domingo, 8 de febrero de 2026

La moral en el mundo chavista, por Saúl Godoy Gómez

 



Hace ya varios años, décadas, fui a un circo que visitaba la ciudad de Detroit en Michigan, era un montaje gigantesco, con varias carpas en las que exhibían distintos espectáculos, entre ellas recuerdo un enorme cuarto de los espejos donde había muchos que distorsionaban la imagen reflejada; paseabas entre ellos y tu figura era deformada de maneras imposibles, gordo, alto, enano, algunas te hacían reír otras te daban miedo… ante tantos reflejos de tu cuerpo, se te hacía difícil conservar el sentido de la orientación y llegaba un momento en el recorrido en que ya no sabías donde estabas, entre esa reflexión de innumerables espejos que te multiplicaban por delante, por detrás, de lado… la experiencia era desconcertante, algo muy parecido me sucede ahora al escuchar a un chavista hablar de valores humanos.

Los he visto sobre una tarima predicar al público sobre su lealtad al pueblo, sobre cómo les importa su bienestar y lo mucho que se sacrifican por ellos, al punto que ni duermen trabajando de sol a sol por darles una mejor vida; al día siguiente de esa fervorosa declaración de amor incondicional, sale la noticia de sus cuentas secretas en Andorra, con cientos de millones de euros a su nombre, congelados por las autoridades y pendientes de investigación por corrupción.

Toneladas de oro incautadas en bancos suizos, mansiones y apartamentos de lujo, yates, aviones, aras de cría de caballos pura sangre, viñedos en Italia, monederos millonarios de bitcoins, tiendas de lujo en Ankara y Dubái, carteras de inversiones en empresas petroleras en Venezuela, bodegones, posadas de lujo en Parques Nacionales, minas y concesiones para exportar minerales estratégicos… son apenas algunos de los botines que se le han conseguido a unos venezolanos que tienen en su currículum pertenecer al PSUV, o en su defecto, haber sido funcionarios o amigos del gobierno chavista, algunos huyendo con precio sobre sus cabezas, otros presos o investigados, pero todos tenían algo en común, eran unos “limpios” de solemnidad hace, apenas unos años atrás, hasta que un día comulgaron con el chavismo, cuando aún se tapaban sus partes pudendas con las manos.

Y si en esos listados de “buscados” hay funcionarios multimillonarios, muchos de ellos narcotraficantes y lavadores de dineros ilícitos, militares algunos con identidades falsas, tratando de confundirse con el paisaje en el extranjero, pero imaginen lo que todavía no se ha descubierto, los miles de negocios que fracasaron por diseño, o de utilería, sólo para cobrar las comisiones multimillonarias en contratos de obras que nunca se realizaron, y que aumentaron de manera exorbitante la deuda externa del país, con toda la intención de arruinar a las generaciones de venezolanos por venir.

Todavía no ha aparecido ni la mitad de lo robado durante estos gobiernos socialistas-bolivariano; todo indica que esos dineros ilícitos son producto de una política de latrocinio al por mayor, revestida de un discurso moralista y humanista que nada tiene que ver con la verdadera intención de sus perpetradores.

En algún momento de su obra inconclusa La Voluntad del Poder, ya Nietzsche advertía sobre los adoradores del Becerro de Oro, nihilistas confundidos que proclamaban la muerte de Dios y levantaban otros altares, de la historia, del progreso, de la Patria, cultores de la muerte, seres errantes e insatisfechos con sus vidas pavorosamente vacías, y que se ponían frente a las masas para guiarlos a los infiernos.

De modo que nos encontramos con una primera característica del chavismo, el doble discurso, la utilización de la mentira para exacerbar las diferencias de clase y una particular visión de la llamada “justicia social”, donde se le escamotea el voto a los más humildes, a cambio de un mundo mejor que nunca llega por culpa de los ricos y del capitalismo salvaje. Ahí hay toda una intención de engaño, de hacerse pasar por lo que no son, para hacerse acreedores de una recompensa, que ellos, los revolucionarios socialistas, consideran el pago por sus “sacrificios” por el país, su derecho.

El segundo rasgo que define a un chavista es su celo por pertenecer a la manada, se trata de un exclusivo club de ladrones que se cubren mutuamente sus coartadas, y para quienes la delación es el pecado capital. Y esto sucede aunque traicionen a sus compañeros para subir en la escalera del poder, de modo que la hipocresía y las máscaras son herramientas de uso diario. Y si son voceros del partido, deben rodearse de una “autoritas” desde la cual exigir sacrificios que ellos mismos nunca harían, esta postura es sólo para la galería, no dialogan, predican, exigen el sacrificio de la pobreza sin dar el ejemplo de austeridad y, sobre todo, reclaman, siempre para otros, nunca para ellos, el fiel cumplimiento de la ley y su particular interpretación de la Constitución, donde ellos son la representación del Estado, de la Patria, son los hijos de Bolívar, algo así como el “Le État se moi” de aquel nunca bien ponderado y decapitado rey francés.

Según el credo chavista, el PSUV, los rojos rojitos, son los únicos que pueden encarnar lo verdaderamente venezolano, así no lo sean, porque hay chavistas que no son venezolanos, y pueden, sin renunciar a su patriotismo, asociarse a todo movimiento de liberación en el mundo, por muy contradictorio que sea éste a sus supuestos principios. Esta fragilidad ideológica les permite acomodarse con elementos fundamentalistas, las condiciones son que siempre sean anti-sionistas, y hasta el 3 de Enero pasado, predicaban ser furibundos anticapitalistas y anti yankis, pero la derrota militar y su caída política, los está convirtiendo en los nuevos mejores amigos de los norteamericanos, todo sin vergüenza alguna.

Uno de los aspectos de la moral chavista más relevante es que, a pesar de que ser uno de los movimientos políticos más violentos de Latinoamérica, por su militarismo y actitud revolucionaria, son propagandistas de la paz y la concordia entre los hombres, siempre y cuando sean ellos los que gobiernen, porque son intolerantes con la oposición, y hacen todos los esfuerzos por tener el derecho de vida y muerte, de hacer con ellos lo que quieran, secuestrarlos, expropiarlos, arruinarlos, torturarlos, matarlos, quitarles la nacionalidad, incitar al odio, humillarlos… y robarles las elecciones.

Las relaciones humanas son vistas por el chavismo como un juego entre opresores y oprimidos, les gusta decir de que son un movimiento pacífico pero armado, se trata de hombres y mujeres que usan las instituciones y las leyes como armas para obtener lo que quieren y hacer su voluntad. En cuanto a las comunicación de la contraparte, no les gusta la mala prensa, ni las críticas, las amenazas son su manera de negociar los asuntos nacionales, y en la estrategia de “siempre picar adelante” son artistas consumados, acaparando a como dé lugar el foco de la atención. Son los reyes de la autopromoción, si no son los protagonistas, los muchachos de la película, se incomodan.

Las falsificaciones y las puestas en escena de su discurso mediático los obligan a vivir en un país de mentira, negando lo obvio, escondiendo lo malo, desconociendo los problemas hasta que ya es muy tarde. Eso fue justamente lo que le sucedió a Maduro y al alto mando militar con sus provocaciones hacia Estados Unidos, aun teniendo esa poderosa armada frente a las costas de Venezuela no se dieron por aludidos y continuaron jugando al Superbigote y su combo, bailando en tarimas como poseídos y movilizando a mil-ancianos sin ningún pudor.

Esa moral de pillos tiene obligatoriamente su secuela estética, creen que el mundo de lujos y productos de marca les eleva su estatura como seres civilizados. Pero sucede todo lo contrario, se aplica aquello de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, son personas sin gustos propios, sin historia, sin cultura, que piensan que con autos costosos, con relojes joyas, con vestidos de diseñadores famosos y comiendo langostas todos los días, están al mismo nivel que la elite globalista. Los chavistas son inmediatamente reconocidos por sus excesos, por su conducta impropia, por su falta de pudor y sobre todo, por su pésimo mal gusto, que se hace patente apenas abren la boca.

Durante estos 26 años, el país ha tenido un muy mal ejemplo en cuanto a liderazgo y un muy lamentable resultado cultural; hemos retrocedido en la búsqueda de nuestra identidad, nuestro lenguaje se ha visto empobrecido y nuestra visión del mundo se redujo de manera peligrosa. Pasamos de ser un ejemplo de democracia para el mundo a ser indigentes ante la mirada global; el chavismo jamás será la respuesta a los problemas del país, esa mentalidad de rancho y hambre, de rapiña oportunista, sólo sirve para dominar, no para crecer y desarrollarnos como personas.

Entramos los venezolanos en un período de transición, todavía con chavistas operando el estado; se entiende que esto sirve para que el cambio no sea brusco y lograr la menor resistencia posible de los grupos violentos asociados al gobierno, pero el país no puede avanzar con solo chavistas tratando de sobrevivir y sirviendo de marionetas. Habrá que ir incorporando a la oposición en áreas de “soft power”, menos apetecidas porque no han tenido una importante cartera en estos aciagos tiempos, como sería la salud, el ambiente y la educación, áreas consideradas de bajo poder, muy descuidadas, pero vitales para enrumbar a Venezuela hacia un nuevo futuro. Las áreas duras como justicia, policiales, militares, lleva más tiempo ajustarlas; la económica, principalmente la actividad petrolera y la reconstrucción de la infraestructura, que la manejen agentes designados por el presidente Trump, entre ellos, el Departamento del Tesoro que administra los presupuestos.

Estamos presenciando como los chavistas caen uno por uno en las redes policiales, quien tenga un expediente con la justicia internacional deberá responder por sus crímenes, y a los que están escondidos en el país, también les llegará su hora cuando nuestros tribunales vuelvan al sendero de la equidad y la justicia. Lo que tomó 26 años corromper y destruir no se compone en un día, ni en un año, y aquí no estoy hablando de infraestructura, que se repara con máquinas, dinero e ingenio, hablo del alma del venezolano, de sus valores y principios que fueron pateados y abusados. El camino a recorrer es largo y difícil, pero es un reto que está a nuestra altura y del que saldremos con bien; lo importante es aprovechar esta segunda oportunidad, no todo el mundo la tiene.

jueves, 5 de febrero de 2026

La mente del censor. Por Saúl Godoy Gómez

 



Existe un organismo en Venezuela llamado Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) que controla las comunicaciones de los medios radioeléctricos, incluyendo internet, su función va mucho más allá de supervisar a las empresas de telefonía, radio y televisión, asignación de bandas en el espectro radioeléctrico, cumplimiento de permisos, licencias, equipamiento, cobertura de señales, horarios de servicio, contenido, en pocas palabras, se trata de una institución gubernamental cuyo propósito es servir de garante al gobierno central y a la ciudadanía, de que entes públicos y privados cumplan con las leyes y la constitución al momento de transmitir señales para las comunicaciones.

Una institución técnica de esta naturaleza debería cumplir para que las comunicaciones en nuestro país fluyeran de la manera más eficiente y menos costosa posible, tal y como lo declara su documento constitutivo, que todo el país estuviera cubierto por sus distintas redes para unir a las personas en sus tareas diarias de trabajo, entretenimiento, información y producción de riqueza, que no exista en nuestro país áreas oscuras sin señal de cualesquiera de sus emisiones, lo que garantizaría un ciudadano informado, conectado y disponible para las eventualidades propias de un país en desarrollo.

Pero la naturaleza misma del chavismo, esa ideología de izquierda autoritaria y militarista, revolucionaria y criminal, ha hecho de este servicio algo muy distinto, en vez de ser una herramienta para el progreso y el fortalecimiento de las instituciones, lo han convertido en un gigantesco aparato de espionaje, buscando conspiraciones, disensos,  críticas, y el embrutecimiento de la colectividad, promoviendo campañas de terror, señalando a traidores, violando la privacidad de las comunicaciones de los ciudadanos, y de esta manera ralentizando las actividades productivas y de construcción de una economía próspera.

Es uno de los organismos con más poder en el país, bajo la tesis de quien rige las comunicaciones, controla la opinión pública, y ya entramos en un territorio que atañe al poder político en cualquier tipo de gobierno, sea este democrático o no, afecta de manera directa las relaciones entre las instituciones del gobierno y del mundo privado.

Piénsese a manera de ejemplo en el flujo de data que pudiera darse entre los bancos en un día cualquiera de actividad comercial y financiera, les da una idea del poder que tendría CONATEL sobre esa información, que aunque su mayor parte estaría cifrada y protegida por códigos muy poderosos, quienes sirven a esas redes deben responder ante su autoridad y contestar cualquier solicitud que requiera.

Además, su actividad cubre un aspecto policial y de investigación que sitúa a este organismo en el tope superior del poder y control, pues tiene la capacidad y está autorizado en la intervención en las comunicaciones en el país, y pudiera ver, escuchar, leer, grabar, descifrar, publicar y utilizar la información obtenida en secreto (por medio del espionaje) para fines de seguridad nacional, como de hecho lo ha ejecutado aplicando la “ley mordaza”lo cual no debe sorprendernos, pues es común en todos los países del orbe, con pequeñas diferencias en el protocolo de acceso, que no pocas veces requieren de órdenes judiciales u otros permisos para hacerlo de manera legal.

De esta manera CONATEL sería la reencarnación del Big Brother orwelliano, que todo lo ve y todo lo escucha, un poder omnisciente que está allí para proteger a quienes detentan el poder, dependería de la catadura y formación de estos hombres y mujeres que operan la institución para que abusen o no de tal poder para beneficio propio.

El otro aspecto que quiero destacar, es que esta actividad controladora de las comunicaciones depende en gran parte en los avances tecnológicos, existen sistemas muy poderosos, manejados con supercomputadoras e Inteligencia Artificial y una plantilla de expertos en informática y telecomunicaciones que trabajan muy de cerca con quienes diseñan y manufacturan estos equipos y programas, para sacarles el provecho adecuado a sus fines, de esta manera tenemos a los países líderes en estas tecnologías, como lo podrían ser China y EEUU, por mencionar solo a dos de ellos, que manejan desarrollos y productos de punta, y que en una red mundial de escuchas y monitoreo, imponen sus ideologías y sus visiones de seguridad sobre el resto del mundo.

De allí que tengamos que convivir con organizaciones tan poderosas como la NSA norteamericana o sus pares chinos, rusos o israelíes, entre otros muchos y que constituyen el corazón de los aparatos de inteligencia, que son quienes le suministran al resto del mundo la tecnología de las telecomunicaciones y quienes tienen las llaves que abren todas estas cajas de Pandora.

Si imaginamos el lugar que ocupa CONATEL en ese particular mundo de la vigilancia masiva, creo que estaría más hacia el fondo de la cadena alimenticia de la información, pero aún allí, han estado estos últimos 26 largos años controlando de manera salvaje las comunicaciones en nuestro país, censurando sitios web, acusando a usuarios de Twiter, realizando ciberataques en contra de páginas de investigación periodística, gracias a la contribución de la tecnología China principalmente, desarrollada para controlar a cada uno de sus ciudadanos y tenerlos bajo control estatal, y en el caso Venezuela, bajo los terroríficos postulados del pensamiento único y la hegemonía comunicacional.

Durante este largo y tortuoso reinado del chavismo en Venezuela, los directores de CONATEL han sido principalmente militares, expertos en inteligencia o comisarios políticos del partido PSUV empeñados en el aspecto de seguridad del régimen, buscando conspiradores hasta debajo de las piedras y con una tendencia paranoica cuyo resultado han sido unos gruesos expedientes y unos tortuosos procesos de víctimas, principalmente entre periodistas y dueños de medios, empresarios, líderes políticos de la oposición, personal diplomático acreditado en el país… con el boom de las redes sociales el objetivo se amplió y abarcó venezolanos en el exterior que se atrevieron a convertirse en “influencers” y denunciaban abusos por parte de la claque socialista-bolivariana, ya convertida en la nueva burguesía del país.

A la pregunta de ¿Qué tipo de mentalidad puede tener un funcionario que de manera anónima, a buen resguardo y utilizando alta tecnología para leer la correspondencia privada de los ciudadanos con el fin de apresarlos, acusarlos de traición y luego desparecerlos y torturarlos para que digan exactamente lo que estos funcionarios creen? La ciencia del comportamiento humano tiene solo una respuesta, son unos sociópatas peligrosos.

Luego del bombardeo del 3 de Enero de este año sobre Caracas y alrededores, por parte de fuerzas militares norteamericanas, el arresto de Nicolás Maduro y su esposa, y la imposición de un período de administración especial sobre el país, el presidente Donald Trump extrañamente, ha permitido que CONATEL siga en manos de factores del chavismo, personas con una hoja de servicio fieles a la revolución totalitarista, antidemocráticos y con intenciones de continuar con su labor de terror y violación de la privacidad sobre la sociedad venezolana, prosiguiendo con la censura y los “black-outs” de nuestros principales canales de comunicaciones, alimentando el miedo a la libre expresión tan necesario en el actual proceso de reconstrucción del país con miras a unas elecciones libres y democráticas.

La desagradable revisión de nuestros teléfonos celulares por parte de funcionarios policiales y colectivos armados, en alcabalas y operativos de seguridad, en busca de información política comprometedora, es una clara herencia del CONATEL que los venezolanos de bien queremos desterrar para siempre, esa institución a debido ser la primera en protestar por estos abusos de autoridad y poner en cintura a estos agentes del caos.

Estoy seguro de que se trata apenas de una omisión circunstancial por parte de los funcionarios norteamericanos encargados de manejar este período de transición, pues es bien sabido la necesidad del venezolano, de toda persona humana, en comunicar sus impresiones y pareceres al momento de recuperar su libertad y con miras a reestablecer la institucionalidad perdida.

 

 

martes, 3 de febrero de 2026

El rediseño de Caracas, por Saúl Godoy Gómez

 



Caracas tiene una formidable ventaja y es el Parque Nacional El Ávila, un verdadero muro de contención que ha impedido la canibalización de la cadena montañosa que la contiene y separa del Mar Caribe; aunque se ha permitido algunos desarrollos que contradicen su naturaleza, la ciudad se ha visto obligada a crecer al sur, al este y al oeste, conservando su pulmón vegetal y el elemento paisajístico que le ha dado su carácter.

Como casi todas las ciudades primarias de Latinoamérica y otras latitudes del mundo, nuestra ciudad capital tiene grandes barriadas que han tomado una buena parte de la orografía del valle, ocupando colinas y cerros con desarrollos irregulares de viviendas, comercios, calles y avenidas, construidas con una muy pobre concepción del urbanismo, por connacionales que perseguían una vida con mejores servicios y mayores expectativas económicas.

El socialismo Latinoamericano por medio de sus teorías del subdesarrollo, patrocinados por organismos como el CELA, explicaba que los habitantes de un país querían superar su posición en el tiempo, desde un interior desfasado con el progreso, a una metrópoli con todos los servicios a mano, esto, de acuerdo a aquella famosa teoría ondulatoria del pensador Leopoldo Zea que describía un volver a la prehistoria a medida que nos alejábamos de la ciudad - mientras los gobiernos populistas promovían esos desarrollos centralizados, en urbes caóticas, en la perenne búsqueda del voto masivo.

Esto es importante entenderlo, estas barriadas crecieron en medio de invasiones y ocupaciones ilegales de terrenos, haciendas, urbanizaciones, áreas naturales, por personas que necesitaban resolver sus problemas de vivienda, por lo general producto de migraciones del interior del país, que buscaban una mejor vida en la capital y que les era negada en sus lugares de origen.

Muchos de estos barrios fueron fomentados por invasores profesionales, que vendían los lotes de terreno garantizando la complicidad de las autoridades; algunos tenían sus cuadrillas de construcción y venta de materiales para levantar viviendas precarias, sin servicios públicos, pero que garantizaban las conexiones irregulares a los servicios, primero a la red eléctrica, luego a las tuberías de agua corriente. Todo ese trabajo de conquista de terrenos tenía un fuerte contenido político, y realizaban censos de sus participantes que ya llegaban comprometidos con los partidos y políticos que les prometían legalizar sus viviendas y llevarles los servicios.

De esta manera aparecían barriadas completas en muy corto tiempo. Si la consolidación de estos barrios iba de acuerdo a la agenda política de candidatos corruptos, pronto recibían el asfaltado de las calles, algunas cloacas, alumbrado público, se les designaba rutas de transporte para jeeps y busetas, rutas de vigilancia policial costeadas por los presupuestos municipales que crecían de acuerdo al número de habitantes por asignaciones de los gobiernos estatales, todo esto hecho con la ausencia de un buen catastro que les hubiera dado algo de control sobre el desarrollo urbano.

Estos barrios pronto se convirtieron en enormes incubadoras de votos para candidatos populistas, que ganaban las elecciones una y otra vez, pero eran la causa de serios problemas de hacinamiento, delincuencia, epidemias y malestar social. Estas prácticas continúan hoy en día, sobre todo hacia el este y hacia el oeste de la Capital.

El urbanismo tradicional proponía dos maneras de hacerle frente a esos desarrollos informales: el primero era la desocupación de esos espacios por medio del cambalache, viviendas dignas por los ranchos, ubicados en otros terrenos ya acondicionados para la vida extraurbana; la segunda opción era remodelar esos barrios y llevarlos a un nivel superior de vida, lo que implicaba fuertes inversiones en infraestructura y acondicionamiento de las viviendas existentes.

La desocupación era necesaria en casos de riesgos geológicos y naturales de las comunidades, cuando estaban ubicadas sobre terrenos no aptos, cauces de quebradas, barrancos, , zonas inestables, o los lotes se necesitaban para obras públicas; la segunda consistía en elevar la calidad de vida de barrios consolidados y hacerles una restauración, en que por lo general se privilegiaba aquellos sitios que tuvieran algún atractivo turístico o histórico, esto se hacía con la participación de la comunidad organizada y algunos casos exitosos tuvieron lugar en Petare y Catia.

Pero el problema se reducía a una palabra: espacio; Caracas estaba sobre un estrecho valle, se necesitaban nuevos terrenos para desarrollar esos nuevos barrios populares y ese espacio solo se encontraba hacia el sur, hacia los Valles del Tuy o hacia el eje La Victoria-Maracay, en terrenos mucho más estables, es por esta razón que pensar en el diseño de una megalópolis ya no es una quimera sino un desafío urbanístico y para lograrlo se necesita optimizar no solo las redes viales con autopistas inteligentes, sino crear sistemas de transporte rápido interurbanos y servicios de tren y metros, y por supuesto, todo la red de servicios integrados para servir a esa nueva población.

Soy de los que piensan que el verdadero desarrollo urbanístico debería trasladarse a Valencia y dejar a Caracas como capital (centro de los poderes públicos) y mover el comercio, la industria y los grandes desarrollos habitacionales a Valencia-Puerto Cabello, para congelar el crecimiento de Caracas y limpiar la cordillera interna de ranchos y desarrollos informales, recordando que la actual capital y sus alrededores están afectados por una red de fallas geológicas que favorecen la incidencia de actividades sísmicas periódicas.

Otro factor que se aliviaría contando con una expansión del área metropolitana,, por ejemplo, sería la necesidad de traer agua desde tan lejos para satisfacer los requerimientos actuales en Caracas, porque es mucho más factible arreglar los problemas que sufre la cuenca del lago de Valencia con programas de reforestación de los bosques productores de agua, que traer el agua a Caracas de lugares tan alejados como el estado Guárico, tal como sucede hoy en día. Algo similar tendríamos que hacer con la Cuenca del Río Tuy para elevar su capacidad productiva de agua que hoy se encuentra en niveles críticos.

La limpieza del río Guaire y un mejor manejo de la subcuenca del río Grande en Guarenas-Guatire, más un mayor control sobre las nacientes del Tuy y del río San Carlos en el Pico Codazzi, garantizarían agua para La Victoria y los Valles del Tuy; ese dinero proveniente del petróleo, por lo menos una parte importante de esas rentas, debería invertirse en recuperar estas nacientes de agua fundamentales para la vida en la región norte-costera, la más poblada del país.

Estos son apenas unos esbozos de los problemas que deberían ocuparnos, conjuntamente con la reactivación de nuestra industria petrolera, son problemas que se deben ir resolviendo por etapas y de acuerdo a un plan maestro de desarrollo urbano. Ya hemos superado con creces los límites de sustentabilidad del área metropolitana y sus áreas protectoras, tenemos que revisar a fondo y trabajar para evitar un colapso urbano en Caracas y sus alrededores, a menos que querramos seguir metiendo los problemas debajo de la alfombra.

 

 

 

 

martes, 27 de enero de 2026

La codificación de nuestra identidad, por Saúl Godoy Gómez

 



Una de las cosas imperdonables perpetradas por el chavismo durante estos largos años de mandato totalitario, fue la entrega de nuestros servicios de identificación y extranjería a los cubanos, conjuntamente con los registros y notarías; en pocas palabras, la información clave sobre nuestras personas y bienes fue cedida a nuestros enemigos, al castrocomunismo que, no dudo ni por un instante, debe tener en algún lugar de ruinosa Habana toda la data de quien es quien en Venezuela.

Con esos registros, que todo gobierno responsable debe proteger de intereses extranjeros, pues es información estratégica, se puede hacer mucho daño al país, pues con ella se maneja toda la hoja de vida de los ciudadanos, no solo la información personal, en lo que atañe a su ciclo vital como humano (fecha de nacimiento, lugar, sexo, estado civil, huella dactilar, firma y fotografía), sino que con los registros y notarías se controla la información demográfica, decesos, propiedades y transacciones, empresas y herencias, declaraciones patrimoniales, movimientos de inversiones, asociaciones, quiebras, posesiones inmobiliarias, lugar, tamaño y valor de esos bienes, los impuestos que generan… en resumen, tienen copias de toda la información sobre la vida y el valor patrimonial de cada uno de nosotros.

En manos de nuestros enemigos esos expedientes de registro pueden hacer mucho daño, no solo desde el punto de vista criminal: provocar desfalcos, robos, uso ilícito de nuestra identidad, venta irregular de nuestros bienes, falsificación de nuestras firmas… sino pueden hacer algo peor, como venderla en el mercado negro a mafias y bandas de facinerosos que, entre otras cosas, pueden tasar nuestro valor y tener idea de por cuánto dinero pueden secuestrarnos, o intercambiar muestra data como fichas en negocios oscuros, o venderla a corporaciones en la Deep Web como identidades substitutas en la comisión de otros crímenes, sin que siquiera nos enteremos.

Las ramificaciones de la conspiración que podrían montar son abrumadoras y aterradoras, y tratándose de gobiernos criminales, narcoterroristas, puede que sea su “negocio”, por ello, mi llamado de alerta para el nuevo gobierno democrático que se debería instaurar en Venezuela, para que, de inmediato, se proceda al cambio de las nomenclaturas asignadas a nuestros documentos de identidad y a los expedientes en registros y notarías.

Esto tiene una importancia mayúscula, estaríamos evitando un ataque masivo contra nuestra tranquilidad, como portadores de una identidad, y nuestros bienes. Es probable que no podamos impedir algunos sucesos, pero eso les haría el camino más difícil y hasta imposible en caso de que quisieran montar un ciberataque digital contra nosotros.

Este cambio de nomenclatura debería hacerse como una tarea prioritaria de los nuevos rectores del equipo de seguridad e inteligencia del país, por ejemplo, que la numeración de nuestros documentos de identidad no sea consecutiva, que incluyan letras y signos, que lo hagan las computadoras con programas aleatorios, que se utilicen algoritmos para el manejo de la data con diferentes niveles de seguridad, que se realice en la brevedad posible una campaña nacional de identificación, cambios de cédulas y pasaportes con los nuevos códigos, lo mismo con los nuevos códigos  de registros de documentos y expedientes con referencia a los antiguos números.

Ya sabemos por experiencia propia como estos gobiernos comunistas y militaristas utilizan esta dará para cometer sus fraudes electorales, expidiendo pasaportes del país a terroristas fundamentalistas para que no sean identificados en las aduanas, para apropiarse de bienes torciendo su tradición jurídica, falsificando cuentas bancarias, registrando empresas fantasmas, resucitando fallecidos, invalidando transacciones entre empresas y un largo etcétera.

Interviniendo la dará de identificación y registro, asignándole nuevos códigos invalidaría las cédulas y pasaportes forjados que andan rodando por el mundo, y pondría un obstáculo a la documentación que se quisiera utilizar con fines perversos, pero, principalmente, anularía los respaldos anteriores, impediría el acceso a los registros y disuadiría la acción delictiva en nuestra contra.

Este tipo de información es un botín preciado para el enemigo en caso de guerra o una invasión, pues es un instrumento invaluable para el control de la población. Nosotros no tuvimos una derrota bélica, que nos habría obligado a entregar tan valiosa información, los chavistas simplemente le otorgaron las direcciones de identificación y registros a los cubanos, que estuvieron por mampuesto en todo tipo de transacciones y que ahora están en retirada; no sabemos si se llevaron esos respaldos, lo que nos dejaría en una situación de altísima vulnerabilidad.

Nuestra nacionalidad ha sido utilizada para los más oprobiosos crímenes, personas de toda laya dicen ser venezolanos y lo prueban con documentos forjados u obtenidos por la inteligencia cubana, no solo para complicar los procesos penales, sino para poner en entredicho nuestra imagen como nación. Una muestra personal de lo que hablo, es que mi actual cédula de identidad está validada por la firma de uno de los Flores que pertenece a la familia de notables narcoterroristas y que tenían el control de estos procesos. Los culpables de esta cesión servil de información tan delicada deberían ser castigados con la pena máxima.

lunes, 26 de enero de 2026

Una nueva división político-territorial de Venezuela, por Saúl Godoy Gómez

 



El país está actualmente dividido en 23 estados, el Distrito Capital y unas Dependencias Federales que incluyen todo el territorio insular; también contamos con una zona en reclamación llamada Esequibo. Todas estas dependencias administrativas, más o menos controladas políticamente por el gobierno central y que vienen de un pasado donde lo único que importaba era una supuesta cultura local, prescindiendo de la ciencia y, principalmente, de las realidades geográficas.

Muchos de nuestros estados han subsistido por una tradición que no se sostiene ni con saliva de loro, contando únicamente con algunos hechos históricos encarnados por algunos caudillos o batallas famosas, algunos acentos lingüísticos y, cuando mucho, por unas particularidades climáticas, o alguna puntada de culo de algún mandatario afiebrado de nacionalismo.

He sostenido en varios artículos y foros la necesidad de enseriar esta división del país, principalmente tomando en cuenta nuestras principales cuencas hidrográficas, siendo el agua uno de los recursos indispensables para la vida y un elemento de particular relevancia geopolítica en el futuro inmediato. Pienso que una división territorial que tome en cuenta este factor sería mucho más útil, manejable y seria que el actual, reduciríamos la cantidad de estados a más de la mitad y le daríamos una coherencia que antes no teníamos al desarrollo local y, por ende, a la integridad de nuestro territorio.

Pero aparte de la división por cuencas hidrográficas debeos tener en cuenta aún otra división, pero esta vez serán tres (3) grandes bloques transversales: a- La línea norte costera, donde están nuestras principales ciudades con sus grandes infraestructuras y comunicaciones, b- El bloque agrícola e industrial, donde están nuestras tierra productivas y zonas industriales, c- Las áreas protegidas, parques nacionales, minas, nuestras grandes selvas que están el sur del país. Son estas 3 grandes franjas nuestras áreas de desarrollo.

Esta división en bloques transversales es mucho más coherente que hablar de “regiones”, que es apuntar a una división territorial por grandes hábitats naturales, ésa que se ha venido utilizando conceptualmente desde hace tiempo: caribeña, andina, de los llanos y amazónica, una distribución territorial que se ha usado con intenciones políticas, para insertarnos en los varios foros y organizaciones de desarrollo regional que no han reportado mayores beneficios para el país.

Existen también los argumentos históricos que atestiguan que devenimos de diez provincias de los tiempos de las guerras de independencia: Barcelona, Barinas, Caracas, Coro, Cumaná, Guayana, Maracaibo, Margarita, Mérida y Trujillo. Nuestra bandera ha sido un lienzo donde quedaron asentadas las siete provincias coloniales que suscribieron el Acta de la Independencia, y hay una octava, la de Guayana, agregada por Chávez, en un acto de voluntad como ilusa reencarnación de Simón Bolívar.

El asunto ha sido asumido sin consideraciones firmes sobre los territorios, sus recursos, sus habitantes y sus posibilidades de desarrollo. Las decisiones fueron tomadas por burócratas, desde los distintos ministerios en Caracas, en los distintos gobiernos de turno, y ésa es la razón por la cual nos encontramos con partes del país con mayor desarrollo que otras, algunas tan alejadas y precarias que parecen pertenecer a otra nación.

En la actualidad, se ha privilegiado el elemento electorero y éste ha tenido mayor relevancia que la misma economía de los estados, la planificación se elabora prestando más atención a los centros productivos que a la misma geografía, sobre todo en las actividades extractivas, como la del petróleo y otros recursos mineros. Monagas, Anzoátegui y Sucre son ejemplos claves para entender como los estados se reparten los beneficios de una actividad donde los recursos no hacen caso a los límites políticos-territoriales; igual sucede con las minas de oro y otros minerales estratégicos en el estado Bolívar y Amazonas, el desorden y las competencias se confunden en un caos sin control.

Quienes salimos perdiendo de este estado de anomia somos los venezolanos de a pie, la gran mayoría que no comparte los beneficios y los recursos que explota la camarilla política de partidos y empresas asociadas al poder. Excepcionalmente, se nos otorga la oportunidad de compartir la información y los beneficios de lo que acontece en la explotación de nuestras riquezas naturales; en este sentido, la visión del mundo del socialismo nos ha causado un daño incalculable, la división político-territorial actual está hecha para ver al país como un botín qué expoliar y no como un escenario para el desarrollo; más del 90% de los venezolanos hemos sido excluidos de esta rapacería generalizada en que han convertido a Venezuela.

Estoy seguro de que la confección y la distribución del presupuesto nacional se elabora con base en este país de mentira, que no toma en cuenta la realidad de los venezolanos y que es causante de una de las injusticias más perdurables y perversas de nuestra política; de esta manera, las obras públicas, la educación, la salud, las oportunidades de trabajo, el costo de la vida, se ve rigurosamente afectado por esta pésima distribución territorial, que desconoce nuestro lugar real en el país.

En vez de estar discutiendo los méritos e imperfecciones de los que pretenden el poder, los venezolanos deberíamos estar reordenando nuestro territorio, para una administración más realista y justa, para la reconstrucción de Venezuela, el futuro del país depende de ello.

 

 

 

 



domingo, 25 de enero de 2026

Los trenes del desarrollo, por Saúl Godoy Gómez


Este es uno de mis sueños recurrentes, levantarme en Caracas un día temprano en la mañana, llevar la mochila de viaje para un día de playa, llegar a la estación de tren y comprar un boleto ida y vuelta para Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui; me veo abordando uno de esos trenes super rápidos, por suspensión magnética, y llegar a mi destino en solo dos horas a más de trecientos Km/hora; me imagino almorzando en el Paseo Colón y disfrutando toda la tarde en la playa; al caer el sol, regresar a Caracas y llegar a la nueve de la noche a mi casa.

La idea es contar con un tren bala, que cubra todo el norte de Venezuela, desde Güiria, en el estado Sucre, hasta San Cristóbal, en el estado Táchira, donde, si quisiera, podría abordar otro tren bala que me llevara hasta Puerto Limón, en la costa del pacífico colombiana… todo el norte del norte suramericano conectado con ese servicio para pasajeros.

Mi sueño  va más allá porque, además de esa línea de tren super rápido, a su lado, iría una línea férrea, ésta con un tren de carga, más lento pero no menos eficiente, con paradas programadas en los principales centros urbanos del trayecto, en cuyos parques industriales o puertos recogería los equipos, mercancías, productos agrícolas y químicos, insumos y carga refrigerada que repartiría en los distintos lugares para su maquila, empaque o salida por puertos u aeropuertos a destinos internacionales o nacionales.

En esta franja norte del país están ubicadas las principales ciudades y sus principales puertos (aunque todavía nos hace falta un puerto de aguas profundas) estoy seguro que unas vías como las que propongo contribuirían a que algunas se unan en megalópolis como sería el caso de Caracas, Maracay y Valencia, o Cumaná, Puerto La Cruz, Barcelona, las cuales constituirían una enorme y bellas urbes capaces de albergar cualquier cantidad de actividades productivas.

También contaríamos con una vía de servicio que, en nuestro caso, sería una autopista, paralela a estas rutas de trenes, y que permitirían el tránsito de vehículos privados y de transporte colectivo (buses) de manera segura; sus usuarios harían sus paradas en cada población para recoger pasajeros y cargas pequeñas o hacer el trayecto directo, todo funcionando de acuerdo a un cronograma para enlazar los servicios de trenes y que nadie o nada quede rezagado.

Esto solo en la franja norte-costera del país, que estaría enlazada con el tren que viene del sur por la vía transamazónica (del cual ya se han construido algunos tramos) y que conectará Brasil y el resto de Suramérica, este movimiento de personas y bienes implicaría una extraordinaria organización y sistemas de alta precisión, para evitar retardos innecesarios y accidentes.

Se trata de una cobertura de comunicaciones de primer mundo, con los grandes almacenes y en las grandes urbes, con todo lo necesario para atender turistas, operarios, gerentes, inversionistas, compradores… con un grado de automatización de gran aliento, con la infraestructura y los servicios necesarios para atender estos volúmenes de movimiento, hoteles, restaurantes, servicios de carga y transporte, aduanas, aeropuertos, almacenes en frío, grandes talleres, etc.

Sería una gran infraestructura productiva que convertiría a Venezuela en un extraordinario “hub” de distribución de bienes entre Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Suramérica, y que tendría su propia vida económica, aparte del negocio petrolero. Éstas son las inversiones que necesita el país aprovechando su ubicación geoestratégica para poder jugar en las Grandes Ligas, como pienso que los venezolanos todos deseamos (aunque hay algunos que solo piensan en chiquito y no salen de lo que van a comer para la cena).

Toda la América estaría interconectada, desde La Patagonia hasta Venezuela desde donde se elegiría si continuar hacia el Caribe, o cruzar el atlántico hacia Europa y África, o llegarse hasta el pacífico colombiano o utilizar el Canal de Panamá para tener acceso a las rutas asiáticas, o si quisiera continuar hacia América del Norte, ida y vuelta, colocando pasajeros y mercancías del mundo para el mundo.

Al ser Venezuela en punto medio de la ruta se aprovecharía nuestro territorio para montar industrias que refinen materias primas para darles valor agregado, se monten grandes maquiladoras para terminar productos y ensamblar máquinas u aparatos, o se empaquen los productos perecederos, sobre todo agrícolas, carne, pescado, flores que podría salir listos en vuelos intercontinentales para que amanezcan en sus destinos.

Pensar proyecciones de gran aliento para el desarrollo del país, le dan dirección a nuestras ideas y esfuerzos, en otros artículos les mencionaré como debería estar dividido nuestro país y especializar cada una de esas grandes áreas para convertirnos en ese centro de distribución o “hub” que mencionaba al principio.

 

  



viernes, 23 de enero de 2026

Margarita Atómica, por Saúl Godoy Gómez

 



Soy un firme defensor de la energía atómica o nuclear en uno de sus usos pacíficos, como es el de brindar electricidad a pueblos y ciudades; la energía atómica es limpia, eficiente y, con los adelantos de hoy, muy segura; tiene, por supuesto, sus problemas, como sería el del manejo de los desechos nucleares, pero hoy existen maneras de depositarlos a buen resguardo para que la radioactividad residual decaiga sin ocasionar problemas. El miedo que antes existía de que una instalación nuclear pudiera explotar y convertirse en una nueva Chernobil ha sido largamente superado.

El presidente Donald Trump se ha declarado un firme promotor de este tipo de energía para su país, y la tecnología que han desarrollado los norteamericanos supera con creces a la de sus competidores, al punto que pueden mover portaviones, satélites y naves espaciales y submarinos, con pequeñas y muy eficientes unidades nucleares que les permiten autonomía por años sin necesidad de repostar energía.

Yo estoy convencido de que la isla de Margarita debe y puede solucionar su problema energético con la instalación de una pequeña central nuclear que le permita ser autosuficiente, contar con energía para su futuro desarrollo y, además, tendría la capacidad  de suministrarle energía a las islas de su entorno para evitar la engorrosa dependencia de tierra firme.

Pero hay algo más que podría permitirse, clave para su calidad de vida y sostenibilidad, y es que tendría la suficiente energía para montar diversas plantas de desalinización de las aguas del mar, una fuente segura, propia y suficiente del agua potable que tanto necesita. Las plantas que convierten agua de mar en agua dulce requieren de ingentes cantidades de energía, una planta nuclear del tipo que necesita la isla de Margarita sería una eficiente solución.

Pero hay aún otra área de interés, y ésta es estratégica para el país, con esa misma planta nuclear proporcionando energía limpia y constante y las plantas desalinizadoras  que contribuirían con el agua para la refrigeración de los bancos de computadoras, se podría alimentar enormes complejos de depósitos de data cibernética, con nubes de información digital para todos los usos del país: para el gobierno, para los bancos, para el servicio de internet comercial, para investigaciones científicas, para la industria petrolera…  Estos bancos de data, de información digitalizada son necesarios para el desarrollo de la Inteligencia Artificial y de la computación cuántica, que es el futuro de la automatización de la información, Margarita se podría convertir fácilmente en el banco de data digital y cuántica más importante del Caribe y, probablemente, de Latinoamérica.

¿Es eso posible? Yo creo que sí, una vez estabilizado el país y ya con un gobierno plenamente democrático en funciones, no habría problema en que Venezuela, por medio de su riqueza petrolera, invirtiera en el desarrollo de energías alternas para nuestro futuro. Con las conexiones con el gobierno norteamericano y los lazos de amistad y mutuo soporte que cultivaremos, lo veo factible para la próxima década, o antes, pero es algo que hay planificar con cuidado, preparar el personal, establecer la logística de servicio y construcción de la instalación, preparar los protocolos de funcionamiento y seguridad ya que se trata de una operación bastante compleja.

Es la Venezuela que creo posible. Tengo muchas ideas en el tintero y, la verdad, aunque parece una lista de deseos a San Nicolás, se trata de un ejercicio de imaginación y voluntad, que prefiero con mucho a los discursos de algunos políticos que no salen de las pequeñas miserias humanas, y que han demostrado no ver más allá de sus narices.