Ayn
Rand dijo que, cuando la visión del hombre se reduce a metas concretas del
momento inmediato, desechando la posibilidad de pensar e imposibilitando la
actuación con base en principios, esa sociedad está destinada al fracaso. Un principio es una verdad general, que
abarca un gran número de cosas concretas; se trata de una abstracción que nos
permite manejar metas a largo plazo, por lo que podemos planificar y alcanzar
logros que requieren un trabajo constante y bien hecho.
Pero
en una situación como la que nos obliga el socialismo en Venezuela, de estar
pendientes sólo de pequeños objetivos muy concretos, como conseguir los
bastimentos del día, como sobrevivir en la calle para llegar a salvo a nuestros
hogares, o no enfermarnos, para no caer en la beneficencia pública, es decir, de
todas esas pequeñas cosas que nos consumen el día para no caer en la inopia,
los grandes temas, las cosas importantes, la visión a largo plazo, se hacen
imposibles.
Y
cuando en una cultura prevalece lo urgente, la emergencia, la escasez… los
principios están negados y son sustituidos por consideraciones de orden “práctico”,
por las exigencias del momento, donde lo trivial nos abruma; es así como el Comandante
Supremo lo entendía, y trabajó por imponernos el socialismo, que no es otra
cosa que, como decía, “Vivir viviendo”.
Los
principios son las grandes guías en la vida del ser humano, al conformar
nuestras vidas con ellas, nos permiten avanzar y prosperar, ajustándonos a un
comportamiento que nos permite dirección, claridad de propósitos y pautas en
nuestro accionar. Los principios
dependen de la razón, pues al comprenderlos podemos aceptarlos o no, son los
grandes axiomas de la vida en la sociedad y su cultura, nos confieren vida
espiritual, con ellos podemos tener la capacidad de cooperar, de resolver
conflictos y de evitar los peligros.
Las
personas sin principios son como animalitos en el bosque, como roedores, hacen
lo que tienen que hacer por necesidad, por impulso, no pueden construir una
cultura, no saben sostener una alianza, no tienen sentido del honor o del
compromiso, viven del momento, sin nunca concebir el respeto en las relaciones
y siempre están sujetos o al placer, la recompensa inmediata, o al miedo, porque
le rehúyen a lo que desconocen.
Al
carecer de principios, una sociedad es fácilmente dominada por el mal, abundan
los vicios, sus miembros son fácilmente manipulados por la mentira y el engaño,
los más violentos son los que dominan al resto, las relaciones humanas se
reducen a lo más básico, donde priva el interés propio y el simulacro, todo eso
para sobrevivir.
El
socialismo, que es una ideología, carece de principios y cuando los encuentra
trata de destruirlos, de anularlos, pues es de su interés que los seres humanos
regresemos al estadio de la manada, de la tribu, de lo colectivo, donde los
principios son desplazados por el “interés común”, o por lo que quieren los que
mandan, generalmente los más violentos, diciendo que se trata del interés
común, que nunca va mas allá de la preservación su autoridad sobre el grupo y,
por ende, de sus privilegios.
Es
por ello los regímenes socialistas promueven la idea de que los empresarios y
comerciantes independientes, que no dependen del estado, sino del propio
esfuerzo, son deshonestos y no tienen escrúpulos.
Los
socialistas, apenas llegan al poder, lo primero que hacen es sembrar la cizaña
contra la libre empresa, acusándola de ofrecer alimentos y medicinas en mal
estado, de que los servicios que ofrecen son un engaño al público, de que sus
prácticas tienen la finalidad de robar y explotar al pueblo; ese ataque a la
integridad de quienes creen y practican libremente sus oficios y
emprendimientos es, en realidad, un ataque a los principios de los que creen en
el progreso y que confían en el futuro. En la realidad, lo que más les importa al
empresario y al comerciante es la confianza de su público, el apoyo de sus
clientes.
Ningún
banco, clínica o restaurant podría funcionar si la gente creyera que sus
propietarios están allí para hacerles daño y aprovecharse de ellos, no es esa
la manera cómo funciona el mundo; porque existen los principios es que la gente
puede hacer transacciones y consumir sin el temor de que la están envenenando.
El
socialista, al querer destruir esos vínculos de confianza y honor entre la
gente, busca desarticular principios para que la gente vaya poco a poco
reduciéndose a lo que ve y toca, a lo inmediato, a desconfiar de su entorno.
A
los comunistas les resulta muy difícil asimilar que el egoísmo, el interés
personal del empresario, es el principal interesado en tener una buena
reputación y ofrecer productos de calidad; muy por el contrario, en las
empresas colectivistas, en las comunas, a muy poca gente le importa si hay excelencia
en los servicios, limpieza en las labores, calidad en los resultados… por ello vemos
lamentables casos de intoxicaciones, comida podrida, medicinas vencidas, mala
praxis, contaminación, trabajos mal hechos, productos dañados y vendidos como
nuevos en las empresas socialistas.
Cuando
todo es de todos no hay doliente, ni responsables, ni incentivos para alcanzar
la excelencia; no hay principios, apenas tareas y logros concretos para no
recibir un castigo.
Esta
es una de las razones por las que en Venezuela no hay justicia, porque la
justicia es un principio, de los más elevados e importantes para toda la
sociedad; pero, desde que llegaron los chavistas al poder, destruyeron ese
principio y lo sustituyeron por simples tareas que simulaban justicia, órdenes
que deben ser obedecidas, llamadas de teléfono con las sentencias hechas,
castigos a los jueces que no cumplan con las ordenes de los jefes del partido.
Los
jueces, abogados y fiscales chavistas convirtieron la justicia en rutinas para
ser obedecidas, sin el concurso de la razón, pequeñas tareas a ser cumplidas
sin ser pensadas, no importa si hay que mentir, o estirar la interpretación de
la ley hasta lo imposible, o desvirtuar el significado del lenguaje… lo
importante para el jurista chavista es que cumplir con los dictámenes del
partido socialista les evita el castigo y los acerca a un premio; no importa si
la justicia es ahora un instrumento del terror para defender la ideología
socialista o la manera más cobarde de acabar con la oposición política y burlar
los principios democráticos… de eso se trata, de acabar de una vez por todas
con los principios. –
saulgodoy@gmail,com

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