Creo que no hay metáfora más bella en el idioma español que el verso que Gustavo Adolfo Bécquer le dedica a su amada cuando dice: “¿Y me preguntas que es poesía? ¡Poesía eres tú!”
Por
ello decía Monroe Beardsley, que la metáfora “es un poema en miniatura”
Siempre
me ha llamado la atención la figura literaria de la metáfora como medio
fundamental para lograr una mejor comprensión del mundo y de las ideas, a mayor
complejidad de lo que se quiere explicar, la metáfora esta allí para hacer
sencillo lo enrevesado, para darle sentido a algo tan rotundamente inexplicable
como un sentimiento, para ilustrar incluso lo que no se puede ver como fue el
caso del modelo que presentó el gran físico danés Niel Böhr sobre el átomo,
haciendo girar, en su dibujo, alrededor de un núcleo los neutrones y electrones
en orbitas elípticas, copiando el modelo planetario de la astronomía. Hasta
ese momento nadie había visto un átomo, pero estaba exactamente descrito en
lenguaje matemático y su modelo explicaba de manera comprensible para nosotros,
simples mortales, lo que las complicadas formulas establecían sobre los átomos.
Por
supuesto, las metáforas tienen sus problemas, los de todo modelo, se tratan de
interpretaciones, por lo general, simplificaciones de la realidad, no son la
realidad, por lo que si se tomaba la metáfora a pecho, podría crearse una gran
confusión.
Veamos
un notable ejemplo de poesía y ciencia encabalgadas en unas metáforas
portentosas, lo tomamos de Julio Verne: “El
amanecer fue magnífico. La luminaria del
día, como un disco de metal dorado por el procedimiento de Ruolz, asomó del
océano como si surgiera de un inmenso baño galvánico.”
Lecourt
Dominique en su obra Para una crítica de
la epistemología, cuando se refiere a “las construcciones de la poética” en
las ciencias experimentales señaladas por Gaston Bachelard, dice que en la
microfísica, por ejemplo, es común observar fenómenos que se suceden en
espacios de diez (10) dimensiones y no de tres como acostumbramos a percibir
del mundo, ya el simple hecho de conceptualizar el fenómeno fuera del lenguaje
matemático, implica recurrir a una metáfora que es una aproximación a la
realidad, no la realidad misma.
“La vida es un viaje”, en esta frase se
resume el poder de la metáfora, explicar algo tan complejo como la vida en la
idea de tiempo, espacio y recorrido de un viaje, es definitivamente conmovedor
e ilustrativo para casi toda persona. ¿Para
qué sirve una metáfora? Según los expertos lingüistas: “Las metáforas nos permiten entender una idea o dominio conceptual en
términos de otro dominio.”
Para
explicar algo tan complejo y difícil como la muerte le decimos a los niños: “Se fue al cielo y ahora está con Dios”,
los jefes de personal de las grandes empresas cuando van a despedir a alguien
le dicen: “Nos vemos obligados a dejarle
ir” para amortiguar el terrible significado de estar cesante de un momento
a otro, salvando la responsabilidad de la empresa y transfiriéndosela al
despedido.
La
cotidianidad de las personas está llenas de metáforas, más de las que
pudiéramos aceptar con comodidad, y lo digo, porque sería admitir que vivimos
en un mundo de ficciones, de trucos del lenguaje que muchas veces ocultan la
terrible o maravillosa realidad.
Aldous
Huxley nos hace este revelador comentario en su libro Música en la noche: “En la
práctica, casi nunca tenemos presente más que un aspecto de cada
acontecimiento. Pasamos la vida primero en un compartimiento estanco de la
experiencia, luego en otro. El artista, si lo desea, puede echar abajo las
mamparas que separan cada compartimiento y plasmar de ese modo una visión
simultanea de dos o más. Así vista la realidad resulta sumamente extraña.”
Tradicionalmente
las metáforas eran consideradas como un recurso poético y de retórica, más que
una herramienta para ayudar al significado de las ideas, adornaba y hacían
elegante la expresión.
El diccionario nos define la
metáfora como: “Tropo que consiste en usar palabras con un sentido
distinto del propio, si bien guardando con este cierta relación analógica.” (Nueva
enciclopedia Larousse).
Pero fue a
partir de los estudios de los doctores Lakoff , Jhonson y Reid en los años
ochenta del pasado siglo, sobre lingüística cognitiva, que se redefinió la
metáfora como elemento esencial en el lenguaje y el pensamiento. Surgió el estudio de las metáforas
estructurales y su importancia como elementos de pensamiento abstracto que nos
permiten, no solo resumir y configurar pasajes lingüísticos hacia estructuras
de ideas complejas, sino que nos facilitan entender complicados aspectos de la
realidad, sobre todo en situaciones que no han sido cabalmente desarrolladas en
términos de lenguaje, me refiero a sensaciones y sentimientos pero también al
mundo de la tecnología y la ciencia más avanzada.
Es
impresionante el cúmulo de estudios que se han desarrollado sobre la metáfora
en medicina, por ejemplo, tan utilizada por los galenos para explicarles a sus
pacientes, alumnos y colegas, conceptos en sus áreas de trabajo.
Es en las
ciencias de punta y en la literatura postmoderna que nos encontramos con esa
idea del escritor William Burroughs según la cual el lenguaje es un virus que
se reproduce con gran facilidad y condiciona cualquier actividad humana. Las
metáforas son el producto de una hibridación de muy diversos registros que no
tienen nada que ver con la realidad sino como una metareferencia que pretende
ahorrarnos fórmulas y explicaciones de simbología “dura” para llegar a un
terreno de común comprensión, es así como en medicina las enfermedades virales
tienen “una personalidad” y se atacan con “armas” y las epidemias tienen un
“carácter”, algunas de estas enfermedades son “asesinos silenciosos” otras son
producto del estrés, por “contener la ira” o de “estallar sin motivos”, algunos
procedimientos implican “bombardeos de precisión” otros de “raspar y limpiar”,
la medicina puede ser un “arte” o una “guerra”, su práctica es una “vocación” o
su descriptiva se ajusta a la labor de un “mecánico que repara relojes”,
cualquiera que sea la metáfora la misma puede ayudar o confundir, alentar o
deprimir y cuando hablamos de investigaciones, puede crear falsas esperanzas o
conseguir el financiamiento para mayores estudios; las metáforas generan
escenarios mentales en las personas que muchas veces pasan por la realidad o son
tan fuertes, que modifican esta idea de la realidad afectando a la persona
misma.
Pero para
que las metáforas funcionen tienen que tener contexto, un anclaje cultural que
les permita operar en los discursos, si decimos “el tiempo es oro” para indicar
que vemos el tiempo como un recurso valioso y lo hacemos en medio de una tribu
de Mapuches en la Patagonia es probable que no funcione la metáfora y hasta
confunda.
Por la
misma razón que los sentimientos y sensaciones son una materia harto compleja
para describirlas de manera acertada, se utiliza la metáfora, y todos hemos
tenido alguna experiencia en nuestras vidas de los malos entendidos que se
producen, igual sucede con los procesos mentales, es por ello, por su capacidad
de resumen o de transferencia de significados, que la metáfora se ha convertido
en un difícil problema en el diseño de los lenguajes de las máquinas, lo mismo
sucede en la inteligencia artificial.
Paul
Ricoeur, uno de los grandes estudiosos de la metáfora nos habla de sus sentidos
explícitos e implícitos, de un sentido figurativo que nada tiene que ver con su
significación cognoscitiva, en su obra Teoría
de la Interpretación nos dice: “Una
metáfora es una creación instantánea, una innovación semántica que no tiene
reconocimiento en el lenguaje ya establecido… la metáfora, por lo tanto es, es
más la resolución a un enigma que una simple asociación basada en la semejanza…
una metáfora nos dice algo nuevo sobre la realidad.”
Pero así
como es considerada una poderosa herramienta de la retórica y la poética, puede
fácilmente convertirse en un elemento importante para la manipulación y la
indoctrinación.
También es
importante en la política, los comunistas son unos genios de la metáfora,
logran coaligar en ellas mucha de su doctrina colectivista, funcionan en la
propaganda, como en el slogan “Ahora
gobierna el pueblo” cuando son las camarillas los que gobiernan; quienes
promueven la utopía de las comunas nos bombardean continuamente con sus
alegatos a favor de la unidad “Un pueblo
unido jamás será vencido”, promueven su lucha de clase disfrazada de
pacifismo, como el famoso lema “Somos una
revolución pacífica pero armada” o exaltan al colectivo “el pueblo nunca se equivoca” o “estamos en lado correcto de la historia”,
píldoras de un saber popular que salda, desde la ignorancia, cualquier duda
sobre lo que es correcto, bueno y justo.
Para
Ludovico Silva ese gran ensayista venezolano del marxismo dijo, en su libro Cultura y Humanismo: “la "superestructura", "edificio" o
como se la llame no es más que una metáfora
que inventó Marx para visualizar literariamente su concepción de la
sociedad… cuando va a hablar de la superestructura, emplea una metáfora: Ueberbau. El mundo de la ideología y de la
cultura —ya se verá la diferencia entre estos términos— se presenta como un
edificio, como una fachada, que es lo que los hombres generalmente alcanzan a
ver: el Estado, los cuerpos jurídicos, la moral, el arte, la política, sin
darse cuenta de que todo ese edificio está sustentado por unos cimientos
ocultos, pero poderosos.”
Como la
metáfora resume, es un instrumento muy útil en la propaganda y porque puede ser
breve, la mayor parte de los “memes” son metáforas, esos lugares comunes, esos
telegramas de cultura urbana con las que todos nos manejamos en la cotidianidad,
“el futuro es ahora” nos impulsa al
consumismo instantáneo, “paren el mundo que me quiero bajar” describe
el anhelo de muchos de tomarse el torrente de la vida moderna con calma, o esa
metáfora que utiliza el chavismo “Chávez
vive” como si fuera una amenaza de ese “algo colectivo” que seguirá
atormentándonos a pesar de su muerte física.
Si piensan
un poco, notarán cuán importante es la metáfora en nuestra cotidianidad, la
gran cantidad de personas que se mantienen “activas” gracias a las metáforas y
que cada día que pasa, a medida que la tecnología nos envuelve y dependemos de
ella, se hace más y más necesaria y por lo tanto, peligrosa; los teléfonos “unen a la gente”, y dicen de internet “pone el mundo en sus manos”, una
“realidad” llena de metáforas , confunde y puede perdernos si no las
reconocemos. – saulgodoy@gmail.com



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