jueves, 24 de diciembre de 2015

Un obsequio


Nota
: Caí en la tentación de ofrecerles una muestra del único poemario
(sin publicar) que he podido escribir, Cantos Virtuales y Otras Alegoría de Fin de Siglo, se intitula, y fue escrito en la pasada centuria y milenio, para mí es un riesgo hacerlo público, en un país de insignes bardos, esta pequeña entrega de un prospecto de poeta que desde la capital de un país sumido en caos pretende cosechar palmas con unos versos tan comunes, me parece sin duda una temeridad, pero es una de las ventaja de tener mi propia página web. Disculpen la simpleza, que tengan todos una feliz Navidad.

Coyote
Hay un coyote aullándole a la luna
sobre una roca en el desierto de mi vida
lo oigo de noche en noche
me he acostumbrado a él
a su reclamo existencial
a su grito y pretensión
¿Qué más puede hacer el pobre animal
en contra de este universo de incógnitas
si no, no dejarlo dormir también?

Inquilinos
Son tristezas que no duermen
que están asomadas a mis ojos
y empañan la vista.
Se pasean muy despacio por mi alma
dejando ese frío de lluvia.
Son tristezas que oigo
en un suspiro
y descubro sus perfumes
en viejas cartas 
en álbumes de fotos. 
Son recuerdos de closet
espíritus que moran allí
acurrucados
en silencio
esperándome en las noches
de insomnio y soledad.

Una Rosa
Una rosa blanca creció en la tumba,
el viento la mueve y yo desde el banco,
en el parque, esperando por la lluvia.
La flor en la tumba, yo en el banco,
el viento nos mueve, el agua gotea,
el día está gris.
Un caimán que pasaba me miró sorprendido
-!Epa vale!, yo a ti te conozco
Lo miro, sonrío
-Claro amigo, fue en el Orinoco,
una tarde de verano, me caí del bongo
tú me devoraste
-Pero...-replicó el enorme saurio- pero entonces
¿qué haces aquí?
 Señale la tumba abierta, la rosa se estremecía
-Salí a tomar fresquito y a mirar a mi rosa
¿Te gusta?
El caimán miró la flor
luego a mis huesos en el banco
-Seguro vale, seguro
y lentamente se perdió de vista.

Transmigración.
Mañana saldré de esta piel
sin poder llevarme nada 
nos cobran con la memoria
nos imponen otro disfraz.
Ups!!! ¿Que soy?
¿A qué juegas ahora?
qué bien... seré un gas.

El elevador
Perfumes finos de suaves aromas
en el aire cual disfraces
en este ascensor que sube al cielo
con dos chicas y yo
Nuestros rostros hablan de lujuria
pero somos extraños los tres
alguien quiere hacer pipí
alguien también quiere morir
somos tan sanos, tan jóvenes
somos tan bellos y depravados
Flota en el aire un ardor
al marcar los números su luz
la electricidad conecta nuestros ojos
Sonreímos con rubor,
lo sabemos.
La tela suave de sus vestidos
el papelillo furioso de nuestros pensamientos
lloviendo a ráfagas silenciosas
piso tres, cinco, siete, nueve
me concentro, los rostros hermosos
sus cuerpos tibios,
mi gran erección
¿Cuál será casada? ¿Cual virgen?
piso trece, quince... ¿quien se atreverá?
se abre la puerta en el pent-house
nadie se bajó
nos miramos intensamente
volvimos a descender
en busca de una nueva oportunidad.

El Avila
En las tardes me siento al balcón
enfrente se sienta el Ávila
arrugado y parsimonioso
cambiando de colores.
Nos miramos en silencio
tratando de adivinar
lo que el otro tiene que decir.
 Él pensando en mi brevedad
y yo en su eternidad
Cuando camino la montaña
lo siento despertar.
Me cuentan los querrequeres
que en las mañanas de capín-melao
se pinta las barbas de rojo
y se corona de blancas nubes.
Todavía busca a Guacaipuro
quiere hablar con él
decirle cuanto lo extraña
y que seguro le hubiere gustado
los mangos que ahora tiene en fronda
y que el indio nunca comió.
El Ávila está contento
ahora quiere jugar
está ocultando a sus espaldas
un regalo que quiere darme
el mar azul que es joya
pero le da pena.

La noche de las iguanas fucsias.
Las iguanas son como los hombres
se aburren del día e inventan la noche del reptil
cambian de cuero como de personalidad
la sangre se les hiela y sacan la lengua bífida
montados en una mesa entre copas y ceniceros
no pierden detalle del nightclub
las hembras dejan a su paso aromas a feromonas
y los negros fuman marihuana con los músicos.
Las iguanas no duermen de noche
y menos si son fucsias
están sobre las rocas en el paisaje lunar
y mueven la cabeza afirmando todo el tiempo
como dinosaurios chiquitos
soñando que son Tiranosaurius Rex.



Haikú tropical
-Pídeselo y te lo agradecerán
me dijo el abuelo sabiondo
-me he pasado la vida pidiéndoselos
y la única que me lo dio
con ella me casé   


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