Las ambigüedades y
contradicciones en torno a la presidente encargada de Venezuela, nombrada por
el presidente de USA, el señor Donald Trump, no desaparecen por un acto de
voluntad ni por las circunstancias azarosas que rodean su designación, quizás
su condición venga signada por la necesidad del momento por encima de cualquier
subterfugio legal.
De acuerdo a la
Constitución de Venezuela, Delcy Rodríguez era la vicepresidente del país al
momento en que el supuesto presidente Nicolás Maduro, ciudadano colombiano y
auto nombrado presidente de Venezuela, luego que desconociera las elecciones
nacionales correspondientes al 28 de julio del 2024, perdidas por abrumadora
mayoría, fuera extraído de su escondite el pasado 3 de Enero por fuerzas
especiales del ejército de los Estados Unidos, trasladado como prisionero a la
ciudad de New York y puesto a la orden de un tribunal, que lo está juzgando por
una serie de delitos graves contra la seguridad de ese país; debido a su
ausencia absoluta en su supuesto cargo, le correspondería a la vicepresidenta
ocupar su lugar en la conducción del país.
Como se puede
apreciar, hay demasiadas irregularidades y vacíos legales en esta somera
descripción de los hechos anteriores a su juramentación ante un parlamento,
igualmente cuestionado en su legitimidad, para ser declarada finalmente
presidente encargada de Venezuela. Pero, si nos fuéramos aún más atrás en el
tiempo, nos encontraríamos con una cadena de episodios y circunstancias
igualmente muy oscuros que cuestionan de la tradición legal del gobierno
chavista, lleno de trampas, engaños, contradicciones tan flagrantes como la
fecha cierta de la muerte del presidente Chávez y de los decretos
presidenciales que supuestamente firmó cuando ya estaba muerto, y que posteriormente
favorecieron la llegada al poder de Nicolás Maduro.
Pero ya habrá tiempo
para que la historia se encargue de revelar la verdad, lo que tenemos hoy los
venezolanos de buena voluntad es una situación altamente irregular y novedosa:
un gobierno extranjero imponiendo por la fuerza una forma de administración del
país por delegación al gobierno de facto chavista, con el fin de estabilizarlo
en paz para poder reiniciar la enorme industria petrolera que suministraría el
capital para financiar la reconstrucción de Venezuela.
No es un plan
imposible, pero es un experimento arriesgado que, si da resultado, pasará a la
historia de la política inernacional como una de las formulas exitosas de
rescate de estados fallidos, una especie de recuperación a control remoto,
utilizando la estructura de gobierno existente (coaccionando a los pillos para
hacer las cosas bien) y así evitar el derrumbamiento del orden interno, y que
los grupos de poder no se disgreguen en facciones en conflicto, todo esto hasta
lograr un piso político que permita nuevas elecciones. En este sentido, debemos
señalar que el caso venezolano es excepcional, en el sentido de que, a pesar de
sus problemas de conducción, es rica en recursos naturales, puede pagar por su
reconstrucción y, si todo va bien, convertirse en una economía próspera y
motorizar otras economías en la región.
Por 26 años, Venezuela
ha sido el patio de juego de los enemigos de la democracia y de la civilización
occidental, la izquierda internacional estuvo conduciendo la nave venezolana
hacia los arrecifes y finalmente la encalló en una crisis humanitaria sin
precedentes, que implicó hambruna, pobreza extrema, endeudamiento incontrolado,
violencia a granel y, finalmente, la quiebra institucional que nos convirtió en
un estado forajido, en manos de una organización criminal.
De allí surge Delcy
Rodríguez, una de las herederas de ese oscuro eje, con su propio prontuario
criminal en sendos expedientes en varios países; una mujer buscada por
organismos policiales internacionales para que responda ante la justicia, y uno
de los responsables directos del desahucio de la democracia en Venezuela.
En términos de la Constitución
escrita, su cargo como vicepresidente de Venezuela la hacía acreedora de la Presidencia;
eso es lo que ha utilizado el Sr. Trump, de manera instrumental, para lograr
una transición a un costo mínimo de vidas y bienes. Pero el problema empieza a
perfilarse cuando el Departamento de Estado cae en cuenta de que mantener al
aparato chavista en el poder viene con un costo agregado difícil de manejar, y
es que la indignación que se ha generado en la gran mayoría de venezolanos,
testigos mudos del desmantelamiento del aparato opresor del estado, se está traduciendo
en descontento y movilizaciones motivados justamente por la imagen y el
significado de la figura de Delcy Rodríguez.
Una conveniente Ley de
Amnistía se ha convertido en una papa caliente, si no se le pone reparo puede
tener consecuencias. El chavismo la ha visto como una oportunidad a su favor para
obtener una impunidad que nadie en el país, excepto los torturadores y
carceleros, va a aceptar de buenas a primera; los horrores de las cárceles
venezolanas apenas se están destapando, una historia de horror y degradación
humana se está haciendo pública y es muy difícil de digerir por personas con
algo de dignidad, sobre todo porque esas mazmorras, que funcionaron por tanto
tiempo moliendo carne humana, están sostenidas por una red de complicidad y
silencio que resulta aterradora, y se menciona que en dicha comisión para la
confección de la ley se nombró a Iris Valera, uno de los personajes más
tenebrosos de ese submundo, prácticamente la madrina del llamado Tren de Aragua.
Dudo mucho que el
gobierno del Sr. Trump se quiera ver asociado a unos crímenes de lesa humanidad
tan notorios y con una comparsa tan desgraciada de súcubos y gárgolas, y creo, no
va a permitir que los chavistas ganen indulgencias con el trabajo que
funcionarios y oficiales norteamericanos están desarrollando en este país por
llevar a las instituciones a su justo cauce, sobre todo, porque estos crímenes son
una muy mala publicidad para la promoción de las inversiones y la buena
voluntad que quieren transmitir.
Ante tal situación, lo
aconsejable sería acelerar, dentro de los términos de prudencia política, el
desmontaje del aparato del gobierno chavista, empezando con el sistema
penitenciario, judicial y policial del país, ahora en manos de unos bandidos
que están demostrando una resiliencia peligrosa y que podrían poner todo el
plan en peligro, para ello habría primero que descabezar a los jefes políticos
que están dificultando el proceso de liberación de los presos políticos que
todos sabemos quienes son y donde están.
Hay otra perla en este
panorama: Delcy Rodríguez, que quiere aprovechar su momento para ganar méritos
políticos ante unas posibles elecciones generales, convertida ella en candidato
de lo que quedaría del chavismo, anda pujando desde hace rato por un viaje a
Estados Unidos, buscando algún tipo de reconocimiento oficial por parte de
Washington, pero no se ha dado cuenta del problema que presentaría tal
escenario. Les explico: esa señora está siendo requerida por varios países por
delitos graves; si viaja a Estados Unidos, lo tendría que hacer con un salvo
conducto de la Casa Blanca, con lo que se estaría impidiendo la labor de la
justicia internacional y doméstica, eso requeriría de una orden judicial para
que no tocaran a la prófuga durante su estancia en el país del norte, esto es
necesario en un país donde existe una clara separación de poderes. ¿Estaría
Trump dispuesto a apadrinar ese tipo de violación de la justicia internacional
y norteamericana? ¿Tendría algún beneficio para su país o para Venezuela? Delcy
correría el riesgo de ser arrestada al momento de pisar suelo norteamericano
por las autoridades policiales, no tiene ningún status diplomático, ni es un
funcionario legítimamente nombrado ni reconocido por otros países.
Como lo expresé al
principio, estamos en un experimento sociopolítico de excepción; se trata de
una transición que tiene sus riesgos, pero con la ayuda de los venezolanos, que
somos los primeros interesados en que éste plan funcione para alcanzar la
transición política cuanto antes, las posibilidades son del tamaño de nuestras
esperanzas. Y por eso, estamos dispuestos a acompañar al Sr. Trump en su
estrategia para nuestro país, nunca será suficiente nuestro agradecimiento
hacia nuestros aliados norteamericanos, pero deben cuidarse las formas, de
ninguna manera puede presentarse al chavismo como artífice de la nueva Venezuela
y mucho menos con fines electorales.

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