Uno de los productos
de exportación del chavismo, de Venezuela para el mundo, han sido los
corruptos, una gran parte de ellos solicitados por las autoridades de varios
países, otros, los que han sorteado los juicios, investigaciones, operativos
especiales, denuncias y señalamientos, bien de la prensa o de organismos que
defienden derechos humanos, y que han logrado no solo escapar exitosamente del
radar público, sino de desaparecer como por arte de magia, estos son los pocos.
Pero la gran mayoría
de los señalados por corrupción han tratado de cambiar sus identidades,
acogiéndose a los beneficios que brindan segundas nacionalidades, apellidos del
cónyuge, compra de nuevos papeles y estados civiles por medio de bufetes de
abogados, instituciones bancarias, clubes y otras asociaciones que por
cantidades de dinero lo solucionan todo para proteger a un buen cliente, aunque
esto implique torcer un poco las interpretaciones legales de alguna normativa.
Los más arriesgados se
someten a cambios de fisonomía por medio de la cirugía estética, pagan enormes
suma de dinero por borra de las bases de datos sus anteriores identidades, contratan
a influencers para que den pistas falsas sobre sus paraderos, hacen espléndidas
donaciones a comunidades y alcaldías para mantener un bajo perfil obligado, y
es así como en los cinco continentes, los corruptos venezolanos que
pertenecieron al gobierno chavista-madurista, tratan de “desparecer” en el
anonimato tras fachadas de exitosos empresarios retirados, diplomáticos en el
exilio, intelectuales buscando la paz de los viñedos.
Pero sus fortunas mal
habidas permanecen ocultas bajo códigos cifrados en diferentes bancos, en
monederos virtuales, en acciones privilegiadas en grandes corporaciones, en
cuentas bajo el nombre de terceros, algunos son familia, otros socios y
apoderados, todos manejando valores transables en la economía internacional, o
en lingotes depositados en cajas de seguridad en paraísos fiscales.
El asunto es que
movilizar estas ingentes cantidades de dinero siempre dejan un rastro, no
pueden utilizarlo sin que llamen la atención, y muchos de estos ladrones que
vienen de la pobreza abyecta no miden sus impulsos y deseos, de modo que, su
propia avaricia se convierte en los gritos de “soy yo, estoy aquí”, y lo hacen
al adquirir apartamentos de gran lujo, haciendas productivas, modos de vida de
ricos y famosos, apariciones en lugares exclusivos, adquisiciones que
despiertan curiosidad… porque robar en los volúmenes que lo hicieron solo tiene
sentido si van a complacer esas fantasías de grandeza y poder que solo la
pueden dar esas abultadas cuentas.
De allí que no guarden
empacho ni rubor en darse ciertos gustos como comprar castillos, o hacerse
dueños de marcas de moda, dar grandes fiestas, adquirir yates, aras de caballos
pura sangre, regalarse algún título nobiliario o algún curul parlamentario… y
nada que decir de los escándalos que son capaces de provocar con unas vidas
amorosas desordenadas, con los excesos de lo que nunca tuvieron y ahora lo
gozan sin medida, y paralelamente a su atracción fatal por la vida loca, viene
aparejado la paranoia que los embarga por su seguridad personal, por no ser
reconocidos en la calle, por evitar esos desagradables episodios del
“scratching” social una vez que son descubiertos.
Y en este punto me
detengo, estos degenerados tienen el suficiente dinero para tener planes B y
hasta C en caso de que sus coartadas sean descubiertas, y desaparecer al
instante sin dejar rastro, sus antiguas identidades circulan en los listados de
la Interpol y de algunos servicios secretos como “personas de interés” y lo
menos que desean es pasar malos ratos en alguna comisaría de tercer nivel y
asediados por periodistas haciendo preguntas inconvenientes.
El problema es que
ninguno de ellos se expuso a robar dinero de los venezolanos para irse a vivir
en alguna fría y desolada isla escocesa, en medio del inhóspito Mar del Norte
para criar ovejas, prefieren con mucho las cercanías de grandes metrópolis,
climas mediterráneos o cercanía a privilegiadas universidades para sus
vástagos, a lo sumo algún bucólico ambiente rural en la campiña, no muy lejos
de los servicios esenciales del primer mundo para monitorear sus cofres del
tesoro.
Pero son las
comunidades donde estos pillos pretenden encajar, a las que quiero llamar su
atención, muchos de ellos aprovechan su doble nacionalidad para hacerse pasar
como “naturales de la zona” pero no son, son seres corruptos, violadores de
derechos humanos, personas que anteponen su bienestar personal antes que los
intereses de la comunidad, de cualquier comunidad, y lo hacen porque son
parásitos, expertos vividores de oficio que los utilizan como camuflaje, como
escudos humanos para que el largo brazo de la ley no los toque.
Estos forajidos se transforman,
se hacen los simpáticos, se ganan la voluntad y la amistad de su entorno, ese
cambio de identidad los obliga a dejar atrás sus vidas pasadas y a construir un
nuevo círculo social, se avergüenza y le teme a sus viejas relaciones, pero
siempre estarán dispuestos a traicionar esa confianza que cultivan, en el
momento más difícil van a desparecer y a dejar suficiente evidencia de la
espesa trama de complicidades y apoyos, serán invitados a sus fiestas, a los
lanzamientos de sus novísimos productos, a las ruedas de prensa de sus agentes
de RRPP, van a caer atrapados en su lenguaje humanista y progresista, cristiano
y democrático con que ocultan sus llagas y pústulas de haber servido en una
tiranía de asesinos.
Se presentan con sus
familias, utilizan a sus propios hijos y esposa como distracción para que nadie
se fije en la cola de lagarto que los sucede, porque no tienen vergüenza y en
el fondo son unos cobardes, esa fortuna de la que hacen gala está empapada de
sangre inocente, muchos niños dejados a la intemperie, mujeres haciéndole
frente a las peores condiciones de vida, ancianos que no encuentran paz ni
sosiego en los últimos años de su vida, venezolanos de todos los estratos
haciéndole frente a un país sin servicios de salud, sin seguridad, con una
inflación rampante, sin empleo, sin poder expresarse y para colmo, si se
atreven a protestar, los espera un interminable juicio kafkiano mientras sufren
torturas en insalubres mazmorras.
Esos ladrones huyeron
del país con sus alforjas llenas del dinero, dinero que era para aliviar
nuestro grave problema eléctrico, de salud pública, de educación, de
estabilidad financiera… no les importó dejarnos en la estacada, padeciendo los
rigores de las carestía para ellos darse la gran vida, comprar conciencias y
voluntades para proteger sus crímenes y dárselas de potentados con dinero
ajeno.
De seguro en sus
juntas de condominio, en sus clubes, en sus iglesias los van a encontrar
haciéndose pasar por lo que no son, contribuyendo con sus limosnas y generosas
contribuciones a las causas justas de ese entorno, predicando el recto
comportamiento ciudadano, criticando a quienes faltan a sus deberes, en este
sentido hay algunas figuras de la corrupción venezolana que robaron tanto
dinero, que han comprometido a los gobiernos de algunos países en comprar su
protección, y los están enredando en unas tramas criminales que les puede
estallar en el rostro en cualquier momento, tal y como está sucediendo en
España.
Incluso los bancos que
por décadas se han especializado en hacerse los tontos sobre el origen de
algunos fondos, están sintiendo el calor de las investigaciones en algunos de
sus transacciones y cuentas reservadas, saben muy bien que el contenido de
algunas bóvedas de seguridad no resisten la sangre que manchan sus
instalaciones y menos el hedor que sale de sus depósitos, la actividad del
narcoterrorismo ha marcado de manera notable el costo de la seguridad de los
norteamericanos, demasiadas vidas destruidas, demasiada podredumbre en el
sistema financiero internacional, y Washington está aprovechando su poder
fáctico y alcance global para limpiar la economía de un mundo que le ha dado
cabida al crimen a gran escala, incluyendo la de los criptoactivos.
Venezuela como país y
sociedad estará eternamente agradecida
con aquellos gobiernos que nos han ayudado a recuperar lo que es nuestro
de manos de unos cleptómanos sin alma, son dineros y bienes que ayudarán a
palear nuestra crisis humanitaria, quienes la provocaron no son empresarios, ni
políticos, ni señores ni señoras… son ladrones.

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