miércoles, 14 de octubre de 2026

La alternativa federalista, por Saúl Godoy Gómez

 



“La serie de inconvenientes que se presentan en la práctica del sistema federal de gobierno en Venezuela son debidas a que sus fundadores, como se observa en la Constitución de 1864, declaran Estados Independientes a las provincias que desde su descubrimiento habían venido unidas, formando una sola agrupación política; para inmediatamente después y en el mismo artículo constitucional unirlas, para formar una nación constituida desde 1830”. -  Sistema Federal, 1903, Laureano Vallenilla Lanz

A medida que avanzado en mis lecturas sobre historia de Venezuela he caído en cuenta de que el modelo de estado centralista-estatal, que tanto nos gusta y que aplicamos una y otra vez, no es el más conveniente para la concepción autoritaria-presidencialista de la democracia que hemos sostenido a sangre y fuego durante esta última centuria; si nuestro país quiere evolucionar hacia una sociedad mucho más organizada y justa, si queremos un desarrollo sostenido, integral, para todo el país, diversificado y dentro del espíritu democrático que tanto nos ha costado conseguir, creo que debemos hacer un giro hacia el sistema federal de gobierno.

El federalismo es un sistema de gobierno que tiene muchísimo tiempo evolucionando, en distintas épocas, con distintos pueblos, en sus formas más organizadas se habla de las tribus de Israel coalicionadas para su sobrevivencia en un ambiente hostil, podemos observarlo durante el Imperio Romano con los primeros intentos de unión de las tribus germánicas, en la edad media proliferaron los pactos de principados y cantones bajo términos de uniones de comercio y defensa mutua, aparecieron las ligas y estados asociados, de esta manera se fueron forjando los estados en Alemania, Suiza, Italia, en el antiguo Japón, el shogunato fue una forma de relación política entre señores de la guerra que combinaban gobiernos locales con una administración central.

Hoy en día en España, Australia, Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea, Argentina, entre otros muchos países y mercados comunes, el sistema federal se ha adaptado a las diferentes necesidades; y destacan entre los países que han escogido esta particular forma de gobierno que combina la cultura y la política local o regional con un poder nacional o federal. Los estudiosos de las ciencias políticas distinguen el federalismo del centralismo, principalmente como fórmula para equilibrar regiones de diversas culturas y lenguajes conviviendo con mercados comunes, y gracias a una muy desarrollada administración tributaria, comparten ciertos servicios públicos, gastos e inversiones de manera equilibrada y equitativa, una de sus grandes ventajas es la respuesta unitaria a amenazas y peligros respondiendo a los mismos de manera coordinada.

En el caso venezolano, aún cuando en nuestro reciente pasado el federalismo era nominalmente nuestra forma de gobierno, no pasó de ser una mascarada, una broma pesada que nació durante las llamadas “guerras federales”, producto más de la ignorancia y la conveniencia política que el de un entendimiento cabal y serio del asunto; para los caudillos y jefes de facciones que se alzaron contra el gobierno central, aunque se denominaban a sí mismos como “federalistas”, era apenas una palabra que los diferenciaba de sus enemigos y que les sonaba bonito, pero detrás de ese particular federalismo hay una intención de hacer justicia social y justificar la violencia generalizada en aras de una supuesta “igualdad”que terminó en saqueos y matanzas.

Y aunque hubo algunos intentos de ajustar el concepto jurídico de gobierno federal al concepto centralista, no pasó de ser un maquillaje de ocasión para darle cierta importancia a los estados y la figura de gobernadores, ante la fuerza todopoderosa del presidente de la República, que siguió manteniendo el poder real sobre la política del país. Este tipo de gobierno centralizado, presidencialista y vertical, de particular gusto para las tendencias militaristas, autoritarias, déspotas y muy atractivo para regímenes revolucionarios, es el que hoy exhibimos como nuestro mayor logro democrático.

El modelo centralista de gobierno fue uno de los acicates y precursores de la aparición del chavismo, era muy fácil no sólo apoderarse del poder, sino ocultar su vocación totalitaria tras unas instituciones puestas todas al servicio de una autoridad única; un sistema federal de gobierno habría hecho más resistencia a la hegemonía totalitaria, las regiones y sus gobernadores, apelando a sus autonomías, habrían hecho mayor fricción a la aplanadora de la izquierda revolucionaria… pero nada de esto ocurrió, entre otras cosas, por el diseño electoral que nos ata a una elección presidencial como plato principal y a unas elecciones regionales supeditadas al liderazgo de quien encabece el favoritismo por la primera magistratura.

Pero las cadenas causales no terminan allí, el federalismo es todo un esquema que afecta principalmente el presupuesto y las instancias de poder regionales; como si se tratara de la imagen reflejada en un espejo, el gasto público tiene un reflejo en cada uno de los estados donde concurren temas de desarrollo industrial, agrícola, obras públicas, educativos, militar, de seguridad civil, de protección ambiental y un largo etc. Esto quiere decir que los impuestos, las contribuciones regionales tienen una lógica y una forma distinta a la nacional, y pueden variar y están sometidas a negociación, la mera existencia de poderes ejecutivos, legislativos, judiciales en cada estado, con un grado de autonomía y acción distintos al nacional, es garantía de que la estabilidad y el desarrollo del país no obedece a una sola agenda ni interés, lo que multiplica las oportunidades de desarrollo, conservando un solo y gran mercado de consumidores.

El poder político es algo muy serio de tratar ya que puede convertirse en un arma que puede usarse contra los intereses del pueblo, de esto los venezolanos tenemos una larga y amarga experiencia, de modo que no es un sinsentido utilizar todas las instancias y sistemas de seguridad posibles que puedan garantizarnos un correcto uso del poder, o por lo menos contar con medios para defendernos de tiranos y sátrapas que utilizan la política para someternos a sus designios, y el modelo federalista, aunque no es garantía para que esto no suceda, nos brindaría la posibilidad de hacer resistencia, por lo menos es mucho más difícil que se de la opresión que cuando el acceso al poder absoluto está “en directo”, como sería el caso del modelo estatista-centralista.

En Venezuela, las últimas reformas constitucionales han sido para reforzar las regiones en un intento de incorporar lo mejor del federalismo, pero conservando el espíritu y las formas del centralismo, pero luego de los 27 años de gobierno chavista el resultado ha apuntado más hacia un esquema de gobierno estalinista que democrático, la posibilidad de la existencia de un partido socialista único se habría hecho más difícil o casi imposible con un estado federal de gobierno.

El modelo estatista-centralista deviene directamente del sistema monárquico, el presidente se asemeja mucho a un Rey en sus atribuciones y fueros, las provincias que se conformaron en Venezuela luego de la conquista estuvieron al principio sujetas al Virreinato del Perú, luego se compartió entre Santa Fe y Santo Domingo, para finalmente crear la Capitanía General de Venezuela; fue un sistema que seguía la lógica del poder ejercido de manera vertical y sus gobernantes de turno eran nombrados por el Rey. Luego de la independencia, el modelo cambió de nombre, pero seguía siendo el mismo sistema autoritario actuando, las provincias se convirtieron en estados gobernados por jefes nombrados por el presidente en funciones.

Eso hace tan fácil el asalto al poder en un país como Venezuela. Sólo hay que dominar la presidencia para obtener el acceso a todas las llaves que abren las puertas al país, incluyendo la de las gobernaciones, porque a pesar de pretender otorgar cierta autonomía a las regiones, las cosas importantes se resuelven en Caracas, en la sede del poder central.

Contamos con toda una generación de políticos que están entrenados y preparados en actuar en este particular ambiente estatista-centralista, en la creencia que es el modelo que les permite de manera expresa y eficiente resolver los problemas del país, desde su visión de gerentes de la cosa pública es la única forma que tienen de enfrentar las crisis, es el poder administrado en una sola vía, no tienen que esforzarse en conciliar los intereses regionales con los de un gobierno central que son en mayor parte diferentes y hasta contradictorios y dar soluciones ejecutivas, pero igual no se dan cuenta que de igual manera, es la vía exprés que tienen los enemigos de la democracia en desmontarla y anularla.

Toda la parte ideológica, el ropaje democrático que se pretende con la invocación a una voluntad general, de una soberanía popular, queda convertida en un disfraz del verdadero mecanismo actuante: los engranajes del poder omnímodo en manos de una única persona, el presidente electo, y más si la elección está plagada de trampas, de mentiras, de falsas promesas, de dobles discursos e hipocresía, dejando al país servido a los intereses más oscuros.

En cambio, en un sistema federal de gobierno, aunque no hay garantía de que estos resultados abominables no puedan concretarse, es mucho más difícil lograrlo, pues se ven a encontrar con un gobierno central trabajando en paralelo y coordinadamente con un gobierno regional, el mecanismo federal cuenta con instituciones que se replican en cada dependencia estatal, con sus propios recursos, medios e intereses, con agendas distintas, pero coincidiendo en lo fundamental en cuanto a los planes nacionales; es como si cada estado fuera un país en pequeño, con sus normas, presupuestos, servicios y planes de desarrollo, coordinados con el gobierno nacional para el desarrollo de la unión de las regiones en un plan general donde todas las partes tienen voz y voto.

En un país petrolero como el nuestro es muy fácil cuando el estado es el único dueño de la riqueza, no tiene que rendirle cuentas ni pedir permiso a las regiones, ni estas tienen como reclamar sus derechos y expectativas para recursos que son extraídos de sus territorios, igual sucede con provincias cuya naturaleza es agrícola, o conservacionista por sus amplios regiones protegidas, o que viven del turismo… tanto sus aportes como inversiones que reciben en planes centralizados son en una sola vía, pero el federalismo la convierte en diálogos y negociaciones que son necesarias.

Creo que ha llegado el momento de retomar la discusión sobre la viabilidad de integrarnos dentro del modelo federalista, pero federación de verdad, no la falsa que trataron de vendernos los caudillos en el siglo XIX.

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