Una de las cosas
imperdonables perpetradas por el chavismo durante estos largos años de mandato
totalitario, fue la entrega de nuestros servicios de identificación y
extranjería a los cubanos, conjuntamente con los registros y notarías; en pocas
palabras, la información clave sobre nuestras personas y bienes fue cedida a
nuestros enemigos, al castrocomunismo que, no dudo ni por un instante, debe
tener en algún lugar de ruinosa Habana toda la data de quien es quien en
Venezuela.
Con esos registros,
que todo gobierno responsable debe proteger de intereses extranjeros, pues es
información estratégica, se puede hacer mucho daño al país, pues con ella se
maneja toda la hoja de vida de los ciudadanos, no solo la información personal,
en lo que atañe a su ciclo vital como humano (fecha de nacimiento, lugar, sexo,
estado civil, huella dactilar, firma y fotografía), sino que con los registros
y notarías se controla la información demográfica, decesos, propiedades y
transacciones, empresas y herencias, declaraciones patrimoniales, movimientos
de inversiones, asociaciones, quiebras, posesiones inmobiliarias, lugar, tamaño
y valor de esos bienes, los impuestos que generan… en resumen, tienen copias de
toda la información sobre la vida y el valor patrimonial de cada uno de
nosotros.
En manos de nuestros
enemigos esos expedientes de registro pueden hacer mucho daño, no solo desde el
punto de vista criminal: provocar desfalcos, robos, uso ilícito de nuestra
identidad, venta irregular de nuestros bienes, falsificación de nuestras
firmas… sino pueden hacer algo peor, como venderla en el mercado negro a mafias
y bandas de facinerosos que, entre otras cosas, pueden tasar nuestro valor y tener
idea de por cuánto dinero pueden secuestrarnos, o intercambiar muestra data
como fichas en negocios oscuros, o venderla a corporaciones en la Deep Web como
identidades substitutas en la comisión de otros crímenes, sin que siquiera nos
enteremos.
Las ramificaciones de
la conspiración que podrían montar son abrumadoras y aterradoras, y tratándose
de gobiernos criminales, narcoterroristas, puede que sea su “negocio”, por ello,
mi llamado de alerta para el nuevo gobierno democrático que se debería
instaurar en Venezuela, para que, de inmediato, se proceda al cambio de las
nomenclaturas asignadas a nuestros documentos de identidad y a los expedientes
en registros y notarías.
Esto tiene una
importancia mayúscula, estaríamos evitando un ataque masivo contra nuestra
tranquilidad, como portadores de una identidad, y nuestros bienes. Es probable que
no podamos impedir algunos sucesos, pero eso les haría el camino más difícil y
hasta imposible en caso de que quisieran montar un ciberataque digital contra
nosotros.
Este cambio de
nomenclatura debería hacerse como una tarea prioritaria de los nuevos rectores
del equipo de seguridad e inteligencia del país, por ejemplo, que la numeración
de nuestros documentos de identidad no sea consecutiva, que incluyan letras y
signos, que lo hagan las computadoras con programas aleatorios, que se utilicen
algoritmos para el manejo de la data con diferentes niveles de seguridad, que
se realice en la brevedad posible una campaña nacional de identificación,
cambios de cédulas y pasaportes con los nuevos códigos, lo mismo con los nuevos
códigos de registros de documentos y
expedientes con referencia a los antiguos números.
Ya sabemos por
experiencia propia como estos gobiernos comunistas y militaristas utilizan esta
dará para cometer sus fraudes electorales, expidiendo pasaportes del país a
terroristas fundamentalistas para que no sean identificados en las aduanas,
para apropiarse de bienes torciendo su tradición jurídica, falsificando cuentas
bancarias, registrando empresas fantasmas, resucitando fallecidos, invalidando
transacciones entre empresas y un largo etcétera.
Interviniendo la dará
de identificación y registro, asignándole nuevos códigos invalidaría las
cédulas y pasaportes forjados que andan rodando por el mundo, y pondría un obstáculo
a la documentación que se quisiera utilizar con fines perversos, pero,
principalmente, anularía los respaldos anteriores, impediría el acceso a los
registros y disuadiría la acción delictiva en nuestra contra.
Este tipo de
información es un botín preciado para el enemigo en caso de guerra o una
invasión, pues es un instrumento invaluable para el control de la población.
Nosotros no tuvimos una derrota bélica, que nos habría obligado a entregar tan
valiosa información, los chavistas simplemente le otorgaron las direcciones de
identificación y registros a los cubanos, que estuvieron por mampuesto en todo
tipo de transacciones y que ahora están en retirada; no sabemos si se llevaron
esos respaldos, lo que nos dejaría en una situación de altísima vulnerabilidad.
Nuestra nacionalidad
ha sido utilizada para los más oprobiosos crímenes, personas de toda laya dicen
ser venezolanos y lo prueban con documentos forjados u obtenidos por la
inteligencia cubana, no solo para complicar los procesos penales, sino para
poner en entredicho nuestra imagen como nación. Una muestra personal de lo que
hablo, es que mi actual cédula de identidad está validada por la firma de uno
de los Flores que pertenece a la familia de notables narcoterroristas y que
tenían el control de estos procesos. Los culpables de esta cesión servil de
información tan delicada deberían ser castigados con la pena máxima.

No hay comentarios:
Publicar un comentario