lunes, 1 de junio de 2026

Mar de fondo, por Saúl Godoy Gómez


El presidente Trump, por quien guardo un gran respeto y agradecimiento por haber liberado a Venezuela del cáncer de Nicolás Maduro, tiene un plan y unos objetivos claros con respecto a nuestro país: liberarlo de la peste chavista, convertirlo en una democracia funcional y hacer del país un pujante polo de desarrollo para la región, esto, enmarcado dentro de las doctrinas y principios de seguridad nacional y con miras a integrarnos como un elemento principal en la nueva geopolítica hemisférica.

El Departamento  de Estado y el Pentágono han estado trabajando desde hace ya tiempo para darle una coherencia a este ambicioso plan; Latinoamérica se había convertido en una amenaza para la integridad de Estados Unidos en dos de las armas que sus enemigos utilizaban en su contra, el terrorismo y el narcotráfico,  a esto debemos aunar otro elemento, no menos importante, el económico, que tiene varias vertientes, dada la riqueza de recursos de nuestro país, sobre todo en el área energética (gas y petróleo principalmente), en minerales estratégicos, en su posición geoestratégica en la geografía de la fachada atlántica y en la abundancia del elemento agua.

Todo este agregado de prestaciones nos convirtió en un país apetecido por las otras grandes potencias y por intereses contrarios a los norteamericanos, y en ese tira y encoge por nuestros recursos, Estados Unidos tenía las de perder, ya que el gobierno chavista estaba alineado con las fuerzas de izquierda del mundo, que incluían no solo a China, Rusia, sino a otros gobiernos extremistas y toda una constelación de grupos de la izquierda radical, incluyendo a los islámicos, fundamentalistas nacionalsocialistas, fascistas y movimientos de liberación nacionales afiliados a las guerrillas y grupos separatistas.

Para el momento en que Chávez empieza a ofrecer el país con las reservas petroleras más grandes del mundo, La izquierda mundial estaba organizada en diversos frentes, había penetrado exitosamente un gran número de organizaciones internacionales, principalmente a la ONU, la Unión Europea, la OMS y muchos grupos regionales que defendían intereses de diversos bloques de países en Asia, Latinoamérica, el Caribe e, incluso, en el llamado Commonwealth.

Con la llegada de Trump y los Republicanos al poder se inició una campaña contra la llamada globalización, adelantada por las fuerzas de la izquierda mundial, apoyada por el partido Demócrata en Estados Unidos y aprovechada muy exitosamente por los gobiernos de Chávez y Maduro, quienes con los dineros del país habían financiado elecciones trampeadas, golpes de estado, movimientos subversivos, narcotráfico y movilizado un enorme capital ilegítimo, que estaban lavando en el sistema financiero internacional sin ningún control.

La globalización, apoyada por la izquierda, tenía como objetivo principal debilitar el músculo económico de Estados Unidos, robándole inversiones, tecnología, oportunidades y fuerza laboral, para así controlarlo y dominarlo bajo el plan de un mundo multipolar, con múltiples monedas y mercados, restándole fuerzas al dólar, cancelando el petróleo como principal fuente energética e impulsando las energías alternativas como la respuesta ecológica para un mundo verde; pero ese plan era inviable económicamente, y muy pronto hizo aguas y se hundió en un estrepitoso fracaso.

Trump tomó la iniciativa y empezó a desmontar el peligroso espejismo que la izquierda mundial estaba montando, y esto, por supuesto, trajo consecuencias: guerras, inestabilidad política, competencia desleal… particularmente Latinoamérica, especialmente Venezuela, tomó un lugar relevante en la atención de Washington, entre otras cosas por la enorme actividad lucrativa que el chavismo mantenía en la economía norteamericana y que muy pronto se tornó agresiva, haciendo lobby en el sistema político, corrompiendo funcionarios, financiando opositores, pero principalmente, aumentando sus rutas y envíos de drogas ilícitas, un plan apoyado por Cuba y gobiernos corruptos de la región, todos de izquierda.

Para cuando Estados Unidos interviene en Venezuela, ataca a Caracas y logra la exitosa extracción del peligrosísimo colombiano y agente cubano, Nicolás Maduro, que fungía como presidente ilegítimo del país, ya Venezuela se había convertido en una peligrosa sucursal de los movimientos subversivos y células de los peores terroristas islámicos en esta parte del mundo, una situación que todavía persiste, a pesar de las acciones militares norteamericanas del 03 de enero del año en curso.

Neutralizar a Maduro era la primera etapa de un plan de control y seguridad mucho más completo; siguió con la eliminación sistemática de embarcaciones y traslado de drogas por vía marítima, la ubicación y rescate de tanqueros petroleros y sus flotas fantasmas que estaban desangrando los recursos peroleros del país, el dominio aéreo del territorio, la identificación y detención de importantes jefes del chavismo-madurismo, la liberación de los mercados petroleros y de concesiones de explotación mineras, la liberación de presos políticos, el retorno de políticos exilados, mayor apertura en la libre expresión y de opiniones del pueblo, control sobre la galopante inflación que asfixia nuestra economía.

Y aquí llegamos al punto donde quería llamar la atención, tanto de mis compatriotas como se nuestros aliados norteamericanos, porque el plan de Trump y del Departamento de Estado incluye utilizar a funcionarios chavistas como ejecutores del plan de estabilización del país, para evitar lo que Estados Unidos ha aprendido a raíz de sus intervenciones en otros países: tratar de reflotar un estado fallido es un asunto harto delicado que requiere no sólo de una mano firme, sino de poder hacer cortes muy delicados en la fibra política del país de modo de evitar violencia social y reacciones negativas.

Las condiciones mundiales, al momento de poner en práctica este plan son muy distintas a las del inicio de la intervención, la guerra con Irán y la situación general del Medio Oriente han cambiado de manera drástica; en solo tres meses, Estados Unidos se ha visto obligado a invertir recursos, fuerzas y atención a una compleja situación bélica que ha afectado la estabilidad del planeta, y aunque confío en su eficiencia y poder, en su capacidad de atender múltiples y complejos escenarios a un mismo tiempo, quiero compartir algunas inquietudes con respecto a Venezuela.

En primer lugar, y esto no es un secreto, el actual gobierno, encabezado por la Sra. Delcy Rodríguez y su hermano, no solo es altamente peligroso, ya que controla una tupida red de organizaciones y afiliados que, a pesar de la desarticulación sufrida por las acciones del 03 de enero, todavía mantienen su poder y los días corren a su favor, porque están conectando sus miembros y jefes a nivel nacional. Delcy y Jorge son expertos en sobrevivencia y altamente entrenados en la creación de caos, son izquierdistas fundamentalistas, dispuestos incluso al máximo sacrificio, y vienen de una estirpe de terroristas probados y fanáticos.

Dejarlos en el poder sólo bajo supervisión y amenazas es arriesgado, pero aún lo es más darle participación política, a sabiendas de que todavía sostienen a la mayor organización política no democrática del país, alimentada por el presupuesto de la nación y con poder efectivo en los gobiernos locales. Pero lo más grave es la ausencia de una contraparte, la líder María Corina Machado se encuentra fuera del país y, luego de la reunión en Panamá, viene cargando con el peso muerto de la oposición falsaria, muchos de ellos vendidos al chavismo y a los intereses de los enemigos del presidente Trump; se trata de hechos, no suposiciones.

Hesbolá, Hamás, la Guardia Revolucionaria Iraní, grupos afiliados a Isis, así como socios de los principales carteles de drogas colombianos y mexicanos, mantienen operaciones en nuestro territorio; hay todavía partes del país ocupadas por factores de la guerrilla colombiana, hay representantes del globalismo internacional ocupándose de asuntos claves, como la reestructuración de la deuda de Venezuela, y probablemente veamos más de estos factores operando bajo el ala de los hermanos Rodríguez en asuntos claves para nuestro futuro inmediato.

Ya se está viendo una reestructuración acelerada de los medios de comunicación chavistas para la defensa del régimen y la prédica de los valores revolucionarios, incluso llamando abiertamente a la resistencia contra Estados Unidos; las redes sociales, a pesar de la supervigilancia de los organismos de seguridad norteamericanos, mantienen operativos sus redes, bots y sitios, donde la propaganda comunista es obvia y el llamado a una contraofensiva es clara.

Es obvio, y así lo veo desde mi análisis, que Estados Unidos debe priorizar su situación en estos difíciles momentos, el presidente Trump cuenta con una oposición demócrata bastante agresiva que resalta los problemas sociales y económicos del momento, la compleja situación en el Medio Oriente está restándole apoyo entre los votantes y la opinión pública. Pero una vuelta al poder de los demócratas sería terrible para el futuro inmediato de ese país y un retroceso para Venezuela, y sí creo que existe la necesidad de consolidar definitivamente el subcontinente americano y hacerlo aliado de la Unión, porque con tantos y tan agresivos enemigos de la libertad se hace indispensable asegurar el espacio vital del único reducto que pueda sobrevivir a la invasión del fundamentalismo de la izquierda mundial.

Hay un mar de fondo que anuncia un reacomodo mundial de intereses, la misma Europa parece pérdida ante el avance musulmán en sus países miembros, Rusia y parte de Asia pudieran ser absorbidas por el eje Chino… se hace necesario que América toda resista, pero enfrentamos el problema de que no tenemos la unidad requerida, y Venezuela se erige como la primera pieza de ese rompecabezas que todavía hay que armar.

El problema de sostener a los hermanos Rodríguez como operadores de Venezuela es que sus lealtades y metas coinciden con los enemigos de los Estados Unidos, aunque en apariencia estén jugando el juego de otorgar el mayor número de concesiones petroleras y mineras a empresas norteamericanas y en condiciones favorables, ellos están esperando el momento oportuno para dar el zarpazo y que el chavismo y sus secuaces vuelvan a tomar el poder efectivo en el país, y ese momento ocurrirá cuando el presidente Trump salga del juego político, que según los cálculos chavistas, será pronto, y si esto es así, todo el trabajo, el legado de Trump en América, se derrumbará y el peligro real volverá a rondar en la Casa Blanca.

Consolidar a Venezuela como territorio libre del chavismo, es una necesidad urgente para los intereses norteamericanos y para ello debe permitir que factores políticos de la oposición, de la verdadera oposición, participen desde ya en funciones de gobierno, aún antes del llamado a nuevas elecciones, el trabajo que viene es duro, arriesgado y peligroso, pero el momento es ahora aprovechando el enorme descontento popular por la situación económica y el malestar político que ha provocado el destape de los horrores del régimen. 



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