy Arundhati, titulado Apocalipsis Ahora y entonces, inteligencia
artificial como el destino final del capitalismo, y de entrada debo
advertirles que la mujer es una intelectual identificada como comunista,
simpatizante de la tendencia maoísta, es
una activista ambientalista que se ha destacado en la India por su lucha en
contra de la construcción de represas hidroeléctricas, pero lleva una vida
glamorosa de artista celebrada no solo en círculos literarios, donde ha
destacado como una de las escritoras más exitosas en el habla inglesa, entre
otros, gracias al best seller El Dios de
las pequeñas cosas, sino que además es una taquillera escritora para cine y
televisión y una de las más buscadas y amenas conferencistas del circuito de influencers internacionales.
En este escrito enfila toda su artillería pesada sobre un
conjunto de empresarios que manejan monstruos de alta tecnología de Silicon
Valley como lo son Antropic, Palantir, Google, Oracle y otras organizaciones
desarrolladoras de la inteligencia artificial, cuyos cofres del tesoro ya
desbordan, y con creces, muchos de los presupuestos de naciones desarrolladas
en el mundo, y utilizan ese dinero, entre otras actividades, para digitalizar
no solo todas las bibliotecas existentes, copian cada libro que se ha impreso, cada
tesis y trabajo de investigación que se publique, clonan cada película, música,
fotografía… y la hacen parte de sus bancos de memoria en las nubes y por lo
tanto, de su patrimonio corporativo que utilizan para alimentar, entrenar y
hacer crecer sus inteligencias artificiales.
Cuando Roy se enteró de que su novela había sido
digitalizada de una copia pirata que estaba colgada en internet, no cupo en su
indignación y se unió a un grupo de artistas que demandaron colectivamente a esas
empresas para que respetaran sus derechos de autor.
“Estos son libros que me tomaron toda una vida
vivirlos, y muchos años para escribirlos. El anuncio me dice que la empresa descargó
los libros de dos sitios que exhibían copias piratas en PDF, pero- Antropic
niega que han hecho algo incorrecto- Me ofrecen un número de reclamo y una
clave. Esto es como si los órganos de mi cuerpo hubieran sido cosechados sin yo
saberlo. Ahora que la máquina ha sido entrenada con mi trabajo, me temo que muy
pronto, cuando escriba-como yo escribo- en un lenguaje que yo he trabajado por
décadas para hacerlo originalmente mío, me dirán que no suena como si fuera mi
trabajo. Que es la IA escribiendo como yo. ¿Qué debo hacer el resto de mi vida?
¿Sobrevivir pareciéndome a mi propio estilo de escritura? ¿Cómo podríamos
llamar esto? ¿Minería del corazón? ¿Minería del cerebro? ¿Minería de la vida?”
Dicen algunos reportajes que hay empresas que saquean bibliotecas
completas y luego de digitalizar sus obras, destruyen los libros en físico para
que solo queden sus copias, las cuales pueden editar y modificar a conveniencia
y prestar el servicio de entrega cultural a quienes estén suscritos, mientras
sus inteligencias artificiales se alimentan de los estilos, estructuras y
contenidos de sus creadores para que escriban como si fueran los propios
autores, o incluso, mejor que ellos… ante la abundancia de esta distopía que ya
está arruinando carreras de intelectuales y creadores, acusados de utilizar
estas herramientas para el avance de sus carreras y cosechar triunfos que en
realidad pertenecen a algoritmos trabajando en redes, en ambientes
cibernéticos, el talento humano se hace innecesario, y un nuevo Dios aparece en
la cima de la cumbre para dictar las nuevas tablas de la ley.
Hasta los mismos programadores están siendo dados de baja
pues la inteligencia artificial general ya es autónoma, no necesita de técnicos
que escriban sus códigos e instrucciones, la misma IA es capaz de generar su
propio contenido y, gracias a la robótica, a esas elegantes y cada vez más
eficientes máquinas, algunas con el aspecto humano capaz de convertirlas en la
pareja perfecta para cualquier humano, hechas a la medida, ya no estaremos
solos… pero falta un buen trecho para perfeccionarlas, todavía hay que corregir
algunos problemas como lo han demostrado algunas de esas armas inteligentes,
que vuelan convertidas en drones hacia su objetivo, pero no pueden distinguir
una escuela de niños de un campamento militar de los yihadistas, aunque igual
los reducen a escombros, y lo más curioso, no hay responsables.
Diariamente nos encontramos con noticias de despidos de
personal debido a la creciente automatización de labores en fábricas y
oficinas, enormes factorías que trabajan las 24 horas los siete días a la
semana, los 365 días del año, sin parar, sin necesidad de encender un bombillo,
a oscuras porque los robots no necesitan ver lo que hacen; aún en lugares donde
jamás se nos ocurriría sustituir a un humano por una máquina como en restaurantes
y en hospitales; ya existen líneas para atender crisis en nuestros teléfonos y
computadoras, es cierto que de vez en cuando algo falla y la persona en
problemas se puede quitar la vida debido a males entendidos con la IA a cargo,
pero esos errores suceden cada vez menos; el verdadero problema, dicen algunos
economistas, está en que si continuamos dejando sin trabajo a tanta gente,
¿Quiénes van a pagar por los servicios que presta la IA?
La IA ha traído consigo una nueva clase social y la ha
colocado en la cúspide de la pirámide de la organización social, son los
tecnócratas, justamente los genios de la informática y la automatización que se
han hecho multimillonarios solucionando problemas de efectividad y control
sobre las gestiones humanas más complejas gracias al poder de la informática y
la automatización, desde la banca y los seguros, pasando por la gestión de
gerencia de cualquier empresa, se han de los pro encargado de que los procesos
productivos funcionen como nunca antes, que la administración de instituciones
tan complejas como la militar, los órganos de inteligencia y comunicaciones, la
misma investigación científica en medicina, exploración espacial, el acceso al
mundo cuántico, actividades que requieren enormes cantidades de información y
desiciones, se realicen de la manera más expedita y con menor costo…
El mundo se nos ha convertido en un enjambre de personas,
bienes y servicios en constante movimiento, generando intercambios de energía,
significados y valor en diversas escalas simultáneamente; tener algo de control
sobre lo que sucede en determinado espacio y tiempo requiere de sistemas
altamente sofisticados y de criterios que todavía no terminan de ordenarse,
pues continuamente surgen vórtices que inducen al desorden y atractores que
alinean ciertas tendencias en direcciones que no han sido planificadas.
No hay actividad humana que no haya sido “tocada” por la
magia de la IA, al punto que los gobiernos de los países desarrollados,
justamente los que lideran estas actividades que marcan el progreso humano, han
permitido que esta nueva raza de hombres y mujeres, los CEO de estas empresas,
se estén integrando como parte clave de los poderes nacionales; los tecnócratas
se han convertido en parte de los mecanismos de poder en el Nuevo Orden mundial
y estén extendiendo sus ámbitos no solo en la IA, sino en otras actividades
básicas como el entretenimiento, la educación, e incluso, la religión.
Para algunos promotores, más bien, sacerdotes de un nuevo
culto a la inteligencia artificial o “superinteligencia” como quiere llamarla
el presidente Trump, ella ya es de por sí la razón de existir de nuestra
civilización; quienes estén en contra de su desarrollo son elementos comparados
al Anti-Cristo que buscan regular y detener los avances tecnológicos con el fin
de crear gobiernos autoritarios que impidan los avances de la humanidad, Peter
Thiel está a la cabeza de los tecnócratas que piden desatar a las empresas tecnológicas de sus amarres
institucionales para que puedan liberar al genio en la botella y darle al ser
humano una verdadera oportunidad de avance como nunca antes se ha visto, casi
como ser dioses.
Pero estas personas, los gerentes de estos grandes
conglomerados de empresas tecnológicas son humanos al fin y al cabo, son
entidades imperfectas, con sus sueños, temores y complejos, con sus carencias y
debilidades, algunos terminan siendo comparsa en las estrambóticas fiestas de los
Epstein en el Caribe, otros militan en cultos antiquísimos e innombrables, los
hay quienes comulgan con el fascismo más retrógrado, con tesis racistas que se
creían olvidadas, con relaciones con entidades que no son de este mundo… muchos
creen en el apocalipsis, los hay quienes buscan el elixir de la vida eterna,
que preparan con denuedo exquisitos refugios bajo tierra, en lugares apartados
del planeta, con su plan B en caso del fin del mundo, otros están empeñados en
descubrir a Dios fuera de la matrix que ellos mismos han creado…
Ha sido gracias a estas nuevas tecnologías que hemos podido
percatarnos de una serie de peligros y amenazas que nos acechan, algunos tan
definitivos en el plano existencial como la cantidad limitada de recursos
naturales con que cuenta nuestro planeta para sostener la vida, el agua fresca
de que aún disponemos, los embates del cambio climático en nuestra agricultura,
la cantidad de bosques productores de oxígeno que nos quedan, los
desequilibrios demográficos que algunos pueblos están sufriendo, las nuevas
pestes y epidemias que nos acosan… incluso que sea la misma IA la precursora,
que según lo predijo Bolstrom, pudiera darnos nuestro propio evento de
extinción.
Pero como todo, la IA no viene de gratis, el soporte
científico y tecnológico de estos avances tienen un altísimo costo, los centros
de procesamiento de data son instalaciones gigantescas que hacen posible el
almacenamiento de información en las nubes y que necesitan agua, electricidad y
refrigeración en cantidades ingentes, y que generan a su vez ruido, calor y
emisiones electromagnéticas, al punto de que pueden afectar la vida de manera
importante a su alrededor, razón por la cual están mudando estos centros
procesadores debajo del mar, y hay planes
de instalaciones en la Luna; a medida que la IA se haga más versátil y abarque
más actividad humana necesitará más poder de procesamiento.
Ya se discute en ciertos círculos de gobierno las ventajas
de que la IA maneje la democracia para hacerla más efectiva, se utilizan
modelos, escenarios, estadísticas, análisis elaborados por la IA para diseñar
estrategias y políticas, se colecciona data demográfica y personal de cada
persona con derecho al voto y se hacen estimados y proyecciones sobre sus
preferencias, algunos dicen que se trata de la verdadera democracia, donde
todos tienen una participación por igual, pero hay otros que repudian la idea,
sin deliberación del pueblo en libertad no puede haber democracia, y las
máquinas no deliberan ni negocian.
En fin, vivimos en “tiempos interesantes”,
como dirían los chinos, el mundo que tenemos frente a nosotros, es mucho más
complejo, inestable y sorprendente que cualquiera de las proyecciones que
hubiéramos podido imaginar, y estamos creando herramientas muy poderosas que
lejos de darnos seguridad y paz mental, nos producen nuevas angustias y temores
que, aunque desagradables, son las únicas señales de advertencia que tenemos
para cambiar de curso o sortear el escollo, si es que todavía conservamos el
buen juicio.






