Aparte del hambre y la
miseria que generan, estos gobiernos mal llamados “progresistas”, supuestamente
humanistas y nacionalistas, dejan a su paso la fama de maulas y mala paga, porque
se endeudan y no responden por las obligaciones contraídas, y siempre esperan
que sean los otros gobiernos y el estado los que se hagan cargo de las
acreencias que ellos generan durante sus pésimas gestiones.
El manejo que se ha
hecho en Venezuela del negocio petrolero y de la fiebre de “nacionalizaciones”
que se ha producido sobre empresas extranjeras es un claro ejemplo de lo que
quiero comentar; y les pregunto: ¿Cuántas leyes de hidrocarburos ha tenido el país?
¿Cuántas veces en el transcurso de nuestra historia como país productor de
petróleo se han cambiado las reglas del negocio energético?
El negocio del
petróleo es quizás uno de los negocios más grandes, complejos, arriesgados y de
vasta inversión, es también uno de los emprendimientos más lucrativos y codiciados
del mundo. Sin energía no hay progreso posible, todo el trabajo depende de que
la energía esté disponible en las cantidades y a los costos que hagan rentables
los diferentes proyectos; son tantas las especialidades, sectores tecnológicos,
fabriles, de seguridad y de mano de obra que se necesitan para que este sector
sea productivo, que muchos de ellos exigen una planificación de años y, por lo
mismo, la seguridad de que todos sus elementos vayan encajando sobre un sistema
estable, predecible y sin interrupciones graves.
Y aquí tenemos una de
las características más interesantes y difíciles de este negocio, en el caso
específico de la industria petrolera, y es que las principales reservas
mundiales se concentran en países del llamado Tercer Mundo, en parajes hostiles
y de condiciones extremas como las regiones árticas o costas afuera en el mar, donde
para perforar pozos y conservar una producción estable se requiere de una muy
especial determinación, sobre todo en regiones inestables políticamente, donde
los gobiernos cambian sin previo aviso, donde las leyes tienen vigencia
limitada y los intereses que mantienen las operaciones son diferentes en el
corto plazo. Por eso no es un negocio para todo el mundo, se requiere una piel
gruesa y una capacidad de adaptación admirable.
El socialismo como
forma política y de vida de muchas de estas naciones, es uno de los
imponderables que las empresas petroleras deben barajar en su cotidianidad,
debido justamente a su volatilidad e imprevistos cambios de rumbos; porque un
día haces negocios con alguien que crees conocer y al otro te encuentras con un
desconocido, porque los discursos cambian, las actitudes y maneras de percibir
el negocio cambian, y lo peor, las leyes, que son las reglas de actuación de
los gobiernos, pueden sufrir modificaciones radicales, al punto de poner en
peligro el negocio, las inversiones y, si no se es lo suficientemente fuerte y
preparado, eso puede significar el fin para las empresas petroleras.
La historia del
petróleo en Venezuela está signada por la intervención importante de esta
ideología diseñada para ignorantes y acomplejados, en muchos casos, a eso se
suma que los grandes intereses crematísticos de los grupos de poder enturbiaron
el caldo hasta hacerlo incomible y tóxico; todo parte de ideas tan
extravagantes como fantasiosas, como la de que el petróleo es de todos los
venezolanos y lo administra el estado para beneficio del pueblo, que todas las
riquezas del subsuelo (incluida el agua) pertenecen a la Nación... La verdad es
que no sé en que tipo de estado estaban pensando los legisladores que nos
dieron estas leyes, pero de seguro debió ser algo mucho mas grotesco e informe
que el Leviatán de Hobbes.
Seguimos creyendo en estos
postulados porque algunos países, como el caso de Noruega, que presume de
socialista, ha logrado un desarrollo importante del sector y cumplido con el
compromiso de asegurarle a su población unos fondos de reserva y una calidad de
vida importantes. Desafortunadamente, ése no es el caso venezolano en el que, aun
bajo el socialismo, el siglo pasado pudimos presumir de tener una de las
mejores empresas petroleras del mundo, con una importante capacidad de
producción, refinación y ventas; en este siglo, y bajo un tipo más rastrero de
socialismo, quebramos y perdimos todas esas empresas y oportunidades, al punto
de convertirnos en un estado fallido con ingentes deudas.
Pero Venezuela es un
caso excepcional, pues cuenta con una enorme reserva de petróleo, dicen que la
más grande del planeta y, solo por eso, nos ganamos una segunda oportunidad. Es
el caso que hay muchos venezolanos que pretenden insistir con la fórmula
socialista para el negocio petrolero, obviando las experiencias vividas.
Somos un pueblo
inestable en su concepción del mundo, inmaduro en las ideas, anclado en un
pasado heroico digno de una historieta de Marvel, con un imaginario vano… con
fuertes dosis de un cristianismo socialista… todo eso nos incapacita para
afrontar como es debido el mundo capitalista de los grandes negocios, apenas
estamos estrenándonos en el mundo de los emprendimientos, de servicios y
manufacturas que nos quedó de un resiliente siglo XIX y de aquel espectacular
inicio de modernidad que vivimos a mediados del siglo pasado, en que buena
parte fue legado de una emigración europea y su ética del trabajo.
Lo que acaba de
sucederle al presidente norteamericano Donald Trump al convocar a las empresas
petroleras más importantes del mundo, para ofrecerles esta nueva oportunidad de
trabajo e inversión en nuestro país, esta vez bajo su tutelaje y ofreciendo
todas las seguridades posibles, debería llamar la atención, pues quedó
claramente expresado, en opiniones y declaraciones de los CEO de las
principales petroleras globales, el daño tan terrible que ese socialismo
embrutecido del chavismo le había propinado a esta industria, principalmente
por las deudas generadas por las expropiaciones.
Trump alertó sobre el
calamitoso estado de nuestra industria y afirmó que se requerirá de enormes
sumas de dinero para poner al país en la competencia mundial, pero el tema de
la inestabilidad social y política del país siembra enormes dudas en esas
empresas, que ya han sido castigadas por la voracidad e incompetencia del gobierno
socialista que ahora nos lega un país inviable.
Luego de la captura
del líder revolucionario que dirigió uno de los gobiernos más corruptos de la
historia universal, con la presencia norteamericana en control de la
administración del país, la oferta planteada por Trump podría prosperar, y a
muy corto plazo, impulsada por el interés en otros recursos minerales de
carácter estratégico que tiene nuestro país, como el uranio, el torio, el
coltán y otras tierras raras necesarias para el desarrollo de las nuevas
tecnologías. Todos estos intereses se encabalgan unos sobre otros, elevando la
posibilidad de que el país pueda arrancar, y con buen pie, en muy corto plazo.
Debemos aprovechar la
oferta invalorable de arrancar de nuevo nuestro motor petrolero con la ayuda de
USA mientras limpiamos la casa y la ponemos en orden, darle todas las garantías
para que las inversiones vengan a Venezuela, que el gobierno se olvide de ser
parte del negocio petrolero excepto en asuntos de seguridad y protección
ambiental, que viva de los impuestos y regalías a las empresas, el gobierno
debe ocuparse en gobernar y no en ser empresario, debe permitir una base
militar norteamericana en nuestro territorio si eso proporciona tranquilidad a
las empresas extranjeras, darle facilidades a as empresas nacionales, tenemos
gente que sabe cómo hacerlo y competir con éxito en ese difícil mercado, el
desarrollo del país no espera y podremos ahorrarnos años de espera para
construir nuestro futuro.
Pero, de nuevo, la
tara del socialismo inhibe acciones concretas. Todavía hay venezolanos pensando
que somos capaces, nosotros solos, de poder “autodeterminarnos”, ser soberanos
y darnos un futuro, sin recomponer nuestras bases políticas y morales, sin
ayuda, alumbrados únicamente por nuestra sabiduría popular y el conocimiento
universal de nuestros particulares Illuminati.
Estamos en una
encrucijada existencial, la mayor potencia del mundo está dispuesta a tendernos
la mano y ayudarnos a salir de un hueco hondo y tenebroso. Los venezolanos
sabemos que solos no podremos hacerlo. Y el paisaje se enturbia con todos esos
memes y consignas comunistas, como que “de nuevo, el imperio quiere robarnos” y,
en el mejor de los casos, “va a convertirnos en una colonia”… una invitación expresa
para mantenernos en nuestro épico imaginario y en este banquete de pordioseros
al que algunos se han acostumbrado.

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