lunes, 16 de febrero de 2026

El caso Delcy Rodríguez, por Saúl Godoy Gómez

 



Las ambigüedades y contradicciones en torno a la presidente encargada de Venezuela, nombrada por el presidente de USA, el señor Donald Trump, no desaparecen por un acto de voluntad ni por las circunstancias azarosas que rodean su designación, quizás su condición venga signada por la necesidad del momento por encima de cualquier subterfugio legal.

De acuerdo a la Constitución de Venezuela, Delcy Rodríguez era la vicepresidente del país al momento en que el supuesto presidente Nicolás Maduro, ciudadano colombiano y auto nombrado presidente de Venezuela, luego que desconociera las elecciones nacionales correspondientes al 28 de julio del 2024, perdidas por abrumadora mayoría, fuera extraído de su escondite el pasado 3 de Enero por fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos, trasladado como prisionero a la ciudad de New York y puesto a la orden de un tribunal, que lo está juzgando por una serie de delitos graves contra la seguridad de ese país; debido a su ausencia absoluta en su supuesto cargo, le correspondería a la vicepresidenta ocupar su lugar en la conducción del país.

Como se puede apreciar, hay demasiadas irregularidades y vacíos legales en esta somera descripción de los hechos anteriores a su juramentación ante un parlamento, igualmente cuestionado en su legitimidad, para ser declarada finalmente presidente encargada de Venezuela. Pero, si nos fuéramos aún más atrás en el tiempo, nos encontraríamos con una cadena de episodios y circunstancias igualmente muy oscuros que cuestionan de la tradición legal del gobierno chavista, lleno de trampas, engaños, contradicciones tan flagrantes como la fecha cierta de la muerte del presidente Chávez y de los decretos presidenciales que supuestamente firmó cuando ya estaba muerto, y que posteriormente favorecieron la llegada al poder de Nicolás Maduro.

Pero ya habrá tiempo para que la historia se encargue de revelar la verdad, lo que tenemos hoy los venezolanos de buena voluntad es una situación altamente irregular y novedosa: un gobierno extranjero imponiendo por la fuerza una forma de administración del país por delegación al gobierno de facto chavista, con el fin de estabilizarlo en paz para poder reiniciar la enorme industria petrolera que suministraría el capital para financiar la reconstrucción de Venezuela.

No es un plan imposible, pero es un experimento arriesgado que, si da resultado, pasará a la historia de la política inernacional como una de las formulas exitosas de rescate de estados fallidos, una especie de recuperación a control remoto, utilizando la estructura de gobierno existente (coaccionando a los pillos para hacer las cosas bien) y así evitar el derrumbamiento del orden interno, y que los grupos de poder no se disgreguen en facciones en conflicto, todo esto hasta lograr un piso político que permita nuevas elecciones. En este sentido, debemos señalar que el caso venezolano es excepcional, en el sentido de que, a pesar de sus problemas de conducción, es rica en recursos naturales, puede pagar por su reconstrucción y, si todo va bien, convertirse en una economía próspera y motorizar otras economías en la región.

Por 26 años, Venezuela ha sido el patio de juego de los enemigos de la democracia y de la civilización occidental, la izquierda internacional estuvo conduciendo la nave venezolana hacia los arrecifes y finalmente la encalló en una crisis humanitaria sin precedentes, que implicó hambruna, pobreza extrema, endeudamiento incontrolado, violencia a granel y, finalmente, la quiebra institucional que nos convirtió en un estado forajido, en manos de una organización criminal.

De allí surge Delcy Rodríguez, una de las herederas de ese oscuro eje, con su propio prontuario criminal en sendos expedientes en varios países; una mujer buscada por organismos policiales internacionales para que responda ante la justicia, y uno de los responsables directos del desahucio de la democracia en Venezuela.

En términos de la Constitución escrita, su cargo como vicepresidente de Venezuela la hacía acreedora de la Presidencia; eso es lo que ha utilizado el Sr. Trump, de manera instrumental, para lograr una transición a un costo mínimo de vidas y bienes. Pero el problema empieza a perfilarse cuando el Departamento de Estado cae en cuenta de que mantener al aparato chavista en el poder viene con un costo agregado difícil de manejar, y es que la indignación que se ha generado en la gran mayoría de venezolanos, testigos mudos del desmantelamiento del aparato opresor del estado, se está traduciendo en descontento y movilizaciones motivados justamente por la imagen y el significado de la figura de Delcy Rodríguez.

Una conveniente Ley de Amnistía se ha convertido en una papa caliente, si no se le pone reparo puede tener consecuencias. El chavismo la ha visto como una oportunidad a su favor para obtener una impunidad que nadie en el país, excepto los torturadores y carceleros, va a aceptar de buenas a primera; los horrores de las cárceles venezolanas apenas se están destapando, una historia de horror y degradación humana se está haciendo pública y es muy difícil de digerir por personas con algo de dignidad, sobre todo porque esas mazmorras, que funcionaron por tanto tiempo moliendo carne humana, están sostenidas por una red de complicidad y silencio que resulta aterradora, y se menciona que en dicha comisión para la confección de la ley se nombró a Iris Valera, uno de los personajes más tenebrosos de ese submundo, prácticamente la madrina del llamado Tren de Aragua.

Dudo mucho que el gobierno del Sr. Trump se quiera ver asociado a unos crímenes de lesa humanidad tan notorios y con una comparsa tan desgraciada de súcubos y gárgolas, y creo, no va a permitir que los chavistas ganen indulgencias con el trabajo que funcionarios y oficiales norteamericanos están desarrollando en este país por llevar a las instituciones a su justo cauce, sobre todo, porque estos crímenes son una muy mala publicidad para la promoción de las inversiones y la buena voluntad que quieren transmitir.

Ante tal situación, lo aconsejable sería acelerar, dentro de los términos de prudencia política, el desmontaje del aparato del gobierno chavista, empezando con el sistema penitenciario, judicial y policial del país, ahora en manos de unos bandidos que están demostrando una resiliencia peligrosa y que podrían poner todo el plan en peligro, para ello habría primero que descabezar a los jefes políticos que están dificultando el proceso de liberación de los presos políticos que todos sabemos quienes son y donde están.

Hay otra perla en este panorama: Delcy Rodríguez, que quiere aprovechar su momento para ganar méritos políticos ante unas posibles elecciones generales, convertida ella en candidato de lo que quedaría del chavismo, anda pujando desde hace rato por un viaje a Estados Unidos, buscando algún tipo de reconocimiento oficial por parte de Washington, pero no se ha dado cuenta del problema que presentaría tal escenario. Les explico: esa señora está siendo requerida por varios países por delitos graves; si viaja a Estados Unidos, lo tendría que hacer con un salvo conducto de la Casa Blanca, con lo que se estaría impidiendo la labor de la justicia internacional y doméstica, eso requeriría de una orden judicial para que no tocaran a la prófuga durante su estancia en el país del norte, esto es necesario en un país donde existe una clara separación de poderes. ¿Estaría Trump dispuesto a apadrinar ese tipo de violación de la justicia internacional y norteamericana? ¿Tendría algún beneficio para su país o para Venezuela? Delcy correría el riesgo de ser arrestada al momento de pisar suelo norteamericano por las autoridades policiales, no tiene ningún status diplomático, ni es un funcionario legítimamente nombrado ni reconocido por otros países.

Como lo expresé al principio, estamos en un experimento sociopolítico de excepción; se trata de una transición que tiene sus riesgos, pero con la ayuda de los venezolanos, que somos los primeros interesados en que éste plan funcione para alcanzar la transición política cuanto antes, las posibilidades son del tamaño de nuestras esperanzas. Y por eso, estamos dispuestos a acompañar al Sr. Trump en su estrategia para nuestro país, nunca será suficiente nuestro agradecimiento hacia nuestros aliados norteamericanos, pero deben cuidarse las formas, de ninguna manera puede presentarse al chavismo como artífice de la nueva Venezuela y mucho menos con fines electorales.

 

 

 

 

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