viernes, 9 de octubre de 2026

Problemas de una negociación imposible, por Saúl Godoy Gómez

 



“Todas las formas de tiranía son odiosas. Hay muy poca diferencia para un ciudadano, para un padre de familia, para la cabeza de un hogar, si la tiranía viene de un déspota de la realeza o uno imperial, si viene de un Papa o de un Inquisidor, o de una casta militar, o de alguna oligarquía plutocrática, o de alguna organización de trabajadores, o alguna unión de comercio, o sistema de partidos- o peor aún, de una aterradora y furiosa muchedumbre”-  Winston Churchill, ¿Que tan Buena es una Constitución?, 1936

Mi cultura policial y del género negro, tanto en literatura como en cine, me ha inculcado un axioma claro y contundente: Cuando se trata del poder establecido, de la autoridad que impone un orden sobre la sociedad, la experiencia ha dictaminado que “con el crimen no se negocia”, y esto es así porque negociar con criminales no es negociar, siempre hay una imposición, una amenaza velada, un peligro latente, con criminales no hay un quid pro quo, no existe el balance tan necesario para llegar a una fórmula de consenso.

Si los criminales aceptan los resultados de una negociación es porque pende sobre ellos una amenaza de castigo, un arma apuntándolos, una retaliación seria y inminente que daría al traste con su voluntad de imponer unas resultas siempre a su favor, en caso contrario, si es la autoridad la que cede ante el crimen y se sienta a negociar, es porque ha llegado a su límite de poder, de hecho, cualquier criminal leería debilidad y rendición ante el poder de las mafias.

Éste es el caso con el presidente Trump y la funcionaria encargada de Miraflores, Delcy Rodríguez; de acuerdo a los reportes de prensa, ella hace todo lo que él dice porque no está en posición de negarse, ya que sobre su cabeza hay una serie de expedientes y acusaciones que podrían comprometer su botín y su libertad, incluso su vida. Ella hace todo lo que le digan, sin chistar, por eso el presidente Trump está tan contento de trabajar con ella, a todo le dice que sí, y pareciera que a la Casa Blanca le tiene sin cuidado la toxicidad de esta relación, una asociación que, incluso puertas adentro en EEUU, está muy mal vista.

El gobierno de EEUU está acostumbrado a las negociaciones duras, en el transcurso de su historia hemos visto a representantes de su gobierno sentarse para llegar a acuerdos con criminales, y no en pocos casos a reconocerlos como contraparte, fue el caso de los acuerdos con la mafia de New York en 1942 para proteger los muelles de la ciudad de posibles ataques y sabotajes de los nazi, y luego en 1943 planificando la invasión a Sicilia, en ambas negociaciones  la contraparte de la Marina de Guerra era nada menos que Lucky Luciano, el padrino que estaba cumpliendo pena de prisión.

Esta negociación fue muy interesante, ambas fueron exitosas para los intereses de guerra norteamericano, pero Lucky Luciano no fue perdonado, se le expulsó del territorio de USA para Italia, y haciéndolo, le hicieron un favor a la mafia italiana que estaba a punto de desaparecer debido al duro combate que les planteó Benito Mussolini; pero derrotados los fascistas, hubo un renacimiento de la Cosa Nostra, de La Mano Negra, la Omerta y de otros sindicatos del crimen.

La experiencia de la oposición política venezolana en una mesa de negociación con el chavismo es una colección de fracasos y engaños, no hay nada que negociar, nada que dialogar con quienes estuvieron más de 27 años a espaldas de los venezolanos… ni un nuevo CNE, ni la composición de un Tribunal Supremo de Justicia, ni la libertad de los presos políticos que el mismo chavismo tiene secuestrados, ni buscar términos para unas elecciones libres, todos temas esenciales para el restablecimiento democrático en el país.

El chavismo aprovechó las distintas negociaciones no solo para ganar tiempo, sino para dar la imagen al exterior de que se trataba de un gobierno abierto al diálogo y al entendimiento, cuando la verdad era todo lo contrario, endureció sus ataques a la sociedad civil, apretó las tuercas de la opresión y buena parte de estas conversaciones terminaron robándole la esperanza de cambio a los venezolanos de a pie.

Las negociaciones debieron haberse producido entre las distintas oposiciones que existen en el país, no con el chavismo que está en plena disolución y cuyos representantes, todos, deben rendirle cuentas al país por sus desastrosas actuaciones que no sólo nos han acarreado ruina y muerte, sino que nos han llevado al borde de la desaparición de Venezuela como nación.

Pero en la oposición… la oposición venezolana es un caldo de cultivo donde conviven pragmáticos, oportunistas, socialistas de toda laya, populistas, estand-up cómicos, influencers, oligarcas, empresarios, chicos de la derecha exquisita, fascistas, ilustrados oscuros, curas, comunistas, lideres comunitarios, encuestadores, reinas de belleza, gente de los partidos tradicionales y de los nuevos partidos, sindicalistas, militares retirados, republicanos, diplomáticos, utopistas, ecologistas, constitucionalistas y para usted de contar… son legión, y ninguno está de acuerdo con el otro, a todos “les asiste la razón” y todos quieren tener la oportunidad de gobernar el país.

En medio de tanta diversidad e intereses hay una sola candidatura de oposición que pareciera tener la capacidad de aglutinar a nuestra clase política, y es el proyecto de María Corina Machado quien todavía no ha podido regresar al país, entre otras razones porque el presidente Trump cree que las circunstancias del país no permite aún una elecciones libres y democráticas, falta todavía el piso institucional que apenas se está construyendo, hay aspectos operativos y de seguridad que deben ser resueltos antes de una carrera electoral.

Pero hay un factor importante que está enrareciendo el ambiente político de Venezuela, y es el negocio energético que en tan poco tiempo se ha convertido en un aspecto clave para la estabilidad internacional, y es un asunto de interés estratégico para USA por lo que requieren tratarlo como un asunto de seguridad interno, se habla incluso de que ya cuentan con ese petróleo para renovar las reservas energéticas de ese país y lo han contabilizado como si fueran propias, a pesar de que ese petróleo y ese gas aún permanece bajo tierra.

De pronto Venezuela se ha convertido en una región de interés para el mundo, debido a las guerras en el Medio Oriente donde la producción y el tráfico de petróleo se han visto gravemente afectadas, el precio de la energía ha escalado alzas importantes y el mundo necesita urgentemente nuestro petróleo, el problema es que hay que extraerlo, procesarlo y transportarlo, y para hacerlo realidad necesita de inversiones multimillonarias, el presidente Trump se ha tomado la promoción del negocio petrolero en Venezuela como una cruzada personal, entre otras cosas por su interés político en el juego electoral de ese gran país, y ese apuro ha afectado el programa de rescate democrático del país.

Venezuela no se ha estabilizado, tiene problemas económicos graves, su infraestructura está en mal estado, políticamente es un laberinto donde todavía coexisten el gobierno revolucionario socialista que arruinó la nación, la inflación es terrible y la criminalidad y las mafias controlan una buena parte de la economía, principalmente la minería, y lamentablemente, estas organizaciones criminales manejan muchas dependencias del estado, principalmente a nivel regional, donde se han detectado la expansión de grupos guerrilleros.

 

 Ha pasado muy poco tiempo desde el 03 de Enero cuando fue extraído Nicolás Maduro del poder para enfrentar un proceso judicial en New York, y en estos pocos meses se han producido cambios importantes en la reconstrucción del país, a pesar de los terremotos, y lo más grave, a pesar de que quienes están en el gobierno interino son los responsables de la situación país, los causantes de todo este embrollo y que les gusta negociar con la pistola sobre la mesa, y siempre se han salido con las suyas. Nadie quiere confiar en ellos, hasta la organizaciones y gobiernos que han enviado fondos humanitarios para la asistencia de los damnificados del terremoto, han denunciado extravíos y desapariciones; los entes multilaterales, los bancos, las distintas agencias de ayuda exterior no les confían ningún tipo de recurso a los operadores chavistas, pues los desaparecen en una maraña de controles y alcabalas, y nunca llegan a su destino.

Por supuesto, los chavistas le tienen miedo al imperio, los aterroriza un dron, no quieren ver bloqueadas sus cuentas, su peor pesadilla es ser sacados de sus camas en la madrugada por un comando de fantasmas del Delta Force, esposados y llevados en helicópteros con destino desconocido y amanecer ante los fiscales federales, oyendo sus derechos en inglés. En los pocos meses que han pasado desde la extracción de Nicolás Maduro de Fuerte Tiuna se han acostumbrado a la idea, y han descubierto, que si hacen todo lo que el presidente Trump les dice, tienen la oportunidad de vivir en libertad y disfrutando de sus bienes mal habidos.

La situación es bien extraña, los chavistas que fueron escogidos como colaboradores del Imperio, conservan sus fueros, sus fortunas, sus privilegios pero deben seguir el estricto guion que les dictan los funcionarios norteamericanos, los chavistas que no estén en esa lista de mejores amigos de Washington son removidos de sus cargos, apartados del poder sin aviso ni protesto, algunos son apresados y llevados ante la justicia, a otros los dejan escapar, incluso les permiten que hablen mal de quienes colaboran y acusen de traición a la revolución a quienes apenas ayer eran sus camaradas.

Pero los que sí se someten al control de Washington se convierten en socios del gobierno del señor Trump, se les consiguen pases y privilegios y se “blanquean” sus pecados, lo que crea suspicacia y malestar en la opinión pública en Venezuela. En este ambiente de guerra sicológica a lo interno del chavismo, sus organizaciones asociadas, carteles de drogas, redes de corrupción, mafias y grupos de choque se han ido desintegrando poco a poco; los más duros, los que tienen más que perder, como los que controlan la minería ilegal del oro o los que manejan células criminales como El Tren de Aragua, son tratados con dureza y reciben fuego hasta darlos de baja. Esto es, sin duda alguna, un proceso de limpieza selectiva del chavismo más virulento.

Pero hay un elemento que, a medida que se van descubriendo las trampas electorales y el manejo de la información demográfica por entes afiliados a la cúpula revolucionaria, se va poniendo en evidencia, y es que el número de venezolanos afiliados al chavismo, de simpatizantes y beneficiarios de sus programas “sociales”, no es tan grande como lo pretendían, y a medida que avanza este proceso de depuración de las estrategias comunicacionales y de propaganda, el número de activistas con que cuenta el chavismo se ha reducido drásticamente, sobre todo luego del terremoto, en que las trampas mortales de “las soluciones habitacionales”, que la cúpula chavista entregaba al pueblo más necesitado y fervoroso a la causa, quedaron al descubierto; sus números se desploman en la misma medida que sus urbanizaciones socialistas, el chavismo es ya una minoría.

No me cabe la menor duda que a lo interno del Departamento de Estado estén las mejores mentes, académicos, científicos sociales, politólogos reunidos en diversos “Think tanks” estudiando el caso venezolano, utilizando los algoritmos más avanzados, proyectando escenarios, utilizando la IA más poderosa para dilucidar una solución razonable, ésa que implique el menor costo posible para el gobierno norteamericano y el logro de los mayores beneficios en esta posible asociación; lo que resulte de este esfuerzo redundará en todos los países del área, Venezuela podría transformarse de un embarazoso problema, a una solución continental.

En la opinión pública venezolana se han barajado algunas de las alternativas que surgen de estos manejos político, desde la propuesta del estado No. 51, la de un estado asociado, la del tutelaje, coloniaje descarnado tipo Congo Belga, coexistencia con un estado libre e independiente… hay varios escenarios que Estados Unidos tiene que evitar en el caso venezolano, el primero es que se vuelva a convertir en una base de operaciones de la extrema izquierda en el continente y contraria a los intereses norteamericanos, que se le niegue el acceso a su riqueza energética, que lo que quede del chavismo lidere una corriente antidemocrática contagiosa para países vecinos, que recaiga como centro para la distribución de drogas peligrosas… todas estas posibilidades implicarían un costo grande en dinero y vidas que Estados Unidos quiere evitar a toda costa.

El problema que estoy observando es que los enemigos de occidente, en especial los que quieren expandir el totalitarismo, el comunismo, las ideologías fundamentalistas, el odio hacia los Estados Unidos, no se van a quedar tranquilos viendo como Venezuela se convierte en una versión caribeña de Florida o en una sucursal de Houston, y van a tratar de subvertir el orden de nuevo, aprovechando justamente que Washington está dejando intacto el ADN chavista, dándole participación en la reconstrucción del país y permitiéndole sobrevivir como expresión política.

En mi humilde opinión, los esfuerzos del Departamento de Estado deberían estar mayormente dirigidos a poner orden dentro de la oposición venezolana, para iniciar cuanto antes una transferencia de roles, en vez de sostener a unos criminales como los chavistas en los cargos fundamentales, algo que se entendió como indispensable en un primer momento, pero ahora se hace innecesario y hasta peligroso. Deberían aprovechar para erradicarlos de raíz, acopiando el inmenso malestar que existe entre el pueblo y las evidencias tan claras y patentes de sus crímenes de estado y contra la humanidad.

Es mucho más beneficioso, productivo y seguro trabajar con una persona como María Corina Machado, por mencionar a un factor importante dentro de la oposición, que ha demostrado ser inteligente y dispuesta al juego político, que contar como aliado con una persona como Delcy Rodríguez, cuyo curriculum es más un prontuario, que es enemiga declarada de la libertad y la democracia, que no tiene apoyo popular, y que ha trabajado en su pasado reciente para la erradicación del poder norteamericano.

Uno de los grandes problemas dentro de la oposición venezolana es que todavía no se han elegido y conceptualizado el orden de necesidades de nuestro país, donde todo luce prioritario y urgente, no están claras las causas y efectos de los problemas que nos arropan, nuestras urgencias nos abruman y esto genera una gran confusión, cada quien hala la carreta para su lado y no se ponen de acuerdo; un buen paso sería que el Departamento de Estado, como tercero independiente e interesado, nos permita una perspectiva de desarrollo que nos ayude a planificar y ejecutar esa hoja de ruta tan deseada y necesaria. Pero repito, poner al chavismo a “negociar” con la oposición la transformación del estado es un oxímoron.

El presidente Trump debería tratar de “bajarle dos” a la urgencia de la inversión petrolera sin un gobierno legítimo, sin bases institucionales, dadas las circunstancias geopolíticas actuales el petróleo venezolano jamás le será negado, y es del interés nacional que nuestra industria petrolera crezca y se fortalezca. Estados Unidos es un buen pagador, tiene el “know how” necesario para extraerlo y refinarlo, y quizás lo principal, cuenta con el músculo financiero de empresas que pueden hacerlo posible. Pero también debería estar muy atento en crear un verdadero aliado en el subcontinente, alguien que le permita estabilizar la economía y la política en la región, que sea parte integral de ese escudo de defensa contra sus propios enemigos y que le facilite el recate de Cuba y Nicaragua para la democracia y la libertad. Ese aliado es Venezuela, de tradición democrática y un socio confiable para ese futuro.

 

 

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