Mi cultura policial y del género negro, tanto en literatura como en cine, me ha inculcado un axioma claro y contundente: “con el crimen no se negocia”, y esto es así porque negociar con criminales no es negociar, siempre hay una imposición, una amenaza velada, un peligro latente, con criminales no hay un quid pro quo, no existe el balance tan necesario para llegar a una fórmula de consenso, si los criminales aceptan los resultados de una negociación es porque pende sobre ellos una amenaza de castigo, un arma apuntándolos, una retaliación seria y inminente que daría al traste con su voluntad de imponer unas resultas siempre a su favor.
Éste es el caso con el
presidente Trump y la funcionaria encargada de Miraflores, Delcy Rodríguez; de
acuerdo a los reportes de prensa, ella hace todo lo que él dice porque no está
en posición de negarse, ya que sobre su cabeza hay una serie de expedientes y
acusaciones que podrían comprometer su botín y su libertad, incluso su vida.
Ella hace todo lo que le digan, sin chistar, por ello el presidente Trump está
tan contento de trabajar con ella, a todo le dice que sí, y pareciera que a la
Casa Blanca le tiene sin cuidado la toxicidad de esta relación, una asociación que,
incluso puertas adentro en Venezuela, está muy mal vista.
Pero tratar de sentar
a la oposición venezolana en una mesa de negociación con el chavismo es una
contradicción en términos, no hay nada que negociar, nada que dialogar con
quienes estuvieron más de 26 años a espaldas de los venezolanos… ni un nuevo
CNE, ni la composición de un Tribunal Supremo de Justicia, ni la libertad de
los presos políticos que el mismo chavismo tiene secuestrados, ni buscar
términos para unas elecciones… elecciones que están cansados de trampear; ni
siquiera se puede confiar en ellos fondos humanitarios para la asistencia de
los damnificados del terremoto, porque se los roban; los entes multilaterales,
los bancos, las distintas agencias para la ayuda exterior no les confían ningún
tipo de recurso a los operadores chavistas, pues los desaparecen en una maraña
de controles y alcabalas, y nunca llegan a su destino.
Esa mesa de
negociación debió haberse producido entre las distintas oposiciones que existen
en el país, no con el chavismo que está en plena disolución y cuyos
representantes, todos, deben rendirle cuentas al país por sus desastrosas
actuaciones que no sólo nos han acarreado ruina y muerte, sino que nos han
llevado al borde de la desaparición como país. Hay una larga tradición de
supuestas negociaciones con el chavismo que se ha valido de ellas para
atornillarse en el poder, manipulando sus agendas, comprando conciencias entre
sus actores, distorsionando el lenguaje, engañando a sus participantes y
burlándose del pueblo al momento de presentar los resultados.
Pero en la oposición…
allí sí hay un verdadero zoológico de especies, incluso herederos del chavismo
que no han tenido oportunidad de hacer política, pero piensan igual que ellos,
hablan como ellos, aunque aún no hayan cometido alguno de sus crímenes; la
oposición venezolana es un caldo de cultivo donde conviven pragmáticos,
oportunistas, socialistas de toda laya, populistas, estand-up cómicos,
influencers, oligarcas, empresarios, chicos de la derecha exquisita, fascistas,
ilustrados oscuros, curas, comunistas, lideres comunitarios, encuestadores,
reinas de belleza, gente de los partidos tradicionales y de los nuevos
partidos, sindicalistas, militares retirados, republicanos, diplomáticos,
utopistas, ecologistas, constitucionalistas y para usted de contar… son legión,
y ninguno está de acuerdo con el otro, a todos “les asiste la razón” y todos
quieren tener la oportunidad de gobernar el país.
Únicamente reuniendo a
todos los factores de la oposición venezolana obtendríamos nuestra propia torre
de Babel, nadie se entiende, todos creen ser dueños de la lógica y el
conocimiento… eso sí, incluyendo a los chavistas la negociación pierde sentido
porque ellos son los criminales, los causantes de todo este embrollo y les
gusta negociar con la pistola sobre la mesa, y siempre se han salido con las
suyas.
Por supuesto, le
tienen miedo al imperio, los aterroriza un dron, no quieren ver bloqueadas sus
cuentas, su peor pesadilla es ser sacados de sus camas en la madrugada por un
comando de fantasmas del Delta Force, esposados y llevados en helicópteros con
destino desconocido y amanecer ante los fiscales federales, oyendo sus derechos
en inglés. En los pocos meses que han pasado desde la extracción de Nicolás
Maduro de Fuerte Tiuna se han acostumbrado a la idea, y han descubierto que si
hacen todo lo que el presidente Trump les dice, tienen la oportunidad de vivir
en libertad y disfrutando de sus bienes mal habidos.
La situación es bien extraña,
los chavistas que fueron escogidos como colaboradores del Imperio, conservan
sus fueros, sus fortunas, sus privilegios pero deben seguir el estricto guion que
les dictan los funcionarios norteamericanos, una amalgama de diplomáticos de la
embajada, militares del Comando Sur y representantes de las empresas petroleras
más importantes de Estados Unidos que, supuestamente, están bajo el control del
Departamento de Estado, de manera que los chavistas que no estén en esa lista
de mejores amigos de Washington son removidos de sus cargos, apartados del
poder sin aviso ni protesto, algunos son apresados y llevados ante la justicia,
a otros los dejan escapar, incluso les permiten que hablen mal de quienes
colaboran y los acusen de traición a la revolución.
En este ambiente de
guerra sicológica a lo interno del chavismo, sus organizaciones asociadas,
carteles de drogas, redes de corrupción, mafias y grupos de choque se han ido desintegrando
poco a poco; los más duros, los que tienen más que perder, como los que
controlan la minería ilegal del oro o los que manejan células criminales como
El Tren de Aragua, son tratados con dureza y reciben fuego hasta darlos de baja.
Esto es, sin duda alguna, un proceso de limpieza selectiva del chavismo más
virulento.
Pero hay un elemento
que, a medida que se van descubriendo las trampas electorales y el manejo de la
información demográfica por entes afiliados a la cúpula revolucionaria, se va
poniendo en evidencia, y es que el número de venezolanos afiliados al chavismo,
de simpatizantes y beneficiarios de sus programas “sociales”, no es tan grande
como lo pretendían, y a medida que avanza este proceso de depuración de las estrategias
comunicacionales y de propaganda, el número de activistas con que cuenta el
chavismo se ha reducido drásticamente, sobre todo luego del terremoto, en que las
trampas mortales de “las soluciones habitacionales” que la cúpula chavista
entregaba al pueblo más necesitado y fervoroso a la causa quedaron al
descubierto; sus números se desploman en la misma medida que sus urbanizaciones
socialistas, el chavismo es ya una minoría.
No me cabe la menor
duda que a lo interno del Departamento de Estado estén las mejores mentes,
académicos, científicos sociales, politólogos reunidos en diversos “Think
tanks” estudiando el caso venezolano, utilizando los algoritmos más avanzados,
proyectando escenarios, utilizando la IA más poderosa para dilucidar una
solución razonable, ésa que implique el menor costo posible para el gobierno
norteamericano y el logro de los mayores beneficios en esta posible asociación;
lo que resulte de este esfuerzo redundará en todos los países del área,
Venezuela podría transformarse de un embarazoso problema a una solución
continental.
De seguro ya se han
paseado por las diversas fórmulas populares en las redes sociales, desde la
propuesta del estado No. 51, la de un estado asociado, la del tutelaje,
coloniaje descarnado tipo Congo Belga, coexistencia con un estado libre e
independiente… hay varios escenarios que Estados Unidos tiene que evitar en el
caso venezolano, el primero es que se vuelva a convertir en una base de
operaciones de la extrema izquierda en el continente y contraria a los
intereses norteamericanos, otros son que se le niegue el acceso a su riqueza
energética, que lidere una corriente antidemocrática contagiosa para países
vecinos, que recaiga como centro para la distribución de drogas peligrosas…
todas estas posibilidades implicarían un costo grande en dinero y vidas que Estados
Unidos quiere evitar a toda costa.
El problema que estoy
observando es que los enemigos de occidente, en especial los que quieren
expandir el totalitarismo, el comunismo, las ideologías fundamentalistas, el
odio hacia los Estados Unidos, no se van a quedar tranquilos viendo como
Venezuela se convierte en una versión caribeña de Florida o en una sucursal de
Houston, y van a tratar de subvertir el orden de nuevo, aprovechando justamente
que Washington está dejando intacto el ADN chavista y permitiéndole sobrevivir
como expresión política.
En mi humilde opinión,
los esfuerzos del Departamento de Estado deberían estar mayormente dirigidos a
poner orden dentro de la oposición venezolana, en vez de sostener a unos
criminales como los chavistas, que se entendió en un primer momento, pero que
ahora es innecesario y hasta peligroso. Deberían aprovechar para erradicarlos
de raíz, acopiando el inmenso malestar que existe entre el pueblo y las
evidencias tan claras y patentes de sus crímenes de estado y contra la
humanidad.
Es mucho más
beneficioso, productivo y seguro trabajar con una persona como María Corina
Machado, por mencionar a un factor importante dentro de la oposición, que ha
demostrado ser inteligente y dispuesta al juego político, que contar como aliado
con una persona como Delcy Rodríguez, cuyo curriculum es más un prontuario, que
es enemiga declarada de la libertad y la democracia y ha trabajado para la
erradicación del poder norteamericano.
Uno de los grandes
problemas dentro de la oposición venezolana es que todavía no se han elegido y
conceptualizado el orden de necesidades de nuestro país, donde todo luce
prioritario y urgente, no están claras las causas y efectos de los problemas
que nos arropan, nuestras urgencias nos abruman y esto genera una gran
confusión, cada quien hala la carreta para su lado y no se ponen de acuerdo; un
buen paso sería que el Departamento de Estado, como tercero independiente e
interesado, nos permita una perspectiva de desarrollo que nos ayude a
planificar y ejecutar esa hoja de ruta tan deseada y necesaria. Pero repito,
poner al chavismo a “negociar” con la oposición la transformación del estado es
un oxímoron.
El presidente Trump
debería estar tranquilo, dadas las circunstancias geopolíticas actuales el
petróleo venezolano jamás le será negado, y es del interés nacional que nuestra
industria petrolera crezca y se fortalezca. Estados Unidos es un buen pagador,
tiene el “know how” necesario para extraerlo y refinarlo, y quizás lo
principal, cuenta con el músculo financiero de empresas que pueden hacerlo
posible. Pero también debería estar muy atento en crear un verdadero aliado en
el subcontinente, alguien que le permita estabilizar la economía y la política
en la región, que sea parte integral de ese escudo de defensa contra sus
propios enemigos y que le facilite el recate de Cuba y Nicaragua para la
democracia y la libertad. Ese aliado es Venezuela, de tradición democrática y
un socio confiable para ese futuro.
Para el momento en que
sale publicado este artículo, leo en las noticias que efectivamente las
negociaciones con el chavismo empezaron con el pie equivocado, conversaciones
fuera de contexto, llamadas telefónicas secretas, cambios en las agendas de
temas, comunicados contradictorios, lenguaje ambiguo, condiciones estas que han
afectado la percepción pública que se trata no de una negociación, sino de una
puesta en escena para burlar a los gringos, engañar a los venezolanos y
preservar a los chavistas en el poder un día más…






