jueves, 29 de octubre de 2026

El peligroso problema agrícola del venezolano, por Saúl Godoy Gómez

 



Como muchos otros problemas existenciales del venezolano, el tema agrícola es uno de los que tiene sus raíces en la ideología, muy específicamente ese pantanoso y nauseabundo mundo del comunismo socialista; no hay manera de que podamos objetivar un marco conceptual para la actividad agrícola en el país sin que salgan a flote las excrecencias de una arcaica clase campesina, que debió haber desparecido luego de la revoluciones populares de principios del siglo XIX en Hispanoamérica, son los últimos estertores de una forma de vida primitiva y siempre en carestía, donde se refugiaban la ignorancia, el hambre y la violencia que eran la materia prima de los levantamientos armados contra la oligarquía criolla.

Mientras que en Europa los planificadores y sociólogos están tratando de concretar el significado de lo rural frente a lo agrario, en Venezuela insistimos en vestir lo agrario con ropajes revolucionarios, que se distinguen principalmente por despreciar la noción de propiedad privada y destacar las bondades de la propiedad colectiva, experimentos sociales que han provocado un enorme retraso en la economía alimentaria y que han estimulado hambrunas y dependencia de las que ha sido difícil salir.

El investigador español Xilberto Llano, en sus reflexiones sobre el conocimiento en el ámbito rural en el viejo continente, nos explica:

“Ciertamente sería erróneo, en nuestro contexto europeo, identificar rural con agrario y las dificultades y los problemas de los agricultores, los campesinos o los pescadores con los de las zonas rurales. Aunque se localicen en él, el concepto de espacio rural de los países desarrollados no se puede definir en función del predominio de las actividades agrarias. Éstas y las forestales fueron hasta los años setenta las funciones indiscutibles de las zonas rurales, pero, aunque todavía hoy en día ocupan amplios espacios, su aportación actual al producto interior bruto y al empleo de los países desarrollado es muy pequeña… En consecuencia, será la combinación de una serie de variables simples, tales como la baja densidad de población, un porcentaje significativo de la población activa ocupada en el sector primario, la relación entre usos de suelos de tipo agrario y los calificados como de tipo urbano, junto con la simplicidad y la dispersión del hábitat frente a la fuerte aglomeración, la cantidad de relativa de residencias secundarias y el nivel de rentas de las familias, la que ofrezca una justificación teórica de lo que es rural.”

Y es que el ámbito urbano y el rural se repelen por cuestiones primordialmente funcionales, de ocupación de los espacios, en una ciudad es muy difícil que se haga agricultura, igual que en los campos cultivables es una contradicción se utilicen para fundar estructuras de vivienda y otros usos de índole metropolitano, en calles llenas de edificios y oficinas no se pueden sembrar cereales ni atender animales para el consumo humano, aunque igual los pobladores de ambos mundos deben alimentarse, y el alimento proviene necesariamente de la agricultura.

La agricultura intensiva y extensiva, que está asociada a la agroindustria, tiene otro tratamiento, o debería tenerlo para aplicar el análisis económico que necesariamente define a la actividad; para los burócratas y administradores del estado moderno, la agricultura a gran escala tiene que ser necesariamente competitiva con los costos de los mercados internacionales, se necesita de amplios espacios destinados únicamente para la siembra o el pastoreo de ganado, son obligatorias la mecanización y la automatización de ciertos procesos, el consumo intensivo de energía, el uso de enormes volúmenes de agroquímicos, de semillas de alto rendimiento, de todo un arsenal de plaguicidas y suplementos, agua en grandes cantidades, para poder rendir con los productos finales, muchos de ellos con precios imposibles de igualar en las bolsas y mercados mundiales debido a los subsidios que reciben algunas de estas empresas  de sus gobiernos, y cuyo fin es copar esos espacios para crear dependencia alimentaria, ese es el negocio.

Pero la agricultura, a gran o a pequeña escala, tiene sus costes otros que dinero, no es una actividad neutra desde el punto de vista ambiental, mucho menos como la pintaron los escritores costumbristas de otras épocas, como la manera “natural” de vida; la vida en el campo, cantada por trovadores y poetas, todo tipo de agricultura, tiene su carga o huella ambiental que, de no ser atendida, puede provocar situaciones en extremo peligrosas para el equilibrio ambiental de las regiones, cosa que los gobiernos venezolanos tienden a ignorar o a tratar como meras incidencias del negocio.

Todo trabajo agrícola, aún el más cuidadoso, extrae de su entorno natural energía y recursos que jamás serán repuestos del todo; aun teniendo en cuenta esas deudas, la tierra y el entorno se empobrecen, aunque no lo aparenten, hay regiones en nuestro planeta que han resistido la explotación agrícola por siglos y todavía resisten, cuencas hidrográficas, planicies fértiles, montañas y valles de una generosidad y abundancia que asombran, pero aún estas áreas privilegiadas sufren el agotamiento de sus suelos, por ello sus moradores y manejadores las dejan descansar, permitiendo los procesos naturales de renovación y recomposición de los suelos procedan a su tiempo, suplementando con abonos los elementos y nutrientes que se necesitan para la próxima cosecha.

Los gobiernos chavistas de estos últimos 28 años, terca y mal intencionadamente, han impuesto la ignorancia y las malas prácticas en nuestros campos; primero, entregando tierras a personas totalmente incapaces de gestionar sus fundos apropiadamente, sin criterios científicos ni ecológicos, y hemos visto en la televisión como hordas de gente empobrecida invaden propiedades, se las entregan (no en propiedad, sino como algún tipo de posesión colectiva o comunista, con lo que de entrada limitan sus posibilidades de desarrollo en la actividad), sin apoyo técnico ni financiero… los abandonan a su suerte, sin supervisión ni rendición de cuentas, la consecuencia es que malviven en los lotes, en lo que ellos llaman “una economía de conuco”, o sea, agricultura de subsistencia, al muy poco tiempo anulan la capacidad productiva de los fundos, y lo que antes había en cosechas, ganado e instalaciones, construido por el trabajo paciente de sus antiguos propietarios, se pierde.

De esta, manera hatos ganaderos ejemplo de excelente gestión, unidades experimentales de genética animal, de cría y recría, reservas de especies en extinción, semilleros de cereales y gramíneas de alto rendimiento, los primeros ensayos de piscicultura del país, las más exitosas cooperativas de producción agrícolas, las más grandes “pacas cafeteras” que empezaban sus programas de exportación de café tostado y verde, los productores porcinos y de pollos del país que estaban adquiriendo la última tecnología disponibles para la cría industrial, y productores tan exóticos como criadores de toros de lidia, de búfalos de agua y caballos de paso estaban abriendo mercado en el país, cuando nos cayó la maldición chavista.

Pero no solo se trató de atacar a los inversionistas privados en el agro, despojándolos de sus emprendimientos sin ninguna compensación, se repartió entre generales y altos funcionarios los mejores hatos, para su uso y disfrute personal; además, descuidaron la infraestructura agrícola que habían heredado de la democracia, la vialidad agrícola, los sistemas de riego que eran un orgullo de los gobiernos de la segunda mitad del siglo XX, el sistema eléctrico, toda la gigantesca inversión en almacenes, silos y los depósitos en frío que disponían para la conservación de los alimentos… al cabo de muy poco tiempo, las posibilidades de contar con una seguridad alimentaria en el país se vino al suelo.

En el pasado, el petróleo no había sido únicamente mal utilizado en sustituir la producción nacional por una economía de puertos, porque Venezuela logró ser autosuficiente en maíz, arroz, proteína animal, en no pocos rubros vegetales y empezaba a producir fertilizantes para la exportación. La nación dio un giro inesperado hacia la dependencia foránea, un grupo de ladrones y supuestos empresarios de maletín, se dieron cuenta del enorme negociado de comprar a precios viles en el extranjero comida descompuesta, y venderla como parte de un programa de alimentación popular, empezó una fiesta de comisiones, sobreprecios y sobornos que desangraron los presupuestos de PDVSA.

El sistema agrícola del país estuvo muy mal diseñado desde sus inicios, los sitios de producción estaban alejados de los centros industriales de procesamiento y éstos de los mercados; la dependencia de los combustibles, sobre todo Diesel y gasolina, los hacía accesorios, tanto para las maquinarias de trabajo en el campo como para el transporte final de los productos, bajo la asunción de que éramos un país productor de petróleo y que estos insumos no iban a escasear nunca… estos planificadores jamás escucharon hablar de los chavistas, los artistas de la ruina y el latrocinio, no sólo se encareció el combustible sino que desapareció de las estaciones de servicio por largas temporadas, críticas en tiempo de cosechas, lo que afectaba aún más el costo y hasta la existencia de los productos (¿Se acuerdan de las imágenes de los camiones de alimentos, varados y saqueados en las autopistas del país por una masa de indigentes?)

Pero aparte de los problemas sociológicos resultantes de ese enorme descalabro agrícola, en el país no podemos perder de vista la contaminación de nuestras reservas de agua por el exceso de nitrógeno y fosforo  de fertilizantes en aguas servidas sin tratamiento, razón por la cual se produce la proliferación de patógenos y algas, nitratos contaminando en silencio nuestras reservorios lacustres, ríos, costas, el aumento de trazas de pesticidas en nuestras reservas de agua para el consumo humano, al igual que todos esos elementos altamente peligrosos, producto de una minería sin control y en la que se permitió la descarga de elementos peligrosos en los cursos de agua, del lento pero inexorable empobrecimiento de los suelos por el gasto de CO2 retenido, por el uso y abuso de antibióticos en animales y cuyas trazas pasan a los humanos cuando los consumen, de los entierros en secreto de inmensas cantidades de alimentos descompuestos dentro de las instalaciones militares para ocultar los ilícitos en el manejo de los alimentos para la población… fueron tiempos de horror que el chavismo intenta desparecer de nuestra memoria por medio de leyes contra el odio y del periodismo supuestamente responsable.

Entre las memorias imborrables que  más me impactaron se encuentra la del productor agrícola y parcelero, el Sr. Franklin Brito, a quien dejaron morir de hambre en el Hospital Militar, casi que frente a las cámaras, por el delito de reclamar su derecho a la propiedad vilmente violado por instituciones y funcionarios que lo habían expropiado; por órdenes de Chávez, los propietarios privados del campo debían demostrarle al estado una tradición jurídica sobre sus propiedades que se remontaba a las Guerras Federales, información que, sabían, muy pocos tenían, dado el estado de los registros y documentos de la época mal conservados o desaparecidos a conveniencia.

La inversión privada en el campo se había desplomado, debido a la inseguridad que el estado había procurado en fomentar al permitir invasiones, tomas, abigeato, secuestros y pobladas contra los desarrollos levantados con mucho trabajo y amor por la tierra. Las instituciones financieras fueron retirándose de la actividad y para el gobierno era parte fundamental de su plan destructivo el demoler la propiedad privada, para ello puso organismos, como el INTI, las dependencias de los Ministerios de producción agrícola, de Ambiente, Guardia Nacional y gobernaciones a trabajar aceleradamente en transferir el mayor cúmulo de tierras a manos de sus simpatizantes que operaban detrás de la fachada de Círculos Bolivarianos, Zamoranos, Comunas y Comités de Tierras, pero jamás como propietarios, los títulos son otorgados en calidad de pisatarios, como ocupantes sin derechos.

Al despojar al individuo de su capacidad de ser dueño de la tierra en la que vive, al no poder disponer de su propiedad para hipotecarla, negociarla, venderla, heredarla, dividirla… hacer con ella su voluntad dentro de los límites de la ley y la convivencia, se le están negando derechos fundamentales y principalmente capacidad de ser autónomo, de esta manera el estado crea nuevos lazos de dependencia y control sobre el individuo que poco a poco deja de ser una persona.

La guerrilla colombiana, en especial las ELN, tuvo un tratamiento especial para hacerlos dueños de fundos fronterizos para que sirvieran de aliviaderos para sus tropas de irregulares, para depósitos de armas y campos de entrenamiento; los estados Táchira, Apure, Zulia se convirtieron en áreas de seguridad de la insurrección colombiana, con el visto bueno de nuestras fuerzas armadas y el INTI; la intención era clara, se trataba de demoler la institución de la propiedad privada en el campo venezolano para poder colectivizar la actividad agrícola y convertirla en mecanismo de control social.

Pero ha sido la economía subterránea del narcotráfico la que mayores beneficios a cosechado de este festín de pordioseros en el que han convertido el agro venezolano, pistas clandestinas en los grandes hatos para llevarse cargamento de drogas, depósitos de caletas de dinero ilícito, laboratorios clandestinos, cementerios y lugares de tortura para rehenes, es el crimen que se beneficia de estas políticas mientras al venezolano común, el hombre honesto que quiere trabajar la tierra, lo tienen a salto de mata entre amenazas y procedimientos de dudoso origen.

Todas esas instituciones que regulan y estatizan la actividad agrícola en el país están operando y permanecen fieles a su objetivo de dominio comunista, hay gobernaciones y alcaldías como las de los estados Miranda, Carabobo, Aragua, Falcón, Guárico, Bolívar y Anzoátegui que están en manos del partido del gobierno socialista revolucionario, el PSUV, que continúan sin ningún control, ejerciendo esta labor de desmontaje de la democracia en el campo venezolano, utilizando la violencia institucional, apoyando a gremios como el de los productores caprinos, entre otros, para desencadenar una guerra de jurisdicciones y conflictos agrarios que dinamitan el concepto de la propiedad privada.

No puede haber un retorno efectivo de la democracia si dejamos que estos agentes del castrocomunismo dictaminen el proceder en el campo venezolano, que se arroguen insolentes la primacía de sus actividades por encima del ordenamiento legal vigente, que desprecien la normativa ambiental, que ignoren los mandatos constitucionales… hay que poner orden en el agro y pararle el trote a estos funcionarios que pretenden seguir corrompiendo nuestra actividad agropecuaria y colectivizando nuestro futuro.

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