martes, 28 de mayo de 2019

Las lecciones que nos dejó el chavismo



El paso del chavismo por nuestro país nos dejó unas grandes lecciones de vida que no debemos ni podemos olvidar, si bien fueron aprendizajes impuestos con sangre, me temo que, dada nuestra naturaleza dispersa, superficial y desmemoriada, podamos olvidarlas en un corto o mediano plazo, razón por la que quiero dejarlo por escrito para su recordatorio.
A partir de hoy y sin términos ni secuencias, estaré publicando estas lecciones para que futuras generaciones tengan parte de ese expediente de nuestra historia que marcó un antes y un después en la vida de esta tribulada nación.

Primera lección:
De las cosas que hizo el chavismo fue retratarnos a cuerpo completo, por dentro y por fuera, más que una foto podríamos decir que fue una Imagen de Resonancia Magnética, porque patiquines como somos, cuidadosos de nuestra imagen, pocos nos dábamos cuenta lo descompuestos que estábamos por dentro, y aunque olíamos a perfume caro y a ropa nueva, nuestras entrañas estaban algunas secas de virtudes mientras otros órganos estaba recrecidos por el vicio y la ignorancia, el chavismo, de las pocas cosas positivas que hizo el Socialismo del Siglo XXI, fue dejar por sentada la decadencia de nuestra vida como grupo social.
Por supuesto, siempre mantendremos en alto nuestra alegría, la camaradería, el calor humano que siempre nos ha caracterizado, pero estábamos incompletos, siempre lo estuvimos, y ahora que ya es obvio el enorme hueco que tenemos en nuestro pecho queda de nuestra parte completarnos, llenar lo que nos falta, espero no con fantasías y mitos, ni con malas costumbres, sino con sabiduría y coraje, dos de nuestras carencias más notorias.
Somos básicamente un pueblo irresponsable, ligero, vano y con una cortísima memoria, por lo que aquello de olvidar nuestras penas y las afrentas que nos han causado, se integran muy bien con nuestra incapacidad retentiva, vivimos para el momento y no tenemos la menor idea de qué hacer con el futuro, parecemos animalitos de monte en la escala evolutiva, no seres humanos, y esta impresión que acusamos va en nuestra contra pues en la cadena alimenticia, para cualquier depredador, somos comida.
Pero como todo en la vida, hay honrosas excepciones, y estos seres extraordinarios y raros, son los que nos han marcado como grupo humano, porque cuando la naturaleza nos diferencia lo hace en grande, con verdaderos santos, héroes, sabios, amantes y patriotas, y gracias a ellos es que somos reconocidos como gente que valemos la pena.
El chavismo fue una mutación cultural muy agresiva inventada en Cuba por unos imperialistas de rasgos marxistas-leninistas, unos rapaces predadores caribeños que siempre nos tuvieron ganas, razón por la cual fuimos estudiados por años por Fidel Castro, reconociendo nuestra deficiencias y sabiendo cómo manejar nuestros complejos y miedos, sólo tomaba a un ignorante mayor, a un petulante artista del disfraz para que Fidel pudiera meter en el país su caballo de Troya, y lo encontró, lo reconoció, lo cultivó y lo llevó de la mano hacia el poder, y era un militar, como debía ser, pues eran la casta de los resentidos más peligrosos del país, pobres, brutos y dueños de las armas.
La sola existencia de un cuerpo castrense con esas condiciones, ya indican el grado de ignorancia general que se vivía en el país, en ningún país del mundo usted verá que las armas se las entrega a los más desadaptados y en carestía de la sociedad, era sólo cuestión de tiempo, y fueron muchos los avisos de advertencia que dieron, antes de que se impusiera Hugo Rafael Chávez Frías.
Y con el fin del siglo y el comienzo del milenio, empezó nuestra ordalía.
Para que el chavismo resultara como efectivamente resultó, como proyecto de control totalitario sobre una sociedad, era obligatorio reducir aún más los índices de inteligencia social, había que degradar aún más al venezolano y es por ello que lo primero que se atacó fue el lenguaje, su capacidad de discernimiento, las reglas fundamentales del raciocinio, la capacidad de comprensión del pueblo.
Lo de la hegemonía comunicacional, la censura a la prensa libre, la adquisición de los grandes medios de comunicación por factores chavistas, la introducción desde el primer día de noticias falsas, de la desinformación, los black-out informativos, la degradación del lenguaje oficial y oficioso, el discurso “cantinflérico” que no hacía ningún sentido de los voceros del gobierno, el rebajar de manera tan violenta como se hizo la cultura en el país, el rebajar el nivel educativo general, pero sobre todo en los más jóvenes y en los establecimientos públicos, todo fue una estrategia perfectamente diseñada y puesta en marcha por parte de diversos actores, con el propósito de reducir nuestro nivel de inteligencia, aumentar al máximo el juego de nuestras pasiones y siempre dejar en otros lo que debemos hacer nosotros.
Las principales instituciones del país fueron tomadas por un ejército de indigentes materiales y mentales, el caldo perfecto para la corrupción al por mayor, la ignorancia en el poder, de modo que la violencia que se empezó a generar no fue accidental, el cultivo del miedo, de la inseguridad, de no poder prever para el mañana fue poco a poco minando la capacidad de atención y concentración de los venezolanos, nos pusieron a vivir de susto en susto, de escándalo en escándalo, de masacre en masacre, hasta el sol de hoy.
Todo venezolano que era absorbido por el tremedal del chavismo invariablemente se iba bestializando, aun los más inteligentes, incluso los que entraron a sus filas creyendo de verdad en algunas de las virtudes por ellos proclamadas, todos, sin excepción perdieron su cariz humana y empezaron a ver como normal  los crímenes más abyectos.
Ante aquella avalancha mediática, institucional y de calle, de horror y violencia, de absurdos y humillaciones a los ciudadanos, desfigurada la vida en el seno de nuestras propias comunidades, la realidad del venezolano fue absolutamente perturbada, lo que generó un clima de incertidumbre y temor con el que hemos vivido desde hace veinte largos años y que ha modificado nuestro carácter y manera de afrontar la vida, el país entero se enfermó.
Una de las más claras señales de que el venezolano ha entrado en una serie de respuestas condicionadas, en una seguidilla de acciones aprendidas que no llevan a ningún lado, que son ineficaces, que fracasan una y otra vez, son las de no abandonar la idea del mesías, del hombre iluminado que nos mostrará el camino sin tener que luchar, de seguir creyendo en los mensajes de cordura y civilidad con una fuerza tan negativa y violenta como el chavismo.
Nuestra oposición está presa del miedo y la cobardía que los emplaza a buscar líderes que medran y se sostienen con las promesas de que algún día esto acabará por intervención divina, que la ceguera chavista es curable, que podemos no sólo negociar con ellos, sino convivir y confiar en sus promesas, la propaganda socialista los ha confundido de tal manera que buscan al lobo para entregarse mansamente a él, y fustigan e insultan a quienes les gritan advirtiéndoles del peligro que corren al entregarse en manos sin luchar.
Los chavistas únicamente les importa su placer inmediato, buscan la gratificación de su sensualidad animal a costa de lo que sea y por ello se dan los casos de alcoholismo, drogadicción, SIDA,  demencia, paranoias y psicosis, enfermedades cardíacas y cáncer que hoy registran en continuo ascenso, el apetito que le abrieron los cubanos por sus más bajos instintos y pulsiones son una forma de control que ellos ni se dan cuenta que sufren, la élite del chavismo está atrapada en un estilo de vida irracional y mortífera que los hace peligrosos para ellos y para los demás.
Pero han sido todos los ministros de educación del régimen, los culpables de la degradación de la población al establecer un sistema de embrutecimiento general, con los déficits alimentarios y de salud que el gobierno chavista impuso, atrapados en la trampa educativa de los bolivarianos, el pueblo de Venezuela ha retrocedido no menos de 60 años en su media de inteligencia, una gran parte de la población es incapaz de decidir por sí misma lo que le conviene, se ha infantilizado, y ha perdido toda traza de sentido común, este ha sido el resultado más pernicioso.
El estamento militar a quedado reducido a guiñapos, a criminales sin ninguna posibilidad de redención, la ideología chavista les ha inyectado el culto a la revolución y a los revolucionarios, a la creencia de que ellos hacen justicia social, a que son los verdaderos cristianos originarios y los hijos de Bolívar, y su grito de guerra en medio de sus crisis existencial no es otro que: “ Ana Kariña roto aurikon paporoto itoro manto” (sólo los Caribe somos hombres, los demás animales).
El chavismo es una tribu caníbal, se comen a sus semejantes, los desaparecen, y ante una multitud de animalitos de monte, inofensivos, pacíficos, constitucionalistas, democráticos, unitarios y desarmados, los chavistas hacen fiesta todos los días matando niños, mujeres, viejos, gente enferma, a sus mismos militares si demuestran alguna debilidad en sus lealtades a Cuba, les encanta torturar a un preso político y hasta lanzarlos por la ventana de altos edificios, masacran presos, secuestran periodistas…
Sólo se sienten a gusto entre sus pares de otras partes del mundo, con narcotraficantes que mutilan a sus víctimas, con fundamentalistas islámicos que decapitan a cristianos en nombre del Nuevo Califato, con guerrilleros que hacen estallar carros bombas en plazas y cuarteles de policía, han convertido a nuestro país en una base de operaciones de todos los desadaptados del orbe.
El chavismo nos ha enseñado que no éramos especiales, nuestra indolencia y falta de valor nos llevó a casi arrastrarnos como sierpes, y sólo reconociendo nuestra verdadera naturaleza podremos cambiarla, y no es con colaboracionismo, ni es con fatalidad ni renuncias como vamos a superar este trance, el chavismo es nuestro mortal enemigo y no podemos tener ninguna conmiseración con quienes nos han arrastrado hasta este infausto lugar del que debemos luchar por salir.  -    saulgodoy@gmail.com








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