Soy un firme defensor
de la energía atómica o nuclear en uno de sus usos pacíficos, como es el de
brindar electricidad a pueblos y ciudades; la energía atómica es limpia,
eficiente y, con los adelantos de hoy, muy segura; tiene, por supuesto, sus
problemas, como sería el del manejo de los desechos nucleares, pero hoy existen
maneras de depositarlos a buen resguardo para que la radioactividad residual
decaiga sin ocasionar problemas. El miedo que antes existía de que una
instalación nuclear pudiera explotar y convertirse en una nueva Chernobil ha
sido largamente superado.
El presidente Donald
Trump se ha declarado un firme promotor de este tipo de energía para su país, y
la tecnología que han desarrollado los norteamericanos supera con creces a la de
sus competidores, al punto que pueden mover portaviones, satélites y naves
espaciales y submarinos, con pequeñas y muy eficientes unidades nucleares que les
permiten autonomía por años sin necesidad de repostar energía.
Yo estoy convencido de
que la isla de Margarita debe y puede solucionar su problema energético con la
instalación de una pequeña central nuclear que le permita ser autosuficiente,
contar con energía para su futuro desarrollo y, además, tendría la
capacidad de suministrarle energía a las
islas de su entorno para evitar la engorrosa dependencia de tierra firme.
Pero hay algo más que
podría permitirse, clave para su calidad de vida y sostenibilidad, y es que
tendría la suficiente energía para montar diversas plantas de desalinización de
las aguas del mar, una fuente segura, propia y suficiente del agua potable que
tanto necesita. Las plantas que convierten agua de mar en agua dulce requieren
de ingentes cantidades de energía, una planta nuclear del tipo que necesita la
isla de Margarita sería una eficiente solución.
Pero hay aún otra área
de interés, y ésta es estratégica para el país, con esa misma planta nuclear
proporcionando energía limpia y constante y las plantas desalinizadoras que contribuirían con el agua para la
refrigeración de los bancos de computadoras, se podría alimentar enormes
complejos de depósitos de data cibernética, con nubes de información digital
para todos los usos del país: para el gobierno, para los bancos, para el
servicio de internet comercial, para investigaciones científicas, para la
industria petrolera… Estos bancos de
data, de información digitalizada son necesarios para el desarrollo de la
Inteligencia Artificial y de la computación cuántica, que es el futuro de la
automatización de la información, Margarita se podría convertir fácilmente en
el banco de data digital y cuántica más importante del Caribe y, probablemente,
de Latinoamérica.
¿Es eso posible? Yo
creo que sí, una vez estabilizado el país y ya con un gobierno plenamente
democrático en funciones, no habría problema en que Venezuela, por medio de su
riqueza petrolera, invirtiera en el desarrollo de energías alternas para
nuestro futuro. Con las conexiones con el gobierno norteamericano y los lazos
de amistad y mutuo soporte que cultivaremos, lo veo factible para la próxima
década, o antes, pero es algo que hay planificar con cuidado, preparar el
personal, establecer la logística de servicio y construcción de la instalación,
preparar los protocolos de funcionamiento y seguridad ya que se trata de una
operación bastante compleja.
Es la Venezuela que
creo posible. Tengo muchas ideas en el tintero y, la verdad, aunque parece una
lista de deseos a San Nicolás, se trata de un ejercicio de imaginación y
voluntad, que prefiero con mucho a los discursos de algunos políticos que no
salen de las pequeñas miserias humanas, y que han demostrado no ver más allá de
sus narices.

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