“Todas las formas de tiranía son odiosas. Hay
muy poca diferencia para un ciudadano, para un padre de familia, para la cabeza
de un hogar, si la tiranía viene de un déspota de la realeza o uno imperial, si
viene de un Papa o de un Inquisidor, o de una casta militar, o de alguna
oligarquía plutocrática, o de alguna organización de trabajadores, o alguna
unión de comercio, o sistema de partidos- o peor aún, de una aterradora y
furiosa muchedumbre”- Winston
Churchill, ¿Que tan Buena es una Constitución?, 1936
Mi cultura policial y
del género negro, tanto en literatura como en cine, me ha inculcado un axioma
claro y contundente: Cuando se trata del poder establecido, de la autoridad que
impone un orden sobre la sociedad, la experiencia ha dictaminado que “con el
crimen no se negocia”, y esto es así porque negociar con criminales no es
negociar, siempre hay una imposición, una amenaza velada, un peligro latente,
con criminales no hay un quid pro quo, no existe el balance tan necesario para
llegar a una fórmula de consenso.
Si los criminales
aceptan los resultados de una negociación es porque pende sobre ellos una amenaza
de castigo, un arma apuntándolos, una retaliación seria y inminente que daría
al traste con su voluntad de imponer unas resultas siempre a su favor, en caso
contrario, si es la autoridad la que cede ante el crimen y se sienta a
negociar, es porque ha llegado a su límite de poder, de hecho, cualquier
criminal leería debilidad y rendición ante el poder de las mafias.
Éste es el caso con el
presidente Trump y la funcionaria encargada de Miraflores, Delcy Rodríguez; de
acuerdo a los reportes de prensa, ella hace todo lo que él dice porque no está
en posición de negarse, ya que sobre su cabeza hay una serie de expedientes y
acusaciones que podrían comprometer su botín y su libertad, incluso su vida.
Ella hace todo lo que le digan, sin chistar, por eso el presidente Trump está
tan contento de trabajar con ella, a todo le dice que sí, y pareciera que a la
Casa Blanca le tiene sin cuidado la toxicidad de esta relación, una asociación que,
incluso puertas adentro en EEUU, está muy mal vista.
El gobierno de EEUU
está acostumbrado a las negociaciones duras, en el transcurso de su historia
hemos visto a representantes de su gobierno sentarse para llegar a acuerdos con
criminales, y no en pocos casos a reconocerlos como contraparte, fue el caso de
los acuerdos con la mafia de New York en 1942 para proteger los muelles de la
ciudad de posibles ataques y sabotajes de los nazi, y luego en 1943
planificando la invasión a Sicilia, en ambas negociaciones la contraparte de la Marina de Guerra era nada
menos que Lucky Luciano, el padrino que estaba cumpliendo pena de prisión.
Esta negociación fue
muy interesante, ambas fueron exitosas para los intereses de guerra
norteamericano, pero Lucky Luciano no fue perdonado, se le expulsó del
territorio de USA para Italia, y haciéndolo, le hicieron un favor a la mafia
italiana que estaba a punto de desaparecer debido al duro combate que les
planteó Benito Mussolini; pero derrotados los fascistas, hubo un renacimiento
de la Cosa Nostra, de La Mano Negra, la Omerta y de otros sindicatos del
crimen.
La experiencia de la
oposición política venezolana en una mesa de negociación con el chavismo es una
colección de fracasos y engaños, no hay nada que negociar, nada que dialogar
con quienes estuvieron más de 27 años a espaldas de los venezolanos… ni un
nuevo CNE, ni la composición de un Tribunal Supremo de Justicia, ni la libertad
de los presos políticos que el mismo chavismo tiene secuestrados, ni buscar
términos para unas elecciones libres, todos temas esenciales para el restablecimiento
democrático en el país.
El chavismo aprovechó
las distintas negociaciones no solo para ganar tiempo, sino para dar la imagen
al exterior de que se trataba de un gobierno abierto al diálogo y al
entendimiento, cuando la verdad era todo lo contrario, endureció sus ataques a
la sociedad civil, apretó las tuercas de la opresión y buena parte de estas
conversaciones terminaron robándole la esperanza de cambio a los venezolanos de
a pie.
Las negociaciones debieron
haberse producido entre las distintas oposiciones que existen en el país, no
con el chavismo que está en plena disolución y cuyos representantes, todos,
deben rendirle cuentas al país por sus desastrosas actuaciones que no sólo nos
han acarreado ruina y muerte, sino que nos han llevado al borde de la
desaparición de Venezuela como nación.
Pero en la oposición…
la oposición venezolana es un caldo de cultivo donde conviven pragmáticos,
oportunistas, socialistas de toda laya, populistas, estand-up cómicos, influencers,
oligarcas, empresarios, chicos de la derecha exquisita, fascistas, ilustrados
oscuros, curas, comunistas, lideres comunitarios, encuestadores, reinas de
belleza, gente de los partidos tradicionales y de los nuevos partidos,
sindicalistas, militares retirados, republicanos, diplomáticos, utopistas,
ecologistas, constitucionalistas y para usted de contar… son legión, y ninguno
está de acuerdo con el otro, a todos “les asiste la razón” y todos quieren
tener la oportunidad de gobernar el país.
En medio de tanta
diversidad e intereses hay una sola candidatura de oposición que pareciera
tener la capacidad de aglutinar a nuestra clase política, y es el proyecto de
María Corina Machado quien todavía no ha podido regresar al país, entre otras
razones porque el presidente Trump cree que las circunstancias del país no
permite aún una elecciones libres y democráticas, falta todavía el piso
institucional que apenas se está construyendo, hay aspectos operativos y de
seguridad que deben ser resueltos antes de una carrera electoral.
Pero hay un factor
importante que está enrareciendo el ambiente político de Venezuela, y es el
negocio energético que en tan poco tiempo se ha convertido en un aspecto clave
para la estabilidad internacional, y es un asunto de interés estratégico para
USA por lo que requieren tratarlo como un asunto de seguridad interno, se habla
incluso de que ya cuentan con ese petróleo para renovar las reservas
energéticas de ese país y lo han contabilizado como si fueran propias, a pesar
de que ese petróleo y ese gas aún permanece bajo tierra.
De pronto Venezuela se
ha convertido en una región de interés para el mundo, debido a las guerras en
el Medio Oriente donde la producción y el tráfico de petróleo se han visto
gravemente afectadas, el precio de la energía ha escalado alzas importantes y
el mundo necesita urgentemente nuestro petróleo, el problema es que hay que
extraerlo, procesarlo y transportarlo, y para hacerlo realidad necesita de
inversiones multimillonarias, el presidente Trump se ha tomado la promoción del
negocio petrolero en Venezuela como una cruzada personal, entre otras cosas por
su interés político en el juego electoral de ese gran país, y ese apuro ha
afectado el programa de rescate democrático del país.
Venezuela no se ha
estabilizado, tiene problemas económicos graves, su infraestructura está en mal
estado, políticamente es un laberinto donde todavía coexisten el gobierno
revolucionario socialista que arruinó la nación, la inflación es terrible y la
criminalidad y las mafias controlan una buena parte de la economía,
principalmente la minería, y lamentablemente, estas organizaciones criminales
manejan muchas dependencias del estado, principalmente a nivel regional, donde
se han detectado la expansión de grupos guerrilleros.
Ha pasado muy poco tiempo desde el 03 de Enero
cuando fue extraído Nicolás Maduro del poder para enfrentar un proceso judicial
en New York, y en estos pocos meses se han producido cambios importantes en la
reconstrucción del país, a pesar de los terremotos, y lo más grave, a pesar de
que quienes están en el gobierno interino son los responsables de la situación
país, los causantes de todo este embrollo y que les gusta negociar con la
pistola sobre la mesa, y siempre se han salido con las suyas. Nadie quiere confiar
en ellos, hasta la organizaciones y gobiernos que han enviado fondos
humanitarios para la asistencia de los damnificados del terremoto, han
denunciado extravíos y desapariciones; los entes multilaterales, los bancos,
las distintas agencias de ayuda exterior no les confían ningún tipo de recurso
a los operadores chavistas, pues los desaparecen en una maraña de controles y
alcabalas, y nunca llegan a su destino.
Por supuesto, los
chavistas le tienen miedo al imperio, los aterroriza un dron, no quieren ver
bloqueadas sus cuentas, su peor pesadilla es ser sacados de sus camas en la
madrugada por un comando de fantasmas del Delta Force, esposados y llevados en
helicópteros con destino desconocido y amanecer ante los fiscales federales, oyendo
sus derechos en inglés. En los pocos meses que han pasado desde la extracción
de Nicolás Maduro de Fuerte Tiuna se han acostumbrado a la idea, y han
descubierto, que si hacen todo lo que el presidente Trump les dice, tienen la
oportunidad de vivir en libertad y disfrutando de sus bienes mal habidos.
La situación es bien
extraña, los chavistas que fueron escogidos como colaboradores del Imperio,
conservan sus fueros, sus fortunas, sus privilegios pero deben seguir el
estricto guion que les dictan los funcionarios norteamericanos, los chavistas
que no estén en esa lista de mejores amigos de Washington son removidos de sus
cargos, apartados del poder sin aviso ni protesto, algunos son apresados y
llevados ante la justicia, a otros los dejan escapar, incluso les permiten que hablen
mal de quienes colaboran y acusen de traición a la revolución a quienes apenas
ayer eran sus camaradas.
Pero los que sí se
someten al control de Washington se convierten en socios del gobierno del señor
Trump, se les consiguen pases y privilegios y se “blanquean” sus pecados, lo
que crea suspicacia y malestar en la opinión pública en Venezuela. En este
ambiente de guerra sicológica a lo interno del chavismo, sus organizaciones
asociadas, carteles de drogas, redes de corrupción, mafias y grupos de choque
se han ido desintegrando poco a poco; los más duros, los que tienen más que
perder, como los que controlan la minería ilegal del oro o los que manejan
células criminales como El Tren de Aragua, son tratados con dureza y reciben
fuego hasta darlos de baja. Esto es, sin duda alguna, un proceso de limpieza
selectiva del chavismo más virulento.
Pero hay un elemento
que, a medida que se van descubriendo las trampas electorales y el manejo de la
información demográfica por entes afiliados a la cúpula revolucionaria, se va
poniendo en evidencia, y es que el número de venezolanos afiliados al chavismo,
de simpatizantes y beneficiarios de sus programas “sociales”, no es tan grande
como lo pretendían, y a medida que avanza este proceso de depuración de las estrategias
comunicacionales y de propaganda, el número de activistas con que cuenta el
chavismo se ha reducido drásticamente, sobre todo luego del terremoto, en que las
trampas mortales de “las soluciones habitacionales”, que la cúpula chavista
entregaba al pueblo más necesitado y fervoroso a la causa, quedaron al
descubierto; sus números se desploman en la misma medida que sus urbanizaciones
socialistas, el chavismo es ya una minoría.
No me cabe la menor
duda que a lo interno del Departamento de Estado estén las mejores mentes,
académicos, científicos sociales, politólogos reunidos en diversos “Think
tanks” estudiando el caso venezolano, utilizando los algoritmos más avanzados,
proyectando escenarios, utilizando la IA más poderosa para dilucidar una
solución razonable, ésa que implique el menor costo posible para el gobierno
norteamericano y el logro de los mayores beneficios en esta posible asociación;
lo que resulte de este esfuerzo redundará en todos los países del área,
Venezuela podría transformarse de un embarazoso problema, a una solución
continental.
En la opinión pública
venezolana se han barajado algunas de las alternativas que surgen de estos
manejos político, desde la propuesta del estado No. 51, la de un estado
asociado, la del tutelaje, coloniaje descarnado tipo Congo Belga, coexistencia
con un estado libre e independiente… hay varios escenarios que Estados Unidos tiene
que evitar en el caso venezolano, el primero es que se vuelva a convertir en
una base de operaciones de la extrema izquierda en el continente y contraria a
los intereses norteamericanos, que se le niegue el acceso a su riqueza
energética, que lo que quede del chavismo lidere una corriente antidemocrática
contagiosa para países vecinos, que recaiga como centro para la distribución de
drogas peligrosas… todas estas posibilidades implicarían un costo grande en
dinero y vidas que Estados Unidos quiere evitar a toda costa.
El problema que estoy
observando es que los enemigos de occidente, en especial los que quieren
expandir el totalitarismo, el comunismo, las ideologías fundamentalistas, el
odio hacia los Estados Unidos, no se van a quedar tranquilos viendo como
Venezuela se convierte en una versión caribeña de Florida o en una sucursal de
Houston, y van a tratar de subvertir el orden de nuevo, aprovechando justamente
que Washington está dejando intacto el ADN chavista, dándole participación en
la reconstrucción del país y permitiéndole sobrevivir como expresión política.
En mi humilde opinión,
los esfuerzos del Departamento de Estado deberían estar mayormente dirigidos a
poner orden dentro de la oposición venezolana, para iniciar cuanto antes una
transferencia de roles, en vez de sostener a unos criminales como los chavistas
en los cargos fundamentales, algo que se entendió como indispensable en un
primer momento, pero ahora se hace innecesario y hasta peligroso. Deberían
aprovechar para erradicarlos de raíz, acopiando el inmenso malestar que existe
entre el pueblo y las evidencias tan claras y patentes de sus crímenes de
estado y contra la humanidad.
Es mucho más
beneficioso, productivo y seguro trabajar con una persona como María Corina
Machado, por mencionar a un factor importante dentro de la oposición, que ha
demostrado ser inteligente y dispuesta al juego político, que contar como aliado
con una persona como Delcy Rodríguez, cuyo curriculum es más un prontuario, que
es enemiga declarada de la libertad y la democracia, que no tiene apoyo
popular, y que ha trabajado en su pasado reciente para la erradicación del
poder norteamericano.
Uno de los grandes
problemas dentro de la oposición venezolana es que todavía no se han elegido y
conceptualizado el orden de necesidades de nuestro país, donde todo luce
prioritario y urgente, no están claras las causas y efectos de los problemas
que nos arropan, nuestras urgencias nos abruman y esto genera una gran
confusión, cada quien hala la carreta para su lado y no se ponen de acuerdo; un
buen paso sería que el Departamento de Estado, como tercero independiente e
interesado, nos permita una perspectiva de desarrollo que nos ayude a
planificar y ejecutar esa hoja de ruta tan deseada y necesaria. Pero repito,
poner al chavismo a “negociar” con la oposición la transformación del estado es
un oxímoron.
El presidente Trump
debería tratar de “bajarle dos” a la urgencia de la inversión petrolera sin un
gobierno legítimo, sin bases institucionales, dadas las circunstancias
geopolíticas actuales el petróleo venezolano jamás le será negado, y es del
interés nacional que nuestra industria petrolera crezca y se fortalezca.
Estados Unidos es un buen pagador, tiene el “know how” necesario para extraerlo
y refinarlo, y quizás lo principal, cuenta con el músculo financiero de
empresas que pueden hacerlo posible. Pero también debería estar muy atento en
crear un verdadero aliado en el subcontinente, alguien que le permita
estabilizar la economía y la política en la región, que sea parte integral de
ese escudo de defensa contra sus propios enemigos y que le facilite el recate
de Cuba y Nicaragua para la democracia y la libertad. Ese aliado es Venezuela,
de tradición democrática y un socio confiable para ese futuro.





.jpg)