Un buen amigo me
prestó el libro Argument without end (Public
affairs, 1999) cuyo subtítulo es: En busca de respuestas a la tragedia de
Vietnam, y es un trabajo excepcional de investigación histórica, dirigido por
quien fuera Secretario de Defensa de EEUU, Robert S. McNamara (1916-2009).
El mismo es un
detallado informe de las reuniones que se llevaron a cabo tanto en Hanoi,
Vietnam como en Bellagio, Italia, de expertos, académicos y participantes directos
de este episodio bélico, de ambos bandos, en el que murieron más de 3.8
millones de vietnamitas entre civiles y militares, y 58.000 norteamericanos,
una guerra que en la que McNamara participó como jefe del Pentágono de 1961 a
1968, guerra que terminó con la caída de Saigón en 1972 y con el retiro
definitivo de las tropas norteamericanas.
Cuando fui a estudiar
a USA en 1971 muy pronto me vi involucrado en las protestas estudiantiles en
contra de la guerra de Vietnam, llegué a Michigan State University en East
Lansing, justo cuando un grupo radical de jóvenes descubrieron que en el
Departamento de Ciencias Políticas de la universidad se planificaban los
bombardeos intensivos sobre Vietnam, allí se escogían los blancos a destruir,
llegué justo en medio de una batalla campal sobre uno de los terrenos más
hermosos (campus) del país, con edificios venerables, jardines impecables,
bosques cuidados con esmero, hasta un río atravesaba aquellos espectaculares
espacios, y sobre ellos sufrí la carga de la policía montada repartiendo golpes
con enormes palos, respiré por primera vez los gases lacrimógenos, el que era
mi compañero de cuarto fue arrestado al tercer día de mi llegada y se hizo una
colecta en mi piso para pagar su fianza.
Vi todas las tardes en
el noticiero, primero, el listado de los estudiantes que había salido en el
sorteo para el servicio militar, y al cierre, el listado de las bajas sufridas
en la guerra, estudiantes de esa universidad muertos en acción, igualmente, un
tiempo después, vi por la TV, en directo las impactantes imágenes de la caída
de Saigón, el desespero de la gente en las instalaciones americanas tratando de
huir, el helicóptero arrojado desde un techo para despejar el espacio, imágenes
que marcaron mi vida.
Tanto Vietnam como el
Sr. McNamara eran temas recurrentes en el Michigan de mi época, varios amigos de
mi universidad fueron a pelear y algunos no regresaron, y McNamara era tenido o
bien como un político sanguinario que planificaba genocidios, o como un tecnócrata
brillante, un genio en la administración de empresas prestado a la
administración pública, y de acuerdo a varios estudiosos del tema diplomático
su influencia fue importante para evitar una conflagración nuclear. McNamara era una leyenda en la ciudad de
Detroit, se le recordaba como el hombre que salvó a la Ford Motor Co, con la
introducción del modelo Falcon, un carro económico que acaparó las ventas de
autos populares, y porque introdujo los cinturones de seguridad en todos sus
modelos, salvando de esta manera incontables vidas en las carreteras y
autopistas.
El tema de la guerra
de Vietnam me interesó por dos razones, soy un admirador del trabajo
desempañado por el Sr. McNamara a quien he seguido con interés su excepcional
carrera, en su temprana juventud como estadístico investigador para la Fuerza
Aérea, en el estudio que se le hizo a los bombarderos B-52, el arma con la que
los norteamericanos doblegaron al espíritu guerrerista japones durante la
Segunda Guerra Mundial, luego, en la postguerra como Presidente de la empresa
automotriz Ford, del que fue uno de los ejecutivos mejor pagados del mundo,
para después alistarse como Secretario de Defensa para la administración del
presidente Kennedy y posteriormente con el presidente Johnson, en los que la
Crisis de los misiles con Cuba y la Guerra de Vietnam acapararon su atención
como burócrata, una vez que estuvo fuera del gobierno se desempeñó exitosamente,
por 13 años, como presidente del Banco Mundial.
Pero fue la guerra de
Vietnam la que ocupó su mente en el ocaso de su vida, además de un intelectual
de primera línea, era un humanista a carta cabal, el hecho de que había tenido
que lidiar de primera mano con conflictos tan peliagudos en la llamada Guerra
Fría, se obligó a hacer una revisión de sus actuaciones durante aquel período
tan difícil de la historia, su libro En Retrospectiva (1995) y el
documental dirigido por Errol Morris, The Fog of War (2003), dan una
visión bastante exacta de la labor de este extraordinario ser humano, quien no
ocultó su sufrimiento y arrepentimientos sobre los hechos y decisiones
importantes en las que figuró como uno de los responsables de los conflictos
armados que afectaban a su país.
Pero la segunda razón
que me impactó de este libro, Argument
without end , es el
conocimiento profundo que logran desarrollar los participantes en este singular
debate, donde se sentaron frente a frente los otrora encarnizados enemigos,
norteamericanos y vietnamitas, para tratar de dilucidar lo que en realidad provocó
aquella tragedia, que principalmente fue producto de la desinformación y falsas
creencias que tenían ambos contrincantes sobre el otro, y a medida que se daban
los debates, surgía esta inmensa brecha de comunicación y empatía que era
justamente el rol y el significado de la diplomacia y las relaciones humanas, y
que muy pocas veces estuvieron presentes durante ese conflicto.
Allí descubrí, entre
otros temas, como los gobiernos norteamericanos preferían escoger a figuras de
poder, útiles a sus propósitos de defensa en contra del comunismo a líderes que
pudieran sostener gobiernos de transición, ya lo había hecho en Corea del Sur
dándole el apoyo al líder Syngman Rhee, quien se convirtió en dictador haciendo
fraude en las elecciones, y provocó serias violaciones de derechos humanos, en
Vietnam los japoneses habían impuesto a Bao Dei quien asumió el poder como
emperador, igualmente un tirano con mano dura y que los franceses apoyaron
cuando ellos tomaron Vietnam en 1950.
Luego de la Segunda
Guerra Mundial, Francia negoció con Washington su apoyo a la conformación de la
OTAN solo, si los americanos los asistían con Vietnam con la que tenían graves
problemas de seguridad, ya para ese momento tanto China como Rusia apoyaban a
las fuerzas insurreccionales de Ho Chi Minh que luchaba por un Vietnam independiente
y unido. Los americanos temían que toda la región de Indochina cayera bajo la
égida comunista, e inventaron la teoría de los dominós, si caía Vietnam
arrastraría a Laos, Camboya, Birmania y Tailandia, y perderían una importante
región estratégica en Asia.
Ya embarcados en el
conflicto por Vietnam, los americanos en reuniones sostenidas en Ginebra
decidieron dividir Vietnam en dos partes, ellos se encargarían de apoyar al
gobierno de los territorios al sur del paralelo 17, que fue heredado por Nog
Dinh Diem, un enemigo acérrimo de un Vietnam unificado, un tirano que sentía
poco aprecio por su pueblo y que sería el hombre de USA en aquellos territorios,
para más adelante, después de la estrepitosa caída de Diem, el poder quedara en
manos de Park Chung-hee, otro dictador.
Cuando los franceses
se fueron de Vietnam derrotados en 1955 y le entregaron aquella colonia a EEUU,
Diem se había convertido en un tirano, no quería elecciones, perseguía a sus
opositores y los ajusticiaba, tenía a miembros de su familia gobernando (su
hermano Ngo Dinh Nhu era Director de la seguridad interna de Vietnam del sur), y
los EEUU contribuía con el 80% del presupuesto, guardando las distancias, veo
un paralelismo entre los hermanos Rodríguez y los hermanos Diem, eran gobiernos
impopulares que no tenían ningún interés por la gente excepto para someterlos a
su voluntad, los hermanos Diem murieron asesinados.
La noción de que en un
país en reconstrucción necesita de un operador político fuerte, con ascendencia
entre el estamento militar y excluyendo del poder a las otras facciones, nunca
funcionó ni en Corea ni en Vietnam, y le costó a USA una enorme cantidad de
recursos y vidas mantenerlos en sus puestos, para que al final pagaran un
precio muy alto.
Este tipo de gobierno
marioneta, para salir del paso mientras se consolida una estructura
institucional, pecan de no contar con la participación de las fuerzas de la
oposición, a quienes meten en un congelador a la espera de condiciones
propicias, por supuesto no es el mismo caso, Delcy Rodríguez está mucho más
supervigilada que lo que estuvo Ngo Dinh Diem o Park Chung-hee, y con una presencia
administrativa y de inteligencia norteamericana en Venezuela de primer nivel,
pero no contar con representantes de la sociedad civil en esta etapa de
estabilización debilita la posición del presidente Trump.
Afortunadamente
Washington está dispuesta a los cambios necesarios para una transición en paz,
donde no se detenga la modernización ni la producción en la industria petrolera
y creo que vienen movimientos importantes en su política hacia Venezuela,
aunque el chavismo esté debilitado, todavía hay grupos radicales que piensan en
darle un golpe de estado a Delcy o en fracturar nuestra unidad territorial aliados
con fuerzas subversivas extranjeras (pudieran intentarlo en el estado Táchira),
pero son ideas suicidas frente al aparato militar norteamericano posicionado en
el Caribe y activado sobre Venezuela.
Al no tomar en cuenta
a la oposición venezolana (y me refiero a esa gran mayoría que no es chavista,
y a su líder María Corina Machado), una veta rica en líderes y operadores
políticos que pudiera servir de contrapeso a la disgregación del chavismo en
facciones en rebeldía, de continuar en este desmontaje del gobierno opresor
pero sin ofrecer alternativas de organización y soporte para que la sociedad no
se sienta en el vacío, se desperdicia un recurso humano y político útil y
dispuesto que pudiera crear un contrapeso importante, sobre todo en las
regiones y en vista a unas elecciones generales que terminen por legitimar
todos estos esfuerzos.
De igual manera es
urgente retirarle al chavismo su dominio comunicacional, su injerencia directa
sobre importantes medios de comunicación desde los cuales todavía sostienen
contactos con sus bases, activos en marchas, concentraciones y actos
“culturales” como conciertos (una manera de lavar dinero sucio), competencias
deportivas, y celebraciones en memoria de sus líderes y fechas importantes para
la revolución. Estos actos culturales son capaces de paralizar las principales
ciudades, introduciendo tarimas y otros obstáculos en plena vías públicas, sin
importar si llenan o no las avenidas de gente (por lo general son solo
obstáculos para impedir el libre tránsito de los ciudadanos en días laborales),
el objetivo es mantener un alto nivel de visibilidad y hacer pensar que ellos
todavía tienen pueblo.
El espectro radial
está lleno de emisoras chavistas que impúdicamente perifonean propaganda
revolucionaria, promueven artistas prochavistas y lo principal, desinforman a
la gente censurando los sucesos importantes del día o torciéndolos de tal
manera que el público termina confundido, estas emisoras se multiplican a lo
largo y ancho del país y son la única forma de estar informados en el interior
del país, la hegemonía comunicacional tiene que ser inmediatamente suprimida si
se quiere que la información fluya a favor de una transición pacífica y
ordenada.
Vietnam siempre ha
sido un modelo a seguir por los revolucionarios chavistas, lo malo es que lo
hacen desde la ignorancia, copian sus formas más populistas, que le sirven a
sus fines políticos, pero carecen del ingrediente principal que ha distinguido
a ese pueblo asiático y que es su nacionalismo milenario, su sentido de arraigo
y pertenencia a la tierra.
Pero como he señalado,
afortunadamente los norteamericanos tienen una capacidad de adaptación rápida y
eficiente, y cuando un plan no funciona, cuando falta un ingrediente o varios
en la posible solución de un escenario, no dudan en dar los pasos necesarios
para coronar el éxito, y eso es lo que pasará en Venezuela.





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