La saturación cultural alcanzada por el
bolivarianismo en esta república hace del mito la sustancia del valor moral de
las acciones y pasiones políticas. Además, dado el prostituido nivel de
incomprensión al cual ha llegado el credo bolivariano, gracias a la enfermedad
de su historiografía, era previsible que entre tanta pornografía cívica,
alguien intentara tomarse en serio el papel de salvador.
Luis Castro Leiva, El Diario de Caracas, 1992.
Los venezolanos no tenemos todavía una idea
completa del daño que significó, para nuestra historia patria, que el chavismo
revolucionario, socialista y militarista, manejara como manejó nuestra historia
patria, en especial la figura de Simón Bolívar, y lo que eso ha significado
para desdibujar nuestra identidad y amor propio, en momentos cuando más
necesitábamos de figuras señeras y modelos a seguir, en tiempos de profundas
crisis y ataques arteros de nuestros enemigos.
Convirtieron el estudio de nuestra historia y
el culto a nuestro panteón de grandes hombres y mujeres, ejemplo de entrega a
la patria y a la construcción de un mundo mejor, en una colección vilmente
deformada de héroes al estilo de los de Marvel, pero hechos en Cuba, entre
chistes y actos de santería, con el expreso propósito de dejarnos sin
referencias ni modelos que nos sirvieran para poder afrontar con razón y
pundonor los más viciosos ataques contra nuestra nacionalidad.
Hoy, cuando nos encontramos capeando la
tormenta de un estado fallido, de una economía en quiebra, de un país reducido
a escombros y un estado totalmente disfuncional y sometido, manejado todavía
por unos criminales que sin vergüenza alguna vuelven a mentir, que siguen
torturando gente, quitándole los medios de vida a la población más vulnerable,
robándole las oportunidades de una vida digna a los más jóvenes, es muy triste
y da mucho coraje que ni siquiera podamos contar con la inspiración de nuestros
padres fundadores y de una narrativa que se ubique lo más cerca de la verdad
posible, sobre cómo Venezuela nació y se convirtió en nuestro hogar.
El chavismo sigue siendo un movimiento
bastardo que, sin rubor alguno, pretende continuar siendo el reflejo del país
nacional, no lo es y nunca lo ha sido; a punta de propaganda e ideología, de
opiniones las unas más ignaras que las otras sobre la naturaleza de nuestro ser
colectivo, está pretendiendo ahora dar el giro copernicano hacia un estado
corporativo, perteneciente al capitalismo tardío, socio de Wall Street, de las
petroleras norteamericanas más grandes que existen, del mismísimo Pentágono…
solamente pretenderlo es ya un exabrupto, proclamarlo es una broma de mal
gusto, pero verlo, en la figura de los hermanos Rodríguez, como si fueran los
epígonos de los Amos del Valle, los guardianes de la integridad de la
República, cuando en realidad hacen lo que hacen para no ir presos como ya lo
está aquel otro usurpador, Nicolás Maduro, en una cárcel en New York, es todo
un oxímoron.
Para quienes no hayan caído en cuenta, Venezuela
se encuentra bajo ataque, pero no son drones ni misiles, no son tropas
desembarcando en nuestras costas, lo que estamos recibiendo es la peor andanada
de propaganda de guerra, de manipulación psicológica, de descrédito
internacional y abuso verbal por parte de nuestros enemigos, quienes desde
foros mundiales lanzan sus campañas mediáticas con el propósito de destruir
nuestra autoestima, de hundir nuestra moral y debilitar nuestra integridad.
Eso tiene un claro objetivo, aprovechando el
estado de indefensión que nos subsume después de 27 años de chavismo, nos
quieren reducir al máximo para imponernos agendas que no son nuestras, nos
quieren victimizar para que negociemos desde la necesidad, están tratando de
anular nuestra voluntad nacional para que las decisiones sobre nuestro destino
pertenezcan a otras instancias, muy lejanas de estas tierras y con otros
intereses que no son los nuestros, y esto nos sucede por varias razones, la
primera, mientras el mundo ve disminuir sus recursos naturales a gran velocidad,
Venezuela lo que hace es sumar reservas, descubrir yacimientos, ralentizar su
propio desarrollo y disminuir su población por la migración forzada y mostrar
un país vulnerable, despoblado y fácil de tomar.
Segunda, el chavismo ha trabajado con denuedo
en prepararnos como víctimas propiciatorias, su idea era entregarnos a sus amos
políticos y lo que hicieron con el país fue “ablandarlo”, adobarlo con
resignación y desesperanza, torturarlo hasta que el miedo y el horror calara en
nuestras almas, pero paralelamente, le pregonaba al mundo con descaro y sin
prudencia, lo atractivos que éramos para el mejor postor.
Tercero, trataron de anular nuestra identidad,
borrar nuestra memoria y cambiar nuestra historia, la idea era quitarnos el
piso bajo nuestros pies, y en su lugar, construir la utopía socialista, una
precaria tarima para un nuevo hombre, una casa grande y unos ideales comunales,
pero para ello tenían que derrumbar las figuras de nuestros padres fundadores,
en especial la de Simón Bolívar, debían falsificar la historia de Venezuela
para lograr su cometido y en esa misión se empeñaron a fondo.
Simón Bolívar es y ha sido una figura admirada
mundialmente, su obra, extensa y profunda es estudiada al detalle, su
personalidad es un mosaico de complejas relaciones y creencias que configuran
una de las figuras más completas del siglo XVIII, su vida pareciera escrita por
un Homero, dándole vida a una tragedia que augura la modernidad de las naciones
y muchas de sus penurias, es un personaje universal que probablemente nació en
el lugar equivocado, pero para fortuna para la América hispana es nuestro a
pesar de los perros que le ladran desde el camino.
Luego de 27 largos años, cuando Venezuela
estaba postrada y sometida a la dictadura de un partido único, cuando la
nomenclatura chavista pensaba que el patio era de ellos y su voluntad la ley,
el cúmulo de errores, de crímenes y abusos, de traiciones y contrarevoluciones
les estalló en el rostro, en el vano orgullo que ciega a los que alcanzan el
poder sometiendo a los más débiles, no midieron el alcance de sus crímenes y
fue cuando intervino el imperio norteamericano, y de un solo manotazo les
arrebató el poder.
Pero el mal ya estaba hecho, el ethos del
venezolano estaba dañado, nuestra narrativa parecía un monstruo hecho de
retazos, y lo que una vez fue cultivado con respeto a la verdad, con rigor
histórico y documental, se había convertido en una colcha de retazos pegados,
sin ningún orden ni consideración por nuestro pasado real, privando las
fantasías de una ideología para descerebrados.
Y al primero que perdimos fue a Simón Bolívar,
el chavismo convirtió su rostro de un patizambo que contradecía los estudios
más rigurosos sobre como lucía el hombre que cambió para siempre la verdadera
naturaleza de Hispanoamérica. Chávez necesitaba a un pardo, no a un criollo,
para su transmutación, si quería hablar por él, ser su “hijo”, tenía que
parecerse a él, no solo físicamente, también desde su estructura mental y hasta
trató de adulterar su árbol genealógico.
Pero meterse con Bolívar es sumamente difícil,
no solo su vida fue ampliamente documentada gracias a sus secretarios y
edecanes, a las observaciones que hacían las personas que le conocieron, sino a
su propio legado de correspondencia, papeles de estado, observaciones, inspiraciones,
diarios, comentarios, proyectos políticos, confesiones… son pocos los hombres
de su siglo que hayan escrito tanto como Bolívar, su pensamiento está muy bien
conservado a pesar de las difíciles circunstancias de su azarosa vida, varios
archivos contienen su pensamiento, buena parte de su propio puño y letra, su
figura fue registrada en varias etapas de su vida en retratos, grabados y
bocetos, la descripción de su físico está plenamente estudiado sin margen a
equívocos, solo a unos locos se les ocurriría falsificarla y publicitarla como
cierta y apegada a la ciencia, pero este tipo de excesos es propio de gente
fanática e ignorante.
Esta adulteración del personaje histórico
abrió las puertas para que esa corriente subterránea del antibolivarianismo,
esa leyenda negra de la gesta del Libertador de América se envalentonara y
surgieran los ataques hacia nuestra máxima figura nacional, sobre todo porque
los más furibundos panfleteros provenían de la izquierda decimonónica tanto del
continente como de Europa, todos antiimperialistas, anticolonialistas, indigenistas,
hispanistas, marxistas y bolivarianistas de nuevo cuño, es decir:
revolucionarios socialistas bolivarianos, muchos de los cuales ya circulaban en
las selvas del subcontinente en columnas guerrilleras y frentes de liberación.
Así parecería que Simón Bolívar se había atomizado,
por un lado el republicano conservador representante de las oligarquías más
rancias de los Virreinatos y Capitanías Generales, el patiquín criollo que
hacía delicias en las corte de España y Francia, el militar duro y sanguinario al
que no le temblaba el pulso para aplastar a sus enemigos, tal y como habrían
hecho con él si lo hubieran derrotado, el super espía de los ingleses, un
protonapoleón tropical y tirano de siete leguas, pero en el lado contrario, y
en plena contradicción con el primero, el revolucionario insigne, el líder de
negros e indios que luchaba por liberarlos, el conquistador heredero de Cortez,
que fundó utopías socialistas y liberó cinco naciones del yugo imperialista
español, el que rompió las cadenas de la opresión…
Cuando el mundo vio asombrado el tríptico
inmortal de Chávez, Bolívar y Jesucristo que la propaganda del gobierno
revolucionario se atrevió a publicar, en ese preciso momento, Fidel Castro decidió
que su pupilo había ido demasiado lejos, que era momento para ponerlo a dormir
y buscarse a alguien más dócil y menos pomposo; pero el flanco ya estaba
abierto, el país estaba inundado de propaganda e ideología chavista, nadie se
preocupaba por rebatir las mentiras, las exageraciones y fantasías que la
izquierda hispanoamericana vociferaba a los cuatro vientos, efectivamente
pagadas con el presupuesto de la nación.
Nunca Bolívar había sido tan maltratado y
abusado, jamás en nuestra historia un gobierno se dedicó a degradar la figura
del padre de la patria, y con él, la imagen-país, ése que iba a identificarnos
en el pedregoso camino hacia la supuesta multipolaridad, hacia la construcción
de una sola América, hacia un mercado común del sur globalista, hacia ese muro
de contención contra nuestros vecinos del norte, que sólo querían oprimirnos y
someternos.
Y cuando estos sueños empezaron a convertirse
en pesadillas, producto de una ingesta de un mondongo en mal estado, cuando la
izquierda empezó a resquebrajarse y los “pueblos arrechos” gritaban por hambre
y libertad, los venezolanos habíamos quedado al descampado, huérfanos de una
historia que pudiera explicarnos aquella terrible odisea, carentes de razones y
explicaciones a nuestra profunda crisis existencial… ya habíamos olvidado quienes
éramos y donde veníamos.
Es por ello que estimo necesario y justo, en
estos tiempos de la comunicación instantánea, del internet y las redes
sociales, del “fakenews” y los “influencers”, de una IA controlada por
complejos algoritmos, responderle a esas voces que no dejan de insultar la
memoria de un héroe, que no reparan en destruir una reputación, aún si es
histórica, con más razón si es histórica, porque sus pobres interpretaciones de
hechos que ocurrieron en un pasado remoto, tienen toda la intención no solo de
enlodar la memoria de un hombre, sino de envilecer el espíritu de todo un país.
Denostar en contra de Simón Bolívar sin
argumentos válidos, tergiversando sus palabras y falsificando sus motivos solo
para aliviar una frustración, para ocultar una carencia o para complacer bajos
instintos es ya de por sí un acto de cobardes, pero hacerlo en contra de un
pueblo que está en contra de las cuerdas, abusado y violado, boqueando por aire
y con un contrincante que quiere hacerlo desaparecer es nada menos que un
asesinato en masa, una hecatombe cultural que no se debe permitir.
En las próximas entregas presentaré los
alegatos en contra de las más absurdas acusaciones e injurias que han tratado
de enlodar el buen nombre del Libertador Bolívar, espero cumplir con dar luces
en un terreno que solo deberían abordar los expertos y estudiosos, y no un
caraqueño común, agobiado por la férula del impostor y el abusador.



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