Es muy difícil
determinar el daño ambiental de una tecnología desde el asiento del consumidor
de las bondades de esa tecnología, quienes utilizamos nuestros teléfonos
inteligentes, nuestras computadoras portátiles, quienes consumimos horas de
programación digital en nuestros receptores, bien sea por entretenimiento o
trabajo, quienes buscamos información en la red, bien sea para invertir nuestro
dinero o para buscar un buen restaurant o una clínica dental para nuestro
chequeo anual, o haciendo pagos automáticos con nuestros celulares o averiguando
una dirección lejos de nuestra residencia, lo último que nos preguntamos es si
estos aparatos y el servicio que prestan tienen algún tipo de huella ambiental.
La Inteligencia
artificial que hace apenas 10 años atrás prácticamente no tenía relevancia en
nuestras vidas, se ha convertido hoy en un elemento fundamental, de hecho, la
civilización actual reposa sobre la estructura digital de una IA robusta, es decir, rápida, diversificada y sin límites,
cada minuto que pasa, define más y mas no solo quienes somos, cuanto valemos y cuál
es nuestra calidad de vida, sino que nuestro trabajo y muchas de las
actividades rutinarias que hacemos sería imposibles sin la IA.
Cuando hablamos del
ciberespacio, de “conectarnos”, de bajar información, de navegar, de guardar en
la nube, no son simples alegorías, es parte de nuestra realidad, estamos
envueltos en un intenso intercambio de información con otras personas, con
máquinas, con instituciones, e incluso con otros países y culturas, utilizando
cualquier cantidad de aparatos y dispositivos, sin importar idiomas ni donde
estemos al momento, toda esa actividad tiene una estructura física que la hace
posible, esos cables, antenas, satélites, subestaciones, centros de data,
nuestros mismos teléfonos y laptops están hechos de materiales que tienen su
origen en la tierra, son minerales que deben ser procesados y convertidos en
materia prima de la que se derivan, por medio de complejos procesos químicos y
físicos, en los componentes que constituyen las partes y mecanismos que
finalmente se ensamblan, en fábricas usualmente robotizadas.
Para que un teléfono
inteligente o una computadora llegue a nuestras manos, sus componentes tienen
que pasar por una serie de procesos, técnicas, calibraciones, permisos,
certificaciones por parte de empresas, decenas de ellas, la mayor parte
desconocidas por nosotros, que hacen posible que podamos ir a una tienda y
adquirir estos productos, que harán nuestra vida más fácil por lo menos hasta
que su vida útil lo permita, que por lo general varía entre los 3 y 4 años,
luego de los cuales serán descartados y sustituidos por nuevas versiones. Los
aparatos desechados, luego de pasar por mercados de segunda mano, terminarán en
basureros o en los enormes botaderos de desechos tecnológicos como los que
existen en Ghana y Pakistán.
La investigadora y
experta en estos asuntos de alta tecnología, Kate Crawford, nos comenta:
“En 2020,
científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos publicaron un breve
listado de 23 minerales que representan un alto “riesgo de suministro” para los
fabricantes, lo que significa que, si dejaran de estar disponibles, industrias
enteras (incluido el sector tecnológico) tendrían que parar en seco. Los minerales cruciales incluyen los elementos
de tierras raras disprosio y neodimio, que se usan en los parlantes de los
iPhone y en los motores de los vehículos eléctricos; germanio, que se usa en
dispositivos infrarrojos militares para los soldados y en drones, y cobalto,
que mejora el funcionamiento de las baterías de litio. Hay 17 elementos de
tierras raras: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario,
europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio,
escandio e itrio. Son procesados e integrados en computadoras portátiles y
smartphones, lo que los hace más pequeños y livianos. Se pueden encontrar en
pantallas a color, parlantes, lentes de cámara, baterías recargables, discos
duros, entre otros. Son elementos clave para los sistemas de comunicación, desde
los cables de fibra óptica y la amplificación de señal en las torres de
comunicaciones móviles hasta los satélites y la tecnología GPS. Pero extraer
estos minerales del suelo, por lo general, viene acompañado de violencia local
y geopolítica. La minería es, y siempre ha sido, una empresa brutal”.
Como todos estamos enterados, en Venezuela, en el llamado Arco Minero en
el estado Bolívar, se han descubierto importantes yacimientos de algunos de
estos minerales, que, junto al oro, los diamantes, la bauxita y el hierro,
constituyen una de las cornucopias minerales estratégicos más importantes del
continente, y justamente dentro de los rangos que las empresas tecnológicas de
los países desarrollados necesitan con urgencia, más que nunca Venezuela
necesita la intervención de un organismo profesional, capacitado y ponderado,
que sirva de ente regulador y veedor de los intereses ambientales del país.
Pero el que era nuestro Ministerio del Ambiente, que en su mejor momento
era considerado uno de los organismos ambientales más importante de
Latinoamérica, ha sido desmantelado y convertido en el adefesio que hoy se
llama Ecosocialismo, y que es refugio de grises personalidades del
chavismo-madurismo, y que convirtió nuestro escudo guayanés, en la guarida de
garimpeiros, de la guerrilla y del narcotráfico, que ha protagonizado uno de
los crímenes ambientales más horribles y extensivos de la historia moderna en
el mundo.
En estos momentos estamos en un estado de indefensión peligroso, solo
nos queda confiar en el gobierno norteamericano sobre que parámetros y
condiciones aplicarán en la región minera, que ha empezado con un proceso de
desocupación de mafias y criminales, quienes eran los beneficiarios de la
explotación minera más descarnada y miserable de que se tenga memoria, también
tendremos que confiar en la buena fe y prácticas de las empresas extranjeras
que sustituirán a la minería pirata, pues no tenemos manera de monitorear y
evaluar sus trabajos, que mas bien que mal, harán una labor más ordenada, menos
agresiva y destructora que sus anteriores ocupantes.
El asunto que me preocupa es que este era el momento en que deberíamos
tener un ente supervisor y contralor de esta nueva etapa que debería ser
aprovechada para ir rescatando, recuperando y “terraformando” todas aquellas
áreas afectadas por el ecocidio chavista, un proceso que va a durar décadas,
que es altamente complejo pues ha afectado grandes cuencas u subcuencas del
territorio, que ha envenenado con mercurio y otros elementos peligrosos grandes
extensiones de tierras, que hay que resembrar de bosques y en la que
necesitamos, no solo nuevas tecnologías, sino mucha paciencia y dinero, un
dinero que solo puede conseguirse con la explotación industrial de estos
minerales estratégicos.
Pero volvamos a la materia de mi escrito, hay un aspecto de la IA que es
fundamental y que en estos momentos es tema de debate en todo el mundo, y es la
naturaleza de la información que alimenta ese enorme esfera de data donde la IA
vive, crece y se transforma, de una manera similar a la minería, la explotación
de este recurso está dominado por unas pocas empresas, gigantescas,
multimillonarias y muy poderosas, que desde sus fundaciones se han encargado de
coleccionar, clasificar y posteriormente utilizar de manera comercial (y con
otros usos aún más oscuros) cada uno de esos cliks! que le damos a nuestros ordenadores
cuando los usamos, para cualquiera que sea la actividad en que estemos imbuidos,
bien sea una búsqueda, un mensaje, una llamada, una conferencia, una
negociación…
Toda esa información que viaja por las redes (no importa si son
fotografías, videos, audios, textos o estadísticas) todo tiene finalmente un
registro, incluso aquella que creemos borrar cuando le damos al comando que
supuestamente la hace desaparecer, toda esa data queda en memoria de unas
máquinas, que están en una constante búsqueda y reorganización de esos billones
y billones de bits de información, producidos por nosotros los usuarios, que es
información personal y que utilizamos durante nuestro trabajo y en nuestros
hogares y que nunca dimos permiso para que las empresas prestadoras del
servicio de telefonía, internet o las programadoras, la utilizaran para
organizar “paquetes” y venderlas a otras empresas interesadas en nuestros
perfiles, estilos de vida, gustos y costumbres.
Esto es lo que los expertos llaman minería de
extracción de data con la que conforman productos para empresas de publicidad,
mercadeo, opinión publica, partidos políticos, estudios demográficos y un gran
etc., hasta llegar a las empresas e instituciones que se ocupan de la seguridad
y la vigilancia, donde los estados, por intermedio de sus policías, tienen un
gran interés en conocer quién es quién, sobre todo en el mundo financiero y de
lugares claves como aduanas, aeropuertos, fronteras y otros sitios de acceso
restringido.
La opinión pública
en los países occidentales donde todavía hay democracia y se respetan algunas
libertades, cada día está más interesada en como se usa nuestra información
personal en las redes, en contraste con sociedades como la China, donde el
gobierno ha montado un enorme aparato de supervigilancia y control sobre la
población, desde la cuna hasta la tumba, en un modelo de manejo informático que
tiene muchos admiradores en occidente, sobre todo en las juntas directivas de
las grandes empresas de informática.
Estas empresas de
data están al tanto de estos problemas y percepciones sobre la privacidad de
sus usuarios y las libertades que pudieran ser violadas, y se han ocupado en
proteger estas informaciones para que no se le un mal uso, algunos han llegado
a conformar equipos de profesionales para atender a muchos de estos asuntos
éticos y legales, pero hay un gran malestar entre el publico usuario de estos
sistemas de información digital, y la tendencia apunta a devolverle al
ciudadano común su control sobre su data personal y que no pueda ser usada para
vigilarlo.
Aun así, un enorme
problema se ha creado en torno a los centros de procesamiento de datos, que son
enormes desarrollos de instalaciones que albergan cientos, a veces miles de
computadoras trabajando las 24 horas al día, los 365 días del año, sin pausa,
registrando y organizando la cada vez más abundante data que se crea en el
mundo real, que se ocupan de mantener “la nube” en operaciones múltiples para
guardar y retirar información de personas y empresas. Dentro de estos espacios digitales de
trillones de bits de información, es donde los nuevos modelos de IA se están
desarrollando, y debemos entender que con estos volúmenes de data ya no se
diseñan algoritmos para manejarlos, solo se “siembran” estructuras matrices que
luego, ellas mismas, se desarrollan sin participación humana, es la IA
recreándose y haciéndose más y más poderosa, muchas de estas IA generativas
escapan de la comprensión de sus creadores.
Pues bien, estas
computadoras trabajan con unos chips especiales que generan un intenso calor y
estas máquinas deben ser refrigeradas para que no colapsen, por lo que estos
centros de data, que son todos inmensos desarrollos del tamaño de pueblos o
parques industriales, requieren de una enorme cantidad de agua y electricidad,
pero enormes volúmenes, tanto, que el gobierno de Estados Unidos requiere que
estos centros generen su propia energía que por lo general es por gas, algunos
tienen sus propios parques de energía solar o turbinas de viento, y últimamente
el gobierno aprobó reactivar plantas nucleares que habían cerrado para
proporcionarles electricidad, y es que estos centros de data son de vital
importancia para mantener el nivel de desarrollo que requiere el país.
El asunto del agua
es fundamental, hay una tecnología que la produce tomándola del aire o de
plantas especiales de tratamiento para aguas servidas, pero lo que ha sucedido
es que se conectan a los reservorios de agua que alimenta a los campos y las
ciudades de una región y los ponen en situación crítica, cuando una persona
consulta la inteligencia artificial, puede gastar medio litro de agua en solo
10 consultas (dependiendo de los complejas que sean), algunos expertos
proyectan que para el año 2030 los centros de data consumirán la misma cantidad
de agua que 1.6 billones de habitantes del planeta.
Pero hay otros
problemas, la ocupación de la tierra, estas construcciones son tan grandes como
un pueblo pequeño, son áreas que se les quita a los espacios naturales o a las
tierras para la agricultura, el ruido es el otro problema, sobre todo el de las
turbinas a gas que emiten un constante ruido hacia áreas vecinas, y luego el
calor que generan estas instalaciones, aumentando la temperatura local, estos
centros están repartidos por todos los Estados Unidos, y en estos momentos las
comunidades de diversos estados, se han levantado en protestas cuando se enteran
de que alguno se planifica cerca de su comunidad, he leído que China tiene
planeado construir algunos bajo el mar para aliviar el asunto de la
refrigeración y parece que hay planes para construir otros en el espacio, pero
hasta ahora son solo planes.
De modo que,
estimados lectores, la IA no es gratuita, tiene un costo y es alto, pero dada
la necesidad creada por estas tecnologías, no nos queda más remedio que seguir
adelante tratando de solucionar los problemas que nos genera, a cambio de los
beneficios que obtenemos.





.jpg)
