
Sería como decir que también es el laberinto de la Venezuela
democrática y libre. Porque, según lo que le depara el futuro inmediato a
nuestra líder, y en vista a la urgencia del llamado a unas elecciones para
legitimar el poder en Venezuela, María Corina Machado se encuentra en una
posición difícil; primero, no está en el país, el chavismo está haciendo lo
imposible por obstaculizar su ingreso con su aparato judicial, y luego, si
entra, y no me cabe la menor duda que lo hará, las amenazas a su integridad
física no hay que tomarlas a juego.
Pero, quizás, lo más difícil va ser su posicionamiento
dentro de la realidad política que existe en el país. Aunque hay una mayoría abrumadora
que la apoya, va a estar rodeada de partidos y políticos que esperan prolongar
sus existencias acercándose a ella y prometiéndole respaldo; es el “alacranato”
en sus más características funciones, que va hacer lo posible por demoler su
gestión y su patrimonio político.
No nos caigamos a mentiras, toda esa estructura política
aliada al chavismo o, en su defecto, minando la política para su propio
beneficio, como si fueran garimpeiros, quieren tomarse la foto con ella, salir
en los tarjetones apoyando su proyecto, acompañarla en las giras para promover
ellos sus propias agendas, declarar que su interés es el rescate de Venezuela,
para aprovechar la oleada de votos que los hará imprescindibles para constituir
gobierno.
Si definimos el alacranato como la reunión de partidos
políticos y líderes de la oposición falsaria que, de acuerdo a las leyes
electorales vigentes, son los únicos que podrían conformar la estructura
política de un posible gobierno en nuestro país, es decir, los únicos
autorizados para hacerse parte del poder político, entonces las expectativas de
una salida democrática decente y honorable estarían en riesgo.
Sería una situación perder-perder, porque habría que
negociar curules de la Asamblea Nacional con ese chiripero que, de nuevo, se ha
reunido en torno al único candidato alternativo al chavismo que tiene la
posibilidad real de ganar unas elecciones; se trata de unos seres que ya fueron
contaminados por los 26 años de socialismo revolucionario, y algunos vienen incluso
de antes, de la decadencia de los partidos democráticos, esos que fueron “las
comadronas” de ese íncubo llamado Hugo Chávez.
Los cotos de caza de estos políticos, que vienen de
postrarse a los pies del más aberrante militarismo que existe, estarían en las
gobernaciones y alcaldías, en las direcciones de algunos ministerios, en
embajadas y consulados, en las bancadas del Poder Legislativo; sus partidos
serían los únicos registrados y autorizados en el CNE, con financiamiento para
hacer campaña electoral, con la posibilidad de exhibir sus insignias en el
tarjetón electoral, con sus cuotas disponibles de votantes al momento de
repartir los coeficientes electorales, y podrían postular a sus miembros, cuyo
único mérito es haber estado presos en alguno de los centros de torturas del
chavismo, algo así como un premio a su sufrimiento.
María Corina se vería obligada a negociar apoyos y cargos
con gente ya viciada por negociados y traiciones, sin esperar lealtad alguna
salvo la de sus propios intereses, porque son propensos a la traición y tienen
muchas deudas hacia los revolucionarios que les dieron tribuna… algo más, y
esto es lamentable, hay entre estos partidos algunos provenientes de toda una
generación de jóvenes descerebrados, producto de un adiestramiento que no
incluyó los principios democráticos, que permitieron que la corrupción y la
mentira se hicieran sus estandartes.
Entre esta fauna de escorpiones, chínches, chipos y otras
alimañas, María Corina tiene sus opciones de cohabitación muy limitadas, y todo
apunta a que esos sectores estarían apostando al fracaso de su gestión, las
meta más codiciada de sus enemigos políticos, especialmente del chavismo
repotenciado, que tiene sus cofres de guerra llenos de dinero mal habido en el
exterior, cuyas facciones ya están haciendo campaña electoral y se mimetizan
con las circunstancias, cambiando de colores, amos y lenguaje, y que va a tener
infiltrados en el campo opositor.
La epidemia izquierdista, el discurso cubano, la ideología
revolucionaria del ELN y las FARC, el odio incólume hacia “el imperialismo
capitalista”, encarnado en Estados Unidos, el desprecio por el mercado y sus
leyes de la oferta y la demanda, están siendo incorporados en una reingeniería
retórica audaz y sin alma, dentro del nuevo discurso con el que intentarán
continuar en el poder.
Y aunque la candidata María Corina Machado tiene su propia
plataforma política y banderas con el partido Vente Venezuela, las simpatías
electorales están dispersas a grado máximo y Vente Venezuela no está entre los
favoritos, aunque Machado es, definitivamente la candidata presidencial más
reconocida y popular de los aspirantes a Miraflores.
La situación es en extremo difícil, tendría que jugar a
múltiples bandas y con gente muy poco confiable, afrontando un escenario casi
que de post guerra, porque el país está en muy malas condiciones, aunque con la
apertura petrolera hacia el mercado norteamericano se augura una gran cantidad
de inversiones necesarias para aumentar la producción, tanto de crudo como de
gas, y es en este punto que me pregunto si es sensato apurar, como lo están
haciendo, las elecciones.
Los norteamericanos habían previsto dos años de
estabilización económica antes de las elecciones, pero el interinato de la Sra.
Delcy Rodríguez se ha transformado muy rápidamente en una maquinaria bien
aprovechada de propaganda para el nuevo chavismo, y esto tiene muy preocupada a
la oposición democrática, a algunos desesperados, y a los interventores
norteamericanos tampoco los tiene muy felices, pues ya están sintiendo que esta
relación tóxica con los que propiciaron el desastre venezolano, empieza a
salpicarlos con rechazo y críticas que debilitan el llamado que desde
Washington se le hace a los inversionista para que apuesten al país.
La figura de los hermanos Rodríguez y el resto de la banda
chavista, enquistados en el poder con la anuencia del Sr. Trump, no sólo se
perfila como un continuismo peligroso, sino que los posibles éxitos de la
intervención los acapara ese “chavismo recargado” como propios, aunque no lo
sean.
No son pocos los que opinan que las elecciones deben hacerse
ya, contra viento y marea, un día que pase con los chavistas en el poder es un
día más de destrucción del país y de retroceso en las posibilidades de un rescate
a la democracia; para estos críticos, la intervención de María Corina debe
hacerse de inmediato, para ponerle un parado al cáncer moral que está matando
lo que queda de decencia y futuro.
Dentro de los posibles escenarios planteados por
Departamento de Estado para nuestro país, no tengo dudas de que éste haya sido previsto
como una de las bifurcaciones potenciales, eso dentro del espíritu pragmático
que han mostrado los norteamericanos al hacer política exterior, y a los mejor
ven esta situación como positiva, ya que hay empresarios, analistas y
planificadores que prefieren los gobiernos “duros”, de un autoritarismo
moderado, sobre todo cuando se trata de economías petroleras, cuando la
seguridad es indispensable. Con este panorama, María Corina tiene una cuesta difícil
por remontar.
Nuestra candidata va a tener que negociar con este chiripero
redivivo, eso está cantado, y muchos de esos políticos y partidos de la falsa
oposición no sólo van a tratar de aprovecharse de ella, sino que muchos llevarán
una agenda para dañarla; bastaría que los presupuestos sean distraídos por la
corrupción, que la administración pública carezca de medios para exigir la
presentación de cuentas, que las malas mañas del reciente modelo de estado se
repliquen en conductas como el nepotismo, las asignaciones a “dedo” de los
contratos, el cobro de comisiones, o no reportar ingresos en caja, para que esa
serie de prácticas nocivas haga fracasar la mejor voluntad de hacer un buen
gobierno. Hay factores apostando al fracaso de la gestión de María Corina para
que el nuevo chavismo tenga la oportunidad de instaurarse otra vez en el poder.
¿Qué puede hacer María Corina? Por lo pronto, concentrarse
en llevar a cabo la tan esperada reforma electoral, de la ley que la regula, de
sus agencias y direcciones, hacer que el voto llegue a los confines de la
Tierra, adentro y afuera, depurar la tecnología a usarse, los controles, el
conteo y boletines, las mesas, el voto por correo, si se va a permitir, los
anuncios… en fin, hay trabajo y muy técnico a realizar. Para hacerlo bien se
necesita tiempo, asegurar el proceso electoral ya es una gran ventaja; en mi
opinión, se necesita no menos de un año para ajustar todos esos mecanismos a
derecho y en la práctica.
María Corina necesitaría obtener de cada factor político que
la quiera apoyar, una carta compromiso con su gestión, utilizar la contraloría
social para exigirle un apego integral en cada aspecto de su política so pena
de su exclusión inmediata del gobierno.
Si el tiempo lo permite, creo que se debe realizar una gran
campaña entre los empresarios venezolanos y el capital privado para que, por
medio de fondos especiales, fundaciones y otras instituciones, se financie la
puesta al día del conocimiento político en Venezuela; educar a las nuevas
generaciones en política es tan fundamental como ayudarlas en sus
emprendimientos y motivar las innovaciones; hay que rescatar y poner al día conceptos
de moral y cívica, el decálogo básico de cualquier democracia, porque la
economía no funciona aislada en el mundo, requiere de un soporte político que
dicte la norma y los usos de la actividad, 26 años de políticas para la
destrucción del aparato productivo y del ambiente nos han enseñado que ni la
política puede hacer economía, ni la economía debería hacer política.
El qué, cómo, dónde, cuándo, quién y porqué de las
instituciones políticas deben ser materias de cursos seminarios, talleres,
programas especiales para los medios de comunicación, para que puedan llegar a
las escuelas, universidades, lugares de trabajo, espacios públicos… inundar los
centros urbanos y públicos de explicaciones sobre la necesidad de ser honestos
en la vida privada y pública, sobre lo que significa ser un empleado público,
la importancia del voto en una elección, las maneras correctas de llevarse con
los demás, lo que significan los derechos y los deberes, en resumen, ir
construyendo la narrativa que fundamentó esta nación, y que fue dinamitada
durante estos últimos 26 años, la que necesita Venezuela para que fenómenos tan
desgraciados como el chavismo y su clientelismo esclavista no vuelvan a tener
una oportunidad.
De lo que estamos hablando es de desplegar a nivel nacional
una campaña que ilustre, de manera clara y sencilla, la manera de comportarse en
sociedad de los venezolanos; para ello se necesita organizar a la gente,
invertir dinero en comunicar y educar, hacer intervenciones en las empresas e
instituciones para establecer los vínculos éticos que le darán sentido a la
productividad, a la lealtad, a las responsabilidades de patronos y empleados en
las organizaciones privadas y establecer las pautas en funcionarios públicos.
Si los venezolanos no nos ocupamos de ello, otros lo harán
por nosotros; ya hemos visto impávidos como las ideologías más dañinas y
primitivas del mundo están dispuestas a clavarnos sus colmillos ideológicos en
la yugular y convertirnos convenientemente en zombis.
Hay una urgencia en el aire para adelantar las elecciones, posiblemente
no tendremos el tiempo suficiente para diseñar y poner en práctica esta iniciativa
de dotar al país de no sólo de un modelo de comportamiento racional y ético, de
darle una identidad y construir la memoria histórica tan necesaria para poder
ubicarnos y tomar las decisiones más apropiadas. Eso le daría a María Corina una
buena ventaja para hacer realidad una nueva Venezuela.





