Uno
de los grandes privilegios de un escritor es haber podido compartir con los
grandes personajes de su época, y he tenido el gusto de hacerlo con hombres
como Rafael Caldera, Arturo Uslar Pietri, Alirio Díaz, Jesús Soto, Jacinto
Convit entre otros muchos, a quienes no solo conocí personalmente, sino que
tuve el privilegio de entrevistar.
De
todos estos extraordinarios venezolanos uno de los que más llamó mi atención
fue el historiador Ramón J. Velásquez, fui compañero de aulas en la carrera de
derecho en la UCAB con Gustavo, su hijo, de quien conservo su amistad. Tuve el
honor de ser invitado en varias ocasiones a compartir veladas en su casa y
escuchar a este gran intelectual en la intimidad hablar sobre uno de los temas
que más le apasionaba, la modernidad en Venezuela.
Años
más tarde, antes de que fuera Presidente (e) de Venezuela, lo entrevisté para
la televisión educativa, sobre el tema de las vías de comunicación, de Gómez
hasta nuestros días, un tema que le era caro pues era precisamente la
manifestación material más importante de ese brinco que dio el país hacia la
modernidad.
La
Caída del Liberalismo Amarillo sigue siendo uno de mis libros predilectos de
historia de Venezuela y escucharlo disertar sobre la Guerra Federal era un
verdadero placer.
Pero
de todo este mundo de ideas y hechos, lo que más le agradezco al Dr. Velásquez
fue haberme proporcionado, sin proponérselo, su visión de la historia para
juzgar el presente.
Fue
escuchándolo como aprendí que los episodios nacionales, muchos de ellos
rodeados de espectacularidad y fuegos artificiales, son apenas un eslabón en
una larga cadena de hombres y circunstancias que hicieron posibles los avances
de Venezuela como nación, y que si uno mira para atrás y mide la importancia de
lo que hoy sucede con esa tradición, nos daremos cuenta de lo efímero y pequeño
que son estos pasos hacia la consecución de un país nacional.
Esta
vara para medir el presente me ha sido muy útil al momento de confrontar lo que
hoy sucede con Venezuela, y constatar que, este gobierno, que trata de negar
nuestra verdadera historia, está condenado a no ser sino un episódico borrón,
un eslabón fuera de foco de esa gran continuidad de nuestra patria, y que
tenemos un destino y una historia que es, inconmensurablemente mucho más
grande e importante, que este estornudo
en nuestro devenir.
Creo
que el Dr. Velásquez tuvo una vida plena y nos deja a los venezolanos
reflexiones importantes sobre quiénes somos y hacia dónde vamos. Paz a su alma
y mis condolencias para con sus familiares y allegados.- sauilgodoy@gmail.com

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