Dependiendo de donde
se siente usted en la mesa, si es del lado del gobierno de Maduro y de los
chavistas, será una maldición, por todo aquello del nacionalismo
fundamentalista que los comunistas convenientemente predican en sus homilías de
adoctrinamiento, la planta del extranjero insolente…, y más insolente aún por
tratarse de los gringos en su papel de sheriff de la comarca, imperialismo por
la fuerza de las armas.
Pero, si está del lado
de los venezolanos demócratas y libertarios, sin duda es una suerte que los
intereses norteamericanos sobre seguridad hemisférica, de defensa en contra de
las amenazas a su propia libertad y estilo de vida en capitalismo, hayan
coincidido con nuestra urgente necesidad de contar con un aliado con suficiente
fuerza para eyectar del poder a unos criminales, que tienen más de dos décadas
usurpando el gobierno y esquilmando los recursos de nuestra nación.
Y permítame decirles que,
en el caso venezolano, no hay términos medios, la situación ante un gobierno
totalitario y que claramente ha recurrido al terrorismo para imponer su visión
del mundo, no deja apertura a otras opciones, en nuestro caso en particular, no
hay cabida a la tolerancia ni a la convivencia con un narco régimen, o estás
con ellos o en su contra, punto, no hay otra salida.
Hay unos mal llamados
políticos, que en realidad actúan como agentes cooperantes del chavismo, que
andan promoviendo políticas de inclusión, de perdón, que pretenden redimir a
personeros y fichas del PSUV y otros partidos políticos, que se plegaron al
gran hegemón, por interés, por miedo, aprovechando la oportunidad, y ahora
andan minimizando sus actuaciones y tratando de exorcizar a los demonios que
los han acompañado, sin importarles la sangre derramada, los sufrimientos
padecidos, o los horrores que personificaron.
Esto, sucede con
algunos militares de alto rango, podridos hasta la médula por los crímenes del
madurato, y lo hacen bajo el falso argumento de que son profesionales de la
carrera de las armas, que los vamos a necesitar para imponer orden en la
colectividad , pues sin ellos no habrá paz social en el gobierno de transición…
un argumento falaz, pues son esos mismos, jefes de bandas y colectivos
violentos, quienes quieren volver a controlar sus territorios, vuelven los
socialistas de closet a predicar que somos todos venezolanos y, como tales,
debemos darles una segunda oportunidad.
De nuevo resucitan a
Mandela y su lucha en contra del apartheid, recurren a Gandhi y sus discursos
pacifistas, invocan a la misma Iglesia Católica y sus pretensiones de
tolerancia como muestra de caridad, tal como le correspondería a un verdadero
cristiano; y los argumentos que tratan de definir como éticos se basan en
molduras identitarias: Nosotros no somos como ellos, los chavistas nos
torturarían y luego nos ejecutarían con un disparo en la nuca, nosotros, en
cambio, vamos a perdonarlos, a abrazarlos y a permitirles que se postulen como
candidatos en nuevas elecciones, porque somos demócratas a carta cabal.
Tal grado de máxima candidez
solo es posible en algunos estratos socialistas donde el concepto de naturaleza
humana es idealizado hasta la deformación, ya que el ser humano es
intrínsicamente egoísta, vano y cruel, y sólo se puede templar su carácter
después de un proceso de educación y socialización arduo y muy largo, ése que
termina por convertirlo en un humano, los demás quedaran a merced de sus
pulsiones más primitivas y bajas.
Afortunadamente para
nosotros los venezolanos, esta ordalía del chavismo nos demostró que no podemos
vivir sin libertad, que la democracia es un bien muy preciado, que no podemos
arriesgarlo en apuestas sin sentido, que personajes como Julio Borges, Henrique
Capriles, Leopoldo López, Juan Guaidó y otros, tuvieron su oportunidad de
brillar y lo que hicieron fue traicionarnos; el 80% del país está claro en que
el chavismo es una enfermedad mortal para Venezuela, y hemos pagado el precio
por recuperar nuestra dignidad, en las calles, en las cárceles, en los
cementerios, pero no pudimos enfrentar al enemigo que se había incubado en el
seno de nuestras Fuerzas Armadas.
El Presidente Donald
Trump y su Secretario de Estado Marcos Rubio nos están brindando una nueva
oportunidad de retomar nuestra historia y pertenecer de nuevo al mundo de
naciones civilizadas; no podemos equivocarnos de nuevo, el costo de nuestros
errores ha sido exorbitante, tanto en vidas como en recursos materiales,
afortunadamente todavía tenemos el petróleo, que nos permitirá refundar la
nación; eso nos obliga a dejar ese pasado de bárbaros e ignorancia atrás y
aprovechar los nuevos paradigmas delante de nosotros.
Este nuevo camino que
se nos presenta no puede ni debe ser inaugurado con las viejas recetas y
fórmulas que funcionaron en algún momento en el pasado, y menos aún con
conceptos rígidos y fórmulas de manual. En este momento está más viva que nunca
la admonición del maestro Simón Rodríguez: “O inventamos o erramos”.

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