El primer paso de todo
robo consiste en penetrar el lugar donde se encuentra el botín a ser sustraído,
aquí es indispensable toda la información posible, hay que llegar al sitio de
la manera más cómoda y menos sospechosa, disminuyendo el “ruido”, alertas,
víctimas y daños colaterales; una vez dentro, el robo se ejecuta, en parte o en
su totalidad de acuerdo a un plan que incluye rutas de escape, coartadas en
caso de una investigación posterior, limpieza de la escena del crimen para no
dejar pistas incriminatorias, y en lo posible, una narrativa preparada para poder
negarlo todo.
El caso de Venezuela,
un país petrolero que fue despojado de una buena parte de su riqueza por un
grupo de narcoterroristas liderados, primero, por el teniente coronel de
paracaidistas Hugo Chávez Frías y, luego, por el chofer de autobús de
nacionalidad colombiana Nicolás Maduro Moros, con conexiones con los grupos
criminales más duros de la escena internacional para su momento, y con la
complicidad de algunos gobiernos, fue el robo del siglo y duró 26 largos años.
El robo fue una
operación de alta complejidad, que incluía una fachada política nacionalista y
de extrema izquierda, que contaba con un aparato partidista-militar para el
control social de la población, con su propia maquinaria comunicacional y una
extensa plantilla de socios, operarios, expertos en distintas áreas técnicas y
profesionales, con un esquema de inteligencia e información ubicado en los
cinco continentes y cercanos a los centros de poder más importantes de
occidente y oriente.
Fue un plan que se fue
forjando en el tiempo, mientras se avanzaba en lograr cabezas de playa en áreas
sociales, legislativas, diplomáticas e incluso religiosas, contando con el
apoyo de gobiernos socialistas y comunistas, en especial con el apadrinamiento
del líder cubano Fidel Castro, quien le abrió a los socialistas bolivarianos
muchas puertas, y con el aval de grupos extremistas islámicos, que ya venían
posicionándose de la región por medio de hijos de emigrantes radicados en el
país.
Visto a la distancia y
luego del pasar del tiempo, fueron como teselas o mosaicos de un gran mural,
que fueron encajando de acuerdo a intereses comunes, principalmente por el odio
y el sentimiento de venganza que muchos de estas organizaciones tenían contra
Estados Unidos de América y el sistema capitalista que representaba, y esto era
así, entre otras cosas, porque Venezuela era cercana no sólo geográficamente al
gigante del norte, sino por filiaciones culturales y familiares cultivadas por
décadas de convivencia pacífica y comercial.
Una de los
organizaciones criminales de los gobiernos chavistas fue el Cartel de Los
Soles, un grupo miembro a la red compuesto por altos personeros de las Fuerzas
Armadas venezolanas, que hicieron del narcotráfico no solo una actividad
lucrativa, traficando con drogas peligrosas e ilícitas hacia el país del norte,
sino que lo hicieron con el ánimo de causarle daño al pueblo norteamericano, a
su juventud, quienes eran sus víctimas propiciadoras, pero también con la
intención de desestabilizar su sistema económico, aprovechando las libertades
para inundar algunas economías locales con dinero de origen ilícito con el
propósito de “lavarlo”, propiciando la corrupción, la inflación y la decadencia
de los valores democráticos.
Pero esa manera ser y de
comportarse contra toda racionalidad y el desprecio que sentían por el trabajo
y la libertad humana, los llevó a configurar un esquema superior de
criminalidad; se dieron cuenta de que sus gobiernos no eran populares, que sus
actuaciones no llenaban las expectativas sembradas por sus promesas
electorales, que las diferencias sociales que habían creado producían un gran
descontento inexcusable, a pesar de las crisis que creaban artificialmente, y
de atribuirle la causa de los problemas a terceros.
Decidieron entonces
robarse las elecciones en un gigantesco fraude electoral, pero robarse las
elecciones no era en realidad el cofre del tesoro, y aunque ya venían robando
los recursos naturales del país, su petróleo, el oro, el carbón, el hierro, el
aluminio, los diamantes, la fauna salvaje, el tráfico humano… el mayor botín
estaba por configurarse en la deuda externa del país, porque los chavistas le
habían tomado el gusto a refinanciar las deudas de los institutos públicos y
otros órganos del estado, endeudarse con créditos para la adquisición de
equipamiento e instalaciones de ministerios, armamento militar y policial, e
incluso ficticios programas espaciales.
El gusto por las
comisiones, la coima, el sobreprecio en las obras públicas, los megaproyectos
de transporte, la promesa del alivio a la crisis eléctrica, de la construcción
de represas, los programas de vacunación y atención a las epidemias, el
equipamiento de hospitales, la compra de alimentos… había un mundo de dinero
fácil , rápido y abundante que se podía obtener por medio de las contrataciones
internacionales, los prestamos multilaterales, las mismísimas expropiaciones de
empresas extranjeras, negocios en pleno funcionamiento que sólo había que
robárselos a sus dueños legítimos bajo la figura de un decreto de utilidad pública
presidencial, y la palabra “exprópiese” se hizo común en los programas
televisivos del gobierno.
Pero para hacer todo
esto se necesitaba ser gobierno, y tener el apelativo de “legítimo”, avalado
por elecciones populares y libres que le dieran autoridad a los ladrones,
porque lo sabroso del negocio de endeudarse para no pagar, es que ninguno de
ellos iba a responder por los desfalcos y despojos que se producirían, las
obras jamás se construirían pero sí se pagarían, por lo menos las comisiones
acordadas, y para ello se necesitaba contar con socios dispuestos al fraude,
países cómplices que sabían que el negocio estaba en la deuda, y que el país en
algún momento sería de ellos; eso pasó con los rusos, con los chinos, con los
brasileños, con los españoles… con los bancos vagabundos que conocían el
retorcido negocio y les interesaban los papeles para poder venderlos en los
mercados secundarios.
Las recientes
declaraciones del presidente Trump, revelaron el informe de la CIA sobre los
planes del chavismo para cometer fraude electoral por medio de máquinas
electorales y sofisticados programas para contabilizar los votos, de manea que lo
que quedaba era armar las organizaciones y países veedores que respaldaran la
legitimidad de la trampa, cosa que no les tomó mucho esfuerzo en un entorno que
favorecía tamaña vagabundería, de esta manera consiguieron algunas ONG´s, representaciones
de gobiernos cómplices y algunos árbitros internacionales en asuntos
electorales.
Pero los venezolanos
no nos estábamos chupando el dedo, no sólo se protestó y se hizo resistencia, a
pesar de los candidatos de la oposición falsaria que aceptaban esos resultados
totalmente manipulados, se denunció esos manejos, se peleó en las mesas por los
resultados reales de las votaciones, y en esto María Corina Machado tiene un
estelar papel organizativo que permitió que los venezolanos pudiéramos conocer
cómo se falseaba la voluntad popular, y que esos señalamientos llegaran a
instancias internacionales, donde empezó a cuestionarse “el mejor sistema
electoral del mundo”, a decir de las autoridades chavistas. Bueno, el mejor,
para su conveniencia…
Esa deuda externa, que
se dice es de 240 millardos de dólares y que el país debe reconocer, es el
atraco del siglo contra una democracia secuestrada por el crimen
organizado, la mayor parte de esa deuda
fue negociada a espaldas del pueblo de Venezuela, inducida por engaños y
trampas, y las pruebas empiezan a emerger; ya no se trata solamente de las
actas electorales que prueban el enorme fraude, al verse al descubierto, al no
poder utilizar los números forjados por sus máquinas inteligentes de votación, el
chavismo trató de introducir como prueba una servilleta donde estaban escritos
los resultados y que utilizó el presidente del CNE para declarar el triunfo de
Maduro, pero ahora son los informes de inteligencia, declaraciones y
confesiones de los involucrados ante jueces federales… el robo del siglo se
está poniendo al descubierto. Para perpetrarlo se necesitó de miles de
participantes de distintos países, pero la prueba más sólida e innegable es el
país, Venezuela tenía un buen futuro pero quedó reducida reducida a escombros, a la indigencia, por
unos revolucionarios de pacotilla, por ladrones y criminales que únicamente
merecen la pena capital.
El porqué el Sr. Trump
escogió a los hermanos Rodríguez, parte importante de la banda de estafadores
que urdió el crimen electoral contra los venezolanos, para montar esta primera
fase de estabilización y reconstrucción del país, es una decisión que debe
tener su lógica, pero que escapa a mi comprensión; unas personas que no tienen
la menor buena voluntad, que son deshonestas, que han demostrado no tener
empatía por el pueblo de Venezuela, que han sido enemigos declarados de USA,
mal que bien pueden hacer un trabajo de esta naturaleza. Sin duda, las
autoridades de Washington manejan información que yo desconozco y que pudiera
ser vital para no desestabilizar al país, pero estos sujetos carecen de toda
credibilidad institucional y moral, una muestra de ello es la negativa rotunda
de varios organismos internacionales en facilitarles fondos retenidos
pertenecientes a Venezuela a esa banda de ladrones.
Robar es el motivo
principal que impulsa al chavismo, lo tienen marcado en la frente, ninguno de ellos
podría justificar sus bienes de fortuna y propiedades ante una contraloría medianamente
seria y profesional, y la pobreza que alegan los que quieren defender lo
indefendible no se compagina con sus conspicuos estilos de vida, propios de una
oligarquía revolucionaria que exhibe sus trofeos; robar es el proyecto en que
se basó el aparato del estado del chavismo, desde la presidencia, pasando por
los legisladores, jueces, ministros, gobernadores y alcaldes, que son parte de
una intrincada red de corrupción, si se permite que estos ladrones se salgan
con las suyas, que consigan un perdón y un exilio dorado por sus actos, lo que
se va a lograr es estimular que estos comportamientos se hagan dignos de imitar
por todos aquellos que prefieran el crimen como vía rápida para resolver sus
necesidades.






