Existe un organismo en Venezuela llamado Comisión Nacional
de Telecomunicaciones (CONATEL) que controla las comunicaciones de los medios
radioeléctricos, incluyendo internet, su función va mucho más allá de
supervisar a las empresas de telefonía, radio y televisión, asignación de
bandas en el espectro radioeléctrico, cumplimiento de permisos, licencias,
equipamiento, cobertura de señales, horarios de servicio, contenido, en pocas
palabras, se trata de una institución gubernamental cuyo propósito es servir de
garante al gobierno central y a la ciudadanía, de que entes públicos y privados
cumplan con las leyes y la constitución al momento de transmitir señales para
las comunicaciones.
Una institución técnica de esta naturaleza debería cumplir
para que las comunicaciones en nuestro país fluyeran de la manera más eficiente
y menos costosa posible, tal y como lo declara su documento constitutivo, que
todo el país estuviera cubierto por sus distintas redes para unir a las
personas en sus tareas diarias de trabajo, entretenimiento, información y
producción de riqueza, que no exista en nuestro país áreas oscuras sin señal de
cualesquiera de sus emisiones, lo que garantizaría un ciudadano informado,
conectado y disponible para las eventualidades propias de un país en
desarrollo.
Pero la naturaleza misma del chavismo, esa ideología de
izquierda autoritaria y militarista, revolucionaria y criminal, ha hecho de
este servicio algo muy distinto, en vez de ser una herramienta para el progreso
y el fortalecimiento de las instituciones, lo han convertido en un gigantesco
aparato de espionaje, buscando conspiraciones, disensos, críticas, y el embrutecimiento de la
colectividad, promoviendo campañas de terror, señalando a traidores, violando
la privacidad de las comunicaciones de los ciudadanos, y de esta manera
ralentizando las actividades productivas y de construcción de una economía
próspera.
Es uno de los organismos con más poder en el país, bajo la
tesis de quien rige las comunicaciones, controla la opinión pública, y ya entramos
en un territorio que atañe al poder político en cualquier tipo de gobierno, sea
este democrático o no, afecta de manera directa las relaciones entre las
instituciones del gobierno y del mundo privado.
Piénsese a manera de ejemplo en el flujo de data que pudiera
darse entre los bancos en un día cualquiera de actividad comercial y
financiera, les da una idea del poder que tendría CONATEL sobre esa
información, que aunque su mayor parte estaría cifrada y protegida por códigos
muy poderosos, quienes sirven a esas redes deben responder ante su autoridad y
contestar cualquier solicitud que requiera.
Además, su actividad cubre un aspecto policial y de
investigación que sitúa a este organismo en el tope superior del poder y
control, pues tiene la capacidad y está autorizado en la intervención en las
comunicaciones en el país, y pudiera ver, escuchar, leer, grabar, descifrar,
publicar y utilizar la información obtenida en secreto (por medio del
espionaje) para fines de seguridad nacional, como de hecho lo ha ejecutado
aplicando la “ley mordaza”lo cual no debe sorprendernos, pues es común en todos
los países del orbe, con pequeñas diferencias en el protocolo de acceso, que no
pocas veces requieren de órdenes judiciales u otros permisos para hacerlo de
manera legal.
De esta manera CONATEL sería la reencarnación del Big Brother orwelliano, que todo lo ve y
todo lo escucha, un poder omnisciente que está allí para proteger a quienes
detentan el poder, dependería de la catadura y formación de estos hombres y
mujeres que operan la institución para que abusen o no de tal poder para
beneficio propio.
El otro aspecto que quiero destacar, es que esta actividad
controladora de las comunicaciones depende en gran parte en los avances
tecnológicos, existen sistemas muy poderosos, manejados con supercomputadoras e
Inteligencia Artificial y una plantilla de expertos en informática y
telecomunicaciones que trabajan muy de cerca con quienes diseñan y manufacturan
estos equipos y programas, para sacarles el provecho adecuado a sus fines, de
esta manera tenemos a los países líderes en estas tecnologías, como lo podrían
ser China y EEUU, por mencionar solo a dos de ellos, que manejan desarrollos y
productos de punta, y que en una red mundial de escuchas y monitoreo, imponen
sus ideologías y sus visiones de seguridad sobre el resto del mundo.
De allí que tengamos que convivir con organizaciones tan
poderosas como la NSA norteamericana o sus pares chinos, rusos o israelíes, entre
otros muchos y que constituyen el corazón de los aparatos de inteligencia, que
son quienes le suministran al resto del mundo la tecnología de las
telecomunicaciones y quienes tienen las llaves que abren todas estas cajas de
Pandora.
Si imaginamos el lugar que ocupa CONATEL en ese particular
mundo de la vigilancia masiva, creo que estaría más hacia el fondo de la cadena
alimenticia de la información, pero aún allí, han estado estos últimos 26
largos años controlando de manera salvaje las comunicaciones en nuestro país, censurando
sitios web, acusando a usuarios de Twiter, realizando ciberataques en contra de
páginas de investigación periodística, gracias a la contribución de la
tecnología China principalmente, desarrollada para controlar a cada uno de sus
ciudadanos y tenerlos bajo control estatal, y en el caso Venezuela, bajo los
terroríficos postulados del pensamiento único y la hegemonía comunicacional.
Durante este largo y tortuoso reinado del chavismo en
Venezuela, los directores de CONATEL han sido principalmente militares, expertos
en inteligencia o comisarios políticos del partido PSUV empeñados en el aspecto
de seguridad del régimen, buscando conspiradores hasta debajo de las piedras y
con una tendencia paranoica cuyo resultado han sido unos gruesos expedientes y
unos tortuosos procesos de víctimas, principalmente entre periodistas y dueños
de medios, empresarios, líderes políticos de la oposición, personal diplomático
acreditado en el país… con el boom de las redes sociales el objetivo se amplió
y abarcó venezolanos en el exterior que se atrevieron a convertirse en
“influencers” y denunciaban abusos por parte de la claque
socialista-bolivariana, ya convertida en la nueva burguesía del país.
A la pregunta de ¿Qué tipo de mentalidad puede tener un
funcionario que de manera anónima, a buen resguardo y utilizando alta
tecnología para leer la correspondencia privada de los ciudadanos con el fin de
apresarlos, acusarlos de traición y luego desparecerlos y torturarlos para que
digan exactamente lo que estos funcionarios creen? La ciencia del comportamiento
humano tiene solo una respuesta, son unos sociópatas peligrosos.
Luego del bombardeo del 3 de Enero de este año sobre Caracas
y alrededores, por parte de fuerzas militares norteamericanas, el arresto de
Nicolás Maduro y su esposa, y la imposición de un período de administración
especial sobre el país, el presidente Donald Trump extrañamente, ha permitido
que CONATEL siga en manos de factores del chavismo, personas con una hoja de
servicio fieles a la revolución totalitarista, antidemocráticos y con
intenciones de continuar con su labor de terror y violación de la privacidad
sobre la sociedad venezolana, prosiguiendo con la censura y los “black-outs” de
nuestros principales canales de comunicaciones, alimentando el miedo a la libre
expresión tan necesario en el actual proceso de reconstrucción del país con
miras a unas elecciones libres y democráticas.
La desagradable revisión de nuestros teléfonos celulares por
parte de funcionarios policiales y colectivos armados, en alcabalas y
operativos de seguridad, en busca de información política comprometedora, es
una clara herencia del CONATEL que los venezolanos de bien queremos desterrar
para siempre, esa institución a debido ser la primera en protestar por estos
abusos de autoridad y poner en cintura a estos agentes del caos.
Estoy seguro de que se trata apenas de una omisión
circunstancial por parte de los funcionarios norteamericanos encargados de
manejar este período de transición, pues es bien sabido la necesidad del
venezolano, de toda persona humana, en comunicar sus impresiones y pareceres al
momento de recuperar su libertad y con miras a reestablecer la
institucionalidad perdida.

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