
Pensando en lo
complejo la situación política y social en Venezuela, luego de los sucesos del pasado
03 de enero, y tratando de poner en contexto las diferentes piezas de nuestro
rompecabezas existencial, me puse a ver una serie de televisión, de la
plataforma Hulu, titulada en inglés “Dopesick” (2021), que es como los
norteamericanos les dicen a los devastadores efectos del síndrome de
abstinencia, cuando un paciente es tratado por adicción a alguna substancia de
la cual depende.
Es la historia, basada
en hechos reales, de una feroz batalla, entre una poderosa industria
farmacéutica y las agencias federales del gobierno de Estados Unidos, por
controlar una epidemia de drogadicción general desatada por la introducción de
un potente analgésico, el OxyContin, con base a opioides (el opio y la heroína
lo son), pero viene disfrazado de un inofensivo medicamento contra el dolor. La
escogí porque soy un admirador del trabajo de actuación de Michael Keaton, a
quien considero uno de los mejores en su oficio, y se la recomiendo; es una
historia muy bien contada y que, de una manera muy particular, me hizo
reflexionar sobre la encrucijada en la que nos encontramos los venezolanos.
Una de las cosas que
me hizo caer en cuenta con esta miniserie es que las instituciones en Estados
Unidos funcionan, puede que sus acciones tarden, sobre todo si son manipuladas
y engañadas, puede que en ese interín haya víctimas y se produzca un daño a la
sociedad, puede incluso que la corrupción y el dinero traten de desviar las
investigaciones y los resultados, pero al final se hará justicia, no tanto en
el sentido de las fábulas con fines morales donde los héroes salen sin un
rasguño y la felicidad será desbordante, en esta historia abundan las víctimas
y los caídos de bando y bando, el resultado nos muestra un camino lleno de
almas rotas… pero la sociedad se salva.
Haciendo un símil con
nuestra realidad, Venezuela venía sufriendo desde hace mucho tiempo de una
adicción ideológica al pensamiento de izquierda, no solo con el chavismo,
anterior a la insurgencia de esos militares, ese mundo de fantasía basado en
términos como la justicia social, la igualdad, el colectivismo y la figura de
un estado gigante, fuerte y autoritario, paternalista y justo distribuidor, ya
venía haciendo estragos en nuestro concepto de la realidad y disfrazado de
democracia, y desde hacía décadas ya estaban en el ambiente todos los elementos
de alarma, actuando en nuestra contra, la guerrilla, la revolución cubana, la
perversa ecuación socialista de mantener al pueblo hambreado, ignorante y
dependiente como fórmula para la paz social…
Los partidos políticos
ya venían envenenados de marxismo-leninismo y fogueados en la resistencia
activa y armada contra las dictaduras, la iglesia estaba tocada por idea de la
liberación del colonialismo y de la explotación capitalista, las élites y la
intelectualidad estaban imbuidos en el humanismo europeo, con fuertes trazas
del existencialismo sartreano y muy poco del componente analítico anglosajón; en
ese peligroso coctel de dogmas surgió la posibilidad de hacer negocios con el
narcotráfico, éramos productores de la materia prima, de los precursores, la
hoja de coca, de la marihuana, del peyote… producir las flores de amapola se
nos dio fácil, los campos y montañas eran del pueblo y teníamos al mayor
mercado del mundo a un tiro de piedra.
Al igual que en la
serie televisiva de Dopesick, se desarrolló en las propias entrañas de la
sociedad el cartel o sindicato que manejaría el negocio, en el caso de la serie,
el cartel era una de las farmacéuticas más poderosas en el negocio, la empresa
Purdue Pharma, perteneciente a la familia Sackler, que decidió lucrarse a costa
de la salud pública desarrollando un supuestamente efectivo medicamento contra
el dolor, que en realidad era una droga super adictiva y que creo una situación
de graves consecuencias sociales, lo que pudo mantener durante unos años
gracias a sus prácticas ilícitas de comprar y falsificar resultados, corromper a funcionarios, comprar médicos y
engañar al público con campañas malintencionadas. En el caso venezolano, fue el
propio gobierno del presidente Chávez el que se convirtió en el super-cartel
que manejaría no solo drogas sino petróleo, oro, dinero corrupto y otros
elementos que lo harían la mayor organización criminal del continente.
El paralelismo en la
historia comienza en el disfraz que usaron ambos carteles, estaban obligados a
mantener una fachada institucional, profesional y seria que les permitiera
cometer sus crímenes amparados en una imagen y un discurso que los distanciara
de sus verdaderos propósitos. En el caso de la empresa Purdue Pharma, era el
prestigio de la familia Sackler, los más importantes contribuyentes a las
causas del arte y la academia; la empresa se envolvió en el discurso de acabar
con el dolor humano y hacer la vida más digna, su producto, el OxyContin era la
panacea para combatir los dolores que más aquejaban al ser humano, pero en las
calles la gente que lo usaba quedaba atrapada en una terrible adicción que los
degradaba y los hacía cometer terribles crímenes.
En el caso del
chavismo, el estamento militar se convirtió en la punta de lanza de un
movimiento socialista-revolucionario que abogaba por un nuevo orden mundial,
por un país más justo y humanista, dedicando los enormes recursos petroleros
del país a programas sociales dirigidos a la atención de los más necesitados,
una conveniente pantalla para ocultar el saqueo de los dineros públicos más
salvaje e inmoral del que se tenga memoria en el mundo entero. Chávez, junto a
sus compinches del socialismo internacional, habían decidido que la mejor
manera de camuflar sus actividades ilícitas: tráfico de drogas, lavado de
dinero, corrupción, elecciones fraudulentas, financiamiento a grupos
terroristas, compra de conciencias en organismos internacionales, tráfico
humano… era presentarse como representantes de un gobierno legítimo, como parte
de la comunidad internacional con voz y voto en los foros mundiales, soberano y
con la moral del revolucionario que buscaba la paz y la concordia en un mundo
multipolar.
En ambos casos, tanto
con el chavismo como con la empresa Purdue Pharma, el interés era hacerse con
el mercado del país más poderoso del
mundo, los Estados Unidos, burlar sus leyes, corromper sus instituciones y
hacerse con el dinero mal habido, que lavaban en los bancos con argucias de
todo tipo, mientras dañaban al pueblo norteamericano, y esto lo pudieron hacer
durante un tiempo, el suficiente para que las instituciones norteamericanas se
dieran cuenta de la situación y actuaran para corregir el entramado. Aquí me
detengo para hacer una observación, el gobierno norteamericano, su sistema
jurídico, sus valores democráticos, funcionan porque fueron diseñadas y
construidas para prevalecer sobre las circunstancias más adversas, es un país
pragmático que ha pasado por conmociones civiles, por guerras mundiales, por
terribles situaciones y crisis en las que ha probado su resiliencia, se ha
equivocado y ha aprendido a corregir; se trata de una sociedad en la que
prevalece la importancia de la persona individual, aun cuando el bien común sea
la meta a alcanzar.
Pero en Venezuela,
como en buena parte de Latinoamérica, las ideologías colectivistas han
prevalecido y el populismo ha encontrado tierra fértil, el juicio crítico ha
sido sustituido por slogans y memes que resuelven al hombre común el trabajo de
pensar, la acción se ha delegado en aparatos políticos que se creen dueños de
la voluntad popular o a líderes mesiánicos que dispensan favores desde cortes
que los idolatran; de esta manera, la “unidad” de nuestros representantes es
suficientes para que la política se haya convertido en algo extraño e
irreconocible, eso que termina hablando por nosotros, decidiendo por nosotros… nos
hemos convertido en adictos al socialismo más pedestre, vicioso y amoral de la
historia.
Mientras, en Estados
Unidos las personas importan y hacen escuchar sus voces: eso hace que las
instituciones se activen, que los distintos estamentos del gobierno investiguen
y coordinen esfuerzos para resolver situaciones que se salen de control o para
prevenir amenazas; fue de esta manera que organismos como la DEA, las fiscalías
de los estados, los gobiernos locales, la prensa libre, la misma FDA, que se había
hecho de la vista gorda ante la avalancha de drogas dañinas que Purdue Pharma
introducía en el mercado, tuvieron que activarse y detener el caos social que
esas drogas estaban produciendo.
De la misma manera,
los Estados Unidos tardaron su tiempo en detectar el inminente peligro que un
gobierno como el chavista en Venezuela representaba para su seguridad nacional
y para el orden internacional, pero cuando lo tuvieron claro no dudaron en
actuar para contener el caos, de allí su actuación con la captura de Nicolás
Maduro y el juicio que ahora se le sigue en la ciudad de New York. Pero, como
todavía persiste la amenaza de que Venezuela vuelva a recaer en su adicción al
socialismo y a las fórmulas populistas, porque nuestras riquezas naturales y
nuestra importancia geoestratégica son apetecidas por los enemigos de los
Estados Unidos y porque nuestro estamento político tiene un comportamiento
errático y disfuncional, nos han impuesto un tutelaje hasta nuevo aviso.
En la agenda figura en
primer lugar rescatar nuestro pueblo de la miseria en la que nos tenía sumido
el chavismo, asearnos, alimentarnos, cuidar de nuestra salud es lo prioritario;
luego tenemos que tratar nuestra adicción a la ideología socialista que tanta
desgracia nos ha producido, hay que perseguir y apresar a los traficantes y
capos que todavía quedan enriqueciéndose con nuestra desgracia; pero como muchas
de nuestras instituciones están comprometidas con los criminales, el trabajo se
hace lento y pesado, liberar a nuestros presos políticos es un ejemplo de lo
duro que han sido estos meses sin el jefe del cartel pero con sus esbirros
todavía en el poder.
Rescatar nuestra
economía, adecentar nuestro medio de vida, activar la producción de bienes y
servicios nacionales es también una prioridad. Los vendedores de droga, los
violentos, los terroristas, todavía andan por sus fueros queriendo retornar a
sus viejas prácticas, tratando de convencernos de que con ellos se vivía mejor,
nuestra clase política está otra vez vistiendo sus galas y oliendo a perfume
para tratar de convencernos de que con la unidad, el perdón y la participación
de todos un nuevo comienzo es posible, los enemigos de los Estados Unidos andan
rondando el país para aprovechar la fiesta de la redención… estamos en pleno
proceso de desintoxicación ideológica y quieren volver a vendernos drogas de
todo tipo, ideológicas, económicas, religiosas, sociales…
Como a todo adicto, el
proceso de desintoxicación y de recuperación física y mental toma su tiempo, no
es inmediato, por eso se usan otras drogas, como es el caso de la metadona en
la recuperación de adictos al OxyContin para tratar esas adicciones, y puede
haber un retroceso si por desgracia hay en nuestros grupos de apoyo vendedores
de drogas infiltrados, que retrasan y hasta impiden el proceso de sanación.
El paciente sometido a una cura de su adicción se desespera, se impacienta, algunos abandonan el tratamiento y vuelven a recaer en las drogas, para muchos eso sería fatal pues están tan debilitados que simplemente, mueren. Se necesita una enorme fuerza de voluntad y un compromiso con la vida para salir adelante, se requiere de un buen vecino, de un verdadero aliado para que nos acompañe en esta terrible prueba, que si resulta, y todo pareciera indicar que así será, tendremos paz, prosperidad y una relación de cordialidad y mutua asistencia, la serie de Dopesick es un buen ejemplo de lo que les digo, no se la pierdan.
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