El hombre digno
…un hombre que valora
la verdad por sobre todo, que mantiene la palabra empeñada, que respeta las
leyes, se respeta a sí mismo y respeta a los demás, que no se ocupa ni preocupa
por obtener fortuna ni honores, sino que cuida de su alma y trata de volver
mejores a los ciudadanos induciéndolos a cuidar de la virtud.
Platón sobre Sócrates
¿Qué han hecho los
chavistas con el buen carácter y bonhomía del venezolano? Leemos la información
de las organizaciones para la defensa de los derechos humanos, los informes periodísticos
y las redes sociales ardiendo por las denuncias de violaciones, asesinatos,
tortura, detenciones ilegales, juicios penales que más se asemejan a aquelarres
de venganza y ajusticiamientos. A simple vista, pareciera que el venezolano ha
retrocedido siglos en el proceso civilizatorio, y ese salto tan “pa’tras” se
corresponde con la aparición del chavismo en nuestro horizonte político.
Da la impresión de que,
por mucho tiempo, incubó en nuestra tierra una raza distinta de seres muy
parecidos a los humanos, pero con el corazón roto y el alma llena de un odio
incontenible, la palabra que mejor describe esta incontinencia de violencia
institucionalizada es “resentimiento”, que es consumirse en el sentimiento de
venganza, por una carencia o algún deseo insatisfecho o negado, y es necesario
entender que el resentimiento no exclusivo de las personas pobres.
Y recalco lo de
violencia institucionalizada, porque estos seres, al obtener el poder político,
reflejan este reconcomio en las leyes que promueven, en las instituciones que
destruyen o alteran y en la cultura que tejen a su alrededor; y, efectivamente,
la ideología socialista es la que más rinde ganancias para esos enfermos del alma,
pues está basada en un reclamo por justicia e igualdad; parten del
convencimiento de que el mundo debe ser recompuesto, ven demasiadas diferencias
entre los hombres, y eso provoca luchas y enfrentamientos…
Hablan de personas
explotadas y clases sociales privilegiadas, esa minoría, dueña de los medios de
producción y del dinero, que se empeñan en oprimir a los más pobres. Por
supuesto, no ven que hubo inversión, trabajo e iniciativa, a veces sacrificio
de generaciones, detrás de esos medios de producción; no ven que generan
empleo, aumenta la calidad de vida de la población, apoyan causas nobles en la
sociedad, pagan impuestos, hacen país…
Si a este marco
conceptual y del sentimiento, le agrega la condición de “revolucionario”, el
resultado final invariablemente es la violencia, aun y cuando se declare que se
trata “de una revolución pacífica pero armada”, como hemos oído muchas veces, el
resultado, en la historia del hombre, ha sido invariablemente tiempos de terror
y decadencia social.
En Venezuela tenemos,
por los momentos, a unas personas enfermas del ánimo, reunidas y mantenidas por
una ideología que pregona la violencia, a pesar de que quieren afectar los
resultados con epítetos como “justicia social”, humanismo, cristianismo
primitivo, incluso, utilizando otras referencias mucho más arriesgadas como
“bolivarianismo”, patriotismo o improbables “actos de amor”, cuando en realidad
están exterminando vidas humanas o martirizando a familias enteras. En el
resultado siempre hay delitos de lesa humanidad a gran escala.
Sucedió con las
revoluciones francesa, rusa, china, con el nazismo en Alemania, con la
revolución cubana, con Polt Pot en Camboya, con la dictadura de Corea del
Norte, con las diferentes revoluciones islámicas en el Medio Oriente, con la
Revolución Socialista Bolivariana en Venezuela y muchas otras que se me
escapan, todo se resume a un grupo de fanáticos terroristas en el poder,
castigando a su pueblo y naciones vecinas con la muerte y el dolor en nombre de
la dignidad… se trata de seres vacíos y sin compasión, aplicando recetas
utópicas, creyéndose ungidos por el destino.
¿Cómo llegan estos
seres al poder? Pues la sociología, la historia y las ciencias políticas, que
se han dedicado a estudiar estos episodios, nos descubren diversas causas,
desde guerras, crisis económicas, problemas coloniales, ignorancia, creencias
religiosas, golpes de estado, elecciones… el asunto es que, una y otra vez, el
pueblo no percibe la amenaza, se deja llevar por el carisma de sus líderes, por
las promesas de un mundo mejor… lo que invariablemente se hace patente es que
el pueblo, entendido como una masa que hace mayoría, le da a estos individuos el
poder, y se habla de una responsabilidad de origen que es difícil de negar
cuando las cosas se tornan oscuras y oprobiosas, aunque siempre es posible
excusarse con un “me equivoqué”.
No todos los que
participan en estos esquemas de dominio sufren de resentimiento, ni su
naturaleza es cruel y sádica; una buena parte de estos funcionarios o agentes
se ven involucrados en situaciones extremas atendiendo a unas condiciones de
trabajo que son creadas para obligar, ocultar, muchas veces premiar
comportamientos delictuales con despojos y robos de los bienes de las víctimas.
Esta vocación al saqueo es promovida como parte de operativos secretos y a
sabiendas de que no hay testigos ni sobrevivientes que pudieran convertirse en
acusadores.
Los entramados de la
justicia penal y carcelaria están diseñados para mantener a sus operadores en
una situación de impunidad, dado el profundo estado de indefensión en que
sitúan a los acusados, alejados del escrutinio público, en ambientes propicios
para el castigo y la tortura sin límite ni medida, en esas mazmorras oscuras y
apartadas los verdaderos sádicos y enfermos que propician esos salvajes actos
de degradación humana, compelen a sus subordinados a cumplir “con su deber”;
los oficios, si los hay, son refrendados con menciones al valor, al patriotismo
a la defensa de la patria y algunos son reconocidos con ascensos y honores.
Cuando un ciudadano no
puede evitar caer en las garras de esos esbirros del orden autoritario, son
tratados como pedazos de carne en un molino que no se detiene sino hasta
hacerlos una pulpa sanguinolenta o haya perdido el juicio, o lo asesinen y lo
desaparezcan; la víctima se diluye en largos listados de desaparecidos y
“ruleteados”, haciendo harto difícil para sus familiares y organizaciones
defensoras de los derechos humanos ubicarlos en algún penal, la meta es
agotarlos y que se den por vencidos.
Por eso la existencia
de las fosas comunes, donde termina toda pesquisa; por eso solo quedan los
videos de las víctimas, auto incriminándose en crímenes que nunca cometieron, muchas
veces siguiendo un libreto, bajo influencia de drogas y, de seguro,
desesperados por el miedo y el dolor, ante la impasible presencia de fiscales y
defensores públicos de utilería para dar fe de los hechos.
Por cada víctima en
manos del estado, se multiplica la angustia y la pena en las familias, que
empiezan un vía crucis de infinitas estaciones, donde hay vigilias, falsas
esperanzas, rumores y mentiras sobre el paradero de sus familiares. En el caso
venezolano, de seguro en muchos otros en iguales circunstancias, no importa la
edad, ni el género, ni sus creencias, ni su estado de salud, los llamados “presos
políticos”, pertenecientes a corrientes contrarias al gobierno castigador, predominan
entre este universo de víctimas, se trata de personas que, por pensar
diferente, cayeron en el radar que los identifica como golpistas o peligrosos
para la seguridad nacional, que en realidad es la seguridad del gobierno de
seguir en el poder.
La Señora Carmen Navas,
una octogenaria que hizo el via crusis a la que la sometió el gobierno a las
puertas de las cárceles donde supuestamente estaba prisionero su hijo Victor
Quero, que había fallecido en custodia del estado, pero nunca se lo dijeron, su
muerte ocurrió mucho antes y todo su expediente fue manipulado para ocultar la
verdad, cuando por fin se lo entregaron, la señora lo enterró y a los pocos
días murió, su figura frágil y su rostro marcado por el dolor seconvirtió en la
dramática imagen de la madre venezolana, humilde y tenaz que nunca abandonó la
esperanza de ver a su hijo de nuevo y en libertad.
El caso de la señora
Navas ha marcado al gobierno chavista-madurista y a todos los funcionarios y
personas que sirvieron y todavía sirven al régimen socialista revolucionario, como
el sistema opresor que más daño le ha hecho al país en su historia, un país que
día a día descubre las innumerables trampas y mentiras de unos hombres y
mujeres usaban para robar, para delinquir, que se creían intocables para
eternizarse en el poder del cual medraban sin ningún pudor.
Pero ahora viene la
pregunta más importante de todo este vergonzoso asunto, esas personas son
venezolanos, son producto de una sociedad que a todas luces padece de una
enfermedad grave que debe ser tratada urgentemente para minimizar su ocurrencia
en el tiempo, se trata de unas generaciones perdidas que deben ser tratadas y
asistidas, y la enfermedad es del alma, de la psique, hay una disminución moral
y ética que debe ser reparada y estas personas rescatadas del oprobio, bajo la amenaza, de que si no se trata a
tiempo el contagio, pudiera aumentar.
El chavismo, en su
ignorancia y maldad, confundió al país sobre sus necesidades y prioridades y
esa confusión continúa, esta vez en medio de apagones masivos, sectores completos
de la administración pública desasistidos,
de sueldos miserables, inflación galopante, de prestaciones sociales que
son una burla y degradan aún más la condición de obreros y empleados, el
chavismo obligó al país a mantener a un estado gigante, tan enorme que se hizo
insostenible para atender a sus ciudadanos como dependientes, la mayor parte de
los empleados y de las actividades productivas estaban centralizadas en entes
públicos malísimamente administrados.
Si bien es cierto que
es importante atender las condiciones económicas del venezolano, su capacidad
de ser productivo, de ser autosuficiente en sus necesidades de vida, pero el
resentimiento que llevan por dentro es peligroso pues continúa siendo alimentado
desde el gobierno interino por slogans y memes que lo avivan, la realidad que
golpea a los venezolanos de a pie, es la de un saqueo monumental de los dineros
públicos que debieron atender sus necesidades, una realidad que pregona a
gritos que lo que le correspondía por ley y por derecho se la ha negado, que
somos un país rico y ellos pobres, que justicia social es quitarle a los ricos
para dárselo a los pobres, que protestar contra el estado es traición a la
patria… hay una concepción del mundo y del país que es totalmente desquiciada,
y al momento de asumir la realidad se convierte en un peso muerto que impide
surgir en el entorno social, y en esa frustración, el crimen y el hampa ofrecen
la vía rápida a la riqueza mal habida.
La solución para la
condición que afecta a los venezolanos es compleja, no solo se trata de un
problema educativo, del tipo, frecuencia y condiciones de la enseñanza formal,
también es un asunto que atañe a la moral pública, al comportamiento y ejemplo
de los líderes sociales y políticos, al desempeño de los funcionarios del estado
con los ciudadanos, a las expectativas de las comunidades, a un turismo
nacional amable, a una generación política responsable, que rinda cuentas, que
se distinga por su honestidad y apertura a ideas encontradas, tenemos la
necesidad de contar con unos artistas y comunicadores sociales menos engreídos
y egoístas, pendientes de su condición de ejemplos para las generaciones que se
levantan.
Hago especial mención
de los programas de nutrición y alimentarios para la población más necesitada,
de los programas de los comedores y mercados populares donde se garantice la
variedad, calidad y asequibilidad para los nutrientes necesarios en la dieta
diaria de los hogares, se requiere especial atención para los planes de
atención a la niñez abandonada, madres solteras y ancianos en estado de
abandono, el sistema de salud pública debe estar atento a los problemas propios de la pobreza extrema, son programas
sociales que deben contar con presupuestos limitados y una gerencia por
objetivos que dé como resultado, ir sacando a las personas de la miseria,
enseñándole oficios y dándoles motivos para sentirse orgullosos de sus logros,
para ello hay que hacerlas útiles a niveles básicos, y debemos recordar que
mientras más atención demos a los sectores más marginales y olvidados de la
sociedad, ese ejemplo y esos resultados son el verdadero salvavidas del país.
Esta es la verdadera
crisis humanitaria compleja que los organismos internacionales nos han venido
advirtiendo, una crisis que afecta la línea de sobrevivencia del venezolano
porque pone en peligro la integridad de las personas, a un nivel muy básico donde
los elementos fundamentales necesarios para la vida hay que recomponerlos, y que,
si son dejados a su suerte, harán imposible la viabilidad del país.
De nada nos va a
servir un inmenso ingreso por la explotación del petróleo y el gas si no
atendemos con urgencia lo necesario para estabilizarnos, un esfuerzo que, fácil
nos tomará dos generaciones para solventarlo, se le está dando demasiada
importancia al aspecto empresarial, de hacerle la vida fácil a las
corporaciones energéticas y mineras extranjeras que ya tocan a nuestras
puertas, que es necesario y hay que atenderlo, pero sin olvidar lo que
verdaderamente nos salvará del desastre.
Cuando menos quien no
sienta la bondad y el respeto por la vida digna como ingredientes necesarios
para la felicidad propia, que actúe entonces por puro egoísmo, borrar el
resentimiento de nuestro territorio es darle garantía de paz social a la
república, tan necesaria para aprovechar esta bonanza que la providencia
proveyó para que no naufragáramos, que no se repita la barbarie del chavismo,
eso es lo prioritario.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario