lunes, 26 de enero de 2026

Una nueva división político-territorial de Venezuela, por Saúl Godoy Gómez

 



El país está actualmente dividido en 23 estados, el Distrito Capital y unas Dependencias Federales que incluyen todo el territorio insular; también contamos con una zona en reclamación llamada Esequibo. Todas estas dependencias administrativas, más o menos controladas políticamente por el gobierno central y que vienen de un pasado donde lo único que importaba era una supuesta cultura local, prescindiendo de la ciencia y, principalmente, de las realidades geográficas.

Muchos de nuestros estados han subsistido por una tradición que no se sostiene ni con saliva de loro, contando únicamente con algunos hechos históricos encarnados por algunos caudillos o batallas famosas, algunos acentos lingüísticos y, cuando mucho, por unas particularidades climáticas, o alguna puntada de culo de algún mandatario afiebrado de nacionalismo.

He sostenido en varios artículos y foros la necesidad de enseriar esta división del país, principalmente tomando en cuenta nuestras principales cuencas hidrográficas, siendo el agua uno de los recursos indispensables para la vida y un elemento de particular relevancia geopolítica en el futuro inmediato. Pienso que una división territorial que tome en cuenta este factor sería mucho más útil, manejable y seria que el actual, reduciríamos la cantidad de estados a más de la mitad y le daríamos una coherencia que antes no teníamos al desarrollo local y, por ende, a la integridad de nuestro territorio.

Pero aparte de la división por cuencas hidrográficas debeos tener en cuenta aún otra división, pero esta vez serán tres (3) grandes bloques transversales: a- La línea norte costera, donde están nuestras principales ciudades con sus grandes infraestructuras y comunicaciones, b- El bloque agrícola e industrial, donde están nuestras tierra productivas y zonas industriales, c- Las áreas protegidas, parques nacionales, minas, nuestras grandes selvas que están el sur del país. Son estas 3 grandes franjas nuestras áreas de desarrollo.

Esta división en bloques transversales es mucho más coherente que hablar de “regiones”, que es apuntar a una división territorial por grandes hábitats naturales, ésa que se ha venido utilizando conceptualmente desde hace tiempo: caribeña, andina, de los llanos y amazónica, una distribución territorial que se ha usado con intenciones políticas, para insertarnos en los varios foros y organizaciones de desarrollo regional que no han reportado mayores beneficios para el país.

Existen también los argumentos históricos que atestiguan que devenimos de diez provincias de los tiempos de las guerras de independencia: Barcelona, Barinas, Caracas, Coro, Cumaná, Guayana, Maracaibo, Margarita, Mérida y Trujillo. Nuestra bandera ha sido un lienzo donde quedaron asentadas las siete provincias coloniales que suscribieron el Acta de la Independencia, y hay una octava, la de Guayana, agregada por Chávez, en un acto de voluntad como ilusa reencarnación de Simón Bolívar.

El asunto ha sido asumido sin consideraciones firmes sobre los territorios, sus recursos, sus habitantes y sus posibilidades de desarrollo. Las decisiones fueron tomadas por burócratas, desde los distintos ministerios en Caracas, en los distintos gobiernos de turno, y ésa es la razón por la cual nos encontramos con partes del país con mayor desarrollo que otras, algunas tan alejadas y precarias que parecen pertenecer a otra nación.

En la actualidad, se ha privilegiado el elemento electorero y éste ha tenido mayor relevancia que la misma economía de los estados, la planificación se elabora prestando más atención a los centros productivos que a la misma geografía, sobre todo en las actividades extractivas, como la del petróleo y otros recursos mineros. Monagas, Anzoátegui y Sucre son ejemplos claves para entender como los estados se reparten los beneficios de una actividad donde los recursos no hacen caso a los límites políticos-territoriales; igual sucede con las minas de oro y otros minerales estratégicos en el estado Bolívar y Amazonas, el desorden y las competencias se confunden en un caos sin control.

Quienes salimos perdiendo de este estado de anomia somos los venezolanos de a pie, la gran mayoría que no comparte los beneficios y los recursos que explota la camarilla política de partidos y empresas asociadas al poder. Excepcionalmente, se nos otorga la oportunidad de compartir la información y los beneficios de lo que acontece en la explotación de nuestras riquezas naturales; en este sentido, la visión del mundo del socialismo nos ha causado un daño incalculable, la división político-territorial actual está hecha para ver al país como un botín qué expoliar y no como un escenario para el desarrollo; más del 90% de los venezolanos hemos sido excluidos de esta rapacería generalizada en que han convertido a Venezuela.

Estoy seguro de que la confección y la distribución del presupuesto nacional se elabora con base en este país de mentira, que no toma en cuenta la realidad de los venezolanos y que es causante de una de las injusticias más perdurables y perversas de nuestra política; de esta manera, las obras públicas, la educación, la salud, las oportunidades de trabajo, el costo de la vida, se ve rigurosamente afectado por esta pésima distribución territorial, que desconoce nuestro lugar real en el país.

En vez de estar discutiendo los méritos e imperfecciones de los que pretenden el poder, los venezolanos deberíamos estar reordenando nuestro territorio, para una administración más realista y justa, para la reconstrucción de Venezuela, el futuro del país depende de ello.

 

 

 

 



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