miércoles, 12 de agosto de 2026

El ataque a la propiedad privada, por Saúl Godoy Gómez

 



“El derecho de propiedad empieza por el derecho a la vida, a tu propia vida.”

Jose Miguel Perez Gachele, criticando la Constitución Nacional de 1999.

Durante la hegemonía del chavismo sobre Venezuela, uno de sus más profundos y sostenidos “logros” ha sido su ataque inmisericorde contra la propiedad privada, uno de los atributos fundamentales de la libertad humana, esto, como parte de la campaña para introducir  en nuestra naturaleza la ideología y conceptos comunistas, con fines no solo de control social, sino para reducir a su mínima expresión el valor como persona individual y autónoma de los ciudadanos y de las cosas como bienes transables.

Si al ser humano le es negado su autonomía sobre el fruto de su trabajo, si se le despoja de la posibilidad de hacer y mandar sobre las cosas que forman parte de su entorno personal, si se prohíbe que pueda comerciar, disponer a voluntad, intercambiar, legar, acumular, valorar pertenencias como su propio hogar, su negocio, sus ahorros e inversiones, sus ideas y demás objetos y bienes que constituyen su esfera privada, esa persona está condenada a carecer de una importante parte de su personalidad, vería disminuida de manera importante su dignidad y valía como individuo, y estaría sin protección alguna, a disposición de la voluntad de quienes quieran manipularlo, en pocas palabras, nunca será libre.

El cúmulo de leyes y regulaciones, instituciones, órganos jurisdiccionales, fiscalizaciones, imposiciones, que imperan en el país para controlar y minimizar el poder de la persona sobre su entorno, de las empresas sobre sus bienes patrimoniales, de las familias sobre sus pertenencias más preciadas, como lo es su hogar, son cadenas que impiden que la sociedad pueda actuar principalmente sobre la economía y la posibilidad de hacer algún trabajo productivo, los distintos controles de cambio y de precios, así como la devaluación sobre nuestra moneda, fue un claro y doloroso ejemplo de la intención criminal de empobrecer al pueblo para controlarlo por el hambre.

En las dos primeras décadas de gobierno chavista más de cinco mil empresas fueron expropiadas, nacionalizadas o intervenidas, de estas, menos de una cuarta parte sobreviven hoy en día, fueron expropiadas 500.000 viviendas, 3,6 millones de hectáreas productivas en actividades agrícolas y, para sólo tener una idea de la violación masiva al derecho de propiedad, cientos de medios de comunicación (publicaciones impresas, radios, televisoras, empresas publicitarias, productoras independientes, talleres gráficos) pasaron a manos del Estado, con estos resultados no es nada extraño que el país entero se derrumbara económicamente.

Chávez y después Maduro, por medio del aparato estadal, impusieron sobre los venezolanos una serie de amarres que le impiden generar riqueza de manera autónoma; son esquemas marxistas que obligan a la sociedad a buscar asociaciones colectivistas, a que el estado permanezca como dueño único de los medios de producción, en un proyecto de economía centralizada y con los poderes a su disposición para obligar a las empresas, nacionales y foráneas, a someterse al yugo de su voluntad, fue de esta manera que lograron que Venezuela se convirtiera en el país con menos libertad económica del continente. Modificaron el artículo 115 de la Constitución introduciendo nuevas formas de propiedad, entre ellas la propiedad pública, la propiedad social (directa e indirecta), la propiedad comunal, la propiedad ciudadana, propiedad colectiva y la propiedad mixta.

Los venezolanos designados para lograr una transformación del estado, arbitrados por el gobierno norteamericano. deben tener muy en cuenta esta realidad; el sistema diseñado por especialistas cubanos y rusos para nuestro país es de tal magnitud, complejidad y efectividad en el control sobre la economía que, con la actual estructura mental y el vasallaje más perruno  al que nos tienen acostumbrados, se invisibilizan todas las instancias de control, desde los registros y notarías, organismos de recaudación de impuestos, aduanas y alcabalas, inspecciones y permisos, organismos de tenencia de la tierra, guías para movilizar mercancías, imposiciones sanitarias, incluso han organizado al estado de tal manera que los mismos municipios y gobernaciones funcionan como oficinas de trámite y cobros; acumulados, no sólo encarecen la vida de los venezolanos sino que impiden la innovación y los emprendimientos.

Solo la plana mayor del gobierno revolucionario tiene acceso a los mejores negocios del país, principalmente el petrolero y el de minerales preciosos, sus familias son los socios de las concesiones y campos productivos de mayor nivel, obligatoriamente habría que asociarse con ellos para obtener los mejores negocios, que ya tienen acaparados y muchos de ellos ya comprometidos.

Los funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, que monitorean cada uno de los pasos que el país está dando en materia de transformación del estado, para hacer de Venezuela un país viable y con posibilidades reales de desarrollo, deben tener dentro de sus prioridades no solo la transformación de los aparatos judicial, electoral y de infraestructura, es de imperiosa necesidad que todos los organismos destinados al control de la industria, de las finanzas, del comercio y del mundo rural sean puestos bajo observación e igualmente transformados, pues todos, sin excepción, atentan contra la propiedad privada.

Aún antes de que llegara el chavismo, ya los venezolanos veníamos sufriendo condicionamientos importantes sobre nuestras libertades económicas y en especial sobre nuestros derechos a tener y disfrutar de la propiedad privada, con Chávez, el gobierno revolucionario socialista se quitó la careta y empezaron a favorecer a las organizaciones colectivistas, a las propiedades comunales, los programas de asignación de viviendas populares, ya no daban títulos de propiedad sino permisos de permanencia en estos inmuebles, que no podían traspasar, vender, legar…

Organismos abominables como el INTI (Instituto Nacional de Tierras), encargados de redistribuir la tierra con vocación agrícola empezaron a torcer el significado de la propiedad agraria, y lo hacen con saña, favoreciendo invasiones de comuneros afectos al gobierno comunista y utilizando a la Guardia Nacional como guardaespaldas de los nuevos amos de la tierra. Por medio de sus políticas colectivistas, han logrado que un importante número de organizaciones gremiales de productores del campo, ganaderos, asociaciones campesinas, indígenas, productores de café y cacao, que se cuentan entre sus militantes, cuentan con acceso al crédito y a las prebendas chavistas especialmente creadas para quienes apoyan la revolución; y allí podrán encontrar a una gran cantidad de militares retirados, políticos de pasados cuestionables, exfuncionarios buscados por manejos oscuros de sus gestiones, todos terratenientes, todos gozando de prósperos fundos trabajados con dineros de la corrupción.

Con una nueva ley, las fundaciones, ONG´s, organizaciones humanitarias y educativas tienen un exigente control sobre sus patrimonios, y son supervigiladas para que no se salgan del interés colectivista o personal de algunos funcionarios, imponiendo controles draconianos y pedimentos absurdos para el cumplimiento de sus más básicos deberes de informar y estar a derecho. Pero esas organizaciones gremiales y campesinas que auspician esos lóbregos intereses están más allá de todo control

El chavismo ha creado el prototipo del esclavo perfecto, trabaja para algo que llaman estado, un órgano de control que nace de una ficción creada sobre lo público, un etéreo concepto que supuestamente es de todos pero no es de nadie, manejado a voluntad por factores de poder que supuestamente fueron elegidos por el pueblo para llevarlos a un estado de perfecta igualdad social; de esta manera, “ser rico es malo”, pero es bueno sólo si perteneces al exclusivo club de los amos del poder…

Y luego de 27 largos años, contamos con una nueva oligarquía de comunistas revolucionarios, dueños de las mejores tierras del país, controlando las empresas que expropiaron y que ahora son de ellos, ostentando gruesas cuentas bancarias en divisas, afiliados a Fedecamaras y otras organizaciones patronales.  Y estos nuevos amos de todos los valles del país, tienen bajo contrato no sólo a relacionistas públicos, influencers, políticos de la oposición falsaria y hasta costosas firmas de abogados gringos para hacerles el lobby en la Casa Blanca, porque el futuro de este pobre-rico país tiene que ser de ellos, y de nadie más.

 

lunes, 3 de agosto de 2026

Problemas de una negociación imposible, por Saúl Godoy Gómez

 


Mi cultura policial y del género negro, tanto en literatura como en cine, me ha inculcado un axioma claro y contundente: “con el crimen no se negocia”, y esto es así porque negociar con criminales no es negociar, siempre hay una imposición, una amenaza velada, un peligro latente, con criminales no hay un quid pro quo, no existe el balance tan necesario para llegar a una fórmula de consenso, si los criminales aceptan los resultados de una negociación es porque pende sobre ellos una amenaza de castigo, un arma apuntándolos, una retaliación seria y inminente que daría al traste con su voluntad de imponer unas resultas siempre a su favor.

Éste es el caso con el presidente Trump y la funcionaria encargada de Miraflores, Delcy Rodríguez; de acuerdo a los reportes de prensa, ella hace todo lo que él dice porque no está en posición de negarse, ya que sobre su cabeza hay una serie de expedientes y acusaciones que podrían comprometer su botín y su libertad, incluso su vida. Ella hace todo lo que le digan, sin chistar, por ello el presidente Trump está tan contento de trabajar con ella, a todo le dice que sí, y pareciera que a la Casa Blanca le tiene sin cuidado la toxicidad de esta relación, una asociación que, incluso puertas adentro en Venezuela, está muy mal vista.

Pero tratar de sentar a la oposición venezolana en una mesa de negociación con el chavismo es una contradicción en términos, no hay nada que negociar, nada que dialogar con quienes estuvieron más de 26 años a espaldas de los venezolanos… ni un nuevo CNE, ni la composición de un Tribunal Supremo de Justicia, ni la libertad de los presos políticos que el mismo chavismo tiene secuestrados, ni buscar términos para unas elecciones… elecciones que están cansados de trampear; ni siquiera se puede confiar en ellos fondos humanitarios para la asistencia de los damnificados del terremoto, porque se los roban; los entes multilaterales, los bancos, las distintas agencias para la ayuda exterior no les confían ningún tipo de recurso a los operadores chavistas, pues los desaparecen en una maraña de controles y alcabalas, y nunca llegan a su destino.

Esa mesa de negociación debió haberse producido entre las distintas oposiciones que existen en el país, no con el chavismo que está en plena disolución y cuyos representantes, todos, deben rendirle cuentas al país por sus desastrosas actuaciones que no sólo nos han acarreado ruina y muerte, sino que nos han llevado al borde de la desaparición como país. Hay una larga tradición de supuestas negociaciones con el chavismo que se ha valido de ellas para atornillarse en el poder, manipulando sus agendas, comprando conciencias entre sus actores, distorsionando el lenguaje, engañando a sus participantes y burlándose del pueblo al momento de presentar los resultados.

Pero en la oposición… allí sí hay un verdadero zoológico de especies, incluso herederos del chavismo que no han tenido oportunidad de hacer política, pero piensan igual que ellos, hablan como ellos, aunque aún no hayan cometido alguno de sus crímenes; la oposición venezolana es un caldo de cultivo donde conviven pragmáticos, oportunistas, socialistas de toda laya, populistas, estand-up cómicos, influencers, oligarcas, empresarios, chicos de la derecha exquisita, fascistas, ilustrados oscuros, curas, comunistas, lideres comunitarios, encuestadores, reinas de belleza, gente de los partidos tradicionales y de los nuevos partidos, sindicalistas, militares retirados, republicanos, diplomáticos, utopistas, ecologistas, constitucionalistas y para usted de contar… son legión, y ninguno está de acuerdo con el otro, a todos “les asiste la razón” y todos quieren tener la oportunidad de gobernar el país.

Únicamente reuniendo a todos los factores de la oposición venezolana obtendríamos nuestra propia torre de Babel, nadie se entiende, todos creen ser dueños de la lógica y el conocimiento… eso sí, incluyendo a los chavistas la negociación pierde sentido porque ellos son los criminales, los causantes de todo este embrollo y les gusta negociar con la pistola sobre la mesa, y siempre se han salido con las suyas.

Por supuesto, le tienen miedo al imperio, los aterroriza un dron, no quieren ver bloqueadas sus cuentas, su peor pesadilla es ser sacados de sus camas en la madrugada por un comando de fantasmas del Delta Force, esposados y llevados en helicópteros con destino desconocido y amanecer ante los fiscales federales, oyendo sus derechos en inglés. En los pocos meses que han pasado desde la extracción de Nicolás Maduro de Fuerte Tiuna se han acostumbrado a la idea, y han descubierto que si hacen todo lo que el presidente Trump les dice, tienen la oportunidad de vivir en libertad y disfrutando de sus bienes mal habidos.

La situación es bien extraña, los chavistas que fueron escogidos como colaboradores del Imperio, conservan sus fueros, sus fortunas, sus privilegios pero deben seguir el estricto guion que les dictan los funcionarios norteamericanos, una amalgama de diplomáticos de la embajada, militares del Comando Sur y representantes de las empresas petroleras más importantes de Estados Unidos que, supuestamente, están bajo el control del Departamento de Estado, de manera que los chavistas que no estén en esa lista de mejores amigos de Washington son removidos de sus cargos, apartados del poder sin aviso ni protesto, algunos son apresados y llevados ante la justicia, a otros los dejan escapar, incluso les permiten que hablen mal de quienes colaboran y los acusen de traición a la revolución.

En este ambiente de guerra sicológica a lo interno del chavismo, sus organizaciones asociadas, carteles de drogas, redes de corrupción, mafias y grupos de choque se han ido desintegrando poco a poco; los más duros, los que tienen más que perder, como los que controlan la minería ilegal del oro o los que manejan células criminales como El Tren de Aragua, son tratados con dureza y reciben fuego hasta darlos de baja. Esto es, sin duda alguna, un proceso de limpieza selectiva del chavismo más virulento.

Pero hay un elemento que, a medida que se van descubriendo las trampas electorales y el manejo de la información demográfica por entes afiliados a la cúpula revolucionaria, se va poniendo en evidencia, y es que el número de venezolanos afiliados al chavismo, de simpatizantes y beneficiarios de sus programas “sociales”, no es tan grande como lo pretendían, y a medida que avanza este proceso de depuración de las estrategias comunicacionales y de propaganda, el número de activistas con que cuenta el chavismo se ha reducido drásticamente, sobre todo luego del terremoto, en que las trampas mortales de “las soluciones habitacionales” que la cúpula chavista entregaba al pueblo más necesitado y fervoroso a la causa quedaron al descubierto; sus números se desploman en la misma medida que sus urbanizaciones socialistas, el chavismo es ya una minoría.

No me cabe la menor duda que a lo interno del Departamento de Estado estén las mejores mentes, académicos, científicos sociales, politólogos reunidos en diversos “Think tanks” estudiando el caso venezolano, utilizando los algoritmos más avanzados, proyectando escenarios, utilizando la IA más poderosa para dilucidar una solución razonable, ésa que implique el menor costo posible para el gobierno norteamericano y el logro de los mayores beneficios en esta posible asociación; lo que resulte de este esfuerzo redundará en todos los países del área, Venezuela podría transformarse de un embarazoso problema a una solución continental.

De seguro ya se han paseado por las diversas fórmulas populares en las redes sociales, desde la propuesta del estado No. 51, la de un estado asociado, la del tutelaje, coloniaje descarnado tipo Congo Belga, coexistencia con un estado libre e independiente… hay varios escenarios que Estados Unidos tiene que evitar en el caso venezolano, el primero es que se vuelva a convertir en una base de operaciones de la extrema izquierda en el continente y contraria a los intereses norteamericanos, otros son que se le niegue el acceso a su riqueza energética, que lidere una corriente antidemocrática contagiosa para países vecinos, que recaiga como centro para la distribución de drogas peligrosas… todas estas posibilidades implicarían un costo grande en dinero y vidas que Estados Unidos quiere evitar a toda costa.

El problema que estoy observando es que los enemigos de occidente, en especial los que quieren expandir el totalitarismo, el comunismo, las ideologías fundamentalistas, el odio hacia los Estados Unidos, no se van a quedar tranquilos viendo como Venezuela se convierte en una versión caribeña de Florida o en una sucursal de Houston, y van a tratar de subvertir el orden de nuevo, aprovechando justamente que Washington está dejando intacto el ADN chavista y permitiéndole sobrevivir como expresión política.

En mi humilde opinión, los esfuerzos del Departamento de Estado deberían estar mayormente dirigidos a poner orden dentro de la oposición venezolana, en vez de sostener a unos criminales como los chavistas, que se entendió en un primer momento, pero que ahora es innecesario y hasta peligroso. Deberían aprovechar para erradicarlos de raíz, acopiando el inmenso malestar que existe entre el pueblo y las evidencias tan claras y patentes de sus crímenes de estado y contra la humanidad.

Es mucho más beneficioso, productivo y seguro trabajar con una persona como María Corina Machado, por mencionar a un factor importante dentro de la oposición, que ha demostrado ser inteligente y dispuesta al juego político, que contar como aliado con una persona como Delcy Rodríguez, cuyo curriculum es más un prontuario, que es enemiga declarada de la libertad y la democracia y ha trabajado para la erradicación del poder norteamericano.

Uno de los grandes problemas dentro de la oposición venezolana es que todavía no se han elegido y conceptualizado el orden de necesidades de nuestro país, donde todo luce prioritario y urgente, no están claras las causas y efectos de los problemas que nos arropan, nuestras urgencias nos abruman y esto genera una gran confusión, cada quien hala la carreta para su lado y no se ponen de acuerdo; un buen paso sería que el Departamento de Estado, como tercero independiente e interesado, nos permita una perspectiva de desarrollo que nos ayude a planificar y ejecutar esa hoja de ruta tan deseada y necesaria. Pero repito, poner al chavismo a “negociar” con la oposición la transformación del estado es un oxímoron.

El presidente Trump debería estar tranquilo, dadas las circunstancias geopolíticas actuales el petróleo venezolano jamás le será negado, y es del interés nacional que nuestra industria petrolera crezca y se fortalezca. Estados Unidos es un buen pagador, tiene el “know how” necesario para extraerlo y refinarlo, y quizás lo principal, cuenta con el músculo financiero de empresas que pueden hacerlo posible. Pero también debería estar muy atento en crear un verdadero aliado en el subcontinente, alguien que le permita estabilizar la economía y la política en la región, que sea parte integral de ese escudo de defensa contra sus propios enemigos y que le facilite el recate de Cuba y Nicaragua para la democracia y la libertad. Ese aliado es Venezuela, de tradición democrática y un socio confiable para ese futuro.

Para el momento en que sale publicado este artículo, leo en las noticias que efectivamente las negociaciones con el chavismo empezaron con el pie equivocado, conversaciones fuera de contexto, llamadas telefónicas secretas, cambios en las agendas de temas, comunicados contradictorios, lenguaje ambiguo, condiciones estas que han afectado la percepción pública que se trata no de una negociación, sino de una puesta en escena para burlar a los gringos, engañar a los venezolanos y preservar a los chavistas en el poder un día más…

 

 

lunes, 27 de julio de 2026

El imperativo moral, por Saúl Godoy Gómez

 

“El auge y la caída no son un juicio moral externo impuesto sobre una cultura, son la consecuencia mecánica de si esa cultura sigue creyendo que vale la pena defenderse, Una civilización puede sobrevivir a la pobreza, a la guerra, incluso a le derrota. Lo que no sobrevive es dejar de creer que merece existir.” --Camile Plagia.

La delicada situación política en Venezuela refleja de manera muy clara las contradicciones que pueden surgir entre lo que se hace bien y lo que se hace mal, entre lo que se dice del mundo y lo que realmente es; Venezuela se ha convertido en una vitrina de opuestos, y se exhibe sin pudor lo más violento, cruel e injusto, al lado de los valores humanos más deseados y necesarios para una convivencia pacífica, productiva y universal, esto, a pesar de que son los valores de occidente, de las culturas eurocentristas y norteamericanas las que marcan los límites de esta experiencia, ya que han sido los marcos dominantes en nuestro devenir en la llamada “modernidad”.

 Venezuela se estaba desarrollando gracias a su economía petrolera y venía viviendo para finales del siglo XX una decadencia de su élite política democrática, que había escogido la ruta socialista, en la que el ciudadano importaba cada vez menos en las decisiones gubernamentales, sus derechos eran conculcados por un enorme aparato del estado que actuaba en su nombre y supuestamente para su beneficio, pero que en realidad sólo lo disfrutaban unas organizaciones políticas, partidos y grupos de interés (empresarios, ONG´s, iglesias, etc…); éstos, en medio de una creciente corrupción y desinterés por los derechos individuales, se embarcaron en un proyecto populista que permitió que unos supuestos revolucionarios bolivarianos tuvieran la oportunidad de hacerse con el poder.

Pero los supuestos revolucionarios, afiliados a los grupos extremistas de la izquierda radical, en vez de atajar y controlar el inmenso tamaño que había adquirido el estado, alimentaron al Behemoth, ese mítico monstruo del viejo testamento que retó el poder de Dios, un estado comunal que hundía sus raíces en el control biopolítico de la población, jugando con sus necesidades más básicas: la vivienda, los servicios públicos, su salud, su hambre y su seguridad.

Durante 26 largos años, la mayoría de los venezolanos fue víctima de unos auténticos esclavistas, que utilizaron el poder del estado, en el más descarnado estilo fascista, para explotar a su propia gente, en aras de una estructura de poder supra nacional, que quería competir en condiciones de igualdad contra el imperio norteamericano, exponiendo a los venezolanos no sólo a los peligros de una retaliación militar, sino a las peores carestías materiales y espirituales, dejándolos indefensos frente a organizaciones terroristas y narcotraficantes internacionales, ganando elecciones trampeadas a favor de la izquierda internacional, incitando el odio y la guerra contra los intereses occidentales.

Para lograr sus fines, el chavismo estableció un programa de reformas que estaban dirigidas a destruir todo lo que sostenía el anterior régimen, especialmente lo relacionado con los valores, la identidad y el sentimiento de nacionalidad del venezolano, para ello se valió de una confusa idea del globalismo marcado por una idea multipolar, el control del mundo había que repartirlo entre varios actores.

Y eso casi lo logran, entre otras cosas porque Washington cayó en manos del partido demócrata, que estaba afiliado a la izquierda, un cambio de dirección que les era atractivo para sus intereses políticos. Los países europeos estaban en pleno tránsito hacia una Unión Europea y distraídos con la pugna entre tendencias de la izquierda que querían hacerse con el poder, de modo que lo que sucedía en Venezuela era apenas un incidente exótico de pugnas tercermundistas; las consecuencias de lo que estaba pasando en Venezuela las sentirían más adelante, cuando tuvieron que contener y deshacer la maraña de intromisiones en sus economías y política.

A lo interno,  la educación en Venezuela sufrió un retroceso significativo, bajando brutalmente la calidad de la misma, condenando a los educadores a la mendicidad y utilizando las instituciones educativas como instrumentos para la conveniente promoción de sus ideas ; la propaganda y el lavado de cerebros, a través de los medios de comunicación masiva y las organizaciones afiliadas al partido de gobierno revolucionario, sustituyeron en buena medida la educación formal, y dejaron en manos de artistas e “influencers” en las redes sociales la formación moral de la población, una moral que se decía revolucionaria, con tintes patrioteros, una instrucción sin pensamiento crítico, sin debate de ideas, donde la ideología partidista dictaba el deber ser de la inmensa mayoría.

Durante 26 años, Venezuela fue despojada de los imperativos morales y se dio rienda suelta a los instintos más básicos; si querías sobrevivir, tenías que hacer lo que te decía el líder y tu comportamiento era vigilado por los jefes de calle, por las comunas de tu barrio, por los alcaldes y gobernadores, se montó una impresionante estructura de vigilancia y control, estilo cubano, donde a los que no entraban por la norma perdían los “beneficios sociales”, porque ya los derechos se habían convertido en beneficios, y los más ariscos eran encerrados en cárceles inhumanas para ser torturados y los llamaban presos políticos.

Pero, para asombro de los comunistas, una buena parte de los venezolanos resistió, muchos se inmolaron en las calles protestando y enfrentando a las fuerzas de seguridad del régimen; otros, desde sus casas y lugares de trabajo, aguantaron la tormenta en silencio, educando a sus hijos en aquellos principios morales que reconocían como correctos, dando ejemplo de persistencia y solvencia moral, como pequeñas islas de excelencia, sobrevivieron en un mar de trampas y corrupción, preservando la verdadera naturaleza del venezolano.

Los que tuvieron la oportunidad y el valor, se fueron al exterior buscando una vida digna para poder ayudar a los que dejaron atrás. Pero la gran mayoría se quedó, aguantando el derrumbe de un régimen que no tenía futuro, pues eran caníbales que finalmente se comerían entre ellos. Gracias a la intervención de Estados Unidos, con el Sr. Donald Trump en la presidencia, se descabezó al chavismo en una peligrosa y valiente jornada militar, pero persistía el temor de una vuelta al horror, porque la Venezuela chavista ya era parte integral de una red que estaba promoviendo el totalitarismo a nivel mundial; en nuestro territorio convivían distintos grupos narcoterroristas y fundamentalistas islámicos que todavía podían causar problemas.

Limpiar a Venezuela de estas lacras iba a tomar su tiempo y el país estaba destruido; afortunadamente, las riquezas minerales y energéticas se mantenían a buen nivel. Y ocurrió el doble terremoto que puso al desnudo la indefensión que padecíamos y empeoró la situación de crisis humanitaria profunda que sufría el país; afortunadamente, Washington ya tenía el control político y militar de la situación, y el caos generado por la ocurrencia sísmica no derivó en una nueva oportunidad para que la izquierda mundial retomara su control sobre el país.

La fórmula que había escogido inicialmente el Departamento de Estado para preservar el orden y la paz en Venezuela necesitaba mantener a un estamento del chavismo en el poder, controlados, tutelados y vigilados, pero en funciones. Para ese momento, todavía era muy frágil la recomposición de una oposición seria y funcional en el país caribeño; aun contando con figuras tan relevantes como la líder María Corina Machado, era demasiado riesgoso, en medio de tantas calamidades y conflictos internacionales, permitir que Venezuela se volviera a perder para los intereses de occidente.

La situación venezolana no es fácil para nadie; para Estados Unidos es altamente riesgoso que nos convirtamos de nuevo en una amenaza para su seguridad, y menos ahora que jugamos un papel fundamental en el equilibrio energético mundial, no tanto por nuestra actual producción sino por nuestro altísimo potencial, nuestra posición geoestratégica es importante para que Estados Unidos tenga algo de control sobre esta parte del subcontinente americano, recientemente arrebatado por regímenes contrarios a sus intereses.

Nosotros, los venezolanos, a quienes la situación le está exigiendo el mayor de los sacrificios, ya estamos exhaustos de tanta injusticia y crimen, hemos sido castigados por más de dos décadas con el peor de los sistemas políticos, mal gobernados por un cartel de criminales, lleno de ineptos y gente vacía de alma, lo ocurrido con el manejo de la emergencia por el devastador terremoto es solo una muestra de que el chavismo está anulado, quebrado y por lo mismo, convertido en instrumento del caos por los fundamentalismos que buscan la destrucción de los Estados Unidos.

La mayoría de los venezolanos creemos en lo profundo de nuestro ser que podemos enfrentar la adversidad, confiar en nuestra resiliencia y triunfar sobre la maldad, pero estamos en el peor momento, debilitados por desgracias naturales, apaleados por años de represión, sin instituciones, arruinados y debiendo hasta la forma de caminar, pedirnos paciencia es casi un abuso… pero no hay otra, el mundo libre está preocupado por nuestro devenir y nos está ayudando, estamos en medio de un proceso lento y doloroso, no podemos correr sin caernos, debemos confiar y hacer en cuenta de que el chavismo sigue vivo y coleando entre nosotros, que volver a rescatar nuestros principios e imperativos morales tomará su tiempo… lo importante es que estamos vivos y que tenemos una nueva oportunidad.

El presidente Trump y su gobierno han tomado muy en serio el futuro de Venezuela, al punto de que ha preferido verse asociado negativamente a lo que queda de un régimen desalmado y corrupto, que dejarnos solos en medio de nuestras desgracias. Y aunque este chavismo de transición, de Delcy y su combo, no es la mejor muestra de nuestro carácter y solvencia, en su jugada política, Washington apuesta a ese reservorio de moral y perseverancia del pueblo de Venezuela para organizarse y volver a encontrar su camino. Llegar a allí, en medio de nuestras circunstancias tan complicadas, es un viacrucis peligroso, y se sabe, que quienes queman las banderas de Estados Unidos e Israel en las calles de nuestro país, son enemigos irrenunciables de la libertad. En este momento es preferible tenerlos a la vista de todos, que ocultos en las sombras.

Lo que se temía está comenzando, un grupo de agentes provocadores se encuentran activos en las redes sociales mal poniendo los esfuerzos de los Estados Unidos en el país, incitando al pueblo para que proteste y salga a la calle a reclamar justamente lo que ellos, el chavismo o lo que queda de él, ha provocado: la ruina moral y material del país.

Desde Miraflores se lanzan iniciativas para ahondar las contradicciones que han sembrado en casi tres décadas de abuso, en lo militar, en la estructura de gobierno, en las políticas de la emergencia humanitaria, son pequeños movimientos que profundizan el gran malestar social que han sembrado con el fin de culpar a los interventores extranjeros, y al mismo tiempo, haciéndole creer a los venezolanos de la calle, que el país, a pesar de sus condiciones de minusvalía en que se encuentra, puede hacerse cargo de su futuro, para luego poder arrebatarles de nuevo la esperanza.

Ante esta estrategia diabólica y esperada, los servicios de inteligencia de occidente se encuentran a la espera del desarrollo de estos movimientos contrainsurgentes, vigilando y tomando nota, saben que la estructura chavista de poder y de su apoyo internacional no está acabada y que van a intentar algo desesperado, Delcy y su grupo no controlan a esta hidra de varias cabezas, el joropo a penas comienza.

martes, 21 de julio de 2026

Planificar el robo del siglo, por Saúl Godoy Gómez

 



El primer paso de todo robo consiste en penetrar el lugar donde se encuentra el botín a ser sustraído, aquí es indispensable toda la información posible, hay que llegar al sitio de la manera más cómoda y menos sospechosa, disminuyendo el “ruido”, alertas, víctimas y daños colaterales; una vez dentro, el robo se ejecuta, en parte o en su totalidad de acuerdo a un plan que incluye rutas de escape, coartadas en caso de una investigación posterior, limpieza de la escena del crimen para no dejar pistas incriminatorias, y en lo posible, una narrativa preparada para poder negarlo todo.

El caso de Venezuela, un país petrolero que fue despojado de una buena parte de su riqueza por un grupo de narcoterroristas liderados, primero, por el teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez Frías y, luego, por el chofer de autobús de nacionalidad colombiana Nicolás Maduro Moros, con conexiones con los grupos criminales más duros de la escena internacional para su momento, y con la complicidad de algunos gobiernos, fue el robo del siglo y duró 26 largos años.

El robo fue una operación de alta complejidad, que incluía una fachada política nacionalista y de extrema izquierda, que contaba con un aparato partidista-militar para el control social de la población, con su propia maquinaria comunicacional y una extensa plantilla de socios, operarios, expertos en distintas áreas técnicas y profesionales, con un esquema de inteligencia e información ubicado en los cinco continentes y cercanos a los centros de poder más importantes de occidente y oriente.

Fue un plan que se fue forjando en el tiempo, mientras se avanzaba en lograr cabezas de playa en áreas sociales, legislativas, diplomáticas e incluso religiosas, contando con el apoyo de gobiernos socialistas y comunistas, en especial con el apadrinamiento del líder cubano Fidel Castro, quien le abrió a los socialistas bolivarianos muchas puertas, y con el aval de grupos extremistas islámicos, que ya venían posicionándose de la región por medio de hijos de emigrantes radicados en el país.

Visto a la distancia y luego del pasar del tiempo, fueron como teselas o mosaicos de un gran mural, que fueron encajando de acuerdo a intereses comunes, principalmente por el odio y el sentimiento de venganza que muchos de estas organizaciones tenían contra Estados Unidos de América y el sistema capitalista que representaba, y esto era así, entre otras cosas, porque Venezuela era cercana no sólo geográficamente al gigante del norte, sino por filiaciones culturales y familiares cultivadas por décadas de convivencia pacífica y comercial.

Una de los organizaciones criminales de los gobiernos chavistas fue el Cartel de Los Soles, un grupo miembro a la red compuesto por altos personeros de las Fuerzas Armadas venezolanas, que hicieron del narcotráfico no solo una actividad lucrativa, traficando con drogas peligrosas e ilícitas hacia el país del norte, sino que lo hicieron con el ánimo de causarle daño al pueblo norteamericano, a su juventud, quienes eran sus víctimas propiciadoras, pero también con la intención de desestabilizar su sistema económico, aprovechando las libertades para inundar algunas economías locales con dinero de origen ilícito con el propósito de “lavarlo”, propiciando la corrupción, la inflación y la decadencia de los valores democráticos.

Pero esa manera ser y de comportarse contra toda racionalidad y el desprecio que sentían por el trabajo y la libertad humana, los llevó a configurar un esquema superior de criminalidad; se dieron cuenta de que sus gobiernos no eran populares, que sus actuaciones no llenaban las expectativas sembradas por sus promesas electorales, que las diferencias sociales que habían creado producían un gran descontento inexcusable, a pesar de las crisis que creaban artificialmente, y de atribuirle la causa de los problemas a terceros.

Decidieron entonces robarse las elecciones en un gigantesco fraude electoral, pero robarse las elecciones no era en realidad el cofre del tesoro, y aunque ya venían robando los recursos naturales del país, su petróleo, el oro, el carbón, el hierro, el aluminio, los diamantes, la fauna salvaje, el tráfico humano… el mayor botín estaba por configurarse en la deuda externa del país, porque los chavistas le habían tomado el gusto a refinanciar las deudas de los institutos públicos y otros órganos del estado, endeudarse con créditos para la adquisición de equipamiento e instalaciones de ministerios, armamento militar y policial, e incluso ficticios programas espaciales.

El gusto por las comisiones, la coima, el sobreprecio en las obras públicas, los megaproyectos de transporte, la promesa del alivio a la crisis eléctrica, de la construcción de represas, los programas de vacunación y atención a las epidemias, el equipamiento de hospitales, la compra de alimentos… había un mundo de dinero fácil , rápido y abundante que se podía obtener por medio de las contrataciones internacionales, los prestamos multilaterales, las mismísimas expropiaciones de empresas extranjeras, negocios en pleno funcionamiento que sólo había que robárselos a sus dueños legítimos bajo la figura de un decreto de utilidad pública presidencial, y la palabra “exprópiese” se hizo común en los programas televisivos del gobierno.

Pero para hacer todo esto se necesitaba ser gobierno, y tener el apelativo de “legítimo”, avalado por elecciones populares y libres que le dieran autoridad a los ladrones, porque lo sabroso del negocio de endeudarse para no pagar, es que ninguno de ellos iba a responder por los desfalcos y despojos que se producirían, las obras jamás se construirían pero sí se pagarían, por lo menos las comisiones acordadas, y para ello se necesitaba contar con socios dispuestos al fraude, países cómplices que sabían que el negocio estaba en la deuda, y que el país en algún momento sería de ellos; eso pasó con los rusos, con los chinos, con los brasileños, con los españoles… con los bancos vagabundos que conocían el retorcido negocio y les interesaban los papeles para poder venderlos en los mercados secundarios.

Las recientes declaraciones del presidente Trump, revelaron el informe de la CIA sobre los planes del chavismo para cometer fraude electoral por medio de máquinas electorales y sofisticados programas para contabilizar los votos, de manea que lo que quedaba era armar las organizaciones y países veedores que respaldaran la legitimidad de la trampa, cosa que no les tomó mucho esfuerzo en un entorno que favorecía tamaña vagabundería, de esta manera consiguieron algunas ONG´s, representaciones de gobiernos cómplices y algunos árbitros internacionales en asuntos electorales.

Pero los venezolanos no nos estábamos chupando el dedo, no sólo se protestó y se hizo resistencia, a pesar de los candidatos de la oposición falsaria que aceptaban esos resultados totalmente manipulados, se denunció esos manejos, se peleó en las mesas por los resultados reales de las votaciones, y en esto María Corina Machado tiene un estelar papel organizativo que permitió que los venezolanos pudiéramos conocer cómo se falseaba la voluntad popular, y que esos señalamientos llegaran a instancias internacionales, donde empezó a cuestionarse “el mejor sistema electoral del mundo”, a decir de las autoridades chavistas. Bueno, el mejor, para su conveniencia…

Esa deuda externa, que se dice es de 240 millardos de dólares y que el país debe reconocer, es el atraco del siglo contra una democracia secuestrada por el crimen organizado,  la mayor parte de esa deuda fue negociada a espaldas del pueblo de Venezuela, inducida por engaños y trampas, y las pruebas empiezan a emerger; ya no se trata solamente de las actas electorales que prueban el enorme fraude, al verse al descubierto, al no poder utilizar los números forjados por sus máquinas inteligentes de votación, el chavismo trató de introducir como prueba una servilleta donde estaban escritos los resultados y que utilizó el presidente del CNE para declarar el triunfo de Maduro, pero ahora son los informes de inteligencia, declaraciones y confesiones de los involucrados ante jueces federales… el robo del siglo se está poniendo al descubierto. Para perpetrarlo se necesitó de miles de participantes de distintos países, pero la prueba más sólida e innegable es el país, Venezuela tenía un buen futuro pero quedó reducida  reducida a escombros, a la indigencia, por unos revolucionarios de pacotilla, por ladrones y criminales que únicamente merecen la pena capital.

El porqué el Sr. Trump escogió a los hermanos Rodríguez, parte importante de la banda de estafadores que urdió el crimen electoral contra los venezolanos, para montar esta primera fase de estabilización y reconstrucción del país, es una decisión que debe tener su lógica, pero que escapa a mi comprensión; unas personas que no tienen la menor buena voluntad, que son deshonestas, que han demostrado no tener empatía por el pueblo de Venezuela, que han sido enemigos declarados de USA, mal que bien pueden hacer un trabajo de esta naturaleza. Sin duda, las autoridades de Washington manejan información que yo desconozco y que pudiera ser vital para no desestabilizar al país, pero estos sujetos carecen de toda credibilidad institucional y moral, una muestra de ello es la negativa rotunda de varios organismos internacionales en facilitarles fondos retenidos pertenecientes a Venezuela a esa banda de ladrones.

Robar es el motivo principal que impulsa al chavismo, lo tienen marcado en la frente, ninguno de ellos podría justificar sus bienes de fortuna y propiedades ante una contraloría medianamente seria y profesional, y la pobreza que alegan los que quieren defender lo indefendible no se compagina con sus conspicuos estilos de vida, propios de una oligarquía revolucionaria que exhibe sus trofeos; robar es el proyecto en que se basó el aparato del estado del chavismo, desde la presidencia, pasando por los legisladores, jueces, ministros, gobernadores y alcaldes, que son parte de una intrincada red de corrupción, si se permite que estos ladrones se salgan con las suyas, que consigan un perdón y un exilio dorado por sus actos, lo que se va a lograr es estimular que estos comportamientos se hagan dignos de imitar por todos aquellos que prefieran el crimen como vía rápida para resolver sus necesidades.

 

sábado, 11 de julio de 2026

Nuestra relación con USA, por Saúl Godoy Gómez

 

Se acaban de cumplir los 250 años de la independencia de Estados Unidos, una fecha importante para el pueblo hermano de Norteamérica que lo celebra imbuido no sólo de un mundo totalmente distinto al que tuvieron que forjar los padres fundadores, sino que su nación se ha transformado en todo ese tiempo transcurrido en algo completamente diferente a la visión que inspiró aquel proyecto, que con tanta pasión y razón defendieron las mentes más brillantes de su tiempo, en aquellos calurosos días de julio de 1776 en Filadelfia.

Las discusiones, foros, conferencias y actos sobre ese importante hecho histórico se han multiplicado en el mundo académico y político norteamericano, y han servido entre otras cosas para tratar de encajar aquel episodio con la realidad actual, porque el contraste entre el presente y el pasado es abismal, no se tenía idea del salto tecnológico que significaba contar con una IA, armas de precisión autónomas, programas espaciales, empresas privadas y personas trillonarias manejando una economía donde el 6% de la población es dueña del 80% del PTB, una nación en la que el transhumanismo y las combinaciones cyborg son elementos cotidianos, monedas digitales y dinero plástico mueven las transacciones cotidianas, contando con un poder militar global y capaz de mantener múltiples conflictos simultáneos en diferentes partes del mundo.

Nada que ver con aquella sociedad mayoritariamente rural, mercantilista y fervorosamente creyente en el espíritu innovador de su gente, mayoritariamente inmigrantes de la vieja Inglaterra y de muchas partes de Europa, que venían al Nuevo Mundo buscando libertad y nuevas fronteras lejos de los rígidos cánones de las monarquías decimonónicas y de las imposiciones de cultos e iglesias.

Figuras como Jefferson, Adams, Franklin, Hancock, representantes de las 13 colonias (de las 26 que tenían en América), que asistieron a las deliberaciones y la votación para declararse estados independientes, estaban sometidos a enormes presiones; una buena parte de las colonias estaba indecisa sobre el asunto de romper con el gobierno británico, el Rey George III había ordenado reforzar sus dominios en América, decretando un embargo económico contra sus súbditos americanos y enviando naves y tropas para consolidar su presencia y autoridad, sobre todo en Boston y New York.

Ya  los revolucionarios se habían enfrentado en 1775, en los campos de batalla de Lexington y Concorde, y aquel era el tercer Congreso Continental que realizaban para discutir los pros y los contras de declararse estados independientes y constituirse en la Unión Americana; pero los Tories, los partidarios de seguir bajo los términos de la Corona como súbditos ingleses, eran influyentes, el Parlamento en Londres era inflexible con el tema de la independencia, quienes fueran encontrados conspirando serían condenados a la horca.

Pero aún así los independentistas habían logrado avances importantes, estaban comprando armas y pólvora en las islas caribeñas para una guerra que creían inevitable, nombraron a George Washington como cabeza de un nuevo ejército, pero carecían de fuerza naval y los milicianos no estaban entrenados ni organizados para sostener una defensa creíble; todas esas debilidades fueron conquistándose a fuerza de argumentos, negociaciones, panfletos (la publicación masiva del “Common Sense”, una encendida proclama por la independencia publicada anónimamente… - luego se supo que su autor fue Thomas Paine - le dio a la gente las razones para enfrentar la lucha), pero sobre todo, fue el trabajo de hormigas que John Adams y Thomas Jefferson hicieron con cada representante plenipotenciario de cada colonia, fundamental para los resultados.

Tuvieron incluso la iniciativa de enviar a Franklin a Canadá, con la esperanza de convencerlos que se unieran como la catorceava colonia, pero fue inútil. De todos esos esfuerzos de múltiples aristas, hay algo que destaca como la base ética-filosófica de ese cúmulo de documentos y actuaciones, y fue su carácter su carácter humanístico e ilustrado, propio de la época, muy a tono con la formación clásica de sus protagonistas, en su mayor parte abogados, comerciantes, granjeros y hacendados, científicos, militares. Los asuntos controversiales, como el peliagudo tema de la esclavitud y la conformación de un gobierno federativo, se dejaron para posteriores discusiones, lo importante en ese momento era alinear a las trece colonias en un solo objetivo: la declaración de independencia.

El historiador norteamericano David McCullough, en su obra biográfica sobre John Adams, nos comenta sobre ese tenaz y brillante hombre de leyes:

 

“Para Adams la estructura del gobierno era un tema de interés apasionante que hacía las preguntas fundamentales sobre la realidad de la naturaleza humana, poder político y la buena sociedad. Era su preocupación, que por años impulsaron sus lecturas y el intercambio de ideas con aquellos cuyos juicios respetaba… la felicidad de la gente era el propósito del gobierno-escribió- …por lo tanto, la mejor forma de gobierno es la que produce mayor cantidad de felicidad para el mayor número de personas… la felicidad deriva de la virtud, aquella forma de gobierno con la virtud como fundamento, promoverá el mayor cúmulo de felicidad general.”

 

Leer la Constitución norteamericana es leer una de las más completas cartillas de derechos humanos, de principios éticos y visión moral que se hayan escrito en la historia, modelo para muchas otras constituciones en el mundo, incluyendo la nuestra, sus ciudadanos veneran esas normas y las defienden a capa y espada; el debate generado por el nuevo aniversario de la independencia ha puesto de nuevo el aspecto de valores y principios en un primer plano, debo añadir que, en lo personal, estoy cumpliendo 50 años de graduado en Comunicaciones, Artes y Ciencias de Western Michigan University, y tengo el honor de pertenecer a la clase de 1976, año bicentenario cuando, igual que hoy, la historia de aquel episodio fundacional fue también celebrado, revisado y estudiado.

Y hablando de revisiones históricas sobre aquellos acontecimientos, me encontré con un artículo del investigador J.C.D. Clark, publicado el 29 de abril de este año 2026, y cuyo título es “Las consecuencias inesperadas de la Revolución Americana”; visto el hecho desde el punto de vista europeo más que de la mitología americana, el profesor Clark hace varias aseveraciones que me parecieron interesantes, entre las más resaltantes está el importante rol que jugaron las tropas y las fuerzas navales francesas para derrotar el disciplinado ejército de Cornwallis, sin desmeritar el esfuerzo y sacrificio de las milicias locales, pero fueron los franceses quienes lograron arrebatarle el poder naval a los ingleses.

De hecho, nos informa el profesor Clark que Francia sufriría un descalabro financiero grave luego de estos enfrentamientos, Luis XVI tendría que declarar la emergencia económica y Europa entera se vió arrastrada a una espiral de devaluaciones, inflación y desabastecimiento de los que nunca se recuperó para desembocar en la Gran Guerra en 1914; una hipótesis de largo alcance, pero no solo eso, aquellas tropas, de regreso a su país ya estaban impregnadas por el espíritu revolucionario americano y fueron los promotores, según Clark, de la revolución francesa de 1789, una idea nada descabellada.

 

Varios de los padres fundadores americanos eran esclavistas, incluyendo a Thomas Jefferson, quienes pospusieron la discusión del tema en un ambiente donde los abolicionistas ganaban terreno, y donde los mismos ingleses, en sendas sentencias, habían puesto en aprietos a los grandes terratenientes del sur al declarar, de manera expresa, que el Parlamento no reconocía el estatus de esclavo en sus dominios. Las colonias americanas necesitaban con urgencia expandirse y conquistar los territorios hacia el oeste, cosa que los ingleses les tenían prohibido, entre otras razones, porque ya había precedentes que pronosticaban que la ocupación sería total, con el exterminio y el desplazamiento de las poblaciones nativas americanas.

Para el profesor Clark, en subsecuentes Congresos Continentales, las 13 colonias, que ya venían trabajando de manera conjunta y colaborando entre ellas, decidieron establecerse como un gobierno federal, donde la oficina ejecutiva del presidente tendría poderes especiales para poder manejar las crisis que ya se preveían, poderes estos que finalmente se parecían más y más a una dictadura electoral, cada cierto tiempo los ciudadanos elegirían a una persona que tendría más poder que todos los reyes y emperadores juntos.

Cuando el presidente Trump llegó al poder, ya el chavismo se había convertido en un problema de seguridad para los Estados Unidos; empeñados en la retórica revolucionaria bolivariana seguían ladrando y enseñando los dientes al enemigo equivocado y, de un solo manotazo, el hombre más poderoso del mundo, encadenó y encerró en prisión al narcoterrorista colombiano Nicolas Maduro… y, en un giro inesperado, el presidente Trump decidió estabilizar y recuperar a Venezuela con la plana mayor del chavismo, una caterva de ladrones y malvivientes, algunos con recompensas millonarias sobre sus cabezas.

Por medio de la fuerza y su sola presencia, Trump trocó al chavismo desde ser su más procaz enemigo a su mandadero y lame botas, a los fines de explotar nuestras reservas energéticas - las más grandes del mundo, incansablemente presumidas por Chávez ante la comunidad internacional – y, en medio de uno de los vacíos institucionales y legales más notorios de la historia reciente, Venezuela fue ocupada y reservada para un futuro que, aunque incierto, y luego de un devastador terremoto, mantiene a los venezolanos aferrados a la esperanza de salir de la desgracia de un socialismo caníbal. ¡Qué cosas, dentro de las cartas sobre la mesa está la de convertirnos en el estado 51 de la Unión Americana!

 

domingo, 28 de junio de 2026

Cuando el universo se mueve, por Saúl Godoy Gómez

 


Spinoza propone a los filósofos un nuevo modelo: el cuerpo. Les propone instituir al cuerpo como modelo: «No sabemos lo que puede el cuerpo...». Esta declaración de ignorancia es una provocación: hablamos de la conciencia y de sus decretos, de la voluntad y de sus efectos, de los mil medios de mover el cuerpo, de dominar el cuerpo y las pasiones, pero no sabemos ni siquiera lo que puede un cuerpo. A falta de saber, gastamos palabras. Como dirá Nietzsche, nos extrañamos ante la conciencia, pero «más bien es el cuerpo lo sorprendente...».

Guilles Deleuze: “Spinoza, filosofía práctica”.

 

Quiero relatarles lo que sentí al momento de los terremotos en Caracas de este pasado 24 de junio, Día de San Juan, antes de que se me olvide o mis recuerdos se vean modificados por mi conciencia que, como sabemos y nos pasa a todos, no juega limpio cuando queremos recordar.

Me encontraba solo en la casa, estaba en mi cuarto, leyendo una novela de crimen escandinava, que está entre las lecturas que me gustan para entretenerme; afuera todavía era de día pero el ocaso se acercaba rápidamente, los perros estaban afuera y no me percaté al momento, pero era la hora en que los pájaros buscan refugio en los árboles, con un gran bullicio de graznidos y trinos, a lo que estoy acostumbrado como rutina diaria de las especies animales que tenemos costumbres diurnas, pero caí en cuenta del silencio que había en mi parcela, para la hora (iban a dar las seis de la tarde) lo acostumbrado es una gran alharaca de plumíferos buscando recogerse para la noche fría… no le di mayor importancia.

Dos segundos antes de los eventos sísmicos dejé de leer, puse el marcador de la página y cerré el libro, me incorporé, no me bajé de la cama, me quedé esperando, pues presentía que algo iba a suceder, había algo en el aire. Soy sensible a los cambios electromagnéticos de la tierra, esto me pasa desde que era niño, sobre todo antes de las tormentas, una habilidad perceptiva que desarrollé a consciencia, y casi de manera científica, durante mis años de estudiante en Michigan, donde  disfrute de las más espectaculares tormentas eléctricas, de los tornados que eran frecuentes en la población de Kalamazoo, ya que la  zona se encuentra en pleno corredor de tornados, justo entre Detroit y Chicago, y de las grandes tormentas de nieve que soplan desde los grandes lagos.

Es una habilidad muy común, mucha gente puede percibir estas variaciones con su cuerpo, y puede ser desarrollada con la práctica; hay personas que lo sienten en viejas heridas o en algún dedo que empieza a cosquillear justo antes de la tormenta (los científicos dicen que tiene que ver con la baja presión barométrica), por ejemplo, podía predecir, segundos antes que cayera un rayo cerca de donde estaba, lo sentía adentro en mis tripas, se me erizaban los pelos, se me secaba la garganta y cuando se marcaba el centellazo, uniendo el cielo con la tierra, me encantaba el olor a ozono que despedía el rayo antes de que sonara con el aquel ominoso latigazo y el trueno profundo que me calaba los huesos. Y como estábamos en pleno invierno y llueve a menudo y muy fuerte sobre los valles del Tuy, lo que esperaba era un buen palo de agua, nunca un terremoto.

La única experiencia que tuve con un terremoto fue el que acaeció en Caracas en 1967. Recuerdo que estaba bañándome y cuando todo empezó a temblar, salí de la ducha desnudo y salí corriendo a la calle todavía enjabonado, donde ya estaba mi familia y los vecinos en pánico, comentando el evento, era un adolescente; recuerdo que alguien me prestó un sobre todo, sentí el asfalto de la calle bien caliente en la planta de mis pies aunque era temprano en la noche.

En aquel momento vivía en Prados del Este, un suburbio de clase media en Caracas. Ahora estaba en el tope de una montaña, justo a la mitad entre Guarenas y Santa Lucía, rodeado de un bosque de grandes árboles, caobas, pinos, nogales, yagrumos, acacias… mi vecino más cercano, y no tengo muchos, estaba a más de trecientos metros; la farmacia, la policía y la panadería más próximas están a 8 km de carreta rural, para todo efecto práctico, me encontraba aislado, viviendo en un área natural protegida.

Aunque cuento con los servicios básicos, agua, luz y señal telefónica y de internet, sufro de recurrentes cortes del fluido eléctrico, con lo que quiero destacar que vivo rodeado de silencio, escucho música si la pongo… aquí solo estoy yo, los animales y el bosque, un verdadero paraíso para un escritor.

Y como les decía, cerré el libro y esperé, sabía que algo iba a pasar, de pronto escuché un ruido, como si el viento estuviera batiendo el follaje de los árboles alrededor de la casa como antes de la lluvia, pero lo que sentí a continuación fue muy extraño, como si una ola suave de energía inundara mi cuarto. Inmediatamente sentí un ruido sordo, que iba creciendo en intensidad y venía del oeste, parecía que un rebaño de vacas corría desbocado hacia la casa, las pezuñas haciendo estremecer el suelo… me puse de pie y al siguiente segundo, cuando quise salir del cuarto no pude, todo empezó a estremecerse y los libros empezaron a caer de la biblioteca al piso, ya en ese punto sabía que estaba en problemas.

La luz empezó a parpadear, escuché a los perros chillar de terror; cuando llegué a la puerta de mi cuarto es ruido ya era ensordecedor, los árboles crujían, el techo empezó a batirse sobre sus amarres, el suelo a mis pies vibraba, como si fuera el cuero de un tambor tensado, lo que me impedía caminar, vi un extraño resplandor en el jardín y, de pronto, quedamos a oscuras. Habían pasado menos de tres segundos y había un monstruo rugiendo en mi parcela.

Sentí como si enormes ondas levantaban el suelo y mi casa, en ese momento perdí noción de mi yo, ya no tenía personalidad ni identidad alguna, ni conciencia de lo que estaba bien o mal, era puro nervios, huesos y músculos, era carne viva y aterrorizada, lo único que quería era sobrevivir al caos que me envolvía. En mi último momento de lucidez, sólo pensé que aquello era lo que se debía sentir en el punto cero de una explosión nuclear; Saúl Godoy fue obliterado, sólo quedaba su cuerpo, tratando de sobrevivir en aquel mar de energía  telúrica desatada, en medio de un espantoso estruendo. Todo se sacudía, el desorden del mundo estaba a punto de romper la vida en pedacitos y me puse a gritar como un poseído, se sentía como si me estuviera desintegrando a nivel molecular.

Fue largo, me pareció que estaba atrapado en la cercanía de un hueco negro, en una singularidad tan fuerte que me estaba vaporizando, era terror puro, allí no había recuerdos, ni arrepentimientos, ni siquiera dolor… era mi cuerpo tratando de salvarse, luchando por no morir, pude salir del cuarto entre muebles que se rodaban y cosas que caían de las repisas, me era difícil conservar el equilibrio. Recuerdo que grité desesperado como si haciéndolo pudiera parar el pandemónium pero ni siquiera me escuchaba en medio del fragor, era como si el bosque a mi alrededor lo estuvieran arrancando de raíz, el suelo lo sentía que se hinchaba para acto seguido hundirse, sentí que las paredes de la casa me caían encima.

Cuando finalmente los temblores cedieron, estaba de rodillas en el piso frente a la cocina, los frascos, floreros y potes de vidrio seguían cayendo de la despensa y rompiéndose en el suelo, la nevera se había movido de su lugar, mi colección de termómetros estaba en el suelo, los libros de cocina empapelaban el piso, el agua del botellón se derramaba a borbotones, y la bombona de gas parecía que había querido salir corriendo, se lo impedía la manguera a la que estaba conectada, gavetas abiertas, ollas, sartenes y platos rotos componían la escena del crimen.

Fui afortunado, sobreviví sin mayores consecuencias. Cuando recuperé el resuello y el alma me volvió al cuerpo, entró mi perra Tina llorando; la cachorra, Brittany, no apareció, se internó en la selva; como ya era de noche, decidí salir a buscarla con la primera luz del día, estaba agotado y tenía una enorme jaqueca, afortunadamente tenía las linternas cargadas, con tan frecuentes apagones estábamos entrenados para tenerlas listas y a la mano. La negrura de la noche era impresionante, el silencio era total, lo primero que hice fue darle una vuelta a mi casa para percatarme del daño sufrido, no lo podía creer, ni una grieta, las paredes completas, todos los ventanales íntegros, no había frisos desprendidos, el tanque de agua estaba incólume, los muebles y adornos se habían rodado, pero seguían allí, como recuerdo del momento estaban los libros que cayeron de las bibliotecas y la ropa que salió de sus escaparates, y alguna que otra lámpara en el suelo.

Si aquello fue un terremoto debía esperar por alguna réplica, me dije, mientras me colocaba una lámpara de minero en la cabeza. Lo primero que hice fue desconectar el gas, detener las fugas de agua y barrer los vidrios del piso, pero mi mente repetía una y otra vez aquellos momentos límites que había vivido, si eso había ocurrido en una casa de campo, me imaginaba con horror lo que habían sentido miles de personas en la ciudad, atrapadas en sus apartamentos a 30 y 50 metros sobre la tierra… no pude menos que susurrar una plegaria por sus almas ya que, estaba seguro, Caracas sería un caos en ese preciso momento.

Quise hacer unas llamadas, pero no había servicio, tampoco pude conectarme a internet, a mi alrededor solo había oscuridad y un silencio ominoso, me fui a la terraza con una botella de ron y me tomé dos largos tragos, y volví a revivir aquellos angustiosos momentos… estaba admirado de como mi cuerpo, despojado de su espíritu, de su conciencia, sin el Saúl Godoy que usualmente lo habita, había respondido a una situación de extremo peligro y caí en cuenta lo maravilloso que es la naturaleza, todos los cuerpos están perfectamente diseñados para la vida, van a luchar hasta el último momento por ese aliento final y sólo empiezan a apagarse cuando las circunstancias que nos rodean no quieren que vivamos, cuando todo, físicamente, atenta en contra de ese delgado hilo de plata, como diría Lobsang Rampa, que nos une a la existencia, o en su defecto, cuando el yo, nuestra conciencia, pierde toda la esperanza.

También pensé en el universo donde vivimos, enorme, violento e inescrutable, dador de vida y muerte, creador y destructor de estrellas y galaxias, indiferente ante sus creaciones y catastrófico si decide mover una pequeña canica blanca y azul, situada en la Vía Láctea, cercana al Sol, donde existimos dentro de nuestros frágiles cuerpos, hechos para la vida, pero condenados a desparecer en algún momento.

Brittany regresó como a las cuatro de la mañana, en silencio se montó en la cama, suspiró y se enrolló a mis pies.  Tina ya iba por su cuarto sueño. Todo había pasado. Pero dentro de mí, aislado del mundo como en ese momento me encontraba, sabía, por las características de aquel evento sísmico, que era apenas el comienzo de una ordalía para muchos de mis compatriotas en otros lugares del país y por ellos recé un Padre Nuestro en aquella aterradora oscuridad, yo, que me las doy de ateo y de libre pensador... el cuerpo es cobarde pensé, y me dormí.



miércoles, 24 de junio de 2026

Un país de adictos, por Saúl Godoy Gómez


Pensando en lo complejo la situación política y social en Venezuela, luego de los sucesos del pasado 03 de enero, y tratando de poner en contexto las diferentes piezas de nuestro rompecabezas existencial, me puse a ver una serie de televisión, de la plataforma Hulu, titulada en inglés “Dopesick” (2021), que es como los norteamericanos les dicen a los devastadores efectos del síndrome de abstinencia, cuando un paciente es tratado por adicción a alguna substancia de la cual depende.

Es la historia, basada en hechos reales, de una feroz batalla, entre una poderosa industria farmacéutica y las agencias federales del gobierno de Estados Unidos, por controlar una epidemia de drogadicción general desatada por la introducción de un potente analgésico, el OxyContin, con base a opioides (el opio y la heroína lo son), pero viene disfrazado de un inofensivo medicamento contra el dolor. La escogí porque soy un admirador del trabajo de actuación de Michael Keaton, a quien considero uno de los mejores en su oficio, y se la recomiendo; es una historia muy bien contada y que, de una manera muy particular, me hizo reflexionar sobre la encrucijada en la que nos encontramos los venezolanos.

Una de las cosas que me hizo caer en cuenta con esta miniserie es que las instituciones en Estados Unidos funcionan, puede que sus acciones tarden, sobre todo si son manipuladas y engañadas, puede que en ese interín haya víctimas y se produzca un daño a la sociedad, puede incluso que la corrupción y el dinero traten de desviar las investigaciones y los resultados, pero al final se hará justicia, no tanto en el sentido de las fábulas con fines morales donde los héroes salen sin un rasguño y la felicidad será desbordante, en esta historia abundan las víctimas y los caídos de bando y bando, el resultado nos muestra un camino lleno de almas rotas… pero la sociedad se salva.

Haciendo un símil con nuestra realidad, Venezuela venía sufriendo desde hace mucho tiempo de una adicción ideológica al pensamiento de izquierda, no solo con el chavismo, anterior a la insurgencia de esos militares, ese mundo de fantasía basado en términos como la justicia social, la igualdad, el colectivismo y la figura de un estado gigante, fuerte y autoritario, paternalista y justo distribuidor, ya venía haciendo estragos en nuestro concepto de la realidad y disfrazado de democracia, y desde hacía décadas ya estaban en el ambiente todos los elementos de alarma, actuando en nuestra contra, la guerrilla, la revolución cubana, la perversa ecuación socialista de mantener al pueblo hambreado, ignorante y dependiente como fórmula para la paz social…

Los partidos políticos ya venían envenenados de marxismo-leninismo y fogueados en la resistencia activa y armada contra las dictaduras, la iglesia estaba tocada por idea de la liberación del colonialismo y de la explotación capitalista, las élites y la intelectualidad estaban imbuidos en el humanismo europeo, con fuertes trazas del existencialismo sartreano y muy poco del componente analítico anglosajón; en ese peligroso coctel de dogmas surgió la posibilidad de hacer negocios con el narcotráfico, éramos productores de la materia prima, de los precursores, la hoja de coca, de la marihuana, del peyote… producir las flores de amapola se nos dio fácil, los campos y montañas eran del pueblo y teníamos al mayor mercado del mundo a un tiro de piedra.

Al igual que en la serie televisiva de Dopesick, se desarrolló en las propias entrañas de la sociedad el cartel o sindicato que manejaría el negocio, en el caso de la serie, el cartel era una de las farmacéuticas más poderosas en el negocio, la empresa Purdue Pharma, perteneciente a la familia Sackler, que decidió lucrarse a costa de la salud pública desarrollando un supuestamente efectivo medicamento contra el dolor, que en realidad era una droga super adictiva y que creo una situación de graves consecuencias sociales, lo que pudo mantener durante unos años gracias a sus prácticas ilícitas de comprar y falsificar resultados,  corromper a funcionarios, comprar médicos y engañar al público con campañas malintencionadas. En el caso venezolano, fue el propio gobierno del presidente Chávez el que se convirtió en el super-cartel que manejaría no solo drogas sino petróleo, oro, dinero corrupto y otros elementos que lo harían la mayor organización criminal del continente.

El paralelismo en la historia comienza en el disfraz que usaron ambos carteles, estaban obligados a mantener una fachada institucional, profesional y seria que les permitiera cometer sus crímenes amparados en una imagen y un discurso que los distanciara de sus verdaderos propósitos. En el caso de la empresa Purdue Pharma, era el prestigio de la familia Sackler, los más importantes contribuyentes a las causas del arte y la academia; la empresa se envolvió en el discurso de acabar con el dolor humano y hacer la vida más digna, su producto, el OxyContin era la panacea para combatir los dolores que más aquejaban al ser humano, pero en las calles la gente que lo usaba quedaba atrapada en una terrible adicción que los degradaba y los hacía cometer terribles crímenes.

En el caso del chavismo, el estamento militar se convirtió en la punta de lanza de un movimiento socialista-revolucionario que abogaba por un nuevo orden mundial, por un país más justo y humanista, dedicando los enormes recursos petroleros del país a programas sociales dirigidos a la atención de los más necesitados, una conveniente pantalla para ocultar el saqueo de los dineros públicos más salvaje e inmoral del que se tenga memoria en el mundo entero. Chávez, junto a sus compinches del socialismo internacional, habían decidido que la mejor manera de camuflar sus actividades ilícitas: tráfico de drogas, lavado de dinero, corrupción, elecciones fraudulentas, financiamiento a grupos terroristas, compra de conciencias en organismos internacionales, tráfico humano… era presentarse como representantes de un gobierno legítimo, como parte de la comunidad internacional con voz y voto en los foros mundiales, soberano y con la moral del revolucionario que buscaba la paz y la concordia en un mundo multipolar.

En ambos casos, tanto con el chavismo como con la empresa Purdue Pharma, el interés era hacerse con el mercado del país  más poderoso del mundo, los Estados Unidos, burlar sus leyes, corromper sus instituciones y hacerse con el dinero mal habido, que lavaban en los bancos con argucias de todo tipo, mientras dañaban al pueblo norteamericano, y esto lo pudieron hacer durante un tiempo, el suficiente para que las instituciones norteamericanas se dieran cuenta de la situación y actuaran para corregir el entramado. Aquí me detengo para hacer una observación, el gobierno norteamericano, su sistema jurídico, sus valores democráticos, funcionan porque fueron diseñadas y construidas para prevalecer sobre las circunstancias más adversas, es un país pragmático que ha pasado por conmociones civiles, por guerras mundiales, por terribles situaciones y crisis en las que ha probado su resiliencia, se ha equivocado y ha aprendido a corregir; se trata de una sociedad en la que prevalece la importancia de la persona individual, aun cuando el bien común sea la meta a alcanzar.

Pero en Venezuela, como en buena parte de Latinoamérica, las ideologías colectivistas han prevalecido y el populismo ha encontrado tierra fértil, el juicio crítico ha sido sustituido por slogans y memes que resuelven al hombre común el trabajo de pensar, la acción se ha delegado en aparatos políticos que se creen dueños de la voluntad popular o a líderes mesiánicos que dispensan favores desde cortes que los idolatran; de esta manera, la “unidad” de nuestros representantes es suficientes para que la política se haya convertido en algo extraño e irreconocible, eso que termina hablando por nosotros, decidiendo por nosotros… nos hemos convertido en adictos al socialismo más pedestre, vicioso y amoral de la historia.

Mientras, en Estados Unidos las personas importan y hacen escuchar sus voces: eso hace que las instituciones se activen, que los distintos estamentos del gobierno investiguen y coordinen esfuerzos para resolver situaciones que se salen de control o para prevenir amenazas; fue de esta manera que organismos como la DEA, las fiscalías de los estados, los gobiernos locales, la prensa libre, la misma FDA, que se había hecho de la vista gorda ante la avalancha de drogas dañinas que Purdue Pharma introducía en el mercado, tuvieron que activarse y detener el caos social que esas drogas estaban produciendo.

De la misma manera, los Estados Unidos tardaron su tiempo en detectar el inminente peligro que un gobierno como el chavista en Venezuela representaba para su seguridad nacional y para el orden internacional, pero cuando lo tuvieron claro no dudaron en actuar para contener el caos, de allí su actuación con la captura de Nicolás Maduro y el juicio que ahora se le sigue en la ciudad de New York. Pero, como todavía persiste la amenaza de que Venezuela vuelva a recaer en su adicción al socialismo y a las fórmulas populistas, porque nuestras riquezas naturales y nuestra importancia geoestratégica son apetecidas por los enemigos de los Estados Unidos y porque nuestro estamento político tiene un comportamiento errático y disfuncional, nos han impuesto un tutelaje hasta nuevo aviso.

En la agenda figura en primer lugar rescatar nuestro pueblo de la miseria en la que nos tenía sumido el chavismo, asearnos, alimentarnos, cuidar de nuestra salud es lo prioritario; luego tenemos que tratar nuestra adicción a la ideología socialista que tanta desgracia nos ha producido, hay que perseguir y apresar a los traficantes y capos que todavía quedan enriqueciéndose con nuestra desgracia; pero como muchas de nuestras instituciones están comprometidas con los criminales, el trabajo se hace lento y pesado, liberar a nuestros presos políticos es un ejemplo de lo duro que han sido estos meses sin el jefe del cartel pero con sus esbirros todavía en el poder.

Rescatar nuestra economía, adecentar nuestro medio de vida, activar la producción de bienes y servicios nacionales es también una prioridad. Los vendedores de droga, los violentos, los terroristas, todavía andan por sus fueros queriendo retornar a sus viejas prácticas, tratando de convencernos de que con ellos se vivía mejor, nuestra clase política está otra vez vistiendo sus galas y oliendo a perfume para tratar de convencernos de que con la unidad, el perdón y la participación de todos un nuevo comienzo es posible, los enemigos de los Estados Unidos andan rondando el país para aprovechar la fiesta de la redención… estamos en pleno proceso de desintoxicación ideológica y quieren volver a vendernos drogas de todo tipo, ideológicas, económicas, religiosas, sociales…

Como a todo adicto, el proceso de desintoxicación y de recuperación física y mental toma su tiempo, no es inmediato, por eso se usan otras drogas, como es el caso de la metadona en la recuperación de adictos al OxyContin para tratar esas adicciones, y puede haber un retroceso si por desgracia hay en nuestros grupos de apoyo vendedores de drogas infiltrados, que retrasan y hasta impiden el proceso de sanación.

El paciente sometido a una cura de su adicción se desespera, se impacienta, algunos abandonan el tratamiento y vuelven a recaer en las drogas, para muchos eso sería fatal pues están tan debilitados que simplemente, mueren. Se necesita una enorme fuerza de voluntad y un compromiso con la vida para salir adelante, se requiere de un buen vecino, de un verdadero aliado para que nos acompañe en esta terrible prueba, que si resulta, y todo pareciera indicar que así será, tendremos paz, prosperidad y una relación de cordialidad y mutua asistencia, la serie de Dopesick es un buen ejemplo de lo que les digo, no se la pierdan.