sábado, 21 de febrero de 2026

Lecciones de la guerra de Vietnam, por Saúl Godoy Gómez

 



Un buen amigo me prestó el libro Argument without end (Public affairs, 1999) cuyo subtítulo es: En busca de respuestas a la tragedia de Vietnam, y es un trabajo excepcional de investigación histórica, dirigido por quien fuera Secretario de Defensa de EEUU, Robert S. McNamara (1916-2009).

El mismo es un detallado informe de las reuniones que se llevaron a cabo tanto en Hanoi, Vietnam como en Bellagio, Italia, de expertos, académicos y participantes directos de este episodio bélico, de ambos bandos, en el que murieron más de 3.8 millones de vietnamitas entre civiles y militares, y 58.000 norteamericanos, una guerra que en la que McNamara participó como jefe del Pentágono de 1961 a 1968, guerra que terminó con la caída de Saigón en 1972 y con el retiro definitivo de las tropas norteamericanas.

Cuando fui a estudiar a USA en 1971 muy pronto me vi involucrado en las protestas estudiantiles en contra de la guerra de Vietnam, llegué a Michigan State University en East Lansing, justo cuando un grupo radical de jóvenes descubrieron que en el Departamento de Ciencias Políticas de la universidad se planificaban los bombardeos intensivos sobre Vietnam, allí se escogían los blancos a destruir, llegué justo en medio de una batalla campal sobre uno de los terrenos más hermosos (campus) del país, con edificios venerables, jardines impecables, bosques cuidados con esmero, hasta un río atravesaba aquellos espectaculares espacios, y sobre ellos sufrí la carga de la policía montada repartiendo golpes con enormes palos, respiré por primera vez los gases lacrimógenos, el que era mi compañero de cuarto fue arrestado al tercer día de mi llegada y se hizo una colecta en mi piso para pagar su fianza.

Vi todas las tardes en el noticiero, primero, el listado de los estudiantes que había salido en el sorteo para el servicio militar, y al cierre, el listado de las bajas sufridas en la guerra, estudiantes de esa universidad muertos en acción, igualmente, un tiempo después, vi por la TV, en directo las impactantes imágenes de la caída de Saigón, el desespero de la gente en las instalaciones americanas tratando de huir, el helicóptero arrojado desde un techo para despejar el espacio, imágenes que marcaron mi vida.

Tanto Vietnam como el Sr. McNamara eran temas recurrentes en el Michigan de mi época, varios amigos de mi universidad fueron a pelear y algunos no regresaron, y McNamara era tenido o bien como un político sanguinario que planificaba genocidios, o como un tecnócrata brillante, un genio en la administración de empresas prestado a la administración pública, y de acuerdo a varios estudiosos del tema diplomático su influencia fue importante para evitar una conflagración nuclear.  McNamara era una leyenda en la ciudad de Detroit, se le recordaba como el hombre que salvó a la Ford Motor Co, con la introducción del modelo Falcon, un carro económico que acaparó las ventas de autos populares, y porque introdujo los cinturones de seguridad en todos sus modelos, salvando de esta manera incontables vidas en las carreteras y autopistas.

El tema de la guerra de Vietnam me interesó por dos razones, soy un admirador del trabajo desempañado por el Sr. McNamara a quien he seguido con interés su excepcional carrera, en su temprana juventud como estadístico investigador para la Fuerza Aérea, en el estudio que se le hizo a los bombarderos B-52, el arma con la que los norteamericanos doblegaron al espíritu guerrerista japones durante la Segunda Guerra Mundial, luego, en la postguerra como Presidente de la empresa automotriz Ford, del que fue uno de los ejecutivos mejor pagados del mundo, para después alistarse como Secretario de Defensa para la administración del presidente Kennedy y posteriormente con el presidente Johnson, en los que la Crisis de los misiles con Cuba y la Guerra de Vietnam acapararon su atención como burócrata, una vez que estuvo fuera del gobierno se desempeñó exitosamente, por 13 años, como presidente del Banco Mundial.

Pero fue la guerra de Vietnam la que ocupó su mente en el ocaso de su vida, además de un intelectual de primera línea, era un humanista a carta cabal, el hecho de que había tenido que lidiar de primera mano con conflictos tan peliagudos en la llamada Guerra Fría, se obligó a hacer una revisión de sus actuaciones durante aquel período tan difícil de la historia, su libro En Retrospectiva (1995) y el documental dirigido por Errol Morris, The Fog of War (2003), dan una visión bastante exacta de la labor de este extraordinario ser humano, quien no ocultó su sufrimiento y arrepentimientos sobre los hechos y decisiones importantes en las que figuró como uno de los responsables de los conflictos armados que afectaban a su país.

Pero la segunda razón que me impactó de este libro, Argument without end , es el conocimiento profundo que logran desarrollar los participantes en este singular debate, donde se sentaron frente a frente los otrora encarnizados enemigos, norteamericanos y vietnamitas, para tratar de dilucidar lo que en realidad provocó aquella tragedia, que principalmente fue producto de la desinformación y falsas creencias que tenían ambos contrincantes sobre el otro, y a medida que se daban los debates, surgía esta inmensa brecha de comunicación y empatía que era justamente el rol y el significado de la diplomacia y las relaciones humanas, y que muy pocas veces estuvieron presentes durante ese conflicto.

Allí descubrí, entre otros temas, como los gobiernos norteamericanos preferían escoger a figuras de poder, útiles a sus propósitos de defensa en contra del comunismo a líderes que pudieran sostener gobiernos de transición, ya lo había hecho en Corea del Sur dándole el apoyo al líder Syngman Rhee, quien se convirtió en dictador haciendo fraude en las elecciones, y provocó serias violaciones de derechos humanos, en Vietnam los japoneses habían impuesto a Bao Dei quien asumió el poder como emperador, igualmente un tirano con mano dura y que los franceses apoyaron cuando ellos tomaron Vietnam en 1950.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Francia negoció con Washington su apoyo a la conformación de la OTAN solo, si los americanos los asistían con Vietnam con la que tenían graves problemas de seguridad, ya para ese momento tanto China como Rusia apoyaban a las fuerzas insurreccionales de Ho Chi Minh que luchaba por un Vietnam independiente y unido. Los americanos temían que toda la región de Indochina cayera bajo la égida comunista, e inventaron la teoría de los dominós, si caía Vietnam arrastraría a Laos, Camboya, Birmania y Tailandia, y perderían una importante región estratégica en Asia.

Ya embarcados en el conflicto por Vietnam, los americanos en reuniones sostenidas en Ginebra decidieron dividir Vietnam en dos partes, ellos se encargarían de apoyar al gobierno de los territorios al sur del paralelo 17, que fue heredado por Nog Dinh Diem, un enemigo acérrimo de un Vietnam unificado, un tirano que sentía poco aprecio por su pueblo y que sería el hombre de USA en aquellos territorios, para más adelante, después de la estrepitosa caída de Diem, el poder quedara en manos de Park Chung-hee, otro dictador.

Cuando los franceses se fueron de Vietnam derrotados en 1955 y le entregaron aquella colonia a EEUU, Diem se había convertido en un tirano, no quería elecciones, perseguía a sus opositores y los ajusticiaba, tenía a miembros de su familia gobernando (su hermano Ngo Dinh Nhu era Director de la seguridad interna de Vietnam del sur), y los EEUU contribuía con el 80% del presupuesto, guardando las distancias, veo un paralelismo entre los hermanos Rodríguez y los hermanos Diem, eran gobiernos impopulares que no tenían ningún interés por la gente excepto para someterlos a su voluntad, los hermanos Diem murieron asesinados.

La noción de que en un país en reconstrucción necesita de un operador político fuerte, con ascendencia entre el estamento militar y excluyendo del poder a las otras facciones, nunca funcionó ni en Corea ni en Vietnam, y le costó a USA una enorme cantidad de recursos y vidas mantenerlos en sus puestos, para que al final pagaran un precio muy alto.

Este tipo de gobierno marioneta, para salir del paso mientras se consolida una estructura institucional, pecan de no contar con la participación de las fuerzas de la oposición, a quienes meten en un congelador a la espera de condiciones propicias, por supuesto no es el mismo caso, Delcy Rodríguez está mucho más supervigilada que lo que estuvo Ngo Dinh Diem o Park Chung-hee, y con una presencia administrativa y de inteligencia norteamericana en Venezuela de primer nivel, pero no contar con representantes de la sociedad civil en esta etapa de estabilización debilita la posición del presidente Trump. 

Afortunadamente Washington está dispuesta a los cambios necesarios para una transición en paz, donde no se detenga la modernización ni la producción en la industria petrolera y creo que vienen movimientos importantes en su política hacia Venezuela, aunque el chavismo esté debilitado, todavía hay grupos radicales que piensan en darle un golpe de estado a Delcy o en fracturar nuestra unidad territorial aliados con fuerzas subversivas extranjeras (pudieran intentarlo en el estado Táchira), pero son ideas suicidas frente al aparato militar norteamericano posicionado en el Caribe y activado sobre Venezuela.

Al no tomar en cuenta a la oposición venezolana (y me refiero a esa gran mayoría que no es chavista, y a su líder María Corina Machado), una veta rica en líderes y operadores políticos que pudiera servir de contrapeso a la disgregación del chavismo en facciones en rebeldía, de continuar en este desmontaje del gobierno opresor pero sin ofrecer alternativas de organización y soporte para que la sociedad no se sienta en el vacío, se desperdicia un recurso humano y político útil y dispuesto que pudiera crear un contrapeso importante, sobre todo en las regiones y en vista a unas elecciones generales que terminen por legitimar todos estos esfuerzos.

De igual manera es urgente retirarle al chavismo su dominio comunicacional, su injerencia directa sobre importantes medios de comunicación desde los cuales todavía sostienen contactos con sus bases, activos en marchas, concentraciones y actos “culturales” como conciertos (una manera de lavar dinero sucio), competencias deportivas, y celebraciones en memoria de sus líderes y fechas importantes para la revolución. Estos actos culturales son capaces de paralizar las principales ciudades, introduciendo tarimas y otros obstáculos en plena vías públicas, sin importar si llenan o no las avenidas de gente (por lo general son solo obstáculos para impedir el libre tránsito de los ciudadanos en días laborales), el objetivo es mantener un alto nivel de visibilidad y hacer pensar que ellos todavía tienen pueblo.

El espectro radial está lleno de emisoras chavistas que impúdicamente perifonean propaganda revolucionaria, promueven artistas prochavistas y lo principal, desinforman a la gente censurando los sucesos importantes del día o torciéndolos de tal manera que el público termina confundido, estas emisoras se multiplican a lo largo y ancho del país y son la única forma de estar informados en el interior del país, la hegemonía comunicacional tiene que ser inmediatamente suprimida si se quiere que la información fluya a favor de una transición pacífica y ordenada.

Vietnam siempre ha sido un modelo a seguir por los revolucionarios chavistas, lo malo es que lo hacen desde la ignorancia, copian sus formas más populistas, que le sirven a sus fines políticos, pero carecen del ingrediente principal que ha distinguido a ese pueblo asiático y que es su nacionalismo milenario, su sentido de arraigo y pertenencia a la tierra.

Pero como he señalado, afortunadamente los norteamericanos tienen una capacidad de adaptación rápida y eficiente, y cuando un plan no funciona, cuando falta un ingrediente o varios en la posible solución de un escenario, no dudan en dar los pasos necesarios para coronar el éxito, y eso es lo que pasará en Venezuela.

 

 

 

 

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