Se trata de una gobernanza, de un estilo de gobierno muy particular, que se ve replicado en todos los estados que conforman el país; pero como yo he vivido toda mi vida en el estado Miranda, es el que mejor conozco y puedo hablar con cierta propiedad.
Debo empezar por decir que Miranda es el país
en chiquito, todos sus ecosistemas, sus variaciones climáticas, de orografía y
de población están de alguna manera representados en este rico y variado
territorio, que conforma montañas, selvas, playas, islas, ríos, lagunas,
depresiones, llanos… Sólo nos faltaría tener desiertos y cumbres nevadas,
aunque no nos faltan arenales y páramos.
El estado no solo se distingue por albergar
dentro de su territorio parte del Distrito Capital, que es donde se encuentra
la capital del país, Caracas (la capital del estado Miranda es Los Teques),
aunque su principal puerto y aeropuerto están situados hoy en lo que el
chavismo llama el estado La Guaira, una de esas creaciones gratuitas del
complejo adánico chavista, que consiste en cambiar nombres para reivindicar una
historia revolucionaria y socialista muy particular e inútil.
La fertilidad de los suelos del estado Miranda
es legendaria; ya en tiempos de la colonia, la producción agrícola y pecuaria
era abundante y variada, entre otras cosas por un complejo sistema de ríos de
corta extensión que se despliegan en valles con ricos sedimentos que hacen
posibles una gran variedad de especies vegetales. Su principal cuenca es la del
río Tuy con una extensión de 250 Kms, lamentablemente, al igual que su
tributario, el río Guaire, son cursos de agua altamente contaminados y no aptos
para el consumo humano, un indicativo que ya demuestra el fracaso en la gestión
territorial de este importante estado.
Como centro de la actividad económica y
política del país, gran parte de sus áreas útiles fueron utilizadas para el
desarrollo urbano e industrial; afortunadamente, los gobiernos democráticos
demarcaron dentro de su territorio áreas protegidas, parques nacionales y
monumentos naturales que a duras penas han mantenido a los terrófagos y
supuestos productores agrícolas oportunistas fuera de sus ámbitos, pero luego
de 27 años de chavismo, todas estas reservas naturales se encuentran en
peligro.
El estado Miranda cuenta con 21 municipios y,
debido a su forma de organización centralizada, todos dependen políticamente de
la gobernación, que es el brazo ejecutor del poder nacional, representado en la
figura del Presidente de la República; son muy pocas las funciones que los
municipios ejecutan de manera independiente, aunque se ufanan de contar con
órganos de ejecución autónomos, desde el orden presupuestario, pasando por la
ejecución de obras públicas, seguridad y administración de dependencias
supuestamente descentralizadas, como la recaudación de impuestos, servicios
públicos como electricidad, aseo urbano, agua, salud, etc… Los Consejos
Municipales son apenas apéndices del poder central que a su vez obedecen
ciegamente las directrices que les bajan del Partido Socialista Único de
Venezuela, el brazo político del gobierno revolucionario.
La principal actividad de los municipios en el
estado Miranda es la procura de votos electorales para las campañas políticas,
organizan a la población en los distintos elementos colectivos revolucionarios,
su principal oferta consiste en permitir asentamientos irregulares y no
planificados en las barriadas, lo que incluye a elementos extraños al
municipio, algunos extranjeros, la mayoría gente humilde que viene de interior
en busca de oportunidades cerca de la capital.
Esta política de ceder territorio a estos
grupos de nómadas es favorecida por los funcionarios municipales,
principalmente por los alcaldes, porque no les cuesta nada, y por lo general son
las áreas naturales protegidas las que escogen para iniciar estos nuevos
desarrollos informales de viviendas, cuencas hidrográficas, ABRAES, parques,
bosques vírgenes… allí permiten, incluso promueven la ocupación, con su secuela
de deforestación, creación de conucos, y levantamientos de ranchos que impactan
negativamente el ambiente del municipio y del estado.
Estos barrios informales en formación van a
necesitar de medios de transporte, de electricidad, de vigilancia policial, de
escuela para los niños… las comunidades que allí viven se organizan como
factores políticos y elevan sus petitorios a los Consejos Municipales, sus
políticos organizan todo para hacer propaganda con algunas obras y servicios
que otorgan en detrimento del presupuesto municipal y estadal, vienen los
discursos, las fotos, las caravanas y las promesas.
Con la creación del minúsculo estado La Guaira
se da el caso de un diseño pre-a- porter para que la delincuencia organizada
del chavismo pudiera actuar sin ningún tipo de restricción, el sistema diseñado
para la extorción y la mordida por medio de las aduanas, la imposición de
impuestos a las exportaciones e importaciones, el control de pasajeros y
mercancías en el aeropuerto de Maiquetía, le dieron un inmenso poder a los
organismos policiales y a la Guardia Nacional para el control migratorio.
Con el deslave ocurrido al principio del
mandato de Chávez, la Guaira se convirtió en un laboratorio para convertir los
desastres naturales en un negocio, sobre todo en cuanto al manejo libérrimo que
se hicieron de las llamadas “ayudas humanitarias” que muchas de ellas
terminaron en depósitos y redes comerciales del régimen, pero lo más jugoso de
aquellos manejos de la desgracia humana ocurrió, con los contratos
multimillonarios de viviendas “populares y dignas” para los afectados por los
fenómenos naturales, en una zona cuya recurrencia de estos cataclismos era lo
normal, y como se trataba de una zona turística, de playas, clubes y hoteles
que servían para la atracción turística, el régimen se ideó la creación de una
milla dorada de bienes raíces solo para amigos y socios de la revolución.
En el caso de los productores agropecuarios
oportunistas, son personas cuyo único interés es hacer dinero rápido, con
monocultivos de alto rendimiento, o con rebaños de animales de ciclo de vida
corto como cabras, ovejos, cochinos, que no requieren de grandes inversiones ni
de instalaciones muy complicadas; lo que esa gente busca son terrenos amplios,
cerca de Caracas para no tener que gastar en el transporte, con agua y
vegetación para ahorrase gastos en alimentos y manutención, hacen corrales
improvisados y sueltan los animales para que se mantengan del medio ambiente,
lo que sin lugar a dudas acarrea un rápido deterioro ambiental; es común que,
para ocultar sus intenciones de medrar del medio ambiente, se escuden detrás de
gremios o asociaciones de productores que les apoyan en mantener un mínimo de
condiciones de salubridad y una dudosa
imagen de profesionalidad.
Esta pésima manera de entender su
responsabilidad como administradores del territorio municipal, y sumado, el
estatal, tiene su peor demostración cuando ocurren las grandes tragedias
naturales en el territorio, deslaves, terremotos, incendios y cualquier otro
gran cataclismo, que obligan al Estado a movilizar grandes contingentes de
desplazados de manera inmediata y en medio de una emergencia humanitaria; en
ese momento, todas las reglas civilizadas de control gubernamental,
especialmente el municipal, se rompen, lo que vale es el estado de excepción y se
comenten los peores crímenes contra la estabilidad y la calidad de vida de los
municipios.
Estas tragedias no se manejan de una manera
científica y ordenada, lo que importa es desplazar a los pobladores que
quedaron afectados y los mudan del lugar de la tragedia hacia otros parajes,
sin tener en cuenta necesidades, impactos ambientales, presión sobre los
servicios públicos existentes, costos de movilización y estada, tiempo de
recuperación y atención a los afectados, lo que verdaderamente importa son los
presupuestos que se aprueban a la carrera para atender la emergencia.
Un municipio y un estado correctamente
manejados tienen que tener estos eventos inesperados dentro de su planificación
ordinaria, deberían contar de antemano con lugares que sirvan de alivio para
los desplazados, disponer de los recursos necesarios para atenderlos, tener
dicha contingencia presupuestada, saber con qué materiales y personal cuentan
para atenderlos, tener calculado cuál va a ser el impacto en la economía local,
todo esto se reduce a unas cifras en dinero y en personas; lo que no pueden
seguir haciendo los municipios es administrar su territorio como si no tuviera
dolientes y hacer lo que les da la gana, que es lo que sucede cuando se dan
estos eventos y la orden de recibir refugiados “viene de arriba”.
El recibir en sus municipios a estos
desplazados no es un acto de caridad ni de altruismo, es incorporar problemas
que vienen de afuera y agravar los propios, traer miseria y más pobreza al
municipio sin contar con medidas y condiciones para que esa gente pueda de
verdad tener una segunda oportunidad en la vida es un acto cruel, si ya en los
municipios hay problemas de empleo, de viviendas insuficientes, de servicios
públicos deficientes, de seguridad y abastecimiento ¿Qué sentido tiene
agravarlos?... es por ello que la mayor parte de los municipios en el estado
Miranda son entidades pobres y en problemas, con una calidad de vida que da
pena, quizás exceptuando a los municipios que conforman el Distrito Capital.
El estado Miranda ha servido de experimento de
la improvisación chavista desde el primer día de su gobierno, mandan gente
desplazada de un lugar a otro sin importar los impactos que esto produce en la
vida ordinaria de sus habitantes, introducen el caos en el ordenamiento
territorial y deterioran aceleradamente el patrimonio ambiental de las
comunidades; Municipios como Guarenas, Paz Castillo y los que componen los
Valles del Tuy se convirtieron en aliviaderos de las tragedias naturales que
afectan a la capital, y en esta movilización desordenada y tumultuosa ocurren
crímenes inenarrables, como el robo de niños, el tráfico de blancas y el
esclavismo, cientos de personas desparecen sin rastro atrapadas en las redes de
las mafias del tráfico humano.
El mercado de los bienes raíces también se ve
afectado, áreas que habían sido planificadas con un propósito ven de pronto sus
terrenos afectados por campamentos de refugiados, el precio de las parcelas y
de desarrollos urbanísticos completos caen en la debacle, la inseguridad se apodera
de los vecindarios aledaños y lo que antes era una de las principales funciones
de los alcaldes y gobernadores se convierte en negociados y oportunidades para
la corrupción; los gobernadores de Miranda y todos los alcaldes durante estos
27 años del chavismo, deberían ser investigados en sus gestiones, para
exigirles responsabilidades por sus actuaciones en situaciones de excepción,
estoy seguro que muchos de estos funcionarios tendrán que responder ante la
justicia y sus constituyentes por delitos contra la cosa pública, por dañar la
sostenibilidad y el ambiente, pues actuaron para complacer ideologías y egos
criminales, no para construir un país.
Hay que impulsar cambios profundos en la
manera como se hace la política y darle coherencia a la división territorial de
nuestro país, creo que debemos tomarnos muy en serio migrar hacia el modelo
federal de gobierno, pero el de verdad, darles poder y autonomía a las
regiones, repartir los deberes y derechos entre los entes descentralizados,
planificar desde lo local para ir construyendo lo nacional.






