miércoles, 12 de agosto de 2026

El ataque a la propiedad privada, por Saúl Godoy Gómez

 



“El derecho de propiedad empieza por el derecho a la vida, a tu propia vida.”

Jose Miguel Perez Gachele, criticando la Constitución Nacional de 1999.

Durante la hegemonía del chavismo sobre Venezuela, uno de sus más profundos y sostenidos “logros” ha sido su ataque inmisericorde contra la propiedad privada, uno de los atributos fundamentales de la libertad humana, esto, como parte de la campaña para introducir  en nuestra naturaleza la ideología y conceptos comunistas, con fines no solo de control social, sino para reducir a su mínima expresión el valor como persona individual y autónoma de los ciudadanos y de las cosas como bienes transables.

Si al ser humano le es negado su autonomía sobre el fruto de su trabajo, si se le despoja de la posibilidad de hacer y mandar sobre las cosas que forman parte de su entorno personal, si se prohíbe que pueda comerciar, disponer a voluntad, intercambiar, legar, acumular, valorar pertenencias como su propio hogar, su negocio, sus ahorros e inversiones, sus ideas y demás objetos y bienes que constituyen su esfera privada, esa persona está condenada a carecer de una importante parte de su personalidad, vería disminuida de manera importante su dignidad y valía como individuo, y estaría sin protección alguna, a disposición de la voluntad de quienes quieran manipularlo, en pocas palabras, nunca será libre.

El cúmulo de leyes y regulaciones, instituciones, órganos jurisdiccionales, fiscalizaciones, imposiciones, que imperan en el país para controlar y minimizar el poder de la persona sobre su entorno, de las empresas sobre sus bienes patrimoniales, de las familias sobre sus pertenencias más preciadas, como lo es su hogar, son cadenas que impiden que la sociedad pueda actuar principalmente sobre la economía y la posibilidad de hacer algún trabajo productivo, los distintos controles de cambio y de precios, así como la devaluación sobre nuestra moneda, fue un claro y doloroso ejemplo de la intención criminal de empobrecer al pueblo para controlarlo por el hambre.

En las dos primeras décadas de gobierno chavista más de cinco mil empresas fueron expropiadas, nacionalizadas o intervenidas, de estas, menos de una cuarta parte sobreviven hoy en día, fueron expropiadas 500.000 viviendas, 3,6 millones de hectáreas productivas en actividades agrícolas y, para sólo tener una idea de la violación masiva al derecho de propiedad, cientos de medios de comunicación (publicaciones impresas, radios, televisoras, empresas publicitarias, productoras independientes, talleres gráficos) pasaron a manos del Estado, con estos resultados no es nada extraño que el país entero se derrumbara económicamente.

Chávez y después Maduro, por medio del aparato estadal, impusieron sobre los venezolanos una serie de amarres que le impiden generar riqueza de manera autónoma; son esquemas marxistas que obligan a la sociedad a buscar asociaciones colectivistas, a que el estado permanezca como dueño único de los medios de producción, en un proyecto de economía centralizada y con los poderes a su disposición para obligar a las empresas, nacionales y foráneas, a someterse al yugo de su voluntad, fue de esta manera que lograron que Venezuela se convirtiera en el país con menos libertad económica del continente. Modificaron el artículo 115 de la Constitución introduciendo nuevas formas de propiedad, entre ellas la propiedad pública, la propiedad social (directa e indirecta), la propiedad comunal, la propiedad ciudadana, propiedad colectiva y la propiedad mixta.

Los venezolanos designados para lograr una transformación del estado, arbitrados por el gobierno norteamericano. deben tener muy en cuenta esta realidad; el sistema diseñado por especialistas cubanos y rusos para nuestro país es de tal magnitud, complejidad y efectividad en el control sobre la economía que, con la actual estructura mental y el vasallaje más perruno  al que nos tienen acostumbrados, se invisibilizan todas las instancias de control, desde los registros y notarías, organismos de recaudación de impuestos, aduanas y alcabalas, inspecciones y permisos, organismos de tenencia de la tierra, guías para movilizar mercancías, imposiciones sanitarias, incluso han organizado al estado de tal manera que los mismos municipios y gobernaciones funcionan como oficinas de trámite y cobros; acumulados, no sólo encarecen la vida de los venezolanos sino que impiden la innovación y los emprendimientos.

Solo la plana mayor del gobierno revolucionario tiene acceso a los mejores negocios del país, principalmente el petrolero y el de minerales preciosos, sus familias son los socios de las concesiones y campos productivos de mayor nivel, obligatoriamente habría que asociarse con ellos para obtener los mejores negocios, que ya tienen acaparados y muchos de ellos ya comprometidos.

Los funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, que monitorean cada uno de los pasos que el país está dando en materia de transformación del estado, para hacer de Venezuela un país viable y con posibilidades reales de desarrollo, deben tener dentro de sus prioridades no solo la transformación de los aparatos judicial, electoral y de infraestructura, es de imperiosa necesidad que todos los organismos destinados al control de la industria, de las finanzas, del comercio y del mundo rural sean puestos bajo observación e igualmente transformados, pues todos, sin excepción, atentan contra la propiedad privada.

Aún antes de que llegara el chavismo, ya los venezolanos veníamos sufriendo condicionamientos importantes sobre nuestras libertades económicas y en especial sobre nuestros derechos a tener y disfrutar de la propiedad privada, con Chávez, el gobierno revolucionario socialista se quitó la careta y empezaron a favorecer a las organizaciones colectivistas, a las propiedades comunales, los programas de asignación de viviendas populares, ya no daban títulos de propiedad sino permisos de permanencia en estos inmuebles, que no podían traspasar, vender, legar…

Organismos abominables como el INTI (Instituto Nacional de Tierras), encargados de redistribuir la tierra con vocación agrícola empezaron a torcer el significado de la propiedad agraria, y lo hacen con saña, favoreciendo invasiones de comuneros afectos al gobierno comunista y utilizando a la Guardia Nacional como guardaespaldas de los nuevos amos de la tierra. Por medio de sus políticas colectivistas, han logrado que un importante número de organizaciones gremiales de productores del campo, ganaderos, asociaciones campesinas, indígenas, productores de café y cacao, que se cuentan entre sus militantes, cuentan con acceso al crédito y a las prebendas chavistas especialmente creadas para quienes apoyan la revolución; y allí podrán encontrar a una gran cantidad de militares retirados, políticos de pasados cuestionables, exfuncionarios buscados por manejos oscuros de sus gestiones, todos terratenientes, todos gozando de prósperos fundos trabajados con dineros de la corrupción.

Con una nueva ley, las fundaciones, ONG´s, organizaciones humanitarias y educativas tienen un exigente control sobre sus patrimonios, y son supervigiladas para que no se salgan del interés colectivista o personal de algunos funcionarios, imponiendo controles draconianos y pedimentos absurdos para el cumplimiento de sus más básicos deberes de informar y estar a derecho. Pero esas organizaciones gremiales y campesinas que auspician esos lóbregos intereses están más allá de todo control

El chavismo ha creado el prototipo del esclavo perfecto, trabaja para algo que llaman estado, un órgano de control que nace de una ficción creada sobre lo público, un etéreo concepto que supuestamente es de todos pero no es de nadie, manejado a voluntad por factores de poder que supuestamente fueron elegidos por el pueblo para llevarlos a un estado de perfecta igualdad social; de esta manera, “ser rico es malo”, pero es bueno sólo si perteneces al exclusivo club de los amos del poder…

Y luego de 27 largos años, contamos con una nueva oligarquía de comunistas revolucionarios, dueños de las mejores tierras del país, controlando las empresas que expropiaron y que ahora son de ellos, ostentando gruesas cuentas bancarias en divisas, afiliados a Fedecamaras y otras organizaciones patronales.  Y estos nuevos amos de todos los valles del país, tienen bajo contrato no sólo a relacionistas públicos, influencers, políticos de la oposición falsaria y hasta costosas firmas de abogados gringos para hacerles el lobby en la Casa Blanca, porque el futuro de este pobre-rico país tiene que ser de ellos, y de nadie más.

 

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