
Este es uno de mis
sueños recurrentes, levantarme en Caracas un día temprano en la mañana, llevar
la mochila de viaje para un día de playa, llegar a la estación de tren y
comprar un boleto ida y vuelta para Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui; me
veo abordando uno de esos trenes super rápidos, por suspensión magnética, y
llegar a mi destino en solo dos horas a más de trecientos Km/hora; me imagino
almorzando en el Paseo Colón y disfrutando toda la tarde en la playa; al caer
el sol, regresar a Caracas y llegar a la nueve de la noche a mi casa.
La idea es contar con
un tren bala, que cubra todo el norte de Venezuela, desde Güiria, en el estado
Sucre, hasta San Cristóbal, en el estado Táchira, donde, si quisiera, podría
abordar otro tren bala que me llevara hasta Puerto Limón, en la costa del
pacífico colombiana… todo el norte del norte suramericano conectado con ese
servicio para pasajeros.
Mi sueño va más allá porque, además de esa línea de
tren super rápido, a su lado, iría una línea férrea, ésta con un tren de carga,
más lento pero no menos eficiente, con paradas programadas en los principales
centros urbanos del trayecto, en cuyos parques industriales o puertos recogería
los equipos, mercancías, productos agrícolas y químicos, insumos y carga
refrigerada que repartiría en los distintos lugares para su maquila, empaque o
salida por puertos u aeropuertos a destinos internacionales o nacionales.
En esta franja norte
del país están ubicadas las principales ciudades y sus principales puertos
(aunque todavía nos hace falta un puerto de aguas profundas) estoy seguro que
unas vías como las que propongo contribuirían a que algunas se unan en
megalópolis como sería el caso de Caracas, Maracay y Valencia, o Cumaná, Puerto
La Cruz, Barcelona, las cuales constituirían una enorme y bellas urbes capaces
de albergar cualquier cantidad de actividades productivas.
También contaríamos
con una vía de servicio que, en nuestro caso, sería una autopista, paralela a
estas rutas de trenes, y que permitirían el tránsito de vehículos privados y de
transporte colectivo (buses) de manera segura; sus usuarios harían sus paradas
en cada población para recoger pasajeros y cargas pequeñas o hacer el trayecto
directo, todo funcionando de acuerdo a un cronograma para enlazar los servicios
de trenes y que nadie o nada quede rezagado.
Esto solo en la franja
norte-costera del país, que estaría enlazada con el tren que viene del sur por
la vía transamazónica (del cual ya se han construido algunos tramos) y que
conectará Brasil y el resto de Suramérica, este movimiento de personas y bienes
implicaría una extraordinaria organización y sistemas de alta precisión, para
evitar retardos innecesarios y accidentes.
Se trata de una
cobertura de comunicaciones de primer mundo, con los grandes almacenes y en las
grandes urbes, con todo lo necesario para atender turistas, operarios,
gerentes, inversionistas, compradores… con un grado de automatización de gran
aliento, con la infraestructura y los servicios necesarios para atender estos
volúmenes de movimiento, hoteles, restaurantes, servicios de carga y
transporte, aduanas, aeropuertos, almacenes en frío, grandes talleres, etc.
Sería una gran
infraestructura productiva que convertiría a Venezuela en un extraordinario
“hub” de distribución de bienes entre Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Suramérica,
y que tendría su propia vida económica, aparte del negocio petrolero. Éstas son
las inversiones que necesita el país aprovechando su ubicación geoestratégica para
poder jugar en las Grandes Ligas, como pienso que los venezolanos todos deseamos
(aunque hay algunos que solo piensan en chiquito y no salen de lo que van a
comer para la cena).
Toda la América
estaría interconectada, desde La Patagonia hasta Venezuela desde donde se
elegiría si continuar hacia el Caribe, o cruzar el atlántico hacia Europa y África,
o llegarse hasta el pacífico colombiano o utilizar el Canal de Panamá para
tener acceso a las rutas asiáticas, o si quisiera continuar hacia América del
Norte, ida y vuelta, colocando pasajeros y mercancías del mundo para el mundo.
Al ser Venezuela en
punto medio de la ruta se aprovecharía nuestro territorio para montar
industrias que refinen materias primas para darles valor agregado, se monten
grandes maquiladoras para terminar productos y ensamblar máquinas u aparatos, o
se empaquen los productos perecederos, sobre todo agrícolas, carne, pescado,
flores que podría salir listos en vuelos intercontinentales para que amanezcan
en sus destinos.
Pensar proyecciones de
gran aliento para el desarrollo del país, le dan dirección a nuestras ideas y
esfuerzos, en otros artículos les mencionaré como debería estar dividido
nuestro país y especializar cada una de esas grandes áreas para convertirnos en
ese centro de distribución o “hub” que mencionaba al principio.
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