viernes, 22 de mayo de 2026

Con el diablo en el alma, por Saúl Godoy Gómez



El hombre digno

…un hombre que valora la verdad por sobre todo, que mantiene la palabra empeñada, que respeta las leyes, se respeta a sí mismo y respeta a los demás, que no se ocupa ni preocupa por obtener fortuna ni honores, sino que cuida de su alma y trata de volver mejores a los ciudadanos induciéndolos a cuidar de la virtud.

Platón sobre Sócrates

 

¿Qué han hecho los chavistas con el buen carácter y bonhomía del venezolano? Leemos la información de las organizaciones para la defensa de los derechos humanos, los informes periodísticos y las redes sociales ardiendo por las denuncias de violaciones, asesinatos, tortura, detenciones ilegales, juicios penales que más se asemejan a aquelarres de venganza y ajusticiamientos. A simple vista, pareciera que el venezolano ha retrocedido siglos en el proceso civilizatorio, y ese salto tan “pa’tras” se corresponde con la aparición del chavismo en nuestro horizonte político.

Da la impresión de que, por mucho tiempo, incubó en nuestra tierra una raza distinta de seres muy parecidos a los humanos, pero con el corazón roto y el alma llena de un odio incontenible, la palabra que mejor describe esta incontinencia de violencia institucionalizada es “resentimiento”, que es consumirse en el sentimiento de venganza, por una carencia o algún deseo insatisfecho o negado, y es necesario entender que el resentimiento no exclusivo de las personas pobres.

Y recalco lo de violencia institucionalizada, porque estos seres, al obtener el poder político, reflejan este reconcomio en las leyes que promueven, en las instituciones que destruyen o alteran y en la cultura que tejen a su alrededor; y, efectivamente, la ideología socialista es la que más rinde ganancias para esos enfermos del alma, pues está basada en un reclamo por justicia e igualdad; parten del convencimiento de que el mundo debe ser recompuesto, ven demasiadas diferencias entre los hombres, y eso provoca luchas y enfrentamientos…

Hablan de personas explotadas y clases sociales privilegiadas, esa minoría, dueña de los medios de producción y del dinero, que se empeñan en oprimir a los más pobres. Por supuesto, no ven que hubo inversión, trabajo e iniciativa, a veces sacrificio de generaciones, detrás de esos medios de producción; no ven que generan empleo, aumenta la calidad de vida de la población, apoyan causas nobles en la sociedad, pagan impuestos, hacen país…

Si a este marco conceptual y del sentimiento, le agrega la condición de “revolucionario”, el resultado final invariablemente es la violencia, aun y cuando se declare que se trata “de una revolución pacífica pero armada”, como hemos oído muchas veces, el resultado, en la historia del hombre, ha sido invariablemente tiempos de terror y decadencia social.

En Venezuela tenemos, por los momentos, a unas personas enfermas del ánimo, reunidas y mantenidas por una ideología que pregona la violencia, a pesar de que quieren afectar los resultados con epítetos como “justicia social”, humanismo, cristianismo primitivo, incluso, utilizando otras referencias mucho más arriesgadas como “bolivarianismo”, patriotismo o improbables “actos de amor”, cuando en realidad están exterminando vidas humanas o martirizando a familias enteras. En el resultado siempre hay delitos de lesa humanidad a gran escala.

Sucedió con las revoluciones francesa, rusa, china, con el nazismo en Alemania, con la revolución cubana, con Polt Pot en Camboya, con la dictadura de Corea del Norte, con las diferentes revoluciones islámicas en el Medio Oriente, con la Revolución Socialista Bolivariana en Venezuela y muchas otras que se me escapan, todo se resume a un grupo de fanáticos terroristas en el poder, castigando a su pueblo y naciones vecinas con la muerte y el dolor en nombre de la dignidad… se trata de seres vacíos y sin compasión, aplicando recetas utópicas, creyéndose ungidos por el destino.

¿Cómo llegan estos seres al poder? Pues la sociología, la historia y las ciencias políticas, que se han dedicado a estudiar estos episodios, nos descubren diversas causas, desde guerras, crisis económicas, problemas coloniales, ignorancia, creencias religiosas, golpes de estado, elecciones… el asunto es que, una y otra vez, el pueblo no percibe la amenaza, se deja llevar por el carisma de sus líderes, por las promesas de un mundo mejor… lo que invariablemente se hace patente es que el pueblo, entendido como una masa que hace mayoría, le da a estos individuos el poder, y se habla de una responsabilidad de origen que es difícil de negar cuando las cosas se tornan oscuras y oprobiosas, aunque siempre es posible excusarse con un “me equivoqué”.

No todos los que participan en estos esquemas de dominio sufren de resentimiento, ni su naturaleza es cruel y sádica; una buena parte de estos funcionarios o agentes se ven involucrados en situaciones extremas atendiendo a unas condiciones de trabajo que son creadas para obligar, ocultar, muchas veces premiar comportamientos delictuales con despojos y robos de los bienes de las víctimas. Esta vocación al saqueo es promovida como parte de operativos secretos y a sabiendas de que no hay testigos ni sobrevivientes que pudieran convertirse en acusadores.

Los entramados de la justicia penal y carcelaria están diseñados para mantener a sus operadores en una situación de impunidad, dado el profundo estado de indefensión en que sitúan a los acusados, alejados del escrutinio público, en ambientes propicios para el castigo y la tortura sin límite ni medida, en esas mazmorras oscuras y apartadas los verdaderos sádicos y enfermos que propician esos salvajes actos de degradación humana, compelen a sus subordinados a cumplir “con su deber”; los oficios, si los hay, son refrendados con menciones al valor, al patriotismo a la defensa de la patria y algunos son reconocidos con ascensos y honores.

Cuando un ciudadano no puede evitar caer en las garras de esos esbirros del orden autoritario, son tratados como pedazos de carne en un molino que no se detiene sino hasta hacerlos una pulpa sanguinolenta o haya perdido el juicio, o lo asesinen y lo desaparezcan; la víctima se diluye en largos listados de desaparecidos y “ruleteados”, haciendo harto difícil para sus familiares y organizaciones defensoras de los derechos humanos ubicarlos en algún penal, la meta es agotarlos y que se den por vencidos.

Por eso la existencia de las fosas comunes, donde termina toda pesquisa; por eso solo quedan los videos de las víctimas, auto incriminándose en crímenes que nunca cometieron, muchas veces siguiendo un libreto, bajo influencia de drogas y, de seguro, desesperados por el miedo y el dolor, ante la impasible presencia de fiscales y defensores públicos de utilería para dar fe de los hechos.

Por cada víctima en manos del estado, se multiplica la angustia y la pena en las familias, que empiezan un vía crucis de infinitas estaciones, donde hay vigilias, falsas esperanzas, rumores y mentiras sobre el paradero de sus familiares. En el caso venezolano, de seguro en muchos otros en iguales circunstancias, no importa la edad, ni el género, ni sus creencias, ni su estado de salud, los llamados “presos políticos”, pertenecientes a corrientes contrarias al gobierno castigador, predominan entre este universo de víctimas, se trata de personas que, por pensar diferente, cayeron en el radar que los identifica como golpistas o peligrosos para la seguridad nacional, que en realidad es la seguridad del gobierno de seguir en el poder.

La Señora Carmen Navas, una octogenaria que hizo el via crusis a la que la sometió el gobierno a las puertas de las cárceles donde supuestamente estaba prisionero su hijo Victor Quero, que había fallecido en custodia del estado, pero nunca se lo dijeron, su muerte ocurrió mucho antes y todo su expediente fue manipulado para ocultar la verdad, cuando por fin se lo entregaron, la señora lo enterró y a los pocos días murió, su figura frágil y su rostro marcado por el dolor seconvirtió en la dramática imagen de la madre venezolana, humilde y tenaz que nunca abandonó la esperanza de ver a su hijo de nuevo y en libertad.

El caso de la señora Navas ha marcado al gobierno chavista-madurista y a todos los funcionarios y personas que sirvieron y todavía sirven al régimen socialista revolucionario, como el sistema opresor que más daño le ha hecho al país en su historia, un país que día a día descubre las innumerables trampas y mentiras de unos hombres y mujeres usaban para robar, para delinquir, que se creían intocables para eternizarse en el poder del cual medraban sin ningún pudor.

Pero ahora viene la pregunta más importante de todo este vergonzoso asunto, esas personas son venezolanos, son producto de una sociedad que a todas luces padece de una enfermedad grave que debe ser tratada urgentemente para minimizar su ocurrencia en el tiempo, se trata de unas generaciones perdidas que deben ser tratadas y asistidas, y la enfermedad es del alma, de la psique, hay una disminución moral y ética que debe ser reparada y estas personas rescatadas del oprobio,  bajo la amenaza, de que si no se trata a tiempo el contagio, pudiera aumentar.

El chavismo, en su ignorancia y maldad, confundió al país sobre sus necesidades y prioridades y esa confusión continúa, esta vez en medio de apagones masivos, sectores completos de la administración pública desasistidos,  de sueldos miserables, inflación galopante, de prestaciones sociales que son una burla y degradan aún más la condición de obreros y empleados, el chavismo obligó al país a mantener a un estado gigante, tan enorme que se hizo insostenible para atender a sus ciudadanos como dependientes, la mayor parte de los empleados y de las actividades productivas estaban centralizadas en entes públicos malísimamente administrados.

Si bien es cierto que es importante atender las condiciones económicas del venezolano, su capacidad de ser productivo, de ser autosuficiente en sus necesidades de vida, pero el resentimiento que llevan por dentro es peligroso pues continúa siendo alimentado desde el gobierno interino por slogans y memes que lo avivan, la realidad que golpea a los venezolanos de a pie, es la de un saqueo monumental de los dineros públicos que debieron atender sus necesidades, una realidad que pregona a gritos que lo que le correspondía por ley y por derecho se la ha negado, que somos un país rico y ellos pobres, que justicia social es quitarle a los ricos para dárselo a los pobres, que protestar contra el estado es traición a la patria… hay una concepción del mundo y del país que es totalmente desquiciada, y al momento de asumir la realidad se convierte en un peso muerto que impide surgir en el entorno social, y en esa frustración, el crimen y el hampa ofrecen la vía rápida a la riqueza mal habida.

La solución para la condición que afecta a los venezolanos es compleja, no solo se trata de un problema educativo, del tipo, frecuencia y condiciones de la enseñanza formal, también es un asunto que atañe a la moral pública, al comportamiento y ejemplo de los líderes sociales y políticos, al desempeño de los funcionarios del estado con los ciudadanos, a las expectativas de las comunidades, a un turismo nacional amable, a una generación política responsable, que rinda cuentas, que se distinga por su honestidad y apertura a ideas encontradas, tenemos la necesidad de contar con unos artistas y comunicadores sociales menos engreídos y egoístas, pendientes de su condición de ejemplos para las generaciones que se levantan.

Hago especial mención de los programas de nutrición y alimentarios para la población más necesitada, de los programas de los comedores y mercados populares donde se garantice la variedad, calidad y asequibilidad para los nutrientes necesarios en la dieta diaria de los hogares, se requiere especial atención para los planes de atención a la niñez abandonada, madres solteras y ancianos en estado de abandono, el sistema de salud pública debe estar atento a los problemas  propios de la pobreza extrema, son programas sociales que deben contar con presupuestos limitados y una gerencia por objetivos que dé como resultado, ir sacando a las personas de la miseria, enseñándole oficios y dándoles motivos para sentirse orgullosos de sus logros, para ello hay que hacerlas útiles a niveles básicos, y debemos recordar que mientras más atención demos a los sectores más marginales y olvidados de la sociedad, ese ejemplo y esos resultados son el verdadero salvavidas del país.

Esta es la verdadera crisis humanitaria compleja que los organismos internacionales nos han venido advirtiendo, una crisis que afecta la línea de sobrevivencia del venezolano porque pone en peligro la integridad de las personas, a un nivel muy básico donde los elementos fundamentales necesarios para la vida hay que recomponerlos, y que, si son dejados a su suerte, harán imposible la viabilidad del país.  

De nada nos va a servir un inmenso ingreso por la explotación del petróleo y el gas si no atendemos con urgencia lo necesario para estabilizarnos, un esfuerzo que, fácil nos tomará dos generaciones para solventarlo, se le está dando demasiada importancia al aspecto empresarial, de hacerle la vida fácil a las corporaciones energéticas y mineras extranjeras que ya tocan a nuestras puertas, que es necesario y hay que atenderlo, pero sin olvidar lo que verdaderamente nos salvará del desastre.

Cuando menos quien no sienta la bondad y el respeto por la vida digna como ingredientes necesarios para la felicidad propia, que actúe entonces por puro egoísmo, borrar el resentimiento de nuestro territorio es darle garantía de paz social a la república, tan necesaria para aprovechar esta bonanza que la providencia proveyó para que no naufragáramos, que no se repita la barbarie del chavismo, eso es lo prioritario.

 


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