lunes, 27 de abril de 2026

Trump, una aproximación.

 


La sobrevivencia del más apto, de acuerdo a la lectura que hizo Huxley de las teorías de su amigo y colega Charles Darwin, no necesariamente implica la sobrevivencia del mejor preparado moral o éticamente, la historia nos enseña que en la derrota y desaparición de los imperios no hay premios de consolación para aquellas causas que fueran más justas o de acuerdo a derecho.

El mejor preparado para triunfar en la naturaleza salvaje y violenta, llena de necesidades y trampas, de peligros e incertidumbres, no necesariamente es el más popular o el que dice tener a los dioses consigo y hace causa común con los pacifistas; desprovisto de toda gala y afeites, el más apto es siempre el mejor en la lucha, el que, en el momento del enfrentamiento, se impone y derrota a su contendor.

Este inicio del siglo XXI nos está demostrando que el mundo y la naturaleza humana han cambiado muy poco; los conflictos y guerras no dejan de estar en el radar de las naciones, los mercados y los valores económicos varían de pronto, dejando a la vera quiebras y fortunas que el día anterior no estaban programadas, la marcha de la tecnología es tan acelerada que cada vez es más difícil estar al día con cada adelanto, la ciencia nos descubre a cada hora aspectos nuevos de la realidad, en que ya nada parece ser estable… o real; los estilos de vida vienen y van, como las olas en la playa, y dentro de esta dinámica de cambios acelerados, el mapa del mundo se transforma.

De todos los mandatarios y figuras de poder en el mundo actual, sólo el presidente Donald Trump pareciera estar manejando (a bien o a mal) los vórtices que se producen en el caos que nos envuelve, y hasta pareciera ser el causante de no pocas de estas anomalías que afectan nuestras vidas, el asunto es que su nombre y figura están siempre allí, soportado por la economía más grande del planeta y con una fuerza militar que no deja de asombrar, aún en sus derrotas.

Lo más asombroso de la actual sociedad norteamericana es su capacidad de aprendizaje, de reposición de partes perdidas, de adaptación, de innovación, y con Trump sucede algo que no se veía desde hace mucho tiempo, un liderazgo proactivo, unas metas claras, unos propósitos que pudieran resumirse en no perder la preminencia de la cultura occidental en el mundo.

Pero es un concepto cultural sesgado, como todos, donde el peso mayor lo lleva la tradición judeo-cristiana del mundo, el ánimo capitalista de la reforma, el espíritu mercantilista y financiero de los mercaderes venecianos, el propósito conquistador y controlador de la raza blanca de un Albión creyente en dinastías de reyes y el poder de la espada, todo esto configurado en la prédica por hombres libres, pero más a la usanza del superhombre Nietzscheano.

Se trata de un hombre complejo, como todos nosotros, con cualidades y defectos, con habilidades y carencias, con un lado oscuro habitado por demonios y con parcelas luminosas donde existen las virtudes; cuando vemos a Trump percibimos a un hombre que por momentos parece que actúa con inteligencia y al siguiente parece torpe e incapaz, vemos a un empresario habilidoso y calculador que hizo su fortuna en uno de los mercados más difíciles e impredecibles del mundo, como lo es la ciudad de New York, un constructor y corredor de bienes raíces exitoso que se prestó a la aventura política y triunfó, convirtiéndose  no una, sino dos veces, en el presidente de Estados Unidos de Norteamérica, el país más rico y poderoso del mundo… un hombre que gusta de los medios masivos de comunicación y que muy pronto se hizo una figura reconocida y seguida en las redes sociales, con un pasado plagado de escándalos y excesos. Para sus contrincantes no es sino un criminal de cuello blanco, un racista irredento con un pasado lleno de secretos brutales del que se han desenterrado imágenes, audios, cartas y testimonios que le atribuyen crímenes abyectos, pero a pesar de las acusaciones y señalamientos, sigue siendo un hombre libre, sin deudas con la sociedad a la que pertenece, sin castigos ni penas en su contra, todo lo contrario, ha sido exaltado y llevado a ocupar la más alta magistratura de su país.

Desde esta posición de poder, y para sorpresa de todos, incluyendo sus más cercanos colaboradores, está cumpliendo sus promesas de campaña de poner a “América de Primero”, de hacerla fuerte y  convertirla en rector de los designios del mundo, pues durante mucho tiempo consideró que el resto de los países, especialmente sus “aliados”, se aprovechaba de la fortaleza de Estados Unidos para llevar a cabo proyectos nacionales, sin dar nada a cambio, lo que consideraba no sólo injusto sino peligroso, pues estaban canibalizando la vitalidad de su nación.

Con los anteriores gobiernos progresistas norteamericanos, siguiendo un supuesto guion pro-globalización, las empresas norteamericanas abandonaron el territorio nacional para montar fábricas, procesadoras, laboratorios, comercializadoras en el extranjero para aprovechar la mano de obra barata, los incentivos fiscales, materia prima abundante y a bajo costo, sin darse cuenta de que, con cada inversión extranjera que hacían, Estados Unidos disminuía su fuerza productiva, se perdían puestos de trabajo locales, se debilitaba las empresas periféricas y otros servicios aminorando la fibra industrial del país y el gobierno federal. La región asiática se vio beneficiada por esa política de inversión extranjera y una fuerte transferencia tecnológica que beneficiaba a los países anfitriones, en detrimento del liderazgo de Estados Unidos en varias áreas de desarrollos de punta.

Como hombre de negocios, Trump siempre está dispuesto a negociar, pero no soporta que lo traten con desdén y se aprovechen de su “buena voluntad”; su visión del mundo es la de un auténtico líder que no está dispuesto a sacrificar sus valores democráticos y capitalistas, su estilo de vida de primer mundo y su rol de liderazgo; el que quiera ponerse a la cabeza del mundo libre tiene que demostrar que es superior en cada uno de los aspectos que a él le ha tocado conquistar a fuerza de trabajo e inteligencia, no va a delegar responsabilidades porque a alguien le toque el turno o crea ser el próximo en la fila.

Pero igual tiene problemas, algunos insolubles, como el de su propia mortalidad y la exigencia constitucional de someter su mandato al escrutinio de su pueblo periódicamente; y es que, en su propio país, como en todo el orbe, hay gente débil y acomodaticia, principalmente comunistas disfrazados de progresistas y liberales, que precisan sacarlo del poder, empresarios que no pueden vivir sin los contratos del estado, políticos de poca monta que intentan hacerlo mejor que él pero echando un paso atrás y permitiendo que otros países se posicionen como lideres… para lograrlo tienen que desbancarlo, a él y su legado, bajo pretextos morales.

Ante el avance de un partido como el Republicano, mucho más evolucionado y preclaro en sus objetivos políticos, los demócratas insisten en encantar al votante norteamericano con promesas de beneficios sociales, probadamente impracticables, dispuestos a entregarle el país a las fuerzas oscuras de la izquierda mundial, para volver a poner al país en el rol de mirón y tonto útil, de financista y alcahuete de gente que se complace en discursos y propaganda, mientras los grupos violentos vuelven a controlar extensos territorios de nuestro planeta, bajo las alas de instituciones como la ONU y la OTAN, que sólo se complacen en denuncias y discursos, pero pocas veces en la acción.

Tuvo Trump la gallardía de reclamarle al mismo Vaticano, representado por el actual Papa, su debilidad ante la agresiva invasión a occidente del islam, enredado en postulados principistas filosóficos y teológicos de poca monta, por los que la Iglesia ha permitido no sólo un peligroso avance de esa secta, que no solo pregona la destrucción de los creyentes en Cristo sino que, de hecho, tiene ya a Europa como rehén y con un arma apuntando a su cabeza; y, a pesar del peligro que representa un Irán armado hasta los dientes y con posibilidad de detentar armamento nuclear, el Papa tiene las gónadas de decirnos que se trata de una religión de paz. Y no se trata en este caso de que repita aquella famosa arenga del Papa Urbano II, en el sitio de Clermont en el año de 1095, donde pidió a los cristianos que se prepararan y fueran a la defensa de Constantinopla y Jerusalén diciendo: “…los musulmanes, pueblo extranjero, pueblo totalmente ajeno a Dios… que han invadido las tierras de aquellos cristianos, con espada, rapiñas e incendios los han despoblado… muchos han sido masacrados en forma brutal, otros han sido hecho prisioneros y conducidos al cautiverio.”

Trump está cambiando con sus ejércitos el mapa mundial, su orden económico, su tesitura política,  su dependencia a unas instituciones globalistas al servicio de los enemigos de la libertad; esas fuerzas del desorden y la esclavitud humana, que incluyen al socialismo en todas sus expresiones, han tenido que retroceder, quisieron cambiar las bases financieras del mundo pretendiendo desplazar al dólar como moneda principal para los intercambios, quisieron cambiar el consumo energético hacia energías alternativas y hacer del tráfico de las drogas peligrosas un negocio tolerable.

Y es en este punto y momento, que entramos los venezolanos y nuestro país en el juego geopolítico del presidente Trump, un país con los recursos y la posición geoestratégica que tenemos en el marco hemisférico, era sin duda una provocación que no se podía dejar pasar; cultivado y explotado por los intereses enemigos de Washington, Venezuela se había convertido en una amenaza a la seguridad de Estados Unidos, el tirano Maduro había acopiado un ejército mercenario, compuesto por bandas criminales multinacionales, en las que integraba movimientos extremistas islámicos, guerrilleros colombianos, bandas armadas auspiciadas por los Carteles de la droga, elementos cubanos, tecnología armamentista china y rusa… se había convertido en un panal de avispas, demasiado molestas y peligrosas, y muy cerca de casa.

Solucionando “el asunto Maduro”, nos quitaba un problema fundamental en nuestra calamitosa situación existencial, y así fue, se lo llevaron en cadenas a una cárcel a New York; pero nos dejaron entero el cuerpo envenenado del chavismo  en el que muy pronto le crecieron no una, sino dos y tres cabezas, mientras mutaba y se adaptaba a la nueva situación; quedaba en su sitio la estructura criminal y represiva intacta, con ánimos de perpetuarse en el poder, trocándose en los nuevos mejores amigos del Sr. Trump.

Y como el presidente Trump estaba ocupado con otros problemas urgentes en el Medio Oriente, Europa  y la guerra en Ucrania, “el problema venezolano” quedó dentro del congelador, esperando que se cumplieran ciertas etapas previas a un arreglo democrático, lo que incluiría nuevas elecciones y un fortalecimiento económico e institucional del país. Pero no contaban con el poder de adaptación del chavismo, que pasaron de enemigos a serviles mandantes, contaminando con su pasado criminal y oprobiosa mentalidad al gobierno interino de Estados Unidos en Venezuela.

Estoy seguro de que el secretario de Estado, el Sr. Marco Rubio, se da cuenta de lo peligroso de la situación, la falta de legitimación del gobierno ha minado la capacidad de las inversiones en el país; los chavistas no han cejado de reprimir las libertades y la seguridad de los venezolanos, aún cuentan con sus grupos armados y el ánimo de no permitir que ningún otro gobierno los releve del poder, sus discursos han aumentado en el tono agresivo, los presos políticos y la represión entre quienes se atreven a disentir de la línea impuesta por la presidenta encargada aumentan… y, para colmo, el entorno político que está disponible para acompañar a la líder de la oposición, la Sra. María Corina Machado, sigue plagado de corruptos y alacranes con no muy buenas intenciones.

Pero lo que más preocupa y lo más peligroso de la situación es el problema moral y la contaminación ideológica que el gobierno interino está insertando sobre el esfuerzo norteamericano para contener y estabilizar la situación en Venezuela; hay una inmensa presión sobre la población debido a la inflación y la deficiencia de los servicios, mientras se alimenta una matriz de expectativas de mejores remuneraciones laborales que permitirían una mejor calidad de vida; todas las noticias que se generan (salidas de no muy confiables aparatos informativos) sobre lo bien que lo está haciendo el gobierno interino de la Sra. Delcy Rodríguez, con sus correspondientes halagos, hacen incierta la situación. En las últimas horas, la noticia infausta de permitir que fondos venezolanos paguen la defensa millonaria del tirano Maduro y su esposa narcotraficante, a pesar de los argumentos procedimentales y legales que lo justifican por llevar la causa a buen término, asientan aceleradamente el sentimiento de inseguridad e injusticia del venezolano de a pie, e identifican públicamente al gobierno del Sr. Trump como aliado por conveniencia del chavismo.

El momento de corregir acciones e integrar elementos de la oposición democrática en el gobierno interino es ahora, cuando el chavismo está adquiriendo un nuevo aire y los elementos antinorteamericanos de la región están leyéndolo como una debilidad del Sr. Trump, que acaba de ser objeto de un nuevo atentado, justamente por un simpatizante del chavismo demócrata, que quieren ganar con desespero las elecciones de mid-term el próximo noviembre. Es algo que no le conviene a la seguridad de Venezuela, a la democracia en el continente y a la paz en el mundo.

Poner orden en Irán tuvo un elevado costo pero había que hacerlo debido a la amenaza nuclear que representaba, el régimen de los Ayatolas fanáticos iban directo hacia una guerra total en contra del estado de Israel, y como lo estamos viendo en este momento, en extorsionar al mundo libre en una de las rutas de comercio marítimas más importantes, Trump actuó en defensa de los mismos principios por los que actuó en Caracas para remover a Maduro, pero el resto del mundo parece no darse cuenta de la gesta en que se embarcó este hombre que, en el ocaso de su vida, no ha dudado en defender lo que occidente está dejando de valorar, su libertad.

 

 

 

 

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