
En medio del fárrago de informaciones que nos azota, como si
se tratara de un huracán tropical en pleno desarrollo, con una fuerza
envolvente en que el mundo parece perder sentido, se hace borroso visualizar un
futuro, nos aturde la cantidad de ofertas que nos hacen, nos confunde nuestra
propia ignorancia, mientras somos jalados de una dirección a otra entre
gobiernos, mercados, tendencias ideológicas, tecnologías, noticias de guerras,
amenazas, cambio climático…
Nuestro presente se hace incierto y más todavía, en las
condiciones que nos encontramos actualmente, sin un gobierno legítimo en
ejercicio, administrados por unos funcionarios que no fueron elegidos por
nadie, sin instituciones confiables, en medio de una intervención de la nación
más poderosa del mundo que, a su vez, está comprometida en innumerables
conflictos en lejanos parajes, con sus propias crisis internas y afrontando sus
propios demonios.
Se trata de una intervención supuestamente para estabilizar
la crisis política y económica de nuestro país, producto de un asalto que
hicieron los enemigos de Estados Unidos, al tomar el control del gobierno e
someter un Cartel narco terrorista que le estaba haciendo daño, no sólo a la
sociedad norteamericana sino a todo nuestro subcontinente; luego de varias
intervenciones de fuerza, capturaron a un grupo de facinerosos y lograron
anular la amenaza inmediata, dejando como
gobierno a unos cómplices obligados a seguir órdenes.
Venezuela se encuentra en este momento en una especie de
limbo, operada a control remoto desde Washington, desmontando 27 años de mal
gobierno y con la promesa de un pronto retorno a la vida democrática y al seno
de las sociedades civilizadas. Las principales causas de que Estados Unidos
tuviera el interés de intervenir en nuestro país fueron nuestra ubicación
estratégica en el continente Americano y nuestras riquezas energéticas y
minerales, que son en extremo importantes en un mundo donde se necesitan con
urgencia.
Ante este escenario, las opciones para el país son
limitadas; lo primero que tenemos que descartar es la idea de que, luego de que
el orden democrático e institucional vuelva a nuestro territorio, podremos
seguir alimentando la idea de auto determinarnos como nación libre e
independiente, una idea muy popular y repetida insistentemente por políticos
populistas y que deviene en quimera - “pajita loca” en el argot popular - una
concepción de la vieja ilustración europea, muy roussoniana, de que la única
vía posible para los pueblos que han alcanzado cierto grado de madurez política
es por medio de la autodeterminación, de elegir libremente nuestro propio
destino manifiesto.
Esos tiempos ya pasaron, y en su momento Venezuela dio el
paso y lo logró, solo que, como muchas otras naciones en el mundo, perdimos el
rumbo y con ello la oportunidad de concretar una verdadera nacionalidad y una
sólida nación, que implicaba no sólo educarla y fortalecerla en valores e
instituciones, sino en hacerla próspera y, principalmente, defenderla contra sus
enemigos y amenazas; el simple hecho de que el chavismo haya tomado por asalto
el poder político en Venezuela y que durante 27 años hayamos permitido que
estos criminales y sus socios hayan destruido todo lo que durante más de
doscientos años habíamos construido, convirtiendo un país con futuro en uno de
indigentes ante el resto de los países del mundo, indica que no fue un proyecto
viable.
Pero llorar y lamentarnos no nos va ayudar, menos todavía
pretender una segunda oportunidad en revivir el cuerpo de un Frankestein que ya
no se corresponde con las necesidades de un mundo tan complejo e impredecible
como el actual. Tenemos una historia, sí, y debemos estudiarla para saber dónde
fue que fallamos, pero tratar de repetirla es verdaderamente una locura y
descubre un grado de inmadurez que raya en la irresponsabilidad.
Lo que está ocurriendo en Europa con la invasión islámica es
apenas una muestra de los distintos factores que están incidiendo en el futuro
de las naciones, igual ocurre con los adelantos en la IA y su impacto en las
economías de las naciones, o hasta muy reciente la influencia del socialismo en
las políticas públicas de los estados… los atractores que se van generando en
la dinámica de la geopolítica son variados y de distinta naturaleza, y todos
afectan de determinada manera a las sociedades, en algunas, de manera tan
negativa que las hacen desparecer o las hace cambiar de tal manera que las
hacen irreconocibles, como le ha sucedido a Rusia, antes Unión Soviética, que
de un imperio de emperatrices y zares, pasó por su etapa revolucionaria, luego de
unión de repúblicas, para llegar a su crisálida con el “glasnot” y luego llegar
a la actual Rusia ya desmontándose en regiones como Ucrania, y lo que falta…
Los mismos Estados Unidos están en plena transformación
buscando nuevas alianzas y territorios, creciendo en su número de estados, en
áreas de influencia, en escudos de seguridad, transformando sus políticas
internas en cuanto a población, migración, educación, salud y un largo etc. La
gran ventaja de las superpotencias es que disponen de una gran cantidad de
instituciones, tecnologías y expertos que pueden descubrir las tendencias del
cambio, incluso crearlas, y transitar por procesos de cambio de manera exitosa
y en muy poco tiempo, porque el grado de conocimiento y coordinación que tienen
sus estados permite que gobiernos y gobernados se ajusten a los cambios
rápidamente, y garantizan la sobrevivencia en un mundo caótico con capacidad de
respuesta, de adaptación a lo imprevisible.
Pero el caso venezolano es diferente, nuestra mentalidad
sedentaria y agrícola prevalece sobre un gran número de nuestros ciudadanos
(afortunadamente, o desgraciadamente para otros, la migración masiva de cerca
de 8 millones de venezolanos a otras partes del mundo, abrió una ventana de
expectativas y aprendizaje que resulta hoy sumamente valiosa, si es bien
utilizada), todavía deseamos y vemos con nostalgia los años de la democracia
boba, cuando éramos felices y no lo sabíamos, cuando el estado nos servía con
dádivas y favores a cambio de nuestro voto, tendencia esta que fue multiplicada
por el socialismo del siglo XXI hasta reducir a una buena parte de la población
al servilismo más abyecto.
Si queremos ponernos de pie y caminar por nuestros propios
medios, debemos ahora, iniciar un
complicado y trabajoso proceso de educación y preparación, es decir, aprender a
utilizar y ganar experticia con nuevas formas de producción, de pensamiento, de
actuación, lo que implica una nueva ética y marco mental. Para ello necesitamos
otro concepto de educación, una revisión de nuestras escuelas, de métodos de
enseñanza, de ofertas de entrenamiento que, de no contar con una visión del
mundo tal cual es, será imposible levantar cabeza.
Y este paradigma empieza por entender la política del
momento, del porqué estamos viviendo este momento crucial en nuestras vidas,
porqué en este momento no somos independientes ni autónomos, y lo que tenemos
que hacer para superar esta fase de tutelaje. Todo lo que nos sucede tiene
explicación y es importante entenderlo en sus causas y consecuencias para no
ser manipulados ni confundidos. Necesitamos construir una clara visión sobre el
camino que tenemos que recorrer, especialmente en nuestros políticos, conocer los
riesgos a los que nos enfrentamos, la suerte que tenemos de que, a pesar de la
precaria situación el país, éste cuenta con una segunda oportunidad,
principalmente gracias a la intervención de los Estados Unidos y a la necesidad
que tienen de acceder a nuestras reservas energéticas.
El problema que estoy viendo es que los Estados Unidos no
quiere riesgos ni errores en el plan de ruta que nos tiene designado; al
convertirnos en una tema de seguridad nacional para Washington, es muy difícil
que nos permitan mucho margen de maniobra. Tenemos todavía un largo camino
donde probaremos si estamos hechos para volar solos de nuevo, porque hay
demasiados prejuicios, falsas expectativas, leyendas urbanas y simples mentiras
sobre lo que se nos viene en esta etapa; por ello insisto en que la claridad y
la contundencia de la narrativa de nuestros líderes políticos es fundamental,
llenar los discursos con prédicas milagrosas, discursos heroicos y creencias de
que somos un pueblo elegido no ayuda, todo lo contrario, enturbia el camino.
Nuestras opciones están limitadas, y todas conllevan la
necesidad de asociarnos a estados y economías que puedan ayudarnos a explotar
de manera racional nuestros recursos, lo que implica una fuerte inversión
tecnológica y de capital, y estas asociaciones debemos hacerlas bien para que
no se reviertan en nuestra contra, lo que implica tener un orden y unas
prioridades tanto éticas como jurídicas. Tomar atajos y complacer el camino más
fácil nos puede perjudicar; si bien es posible y hasta necesario hacer algunas
apuestas arriesgadas en las negociaciones, no deberíamos permitir “favores y
oportunidades” que pudieran perjudicarnos, debemos recordar que el principal
temor para quien se ve favorecido por una segunda oportunidad es el miedo al
fracaso.
Es una necesidad histórica para el occidente cristiano que
el proyecto de una nueva Venezuela sea un éxito, entre otras cosas, porque esa
nueva Venezuela va ser el receptáculo de otras regiones que van a irse
incorporando a nuestra unión (por ello estoy convencido que el modelo
federalista de gobierno debe ser un proyecto nacional urgente), nuestra nueva
realidad económica y productiva van a ser un imán para el resto de la región
que querrán integrarse y ser parte de esa nueva nación en ciernes, uno de los
ejes de desarrollo más importantes del mundo.
Nos aguarda un camino lleno de obstáculos y problemas que
debemos ir sorteando de la mejor manera, hay países desarrollados que hoy nos
quieren adoptar como territorios bajo su protección, como estados asociados,
como campos productivos, aprovechando que no tenemos un gobierno electo y
formal, es por ello que constituye una urgencia interna que haya unas
elecciones libres y generales lo más pronto posible, que nos constituyamos como
un estado formal y funcional que pueda legitimar y representar los intereses de
nuestra nación ante el mundo, porque tener a la misma burocracia chavista en
funciones, en términos de interinato, administrando este delicado periodo de
transición, constituye no solo un exabrupto sino un oscuro precedente que
traerá problemas y graves reclamos.




