domingo, 4 de noviembre de 2018

La cultura occidental y una caravana de migrantes



Un problema inicial es que hay muchas culturas occidentales; es casi imposible someterla a unos límites, encapsularla y decir: “esto es la cultura occidental”.
Para los norteamericanos blancos, protestantes y anglosajones, repartidos entre Norteamérica y el Commonwealth Británico, la de ellos, es la cultura occidental; para el europeo continental, sin su participación es imposible hablar de occidente; una parte importante de la tradición judeocristiana y los países que la parieron, reclaman otro tanto, ¿Y qué decir de Grecia y Roma? ¿Y de todas esas culturas subsidiarias y mestizas, creadas en tiempos de imperios coloniales en Latinoamérica y lugares tan apartados como Filipinas, partes de África y el sur del pacífico? ¿Dónde empieza y termina occidente?
Occidente hoy es una compleja combinación de razas y estilos de vida; su influjo es tan grande sobre otras culturas que muchos de los rasgos cotidianos, en la comida, el vestir, el entretenimiento y las comunicaciones, reportan un fuerte contenido occidental. El mundo globalizado no es una ficción, tiene siglos construyéndose, no puede ser obviado, como si fuera una simple tendencia o una moda, es una realidad y no va a desparecer porque alguien se declare nacionalista y cierre sus puertas y ventanas al mundo.
De hecho, estaba en la simiente de occidente convertirse en una cultura global; es su naturaleza, no tanto por la conquista a la fuerza, como estuvieron signados ciertos períodos de historia, sino por su carácter ecuménico y universal, por esa curiosidad científica y moral de escudriñar lo diferente, lo más alejado, y asimilarlo, quedarse con lo útil y descartar lo inútil.
Pero la cultura occidental tenía un problema y es que, desde muy temprano, se le quiso vincular con la raza blanca; esto porque los pueblos arios y los que luego poblaron el norte de Europa provenían de  gente de piel blanca y ojos claros, por diversas razones que no puedo explicar aquí, pero que autores como Max Weber, el mismo Karl Marx, Diamont Jarret, Neil Ferguson, Samuel Huntington, entre otros muchos, expusieron en documentados estudios, hablando de las influencias del clima, de la técnicas agrícolas, de los usos económicos y sociales, de la religión, que hicieron que unos pueblos pudieran entrar en una fase productiva y desligarse de la miseria y la escasez en que la mayor parte de la humanidad vivía… por supuesto, eso requirió de ingenio, de organización y de alcanzar metas comunes, lo que demandaba liderazgo y sentido común.
Todos los autores que he nombrado son blancos y con una herencia cultural que los hace portadores de esos valores, que los pueblos triunfadores desarrollaron en su lucha por prevalecer sobre la simple subsistencia, logrando la estabilidad necesaria para tener el tiempo y los recursos para crear culturas mucho más diversas y desarrolladas.
Tanto los pigmeos del Congo como los beduinos del Sahara eran pueblos exitosos en su relación con sus medios ambientes, pero no tuvieron las necesidades e incentivos para desarrollar técnicas y conocimientos suficientes que les permitieran dominar sus entornos y transformarlos en su beneficio, les bastaba vivir en armonía con ellos.
Y por esas diversas razones, que nada tienen que ver con la raza, pero sí con la habilidad para sustentarse en un ambiente y dominarlo, surgieron pueblos más adelantados que otros, con grados diferentes de civilización y desarrollo cultural; la raza es un valor, entre muchos, para algunos científicos es incluso un factor devaluado, que puede manipularse para demostrar muchas cosas estadísticamente, pero hasta ahora no ha sido determinante, pregúntese el lector si el jurado y la institución que otorga los Premios Nobeles no estuvieran conformados, en su mayoría aplastante, por representantes de la raza blanca ¿Habría personas premiadas de otras razas, de manera de igualar a los blancos?
Los chinos, los turcos, los japoneses, los egipcios, entre otros, tuvieron su oportunidad de convertirse en imperios, dominar sobre una porción del mundo, implantar su cultura, para finalmente desparecer como poder hegemónico.
La cultura occidental sobrevivió porque podía articularse en diversos polos de desarrollo, conservarse durante las crisis y volver a renacer con legados sembrados por el orbe y en diversos pueblos e idiomas, al punto que, cuando pudo, saltó el océano y floreció en un nuevo continente con más fuerza que nunca.
Pero ahora nos topamos con un dilema de carácter ideológico y, por supuesto, político, y es que el presidente Trump, de los EEUU, es un firme creyente de la supremacía blanca, lo que es su derecho, son creencias muy particulares, al contrario que su antecesor, el presidente Obama, quien creía en el multiculturalismo y el cosmopolitismo, en una comunión de razas… ambas son posiciones legítimas, aunque contrarias, cada una con sus argumentos y detractores.

Las angustias del Sr. S. Hutington.

Uno de los hombres que más ha influido en el pensamiento de los conservadores Norteamericanos del partido Republicano, y entre ellos en el Sr. Trump, fue Samuel Huntington (1927-2008), profesor de Harvard, investigador y autor de importantes obras en ciencias políticas, quien explicó, entre otras cosas, porque algunas sociedades, en el camino al desarrollo, no pueden producir instituciones estables para una democracia, y predijo el conflicto de las civilizaciones, principalmente entre la cultura China, el Islam y occidente; pero hay varios de sus estudios donde analiza lo que significa ser americano y cuáles son los valores que afirman esa identidad. Permitamos que sea el crítico e investigador norteamericano Carlos Lozada que, en su artículo Samuel Huntington, a prophet for the Trump era (2017), resume de manera concisa la prejuiciosa visión que desarrolló en esa parte de su obra:

En su último libro, ¿Quiénes Somos?, en el que enfatiza no sólo su visión como académico sino como patriota, Huntington revisa sus definiciones de América y los americanos. Cuando antes este credo era simplemente un subproducto de la cultura Anglo-Protestante, con el inglés como lenguaje, la fe Cristiana, la ética del trabajo y los valores del individualismo y de poder disentir como derecho, ahora afirma que se trata del núcleo central de la identidad Americana.  Amenazando ese núcleo, escribe Huntington, se encuentra la ideología del multiculturalismo: la nueva ola de inmigrantes de Latinoamérica, especialmente de México, que Huntington piensa son menos asimilables que otros inmigrantes; y la amenaza del lenguaje español, que Huntington trata como si fuera una enfermedad infecciosa para la integridad cultural y política de los EEUU. – There is no Americano dream- afirma- sólo hay un sueño americano creado por la sociedad Anglo-Protestante. Los mexicanos-americanos sólo pueden compartir ese sueño si lo sueñan en inglés.

Los Latinoamericanos estamos en una mejor posición para entender este arranque de racismo y discriminación porque hemos vivido en carne propia la ceguera del mito de la superioridad racial; sabemos que es un mito, como quienes creen que la Tierra es plana, o que existen el Cielo y el Infierno como premio y castigo en una vida posterior a ésta, el que la raza blanca sea la protagonista de los últimos y más grandes imperios de la civilización es una referencia estadística, no su causa.
No es una opinión que nos inmovilice ni que nos lleve al rencor, y menos cuando el profesor Huntington, en su estado depresivo y desesperanzado del final de su vida, veía que sus profecías sobre la decadencia de occidente, se estaban cumpliendo, algunos representantes de la raza blanca se sientes inseguros sobre su destino en medio de la enorme diferencia numérica que otras razas y culturas les oponen.
Pero Huntington cometía un error al generalizar lo que sólo quería ver, y desechaba de un plumazo todo el invaluable aporte de la cultura hispana a occidente, de la diversidad de grupos e individuos que conforman los pueblos de Latinoamérica, la relevancia y riqueza del idioma español; es innegable la contribución de los pueblos Latinoamericanos al mundo, en especial, la de los mexicanos a la cultura norteamericana.
No todos los hispanoamericanos estamos cortados por el mismo rasero, así como los hay flojos  e irresponsables, los hay trabajadores y que asumen sus compromisos; igual que entre los blancos, los hay feos y los hay bonitos, pretender estereotipar al Latinoamericano como lo trató de hacer Huntington fue un error; sólo hay que darle un vistazo a la composición de las Fuerzas Armadas en USA y podremos observar que cuenta con guerreros de origen hispano en un importante número, dispuestos a entregar sus vidas por ese sueño de libertad y liderazgo contemplado en la Constitución.
O revisemos los aportes en impuestos que hace la comunidad hispana al producto interno bruto de los EEUU y quedará en evidencia que se trata efectivamente, de una minoría productiva y emprendedora, igual en el mundo académico y científico.
Estoy seguro de que Trump asume estas posturas por interés político, tengo la impresión que sabe que es un hecho histórico inevitable que el continente americano sea el relevo de occidente - efectivamente, ya lo es - y que la influencia hispana está cambiando definitivamente ese ideal exclusivo, limitado y local que fundó la sociedad anglo-protestante; esa raza blanca y descendiente de los pilgrims, es ya una reliquia, pero su mensaje y su obra se han esparcido por el orbe.
Los EEUU se ha convertido en lo que todo el mundo sabe que es, un inmenso territorio con una gran mezcolanza de razas, no menciono a los negros porque asumo, de entrada, ya están integrados a la sociedad norteamericana, con sus problemas, pero están allí, conviviendo y construyendo una nación libre, donde los sueños se convierten en realidad si se tiene fe y se trabaja para lograrlos; la distribución racial es hoy muy distinta que hace cien años atrás, los blancos, en algunas regiones, son ya una minoría, la comodidad y la buena vida, en algunos casos, los ha hecho indiferentes a la necesidad de multiplicarse, no quieren generar prole, por lo que deben decidir con qué raza quieren llenar ese vacío demográfico, so pena de desaparecer eventualmente del escenario, con alguien más deben compartir su legado o, en su defecto, reproducirse artificialmente, clonándose masivamente.

¿De qué raza serán los norteamericanos del futuro?

Probablemente sea la raza asiática la que gane la partida, pues superan en número a los hispanos en los EEUU,  y probablemente el presidente Trump se sienta más cómodo imaginando una Norteamérica predominantemente asiática… en lo personal, no lo creo así; la emigración no puede ser eminentemente  europea ni eslava, pues ellos sufren del mismo problema, su fertilidad está estancada, pero siendo nosotros, los hispanoamericanos sus más cercanos interlocutores, porque, culturalmente hablando, profesamos muchas de las creencias y valores que identifican a estos blancos WASP, con la excepción de que no somos racistas, que nos gusta el mestizaje porque venimos de él, y la ciencia nos ha dado la certificación de calidad, pues en el mestizaje se encuentra el secreto de una vida más sana, longeva, reproductiva y resistente, proclive a cualquier cambio cultural, siempre y cuando se den las condiciones de igualdad en el crecimiento y aprendizaje en los niños.
En palabras del profesor Erik Del Bufalo, y con todo el respeto Sr, Trump - ahora si me referiré a su persona en términos personales - usted profesa una creencia “arcaica” con eso de la supremacía blanca, no es una crítica, todos, en algún momento contamos con algún arcaísmo dentro de nuestro equipaje de ideas y valores, pero creo que eso usted lo sabe; es un hombre práctico, un constructor de edificios, empresas y sueños; usted mismo lo ha dicho, ha tenido durante su vida constante contacto con el más variado tipo de gente, ha empleado, tenido, como clientes y asociados a sus emprendimientos, a toda clase de personas, y con los venezolanos, por razones de su trabajo, ha tenido relaciones con muchos que son hoy sus amigos o, por lo menos, conocidos.
Aprovecho la oportunidad para señalarle, en nombre de mis connacionales demócratas e, igualmente, nacionalistas, su interés en la situación de los desplazados venezolanos: los comunistas están destruyendo nuestro país para obligarnos a emigrar, utilizan el hambre y las enfermedades para empujarnos fuera de nuestras fronteras, con toda la intención de dañar las economías de los países vecinos, mis compatriotas están huyendo para poder sobrevivir no para tener una mejor vida, para nosotros es un asunto de vida o muerte no de calidad de vida.
Estoy seguro de que sus expresiones contra ciertos grupos latinoamericanos son una postura política del momento, y que si pudiera escoger entre las diferentes razas para buscar el mestizaje para su país, se decidiría por los hispanos, porque inevitablemente somos parte de la cultura occidental, vivimos a su lado, en este continente, no hay manera de obviarnos, y lo mejor, ya estamos integrados al modo de vida de los EEUU, aunque existan comunidades que les va a tomar un tiempo lograrlo.
Esas caravanas que se dirigen a su país son sólo gente empobrecida, que huye de la violencia de bandas criminales y de la falta de oportunidades, también están siendo utilizadas por elementos de la izquierda internacional, por gobiernos y personas que quieren verlo en dificultades, haciendo precisamente lo que está haciendo, por ello las han convocado, organizado y la están direccionando hacia sus fronteras.
Puede que haya infiltrados en esos grupos, pero el grueso son gente que no tienen otra esperanza que vivir esa vida digna que los gobiernos de sus países les han negado y para quienes los EEUU representan una mejor vida. Creo que sí se trata de un ataque en su contra y es un riesgo para la seguridad interna de su país, pero no es un ataque convencional, es una vil manipulación comunista la que le envía esa invasión de gente con fines políticos, es una técnica desarrollada por los cubanos desde hace mucho tiempo.
Yo en su lugar los recogiera, los internara en campos de refugiados, los empadronaría, para saber de dónde vienen, les diría que pueden escoger, o se regresan a sus países o serán deportados a Cuba, métalos en un buque y envíelos a Cuba, que los Marines le abran una cabeza de playa y los desembarquen, para que los comunistas se hagan cargo de ellos (puede llevarlos a Guantánamo y que entren desde allí), y con el listado en mano, cóbrele los gastos en que incurrió a los países que permitieron el éxodo.
Trate en lo posible de no dirigir una respuesta militar sobre los emigrantes que se acercan a sus fronteras, es justamente lo que quieren sus enemigos, dejarlo ante el mundo como ser inhumano y violento, utilice la respuesta militar en contra de quienes están detrás de este ataque que son los gobiernos comunistas de Cuba, Venezuela y Nicaragua, apoyados por Rusia y China y sus facciones que tienen en Washington, el problema no es sólo suyo es de todos los ciudadanos norteamericanos, incluyendo la comunidad hispanoamericana, esta es una ofensiva del bloque euroasiático utilizando como peones a esas familias centroamericanas, no confunda a su enemigo Sr. Trump
La mejor defensa es un buen ataque, imponga la ley marcial en todo los EEUU, ponga en alerta naranja a todas sus fuerzas y deshabilite con contundencia el sistema nervioso de sus enemigos en la región, lo que le están haciendo no es una broma pesada, es un acto de guerra, es la única manera en parar esas caravanas que podrían complicarle la vida en una escalada que no tendrá fin.
Si bien es cierto que algunos grupos de emigrantes se resisten a abandonar sus costumbres y rutinas raigales, que no hacen mayor esfuerzo por integrarse a la nueva sociedad que los acoge, la gran mayoría de los latinos estamos dispuestos a compartir riesgos y peligros, a poner nuestro aporte para que los EEUU siga siendo una potencia mundial; algunos Latinoamericanos deben sacudirse todavía esas telarañas del comunismo y renunciar a ciertos complejos y resentimientos, pero nada es imposible o que tome una eternidad.
De modo que guardemos las consideraciones y nuestro respeto por las brillantes ideas del profesor Huntington en otros terrenos, pero su xenofobia por los hispanos no tiene sustento en la realidad de la Norteamérica de hoy.        saulgodoy@gmail.com





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