miércoles, 30 de marzo de 2016

El culto a Mitra


De acuerdo a Joseph Campbell, el eminente estudioso de los mitos y religiones antiguas, los rituales que representaban la muerte y la resurrección de los dioses abundan en la historia, estos ritos han sobrevivido al paso del tiempo y hoy se encarnan muchos de ellos, en las religiones que hoy sobreviven y se practican en el mundo.
La Iglesia Cristiana es una de las herederas de estas formas sagradas, que adoptadas en el pasado, pertenecían a otras religiones, y fue en su fase de formación cuando algunas de estas influencias fueron hechas parte de sus ritos y creencias.
Hay conmemoraciones, festividades y momentos que siempre han tenido una significación importante para los humanos, sin importar  a que tribu o nación pertenecieran, o que dioses y ritos las representaban, sucesos como la caída del hombre y su resurrección, el segundo nacimiento por medio del bautismo, el beber la sangre y comer la carne del dios en una cena simbólica.
Según el sabio Isaac  J. Pardo, el culto a Mitra tiene un origen persa, hay registros y evidencias de su adoración por parte de piratas que navegaban las costas mediterráneas antes del siglo I aC.
Su popularidad se expande rápidamente por occidente donde ya aparece representado agachado por la parte de atrás de un toro y clavándole un cuchillo en el costado, en las esculturas y pinturas antiguas se ve al toro con la cola terminando en espigas de trigo, o exudando vides, centeno y otras plantas salutíferas de su herida.
Originalmente era un dios que moraba en cavernas, comportaba una vida austera con una disciplina asceta, el hecho de que las mujeres fueran relegadas de sus prácticas lo hicieron popular en los campamentos militares, Mitra era un combatiente en contra del mal, estaba asociado al dios solar y llegó a personificarlo, era el sol invicto cuyo carro era tirado por caballos blancos con cascos de oro y plata, que marchaba sobre los infiernos para conducir a las almas hacia la bienaventuranza; cuando el culto llega a Roma fue rápidamente adoptado por las legiones romanas, lo que explica su rápida expansión por todo el Imperio, de esta manera se devuelve a oriente de donde vino, transformado por las influencias grecolatinas.
El Emperador Constantino, antes de hacerse cristiano, fue devoto de Mitra, y el Emperador Juliano, llamado El Apóstata, reavivó el culto a Mitra, que había sido prohibido por Graciano en el año 382 dC.
Justamente, en la novela del escritor norteamericano Gore Vidal, Juliano El Apóstata (1964), la cual nunca dejaré de recomendar como una de las mejores novelas históricas de la caída del Imperio Romano, se describe en parte el rito iniciático a Mitra: “Máximo abrió la puerta de la montaña y entramos en una pequeña cueva con asientos cavados en la roca. Aquí se nos dijo, a Oriboro y a mí que esperáramos mientras los padres de Mitra se introducían en otra cueva, el santuario interior.  De éste modo comenzó el día más importante de mi vida.  El día de la miel y del pan y del vino; el día de los siete justos y de los siete planetas; el día de los desafíos y de las contraseñas; el día de la oración y, a su fin (pasados Cuervo, Desposada, Soldado, León, Persa, Correo del Sol y Padre), el día de Nama, Nama Sebastio.”
Luego de pasar por todos los misterios en la caverna, y ya afuera en la mañana, Juliano tuvo un arrebato de éxtasis, una revelación “Fui absorbido por Helios y por mis venas no corrió sangre sino luz.”
El mitraísmo se convertiría en el más lejano antecedente de las órdenes de caballería medioevales.
Renán, uno de los estudiosos del origen del cristianismo, al referirse a la religión de Mitra escribió: “Si el cristianismo se hubiera paralizado a consecuencia de alguna dolencia mortal, el mundo hubiera sido mitraísta”. Y es que en un momento, el cristianismo y el mitraísmo midieron sus fuerzas para ver cuál sería la religión dominante en el Imperio.
Hay autores que creen firmemente que el bautismo de agua y la cena ritual en el que pan es compartido junto con el cáliz de agua santificada, fue copiado del culto a Mitra.
El estudioso J. G. Frazer en su enciclopédico estudio sobre magia y religión, La Rama Dorada, nos deja saber que el cristianismo tuvo que doblegarse ante la popularidad del culto a Mitra, sobre todo en las provincias orientales y esperar pacientemente para conquistar las mentes de mucha gente.
En el calendario Juliano, el 25 de diciembre era señalado como el inicio del solsticio de invierno, ese día era tenido como la natividad del sol ya que los días empezaban a ser más largos que las noches, y se creía, que el poder del sol se incrementaba a partir de esa fecha.
El ritual de la natividad de Mitra comenzó a celebrarse en Siria y Egipto, los sacerdotes y celebrantes se retiraban al interior de los templos y a la medianoche salían en tropel por las calles anunciando “La Virgen ha alumbrado, la luz se ha creado”
Los egipcios representaban al recién nacido con un niño al que mostraban para que fuera adorado, su madre era la Virgen Celestial, que en tierra semitas era conocida como Astarte; las fiestas que seguían eran muy populares, se jugaban con las luces en la noche, la gente se hacía regalos, las casas se abrían para que los creyentes bebieran y comieran, se felicitaban porque un nuevo ciclo solar empezaba y se hacían promesas.
Los cristianos no celebraban la natividad de Cristo, entre otras razones porque los evangelios mencionaban muy poco sobre el nacimiento de Cristo, pero aún siendo cristianos celebraban el nacimiento del sol y se unían sin problemas a las fiestas mitráicas, cosa que no hacía muy felices a las autoridades eclesiales.
La Iglesia cristiana en Egipto decidió a conmemorar el nacimiento de Cristo el 6 de enero e impuso esta celebración en las principales provincias orientales, pero tal costumbre no fue seguida en occidente que muy astutamente decidió celebrarlo el 25 de diciembre, el mismo día del nacimiento del sol, finalmente la iglesia cristiana oriental acató la nueva fecha y para finales del siglo III, principios del IV ya era declarada el día de la natividad de Cristo, la ciudad de Antioquía fue la última en aceptarlo en el año 375 dC.
Por supuesto, tuvieron que insistir con los cristianos que estaba celebrando era el nacimiento de Cristo y no del sol, hay documentos que registraron aquella confusión de fechas y celebraciones, pero la gran beneficiada fue la Iglesia Cristiana, que pudo hacerse con más adeptos a medida que fortalecía su poder político.
Hasta el mismo San Agustín le recordaba a los cristianos continuamente, quien era el que nacía el 25 de diciembre, algo parecido sucedió con la fecha asignada a la muerte de Cristo, pero esa es otra historia. -  saulgodoy@gmail.com




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