
La Inteligencia Artificial (IA) es un tema que me toca muy de cerca por
varias razones, como lector y autor de relatos de ciencia ficción, como
seguidor de las tesis transhumanistas, como crítico de las propuestas globalistas,
como sociólogo y filósofo amateur, como estudioso de las comunicaciones, como
usuario de los medios digitales y por último, pero no por ello menos
importante, como un humanista clásico que ve con mucha preocupación como el
mundo se embrutece a medida que avanza tecnológicamente (¡vaya paradoja!), una
carrera de ciegos, directo al desastre.
No quiero pasar como Ludita o enemigo de la IA, todo lo contrario, me
parece una de las herramientas tecnológicas más avanzadas que existen, y que
bien utilizada reporta grandes beneficios para la humanidad, pero veo con
alarma los desarrollos, tendencias, opiniones y hechos, que me han hecho ver el
futuro con preocupación.
Empiezo por decirles que comparto la opinión de la experta en IA, la
doctora Kate Crawford expresada en su libro, Atlas de Inteligencia Artificial.
Poder, político y costos planetarios, que define la Inteligencia Artificial de
la siguiente manera:
“…la
IA no es una innovación tecnológica neutral u objetiva ni una fuerza espectral
o incorpórea, sino una verdadera industria de extracción global. De hecho, la
creación de los sistemas de IA contemporáneos, dependen de la explotación de
los recursos energéticos y minerales del planeta, de la mano de obra barata y
de los datos a gran escala… impulsa un cambio hacia gobiernos antidemocráticos,
una mayor desigualdad y enormes daños medioambientales… La IA no es artificial
ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea, como algo material, hecho de
recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística,
historias y clasificaciones. Los sistemas de IA no son autónomos, racionales ni
capaces de discernir algo sin un entrenamiento extenso e intensivo”. Se trata
de sistemas diseñados para servir a los intereses dominantes ya existentes:
son, finalmente, un certificado de poder”.
Ya de entrada me ubico en el incómodo bando de una minoría que alerta
sobre unas consecuencias que ya estamos sintiendo, esto, a pesar de los enormes
avances de la IA asociada a la robótica, que ha logrado que personas
incapacitadas para caminar o ver, lo hagan de nuevo, o poder realizar
intervenciones quirúrgicas de una gran exactitud en zonas del cuerpo que antes
eran imposibles, o resolver problemas matemáticos que se creían insolubles,u
observar zonas del espacio sideral que hasta hace poco estaban fuera de nuestro
alcance… son contadas las parcelas de nuestras vidas que no hayan sido tocadas,
y muchas veces mejoradas por la inteligencia artificial, incluyendo actividades
productivas, educativas, de entretenimiento, transporte, etc…
Pero igual que Jano, el dios griego de dos caras, el anverso de la IAcontrar
lo podemos en el desarrollo de armas para la destrucción, sobre todo el de
armas autónomas que ya tienen poder de decisión propia, sin necesidad de un
operador humano en los campos de batalla, o el del control poblacional por
medio de sistemas de reconocimiento facial asociados a extensas bases de datos
para labores de vigilancia y seguimiento, pero que también pueden ser usados
para manipular elecciones, o el de la creación artística o investigaciones
académicas, donde la IA ha resultado perturbadoramente eficiente al momento de
generar “productos” que compiten deslealmente con los de los humanos.
Me resulta particularmente incomodo cuando amigos manipulan nuestras
imágenes en sus aparatos digitales y crean situaciones y momentos que nunca
existieron, creando mundos paralelos donde todo es posible, y con estas
capacidades, toda una serie de actividades ilícitas se aprovechan de robos de
identidad, apropiación de cuentas, destrucción de reputaciones y secuestro de
data. La mentira y los “fake news”, son cosas de todos los días, la IA hace
magia con la diseminación de ideologías, entre ellas, muchas que fomentan el
odio y la discriminación.
Esta manifestación de la IA bajo una luz negativa, la de la mentalidad
extractiva que atribuimos a las empresas que la han desarrollado, y que según
el filósofo español José María Lasalle corresponden a una tendencia nihilista,
atribuida al capitalismo tardío, no corresponden a la realidad de quienes
tienen a su cargo el desarrollo de esta potente herramienta, yo no creo que
personas como el Sr. Musk, el Sr. Bezos, el Sr. Zuckerberg o el Sr. Gates, para
nombrar a unos pocos de los responsables del desarrollo de la IA, quienes han arriesgado capitales y trabajo
para lograrlo, tengan dentro de sus planes un mundo gobernado por máquinas que
se han independizado de sus creadores y que se dediquen a oprimirlo.
Si bien hay desarrollos a los que hay que vigilar y controlar para que
no se salgan de control, la idea de que el hombre pueda otorgarle consciencia a
cosas inanimadas, desarrollar una inteligencia superior en capacidades a la
humana, abre una amplia avenida a un futuro promisor donde la IA descargará a los
hombres de las tareas más ingratas para permitirle el tiempo y la dedicación al
avance de la humanidad hacia un nuevo tiempo.
Un amigo tuvo recientemente una experiencia que ilustra claramente cómo
funciona la IA en el mundo, a mi amigo le gusta competir en diversas carreras
de vehículos rústicos por el mundo, ha viajado y viaja constantemente por lo
menos tres meses al año a lugares apartados que ni siquiera aparecen en el mapa,
su equipo tuvo un aparatoso accidente en la costa africana, de noche, y
lamentablemente fueron robados de todas sus pertenencias, cuando despertaron
tuvieron que caminar medio día hasta dar con una estación de policía, allí
gracias a una conexión de internet pudo bajar de la nube copia de toda su
documentación personal y bancaria, desde su pasaporte, cartillas de salud,
licencias de conducir, permisos y copias de todas sus tarjetas de crédito con
los que no solo pudo detener un desfalco a sus cuentas, sino que le permitió
continuar la competencia con una copia de su pasaporte, en menos de 24 horas.
Estar “conectado” es hoy casi que una necesidad ya que el mundo se ha
convertido en una gigantesca red de plataformas de comunicación en la que no
hay límites, excepto donde no hay señal de las líneas de teléfono, de los
cables submarinos, de los satélites desde el espacio, que están constantemente
verificando nuestra presencia en el planeta, y con nuestra clave, toda nuestra
vida, documentada al detalle, con posibilidad al instante de ser verificada,
traducida y reproducida. Esta densa capa de información digital que permite que
nuestros hogares sean “inteligentes”, que nuestros vehículos sean autónomos,
que podamos consultar un Chatbot de nuestro seguro médico o hacer una compra en
línea o ser un usuario del sistema 6G en nuestro móvil celular, requieren de
una estructura de IA de múltiples niveles y estos, de un soporte material y de
recursos naturales que desafían la imaginación.
En los últimos estudios generados en los centros financieros, las
empresas dedicadas a la IA y sus asociados generarán 4.4 trillones de dólares
en la economía mundial, uno de los segmentos de más rápido crecimiento
liderados principalmente por Estados Unidos y China, concentrados en una
veintena de empresas de alta tecnología que acaparan lo más productivo de este
mercado, que son las tecnologías militares, de seguridad, telecomunicaciones,
medicina y espaciales.
Estas empresas tecnológicas son tan grandes y poderosas que están a un
paso de controlar la economía mundial y su influencia es tal, que nuestros
estilos de vida dependen de ellas, sus intereses abarcan tantas especialidades
y sectores en donde participan otras muchas empresas subsidiarias y asociadas
que conforman una constelación de relaciones que viven de esa necesidad de
cohabitación, hoy tan fundamental, del hombre con las máquinas.
Es importante no perder de vista que el núcleo central de la
Inteligencia Artificial es poder comunicarnos con las máquinas para lograr que
ellas hagan el trabajo por nosotros, por lo general el trabajo repetitivo, peligroso,
duro y que requiere de precisión, esto se logra por medio del lenguaje para
máquinas o instrucciones que llamamos algoritmos, una rama de las matemáticas
que funciona a base de modelos, de acuerdo a los requerimientos de la tarea.
Desde la prehistoria de la IA, en tiempos de Alan Turing, durante la
Segunda Guerra Mundial, esta rama del conocimiento ha evoluionado de manera
constante y exponencial, hay diferentes modelos, los más elementales son los
generativos que se basan en sistemas neurales, los hay que procesan el lenguaje
natural que funcionan con textos o con segmentación de imágenes, también están
los multimodales, los LLM que son más especializados para la industria manufacturera.
Las nuevas IA generativas son capaces de hacer cálculos enormes que un
grupo humano tardaría meses en terminarlo, los procesadores digitales pueden
hacerlo en fracciones de segundos, hay modelos que abarcan grandes cómputos
como los que utiliza la NASA para calcular la órbita lunar de sus naves, o los
que mantienen en equilibrio a los aviones de combate a velocidades de Match2
durante maniobras evasivas, y que actúan en tiempo real, permitiendo que todos
sistemas de vuelo funcionen a la perfección, hay modelos grandes y pequeños,
para tareas puntuales o para grandes despliegues de tareas simultáneas, y ya
existen modelos que aprenden de la experiencia como los que se utilizan en los
juegos de video de alta complejidad.
En estos momentos se están desarrollando las primeras procesadoras
cuánticas, que ya es un medio mucho más avanzado para resolver problemas que
requieren de cómputos masivos de data, como serían la creación de nuevos y más
avanzados materiales, y que permitiría novísimas simulaciones y combinaciones
con otros nuevos elementos y en ambientes extremos como el de la microgravedad,
las extraordinarias propiedades de los “qubits” harían posibles cálculos que
tomarían años para la tecnología digital actual y que son necesarios para el
manejo del clima, de las estructuras de las corrientes marinas o del
comportamiento de galaxias enteras.
La IA está incursionando con éxito incluso en los procesos de toma de
decisiones, en el caso de la televisión por “streaming”, pueden recomendar programación,
ayudan a elegir en las compras on-line, proponen rutas alternas en los GPS de
nuestros vehículos, deciden por nosotros al momento de que en nuestra nevera
falten algunos productos, y si están autorizados y conectados, pueden ordenar directamente
la compra en el supermercado, muy pronto esta modalidad, de algunos artefactos
puedan decidir por nosotros abarcaran
otros espacios y materias, que casa comprar, que tipo de novia buscar, que
vecinos y amistades nos convienen, son funciones humanas complejas y delicadas
en su resultado.
Pero esta forma de vida, conviviendo con la IA tiene un precio, que hoy
ya empezamos a pagarlo, la robótica y la automatización de los procesos
productivos le han dado un duro golpe a la fuerza laboral de los países del
mundo, cada vez hay más desempleo y la necesidad de capacitar a más
trabajadores en nuevos oficios, la desigualdad social también ha aumentado,
mucha gente se queda al margen de estos adelantos y posibilidades de acceder a
los servicios básicos, hay una creciente dependencia en estos recursos
digitalizados algunos de ellos afectando de manera importante las habilidades
de socialización de las personas y aumentando los riesgos del aislamiento y la
soledad.
Si bien la vida se ha vuelto más cómoda, hay ciertos aspectos de la cotidianidad
que se han visto modificados, por ejemplo, las transacciones económicas con
dinero digital o dinero plástico, que han impulsado las nuevas formas de
crédito y de consumo, la economía en general se ha tornado etéreas y tendentes
a una nueva forma de crédito controlados por las empresas financieras y los
órganos de estado, como sería el caso de China donde las asignaciones de cupos
para transporte o las oportunidades de educación superior más bien parecen
premios al buen comportamiento que al esfuerzo de la persona, la supervigilancia
y el control masivo de la población son cada vez más completos, en occidente la información personal se extrae
sin permiso y se comercializa creando una importante brecha en la privacidad de
las personas, la administración del estado se ha hecho más omnipresente,
afectando parcelas de libertades que anteriormente estaban fuera de su alcance.
Ya se registran dependencias de pacientes a las consultas en los
servicios médicos automatizados, problemas de desavenencias con líneas de apoyo
emocional manejadas por IA, incluso casos de suicidios entre adolescentes
aferrados a sitios para ayuda en momentos de crisis, hay todo un vacío
regulatorio sobre este tipo de servicios para el manejo de conflictos que una
IA no tiene la capacidad de resolver todavía, pero también se ha descubierto un
gran atractivo para personas que no soportan las vacilaciones, dudas, discurso
ilógico y debilidad argumenal de otras personas reales, y prefieren, las
narrativas seguras y reflexivas de estos personajes ficticios, que les hablan
desde una máquina así no tengan la razón.
Pero es en el sector educativo donde encuentro importantes motivos de
preocupación, Aaron Maclein un educador norteamericano escribió un interesante
ensayo de porque los jóvenes no deberían utilizar la IA en su proceso
educativo, y las razones que aduce son impecables, el uso de la IA afecta
drásticamente nuestra capacidad de razonar, lo empobrece, lo atrofia… según Maclein
hay un problema básico del pensamiento cuando una persona alega que sabe lo que
quiere decir pero no tiene palabras para expresarlo, es claro que si esto
sucede, no sabe lo que quiere decir porque no puede pensarlo, y se piensa con
palabras, por lo que leer y escribir se hacen fundamentales para entrenar al
cerebro a pensar; escribir y pensar es prácticamente lo mismo.
La IA se ocupa de buscar, coleccionar, organizar y resumir el contenido
de un gran número de publicaciones de los cuales hace resúmenes, muchos de
ellos en un lenguaje muy básico y sin ninguna consideración humana fuera de los
textos que reproduce, si la IA se alimenta de la producción intelectual humana,
el día que dejemos de escribir ideas originales, ese día solo dispondrá de lo
que otras IA han coleccionado, la cultura digital se hará cada vez más pobre y
el hombre más idiota. Gracias a que leemos y escribimos hemos podido generar
una cultura y hacernos humanos, pero leer y escribir no es fácil, es trabajoso
y toma mucha práctica para hacerlo bien, el atajo que nos brinda la IA no es el
más confiable para el desarrollo humano.
Dejo para otros artículos sobre el tema el costo ambiental de la IA en
el planeta, un tema que muchas personas prefieren obviar y que es de interés
para nosotros los venezolanos, teniendo en cuenta de que en nuestro país
contamos con casi todos los elementos para el desarrollo inmediato de productos
y procesos para una IA robusta, el tema de los sentimientos y emociones
replicados en la IA y que pretende desplazar la relación humana en la ecuación,
y la posibilidad de que en un futuro no muy lejano pudiera crearse un “cyborg”
como el eslabón necesario para conseguir la inmortalidad.



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