lunes, 12 de enero de 2026

El petróleo en Venezuela, por Saúl Godoy Gómez

 



Aparte del hambre y la miseria que generan, estos gobiernos mal llamados “progresistas”, supuestamente humanistas y nacionalistas, dejan a su paso la fama de maulas y mala paga, porque se endeudan y no responden por las obligaciones contraídas, y siempre esperan que sean los otros gobiernos y el estado los que se hagan cargo de las acreencias que ellos generan durante sus pésimas gestiones.

El manejo que se ha hecho en Venezuela del negocio petrolero y de la fiebre de “nacionalizaciones” que se ha producido sobre empresas extranjeras es un claro ejemplo de lo que quiero comentar; y les pregunto: ¿Cuántas leyes de hidrocarburos ha tenido el país? ¿Cuántas veces en el transcurso de nuestra historia como país productor de petróleo se han cambiado las reglas del negocio energético?

El negocio del petróleo es quizás uno de los negocios más grandes, complejos, arriesgados y de vasta inversión, es también uno de los emprendimientos más lucrativos y codiciados del mundo. Sin energía no hay progreso posible, todo el trabajo depende de que la energía esté disponible en las cantidades y a los costos que hagan rentables los diferentes proyectos; son tantas las especialidades, sectores tecnológicos, fabriles, de seguridad y de mano de obra que se necesitan para que este sector sea productivo, que muchos de ellos exigen una planificación de años y, por lo mismo, la seguridad de que todos sus elementos vayan encajando sobre un sistema estable, predecible y sin interrupciones graves.

Y aquí tenemos una de las características más interesantes y difíciles de este negocio, en el caso específico de la industria petrolera, y es que las principales reservas mundiales se concentran en países del llamado Tercer Mundo, en parajes hostiles y de condiciones extremas como las regiones árticas o costas afuera en el mar, donde para perforar pozos y conservar una producción estable se requiere de una muy especial determinación, sobre todo en regiones inestables políticamente, donde los gobiernos cambian sin previo aviso, donde las leyes tienen vigencia limitada y los intereses que mantienen las operaciones son diferentes en el corto plazo. Por eso no es un negocio para todo el mundo, se requiere una piel gruesa y una capacidad de adaptación admirable.

El socialismo como forma política y de vida de muchas de estas naciones, es uno de los imponderables que las empresas petroleras deben barajar en su cotidianidad, debido justamente a su volatilidad e imprevistos cambios de rumbos; porque un día haces negocios con alguien que crees conocer y al otro te encuentras con un desconocido, porque los discursos cambian, las actitudes y maneras de percibir el negocio cambian, y lo peor, las leyes, que son las reglas de actuación de los gobiernos, pueden sufrir modificaciones radicales, al punto de poner en peligro el negocio, las inversiones y, si no se es lo suficientemente fuerte y preparado, eso puede significar el fin para las empresas petroleras.

La historia del petróleo en Venezuela está signada por la intervención importante de esta ideología diseñada para ignorantes y acomplejados, en muchos casos, a eso se suma que los grandes intereses crematísticos de los grupos de poder enturbiaron el caldo hasta hacerlo incomible y tóxico; todo parte de ideas tan extravagantes como fantasiosas, como la de que el petróleo es de todos los venezolanos y lo administra el estado para beneficio del pueblo, que todas las riquezas del subsuelo (incluida el agua) pertenecen a la Nación... La verdad es que no sé en que tipo de estado estaban pensando los legisladores que nos dieron estas leyes, pero de seguro debió ser algo mucho mas grotesco e informe que el Leviatán de Hobbes.

Seguimos creyendo en estos postulados porque algunos países, como el caso de Noruega, que presume de socialista, ha logrado un desarrollo importante del sector y cumplido con el compromiso de asegurarle a su población unos fondos de reserva y una calidad de vida importantes. Desafortunadamente, ése no es el caso venezolano en el que, aun bajo el socialismo, el siglo pasado pudimos presumir de tener una de las mejores empresas petroleras del mundo, con una importante capacidad de producción, refinación y ventas; en este siglo, y bajo un tipo más rastrero de socialismo, quebramos y perdimos todas esas empresas y oportunidades, al punto de convertirnos en un estado fallido con ingentes deudas.

Pero Venezuela es un caso excepcional, pues cuenta con una enorme reserva de petróleo, dicen que la más grande del planeta y, solo por eso, nos ganamos una segunda oportunidad. Es el caso que hay muchos venezolanos que pretenden insistir con la fórmula socialista para el negocio petrolero, obviando las experiencias vividas.

Somos un pueblo inestable en su concepción del mundo, inmaduro en las ideas, anclado en un pasado heroico digno de una historieta de Marvel, con un imaginario vano… con fuertes dosis de un cristianismo socialista… todo eso nos incapacita para afrontar como es debido el mundo capitalista de los grandes negocios, apenas estamos estrenándonos en el mundo de los emprendimientos, de servicios y manufacturas que nos quedó de un resiliente siglo XIX y de aquel espectacular inicio de modernidad que vivimos a mediados del siglo pasado, en que buena parte fue legado de una emigración europea y su ética del trabajo.

Lo que acaba de sucederle al presidente norteamericano Donald Trump al convocar a las empresas petroleras más importantes del mundo, para ofrecerles esta nueva oportunidad de trabajo e inversión en nuestro país, esta vez bajo su tutelaje y ofreciendo todas las seguridades posibles, debería llamar la atención, pues quedó claramente expresado, en opiniones y declaraciones de los CEO de las principales petroleras globales, el daño tan terrible que ese socialismo embrutecido del chavismo le había propinado a esta industria, principalmente por las deudas generadas por las expropiaciones.

Trump alertó sobre el calamitoso estado de nuestra industria y afirmó que se requerirá de enormes sumas de dinero para poner al país en la competencia mundial, pero el tema de la inestabilidad social y política del país siembra enormes dudas en esas empresas, que ya han sido castigadas por la voracidad e incompetencia del gobierno socialista que ahora nos lega un país inviable.

Luego de la captura del líder revolucionario que dirigió uno de los gobiernos más corruptos de la historia universal, con la presencia norteamericana en control de la administración del país, la oferta planteada por Trump podría prosperar, y a muy corto plazo, impulsada por el interés en otros recursos minerales de carácter estratégico que tiene nuestro país, como el uranio, el torio, el coltán y otras tierras raras necesarias para el desarrollo de las nuevas tecnologías. Todos estos intereses se encabalgan unos sobre otros, elevando la posibilidad de que el país pueda arrancar, y con buen pie, en muy corto plazo.

Debemos aprovechar la oferta invalorable de arrancar de nuevo nuestro motor petrolero con la ayuda de USA mientras limpiamos la casa y la ponemos en orden, darle todas las garantías para que las inversiones vengan a Venezuela, que el gobierno se olvide de ser parte del negocio petrolero excepto en asuntos de seguridad y protección ambiental, que viva de los impuestos y regalías a las empresas, el gobierno debe ocuparse en gobernar y no en ser empresario, debe permitir una base militar norteamericana en nuestro territorio si eso proporciona tranquilidad a las empresas extranjeras, darle facilidades a as empresas nacionales, tenemos gente que sabe cómo hacerlo y competir con éxito en ese difícil mercado, el desarrollo del país no espera y podremos ahorrarnos años de espera para construir nuestro futuro.

Pero, de nuevo, la tara del socialismo inhibe acciones concretas. Todavía hay venezolanos pensando que somos capaces, nosotros solos, de poder “autodeterminarnos”, ser soberanos y darnos un futuro, sin recomponer nuestras bases políticas y morales, sin ayuda, alumbrados únicamente por nuestra sabiduría popular y el conocimiento universal de nuestros particulares Illuminati.

Estamos en una encrucijada existencial, la mayor potencia del mundo está dispuesta a tendernos la mano y ayudarnos a salir de un hueco hondo y tenebroso. Los venezolanos sabemos que solos no podremos hacerlo. Y el paisaje se enturbia con todos esos memes y consignas comunistas, como que “de nuevo, el imperio quiere robarnos” y, en el mejor de los casos, “va a convertirnos en una colonia”… una invitación expresa para mantenernos en nuestro épico imaginario y en este banquete de pordioseros al que algunos se han acostumbrado.

 

 

 

 

 

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