viernes, 23 de enero de 2026

Margarita Atómica, por Saúl Godoy Gómez

 



Soy un firme defensor de la energía atómica o nuclear en uno de sus usos pacíficos, como es el de brindar electricidad a pueblos y ciudades; la energía atómica es limpia, eficiente y, con los adelantos de hoy, muy segura; tiene, por supuesto, sus problemas, como sería el del manejo de los desechos nucleares, pero hoy existen maneras de depositarlos a buen resguardo para que la radioactividad residual decaiga sin ocasionar problemas. El miedo que antes existía de que una instalación nuclear pudiera explotar y convertirse en una nueva Chernobil ha sido largamente superado.

El presidente Donald Trump se ha declarado un firme promotor de este tipo de energía para su país, y la tecnología que han desarrollado los norteamericanos supera con creces a la de sus competidores, al punto que pueden mover portaviones, satélites y naves espaciales y submarinos, con pequeñas y muy eficientes unidades nucleares que les permiten autonomía por años sin necesidad de repostar energía.

Yo estoy convencido de que la isla de Margarita debe y puede solucionar su problema energético con la instalación de una pequeña central nuclear que le permita ser autosuficiente, contar con energía para su futuro desarrollo y, además, tendría la capacidad  de suministrarle energía a las islas de su entorno para evitar la engorrosa dependencia de tierra firme.

Pero hay algo más que podría permitirse, clave para su calidad de vida y sostenibilidad, y es que tendría la suficiente energía para montar diversas plantas de desalinización de las aguas del mar, una fuente segura, propia y suficiente del agua potable que tanto necesita. Las plantas que convierten agua de mar en agua dulce requieren de ingentes cantidades de energía, una planta nuclear del tipo que necesita la isla de Margarita sería una eficiente solución.

Pero hay aún otra área de interés, y ésta es estratégica para el país, con esa misma planta nuclear proporcionando energía limpia y constante y las plantas desalinizadoras  que contribuirían con el agua para la refrigeración de los bancos de computadoras, se podría alimentar enormes complejos de depósitos de data cibernética, con nubes de información digital para todos los usos del país: para el gobierno, para los bancos, para el servicio de internet comercial, para investigaciones científicas, para la industria petrolera…  Estos bancos de data, de información digitalizada son necesarios para el desarrollo de la Inteligencia Artificial y de la computación cuántica, que es el futuro de la automatización de la información, Margarita se podría convertir fácilmente en el banco de data digital y cuántica más importante del Caribe y, probablemente, de Latinoamérica.

¿Es eso posible? Yo creo que sí, una vez estabilizado el país y ya con un gobierno plenamente democrático en funciones, no habría problema en que Venezuela, por medio de su riqueza petrolera, invirtiera en el desarrollo de energías alternas para nuestro futuro. Con las conexiones con el gobierno norteamericano y los lazos de amistad y mutuo soporte que cultivaremos, lo veo factible para la próxima década, o antes, pero es algo que hay planificar con cuidado, preparar el personal, establecer la logística de servicio y construcción de la instalación, preparar los protocolos de funcionamiento y seguridad ya que se trata de una operación bastante compleja.

Es la Venezuela que creo posible. Tengo muchas ideas en el tintero y, la verdad, aunque parece una lista de deseos a San Nicolás, se trata de un ejercicio de imaginación y voluntad, que prefiero con mucho a los discursos de algunos políticos que no salen de las pequeñas miserias humanas, y que han demostrado no ver más allá de sus narices.

 

 

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