lunes, 27 de abril de 2015

Borges, ultraísta




Jorge Luis Borges y su familia llegan a Europa cuando estalla la Primera Guerra Mundial; residenciado inicialmente en Ginebra, Suiza, el joven comienza el bachillerato.
A principios de 1919 la familia se muda a España, iniciando en la isla de Mallorca, luego  Sevilla y, por último, Madrid.
Durante los próximos tres años Borges hará un periplo de lugares, pletóricos de tendencias culturales y artistas vanguardistas, impregnándose del expresionismo y del ultraísmo, este último movimiento artístico, influenciará notablemente su pensamiento y obra de juventud.
Con apenas 20 años, funda revistas, hace traducciones, mantiene contactos con lo más avanzado del movimiento creativo europeo, es corresponsal y colaborador de diversas publicaciones
 avant-garde de España; su trabajo va parejo a su educación, profundizando con esmero su conocimiento del latín.
Lamentablemente, fueron muy pocas las obras de Borges que se conocen de este interesante período, ya que fueron destruidas por él mismo (entre ellas, un libro de ensayos,
 Los naipes del tahúr, y uno de poesía, Los salmos rojos).
"Yo era todavía anarquista, un libre pensador y estaba a favor del pacifismo", confesaría años después, recordando esa época de experimentos y riesgos literarios, aunque algunos críticos señalan que se trató de su época "socialista".
En ese extraordinario cuento El otro, perteneciente a El Libro de Arena (1975) y que trata de un encuentro entre el Borges viejo y el Borges adolecente a las orillas de un río, el escritor nos refiere que los Salmos Rojos aludían a la fraternidad de todos los hombres, a la gran masa de oprimidos y parias “El poeta de nuestro tiempo- le refiere su alter ego- no puede dar la espalda a su época”.
Aquel joven escritor recogía como una antena las manifestaciones del expresionismo alemán, se convirtió en su difusor en España en extraordinarias traducciones; le siguió la pista al imaginismo, al cubismo, al futurismo, al surrealismo que, como bien decía, era un momento del arte: "…matinalmente intuicionista, de superar la realidad ambiente y elevar sobre su madeja sensorial y emotiva una ultra-realidad espiritual".
En Sevilla hizo contacto con un grupo de escritores que se llamaban así mismos ultraístas y que se habían impuesto como tarea renovar la literatura, desechando las formas y los cánones impuestos por la cultura oficial.
De su breve ensayo titulado Al margen de la moderna estética (1920), Borges define el ultraísmo:
El ultraísmo es la expresión recién redimida del transformismo en la literatura. Esa floración brusca de metáforas que en muchas obras creacionistas abruma a los profanos, se justifica así plenamente y representa el esfuerzo del poeta para expresar la milenaria juventud de la vida que, como él, se devora, surge y renace, en cada segundo”. 
Del mismo ensayo tomo prestadas estas líneas:
"Se nos ha querido imponer la obsesión de un eterno y mustio universo, de ramaje agobiado bajo las grises telarañas y larvas de pretéritos símbolos. Y nosotros quisimos descubrir la vida. Queremos ver con ojos nuevos".
El ultraísmo dio pie para interesantes experimentos con el lenguaje, en literatura fue la incursión del escritor al fascinante mundo de la metáfora muchos de estos ensayos fueron tan complicados y absurdos que perdían todo sentido, pero algunos abrieron puertas a otros mundos.
Fue en la poesía y en la pintura donde se dieron los más importantes hallazgos del ultraísmo y, dentro de lo poco que se ha podido rescatar de Borges de estos vitales años de juventud, hay algunos versos que subsisten y que dan fe de su genio desbocado, entre ellos esa rara pieza
 Himno del mar que canta, entre otros versos: 

Ansío aún crearte un poema
Con la cadencia adámica de tu oleaje
Con tu salino y primeral aliento
Con el trueno de las anclas sonoras ante Thulés ebrios de luz y lepra,
Con voces marineras, luces y ecos
De grietas abismales
Donde tus raudas manos monjiles acarician constantemente a los muertos...
un himno
Constelado de imágenes rojas, lumínicas.

En una entrevista que dio a Georges Charbonier, para la radio francesa en los años sesenta, Borges dijo de aquella época:
 "Se quería imitar a poetas del género de Pierre Reverdy. Se quería imitar a Apollineire, al chileno Huidobro... Creo que ese movimiento [el ultraísta] no tiene ninguna importancia... estoy avergonzado de haber firmado sus manifiestos".  
En su vejez, mientras escribía los prólogos para la
 Biblioteca de Babel y reseñaba la obra de Lugones, Borges comentó con ironía la tendencia avanzada de su compatriota en hacer de la literatura un juego verbal: "Quince años antes que la secta ultraísta quiso reducir la poesía, tan diversa tan misteriosa, a una sola figura, la metáfora...", es una dura autocrítica para uno de los períodos más fantásticos y poco conocidos de este gran escritor latinoamericano, que murió renegando de él como la hijo no deseado, y rechazado. –  saulgodoy@gmail.com


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