viernes, 12 de junio de 2026

Hablemos de la IA, por Saúl Godoy Gómez


La Inteligencia Artificial (IA) es un tema que me toca muy de cerca por varias razones, como lector y autor de relatos de ciencia ficción, como seguidor de las tesis transhumanistas, como crítico de las propuestas globalistas, como sociólogo y filósofo amateur, como estudioso de las comunicaciones, como usuario de los medios digitales y por último, pero no por ello menos importante, como un humanista clásico que ve con mucha preocupación como el mundo se embrutece a medida que avanza tecnológicamente (¡vaya paradoja!), una carrera de ciegos, directo al desastre.

No quiero pasar como Ludita o enemigo de la IA, todo lo contrario, me parece una de las herramientas tecnológicas más avanzadas que existen, y que bien utilizada reporta grandes beneficios para la humanidad, pero veo con alarma los desarrollos, tendencias, opiniones y hechos, que me han hecho ver el futuro con preocupación.

Empiezo por decirles que comparto la opinión de la experta en IA, la doctora Kate Crawford expresada en su libro, Atlas de Inteligencia Artificial. Poder, político y costos planetarios, que define la Inteligencia Artificial de la siguiente manera:

“…la IA no es una innovación tecnológica neutral u objetiva ni una fuerza espectral o incorpórea, sino una verdadera industria de extracción global. De hecho, la creación de los sistemas de IA contemporáneos, dependen de la explotación de los recursos energéticos y minerales del planeta, de la mano de obra barata y de los datos a gran escala… impulsa un cambio hacia gobiernos antidemocráticos, una mayor desigualdad y enormes daños medioambientales… La IA no es artificial ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea, como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística, historias y clasificaciones. Los sistemas de IA no son autónomos, racionales ni capaces de discernir algo sin un entrenamiento extenso e intensivo”. Se trata de sistemas diseñados para servir a los intereses dominantes ya existentes: son, finalmente, un certificado de poder”.

Ya de entrada me ubico en el incómodo bando de una minoría que alerta sobre unas consecuencias que ya estamos sintiendo, esto, a pesar de los enormes avances de la IA asociada a la robótica, que ha logrado que personas incapacitadas para caminar o ver, lo hagan de nuevo, o poder realizar intervenciones quirúrgicas de una gran exactitud en zonas del cuerpo que antes eran imposibles, o resolver problemas matemáticos que se creían insolubles,u observar zonas del espacio sideral que hasta hace poco estaban fuera de nuestro alcance… son contadas las parcelas de nuestras vidas que no hayan sido tocadas, y muchas veces mejoradas por la inteligencia artificial, incluyendo actividades productivas, educativas, de entretenimiento, transporte, etc…

Pero igual que Jano, el dios griego de dos caras, el anverso de la IAcontrar lo podemos en el desarrollo de armas para la destrucción, sobre todo el de armas autónomas que ya tienen poder de decisión propia, sin necesidad de un operador humano en los campos de batalla, o el del control poblacional por medio de sistemas de reconocimiento facial asociados a extensas bases de datos para labores de vigilancia y seguimiento, pero que también pueden ser usados para manipular elecciones, o el de la creación artística o investigaciones académicas, donde la IA ha resultado perturbadoramente eficiente al momento de generar “productos” que compiten deslealmente con los de los humanos.

Me resulta particularmente incomodo cuando amigos manipulan nuestras imágenes en sus aparatos digitales y crean situaciones y momentos que nunca existieron, creando mundos paralelos donde todo es posible, y con estas capacidades, toda una serie de actividades ilícitas se aprovechan de robos de identidad, apropiación de cuentas, destrucción de reputaciones y secuestro de data. La mentira y los “fake news”, son cosas de todos los días, la IA hace magia con la diseminación de ideologías, entre ellas, muchas que fomentan el odio y la discriminación.

Esta manifestación de la IA bajo una luz negativa, la de la mentalidad extractiva que atribuimos a las empresas que la han desarrollado, y que según el filósofo español José María Lasalle corresponden a una tendencia nihilista, atribuida al capitalismo tardío, no corresponden a la realidad de quienes tienen a su cargo el desarrollo de esta potente herramienta, yo no creo que personas como el Sr. Musk, el Sr. Bezos, el Sr. Zuckerberg o el Sr. Gates, para nombrar a unos pocos de los responsables del desarrollo de la IA,  quienes han arriesgado capitales y trabajo para lograrlo, tengan dentro de sus planes un mundo gobernado por máquinas que se han independizado de sus creadores y que se dediquen a oprimirlo.

Si bien hay desarrollos a los que hay que vigilar y controlar para que no se salgan de control, la idea de que el hombre pueda otorgarle consciencia a cosas inanimadas, desarrollar una inteligencia superior en capacidades a la humana, abre una amplia avenida a un futuro promisor donde la IA descargará a los hombres de las tareas más ingratas para permitirle el tiempo y la dedicación al avance de la humanidad hacia un nuevo tiempo.

Un amigo tuvo recientemente una experiencia que ilustra claramente cómo funciona la IA en el mundo, a mi amigo le gusta competir en diversas carreras de vehículos rústicos por el mundo, ha viajado y viaja constantemente por lo menos tres meses al año a lugares apartados que ni siquiera aparecen en el mapa, su equipo tuvo un aparatoso accidente en la costa africana, de noche, y lamentablemente fueron robados de todas sus pertenencias, cuando despertaron tuvieron que caminar medio día hasta dar con una estación de policía, allí gracias a una conexión de internet pudo bajar de la nube copia de toda su documentación personal y bancaria, desde su pasaporte, cartillas de salud, licencias de conducir, permisos y copias de todas sus tarjetas de crédito con los que no solo pudo detener un desfalco a sus cuentas, sino que le permitió continuar la competencia con una copia de su pasaporte, en menos de 24 horas.

Estar “conectado” es hoy casi que una necesidad ya que el mundo se ha convertido en una gigantesca red de plataformas de comunicación en la que no hay límites, excepto donde no hay señal de las líneas de teléfono, de los cables submarinos, de los satélites desde el espacio, que están constantemente verificando nuestra presencia en el planeta, y con nuestra clave, toda nuestra vida, documentada al detalle, con posibilidad al instante de ser verificada, traducida y reproducida. Esta densa capa de información digital que permite que nuestros hogares sean “inteligentes”, que nuestros vehículos sean autónomos, que podamos consultar un Chatbot de nuestro seguro médico o hacer una compra en línea o ser un usuario del sistema 6G en nuestro móvil celular, requieren de una estructura de IA de múltiples niveles y estos, de un soporte material y de recursos naturales que desafían la imaginación.

En los últimos estudios generados en los centros financieros, las empresas dedicadas a la IA y sus asociados generarán 4.4 trillones de dólares en la economía mundial, uno de los segmentos de más rápido crecimiento liderados principalmente por Estados Unidos y China, concentrados en una veintena de empresas de alta tecnología que acaparan lo más productivo de este mercado, que son las tecnologías militares, de seguridad, telecomunicaciones, medicina y espaciales.

Estas empresas tecnológicas son tan grandes y poderosas que están a un paso de controlar la economía mundial y su influencia es tal, que nuestros estilos de vida dependen de ellas, sus intereses abarcan tantas especialidades y sectores en donde participan otras muchas empresas subsidiarias y asociadas que conforman una constelación de relaciones que viven de esa necesidad de cohabitación, hoy tan fundamental, del hombre con las máquinas.

Es importante no perder de vista que el núcleo central de la Inteligencia Artificial es poder comunicarnos con las máquinas para lograr que ellas hagan el trabajo por nosotros, por lo general el trabajo repetitivo, peligroso, duro y que requiere de precisión, esto se logra por medio del lenguaje para máquinas o instrucciones que llamamos algoritmos, una rama de las matemáticas que funciona a base de modelos, de acuerdo a los requerimientos de la tarea.

Desde la prehistoria de la IA, en tiempos de Alan Turing, durante la Segunda Guerra Mundial, esta rama del conocimiento ha evoluionado de manera constante y exponencial, hay diferentes modelos, los más elementales son los generativos que se basan en sistemas neurales, los hay que procesan el lenguaje natural que funcionan con textos o con segmentación de imágenes, también están los multimodales, los LLM que son más especializados para la industria manufacturera.

Las nuevas IA generativas son capaces de hacer cálculos enormes que un grupo humano tardaría meses en terminarlo, los procesadores digitales pueden hacerlo en fracciones de segundos, hay modelos que abarcan grandes cómputos como los que utiliza la NASA para calcular la órbita lunar de sus naves, o los que mantienen en equilibrio a los aviones de combate a velocidades de Match2 durante maniobras evasivas, y que actúan en tiempo real, permitiendo que todos sistemas de vuelo funcionen a la perfección, hay modelos grandes y pequeños, para tareas puntuales o para grandes despliegues de tareas simultáneas, y ya existen modelos que aprenden de la experiencia como los que se utilizan en los juegos de video de alta complejidad.

En estos momentos se están desarrollando las primeras procesadoras cuánticas, que ya es un medio mucho más avanzado para resolver problemas que requieren de cómputos masivos de data, como serían la creación de nuevos y más avanzados materiales, y que permitiría novísimas simulaciones y combinaciones con otros nuevos elementos y en ambientes extremos como el de la microgravedad, las extraordinarias propiedades de los “qubits” harían posibles cálculos que tomarían años para la tecnología digital actual y que son necesarios para el manejo del clima, de las estructuras de las corrientes marinas o del comportamiento de galaxias enteras.

La IA está incursionando con éxito incluso en los procesos de toma de decisiones, en el caso de la televisión por “streaming”, pueden recomendar programación, ayudan a elegir en las compras on-line, proponen rutas alternas en los GPS de nuestros vehículos, deciden por nosotros al momento de que en nuestra nevera falten algunos productos, y si están autorizados y conectados, pueden ordenar directamente la compra en el supermercado, muy pronto esta modalidad, de algunos artefactos puedan  decidir por nosotros abarcaran otros espacios y materias, que casa comprar, que tipo de novia buscar, que vecinos y amistades nos convienen, son funciones humanas complejas y delicadas en su resultado.

Pero esta forma de vida, conviviendo con la IA tiene un precio, que hoy ya empezamos a pagarlo, la robótica y la automatización de los procesos productivos le han dado un duro golpe a la fuerza laboral de los países del mundo, cada vez hay más desempleo y la necesidad de capacitar a más trabajadores en nuevos oficios, la desigualdad social también ha aumentado, mucha gente se queda al margen de estos adelantos y posibilidades de acceder a los servicios básicos, hay una creciente dependencia en estos recursos digitalizados algunos de ellos afectando de manera importante las habilidades de socialización de las personas y aumentando los riesgos del aislamiento y la soledad.

Si bien la vida se ha vuelto más cómoda, hay ciertos aspectos de la cotidianidad que se han visto modificados, por ejemplo, las transacciones económicas con dinero digital o dinero plástico, que han impulsado las nuevas formas de crédito y de consumo, la economía en general se ha tornado etéreas y tendentes a una nueva forma de crédito controlados por las empresas financieras y los órganos de estado, como sería el caso de China donde las asignaciones de cupos para transporte o las oportunidades de educación superior más bien parecen premios al buen comportamiento que al esfuerzo de la persona, la supervigilancia y el control masivo de la población son cada vez más completos,  en occidente la información personal se extrae sin permiso y se comercializa creando una importante brecha en la privacidad de las personas, la administración del estado se ha hecho más omnipresente, afectando parcelas de libertades que anteriormente estaban fuera de su alcance.

Ya se registran dependencias de pacientes a las consultas en los servicios médicos automatizados, problemas de desavenencias con líneas de apoyo emocional manejadas por IA, incluso casos de suicidios entre adolescentes aferrados a sitios para ayuda en momentos de crisis, hay todo un vacío regulatorio sobre este tipo de servicios para el manejo de conflictos que una IA no tiene la capacidad de resolver todavía, pero también se ha descubierto un gran atractivo para personas que no soportan las vacilaciones, dudas, discurso ilógico y debilidad argumenal de otras personas reales, y prefieren, las narrativas seguras y reflexivas de estos personajes ficticios, que les hablan desde una máquina así no tengan la razón.

Pero es en el sector educativo donde encuentro importantes motivos de preocupación, Aaron Maclein un educador norteamericano escribió un interesante ensayo de porque los jóvenes no deberían utilizar la IA en su proceso educativo, y las razones que aduce son impecables, el uso de la IA afecta drásticamente nuestra capacidad de razonar, lo empobrece, lo atrofia… según Maclein hay un problema básico del pensamiento cuando una persona alega que sabe lo que quiere decir pero no tiene palabras para expresarlo, es claro que si esto sucede, no sabe lo que quiere decir porque no puede pensarlo, y se piensa con palabras, por lo que leer y escribir se hacen fundamentales para entrenar al cerebro a pensar; escribir y pensar es prácticamente lo mismo.

La IA se ocupa de buscar, coleccionar, organizar y resumir el contenido de un gran número de publicaciones de los cuales hace resúmenes, muchos de ellos en un lenguaje muy básico y sin ninguna consideración humana fuera de los textos que reproduce, si la IA se alimenta de la producción intelectual humana, el día que dejemos de escribir ideas originales, ese día solo dispondrá de lo que otras IA han coleccionado, la cultura digital se hará cada vez más pobre y el hombre más idiota. Gracias a que leemos y escribimos hemos podido generar una cultura y hacernos humanos, pero leer y escribir no es fácil, es trabajoso y toma mucha práctica para hacerlo bien, el atajo que nos brinda la IA no es el más confiable para el desarrollo humano.

Dejo para otros artículos sobre el tema el costo ambiental de la IA en el planeta, un tema que muchas personas prefieren obviar y que es de interés para nosotros los venezolanos, teniendo en cuenta de que en nuestro país contamos con casi todos los elementos para el desarrollo inmediato de productos y procesos para una IA robusta, el tema de los sentimientos y emociones replicados en la IA y que pretende desplazar la relación humana en la ecuación, y la posibilidad de que en un futuro no muy lejano pudiera crearse un “cyborg” como el eslabón necesario para conseguir la inmortalidad.

 

 

 

 

 

 

 

  



No hay comentarios:

Publicar un comentario