“El derecho de
propiedad empieza por el derecho a la vida, a tu propia vida.”
Jose Miguel Perez
Gachele, criticando la Constitución Nacional de 1999.
Durante la hegemonía
del chavismo sobre Venezuela, uno de sus más profundos y sostenidos “logros” ha
sido su ataque inmisericorde contra la propiedad privada, uno de los atributos
fundamentales de la libertad humana, esto, como parte de la campaña para
introducir en nuestra naturaleza la
ideología y conceptos comunistas, con fines no solo de control social, sino
para reducir a su mínima expresión el valor como persona individual y autónoma
de los ciudadanos y de las cosas como bienes transables.
Si al ser humano le es
negado su autonomía sobre el fruto de su trabajo, si se le despoja de la
posibilidad de hacer y mandar sobre las cosas que forman parte de su entorno
personal, si se prohíbe que pueda comerciar, disponer a voluntad, intercambiar,
legar, acumular, valorar pertenencias como su propio hogar, su negocio, sus
ahorros e inversiones, sus ideas y demás objetos y bienes que constituyen su
esfera privada, esa persona está condenada a carecer de una importante parte de
su personalidad, vería disminuida de manera importante su dignidad y valía como
individuo, y estaría sin protección alguna, a disposición de la voluntad de
quienes quieran manipularlo, en pocas palabras, nunca será libre.
El cúmulo de leyes y
regulaciones, instituciones, órganos jurisdiccionales, fiscalizaciones,
imposiciones, que imperan en el país para controlar y minimizar el poder de la
persona sobre su entorno, de las empresas sobre sus bienes patrimoniales, de
las familias sobre sus pertenencias más preciadas, como lo es su hogar, son
cadenas que impiden que la sociedad pueda actuar principalmente sobre la
economía y la posibilidad de hacer algún trabajo productivo, los distintos
controles de cambio y de precios, así como la devaluación sobre nuestra moneda,
fue un claro y doloroso ejemplo de la intención criminal de empobrecer al pueblo
para controlarlo por el hambre.
En las dos primeras
décadas de gobierno chavista más de cinco mil empresas fueron expropiadas,
nacionalizadas o intervenidas, de estas, menos de una cuarta parte sobreviven
hoy en día, fueron expropiadas 500.000 viviendas, 3,6 millones de hectáreas
productivas en actividades agrícolas y, para sólo tener una idea de la
violación masiva al derecho de propiedad, cientos de medios de comunicación
(publicaciones impresas, radios, televisoras, empresas publicitarias,
productoras independientes, talleres gráficos) pasaron a manos del Estado, con
estos resultados no es nada extraño que el país entero se derrumbara
económicamente.
Chávez y después
Maduro, por medio del aparato estadal, impusieron sobre los venezolanos una
serie de amarres que le impiden generar riqueza de manera autónoma; son
esquemas marxistas que obligan a la sociedad a buscar asociaciones
colectivistas, a que el estado permanezca como dueño único de los medios de
producción, en un proyecto de economía centralizada y con los poderes a su
disposición para obligar a las empresas, nacionales y foráneas, a someterse al
yugo de su voluntad, fue de esta manera que lograron que Venezuela se
convirtiera en el país con menos libertad económica del continente. Modificaron
el artículo 115 de la Constitución introduciendo nuevas formas de propiedad,
entre ellas la propiedad pública, la propiedad social (directa e indirecta), la
propiedad comunal, la propiedad ciudadana, propiedad colectiva y la propiedad
mixta.
Los venezolanos designados
para lograr una transformación del estado, arbitrados por el gobierno
norteamericano. deben tener muy en cuenta esta realidad; el sistema diseñado
por especialistas cubanos y rusos para nuestro país es de tal magnitud, complejidad
y efectividad en el control sobre la economía que, con la actual estructura
mental y el vasallaje más perruno al que
nos tienen acostumbrados, se invisibilizan todas las instancias de control,
desde los registros y notarías, organismos de recaudación de impuestos, aduanas
y alcabalas, inspecciones y permisos, organismos de tenencia de la tierra,
guías para movilizar mercancías, imposiciones sanitarias, incluso han
organizado al estado de tal manera que los mismos municipios y gobernaciones
funcionan como oficinas de trámite y cobros; acumulados, no sólo encarecen la
vida de los venezolanos sino que impiden la innovación y los emprendimientos.
Solo la plana mayor
del gobierno revolucionario tiene acceso a los mejores negocios del país,
principalmente el petrolero y el de minerales preciosos, sus familias son los
socios de las concesiones y campos productivos de mayor nivel, obligatoriamente
habría que asociarse con ellos para obtener los mejores negocios, que ya tienen
acaparados y muchos de ellos ya comprometidos.
Los funcionarios del
Departamento de Estado de Estados Unidos, que monitorean cada uno de los pasos
que el país está dando en materia de transformación del estado, para hacer de
Venezuela un país viable y con posibilidades reales de desarrollo, deben tener
dentro de sus prioridades no solo la transformación de los aparatos judicial,
electoral y de infraestructura, es de imperiosa necesidad que todos los
organismos destinados al control de la industria, de las finanzas, del comercio
y del mundo rural sean puestos bajo observación e igualmente transformados,
pues todos, sin excepción, atentan contra la propiedad privada.
Aún antes de que
llegara el chavismo, ya los venezolanos veníamos sufriendo condicionamientos
importantes sobre nuestras libertades económicas y en especial sobre nuestros
derechos a tener y disfrutar de la propiedad privada, con Chávez, el gobierno
revolucionario socialista se quitó la careta y empezaron a favorecer a las
organizaciones colectivistas, a las propiedades comunales, los programas de
asignación de viviendas populares, ya no daban títulos de propiedad sino
permisos de permanencia en estos inmuebles, que no podían traspasar, vender,
legar…
Organismos abominables
como el INTI (Instituto Nacional de Tierras), encargados de redistribuir la
tierra con vocación agrícola empezaron a torcer el significado de la propiedad
agraria, y lo hacen con saña, favoreciendo invasiones de comuneros afectos al
gobierno comunista y utilizando a la Guardia Nacional como guardaespaldas de
los nuevos amos de la tierra. Por medio de sus políticas colectivistas, han
logrado que un importante número de organizaciones gremiales de productores del
campo, ganaderos, asociaciones campesinas, indígenas, productores de café y
cacao, que se cuentan entre sus militantes, cuentan con acceso al crédito y a
las prebendas chavistas especialmente creadas para quienes apoyan la revolución;
y allí podrán encontrar a una gran cantidad de militares retirados, políticos
de pasados cuestionables, exfuncionarios buscados por manejos oscuros de sus
gestiones, todos terratenientes, todos gozando de prósperos fundos trabajados
con dineros de la corrupción.
Con una nueva ley, las
fundaciones, ONG´s, organizaciones humanitarias y educativas tienen un exigente
control sobre sus patrimonios, y son supervigiladas para que no se salgan del
interés colectivista o personal de algunos funcionarios, imponiendo controles
draconianos y pedimentos absurdos para el cumplimiento de sus más básicos
deberes de informar y estar a derecho. Pero esas organizaciones gremiales y
campesinas que auspician esos lóbregos intereses están más allá de todo control
El chavismo ha creado
el prototipo del esclavo perfecto, trabaja para algo que llaman estado, un
órgano de control que nace de una ficción creada sobre lo público, un etéreo
concepto que supuestamente es de todos pero no es de nadie, manejado a voluntad
por factores de poder que supuestamente fueron elegidos por el pueblo para
llevarlos a un estado de perfecta igualdad social; de esta manera, “ser rico es
malo”, pero es bueno sólo si perteneces al exclusivo club de los amos del poder…
Y luego de 27 largos
años, contamos con una nueva oligarquía de comunistas revolucionarios, dueños
de las mejores tierras del país, controlando las empresas que expropiaron y que
ahora son de ellos, ostentando gruesas cuentas bancarias en divisas, afiliados
a Fedecamaras y otras organizaciones patronales. Y estos nuevos amos de todos los valles del
país, tienen bajo contrato no sólo a relacionistas públicos, influencers,
políticos de la oposición falsaria y hasta costosas firmas de abogados gringos
para hacerles el lobby en la Casa Blanca, porque el futuro de este pobre-rico
país tiene que ser de ellos, y de nadie más.
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