sábado, 30 de mayo de 2026

El amigo corrupto, por Saúl Godoy Gómez

 



Uno de los productos de exportación del chavismo, de Venezuela para el mundo, han sido los corruptos, una gran parte de ellos solicitados por las autoridades de varios países, otros, los que han sorteado los juicios, investigaciones, operativos especiales, denuncias y señalamientos, bien de la prensa o de organismos que defienden derechos humanos, y que han logrado no solo escapar exitosamente del radar público, sino de desaparecer como por arte de magia, estos son los pocos.

Pero la gran mayoría de los señalados por corrupción han tratado de cambiar sus identidades, acogiéndose a los beneficios que brindan segundas nacionalidades, apellidos del cónyuge, compra de nuevos papeles y estados civiles por medio de bufetes de abogados, instituciones bancarias, clubes y otras asociaciones que por cantidades de dinero lo solucionan todo para proteger a un buen cliente, aunque esto implique torcer un poco las interpretaciones legales de alguna normativa.

Los más arriesgados se someten a cambios de fisonomía por medio de la cirugía estética, pagan enormes suma de dinero por borra de las bases de datos sus anteriores identidades, contratan a influencers para que den pistas falsas sobre sus paraderos, hacen espléndidas donaciones a comunidades y alcaldías para mantener un bajo perfil obligado, y es así como en los cinco continentes, los corruptos venezolanos que pertenecieron al gobierno chavista-madurista, tratan de “desparecer” en el anonimato tras fachadas de exitosos empresarios retirados, diplomáticos en el exilio, intelectuales buscando la paz de los viñedos.

Pero sus fortunas mal habidas permanecen ocultas bajo códigos cifrados en diferentes bancos, en monederos virtuales, en acciones privilegiadas en grandes corporaciones, en cuentas bajo el nombre de terceros, algunos son familia, otros socios y apoderados, todos manejando valores transables en la economía internacional, o en lingotes depositados en cajas de seguridad en paraísos fiscales.

El asunto es que movilizar estas ingentes cantidades de dinero siempre dejan un rastro, no pueden utilizarlo sin que llamen la atención, y muchos de estos ladrones que vienen de la pobreza abyecta no miden sus impulsos y deseos, de modo que, su propia avaricia se convierte en los gritos de “soy yo, estoy aquí”, y lo hacen al adquirir apartamentos de gran lujo, haciendas productivas, modos de vida de ricos y famosos, apariciones en lugares exclusivos, adquisiciones que despiertan curiosidad… porque robar en los volúmenes que lo hicieron solo tiene sentido si van a complacer esas fantasías de grandeza y poder que solo la pueden dar esas abultadas cuentas.

De allí que no guarden empacho ni rubor en darse ciertos gustos como comprar castillos, o hacerse dueños de marcas de moda, dar grandes fiestas, adquirir yates, aras de caballos pura sangre, regalarse algún título nobiliario o algún curul parlamentario… y nada que decir de los escándalos que son capaces de provocar con unas vidas amorosas desordenadas, con los excesos de lo que nunca tuvieron y ahora lo gozan sin medida, y paralelamente a su atracción fatal por la vida loca, viene aparejado la paranoia que los embarga por su seguridad personal, por no ser reconocidos en la calle, por evitar esos desagradables episodios del “scratching” social una vez que son descubiertos.

Y en este punto me detengo, estos degenerados tienen el suficiente dinero para tener planes B y hasta C en caso de que sus coartadas sean descubiertas, y desaparecer al instante sin dejar rastro, sus antiguas identidades circulan en los listados de la Interpol y de algunos servicios secretos como “personas de interés” y lo menos que desean es pasar malos ratos en alguna comisaría de tercer nivel y asediados por periodistas haciendo preguntas inconvenientes.

El problema es que ninguno de ellos se expuso a robar dinero de los venezolanos para irse a vivir en alguna fría y desolada isla escocesa, en medio del inhóspito Mar del Norte para criar ovejas, prefieren con mucho las cercanías de grandes metrópolis, climas mediterráneos o cercanía a privilegiadas universidades para sus vástagos, a lo sumo algún bucólico ambiente rural en la campiña, no muy lejos de los servicios esenciales del primer mundo para monitorear sus cofres del tesoro.

Pero son las comunidades donde estos pillos pretenden encajar, a las que quiero llamar su atención, muchos de ellos aprovechan su doble nacionalidad para hacerse pasar como “naturales de la zona” pero no son, son seres corruptos, violadores de derechos humanos, personas que anteponen su bienestar personal antes que los intereses de la comunidad, de cualquier comunidad, y lo hacen porque son parásitos, expertos vividores de oficio que los utilizan como camuflaje, como escudos humanos para que el largo brazo de la ley no los toque.

Estos forajidos se transforman, se hacen los simpáticos, se ganan la voluntad y la amistad de su entorno, ese cambio de identidad los obliga a dejar atrás sus vidas pasadas y a construir un nuevo círculo social, se avergüenza y le teme a sus viejas relaciones, pero siempre estarán dispuestos a traicionar esa confianza que cultivan, en el momento más difícil van a desparecer y a dejar suficiente evidencia de la espesa trama de complicidades y apoyos, serán invitados a sus fiestas, a los lanzamientos de sus novísimos productos, a las ruedas de prensa de sus agentes de RRPP, van a caer atrapados en su lenguaje humanista y progresista, cristiano y democrático con que ocultan sus llagas y pústulas de haber servido en una tiranía de asesinos.

Se presentan con sus familias, utilizan a sus propios hijos y esposa como distracción para que nadie se fije en la cola de lagarto que los sucede, porque no tienen vergüenza y en el fondo son unos cobardes, esa fortuna de la que hacen gala está empapada de sangre inocente, muchos niños dejados a la intemperie, mujeres haciéndole frente a las peores condiciones de vida, ancianos que no encuentran paz ni sosiego en los últimos años de su vida, venezolanos de todos los estratos haciéndole frente a un país sin servicios de salud, sin seguridad, con una inflación rampante, sin empleo, sin poder expresarse y para colmo, si se atreven a protestar, los espera un interminable juicio kafkiano mientras sufren torturas en insalubres mazmorras.

Esos ladrones huyeron del país con sus alforjas llenas del dinero, dinero que era para aliviar nuestro grave problema eléctrico, de salud pública, de educación, de estabilidad financiera… no les importó dejarnos en la estacada, padeciendo los rigores de las carestía para ellos darse la gran vida, comprar conciencias y voluntades para proteger sus crímenes y dárselas de potentados con dinero ajeno.

De seguro en sus juntas de condominio, en sus clubes, en sus iglesias los van a encontrar haciéndose pasar por lo que no son, contribuyendo con sus limosnas y generosas contribuciones a las causas justas de ese entorno, predicando el recto comportamiento ciudadano, criticando a quienes faltan a sus deberes, en este sentido hay algunas figuras de la corrupción venezolana que robaron tanto dinero, que han comprometido a los gobiernos de algunos países en comprar su protección, y los están enredando en unas tramas criminales que les puede estallar en el rostro en cualquier momento, tal y como está sucediendo en España.

Incluso los bancos que por décadas se han especializado en hacerse los tontos sobre el origen de algunos fondos, están sintiendo el calor de las investigaciones en algunos de sus transacciones y cuentas reservadas, saben muy bien que el contenido de algunas bóvedas de seguridad no resisten la sangre que manchan sus instalaciones y menos el hedor que sale de sus depósitos, la actividad del narcoterrorismo ha marcado de manera notable el costo de la seguridad de los norteamericanos, demasiadas vidas destruidas, demasiada podredumbre en el sistema financiero internacional, y Washington está aprovechando su poder fáctico y alcance global para limpiar la economía de un mundo que le ha dado cabida al crimen a gran escala, incluyendo la de los criptoactivos.

Venezuela como país y sociedad estará eternamente agradecida  con aquellos gobiernos que nos han ayudado a recuperar lo que es nuestro de manos de unos cleptómanos sin alma, son dineros y bienes que ayudarán a palear nuestra crisis humanitaria, quienes la provocaron no son empresarios, ni políticos, ni señores ni señoras… son ladrones.

 

 

 

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