martes, 27 de enero de 2026

La codificación de nuestra identidad, por Saúl Godoy Gómez

 



Una de las cosas imperdonables perpetradas por el chavismo durante estos largos años de mandato totalitario, fue la entrega de nuestros servicios de identificación y extranjería a los cubanos, conjuntamente con los registros y notarías; en pocas palabras, la información clave sobre nuestras personas y bienes fue cedida a nuestros enemigos, al castrocomunismo que, no dudo ni por un instante, debe tener en algún lugar de ruinosa Habana toda la data de quien es quien en Venezuela.

Con esos registros, que todo gobierno responsable debe proteger de intereses extranjeros, pues es información estratégica, se puede hacer mucho daño al país, pues con ella se maneja toda la hoja de vida de los ciudadanos, no solo la información personal, en lo que atañe a su ciclo vital como humano (fecha de nacimiento, lugar, sexo, estado civil, huella dactilar, firma y fotografía), sino que con los registros y notarías se controla la información demográfica, decesos, propiedades y transacciones, empresas y herencias, declaraciones patrimoniales, movimientos de inversiones, asociaciones, quiebras, posesiones inmobiliarias, lugar, tamaño y valor de esos bienes, los impuestos que generan… en resumen, tienen copias de toda la información sobre la vida y el valor patrimonial de cada uno de nosotros.

En manos de nuestros enemigos esos expedientes de registro pueden hacer mucho daño, no solo desde el punto de vista criminal: provocar desfalcos, robos, uso ilícito de nuestra identidad, venta irregular de nuestros bienes, falsificación de nuestras firmas… sino pueden hacer algo peor, como venderla en el mercado negro a mafias y bandas de facinerosos que, entre otras cosas, pueden tasar nuestro valor y tener idea de por cuánto dinero pueden secuestrarnos, o intercambiar muestra data como fichas en negocios oscuros, o venderla a corporaciones en la Deep Web como identidades substitutas en la comisión de otros crímenes, sin que siquiera nos enteremos.

Las ramificaciones de la conspiración que podrían montar son abrumadoras y aterradoras, y tratándose de gobiernos criminales, narcoterroristas, puede que sea su “negocio”, por ello, mi llamado de alerta para el nuevo gobierno democrático que se debería instaurar en Venezuela, para que, de inmediato, se proceda al cambio de las nomenclaturas asignadas a nuestros documentos de identidad y a los expedientes en registros y notarías.

Esto tiene una importancia mayúscula, estaríamos evitando un ataque masivo contra nuestra tranquilidad, como portadores de una identidad, y nuestros bienes. Es probable que no podamos impedir algunos sucesos, pero eso les haría el camino más difícil y hasta imposible en caso de que quisieran montar un ciberataque digital contra nosotros.

Este cambio de nomenclatura debería hacerse como una tarea prioritaria de los nuevos rectores del equipo de seguridad e inteligencia del país, por ejemplo, que la numeración de nuestros documentos de identidad no sea consecutiva, que incluyan letras y signos, que lo hagan las computadoras con programas aleatorios, que se utilicen algoritmos para el manejo de la data con diferentes niveles de seguridad, que se realice en la brevedad posible una campaña nacional de identificación, cambios de cédulas y pasaportes con los nuevos códigos, lo mismo con los nuevos códigos  de registros de documentos y expedientes con referencia a los antiguos números.

Ya sabemos por experiencia propia como estos gobiernos comunistas y militaristas utilizan esta dará para cometer sus fraudes electorales, expidiendo pasaportes del país a terroristas fundamentalistas para que no sean identificados en las aduanas, para apropiarse de bienes torciendo su tradición jurídica, falsificando cuentas bancarias, registrando empresas fantasmas, resucitando fallecidos, invalidando transacciones entre empresas y un largo etcétera.

Interviniendo la dará de identificación y registro, asignándole nuevos códigos invalidaría las cédulas y pasaportes forjados que andan rodando por el mundo, y pondría un obstáculo a la documentación que se quisiera utilizar con fines perversos, pero, principalmente, anularía los respaldos anteriores, impediría el acceso a los registros y disuadiría la acción delictiva en nuestra contra.

Este tipo de información es un botín preciado para el enemigo en caso de guerra o una invasión, pues es un instrumento invaluable para el control de la población. Nosotros no tuvimos una derrota bélica, que nos habría obligado a entregar tan valiosa información, los chavistas simplemente le otorgaron las direcciones de identificación y registros a los cubanos, que estuvieron por mampuesto en todo tipo de transacciones y que ahora están en retirada; no sabemos si se llevaron esos respaldos, lo que nos dejaría en una situación de altísima vulnerabilidad.

Nuestra nacionalidad ha sido utilizada para los más oprobiosos crímenes, personas de toda laya dicen ser venezolanos y lo prueban con documentos forjados u obtenidos por la inteligencia cubana, no solo para complicar los procesos penales, sino para poner en entredicho nuestra imagen como nación. Una muestra personal de lo que hablo, es que mi actual cédula de identidad está validada por la firma de uno de los Flores que pertenece a la familia de notables narcoterroristas y que tenían el control de estos procesos. Los culpables de esta cesión servil de información tan delicada deberían ser castigados con la pena máxima.

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