miércoles, 24 de junio de 2026

Un país de adictos, por Saúl Godoy Gómez


Pensando en lo complejo la situación política y social en Venezuela, luego de los sucesos del pasado 03 de enero, y tratando de poner en contexto las diferentes piezas de nuestro rompecabezas existencial, me puse a ver una serie de televisión, de la plataforma Hulu, titulada en inglés “Dopesick” (2021), que es como los norteamericanos les dicen a los devastadores efectos del síndrome de abstinencia, cuando un paciente es tratado por adicción a alguna substancia de la cual depende.

Es la historia, basada en hechos reales, de una feroz batalla, entre una poderosa industria farmacéutica y las agencias federales del gobierno de Estados Unidos, por controlar una epidemia de drogadicción general desatada por la introducción de un potente analgésico, el OxyContin, con base a opioides (el opio y la heroína lo son), pero viene disfrazado de un inofensivo medicamento contra el dolor. La escogí porque soy un admirador del trabajo de actuación de Michael Keaton, a quien considero uno de los mejores en su oficio, y se la recomiendo; es una historia muy bien contada y que, de una manera muy particular, me hizo reflexionar sobre la encrucijada en la que nos encontramos los venezolanos.

Una de las cosas que me hizo caer en cuenta con esta miniserie es que las instituciones en Estados Unidos funcionan, puede que sus acciones tarden, sobre todo si son manipuladas y engañadas, puede que en ese interín haya víctimas y se produzca un daño a la sociedad, puede incluso que la corrupción y el dinero traten de desviar las investigaciones y los resultados, pero al final se hará justicia, no tanto en el sentido de las fábulas con fines morales donde los héroes salen sin un rasguño y la felicidad será desbordante, en esta historia abundan las víctimas y los caídos de bando y bando, el resultado nos muestra un camino lleno de almas rotas… pero la sociedad se salva.

Haciendo un símil con nuestra realidad, Venezuela venía sufriendo desde hace mucho tiempo de una adicción ideológica al pensamiento de izquierda, no solo con el chavismo, anterior a la insurgencia de esos militares, ese mundo de fantasía basado en términos como la justicia social, la igualdad, el colectivismo y la figura de un estado gigante, fuerte y autoritario, paternalista y justo distribuidor, ya venía haciendo estragos en nuestro concepto de la realidad y disfrazado de democracia, y desde hacía décadas ya estaban en el ambiente todos los elementos de alarma, actuando en nuestra contra, la guerrilla, la revolución cubana, la perversa ecuación socialista de mantener al pueblo hambreado, ignorante y dependiente como fórmula para la paz social…

Los partidos políticos ya venían envenenados de marxismo-leninismo y fogueados en la resistencia activa y armada contra las dictaduras, la iglesia estaba tocada por idea de la liberación del colonialismo y de la explotación capitalista, las élites y la intelectualidad estaban imbuidos en el humanismo europeo, con fuertes trazas del existencialismo sartreano y muy poco del componente analítico anglosajón; en ese peligroso coctel de dogmas surgió la posibilidad de hacer negocios con el narcotráfico, éramos productores de la materia prima, de los precursores, la hoja de coca, de la marihuana, del peyote… producir las flores de amapola se nos dio fácil, los campos y montañas eran del pueblo y teníamos al mayor mercado del mundo a un tiro de piedra.

Al igual que en la serie televisiva de Dopesick, se desarrolló en las propias entrañas de la sociedad el cartel o sindicato que manejaría el negocio, en el caso de la serie, el cartel era una de las farmacéuticas más poderosas en el negocio, la empresa Purdue Pharma, perteneciente a la familia Sackler, que decidió lucrarse a costa de la salud pública desarrollando un supuestamente efectivo medicamento contra el dolor, que en realidad era una droga super adictiva y que creo una situación de graves consecuencias sociales, lo que pudo mantener durante unos años gracias a sus prácticas ilícitas de comprar y falsificar resultados,  corromper a funcionarios, comprar médicos y engañar al público con campañas malintencionadas. En el caso venezolano, fue el propio gobierno del presidente Chávez el que se convirtió en el super-cartel que manejaría no solo drogas sino petróleo, oro, dinero corrupto y otros elementos que lo harían la mayor organización criminal del continente.

El paralelismo en la historia comienza en el disfraz que usaron ambos carteles, estaban obligados a mantener una fachada institucional, profesional y seria que les permitiera cometer sus crímenes amparados en una imagen y un discurso que los distanciara de sus verdaderos propósitos. En el caso de la empresa Purdue Pharma, era el prestigio de la familia Sackler, los más importantes contribuyentes a las causas del arte y la academia; la empresa se envolvió en el discurso de acabar con el dolor humano y hacer la vida más digna, su producto, el OxyContin era la panacea para combatir los dolores que más aquejaban al ser humano, pero en las calles la gente que lo usaba quedaba atrapada en una terrible adicción que los degradaba y los hacía cometer terribles crímenes.

En el caso del chavismo, el estamento militar se convirtió en la punta de lanza de un movimiento socialista-revolucionario que abogaba por un nuevo orden mundial, por un país más justo y humanista, dedicando los enormes recursos petroleros del país a programas sociales dirigidos a la atención de los más necesitados, una conveniente pantalla para ocultar el saqueo de los dineros públicos más salvaje e inmoral del que se tenga memoria en el mundo entero. Chávez, junto a sus compinches del socialismo internacional, habían decidido que la mejor manera de camuflar sus actividades ilícitas: tráfico de drogas, lavado de dinero, corrupción, elecciones fraudulentas, financiamiento a grupos terroristas, compra de conciencias en organismos internacionales, tráfico humano… era presentarse como representantes de un gobierno legítimo, como parte de la comunidad internacional con voz y voto en los foros mundiales, soberano y con la moral del revolucionario que buscaba la paz y la concordia en un mundo multipolar.

En ambos casos, tanto con el chavismo como con la empresa Purdue Pharma, el interés era hacerse con el mercado del país  más poderoso del mundo, los Estados Unidos, burlar sus leyes, corromper sus instituciones y hacerse con el dinero mal habido, que lavaban en los bancos con argucias de todo tipo, mientras dañaban al pueblo norteamericano, y esto lo pudieron hacer durante un tiempo, el suficiente para que las instituciones norteamericanas se dieran cuenta de la situación y actuaran para corregir el entramado. Aquí me detengo para hacer una observación, el gobierno norteamericano, su sistema jurídico, sus valores democráticos, funcionan porque fueron diseñadas y construidas para prevalecer sobre las circunstancias más adversas, es un país pragmático que ha pasado por conmociones civiles, por guerras mundiales, por terribles situaciones y crisis en las que ha probado su resiliencia, se ha equivocado y ha aprendido a corregir; se trata de una sociedad en la que prevalece la importancia de la persona individual, aun cuando el bien común sea la meta a alcanzar.

Pero en Venezuela, como en buena parte de Latinoamérica, las ideologías colectivistas han prevalecido y el populismo ha encontrado tierra fértil, el juicio crítico ha sido sustituido por slogans y memes que resuelven al hombre común el trabajo de pensar, la acción se ha delegado en aparatos políticos que se creen dueños de la voluntad popular o a líderes mesiánicos que dispensan favores desde cortes que los idolatran; de esta manera, la “unidad” de nuestros representantes es suficientes para que la política se haya convertido en algo extraño e irreconocible, eso que termina hablando por nosotros, decidiendo por nosotros… nos hemos convertido en adictos al socialismo más pedestre, vicioso y amoral de la historia.

Mientras, en Estados Unidos las personas importan y hacen escuchar sus voces: eso hace que las instituciones se activen, que los distintos estamentos del gobierno investiguen y coordinen esfuerzos para resolver situaciones que se salen de control o para prevenir amenazas; fue de esta manera que organismos como la DEA, las fiscalías de los estados, los gobiernos locales, la prensa libre, la misma FDA, que se había hecho de la vista gorda ante la avalancha de drogas dañinas que Purdue Pharma introducía en el mercado, tuvieron que activarse y detener el caos social que esas drogas estaban produciendo.

De la misma manera, los Estados Unidos tardaron su tiempo en detectar el inminente peligro que un gobierno como el chavista en Venezuela representaba para su seguridad nacional y para el orden internacional, pero cuando lo tuvieron claro no dudaron en actuar para contener el caos, de allí su actuación con la captura de Nicolás Maduro y el juicio que ahora se le sigue en la ciudad de New York. Pero, como todavía persiste la amenaza de que Venezuela vuelva a recaer en su adicción al socialismo y a las fórmulas populistas, porque nuestras riquezas naturales y nuestra importancia geoestratégica son apetecidas por los enemigos de los Estados Unidos y porque nuestro estamento político tiene un comportamiento errático y disfuncional, nos han impuesto un tutelaje hasta nuevo aviso.

En la agenda figura en primer lugar rescatar nuestro pueblo de la miseria en la que nos tenía sumido el chavismo, asearnos, alimentarnos, cuidar de nuestra salud es lo prioritario; luego tenemos que tratar nuestra adicción a la ideología socialista que tanta desgracia nos ha producido, hay que perseguir y apresar a los traficantes y capos que todavía quedan enriqueciéndose con nuestra desgracia; pero como muchas de nuestras instituciones están comprometidas con los criminales, el trabajo se hace lento y pesado, liberar a nuestros presos políticos es un ejemplo de lo duro que han sido estos meses sin el jefe del cartel pero con sus esbirros todavía en el poder.

Rescatar nuestra economía, adecentar nuestro medio de vida, activar la producción de bienes y servicios nacionales es también una prioridad. Los vendedores de droga, los violentos, los terroristas, todavía andan por sus fueros queriendo retornar a sus viejas prácticas, tratando de convencernos de que con ellos se vivía mejor, nuestra clase política está otra vez vistiendo sus galas y oliendo a perfume para tratar de convencernos de que con la unidad, el perdón y la participación de todos un nuevo comienzo es posible, los enemigos de los Estados Unidos andan rondando el país para aprovechar la fiesta de la redención… estamos en pleno proceso de desintoxicación ideológica y quieren volver a vendernos drogas de todo tipo, ideológicas, económicas, religiosas, sociales…

Como a todo adicto, el proceso de desintoxicación y de recuperación física y mental toma su tiempo, no es inmediato, por eso se usan otras drogas, como es el caso de la metadona en la recuperación de adictos al OxyContin para tratar esas adicciones, y puede haber un retroceso si por desgracia hay en nuestros grupos de apoyo vendedores de drogas infiltrados, que retrasan y hasta impiden el proceso de sanación.

El paciente sometido a una cura de su adicción se desespera, se impacienta, algunos abandonan el tratamiento y vuelven a recaer en las drogas, para muchos eso sería fatal pues están tan debilitados que simplemente, mueren. Se necesita una enorme fuerza de voluntad y un compromiso con la vida para salir adelante, se requiere de un buen vecino, de un verdadero aliado para que nos acompañe en esta terrible prueba, que si resulta, y todo pareciera indicar que así será, tendremos paz, prosperidad y una relación de cordialidad y mutua asistencia, la serie de Dopesick es un buen ejemplo de lo que les digo, no se la pierdan. 



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