Ningún hombre en el mundo puede cambiar la
verdad. Uno sólo puede buscarla, encontrarla y servirla. La verdad está en
todas partes.
Hay que resistir contra la violación de la
conciencia y la destrucción del evangelio.
Dietrich
Bonhoeffer.
En el mundo de la teología académica se dice
que sólo dos países en el mundo producen buena teología, el primero es
Alemania, otros opinan que los EEUU, pero cuando el joven Dietrich tuvo la
oportunidad de cruzar el atlántico para estudiar en New York, una
especialización en el Seminario Teológico de la Unión, quedó desencantado con
la calidad y profundidad de los estudios que allí impartían, tenía apenas 24
años y se acababa de graduar de la Universidad de Berlín como Doctor en
Teología, luego de haber hecho su licenciatura y especialidad en la Universidad
de Tübingen, graduándose en ambas casas de estudio suma cum laude.
Como no le permitían ordenarse por su
juventud, su familia pensó que aprovecharía el tiempo en América profundizando
sus conocimientos, pero nada tenían que enseñarle los teólogos norteamericanos
a esta brillante mente, lo que sí hizo con su tiempo, fue explorar a
profundidad el mundo religioso de los negros de Harlem, sobre todo en la
iglesia Bautista de Abisinia en la que entró como asistente, quedó estupefacto
con los ritos, las formas, pero sobre todo, con los cantos de los espirituales
negros (Góspels) de los que se convertiría en un coleccionista, estudió
atentamente los encendidos sermones que los predicadores de color eran capaces
de estructurar, y del contenido revolucionario de aquellos mensajes sobre
igualdad de derechos, sobre justicia social que venían a consolar y animar a
uno de los grupos más oprimidos de su época, corría el año de 1930 y aquellas
experiencias cambiaría la vida del joven teólogo.
Aprovechó para visitar comunidades alemanas
viviendo en Cuba y México, tuvo contactos con las comunidades hispánicas en NY,
dictó conferencias y dio clases, tuvo su primer contacto con las ideas de
Gandhi.
Nunca se imaginaría Dietrich que su vida y
obra sería estudiada y admirada, años después, por ese otro gran predicador
sureño de los EEUU, líder de las luchas por los derechos civiles, Martin Luther
King Jr.
Bonhoeffer era realmente a una persona de
difícil definición, nacido en el seno de una de las familias burguesas más
importantes de Alemania, con una ascendencia de figuras en las ciencias y las
humanidades, su abuelo fue un destacado evangelista y predicador, teólogo de la
vieja escuela de Jena, pero entró en conflictos con la corte del Kaiser y se
vio obligado a renunciar, su padre, Karl Bonhoeffer, fue titular de la cátedra
berlinesa de psiquiatría y neurología, propugna un método científico
"dentro de los límites de la observación empírica" sus ideas eran contrarias
a Freud.
Su educación fue esmerada, preparado como un
teólogo científico, con una sólida base en historiografía, lógica,
hermenéutica, crítica literaria, teología dogmática, sociología, filosofía,
filología, tuvo la oportunidad de conocer y compartir discusiones con los más
destacados teólogos de su época, entre ellos, el teólogo suizo Karl Barth, quizás
el más importante especialista del siglo XX, el gran historiador A. von Harnack que en su exequias, el 10 de
junio de 1930, será Bonhoeffer quien pronuncie el elogio fúnebre en nombre de
la última generación de teólogos, su excelente relación con el teólogo
norteamericano Reinhold Nieburhn.
Bonhoeffer tuvo
una vida muy corta (1906-1945), vivió apenas 39 años, pero gracias a la iglesia
protestante alemana, rica en recursos y preocupada por darles a sus pastores
las mejores oportunidades, viajó de manera intensiva y extensiva por todo el
mundo, visitando diócesis, haciendo vicariatos (como el de Barcelona, en
España), visitando misiones en África, su extenso tour por Escandinavia, su
exilio en Londres y su segundo tour por los EEUU.
Bonhoeffer encaró
en su tiempo varios problemas teológicos sumamente delicados y complicados que
configurarían la crisis espiritual del hombre moderno, siendo el primero de
ellos el surgimiento de Hitler en Alemania y su pretensión de convertirse en la
cabeza espiritual del Tercer Reich, desplazando a la iglesia cristiana y
exigiéndole sumisión incondicional al líder del pueblo.
Para poder
combatir al anticristo, al estado industrial, materialista, asesino y
militarista, para poder luchar en contra de la barbarie y el oscurantismo, de
vuelta a creencias y rituales satánicos Bonhoeffer tuvo que tomar decisiones de
vida o muerte.
Para quienes por
primera vez escuchan de este extraordinario personaje, Bonhoeffer fue uno de
los más capaces teólogos del siglo XX, y que tuvo que conspirar en contra de
Hitler, haciéndose parte de los servicios secretos del ejército Alemán,
sirviendo de contacto y espía para un
grupo importante de oficiales del Alto Mando, fue perseguido, hostigado,
encarcelado, enjuiciado y finalmente ejecutado como traidor, apenas veinticinco
días antes de que el régimen cayera derrotado en Berlín.
Tuvimos la suerte
de que Bonhoeffer era un hombre muy perspicaz, su mente era un instrumento muy
bien afinado para captar contradicciones culturales que nadie más veía en el
ambiente, era un gran escritor y analista, pero por sobre todo era un espíritu
de luz, a pesar de todas sus insuficiencias, problemas y debilidades,
Bonhoeffer era un hombre de bien, un cristiano, en toda la extensión de la
palabra.
No había hombre
más protegido que Bonhoeffer, familiares, amigos, instituciones trataron de
mantenerlo a salvo, a buen resguardo de los enemigos de la inteligencia, su
futuro estaba garantizado tanto económicamente como en su carrera académica,
tenía las puertas abiertas de las mejores universidades del mundo, la iglesia
de Alemania tenía en él la esperanza de un futuro líder, y a pesar de todas
esas ventajas, se decidió por el camino más difícil y doloroso, el del
martirio.
Entre sus
debilidades se juntaban la soberbia (según su propia estimación) un orgullo
vano en contra del cual tenía que luchar a diario, estaba la atracción sensual que
sentía hacia personas de su propio sexo (su relación con Eberhard
Bethge, fue la más estable y duradera, a la que ha dedicado varios trabajos
algunos de sus biógrafos), pero por sobre todo, la tremenda indecisión que lo
embragaban al momento de tomar posturas definitivas sobre asuntos importantes
en su vida, en momentos cruciales, dudaba, y se atormentaba en desaojar la
margarita.
Pero fue sin dudas el motor principal de la resistencia
de la iglesia alemana por permanecer independiente y en guardia en contra de la
pretensión del régimen nazi de abarcar a todas las denominaciones religiosas,
tres grandes grupos se definieron: la Iglesia Confesional, liderada por
Bonhoeffer, la Iglesia del Reich, y los Luteranos, que siempre trataron de
mantenerse neutrales en la controversia.
En los templos, escuelas, seminarios, y otras
instalaciones, el gobierno los obligaba a enarbolar la bandera nazi, recogían
firmas de adhesión a una sola iglesia alemana comprometida con el Führer, pero
no todo estaba claro en la Iglesia Confesional, había una oposición importante
que no estaban de acuerdo con la posición radical de Bonhoeffer quien se negaba
a reconocer la vigencia de las leyes de Núremberg, participar en la
discriminación en contra de los judíos, en los planes de control eugenésicos, y
estaba absolutamente negado en que la comunidad de cristianos alemanes, se
hicieran parte de la estructura del estado.
Bonhoeffer se tomó de manera personal conducir los
seminarios que preparaba a los nuevos vicarios en Finkenwalde,
pero la Gestapo se encargó de hacer ilegal todos los seminarios y escuelas de
formación de predicadores, hasta que en 1937 cerraron la escuela, aunque se
continuó de manera clandestina la formación de los seminaristas.
Se inició una serie de repliegues y vueltas a
la patria por parte de Bonhoeffer, se iba del país si las cosas se ponían muy
calientes, y regresaba tan pronto sus seguidores se lo pedían, ya en su última
visita a los EEUU había recibido la invitación del propio Mahatma Gandhi para que
fuera a visitarlo a su Ashram en la
India, para que estudiara los métodos de la resistencia pacífica que estaba
desarrollando en su lucha por la independencia de su país, había aceptado pero intempestivamente
renuncia a la invitación y aborda el último vapor de salió de América hacia
Alemania.
Fue entonces cuando por medio de unos
contactos familiares, consiguió su ingreso en el departamento de "Países Extranjeros y
Defensa" del Alto Mando de la Wehrmacht a cargo del almirante Wilhelm
Canaris y del coronel Hans Oster, una jugada extraña por decir lo menos, pero
que le dio una movilidad como nunca antes tuvo, protegido por canales
diplomáticos y militares, viajó por todas las capitales de Europa jugando el
papel de doble agente, gracias a sus extensivos contactos en las comunidades
cristianas del orbe, pudo llevar su mensaje de resistencia y consolidó ayudas
para sacar a judíos perseguidos de Alemania, pero además trabajó en algo mucho
más peligroso, se convirtió en el correo de los militares golpistas que querían
atentar contra la vida de Hitler, llevando su mensaje al mundo de los aliados
en la búsqueda de apoyo, y el reconocimiento a un posible gobierno de
transición, si tenían éxito en la aventura.
El
papel que jugó Bonheoffer en el complot contra Hitler tenía un rol
principalmente ético, en el sentido que el pastor bendecía las acciones de los
conspiradores en contra del enemigo de la iglesia, les otorgaba un carácter no
sólo legítimo, sino con relevancia espiritual, eran los cristianos actuando en
la realidad para corregir algo que estaba muy mal.
Pero
las cosas no salieron como deberían y Bonheoffer fue arrestado, investigado y
llevado a juicio, en un principio la Gestapo no sabía muy bien lo comprometido
que estaba el reverendo en estas acciones conspirativas, pero luego de dos años
de investigaciones, las esperanzas que Dietrich Bonhoeffer, su familia y sus
amigos albergaban en un golpe de estado en Alemania, quedaron definitivamente
rotas el 20 de julio de 1944.
Ese
día se frustró la tentativa de Schenk von Stauffenberg y doce conspiradores más,
fueron fusilados aquella misma tarde. El general von Beck fue obligado a
suicidarse. Otros colaboradores en el atentado fallido fueron condenados por el
Tribunal del Pueblo de Roland Freisler y ejecutados en Plötzensee. Entre ellos
se encontraba también el Comandante de la ciudad de Berlín, Paul von Hase, tío
de Bonhoeffer. Su hermano Klaus Bonhoeffer y su cuñado Rüdiger Schleicher
fueron detenidos y fusilados, y
con el diario personal del almirante Canaris en manos de la policía, el destino
del joven teólogo estaba sellado.
Hitler
en uno de sus ataques de odio y soberbia pidió el peor castigo posible para los
conspiradores, fue así como llegamos a la primera versión de la muerte de
Bonheoffer, la más conocida y que lo inmortalizó como leyenda.
Esa
misma noche, Bonhoeffer fue trasladado al campo de concentración de
Flossenbürg/Alto Palatinado. En la madrugada del 9 de abril de 1945,
Bonhoeffer, junto al almirante Canaris, el coronel Oster y otros miembros de la
resistencia, fue asesinado, ahorcado de un clavo largo. Según los testigos que
asistieron a la ejecución, con anterioridad había estado arrodillado rezando
con una gran serenidad. Su cadáver fue quemado posteriormente.
Según
esta versión un testigo de la ejecución escribió posteriormente: “Yo vi al pastor Bonhoeffer… arrodillado en
el suelo orando fervientemente a Dios. Yo
estaba profundamente conmovido por la manera como este hombre justo oraba, tan
convencido de que Dios escucharía sus plegarias. En el sitio de la ejecución
pronunció una corta plegaria y luego ascendió los pocos escalones hasta su lugar,
con valor y en control de sí mismo. Su
muerte se produjo algunos segundos después. En casi 15 años de práctica como
doctor, nunca antes había visto a un hombre morir de manera tan entregada a la
voluntad de Dios.”
Investigaciones
posteriores comprobaron que todo esto era falso, no había escaleras que subir
hasta la horca, el médico que atestiguó el hecho era el doctor Hermann Fischer-Hüllstrung, médico del Campo de
Concentración, especializado en revivir prisioneros torturados y en estados comatosos,
el galeno trató de minimizar en su versión de los hechos el sufrimiento de experimentaron
aquellos prisioneros ejecutados, para no recibir un castigo de los aliados, pero
la verdad es que fueron todos desnudados, vejados y torturados por seis largas
horas antes de asesinarlos, los colgaban y los dejaban asfixiarse por un rato,
los soltaban, los revivían y los volvían a ahorcar.
Apenas dos semanas después, el campo de prisioneros sería
liberado por la 90th y la 97th Divisiones de Infantería del Ejército de los
EEUU.
La obra teológica de Bonhoeffer es importante, entre ellas
recomendamos su Ética, su Vida en Comunidad, y sus Papeles de la cárcel de Teguel, sus
ideas nacen de las entrañas del holocausto, sitúa al cristiano en tiempos de
pérdida de la fe, de un mundo cada vez menos religioso y en un contexto de
totalitarismo y persecuciones, su pensamiento es actual, su vida no muy lejana
a la nuestra, y su fe, un ejemplo a seguir por quienes valoramos los principios
que mueven al hombre justo a la acción
comprometida.
Bonhoeffer ha sido estudiado y valorado en los conflictos de la
Europa del este en contra del comunismo, y durante la lucha en contra del
apartheid en Suráfrica, en lo personal y para aquellos que quieran explorar a
este personaje con mayor profundidad recomiendo la biografía que escribió
Charles Marsh, Una Gloria Extraña
(2014), o/y la biografía que escribió Eric Metaxas, Bonhoeffer (2011). - saulgodoy@gmail.com
PD: No quería dejar de mencionarlo, pero escribí éste artículo
lleno de pesar, pues dos de mis perros más queridos murieron el día de
Thanksgiving, Euro, un mestizo bellísimo; cruce de una gran danés y un
dooberman, y Tieta, su compañera, una rothwailer. Euro había sido mordido por
una serpiente venenosa (macagua) en una pata y sobrevivió por un mes bajo
tratamiento, creímos que lo habíamos salvado, pero de pronto empeoró y en
cuestión de horas se nos fue. Tieta partió al día siguiente, simplemente no
despertó, me imagino que su corazón no aguantó la pérdida de su compañero y
prefirió seguir durmiendo plácidamente, ambos me dieron grandes alegrías, nos
cuidaron y fueron fieles amigos, los vamos a extrañar.

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