martes, 21 de julio de 2026

Planificar el robo del siglo, por Saúl Godoy Gómez

 



El primer paso de todo robo consiste en penetrar el lugar donde se encuentra el botín a ser sustraído, aquí es indispensable toda la información posible, hay que llegar al sitio de la manera más cómoda y menos sospechosa, disminuyendo el “ruido”, alertas, víctimas y daños colaterales; una vez dentro, el robo se ejecuta, en parte o en su totalidad de acuerdo a un plan que incluye rutas de escape, coartadas en caso de una investigación posterior, limpieza de la escena del crimen para no dejar pistas incriminatorias, y en lo posible, una narrativa preparada para poder negarlo todo.

El caso de Venezuela, un país petrolero que fue despojado de una buena parte de su riqueza por un grupo de narcoterroristas liderados, primero, por el teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez Frías y, luego, por el chofer de autobús de nacionalidad colombiana Nicolás Maduro Moros, con conexiones con los grupos criminales más duros de la escena internacional para su momento, y con la complicidad de algunos gobiernos, fue el robo del siglo y duró 26 largos años.

El robo fue una operación de alta complejidad, que incluía una fachada política nacionalista y de extrema izquierda, que contaba con un aparato partidista-militar para el control social de la población, con su propia maquinaria comunicacional y una extensa plantilla de socios, operarios, expertos en distintas áreas técnicas y profesionales, con un esquema de inteligencia e información ubicado en los cinco continentes y cercanos a los centros de poder más importantes de occidente y oriente.

Fue un plan que se fue forjando en el tiempo, mientras se avanzaba en lograr cabezas de playa en áreas sociales, legislativas, diplomáticas e incluso religiosas, contando con el apoyo de gobiernos socialistas y comunistas, en especial con el apadrinamiento del líder cubano Fidel Castro, quien le abrió a los socialistas bolivarianos muchas puertas, y con el aval de grupos extremistas islámicos, que ya venían posicionándose de la región por medio de hijos de emigrantes radicados en el país.

Visto a la distancia y luego del pasar del tiempo, fueron como teselas o mosaicos de un gran mural, que fueron encajando de acuerdo a intereses comunes, principalmente por el odio y el sentimiento de venganza que muchos de estas organizaciones tenían contra Estados Unidos de América y el sistema capitalista que representaba, y esto era así, entre otras cosas, porque Venezuela era cercana no sólo geográficamente al gigante del norte, sino por filiaciones culturales y familiares cultivadas por décadas de convivencia pacífica y comercial.

Una de los organizaciones criminales de los gobiernos chavistas fue el Cartel de Los Soles, un grupo miembro a la red compuesto por altos personeros de las Fuerzas Armadas venezolanas, que hicieron del narcotráfico no solo una actividad lucrativa, traficando con drogas peligrosas e ilícitas hacia el país del norte, sino que lo hicieron con el ánimo de causarle daño al pueblo norteamericano, a su juventud, quienes eran sus víctimas propiciadoras, pero también con la intención de desestabilizar su sistema económico, aprovechando las libertades para inundar algunas economías locales con dinero de origen ilícito con el propósito de “lavarlo”, propiciando la corrupción, la inflación y la decadencia de los valores democráticos.

Pero esa manera ser y de comportarse contra toda racionalidad y el desprecio que sentían por el trabajo y la libertad humana, los llevó a configurar un esquema superior de criminalidad; se dieron cuenta de que sus gobiernos no eran populares, que sus actuaciones no llenaban las expectativas sembradas por sus promesas electorales, que las diferencias sociales que habían creado producían un gran descontento inexcusable, a pesar de las crisis que creaban artificialmente, y de atribuirle la causa de los problemas a terceros.

Decidieron entonces robarse las elecciones en un gigantesco fraude electoral, pero robarse las elecciones no era en realidad el cofre del tesoro, y aunque ya venían robando los recursos naturales del país, su petróleo, el oro, el carbón, el hierro, el aluminio, los diamantes, la fauna salvaje, el tráfico humano… el mayor botín estaba por configurarse en la deuda externa del país, porque los chavistas le habían tomado el gusto a refinanciar las deudas de los institutos públicos y otros órganos del estado, endeudarse con créditos para la adquisición de equipamiento e instalaciones de ministerios, armamento militar y policial, e incluso ficticios programas espaciales.

El gusto por las comisiones, la coima, el sobreprecio en las obras públicas, los megaproyectos de transporte, la promesa del alivio a la crisis eléctrica, de la construcción de represas, los programas de vacunación y atención a las epidemias, el equipamiento de hospitales, la compra de alimentos… había un mundo de dinero fácil , rápido y abundante que se podía obtener por medio de las contrataciones internacionales, los prestamos multilaterales, las mismísimas expropiaciones de empresas extranjeras, negocios en pleno funcionamiento que sólo había que robárselos a sus dueños legítimos bajo la figura de un decreto de utilidad pública presidencial, y la palabra “exprópiese” se hizo común en los programas televisivos del gobierno.

Pero para hacer todo esto se necesitaba ser gobierno, y tener el apelativo de “legítimo”, avalado por elecciones populares y libres que le dieran autoridad a los ladrones, porque lo sabroso del negocio de endeudarse para no pagar, es que ninguno de ellos iba a responder por los desfalcos y despojos que se producirían, las obras jamás se construirían pero sí se pagarían, por lo menos las comisiones acordadas, y para ello se necesitaba contar con socios dispuestos al fraude, países cómplices que sabían que el negocio estaba en la deuda, y que el país en algún momento sería de ellos; eso pasó con los rusos, con los chinos, con los brasileños, con los españoles… con los bancos vagabundos que conocían el retorcido negocio y les interesaban los papeles para poder venderlos en los mercados secundarios.

Las recientes declaraciones del presidente Trump, revelaron el informe de la CIA sobre los planes del chavismo para cometer fraude electoral por medio de máquinas electorales y sofisticados programas para contabilizar los votos, de manea que lo que quedaba era armar las organizaciones y países veedores que respaldaran la legitimidad de la trampa, cosa que no les tomó mucho esfuerzo en un entorno que favorecía tamaña vagabundería, de esta manera consiguieron algunas ONG´s, representaciones de gobiernos cómplices y algunos árbitros internacionales en asuntos electorales.

Pero los venezolanos no nos estábamos chupando el dedo, no sólo se protestó y se hizo resistencia, a pesar de los candidatos de la oposición falsaria que aceptaban esos resultados totalmente manipulados, se denunció esos manejos, se peleó en las mesas por los resultados reales de las votaciones, y en esto María Corina Machado tiene un estelar papel organizativo que permitió que los venezolanos pudiéramos conocer cómo se falseaba la voluntad popular, y que esos señalamientos llegaran a instancias internacionales, donde empezó a cuestionarse “el mejor sistema electoral del mundo”, a decir de las autoridades chavistas. Bueno, el mejor, para su conveniencia…

Esa deuda externa, que se dice es de 240 millardos de dólares y que el país debe reconocer, es el atraco del siglo contra una democracia secuestrada por el crimen organizado,  la mayor parte de esa deuda fue negociada a espaldas del pueblo de Venezuela, inducida por engaños y trampas, y las pruebas empiezan a emerger; ya no se trata solamente de las actas electorales que prueban el enorme fraude, al verse al descubierto, al no poder utilizar los números forjados por sus máquinas inteligentes de votación, el chavismo trató de introducir como prueba una servilleta donde estaban escritos los resultados y que utilizó el presidente del CNE para declarar el triunfo de Maduro, pero ahora son los informes de inteligencia, declaraciones y confesiones de los involucrados ante jueces federales… el robo del siglo se está poniendo al descubierto. Para perpetrarlo se necesitó de miles de participantes de distintos países, pero la prueba más sólida e innegable es el país, Venezuela tenía un buen futuro pero quedó reducida  reducida a escombros, a la indigencia, por unos revolucionarios de pacotilla, por ladrones y criminales que únicamente merecen la pena capital.

El porqué el Sr. Trump escogió a los hermanos Rodríguez, parte importante de la banda de estafadores que urdió el crimen electoral contra los venezolanos, para montar esta primera fase de estabilización y reconstrucción del país, es una decisión que debe tener su lógica, pero que escapa a mi comprensión; unas personas que no tienen la menor buena voluntad, que son deshonestas, que han demostrado no tener empatía por el pueblo de Venezuela, que han sido enemigos declarados de USA, mal que bien pueden hacer un trabajo de esta naturaleza. Sin duda, las autoridades de Washington manejan información que yo desconozco y que pudiera ser vital para no desestabilizar al país, pero estos sujetos carecen de toda credibilidad institucional y moral, una muestra de ello es la negativa rotunda de varios organismos internacionales en facilitarles fondos retenidos pertenecientes a Venezuela a esa banda de ladrones.

Robar es el motivo principal que impulsa al chavismo, lo tienen marcado en la frente, ninguno de ellos podría justificar sus bienes de fortuna y propiedades ante una contraloría medianamente seria y profesional, y la pobreza que alegan los que quieren defender lo indefendible no se compagina con sus conspicuos estilos de vida, propios de una oligarquía revolucionaria que exhibe sus trofeos; robar es el proyecto en que se basó el aparato del estado del chavismo, desde la presidencia, pasando por los legisladores, jueces, ministros, gobernadores y alcaldes, que son parte de una intrincada red de corrupción, si se permite que estos ladrones se salgan con las suyas, que consigan un perdón y un exilio dorado por sus actos, lo que se va a lograr es estimular que estos comportamientos se hagan dignos de imitar por todos aquellos que prefieran el crimen como vía rápida para resolver sus necesidades.

 

sábado, 11 de julio de 2026

Nuestra relación con USA, por Saúl Godoy Gómez

 

Se acaban de cumplir los 250 años de la independencia de Estados Unidos, una fecha importante para el pueblo hermano de Norteamérica que lo celebra imbuido no sólo de un mundo totalmente distinto al que tuvieron que forjar los padres fundadores, sino que su nación se ha transformado en todo ese tiempo transcurrido en algo completamente diferente a la visión que inspiró aquel proyecto, que con tanta pasión y razón defendieron las mentes más brillantes de su tiempo, en aquellos calurosos días de julio de 1776 en Filadelfia.

Las discusiones, foros, conferencias y actos sobre ese importante hecho histórico se han multiplicado en el mundo académico y político norteamericano, y han servido entre otras cosas para tratar de encajar aquel episodio con la realidad actual, porque el contraste entre el presente y el pasado es abismal, no se tenía idea del salto tecnológico que significaba contar con una IA, armas de precisión autónomas, programas espaciales, empresas privadas y personas trillonarias manejando una economía donde el 6% de la población es dueña del 80% del PTB, una nación en la que el transhumanismo y las combinaciones cyborg son elementos cotidianos, monedas digitales y dinero plástico mueven las transacciones cotidianas, contando con un poder militar global y capaz de mantener múltiples conflictos simultáneos en diferentes partes del mundo.

Nada que ver con aquella sociedad mayoritariamente rural, mercantilista y fervorosamente creyente en el espíritu innovador de su gente, mayoritariamente inmigrantes de la vieja Inglaterra y de muchas partes de Europa, que venían al Nuevo Mundo buscando libertad y nuevas fronteras lejos de los rígidos cánones de las monarquías decimonónicas y de las imposiciones de cultos e iglesias.

Figuras como Jefferson, Adams, Franklin, Hancock, representantes de las 13 colonias (de las 26 que tenían en América), que asistieron a las deliberaciones y la votación para declararse estados independientes, estaban sometidos a enormes presiones; una buena parte de las colonias estaba indecisa sobre el asunto de romper con el gobierno británico, el Rey George III había ordenado reforzar sus dominios en América, decretando un embargo económico contra sus súbditos americanos y enviando naves y tropas para consolidar su presencia y autoridad, sobre todo en Boston y New York.

Ya  los revolucionarios se habían enfrentado en 1775, en los campos de batalla de Lexington y Concorde, y aquel era el tercer Congreso Continental que realizaban para discutir los pros y los contras de declararse estados independientes y constituirse en la Unión Americana; pero los Tories, los partidarios de seguir bajo los términos de la Corona como súbditos ingleses, eran influyentes, el Parlamento en Londres era inflexible con el tema de la independencia, quienes fueran encontrados conspirando serían condenados a la horca.

Pero aún así los independentistas habían logrado avances importantes, estaban comprando armas y pólvora en las islas caribeñas para una guerra que creían inevitable, nombraron a George Washington como cabeza de un nuevo ejército, pero carecían de fuerza naval y los milicianos no estaban entrenados ni organizados para sostener una defensa creíble; todas esas debilidades fueron conquistándose a fuerza de argumentos, negociaciones, panfletos (la publicación masiva del “Common Sense”, una encendida proclama por la independencia publicada anónimamente… - luego se supo que su autor fue Thomas Paine - le dio a la gente las razones para enfrentar la lucha), pero sobre todo, fue el trabajo de hormigas que John Adams y Thomas Jefferson hicieron con cada representante plenipotenciario de cada colonia, fundamental para los resultados.

Tuvieron incluso la iniciativa de enviar a Franklin a Canadá, con la esperanza de convencerlos que se unieran como la catorceava colonia, pero fue inútil. De todos esos esfuerzos de múltiples aristas, hay algo que destaca como la base ética-filosófica de ese cúmulo de documentos y actuaciones, y fue su carácter su carácter humanístico e ilustrado, propio de la época, muy a tono con la formación clásica de sus protagonistas, en su mayor parte abogados, comerciantes, granjeros y hacendados, científicos, militares. Los asuntos controversiales, como el peliagudo tema de la esclavitud y la conformación de un gobierno federativo, se dejaron para posteriores discusiones, lo importante en ese momento era alinear a las trece colonias en un solo objetivo: la declaración de independencia.

El historiador norteamericano David McCullough, en su obra biográfica sobre John Adams, nos comenta sobre ese tenaz y brillante hombre de leyes:

 

“Para Adams la estructura del gobierno era un tema de interés apasionante que hacía las preguntas fundamentales sobre la realidad de la naturaleza humana, poder político y la buena sociedad. Era su preocupación, que por años impulsaron sus lecturas y el intercambio de ideas con aquellos cuyos juicios respetaba… la felicidad de la gente era el propósito del gobierno-escribió- …por lo tanto, la mejor forma de gobierno es la que produce mayor cantidad de felicidad para el mayor número de personas… la felicidad deriva de la virtud, aquella forma de gobierno con la virtud como fundamento, promoverá el mayor cúmulo de felicidad general.”

 

Leer la Constitución norteamericana es leer una de las más completas cartillas de derechos humanos, de principios éticos y visión moral que se hayan escrito en la historia, modelo para muchas otras constituciones en el mundo, incluyendo la nuestra, sus ciudadanos veneran esas normas y las defienden a capa y espada; el debate generado por el nuevo aniversario de la independencia ha puesto de nuevo el aspecto de valores y principios en un primer plano, debo añadir que, en lo personal, estoy cumpliendo 50 años de graduado en Comunicaciones, Artes y Ciencias de Western Michigan University, y tengo el honor de pertenecer a la clase de 1976, año bicentenario cuando, igual que hoy, la historia de aquel episodio fundacional fue también celebrado, revisado y estudiado.

Y hablando de revisiones históricas sobre aquellos acontecimientos, me encontré con un artículo del investigador J.C.D. Clark, publicado el 29 de abril de este año 2026, y cuyo título es “Las consecuencias inesperadas de la Revolución Americana”; visto el hecho desde el punto de vista europeo más que de la mitología americana, el profesor Clark hace varias aseveraciones que me parecieron interesantes, entre las más resaltantes está el importante rol que jugaron las tropas y las fuerzas navales francesas para derrotar el disciplinado ejército de Cornwallis, sin desmeritar el esfuerzo y sacrificio de las milicias locales, pero fueron los franceses quienes lograron arrebatarle el poder naval a los ingleses.

De hecho, nos informa el profesor Clark que Francia sufriría un descalabro financiero grave luego de estos enfrentamientos, Luis XVI tendría que declarar la emergencia económica y Europa entera se vió arrastrada a una espiral de devaluaciones, inflación y desabastecimiento de los que nunca se recuperó para desembocar en la Gran Guerra en 1914; una hipótesis de largo alcance, pero no solo eso, aquellas tropas, de regreso a su país ya estaban impregnadas por el espíritu revolucionario americano y fueron los promotores, según Clark, de la revolución francesa de 1789, una idea nada descabellada.

 

Varios de los padres fundadores americanos eran esclavistas, incluyendo a Thomas Jefferson, quienes pospusieron la discusión del tema en un ambiente donde los abolicionistas ganaban terreno, y donde los mismos ingleses, en sendas sentencias, habían puesto en aprietos a los grandes terratenientes del sur al declarar, de manera expresa, que el Parlamento no reconocía el estatus de esclavo en sus dominios. Las colonias americanas necesitaban con urgencia expandirse y conquistar los territorios hacia el oeste, cosa que los ingleses les tenían prohibido, entre otras razones, porque ya había precedentes que pronosticaban que la ocupación sería total, con el exterminio y el desplazamiento de las poblaciones nativas americanas.

Para el profesor Clark, en subsecuentes Congresos Continentales, las 13 colonias, que ya venían trabajando de manera conjunta y colaborando entre ellas, decidieron establecerse como un gobierno federal, donde la oficina ejecutiva del presidente tendría poderes especiales para poder manejar las crisis que ya se preveían, poderes estos que finalmente se parecían más y más a una dictadura electoral, cada cierto tiempo los ciudadanos elegirían a una persona que tendría más poder que todos los reyes y emperadores juntos.

Cuando el presidente Trump llegó al poder, ya el chavismo se había convertido en un problema de seguridad para los Estados Unidos; empeñados en la retórica revolucionaria bolivariana seguían ladrando y enseñando los dientes al enemigo equivocado y, de un solo manotazo, el hombre más poderoso del mundo, encadenó y encerró en prisión al narcoterrorista colombiano Nicolas Maduro… y, en un giro inesperado, el presidente Trump decidió estabilizar y recuperar a Venezuela con la plana mayor del chavismo, una caterva de ladrones y malvivientes, algunos con recompensas millonarias sobre sus cabezas.

Por medio de la fuerza y su sola presencia, Trump trocó al chavismo desde ser su más procaz enemigo a su mandadero y lame botas, a los fines de explotar nuestras reservas energéticas - las más grandes del mundo, incansablemente presumidas por Chávez ante la comunidad internacional – y, en medio de uno de los vacíos institucionales y legales más notorios de la historia reciente, Venezuela fue ocupada y reservada para un futuro que, aunque incierto, y luego de un devastador terremoto, mantiene a los venezolanos aferrados a la esperanza de salir de la desgracia de un socialismo caníbal. ¡Qué cosas, dentro de las cartas sobre la mesa está la de convertirnos en el estado 51 de la Unión Americana!

 

domingo, 28 de junio de 2026

Cuando el universo se mueve, por Saúl Godoy Gómez

 


Spinoza propone a los filósofos un nuevo modelo: el cuerpo. Les propone instituir al cuerpo como modelo: «No sabemos lo que puede el cuerpo...». Esta declaración de ignorancia es una provocación: hablamos de la conciencia y de sus decretos, de la voluntad y de sus efectos, de los mil medios de mover el cuerpo, de dominar el cuerpo y las pasiones, pero no sabemos ni siquiera lo que puede un cuerpo. A falta de saber, gastamos palabras. Como dirá Nietzsche, nos extrañamos ante la conciencia, pero «más bien es el cuerpo lo sorprendente...».

Guilles Deleuze: “Spinoza, filosofía práctica”.

 

Quiero relatarles lo que sentí al momento de los terremotos en Caracas de este pasado 24 de junio, Día de San Juan, antes de que se me olvide o mis recuerdos se vean modificados por mi conciencia que, como sabemos y nos pasa a todos, no juega limpio cuando queremos recordar.

Me encontraba solo en la casa, estaba en mi cuarto, leyendo una novela de crimen escandinava, que está entre las lecturas que me gustan para entretenerme; afuera todavía era de día pero el ocaso se acercaba rápidamente, los perros estaban afuera y no me percaté al momento, pero era la hora en que los pájaros buscan refugio en los árboles, con un gran bullicio de graznidos y trinos, a lo que estoy acostumbrado como rutina diaria de las especies animales que tenemos costumbres diurnas, pero caí en cuenta del silencio que había en mi parcela, para la hora (iban a dar las seis de la tarde) lo acostumbrado es una gran alharaca de plumíferos buscando recogerse para la noche fría… no le di mayor importancia.

Dos segundos antes de los eventos sísmicos dejé de leer, puse el marcador de la página y cerré el libro, me incorporé, no me bajé de la cama, me quedé esperando, pues presentía que algo iba a suceder, había algo en el aire. Soy sensible a los cambios electromagnéticos de la tierra, esto me pasa desde que era niño, sobre todo antes de las tormentas, una habilidad perceptiva que desarrollé a consciencia, y casi de manera científica, durante mis años de estudiante en Michigan, donde  disfrute de las más espectaculares tormentas eléctricas, de los tornados que eran frecuentes en la población de Kalamazoo, ya que la  zona se encuentra en pleno corredor de tornados, justo entre Detroit y Chicago, y de las grandes tormentas de nieve que soplan desde los grandes lagos.

Es una habilidad muy común, mucha gente puede percibir estas variaciones con su cuerpo, y puede ser desarrollada con la práctica; hay personas que lo sienten en viejas heridas o en algún dedo que empieza a cosquillear justo antes de la tormenta (los científicos dicen que tiene que ver con la baja presión barométrica), por ejemplo, podía predecir, segundos antes que cayera un rayo cerca de donde estaba, lo sentía adentro en mis tripas, se me erizaban los pelos, se me secaba la garganta y cuando se marcaba el centellazo, uniendo el cielo con la tierra, me encantaba el olor a ozono que despedía el rayo antes de que sonara con el aquel ominoso latigazo y el trueno profundo que me calaba los huesos. Y como estábamos en pleno invierno y llueve a menudo y muy fuerte sobre los valles del Tuy, lo que esperaba era un buen palo de agua, nunca un terremoto.

La única experiencia que tuve con un terremoto fue el que acaeció en Caracas en 1967. Recuerdo que estaba bañándome y cuando todo empezó a temblar, salí de la ducha desnudo y salí corriendo a la calle todavía enjabonado, donde ya estaba mi familia y los vecinos en pánico, comentando el evento, era un adolescente; recuerdo que alguien me prestó un sobre todo, sentí el asfalto de la calle bien caliente en la planta de mis pies aunque era temprano en la noche.

En aquel momento vivía en Prados del Este, un suburbio de clase media en Caracas. Ahora estaba en el tope de una montaña, justo a la mitad entre Guarenas y Santa Lucía, rodeado de un bosque de grandes árboles, caobas, pinos, nogales, yagrumos, acacias… mi vecino más cercano, y no tengo muchos, estaba a más de trecientos metros; la farmacia, la policía y la panadería más próximas están a 8 km de carreta rural, para todo efecto práctico, me encontraba aislado, viviendo en un área natural protegida.

Aunque cuento con los servicios básicos, agua, luz y señal telefónica y de internet, sufro de recurrentes cortes del fluido eléctrico, con lo que quiero destacar que vivo rodeado de silencio, escucho música si la pongo… aquí solo estoy yo, los animales y el bosque, un verdadero paraíso para un escritor.

Y como les decía, cerré el libro y esperé, sabía que algo iba a pasar, de pronto escuché un ruido, como si el viento estuviera batiendo el follaje de los árboles alrededor de la casa como antes de la lluvia, pero lo que sentí a continuación fue muy extraño, como si una ola suave de energía inundara mi cuarto. Inmediatamente sentí un ruido sordo, que iba creciendo en intensidad y venía del oeste, parecía que un rebaño de vacas corría desbocado hacia la casa, las pezuñas haciendo estremecer el suelo… me puse de pie y al siguiente segundo, cuando quise salir del cuarto no pude, todo empezó a estremecerse y los libros empezaron a caer de la biblioteca al piso, ya en ese punto sabía que estaba en problemas.

La luz empezó a parpadear, escuché a los perros chillar de terror; cuando llegué a la puerta de mi cuarto es ruido ya era ensordecedor, los árboles crujían, el techo empezó a batirse sobre sus amarres, el suelo a mis pies vibraba, como si fuera el cuero de un tambor tensado, lo que me impedía caminar, vi un extraño resplandor en el jardín y, de pronto, quedamos a oscuras. Habían pasado menos de tres segundos y había un monstruo rugiendo en mi parcela.

Sentí como si enormes ondas levantaban el suelo y mi casa, en ese momento perdí noción de mi yo, ya no tenía personalidad ni identidad alguna, ni conciencia de lo que estaba bien o mal, era puro nervios, huesos y músculos, era carne viva y aterrorizada, lo único que quería era sobrevivir al caos que me envolvía. En mi último momento de lucidez, sólo pensé que aquello era lo que se debía sentir en el punto cero de una explosión nuclear; Saúl Godoy fue obliterado, sólo quedaba su cuerpo, tratando de sobrevivir en aquel mar de energía  telúrica desatada, en medio de un espantoso estruendo. Todo se sacudía, el desorden del mundo estaba a punto de romper la vida en pedacitos y me puse a gritar como un poseído, se sentía como si me estuviera desintegrando a nivel molecular.

Fue largo, me pareció que estaba atrapado en la cercanía de un hueco negro, en una singularidad tan fuerte que me estaba vaporizando, era terror puro, allí no había recuerdos, ni arrepentimientos, ni siquiera dolor… era mi cuerpo tratando de salvarse, luchando por no morir, pude salir del cuarto entre muebles que se rodaban y cosas que caían de las repisas, me era difícil conservar el equilibrio. Recuerdo que grité desesperado como si haciéndolo pudiera parar el pandemónium pero ni siquiera me escuchaba en medio del fragor, era como si el bosque a mi alrededor lo estuvieran arrancando de raíz, el suelo lo sentía que se hinchaba para acto seguido hundirse, sentí que las paredes de la casa me caían encima.

Cuando finalmente los temblores cedieron, estaba de rodillas en el piso frente a la cocina, los frascos, floreros y potes de vidrio seguían cayendo de la despensa y rompiéndose en el suelo, la nevera se había movido de su lugar, mi colección de termómetros estaba en el suelo, los libros de cocina empapelaban el piso, el agua del botellón se derramaba a borbotones, y la bombona de gas parecía que había querido salir corriendo, se lo impedía la manguera a la que estaba conectada, gavetas abiertas, ollas, sartenes y platos rotos componían la escena del crimen.

Fui afortunado, sobreviví sin mayores consecuencias. Cuando recuperé el resuello y el alma me volvió al cuerpo, entró mi perra Tina llorando; la cachorra, Brittany, no apareció, se internó en la selva; como ya era de noche, decidí salir a buscarla con la primera luz del día, estaba agotado y tenía una enorme jaqueca, afortunadamente tenía las linternas cargadas, con tan frecuentes apagones estábamos entrenados para tenerlas listas y a la mano. La negrura de la noche era impresionante, el silencio era total, lo primero que hice fue darle una vuelta a mi casa para percatarme del daño sufrido, no lo podía creer, ni una grieta, las paredes completas, todos los ventanales íntegros, no había frisos desprendidos, el tanque de agua estaba incólume, los muebles y adornos se habían rodado, pero seguían allí, como recuerdo del momento estaban los libros que cayeron de las bibliotecas y la ropa que salió de sus escaparates, y alguna que otra lámpara en el suelo.

Si aquello fue un terremoto debía esperar por alguna réplica, me dije, mientras me colocaba una lámpara de minero en la cabeza. Lo primero que hice fue desconectar el gas, detener las fugas de agua y barrer los vidrios del piso, pero mi mente repetía una y otra vez aquellos momentos límites que había vivido, si eso había ocurrido en una casa de campo, me imaginaba con horror lo que habían sentido miles de personas en la ciudad, atrapadas en sus apartamentos a 30 y 50 metros sobre la tierra… no pude menos que susurrar una plegaria por sus almas ya que, estaba seguro, Caracas sería un caos en ese preciso momento.

Quise hacer unas llamadas, pero no había servicio, tampoco pude conectarme a internet, a mi alrededor solo había oscuridad y un silencio ominoso, me fui a la terraza con una botella de ron y me tomé dos largos tragos, y volví a revivir aquellos angustiosos momentos… estaba admirado de como mi cuerpo, despojado de su espíritu, de su conciencia, sin el Saúl Godoy que usualmente lo habita, había respondido a una situación de extremo peligro y caí en cuenta lo maravilloso que es la naturaleza, todos los cuerpos están perfectamente diseñados para la vida, van a luchar hasta el último momento por ese aliento final y sólo empiezan a apagarse cuando las circunstancias que nos rodean no quieren que vivamos, cuando todo, físicamente, atenta en contra de ese delgado hilo de plata, como diría Lobsang Rampa, que nos une a la existencia, o en su defecto, cuando el yo, nuestra conciencia, pierde toda la esperanza.

También pensé en el universo donde vivimos, enorme, violento e inescrutable, dador de vida y muerte, creador y destructor de estrellas y galaxias, indiferente ante sus creaciones y catastrófico si decide mover una pequeña canica blanca y azul, situada en la Vía Láctea, cercana al Sol, donde existimos dentro de nuestros frágiles cuerpos, hechos para la vida, pero condenados a desparecer en algún momento.

Brittany regresó como a las cuatro de la mañana, en silencio se montó en la cama, suspiró y se enrolló a mis pies.  Tina ya iba por su cuarto sueño. Todo había pasado. Pero dentro de mí, aislado del mundo como en ese momento me encontraba, sabía, por las características de aquel evento sísmico, que era apenas el comienzo de una ordalía para muchos de mis compatriotas en otros lugares del país y por ellos recé un Padre Nuestro en aquella aterradora oscuridad, yo, que me las doy de ateo y de libre pensador... el cuerpo es cobarde pensé, y me dormí.



miércoles, 24 de junio de 2026

Un país de adictos, por Saúl Godoy Gómez


Pensando en lo complejo la situación política y social en Venezuela, luego de los sucesos del pasado 03 de enero, y tratando de poner en contexto las diferentes piezas de nuestro rompecabezas existencial, me puse a ver una serie de televisión, de la plataforma Hulu, titulada en inglés “Dopesick” (2021), que es como los norteamericanos les dicen a los devastadores efectos del síndrome de abstinencia, cuando un paciente es tratado por adicción a alguna substancia de la cual depende.

Es la historia, basada en hechos reales, de una feroz batalla, entre una poderosa industria farmacéutica y las agencias federales del gobierno de Estados Unidos, por controlar una epidemia de drogadicción general desatada por la introducción de un potente analgésico, el OxyContin, con base a opioides (el opio y la heroína lo son), pero viene disfrazado de un inofensivo medicamento contra el dolor. La escogí porque soy un admirador del trabajo de actuación de Michael Keaton, a quien considero uno de los mejores en su oficio, y se la recomiendo; es una historia muy bien contada y que, de una manera muy particular, me hizo reflexionar sobre la encrucijada en la que nos encontramos los venezolanos.

Una de las cosas que me hizo caer en cuenta con esta miniserie es que las instituciones en Estados Unidos funcionan, puede que sus acciones tarden, sobre todo si son manipuladas y engañadas, puede que en ese interín haya víctimas y se produzca un daño a la sociedad, puede incluso que la corrupción y el dinero traten de desviar las investigaciones y los resultados, pero al final se hará justicia, no tanto en el sentido de las fábulas con fines morales donde los héroes salen sin un rasguño y la felicidad será desbordante, en esta historia abundan las víctimas y los caídos de bando y bando, el resultado nos muestra un camino lleno de almas rotas… pero la sociedad se salva.

Haciendo un símil con nuestra realidad, Venezuela venía sufriendo desde hace mucho tiempo de una adicción ideológica al pensamiento de izquierda, no solo con el chavismo, anterior a la insurgencia de esos militares, ese mundo de fantasía basado en términos como la justicia social, la igualdad, el colectivismo y la figura de un estado gigante, fuerte y autoritario, paternalista y justo distribuidor, ya venía haciendo estragos en nuestro concepto de la realidad y disfrazado de democracia, y desde hacía décadas ya estaban en el ambiente todos los elementos de alarma, actuando en nuestra contra, la guerrilla, la revolución cubana, la perversa ecuación socialista de mantener al pueblo hambreado, ignorante y dependiente como fórmula para la paz social…

Los partidos políticos ya venían envenenados de marxismo-leninismo y fogueados en la resistencia activa y armada contra las dictaduras, la iglesia estaba tocada por idea de la liberación del colonialismo y de la explotación capitalista, las élites y la intelectualidad estaban imbuidos en el humanismo europeo, con fuertes trazas del existencialismo sartreano y muy poco del componente analítico anglosajón; en ese peligroso coctel de dogmas surgió la posibilidad de hacer negocios con el narcotráfico, éramos productores de la materia prima, de los precursores, la hoja de coca, de la marihuana, del peyote… producir las flores de amapola se nos dio fácil, los campos y montañas eran del pueblo y teníamos al mayor mercado del mundo a un tiro de piedra.

Al igual que en la serie televisiva de Dopesick, se desarrolló en las propias entrañas de la sociedad el cartel o sindicato que manejaría el negocio, en el caso de la serie, el cartel era una de las farmacéuticas más poderosas en el negocio, la empresa Purdue Pharma, perteneciente a la familia Sackler, que decidió lucrarse a costa de la salud pública desarrollando un supuestamente efectivo medicamento contra el dolor, que en realidad era una droga super adictiva y que creo una situación de graves consecuencias sociales, lo que pudo mantener durante unos años gracias a sus prácticas ilícitas de comprar y falsificar resultados,  corromper a funcionarios, comprar médicos y engañar al público con campañas malintencionadas. En el caso venezolano, fue el propio gobierno del presidente Chávez el que se convirtió en el super-cartel que manejaría no solo drogas sino petróleo, oro, dinero corrupto y otros elementos que lo harían la mayor organización criminal del continente.

El paralelismo en la historia comienza en el disfraz que usaron ambos carteles, estaban obligados a mantener una fachada institucional, profesional y seria que les permitiera cometer sus crímenes amparados en una imagen y un discurso que los distanciara de sus verdaderos propósitos. En el caso de la empresa Purdue Pharma, era el prestigio de la familia Sackler, los más importantes contribuyentes a las causas del arte y la academia; la empresa se envolvió en el discurso de acabar con el dolor humano y hacer la vida más digna, su producto, el OxyContin era la panacea para combatir los dolores que más aquejaban al ser humano, pero en las calles la gente que lo usaba quedaba atrapada en una terrible adicción que los degradaba y los hacía cometer terribles crímenes.

En el caso del chavismo, el estamento militar se convirtió en la punta de lanza de un movimiento socialista-revolucionario que abogaba por un nuevo orden mundial, por un país más justo y humanista, dedicando los enormes recursos petroleros del país a programas sociales dirigidos a la atención de los más necesitados, una conveniente pantalla para ocultar el saqueo de los dineros públicos más salvaje e inmoral del que se tenga memoria en el mundo entero. Chávez, junto a sus compinches del socialismo internacional, habían decidido que la mejor manera de camuflar sus actividades ilícitas: tráfico de drogas, lavado de dinero, corrupción, elecciones fraudulentas, financiamiento a grupos terroristas, compra de conciencias en organismos internacionales, tráfico humano… era presentarse como representantes de un gobierno legítimo, como parte de la comunidad internacional con voz y voto en los foros mundiales, soberano y con la moral del revolucionario que buscaba la paz y la concordia en un mundo multipolar.

En ambos casos, tanto con el chavismo como con la empresa Purdue Pharma, el interés era hacerse con el mercado del país  más poderoso del mundo, los Estados Unidos, burlar sus leyes, corromper sus instituciones y hacerse con el dinero mal habido, que lavaban en los bancos con argucias de todo tipo, mientras dañaban al pueblo norteamericano, y esto lo pudieron hacer durante un tiempo, el suficiente para que las instituciones norteamericanas se dieran cuenta de la situación y actuaran para corregir el entramado. Aquí me detengo para hacer una observación, el gobierno norteamericano, su sistema jurídico, sus valores democráticos, funcionan porque fueron diseñadas y construidas para prevalecer sobre las circunstancias más adversas, es un país pragmático que ha pasado por conmociones civiles, por guerras mundiales, por terribles situaciones y crisis en las que ha probado su resiliencia, se ha equivocado y ha aprendido a corregir; se trata de una sociedad en la que prevalece la importancia de la persona individual, aun cuando el bien común sea la meta a alcanzar.

Pero en Venezuela, como en buena parte de Latinoamérica, las ideologías colectivistas han prevalecido y el populismo ha encontrado tierra fértil, el juicio crítico ha sido sustituido por slogans y memes que resuelven al hombre común el trabajo de pensar, la acción se ha delegado en aparatos políticos que se creen dueños de la voluntad popular o a líderes mesiánicos que dispensan favores desde cortes que los idolatran; de esta manera, la “unidad” de nuestros representantes es suficientes para que la política se haya convertido en algo extraño e irreconocible, eso que termina hablando por nosotros, decidiendo por nosotros… nos hemos convertido en adictos al socialismo más pedestre, vicioso y amoral de la historia.

Mientras, en Estados Unidos las personas importan y hacen escuchar sus voces: eso hace que las instituciones se activen, que los distintos estamentos del gobierno investiguen y coordinen esfuerzos para resolver situaciones que se salen de control o para prevenir amenazas; fue de esta manera que organismos como la DEA, las fiscalías de los estados, los gobiernos locales, la prensa libre, la misma FDA, que se había hecho de la vista gorda ante la avalancha de drogas dañinas que Purdue Pharma introducía en el mercado, tuvieron que activarse y detener el caos social que esas drogas estaban produciendo.

De la misma manera, los Estados Unidos tardaron su tiempo en detectar el inminente peligro que un gobierno como el chavista en Venezuela representaba para su seguridad nacional y para el orden internacional, pero cuando lo tuvieron claro no dudaron en actuar para contener el caos, de allí su actuación con la captura de Nicolás Maduro y el juicio que ahora se le sigue en la ciudad de New York. Pero, como todavía persiste la amenaza de que Venezuela vuelva a recaer en su adicción al socialismo y a las fórmulas populistas, porque nuestras riquezas naturales y nuestra importancia geoestratégica son apetecidas por los enemigos de los Estados Unidos y porque nuestro estamento político tiene un comportamiento errático y disfuncional, nos han impuesto un tutelaje hasta nuevo aviso.

En la agenda figura en primer lugar rescatar nuestro pueblo de la miseria en la que nos tenía sumido el chavismo, asearnos, alimentarnos, cuidar de nuestra salud es lo prioritario; luego tenemos que tratar nuestra adicción a la ideología socialista que tanta desgracia nos ha producido, hay que perseguir y apresar a los traficantes y capos que todavía quedan enriqueciéndose con nuestra desgracia; pero como muchas de nuestras instituciones están comprometidas con los criminales, el trabajo se hace lento y pesado, liberar a nuestros presos políticos es un ejemplo de lo duro que han sido estos meses sin el jefe del cartel pero con sus esbirros todavía en el poder.

Rescatar nuestra economía, adecentar nuestro medio de vida, activar la producción de bienes y servicios nacionales es también una prioridad. Los vendedores de droga, los violentos, los terroristas, todavía andan por sus fueros queriendo retornar a sus viejas prácticas, tratando de convencernos de que con ellos se vivía mejor, nuestra clase política está otra vez vistiendo sus galas y oliendo a perfume para tratar de convencernos de que con la unidad, el perdón y la participación de todos un nuevo comienzo es posible, los enemigos de los Estados Unidos andan rondando el país para aprovechar la fiesta de la redención… estamos en pleno proceso de desintoxicación ideológica y quieren volver a vendernos drogas de todo tipo, ideológicas, económicas, religiosas, sociales…

Como a todo adicto, el proceso de desintoxicación y de recuperación física y mental toma su tiempo, no es inmediato, por eso se usan otras drogas, como es el caso de la metadona en la recuperación de adictos al OxyContin para tratar esas adicciones, y puede haber un retroceso si por desgracia hay en nuestros grupos de apoyo vendedores de drogas infiltrados, que retrasan y hasta impiden el proceso de sanación.

El paciente sometido a una cura de su adicción se desespera, se impacienta, algunos abandonan el tratamiento y vuelven a recaer en las drogas, para muchos eso sería fatal pues están tan debilitados que simplemente, mueren. Se necesita una enorme fuerza de voluntad y un compromiso con la vida para salir adelante, se requiere de un buen vecino, de un verdadero aliado para que nos acompañe en esta terrible prueba, que si resulta, y todo pareciera indicar que así será, tendremos paz, prosperidad y una relación de cordialidad y mutua asistencia, la serie de Dopesick es un buen ejemplo de lo que les digo, no se la pierdan. 



miércoles, 17 de junio de 2026

El costo ambiental de la IA, por Saúl Godoy Gómez

 



Es muy difícil determinar el daño ambiental de una tecnología desde el asiento del consumidor de las bondades de esa tecnología, quienes utilizamos nuestros teléfonos inteligentes, nuestras computadoras portátiles, quienes consumimos horas de programación digital en nuestros receptores, bien sea por entretenimiento o trabajo, quienes buscamos información en la red, bien sea para invertir nuestro dinero o para buscar un buen restaurant o una clínica dental para nuestro chequeo anual, o haciendo pagos automáticos con nuestros celulares o averiguando una dirección lejos de nuestra residencia, lo último que nos preguntamos es si estos aparatos y el servicio que prestan tienen algún tipo de huella ambiental.

La Inteligencia artificial que hace apenas 10 años atrás prácticamente no tenía relevancia en nuestras vidas, se ha convertido hoy en un elemento fundamental, de hecho, la civilización actual reposa sobre la estructura digital de una IA robusta,  es decir, rápida, diversificada y sin límites, cada minuto que pasa, define más y mas no solo quienes somos, cuanto valemos y cuál es nuestra calidad de vida, sino que nuestro trabajo y muchas de las actividades rutinarias que hacemos sería imposibles sin la IA.

Cuando hablamos del ciberespacio, de “conectarnos”, de bajar información, de navegar, de guardar en la nube, no son simples alegorías, es parte de nuestra realidad, estamos envueltos en un intenso intercambio de información con otras personas, con máquinas, con instituciones, e incluso con otros países y culturas, utilizando cualquier cantidad de aparatos y dispositivos, sin importar idiomas ni donde estemos al momento, toda esa actividad tiene una estructura física que la hace posible, esos cables, antenas, satélites, subestaciones, centros de data, nuestros mismos teléfonos y laptops están hechos de materiales que tienen su origen en la tierra, son minerales que deben ser procesados y convertidos en materia prima de la que se derivan, por medio de complejos procesos químicos y físicos, en los componentes que constituyen las partes y mecanismos que finalmente se ensamblan, en fábricas usualmente robotizadas.

Para que un teléfono inteligente o una computadora llegue a nuestras manos, sus componentes tienen que pasar por una serie de procesos, técnicas, calibraciones, permisos, certificaciones por parte de empresas, decenas de ellas, la mayor parte desconocidas por nosotros, que hacen posible que podamos ir a una tienda y adquirir estos productos, que harán nuestra vida más fácil por lo menos hasta que su vida útil lo permita, que por lo general varía entre los 3 y 4 años, luego de los cuales serán descartados y sustituidos por nuevas versiones. Los aparatos desechados, luego de pasar por mercados de segunda mano, terminarán en basureros o en los enormes botaderos de desechos tecnológicos como los que existen en Ghana y Pakistán.

La investigadora y experta en estos asuntos de alta tecnología, Kate Crawford, nos comenta:

“En 2020, científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos publicaron un breve listado de 23 minerales que representan un alto “riesgo de suministro” para los fabricantes, lo que significa que, si dejaran de estar disponibles, industrias enteras (incluido el sector tecnológico) tendrían que parar en seco.  Los minerales cruciales incluyen los elementos de tierras raras disprosio y neodimio, que se usan en los parlantes de los iPhone y en los motores de los vehículos eléctricos; germanio, que se usa en dispositivos infrarrojos militares para los soldados y en drones, y cobalto, que mejora el funcionamiento de las baterías de litio. Hay 17 elementos de tierras raras: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, escandio e itrio. Son procesados e integrados en computadoras portátiles y smartphones, lo que los hace más pequeños y livianos. Se pueden encontrar en pantallas a color, parlantes, lentes de cámara, baterías recargables, discos duros, entre otros. Son elementos clave para los sistemas de comunicación, desde los cables de fibra óptica y la amplificación de señal en las torres de comunicaciones móviles hasta los satélites y la tecnología GPS. Pero extraer estos minerales del suelo, por lo general, viene acompañado de violencia local y geopolítica. La minería es, y siempre ha sido, una empresa brutal”.

Como todos estamos enterados, en Venezuela, en el llamado Arco Minero en el estado Bolívar, se han descubierto importantes yacimientos de algunos de estos minerales, que, junto al oro, los diamantes, la bauxita y el hierro, constituyen una de las cornucopias minerales estratégicos más importantes del continente, y justamente dentro de los rangos que las empresas tecnológicas de los países desarrollados necesitan con urgencia, más que nunca Venezuela necesita la intervención de un organismo profesional, capacitado y ponderado, que sirva de ente regulador y veedor de los intereses ambientales del país.

Pero el que era nuestro Ministerio del Ambiente, que en su mejor momento era considerado uno de los organismos ambientales más importante de Latinoamérica, ha sido desmantelado y convertido en el adefesio que hoy se llama Ecosocialismo, y que es refugio de grises personalidades del chavismo-madurismo, y que convirtió nuestro escudo guayanés, en la guarida de garimpeiros, de la guerrilla y del narcotráfico, que ha protagonizado uno de los crímenes ambientales más horribles y extensivos de la historia moderna en el mundo.

En estos momentos estamos en un estado de indefensión peligroso, solo nos queda confiar en el gobierno norteamericano sobre que parámetros y condiciones aplicarán en la región minera, que ha empezado con un proceso de desocupación de mafias y criminales, quienes eran los beneficiarios de la explotación minera más descarnada y miserable de que se tenga memoria, también tendremos que confiar en la buena fe y prácticas de las empresas extranjeras que sustituirán a la minería pirata, pues no tenemos manera de monitorear y evaluar sus trabajos, que mas bien que mal, harán una labor más ordenada, menos agresiva y destructora que sus anteriores ocupantes.

El asunto que me preocupa es que este era el momento en que deberíamos tener un ente supervisor y contralor de esta nueva etapa que debería ser aprovechada para ir rescatando, recuperando y “terraformando” todas aquellas áreas afectadas por el ecocidio chavista, un proceso que va a durar décadas, que es altamente complejo pues ha afectado grandes cuencas u subcuencas del territorio, que ha envenenado con mercurio y otros elementos peligrosos grandes extensiones de tierras, que hay que resembrar de bosques y en la que necesitamos, no solo nuevas tecnologías, sino mucha paciencia y dinero, un dinero que solo puede conseguirse con la explotación industrial de estos minerales estratégicos.

Pero volvamos a la materia de mi escrito, hay un aspecto de la IA que es fundamental y que en estos momentos es tema de debate en todo el mundo, y es la naturaleza de la información que alimenta ese enorme esfera de data donde la IA vive, crece y se transforma, de una manera similar a la minería, la explotación de este recurso está dominado por unas pocas empresas, gigantescas, multimillonarias y muy poderosas, que desde sus fundaciones se han encargado de coleccionar, clasificar y posteriormente utilizar de manera comercial (y con otros usos aún más oscuros) cada uno de esos cliks! que le damos a nuestros ordenadores cuando los usamos, para cualquiera que sea la actividad en que estemos imbuidos, bien sea una búsqueda, un mensaje, una llamada, una conferencia, una negociación…

Toda esa información que viaja por las redes (no importa si son fotografías, videos, audios, textos o estadísticas) todo tiene finalmente un registro, incluso aquella que creemos borrar cuando le damos al comando que supuestamente la hace desaparecer, toda esa data queda en memoria de unas máquinas, que están en una constante búsqueda y reorganización de esos billones y billones de bits de información, producidos por nosotros los usuarios, que es información personal y que utilizamos durante nuestro trabajo y en nuestros hogares y que nunca dimos permiso para que las empresas prestadoras del servicio de telefonía, internet o las programadoras, la utilizaran para organizar “paquetes” y venderlas a otras empresas interesadas en nuestros perfiles, estilos de vida, gustos y costumbres.

Esto es lo que los expertos llaman minería de extracción de data con la que conforman productos para empresas de publicidad, mercadeo, opinión publica, partidos políticos, estudios demográficos y un gran etc., hasta llegar a las empresas e instituciones que se ocupan de la seguridad y la vigilancia, donde los estados, por intermedio de sus policías, tienen un gran interés en conocer quién es quién, sobre todo en el mundo financiero y de lugares claves como aduanas, aeropuertos, fronteras y otros sitios de acceso restringido.

La opinión pública en los países occidentales donde todavía hay democracia y se respetan algunas libertades, cada día está más interesada en como se usa nuestra información personal en las redes, en contraste con sociedades como la China, donde el gobierno ha montado un enorme aparato de supervigilancia y control sobre la población, desde la cuna hasta la tumba, en un modelo de manejo informático que tiene muchos admiradores en occidente, sobre todo en las juntas directivas de las grandes empresas de informática.

Estas empresas de data están al tanto de estos problemas y percepciones sobre la privacidad de sus usuarios y las libertades que pudieran ser violadas, y se han ocupado en proteger estas informaciones para que no se le un mal uso, algunos han llegado a conformar equipos de profesionales para atender a muchos de estos asuntos éticos y legales, pero hay un gran malestar entre el publico usuario de estos sistemas de información digital, y la tendencia apunta a devolverle al ciudadano común su control sobre su data personal y que no pueda ser usada para vigilarlo.

Aun así, un enorme problema se ha creado en torno a los centros de procesamiento de datos, que son enormes desarrollos de instalaciones que albergan cientos, a veces miles de computadoras trabajando las 24 horas al día, los 365 días del año, sin pausa, registrando y organizando la cada vez más abundante data que se crea en el mundo real, que se ocupan de mantener “la nube” en operaciones múltiples para guardar y retirar información de personas y empresas.  Dentro de estos espacios digitales de trillones de bits de información, es donde los nuevos modelos de IA se están desarrollando, y debemos entender que con estos volúmenes de data ya no se diseñan algoritmos para manejarlos, solo se “siembran” estructuras matrices que luego, ellas mismas, se desarrollan sin participación humana, es la IA recreándose y haciéndose más y más poderosa, muchas de estas IA generativas escapan de la comprensión de sus creadores.

Pues bien, estas computadoras trabajan con unos chips especiales que generan un intenso calor y estas máquinas deben ser refrigeradas para que no colapsen, por lo que estos centros de data, que son todos inmensos desarrollos del tamaño de pueblos o parques industriales, requieren de una enorme cantidad de agua y electricidad, pero enormes volúmenes, tanto, que el gobierno de Estados Unidos requiere que estos centros generen su propia energía que por lo general es por gas, algunos tienen sus propios parques de energía solar o turbinas de viento, y últimamente el gobierno aprobó reactivar plantas nucleares que habían cerrado para proporcionarles electricidad, y es que estos centros de data son de vital importancia para mantener el nivel de desarrollo que requiere el país.

El asunto del agua es fundamental, hay una tecnología que la produce tomándola del aire o de plantas especiales de tratamiento para aguas servidas, pero lo que ha sucedido es que se conectan a los reservorios de agua que alimenta a los campos y las ciudades de una región y los ponen en situación crítica, cuando una persona consulta la inteligencia artificial, puede gastar medio litro de agua en solo 10 consultas (dependiendo de los complejas que sean), algunos expertos proyectan que para el año 2030 los centros de data consumirán la misma cantidad de agua que 1.6 billones de habitantes del planeta.

Pero hay otros problemas, la ocupación de la tierra, estas construcciones son tan grandes como un pueblo pequeño, son áreas que se les quita a los espacios naturales o a las tierras para la agricultura, el ruido es el otro problema, sobre todo el de las turbinas a gas que emiten un constante ruido hacia áreas vecinas, y luego el calor que generan estas instalaciones, aumentando la temperatura local, estos centros están repartidos por todos los Estados Unidos, y en estos momentos las comunidades de diversos estados, se han levantado en protestas cuando se enteran de que alguno se planifica cerca de su comunidad, he leído que China tiene planeado construir algunos bajo el mar para aliviar el asunto de la refrigeración y parece que hay planes para construir otros en el espacio, pero hasta ahora son solo planes.

De modo que, estimados lectores, la IA no es gratuita, tiene un costo y es alto, pero dada la necesidad creada por estas tecnologías, no nos queda más remedio que seguir adelante tratando de solucionar los problemas que nos genera, a cambio de los beneficios que obtenemos.

 

 

 

viernes, 12 de junio de 2026

Hablemos de la IA, por Saúl Godoy Gómez


La Inteligencia Artificial (IA) es un tema que me toca muy de cerca por varias razones, como lector y autor de relatos de ciencia ficción, como seguidor de las tesis transhumanistas, como crítico de las propuestas globalistas, como sociólogo y filósofo amateur, como estudioso de las comunicaciones, como usuario de los medios digitales y por último, pero no por ello menos importante, como un humanista clásico que ve con mucha preocupación como el mundo se embrutece a medida que avanza tecnológicamente (¡vaya paradoja!), una carrera de ciegos, directo al desastre.

No quiero pasar como Ludita o enemigo de la IA, todo lo contrario, me parece una de las herramientas tecnológicas más avanzadas que existen, y que bien utilizada reporta grandes beneficios para la humanidad, pero veo con alarma los desarrollos, tendencias, opiniones y hechos, que me han hecho ver el futuro con preocupación.

Empiezo por decirles que comparto la opinión de la experta en IA, la doctora Kate Crawford expresada en su libro, Atlas de Inteligencia Artificial. Poder, político y costos planetarios, que define la Inteligencia Artificial de la siguiente manera:

“…la IA no es una innovación tecnológica neutral u objetiva ni una fuerza espectral o incorpórea, sino una verdadera industria de extracción global. De hecho, la creación de los sistemas de IA contemporáneos, dependen de la explotación de los recursos energéticos y minerales del planeta, de la mano de obra barata y de los datos a gran escala… impulsa un cambio hacia gobiernos antidemocráticos, una mayor desigualdad y enormes daños medioambientales… La IA no es artificial ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea, como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística, historias y clasificaciones. Los sistemas de IA no son autónomos, racionales ni capaces de discernir algo sin un entrenamiento extenso e intensivo”. Se trata de sistemas diseñados para servir a los intereses dominantes ya existentes: son, finalmente, un certificado de poder”.

Ya de entrada me ubico en el incómodo bando de una minoría que alerta sobre unas consecuencias que ya estamos sintiendo, esto, a pesar de los enormes avances de la IA asociada a la robótica, que ha logrado que personas incapacitadas para caminar o ver, lo hagan de nuevo, o poder realizar intervenciones quirúrgicas de una gran exactitud en zonas del cuerpo que antes eran imposibles, o resolver problemas matemáticos que se creían insolubles,u observar zonas del espacio sideral que hasta hace poco estaban fuera de nuestro alcance… son contadas las parcelas de nuestras vidas que no hayan sido tocadas, y muchas veces mejoradas por la inteligencia artificial, incluyendo actividades productivas, educativas, de entretenimiento, transporte, etc…

Pero igual que Jano, el dios griego de dos caras, el anverso de la IAcontrar lo podemos en el desarrollo de armas para la destrucción, sobre todo el de armas autónomas que ya tienen poder de decisión propia, sin necesidad de un operador humano en los campos de batalla, o el del control poblacional por medio de sistemas de reconocimiento facial asociados a extensas bases de datos para labores de vigilancia y seguimiento, pero que también pueden ser usados para manipular elecciones, o el de la creación artística o investigaciones académicas, donde la IA ha resultado perturbadoramente eficiente al momento de generar “productos” que compiten deslealmente con los de los humanos.

Me resulta particularmente incomodo cuando amigos manipulan nuestras imágenes en sus aparatos digitales y crean situaciones y momentos que nunca existieron, creando mundos paralelos donde todo es posible, y con estas capacidades, toda una serie de actividades ilícitas se aprovechan de robos de identidad, apropiación de cuentas, destrucción de reputaciones y secuestro de data. La mentira y los “fake news”, son cosas de todos los días, la IA hace magia con la diseminación de ideologías, entre ellas, muchas que fomentan el odio y la discriminación.

Esta manifestación de la IA bajo una luz negativa, la de la mentalidad extractiva que atribuimos a las empresas que la han desarrollado, y que según el filósofo español José María Lasalle corresponden a una tendencia nihilista, atribuida al capitalismo tardío, no corresponden a la realidad de quienes tienen a su cargo el desarrollo de esta potente herramienta, yo no creo que personas como el Sr. Musk, el Sr. Bezos, el Sr. Zuckerberg o el Sr. Gates, para nombrar a unos pocos de los responsables del desarrollo de la IA,  quienes han arriesgado capitales y trabajo para lograrlo, tengan dentro de sus planes un mundo gobernado por máquinas que se han independizado de sus creadores y que se dediquen a oprimirlo.

Si bien hay desarrollos a los que hay que vigilar y controlar para que no se salgan de control, la idea de que el hombre pueda otorgarle consciencia a cosas inanimadas, desarrollar una inteligencia superior en capacidades a la humana, abre una amplia avenida a un futuro promisor donde la IA descargará a los hombres de las tareas más ingratas para permitirle el tiempo y la dedicación al avance de la humanidad hacia un nuevo tiempo.

Un amigo tuvo recientemente una experiencia que ilustra claramente cómo funciona la IA en el mundo, a mi amigo le gusta competir en diversas carreras de vehículos rústicos por el mundo, ha viajado y viaja constantemente por lo menos tres meses al año a lugares apartados que ni siquiera aparecen en el mapa, su equipo tuvo un aparatoso accidente en la costa africana, de noche, y lamentablemente fueron robados de todas sus pertenencias, cuando despertaron tuvieron que caminar medio día hasta dar con una estación de policía, allí gracias a una conexión de internet pudo bajar de la nube copia de toda su documentación personal y bancaria, desde su pasaporte, cartillas de salud, licencias de conducir, permisos y copias de todas sus tarjetas de crédito con los que no solo pudo detener un desfalco a sus cuentas, sino que le permitió continuar la competencia con una copia de su pasaporte, en menos de 24 horas.

Estar “conectado” es hoy casi que una necesidad ya que el mundo se ha convertido en una gigantesca red de plataformas de comunicación en la que no hay límites, excepto donde no hay señal de las líneas de teléfono, de los cables submarinos, de los satélites desde el espacio, que están constantemente verificando nuestra presencia en el planeta, y con nuestra clave, toda nuestra vida, documentada al detalle, con posibilidad al instante de ser verificada, traducida y reproducida. Esta densa capa de información digital que permite que nuestros hogares sean “inteligentes”, que nuestros vehículos sean autónomos, que podamos consultar un Chatbot de nuestro seguro médico o hacer una compra en línea o ser un usuario del sistema 6G en nuestro móvil celular, requieren de una estructura de IA de múltiples niveles y estos, de un soporte material y de recursos naturales que desafían la imaginación.

En los últimos estudios generados en los centros financieros, las empresas dedicadas a la IA y sus asociados generarán 4.4 trillones de dólares en la economía mundial, uno de los segmentos de más rápido crecimiento liderados principalmente por Estados Unidos y China, concentrados en una veintena de empresas de alta tecnología que acaparan lo más productivo de este mercado, que son las tecnologías militares, de seguridad, telecomunicaciones, medicina y espaciales.

Estas empresas tecnológicas son tan grandes y poderosas que están a un paso de controlar la economía mundial y su influencia es tal, que nuestros estilos de vida dependen de ellas, sus intereses abarcan tantas especialidades y sectores en donde participan otras muchas empresas subsidiarias y asociadas que conforman una constelación de relaciones que viven de esa necesidad de cohabitación, hoy tan fundamental, del hombre con las máquinas.

Es importante no perder de vista que el núcleo central de la Inteligencia Artificial es poder comunicarnos con las máquinas para lograr que ellas hagan el trabajo por nosotros, por lo general el trabajo repetitivo, peligroso, duro y que requiere de precisión, esto se logra por medio del lenguaje para máquinas o instrucciones que llamamos algoritmos, una rama de las matemáticas que funciona a base de modelos, de acuerdo a los requerimientos de la tarea.

Desde la prehistoria de la IA, en tiempos de Alan Turing, durante la Segunda Guerra Mundial, esta rama del conocimiento ha evoluionado de manera constante y exponencial, hay diferentes modelos, los más elementales son los generativos que se basan en sistemas neurales, los hay que procesan el lenguaje natural que funcionan con textos o con segmentación de imágenes, también están los multimodales, los LLM que son más especializados para la industria manufacturera.

Las nuevas IA generativas son capaces de hacer cálculos enormes que un grupo humano tardaría meses en terminarlo, los procesadores digitales pueden hacerlo en fracciones de segundos, hay modelos que abarcan grandes cómputos como los que utiliza la NASA para calcular la órbita lunar de sus naves, o los que mantienen en equilibrio a los aviones de combate a velocidades de Match2 durante maniobras evasivas, y que actúan en tiempo real, permitiendo que todos sistemas de vuelo funcionen a la perfección, hay modelos grandes y pequeños, para tareas puntuales o para grandes despliegues de tareas simultáneas, y ya existen modelos que aprenden de la experiencia como los que se utilizan en los juegos de video de alta complejidad.

En estos momentos se están desarrollando las primeras procesadoras cuánticas, que ya es un medio mucho más avanzado para resolver problemas que requieren de cómputos masivos de data, como serían la creación de nuevos y más avanzados materiales, y que permitiría novísimas simulaciones y combinaciones con otros nuevos elementos y en ambientes extremos como el de la microgravedad, las extraordinarias propiedades de los “qubits” harían posibles cálculos que tomarían años para la tecnología digital actual y que son necesarios para el manejo del clima, de las estructuras de las corrientes marinas o del comportamiento de galaxias enteras.

La IA está incursionando con éxito incluso en los procesos de toma de decisiones, en el caso de la televisión por “streaming”, pueden recomendar programación, ayudan a elegir en las compras on-line, proponen rutas alternas en los GPS de nuestros vehículos, deciden por nosotros al momento de que en nuestra nevera falten algunos productos, y si están autorizados y conectados, pueden ordenar directamente la compra en el supermercado, muy pronto esta modalidad, de algunos artefactos puedan  decidir por nosotros abarcaran otros espacios y materias, que casa comprar, que tipo de novia buscar, que vecinos y amistades nos convienen, son funciones humanas complejas y delicadas en su resultado.

Pero esta forma de vida, conviviendo con la IA tiene un precio, que hoy ya empezamos a pagarlo, la robótica y la automatización de los procesos productivos le han dado un duro golpe a la fuerza laboral de los países del mundo, cada vez hay más desempleo y la necesidad de capacitar a más trabajadores en nuevos oficios, la desigualdad social también ha aumentado, mucha gente se queda al margen de estos adelantos y posibilidades de acceder a los servicios básicos, hay una creciente dependencia en estos recursos digitalizados algunos de ellos afectando de manera importante las habilidades de socialización de las personas y aumentando los riesgos del aislamiento y la soledad.

Si bien la vida se ha vuelto más cómoda, hay ciertos aspectos de la cotidianidad que se han visto modificados, por ejemplo, las transacciones económicas con dinero digital o dinero plástico, que han impulsado las nuevas formas de crédito y de consumo, la economía en general se ha tornado etéreas y tendentes a una nueva forma de crédito controlados por las empresas financieras y los órganos de estado, como sería el caso de China donde las asignaciones de cupos para transporte o las oportunidades de educación superior más bien parecen premios al buen comportamiento que al esfuerzo de la persona, la supervigilancia y el control masivo de la población son cada vez más completos,  en occidente la información personal se extrae sin permiso y se comercializa creando una importante brecha en la privacidad de las personas, la administración del estado se ha hecho más omnipresente, afectando parcelas de libertades que anteriormente estaban fuera de su alcance.

Ya se registran dependencias de pacientes a las consultas en los servicios médicos automatizados, problemas de desavenencias con líneas de apoyo emocional manejadas por IA, incluso casos de suicidios entre adolescentes aferrados a sitios para ayuda en momentos de crisis, hay todo un vacío regulatorio sobre este tipo de servicios para el manejo de conflictos que una IA no tiene la capacidad de resolver todavía, pero también se ha descubierto un gran atractivo para personas que no soportan las vacilaciones, dudas, discurso ilógico y debilidad argumenal de otras personas reales, y prefieren, las narrativas seguras y reflexivas de estos personajes ficticios, que les hablan desde una máquina así no tengan la razón.

Pero es en el sector educativo donde encuentro importantes motivos de preocupación, Aaron Maclein un educador norteamericano escribió un interesante ensayo de porque los jóvenes no deberían utilizar la IA en su proceso educativo, y las razones que aduce son impecables, el uso de la IA afecta drásticamente nuestra capacidad de razonar, lo empobrece, lo atrofia… según Maclein hay un problema básico del pensamiento cuando una persona alega que sabe lo que quiere decir pero no tiene palabras para expresarlo, es claro que si esto sucede, no sabe lo que quiere decir porque no puede pensarlo, y se piensa con palabras, por lo que leer y escribir se hacen fundamentales para entrenar al cerebro a pensar; escribir y pensar es prácticamente lo mismo.

La IA se ocupa de buscar, coleccionar, organizar y resumir el contenido de un gran número de publicaciones de los cuales hace resúmenes, muchos de ellos en un lenguaje muy básico y sin ninguna consideración humana fuera de los textos que reproduce, si la IA se alimenta de la producción intelectual humana, el día que dejemos de escribir ideas originales, ese día solo dispondrá de lo que otras IA han coleccionado, la cultura digital se hará cada vez más pobre y el hombre más idiota. Gracias a que leemos y escribimos hemos podido generar una cultura y hacernos humanos, pero leer y escribir no es fácil, es trabajoso y toma mucha práctica para hacerlo bien, el atajo que nos brinda la IA no es el más confiable para el desarrollo humano.

Dejo para otros artículos sobre el tema el costo ambiental de la IA en el planeta, un tema que muchas personas prefieren obviar y que es de interés para nosotros los venezolanos, teniendo en cuenta de que en nuestro país contamos con casi todos los elementos para el desarrollo inmediato de productos y procesos para una IA robusta, el tema de los sentimientos y emociones replicados en la IA y que pretende desplazar la relación humana en la ecuación, y la posibilidad de que en un futuro no muy lejano pudiera crearse un “cyborg” como el eslabón necesario para conseguir la inmortalidad.

 

 

 

 

 

 

 

  



sábado, 6 de junio de 2026

Política y Religión, por Saúl Godoy Gómez


Si en una escala del 1 al 10 medimos la influencia de la religión en la política, siendo el 10 el islamismo iraní con su gobierno de Ayatolas y su brazo armado la Guardia Revolucionaria, y el 1 un gobierno lo más alejado de la religión posible como podrían ser los sistemas políticos escandinavos, el de Suecia, por ejemplo, Venezuela estaría ubicada en el número 8 de la escala, y detrás de él, muy de cerca, en el número 7, los Estados Unidos.

Esta comparación, totalmente aleatoria y muy personal, no quiere decir que la política y la religión no se influencien en cualquiera de los extremos de esta hipotética escala, de hecho, la opinión mayoritaria de los estudiosos de la filosofía política en el mundo, parecieran coincidir en que política y religión sostienen una única matriz generativa, y que la historia lo que hace es confirmar una y otra vez lo cercano que se encuentran estas escalas de valores.

Y digo valores porque ambas, religión y política, tienen como objeto de su acción el mundo moral de los hombres, solo hay que introducirse en los discursos de filósofos tan distinguidos en la materia como serían Locke, Kant, Hegel y Marx para entender que el fin de toda política es darle sentido a la idea del Estado, como culminación del proceso de socialización del ser humano, una idea que tiene su arraigo en la inmensa variedad de pueblos elegidos por Dios (o dioses) para gobernar el mundo. En este sentido debemos destacar la enorme influencia de los escritos de Jorge Guillermo Federico Hegel, quien logró un monumental estudio sobre la idea del estado, y que lo ubica entre los logros más importantes de humanidad.

Esa diferencia ente lo sagrado y lo profano no se distinguía en las sociedades primitivas, en la Mesopotamia antigua, en el Egipto de los faraones, aún en el Imperio Romano, era difícil distinguir a un mandatario de un alto sacerdote, las ceremonias públicas estaban llenas de elementos para el culto como insignias, cantos, procesiones y sacrificios, y sus oficiantes inspiraban respeto y autoridad. Este papel estelar de la iglesia como estado lo tuvo durante el papado al final del Sacro Imperio Romano, el hombre del báculo y la mitra dirigiendo ejércitos.

Detrás de estos intentos por obtener la supremacía en un mundo, que cada vez se nos hace más pequeño para tantos y diversos intereses, se esconde (aunque en el caso del islam, es más abierto y militante) la intención de que prevalezca la verdadera y única fe que dará entrada a un paraíso en la Tierra, y esta promesa salvífica es la misma, o muy parecida a todas las promesas electorales o de imposición de regímenes políticos, los vendedores de utopías y un mundo mejor aparecieron desde el momento en que el hombre decidió vivir en comunidad.

Pero no solo es la intención, también recurren a los símbolos, a los discursos, a los actos y las formas, la misma autoridad política, el culto al poder, tiene su génesis en las religiones primitivas en actos tan salvajes y de una entrega tan radical, como la del mismo Abraham levantando su cuchillo para degollar a su propio hijo en sacrificio a su Dios. Hay historiadores especializados en el siglo XX, uno de los más sangrientos y destructivos, que no encuentran otra explicación sobre la inmolación de tantos millones de seres humanos, bajo el mando de unos hombres que prometían inmortalidad, salvación y honor frente a los campos de batalla.

Lo estamos viendo en las pantallas de nuestros celulares a cada momento, como máquinas de destrucción masiva, controladas por la Inteligencia artificial, siembran el caos y la muerte en segundos sobre extensos territorios, explosiones cada vez más grande y mortíferas se levantan contra el cielo indicando que la ira del supremo no tiene contemplaciones con los rebeldes y los impíos, ninguna guerra puede explicarse sin ese contenido transcendental y religioso, el patriotismo tiene elementos que comparten la más fanáticas de las ordenes monásticas.

El estado se ha convertido en una entidad intolerable e iracunda, exige sumisión y execra la herejía, sus sacerdotes oficiantes invocan lealtad, entrega, fe absoluta en sus designios, que cada quien ocupe su puesto en la construcción de un mundo mejor, en las sociedades industrializadas la exigencia del trabajo productivo es una necesidad, crear riqueza e innovación, acumular riqueza para poder pagar los enormes gastos de un complejo industrial militar que los protegerá de los pueblos bárbaros, que por oleadas llegan a sus puertas, reclamando asilo y refugio.

Pueblos bárbaros como el venezolano, donde la religión es un sincretismo de creencias que van desde la católica, apostólica y romana, pasando por las distintas doctrinas de la Reforma, el marxismo convertido en la fe del proletariado, aunado a todo un sinfín de creencias africanas, caribeñas e indígenas que nos vienen de antiguos tiempos y que siguen vivas en las logias militares, en los pueblos más recónditos o en los populosos barrios de Caracas.

Hay un grupo de autores y académicos que han estudiado esos vasos comunicantes entre religión y política y lo han mostrado en sus investigaciones como han sido Gustave Le Bon, Vilfredo Pareto. Emilio Gentile, Michael Bur-Leigh, entre otros muchos, que afirman de los estrechos vínculos que todavía coronan las testas de nuestros líderes y del poder que irradian sobre la multitud maravillada, que escucha extasiada sus visiones del futuro sobre ciudades brillantes y eternas sobre la colina, donde conviven sabios y guerreros, oráculos y agricultores.

Según el autor Gregor A. James, en su brillante libro “Totalitarismo y Religión Política, una historia intelectual”, publicado por la Universidad de Stanford en California (2012) el estado debe actuar de determinada manera:

“Para lograr lo que requiere necesita de estrategias de control. Dado lo limitado de los recursos disponibles del gobierno, el control de la población debe ser logrado inculcándole principios de autogobierno. Más que un sistema de supervisión manejado por un personal especializado, armado con tecnología de punta y muy costosa, el control se obtiene por medio del acondicionamiento normativo, ajustando la conducta por medio de instrucciones y ejemplo. La religión en cualquiera de las formas que asuma, efectivamente contribuye a todo el proceso… El marxismo, heredero de del sistema sacralizado de Marx y Engels, muy pronto puso todo un conjunto de fórmulas adecuadas, con icónicos fundadores, textos sagrados, líderes carismáticos, partidos sacerdotales, mitos y liturgias, santos y mártires.”

Aunque dice James que esta aproximación no es exclusiva de la izquierda, también la derecha la utiliza, en algún momento de nuestra historia deberá analizarse el rol que jugaron los grupos religiosos durante el gobierno de Chávez y Maduro, el papel desempeñado por los sacerdotes y altos jerarcas, pastores evangelistas, rabinos y otros representantes de las distintas denominaciones religiosas en apaciguar, activar, neutralizar o proteger sus acólitos e intereses, unos jugaron el juego político convertidos en partidos, otros confundían sus actuaciones como emisarios del régimen, negociando, protegiendo, dotando de reconocimientos, o criticando con sus homilías las actuaciones del gobierno.

Una buena parte de las constituciones en los países occidentales limitan esta injerencia de los grupos religiosos en la política, dan por sentado que se trata de un ejercicio laico, que la política ejercida por grupos religiosos, reportan ventajas y confunden los fueros, creando condiciones para el totalitarismo, ya que las ideologías de las religiones son marcadamente autoritarias y con una clara estructura y orden jerárquico, que impide la crítica y la disidencia.

Me da mucha pena cuando he conocido que el gobierno persigue a los clérigos cuando estos se les oponen, se burla de ellos, les retiran sus favores y los señalan públicamente como provocadores… pero más pena me da verlos ser utilizados como mediadores en situaciones comprometidas, y actuar como unos gamberros, amenazando y haciéndole el mandado a unos narcoterroristas, promoviendo sus personalidades e ideologías en sus sermones, algunos no tienen ni vergüenza de poner instituciones respetables, como universidades y programas sociales, al servicio de la tiranía y sus oprobiosos fines.

Igualmente, la enorme profusión de creencias animistas que fueron integradas por los gobiernos chavistas-maduristas, llegando incluso a manejar recintos históricos, reliquias, textos y figuras de carácter histórico y utilizadas como amuletos, o como ritos para predicar, satanizar o augurar predicciones políticas, dan una idea del grado de manipulación e injerencia de estas prácticas antidemocráticas en el curso de la política venezolana.

A manera de conclusión, podríamos decir que el venezolano medio es sujeto de control religioso en su ejercicio político, su constitución moral e intelectual no cuenta con los recursos necesarios para hacerle frente a estas prácticas desleales  de manipulación desde el gobierno y de las distintas religiones que conviven en el país, cuando la fe se ve inmiscuida en asuntos de gobierno, el resultado no solo es competencia desleal de entes que no son políticos, y cuyos fines son otros que los de poner orden en la ciudad.

El chavismo es un fuerza primitiva de personas muy ignorantes que tienen en la fe una herramienta de trabajo que no funciona en un mundo racional de causa y efecto, la economía no funciona con la esperanza de que Dios proveerá, las elecciones no se ganan rezándole al candidato de su afecto, ni el orden se obtiene con un conjuro y tomas de preparados con partes de animales maceradas en alcohol, el estado no es un dios ajeno a la voluntad de los ciudadanos, y quien así lo crea, lamentablemente no es apto para vivir en democracia.