miércoles, 11 de marzo de 2026

El póker político y la fortuna en Venezuela, por Saúl Godoy Gómez

 



Aún y cuando hay varias disciplinas y personajes del mundo académico que pretenden tener una suerte de control sobre los eventos políticos, que aplican teorías para desafiar los hechos, las tendencias, las causas y hasta el sentido común, utilizando herramientas para la prospectiva, como estadísticas, patrones del comportamiento humano, antecedentes, marcadores de estímulos-respuestas, algoritmos, e, incluso, leyes de la historia, todo para predecir, como si fueran reencarnaciones de Nostradamus, señalando el porvenir y nuestro destino, la historia de la humanidad ha sido de todo, menos predecible.

La sorpresa y las variables imperan en la marcha de los grupos humanos, aún antes de que el hombre bajara de los árboles y fuera a vivir en una caverna, y ese factor aleatorio se mantiene y ha sido constante en romper los vaticinios, de modo que tratar de leer en una bola de cristal cual es el futuro de los venezolanos es no solo atrevido, sino fútil, y aunque mucho más estable y consolidada como nación, tampoco es fácil leer el porvenir de USA.

Nadie es capaz de predecir lo que va a suceder con el gobierno del presidente Donald Trump, que es ya un hombre de edad, afectado por algunas dolencias, con un estilo de vida que, pareciera, no es el más apropiado para una persona en sus condiciones físicas, con incontables problemas políticos a lo interno de su país que hacen dudar de que pueda conservar su cuota de poder luego de las elecciones del medio término, en las que podría perder el control político sobre ambas cámaras legislativas, con un sin número de demandas judiciales en su contra, de las que podrían surgir sentencias desfavorables, algunas de ellas graves, y disminuir su prodigiosa capacidad de acción y de negociación.

Mucho menos, lo que pasaría con el gobierno tutelado en Venezuela, que hasta el momento depende casi íntegramente de su voluntad pues, aun cuando existe un plan, una hoja de ruta para la recuperación del país por parte del Departamento de Estado, la incertidumbre marca el camino que apenas comienza hacia la transición; las variables son muchas, precios y disponibilidad del petróleo, guerras en el medio oriente, cohesión en el gobierno de Washington, intervención de otras potencias en la región...

Del mismo modo, nadie sabe lo que se está cocinando tras bastidores en el chavismo, desde resurgimiento de las guerrillas, una resistencia más organizada y tenaz, nuevos liderazgos… por otro lado, nadie en realidad conoce lo que piensa María Corina Machado, aparte de unas ideas generales y un compromiso principista con la democracia y las libertades; a estas alturas, su posible equipo de gobierno no ha presentado un plan de trabajo; tampoco sabemos si van a efectuarse las elecciones, cómo, cuándo y quiénes serán sus participantes, la incertidumbre es tal que no se ve en el panorama líderes alternativos… si, por alguna razón, falla el interés y la ayuda norteamericana, Venezuela volvería en un instante al período neolítico inferior.

Lo que sí estamos observando es la colaboración cercana y eficiente de la que era vicepresidenta chavista, Delcy Rodríguez, y la Asamblea espuria de Jorge Rodríguez con las autoridades en Washington para otorgarle por la vía rápida todos los elementos: permisos, leyes, accesos, para que empresas petroleras, mineras y afines realicen sus trabajos de reactivación y producción, además de su participación en algunas capturas de elementos non gratos y requeridos por la justicia norteamericana, y principalmente, y porque ha sido lo más mediático, la liberación de algunos de los presos políticos en condiciones casi que de esclavitud hacia los tribunales competentes, entre historias sobre las ergástulas infernales que hielan la sangre del horror sufrido.

Este cuadro de liberación del país de las garras del chavismo, en cámara lenta, con el añadido de los flujos de dólares producto de las ventas de petróleo a la maltrecha economía, de la reactivación de las competencias diplomáticas, de la apertura de nuestro espacio aéreo a las líneas de aviación comerciales, de las idas y venidas de altos funcionarios gringos  a Miraflores, que prometen para nosotros un futuro de prosperidad, contrasta marcadamente con nuestra realidad en la calle: una alta inflación que parece indetenible, bajos sueldos y salarios, peores condiciones para pensionados jubilados, unos servicios públicos en su momento más crítico, caracterizados entre otras cosas por apagones frecuentes y hospitales en ruinas.

La situación para el venezolano de a pie es surrealista, por decir lo menos; seguimos todavía en las garras de un cartel de narcoterroristas, con una actitud de que a ellos no los saca nadie del gobierno y que se van a quedar allí para siempre, con alcabalas policiales y de colectivos cada cien metros, con censura mediática y una desinformación que enceguece, los supermercados están abastecidos pero con precios fuera del alcance de los bolsillos de la gente, las tarifas de los pasajes de transporte escalando diariamente dificultando la libre movilidad, todavía las personas limpian sus celulares de material que reciben de influencers en el exterior y que pudieran comprometer su seguridad con mensajes en contra de la casta gobernante…

No hay al momento una oposición democrática coherente y direccionada a cambiar la realidad del país. María Corina todavía se encuentra en el exterior y no tiene interlocutores válidos dentro de los círculos del poder, la propaganda nos enseña una muy débil relación entre la Premio Nobel de la Paz y la Casa Blanca, tal y como lo demostró el espaldarazo que le dio Trump a la figura del Sr. Enrique Márquez, un comunista de postín, admirador del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y posible vicepresidente de la señora Delcy Rodríguez, también fueron notorios los comentarios de que María Corina no tiene el respeto de los militares.

Bajo estas circunstancias mediáticas,  los únicos que parecen muy seguros de su futuro inmediato son los chavistas, y justamente porque el presidente Trump los prefiere posicionados en los puestos claves del gobierno, bajo un aparente control que se mantiene entre amenazas y elogios, ésa pareciera ser la manera menos costosa para los norteamericanos de hacer que las cosas sucedan en Venezuela.

Pero los venezolanos percibimos un peligro con esta situación. El chavismo, la organización criminal que gobierna el país con control remoto desde Washington, se está afianzando en el poder; Delcy Rodríguez está jugando sus fichas para prolongar su interinato hacia una candidatura del bloque chavista, que haga peso, apoyada por los grupos violentos que hasta el momento no han sido tocados, con unas instituciones, igual de corruptas y en contra de las libertades de los ciudadanos, apostando a ganar tiempo, mientras más tiempo permanezcan en el poder complaciendo a los gringos, mayor será su fortaleza política en caso de eventos importantes en el horizonte, entre ellos, que desparezca Trump y que se debilite el cerco de los Republicanos.

La secta militar del país sigue sin cambios estructurales profundos, perdido su prestigio, material de guerra y prestancia operativa, pero sigue como la dueña de las armas y sin haber manifestado que está dispuesta a someterse al control de un gobierno civil y bajo los términos constitucionales; todavía hay grandes intereses económicos (minería, turismo, aduanas y comercio) controlados por los uniformados, en una competencia desleal y anticonstitucional con el mundo civil.

El presidente Trump no durará por siempre, al igual que el poder de los Republicanos en Estados Unidos. El mosaico geopolítico está cambiando velozmente y hay una gran posibilidad de que los comunistas vuelvan a tomar el poder en Washington; la economía, los conflictos bélicos, la intensa persecución de los migrantes, las pésimas relaciones con Europa, entre otros escenarios, van a impulsar un cambio en el péndulo del poder a lo interno de Norteamérica; si esto se da, los chavistas, ese agresivo cartel del crimen, estará gobernando en Venezuela, con lo que se perdería el terreno ganado hasta el momento.

Yo veo un conflicto entre el interés de Estados Unidos en tener de su parte, al menor costo posible, un territorio rico en recursos como Venezuela, con un posicionamiento geoestratégico de mucha utilidad para la administración hemisférica, pero hay un costo moral sobre los principios que alientan a esa nación del norte de ser paladines de la libertad y la democracia en el mundo, porque puede que la deriva hacia un imperialismo benevolente se traduzca en manejar a las mafias chavistas como órganos de control social, cultivando así una especie de política de conveniencia que satisfaga la necesidad de esos intereses.

En lo personal, todavía me sorprende la compleja personalidad del presidente Trump, que tiene, como todo, sus pros y contras; me gusta su manera de negociar, es muy claro y va al grano; no me gusta su propensión a considerarse defensor de su superioridad y la pureza de la raza blanca y creo que su tratamiento a los emigrantes es erróneo, el mestizaje es necesario para la sobrevivencia de la humanidad, ya la raza blanca en el mundo, la que permanece más pura, está dando muestras de degeneración física y mental, pero creo también que la política migratoria norteamericana, como la encontró el Sr. Trump, atentaba contra la seguridad de ese país; encontrar ese término medio de respeto por el orden establecido sería lo ideal.

Los últimos comentarios del presidente Trump volviendo a poner su atención en positivo sobre nuestra líder, la Sra. Machado, sus reuniones y posible aceleramiento de su plan para la estabilización del país en miras a unas próximas elecciones, han vuelto a revivir las esperanzas de la mayoría de los venezolanos.

No sé si María Corina estará a la altura de los acontecimientos por venir, el trabajo no va a ser fácil sin la buena pro de Washington. Yo la apoyo, porque su conducta ante el monstruo chavista fue admirable y valiente, puso a Venezuela en el foco de atención mundial, y si puedo contribuir con ella en su tarea por reconstruir al país, lo haré sin condiciones (a menos que se contagie de socialismo, que es una enfermedad endógena en estas latitudes), además, no se ve otra opción en este juego cerrado.

 

 

 

 

 

 

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