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lunes, 29 de febrero de 2016

La filosofía perenne


La biógrafa de Aldous Huxley (1894-1963), Doireann MacDermott dice algo muy interesante sobre el momento en que Huxley escribió ésta obra, ya llevaba tres años viviendo en California, en sus muchas paradas tuvo la fortuna de vivir al borde del desierto de Mojave en plena Segunda Guerra Mundial,  su acusada miopía lo hacían no apto para ninguna función militar, de hecho estaba casi ciego, un médico, por medio de una terapia experimental había podido rescatar el 50% de visión de uno de sus ojos y la recomendación fue estar en lugares iluminados, de atmósfera muy limpia.
Por otro lado, era abrumadora, para el escritor, la comprensión a distancia de los eventos que sacudían su querida Europa, Huxley mejor que nadie entendía lo que se jugaba la humanidad en esa guerra en contra del nazismo, su visión del futuro era pesimista por lo que su interés se concentró en cosas que no eran de este mundo, sostenía la necesidad de que el hombre cultivara con más ahínco su parte espiritual “El mundo sería aún más horrible de lo que es si no fuera por la existencia de una minoría teocéntrica entregada a una actividad totalmente distinta de la que es propia de una mayoría antropocéntrica”
De las cosas que hizo, según le reportó a la escritora Victoria Ocampo, fue leer la vida de Santa Teresa y de San Francisco de Sales, en Los Angeles había hecho contacto con la Sociedad Vandata y con el Swami residente, hizo un profundo trabajo de investigación sobre El Libro de los Muertos y nunca dejó de lado sus extensos estudios sobre el budismo.
Pero volvamos al comentario de la señora MacDermott sobre aquellos años en la localidad de Llano, donde Huxley y su mujer María encontraron una pequeña finca donde vivieron como pioneros, con agua suministrada por un molino de viento, con una pequeña planta eléctrica, un horno que en base a espejos y con la luz solar los ayuda a cocinar, debido a los racionamientos de gasolina y de cauchos, los viajes a la ciudad se hacen escasos al igual que las visitas, “Quien haya transitado por los desiertos del suroeste de los Estados Unidos habrá experimentado sin duda la extraordinaria sensación que producen aquellas vastedades, apenas pobladas de arbustos y yerbas aromáticas, con algún que otro promontorio sobre el horizonte y bajo la inmensidad de un cielo que obliga a pensar en el infinito. En pocos lugares del mundo debe imponerse, como allí, la inmanencia de Dios y de lo eterno. Paseando por aquellos parajes, espirando en medio de absoluto silencio sus aires diáfanos, no es extraño que Huxley llegara a una nueva comprensión de los místicos que durante años había considerado con interés y simpatía, aunque siempre con cierto reparo”.
He aquí a unos de los ingleses más cosmopolitas de su tiempo, estacionado en uno de los lugares más agrestes del mundo, viviendo una vida de lo más sencilla y pensando sobre profundos asuntos metafísicos, el resultado no pudo ser más extraordinario, en 1945, Huxley publica su obra La Filosofía Perenne.
No pude menos que entender aquellas circunstancias ya que en 1976, luego de mi graduación en Western Michigan University, realicé, un viaje iniciático, siguiéndole los pasos al brujo Carlos Castañeda por el desierto de Mojave y de Sonora, y efectivamente, son desiertos cargados de poder y de una energía única.
Se trata de un trabajo de recopilación y comentarios del autor sobre un conjunto de textos de diversos autores y culturas que tienen que ver con esa búsqueda de Dios, entendido como una experiencia, un estado del ser de carácter místico, de elevación espiritual hacia los confines de una realidad divina.
De manera arbitraria y de su gusto muy personal, escoge textos breves de autores occidentales y orientales, allí encontramos comentarios del maestro Eckhart, de San Bernardo de Claraval, Sebastián Castelio, William Law, San Juan de la Cruz, Hans Denk reunidos con referencias a textos hindúes de obras como el Bhagavad Gita, los Upanishad, el Libro Tibetano de los Muertos, autores sufíes del Islám, místicos chinos como Lao Tzu y Chuang Tzu, entre otros.
Huxley ya había hecho algo parecido pero con poetas en su obra Textos y Pretextos, el resultado es de muy variada índole, para algunos ilustra de manera notable como esta búsqueda por la divinidad y estados místicos, realizados por personas altamente capaces y entrenadas para esta tarea, resultan en una serie de experiencias que le dan un sentido profundo a la vida, y allí están sus impresiones de ese viaje.
Para otros es la prueba de un esfuerzo continuado de unos 25 siglos de los humanos en tratar de aprehender ese mundo primordial y de misterio que pocas veces nos toca pero que está allí gravitando en toda la existencia, como fibra fundamental del universo.
Aún hay, quienes solo ven el enorme conocimiento de este enciclopedista moderno, por libros como éste es que muchas personas se enteran que existen autores y obras que se han atrevido a llegar tan lejos, Huxley definitivamente era un sabio en todo el sentido de la palabra y éste libro es prueba de ello.
Yo comulgo con las tres impresiones, y como mucho antes que Huxley lo describió Leibniz, sí existe ese nivel de existencia y esa filosofía perenne que tiene que ver con las fuentes de la moral, de la psicología y de la trascendencia.
Huxley aboga por las prácticas de una vida contemplativa, las sociedades evolucionadas las permiten ya que es la única manera de advertir la Totalidad de la existencia, y las permiten brindando las condiciones de vida necesarias para iniciar esta búsqueda que no son otras que el ambiente político, de libertades, de satisfacción de las necesidades materiales y de conocimiento suficientes para que la persona inicie el camino.
Voy a terminar esta breve reseña de un libro que me es caro, recogiendo las palabras de Huxley en el libro y que atañes a nuestra actual situación en nuestro país, dice: “Los regímenes totalitarios justifican su existencia mediante una filosofía de monismo político, según el cual el Estado es Dios en la tierra, la unificación bajo la planta del divino Estado es la salvación, y todos los medios tendientes a tal unificación, por más perversos que intrínsecamente sean, son justos y pueden emplearse sin escrúpulos.  Este monismo político conduce en la práctica a privilegios y poder excesivos para unos pocos y opresión para la mayoría, el descontento en el país y la guerra con los países extranjeros… Tales emociones negativas son fatales para la vida espiritual”.  –


sábado, 7 de noviembre de 2015

Paz interior



Terminé el libro, Ética Para un Nuevo Milenio (1999), del Dalai Lama (Tenzin Gyatso), y como en todos sus libros sobre la filosofía budista del Tíbet, hay siempre un obsequio de sabiduría en sus páginas, en este caso me aclaró un concepto fundamental, que es el de la felicidad y que quiero compartir con ustedes.
Como ya saben, el Dalai Lama no es solo la cabeza de estado de una nación conocida como el Tíbet, invadida por los chinos y posteriormente exilado en 1959, sino que es un hombre santo y es figura central de la religión budista tibetana, el gobierno de la India lo acogió y le asignó como residencia las montañas de Dharamsala donde actualmente vive.
Como reencarnación viviente del Buda es un hombre muy ocupado, se la pasa viajando, impartiendo conocimientos en las principales capitales del mundo, abogando por el restablecimiento de la libertad para su nación, recogiendo fondos para ayudar a los cientos de miles de tibetanos refugiados en el extranjero y en China; como líder espiritual de una de las principales religiones del mundo promueve las enseñanzas de esta milenaria creencia y práctica que ha desarrollado no solo una cosmogonía propia, sino una ética, que es estudiada y observada por millones de personas en el mundo.
El budismo tibetano es una variante de las creencias budistas que derivaron del budismo indio y que arraigaron en los templos de los Himalaya y que tienen en el Lhasa su centro administrativo, ciudad por cierto, recientemente afectada por un terremoto de gran magnitud y donde se perdió una buena parte de su patrimonio histórico.
A pesar de haber perdido a su país y vivir exilado, el Dalia Lama trata de mantenerse centrado y en equilibrio ya que, según sus propias palabras: “Durante el curso de mi vida, he tenido que manejar grandes responsabilidades y dificultades. A los dieciséis, perdí mi libertad cuando el Tíbet fue ocupado.  A los veinticuatro, perdí a mi país cuando me convertí en un exilado. Por cuarenta años he vivido como refugiado en un país extranjero… Por todo este tiempo he tratado de servir a mis hermanos refugiados y, en lo posible a los tibetanos que quedaron en el Tíbet. En el ínterin, nuestra patria ha conocido enorme destrucción y sufrimiento… Sin embargo, aunque ciertamente siento y pienso sobre estas pérdidas, a pesar de ello todavía conservo mi serenidad básica, en la mayoría de los días estoy calmado y contento.  Aún cuando las dificultades aparecen, como debe ser, no me molestan. No tengo ninguna duda en admitir que soy feliz.  De acuerdo a mi experiencia, la principal característica de la felicidad genuina es paz, paz interna.  Por esto no quiero decir esa sensación de estar despegado del mundo. Tampoco hablo de la ausencia de sentimientos. Al contrario, la paz a la que me refiero está enraizada en mi preocupación por los otros y requiere un alto grado de sensibilidad y sentimientos, sin embargo no puedo decir que he sido muy exitoso en ello. Pero sí le atribuyo a mi sensación de paz al esfuerzo que hago por preocuparme por los otros.”
Creo que el Dalai Lama dio en el clavo, la felicidad es definitivamente lograr la paz interior, si no hay paz no hay equilibrio, si no hay equilibrio surge la inquietud, el nerviosismo, las preocupaciones que pueden llevar a las enfermedades, a las crisis, a la violencia y probablemente, a una muerte prematura.
El Dalia Lama explica de manera sencilla lo que le funcionó a él, ese desprendimiento y vocación por la solidaridad humana, desplazó sobre los otros la atención a sus propios problemas, y como bien explica en otros capítulos de su libro, descubrió que la compasión, es una herramienta poderosa que limpia el alma de todos esos sentimientos tóxicos que constantemente estamos acumulando en nuestra vidas.
La felicidad, como bien lo proclama, no es acumular dinero o cosas que el dinero puede comprar, ni lo es vivir de acuerdo a la ciencia y el derecho, que aunque son grandes ayudas para proyectarnos y tener buena calidad de vida, no resuelve nuestro problema fundamental, que es justamente el de las decisiones éticas, las que tienen que ver con nuestra percepción del bien y del mal, que son esas pequeñas cosas que se van acumulando en nuestras vidas producto de malas decisiones y que por culpa, remordimiento o sentimiento de fracaso nos van llenando de negatividad y convirtiéndonos en unos cínicos.
El equilibrio interior de logra por medio de una buena vida, de una adecuada alimentación, de cuidar la salud y fomentar buenas relaciones en nuestro entorno, de manejar con criterio nuestros sentimientos y emociones, evitando ser parte de injusticias, ayudando a quien lo necesita, evitando en lo posible las situaciones desagradables, el dolor y la tristeza, llenando nuestros días de ideas y pensamientos positivos, en pocas palabras, siendo una buena persona.
Personas comprometidas con posiciones de liderazgo y notoriedad como el Dalai Lama, personas con esa gran espiritualidad tienen obligatoriamente que dar mucho más que lo que usted o yo pudiéramos dar, sin que esto signifique que no seamos capaces de crecernos en situaciones extremas y llevar aliento a nuestra familia o comunidad.
Vivir como una buena persona, como un buen ser humano es ya un comienzo en esta búsqueda por la felicidad, no son las ataduras, los compromisos, nuestros sentimientos de posesión los que nos harán libres, al contrario, de alguna manera, ir practicando el desprendimiento, viviendo con honestidad y ocuparnos de quienes nos rodean, nos irán liberando de nuestros problemas y cargándonos de buenas energías.
El Dalai Lama nos descubre que un mundo donde cada día nos vemos obligados a compartir nuestro espacio vital con otros, con extraños, a quienes no conocemos y ni siquiera nos comunicamos, es nuestra obligación tender los puentes.
Hemos conocido personas muy exitosas, que viven en grandes mansiones y aparentemente lo tienen todo, pero sus vidas son un asco, tienen el gabinete del baño lleno de frascos de ansiolíticos, de píldoras para dormir, de jarabe para las úlceras estomacales, sabemos de casos de personas que se han aprovechado de sus cargos para robar y a pesar de los millones en las cuentas bancarias, viven temeroso, intranquilos, aterrados hasta de sus sombras; hay profesionales tan concentrado en sus carreras y en lograr méritos profesionales que se les ha olvidado como amar a sus esposas o como compartir con sus hijos y eso, da una profunda tristeza.
El éxito material o tener las posibilidades de rodearnos de todo lo mejor, no garantiza la paz interior, lo más probable es que la haga imposible, pues quien acumula riqueza, gasta una enorme cantidad de tiempo y energía en multiplicarla o conservarla.
La felicidad es lograr la paz interior, esa fue una gran lección de un hombre sin patria, de un refugiado, de un sabio, gracias Dalai.  -  saulgodoy@gmail.com















viernes, 2 de octubre de 2015

“Trane”


(A la memoria de Jaques Braunstein 1931-2009)

Me gusta más la trompeta que el saxofón cuando hay que echar pulmones en el jazz, y aunque considero a Miles Davis el Zeus del Olimpo, le he tomado un inmenso respeto al inconmensurable John Coltrane (1926-1967), “Trane” para los amigos.
De las pocas fotos de Miles Davis y Coltrane juntos
Se trata de uno de los saxofonistas y compositores que llevaron la música moderna a niveles superiores, al punto, que ahora comprendo porque, la gente que tuvo oportunidad de conocerlo y verlo en vivo, una de dos… o los llevaba al rapto cuasi religioso de un trance, o les provocaba ira y lo abucheaban pidiendo que por favor dejara de tocar sus incomprensibles solos, a veces, de una hora de duración. 
Decía su colega Sun Ra (John Gilmore) refiriéndose a los solos de Coltrane “Así tocamos la música en el planeta Saturno”.  Y es que Coltrane siempre buscaba la innovación, ir más allá de donde estaban sus límites y quizás por ello nunca se repetía.
Conocía de la existencia de Coltrane, pero nunca le había puesto la
debida atención, una amiga, músico, y dueña de su propio estudio me hizo escuchar la pieza Naima con toda la fidelidad que se puede lograr con la tecnología actual, y desde ese momento no he dejado de buscar material sobre este personaje, por cierto, Naima la compuso en honor a su primera esposa, quien lo rescató de su adicción a la heroína y el alcoholismo y lo introdujo al islam, dando inicio a unos de sus más productivos períodos.
Coltrane con el maestro Duke Ellington

No crean que todo Coltrane es experimental, su repertorio es extenso y variadísimo, hay música clásica del Jazz, melodías de una simplicidad y belleza sorprendentes, algunas de sus canciones son standards americanos, otras, como las del primer quinteto de Miles Davis, piezas elaboradas con una artesanía laboriosa.
Con Miles Davis y Telonios Monk, Coltrane grabó una gran cantidad de discos que se encuentran entre mis favoritos, con ellos recorrió las corrientes del bebop, hard bop, cool y free jazz, modal jazz y de allí en adelante empezó una búsqueda personal que lo distingue y separa de los otros músicos.
Coltrane era un estupendo instrumentalista y muchos músicos se han quedado pegados en su técnica, pero he conversado con algunos expertos que me han asegurado que para comprender al verdadero Coltrane hay que sumergirse en su muy personal búsqueda no por las armonías, sino por el sonido íntegro de sus piezas, las direcciones inesperadas que toman como por ejemplo en la pieza Giant Steps, considerada una de las más difíciles obras para ejecutar del repertorio del jazz, aún cuando su estructura es simple, con solo nueve acordes en la totalidad de la pieza, el increíble solo de saxo es una continua repetición con frases espaciadas que dan la impresión de que ha perdido el rumbo cuando la realidad es que está montado sobre el todo, tejiendo una unidad que antes no existía, escúchenlo y hablamos.
En Noviembre de1966 ofreció uno de sus últimos conciertos en la Universidad Temple de Filadelfia, que fue una ciudad donde se inició tocando en bares antes de ser reclutado por Miles Davis en 1955, el concierto fue grabado pero por alguna razón que desconozco no salió al mercado pero se corría el rumor que fue la música más extraña jamás escuchada bajo el nombre de jazz.
El crítico musical Francis Davis, que estuvo presente en el concierto recuenta que el auditorio estaba repleto de gente que había asistido para escuchar a la gran leyenda, creador de A Love Supreme, pero se estrellaron contra una pared, lo que empezaron a escuchar no se parecía en nada a lo que conocían de Coltrane, el público simplemente empezó a pararse y abandonar el lugar “La gente que permaneció en sus puestos parecían a punto de querer irse, pero se quedaron en sus puestos rígidos y con expresiones de incredulidad”
La música era totalmente transgresora y perturbadora y llegó un momento en el concierto que Coltrane puso a un lado el saxo y empezó a cantar y a golpearse el pecho tratando de buscar los sonidos primordiales y elementales que produce el cuerpo humano.
Para los que quieran experimentar aquella noche elemental y arriesgada, que mas bien parecían cánticos chamánicos de algún ritual olvidado, publicaron un doble cd bajo el nombre de, Offering: Live at Temple University.
El pianista Telonios Monk y Coltrane
Tengo amigos que ven a John Coltrane más como un sacerdote que cómo un músico, pero es un tremendo error, pues Trane hizo algo que muy pocos artistas han logrado y es cambiar una forma artística y él cambió el jazz de manera contundente.
Vivió 40 años, murió de cáncer en el hígado en New York, su carrera
fue una verdadera montaña rusa, tocó con lo más granado del Jazz norteamericano, en la época de la más encarnizada lucha por los derechos civiles de los negros; oriundo de Carolina del Norte, hijo de músicos y predicadores de una iglesia afroamericana, de allí su conexión profunda con la búsqueda espiritual que lo hiso ir más allá del jazz que todos conocemos, probablemente fue uno de los músicos que más exploró y cartografió territorio desconocido en la modernidad.
Sumergirse en Coltrane es otra cosa, afortunadamente nos dejó excelente grabaciones, muchas de ellas remasterizadas con la última tecnología y es simplemente… espeluznante.
Como bien señala el investigador Scott Anderson : “En los 60, muchos músicos de jazz, como Ornette Coleman, Sun Ra, Charles Mingus y Eric Dolphy, expandieron los parámetros de sus creaciones con respecto a la forma, melodía, harmonía, ritmo y textura. Rompieron con las técnicas tradicionales e incorporaron escalas nunca antes escuchadas, progresiones armónicas y estructuras composicionales. También introdujeron la improvisación a nuevos niveles de intensidad y complejidad, tomándose grandes libertades en cuanto a su duración, contenido y estructuras de los solos, y confluyendo en una improvisación grupal sin precedentes. A este resultado musical se le dieron varios nombres: free jazz, avant garde, the new thing…”

No en vano, la emergente Beat Generation, escritores  de la talla de Kerouac, Ginsberg, Burroughs y Cassady cabalgaron sobre el jazz y sus más arriesgadas propuestas, para producir la literatura que rompería moldes en Norteamérica, pero fue la poetiza Kasuko Shiraishi, amiga personal de Coltrane quien logró la comunión más perfecta de la palabra con su música.
John Coltrane fue quizás el más experimental y el menos comprendido de los músicos de su generación, su reconocimiento llegó después de su muerte, se le otorgó el premio Grammy en 1992 por una vida dedicada a la creación, en el año 2007 se le concedió una mención especial del
premio Pulitzer  por sus “magistrales improvisaciones, gran calidad como intérprete y como ícono central en la historia del jazz”.
Un dato interesante, John William Coltrane fue canonizado como santo por la Iglesia Ortodoxa Africana en el 2007.
Internet está lleno de sitios donde se pueden bajar, a buenos precios,
su discografía completa, yo recomendaría para quienes no lo conocen, ir poco a poco, de lo más viejo a lo más nuevo para que entiendan y disfruten como fue evolucionando un genio de la música contemporánea, no solo como
instrumentista, sino como espíritu libre. – 
saulgodoy@gmail.com 


miércoles, 24 de junio de 2015

La historia de Buda



Me gusta la tradición mística oriental, desde muy joven fui influenciado por autores como Hess, Huxley, Watts, Schopenhauer y otros, de modo que el gusanito del budismo vivía cómodamente en mi pensamiento, de hecho he estudiado la vida de Buda y el desarrollo posterior del budismo en sus múltiples formas, pero no fue sino hasta que mi buen amigo Vicente Carrillo Batalla me facilitó el libro de Karen Armstrong, Buddha (2001), y luego de su lectura, decidí escribir algo sobre este personaje, compañero de mi travesía intelectual.
Karen Armstrong es una historiadora de las religiones comparadas, una ex monja católica irlandesa que se ha convertido en referencia mundial en temas de relaciones inter religiosas, conocedora profunda del tema islámico y del judaísmo, celebridad mediática y conferencista. Su libro sobre Buda tiene la gran ventaja que lo estructura mostrando que las grandes preguntas que el hombre se ha venido haciendo sobre su esencia y origen, desde que se inventó la escritura, no son exclusivas de una región y una cultura, el libro está muy bien escrito y lo recomiendo para quienes les gusta el tema.
Todos de alguna manera hemos escuchado o leído sobre la vida de este príncipe que vivió en el siglo sexto antes de Cristo, Siddhatta Gotama, rodeado del lujo más exuberante y las comodidades dignas de su rango y que las cambió un día por la cabeza afeitada y las túnicas amarillas de los monjes mendicantes, que hacía sus travesías por los inmensos bosques de las fértiles planicies del río Ganges, en la India. Seis grandes ciudades habían florecido durante esta nueva era del hierro, la tecnología les había permitido abrirse paso entre la espesura y cultivar amplios campos que eran conectados por rutas de comercio.
El estricto sistema de castas y el poder de las familias nobles eran retados y tenían que convivir con los poderosos banqueros, comerciantes y hombres de negocios, las grandes urbes como Sāvatthī, Kosambī y Vārānasī eran lugares con grandes mercados y habían teatros, apuestas, bailes, prostitución y tabernas donde extranjeros y locales iban a festejar la llegada de las cosechas o las nuevas caravanas de elefantes con productos de lejanos lugares.
También había templos y escuelas de filosofía.
Gotama había nacido en Sakka, una de las pequeñas repúblicas situadas más al norte, su padre era parte de la asamblea de aristócratas que la gobernaban.
La vida era ruda en aquellos tiempos, el orden se imponía a la fuerza, el comercio estaba dirigido por la avaricia y la competencia, cada rey de comarca disponía de su propio ejército, los valores tradicionales estaban siendo cuestionados por nuevas costumbres y creencias, era una sociedad en transición, o sea, en crisis.
La existencia para muchos era una de insatisfacciones, sufrimiento y lucha constante.  La doctrina de la reencarnación estaba recientemente en boga desplazando las antiguas creencias védicas.
Nos dice Armstrong: “La teoría del kamma explicaba que no había nadie a quien culpar de nuestro destino más que a nosotros mismos y que nuestras acciones podían reverberar en un futuro muy distante… el buen kamma cosecharía un retorno favorable ya que aseguraba una existencia más agradable la próxima vez.”
Era la fórmula de causa-efecto llevada a la vida espiritual.
Pero había otras creencias, se estaban escribiendo en secreto los Upanisads, una reinterpretación mucho más espiritual de los viejos vedas y que sería en centro doctrinal del hinduismo.
En los Upanisads, la esencia del universo y de toda la creación es brahaman, pero no entendida solamente como una remota e inaprensible realidad trascendental, sino que también emanaba de todo lo que tenía vida, por más simple y pequeña que fuera, en el hombre, el brahaman estaba depositado en nuestro ser más profundo (ātman).
Esta idea de un ser interno y absoluto impresionó a Gotama, de hecho, los monjes de los bosques andaban en la búsqueda de ese ātman, el ser absoluto que mora en nosotros y que es sagrado, ese ser que la da sentido a la vida otro que el dolor y sufrimiento.
Lo que el hombre usualmente hace es poner barreras para tratar de mantener la tristeza y el dolor lejos de nuestras vidas, nos rodeamos de lujos, de seguridades, de cosas materiales, afectos, actividades, honores, relaciones, pero el destino se impone, todos experimentamos perdidas, enfermamos, envejecemos, morimos.
Recordemos que para el budismo y el hinduismo toda en la vida está predeterminada, nuestra única salvación es el camino de la iluminación, buscar la paz y la calma dentro de nosotros mismos.  “El sabio iluminado continuará viviendo en el mundo y quemará todo residuo del Kamma malo que ha cometido, pero cuando muera ya no renacerá, porque ha alcanzado la emancipación del praktri material. – nos dice Karen- Pero ¿Cómo seres humanos mortales, plagados de una vida de emociones turbulentas y la vida anárquica del cuerpo, podrán elevarse sobre estas tempestades y vivir sólo del intelecto?”
Uno de los maestros de Buda Ālarā Kālāma había encontrado un camino para la iluminación por medio de las técnicas del yoga y la meditación profunda, donde la respiración jugaba un papel fundamental.
Buda aprendió yoga y pronto alcanzó los niveles superiores de conciencia que lo llevaron a una realidad alterna desde la cual pudo alcanzar la tranquilidad y claridad de pensamiento.
El yoga lo que hace es poner orden en lo que luego se llamaría subconsciente, caracterizado por una caótica prevalencia de egoísmos, pasiones, disgustos e instintos de sobrevivencia.
Al estar conscientes de estos demonios en constante lucha, lo que hacemos es traerlos a la luz, reconocerlos, dominarlos e imponer un equilibrio en nuestra mente para poder progresar espiritualmente. Siendo el principal enemigo a derrotar, el egoísmo que nos impide conocer a Dios.
Tanto el cuerpo como la mente trabajan a un ritmo de perpetuo movimiento, pestañeamos, nos rascamos, estiramos, cambiamos de posición, movemos la cabeza, gesticulamos con las manos, y en nuestra mente, el flujo constante de nuevas ideas hace que sea difícil concentrarnos en una sola, nuestras fantasías nos atropellan, es muy fácil soñar despiertos, nuestro discurso interno varía a cada momento, las imágenes en nuestras cabezas se suceden unas tras otras caóticamente, nuestra atención es efímera y es casi imposible concentrarnos en una sola tarea a fondo.
Con el yoga le damos una parado a todo eso, física y mentalmente nos obligamos a inmovilizarnos, con ejercicios y disciplina podemos llevar orden, parar el mundo y obtener la paz tan necesaria para un pensamiento claro, y en etapas más avanzadas se puede inducir al trance y entrar en otras realidades.
El Buda sonriente, una de las representaciones más populares en Asia
Pero Gotama no estaba satisfecho con sus avances, el yoga le daba un respiro a su alma y cuerpo, pero luego de salir del trance volvían los apetitos a asaltar su cuerpo, el mundo regresaba a sacudirlo con sus exigencias. Sin abandonar la práctica del yoga, Gotama se embarcó en la vida asceta, desprendiéndose de muchas de sus necesidades físicas, entre ellas el hambre y el sueño, martirizando la carne, alejado de todo contacto humano se alimentaba de sus propias eses y orina, pasaba noches gélidas desnudo, o expuesto al sol inclemente, inmóvil, dejaba de respirar por largos períodos de tiempo hasta que su cabeza estaba a punto de estallar.
Pero a pesar de su sacrificio y casi morir en el intento, se daba cuenta que lo que había hecho era estar más consciente que nunca de su cuerpo, el ascetismo tampoco resolvía su búsqueda de iluminación.
La leyenda cuenta que fue entonces que Gotama recordó un episodio de su niñez, fue llevado a los campos donde los campesinos preparaban la tierra, la niñera lo dejó debajo de la sombra de un gran árbol y allí pudo observar como el arado abría un surco y desalojaba brotes de hierba e insectos y sus huevos, en ese momento sintió una gran compasión por la vida que dejaba de ser y entró repentinamente en un estado de trance, seguido de una inmensa felicidad que lo arrobó, el niño sin saber yoga, adoptó una posición de asana y estuvo experimentando el éxtasis de la iluminación por el tiempo que estuvo debajo del árbol.
Fue cuando reconoció que no debía ir en contra de su cuerpo, de su humanidad, que debía aceptar su condición, que dentro de sus posibilidades estaba la de poder alcanzar el nirvana ¿Qué debía hacer para volver a repetir aquella experiencia?
Pensó que si un hombre quería alcanzar el éxtasis debía negarse a las actividades violentas, a mentir, a robar, a intoxicarse y tener sexo, este último lo tomó de manera natural, no era pecado pero dejarse llevar por el sexo consumía abundante energía que debía invertirse en el trabajo interno, cada pasión humana tenía un comienzo y un final, una intensidad y una causa, estando consciente de sus mecanismos ayudaban a controlarlas sin negarlas, dejarlas pasar sin invertir energía en ellas.
El desear cosas y estar con personas ocupaban demasiado tiempo y nos hacía más egoístas, aumentaba la intensidad de nuestros deseos por obtenerlas y desearlas, dominando estos impulsos nos acercaba al conocimiento de que nos era útil o inútil para obtener la iluminación.  Dominar los celos, la envidia y la rabia era fundamental para poder avanzar y no llenarnos de mal karma.
El mundo nos impulsa a un cambio constante, deseamos novedades, nuevas experiencias, conocer gente, escalar posiciones, obtener triunfos, reclamar la atención de otros pero estos cambios implican que el miedo nos acompaña a cada momento, miedo al fracaso, al rechazo, al error, al dolor y ese miedo es el que nos hace vulnerables e impiden nuestra felicidad, no hay manera de obtener calma y paz si estamos llenos de miedo.
En este punto Gotama inicia su verdadero ascenso hacia la iluminación.
Quien esté interesado en estos asuntos debe leer el libro de Karen Armstrong, sus páginas rebozan no solo sabiduría sino de mucho amor, y está escrito para dejarnos ver a un Buda humano y asequible, solo espero haberles sembrado la curiosidad sobre el budismo. – saulgodoy@gmail.com