Un
problema inicial es que hay muchas culturas occidentales; es casi imposible
someterla a unos límites, encapsularla y decir: “esto es la cultura
occidental”.
Para
los norteamericanos blancos, protestantes y anglosajones, repartidos entre
Norteamérica y el Commonwealth Británico, la de ellos, es la cultura
occidental; para el europeo continental, sin su participación es imposible
hablar de occidente; una parte importante de la tradición judeocristiana y los
países que la parieron, reclaman otro tanto, ¿Y qué decir de Grecia y Roma? ¿Y
de todas esas culturas subsidiarias y mestizas, creadas en tiempos de imperios
coloniales en Latinoamérica y lugares tan apartados como Filipinas, partes de
África y el sur del pacífico? ¿Dónde empieza y termina occidente?
Occidente
hoy es una compleja combinación de razas y estilos de vida; su influjo es tan
grande sobre otras culturas que muchos de los rasgos cotidianos, en la comida,
el vestir, el entretenimiento y las comunicaciones, reportan un fuerte
contenido occidental. El mundo globalizado no es una ficción, tiene siglos
construyéndose, no puede ser obviado, como si fuera una simple tendencia o una
moda, es una realidad y no va a desparecer porque alguien se declare
nacionalista y cierre sus puertas y ventanas al mundo.
De
hecho, estaba en la simiente de occidente convertirse en una cultura global; es
su naturaleza, no tanto por la conquista a la fuerza, como estuvieron signados ciertos
períodos de historia, sino por su carácter ecuménico y universal, por esa
curiosidad científica y moral de escudriñar lo diferente, lo más alejado, y
asimilarlo, quedarse con lo útil y descartar lo inútil.
Pero
la cultura occidental tenía un problema y es que, desde muy temprano, se le quiso
vincular con la raza blanca; esto porque los pueblos arios y los que luego
poblaron el norte de Europa provenían de
gente de piel blanca y ojos claros, por diversas razones que no puedo
explicar aquí, pero que autores como Max Weber, el mismo Karl Marx, Diamont
Jarret, Neil Ferguson, Samuel Huntington, entre otros muchos, expusieron en
documentados estudios, hablando de las influencias del clima, de la técnicas
agrícolas, de los usos económicos y sociales, de la religión, que hicieron que
unos pueblos pudieran entrar en una fase productiva y desligarse de la miseria
y la escasez en que la mayor parte de la humanidad vivía… por supuesto, eso
requirió de ingenio, de organización y de alcanzar metas comunes, lo que demandaba
liderazgo y sentido común.
Todos
los autores que he nombrado son blancos y con una herencia cultural que los
hace portadores de esos valores, que los pueblos triunfadores desarrollaron en
su lucha por prevalecer sobre la simple subsistencia, logrando la estabilidad
necesaria para tener el tiempo y los recursos para crear culturas mucho más
diversas y desarrolladas.
Tanto
los pigmeos del Congo como los beduinos del Sahara eran pueblos exitosos en su
relación con sus medios ambientes, pero no tuvieron las necesidades e
incentivos para desarrollar técnicas y conocimientos suficientes que les
permitieran dominar sus entornos y transformarlos en su beneficio, les bastaba
vivir en armonía con ellos.
Y por
esas diversas razones, que nada tienen que ver con la raza, pero sí con la
habilidad para sustentarse en un ambiente y dominarlo, surgieron pueblos más
adelantados que otros, con grados diferentes de civilización y desarrollo
cultural; la raza es un valor, entre muchos, para algunos científicos es incluso
un factor devaluado, que puede manipularse para demostrar muchas cosas
estadísticamente, pero hasta ahora no ha sido determinante, pregúntese el
lector si el jurado y la institución que otorga los Premios Nobeles no
estuvieran conformados, en su mayoría aplastante, por representantes de la raza
blanca ¿Habría personas premiadas de otras razas, de manera de igualar a los
blancos?
Los
chinos, los turcos, los japoneses, los egipcios, entre otros, tuvieron su
oportunidad de convertirse en imperios, dominar sobre una porción del mundo,
implantar su cultura, para finalmente desparecer como poder hegemónico.
La
cultura occidental sobrevivió porque podía articularse en diversos polos de
desarrollo, conservarse durante las crisis y volver a renacer con legados
sembrados por el orbe y en diversos pueblos e idiomas, al punto que, cuando
pudo, saltó el océano y floreció en un nuevo continente con más fuerza que
nunca.
Pero
ahora nos topamos con un dilema de carácter ideológico y, por supuesto,
político, y es que el presidente Trump, de los EEUU, es un firme creyente de la
supremacía blanca, lo que es su derecho, son creencias muy particulares, al contrario
que su antecesor, el presidente Obama, quien creía en el multiculturalismo y el
cosmopolitismo, en una comunión de razas… ambas son posiciones legítimas,
aunque contrarias, cada una con sus argumentos y detractores.
Las angustias del Sr. S.
Hutington.
Uno
de los hombres que más ha influido en el pensamiento de los conservadores
Norteamericanos del partido Republicano, y entre ellos en el Sr. Trump, fue
Samuel Huntington (1927-2008), profesor de Harvard, investigador y autor de
importantes obras en ciencias políticas, quien explicó, entre otras cosas, porque
algunas sociedades, en el camino al desarrollo, no pueden producir
instituciones estables para una democracia, y predijo el conflicto de las
civilizaciones, principalmente entre la cultura China, el Islam y occidente;
pero hay varios de sus estudios donde analiza lo que significa ser americano y
cuáles son los valores que afirman esa identidad. Permitamos que sea el crítico
e investigador norteamericano Carlos Lozada que, en su artículo Samuel
Huntington, a prophet for the Trump era
(2017), resume de manera concisa la prejuiciosa visión que desarrolló en esa
parte de su obra:
En su último libro, ¿Quiénes Somos?, en el que enfatiza no
sólo su visión como académico sino como patriota, Huntington revisa sus
definiciones de América y los americanos. Cuando antes este credo era simplemente
un subproducto de la cultura Anglo-Protestante, con el inglés como lenguaje, la
fe Cristiana, la ética del trabajo y los valores del individualismo y de poder
disentir como derecho, ahora afirma que se trata del núcleo central de la
identidad Americana. Amenazando ese núcleo,
escribe Huntington, se encuentra la ideología del multiculturalismo: la nueva
ola de inmigrantes de Latinoamérica, especialmente de México, que Huntington
piensa son menos asimilables que otros inmigrantes; y la amenaza del lenguaje
español, que Huntington trata como si fuera una enfermedad infecciosa para la
integridad cultural y política de los EEUU. – There is no Americano dream- afirma- sólo hay un sueño americano
creado por la sociedad Anglo-Protestante. Los mexicanos-americanos sólo pueden
compartir ese sueño si lo sueñan en inglés.
Los Latinoamericanos estamos en una
mejor posición para entender este arranque de racismo y discriminación porque
hemos vivido en carne propia la ceguera del mito de la superioridad racial;
sabemos que es un mito, como quienes creen que la Tierra es plana, o que
existen el Cielo y el Infierno como premio y castigo en una vida posterior a
ésta, el que la raza blanca sea la protagonista de los últimos y más grandes
imperios de la civilización es una referencia estadística, no su causa.
No es una opinión que nos inmovilice
ni que nos lleve al rencor, y menos cuando el profesor Huntington, en su estado
depresivo y desesperanzado del final de su vida, veía que sus profecías sobre
la decadencia de occidente, se estaban cumpliendo, algunos representantes de la
raza blanca se sientes inseguros sobre su destino en medio de la enorme
diferencia numérica que otras razas y culturas les oponen.
Pero Huntington cometía un error al
generalizar lo que sólo quería ver, y desechaba de un plumazo todo el invaluable
aporte de la cultura hispana a occidente, de la diversidad de grupos e
individuos que conforman los pueblos de Latinoamérica, la relevancia y riqueza
del idioma español; es innegable la contribución de los pueblos
Latinoamericanos al mundo, en especial, la de los mexicanos a la cultura
norteamericana.
No todos los hispanoamericanos estamos
cortados por el mismo rasero, así como los hay flojos e irresponsables, los hay trabajadores y que
asumen sus compromisos; igual que entre los blancos, los hay feos y los hay
bonitos, pretender estereotipar al Latinoamericano como lo trató de hacer
Huntington fue un error; sólo hay que darle un vistazo a la composición de las
Fuerzas Armadas en USA y podremos observar que cuenta con guerreros de origen
hispano en un importante número, dispuestos a entregar sus vidas por ese sueño
de libertad y liderazgo contemplado en la Constitución.
O revisemos los aportes en impuestos
que hace la comunidad hispana al producto interno bruto de los EEUU y quedará
en evidencia que se trata efectivamente, de una minoría productiva y
emprendedora, igual en el mundo académico y científico.
Estoy seguro de que Trump asume estas
posturas por interés político, tengo la impresión que sabe que es un hecho
histórico inevitable que el continente americano sea el relevo de occidente - efectivamente,
ya lo es - y que la influencia hispana está cambiando definitivamente ese ideal
exclusivo, limitado y local que fundó la sociedad anglo-protestante; esa raza
blanca y descendiente de los pilgrims, es
ya una reliquia, pero su mensaje y su obra se han esparcido por el orbe.
Los EEUU se ha convertido en lo que
todo el mundo sabe que es, un inmenso territorio con una gran mezcolanza de
razas, no menciono a los negros porque asumo, de entrada, ya están integrados a
la sociedad norteamericana, con sus problemas, pero están allí, conviviendo y
construyendo una nación libre, donde los sueños se convierten en realidad si se
tiene fe y se trabaja para lograrlos; la distribución racial es hoy muy
distinta que hace cien años atrás, los blancos, en algunas regiones, son ya una
minoría, la comodidad y la buena vida, en algunos casos, los ha hecho
indiferentes a la necesidad de multiplicarse, no quieren generar prole, por lo
que deben decidir con qué raza quieren llenar ese vacío demográfico, so pena de
desaparecer eventualmente del escenario, con alguien más deben compartir su
legado o, en su defecto, reproducirse artificialmente, clonándose masivamente.
¿De
qué raza serán los norteamericanos del futuro?
Probablemente sea la raza asiática la
que gane la partida, pues superan en número a los hispanos en los EEUU, y probablemente el presidente Trump se sienta
más cómodo imaginando una Norteamérica predominantemente asiática… en lo
personal, no lo creo así; la emigración no puede ser eminentemente europea ni eslava, pues ellos sufren del
mismo problema, su fertilidad está estancada, pero siendo nosotros, los
hispanoamericanos sus más cercanos interlocutores, porque, culturalmente
hablando, profesamos muchas de las creencias y valores que identifican a estos
blancos WASP, con la excepción de que no somos racistas, que nos gusta el
mestizaje porque venimos de él, y la ciencia nos ha dado la certificación de
calidad, pues en el mestizaje se encuentra el secreto de una vida más sana,
longeva, reproductiva y resistente, proclive a cualquier cambio cultural, siempre
y cuando se den las condiciones de igualdad en el crecimiento y aprendizaje en
los niños.
En palabras del profesor Erik Del
Bufalo, y con todo el respeto Sr, Trump - ahora si me referiré a su persona en
términos personales - usted profesa una creencia “arcaica” con eso de la
supremacía blanca, no es una crítica, todos, en algún momento contamos con
algún arcaísmo dentro de nuestro equipaje de ideas y valores, pero creo que eso
usted lo sabe; es un hombre práctico, un constructor de edificios, empresas y
sueños; usted mismo lo ha dicho, ha tenido durante su vida constante contacto
con el más variado tipo de gente, ha empleado, tenido, como clientes y asociados
a sus emprendimientos, a toda clase de personas, y con los venezolanos, por
razones de su trabajo, ha tenido relaciones con muchos que son hoy sus amigos o,
por lo menos, conocidos.
Aprovecho la oportunidad para señalarle,
en nombre de mis connacionales demócratas e, igualmente, nacionalistas, su
interés en la situación de los desplazados venezolanos: los comunistas están
destruyendo nuestro país para obligarnos a emigrar, utilizan el hambre y las
enfermedades para empujarnos fuera de nuestras fronteras, con toda la intención
de dañar las economías de los países vecinos, mis compatriotas están huyendo
para poder sobrevivir no para tener una mejor vida, para nosotros es un asunto
de vida o muerte no de calidad de vida.
Estoy seguro de que sus expresiones
contra ciertos grupos latinoamericanos son una postura política del momento, y
que si pudiera escoger entre las diferentes razas para buscar el mestizaje para
su país, se decidiría por los hispanos, porque inevitablemente somos parte de
la cultura occidental, vivimos a su lado, en este continente, no hay manera de
obviarnos, y lo mejor, ya estamos integrados al modo de vida de los EEUU,
aunque existan comunidades que les va a tomar un tiempo lograrlo.
Esas caravanas que se dirigen a su
país son sólo gente empobrecida, que huye de la violencia de bandas criminales
y de la falta de oportunidades, también están siendo utilizadas por elementos
de la izquierda internacional, por gobiernos y personas que quieren verlo en
dificultades, haciendo precisamente lo que está haciendo, por ello las han
convocado, organizado y la están direccionando hacia sus fronteras.
Puede que haya infiltrados en esos
grupos, pero el grueso son gente que no tienen otra esperanza que vivir esa
vida digna que los gobiernos de sus países les han negado y para quienes los
EEUU representan una mejor vida. Creo que sí se trata de un ataque en su contra
y es un riesgo para la seguridad interna de su país, pero no es un ataque
convencional, es una vil manipulación comunista la que le envía esa invasión de
gente con fines políticos, es una técnica desarrollada por los cubanos desde
hace mucho tiempo.
Yo en su lugar los recogiera, los internara
en campos de refugiados, los empadronaría, para saber de dónde vienen, les
diría que pueden escoger, o se regresan a sus países o serán deportados a Cuba,
métalos en un buque y envíelos a Cuba, que los Marines le abran una cabeza de
playa y los desembarquen, para que los comunistas se hagan cargo de ellos
(puede llevarlos a Guantánamo y que entren desde allí), y con el listado en
mano, cóbrele los gastos en que incurrió a los países que permitieron el éxodo.
Trate en lo posible de no dirigir una
respuesta militar sobre los emigrantes que se acercan a sus fronteras, es
justamente lo que quieren sus enemigos, dejarlo ante el mundo como ser inhumano
y violento, utilice la respuesta militar en contra de quienes están detrás de
este ataque que son los gobiernos comunistas de Cuba, Venezuela y Nicaragua,
apoyados por Rusia y China y sus facciones que tienen en Washington, el
problema no es sólo suyo es de todos los ciudadanos norteamericanos, incluyendo
la comunidad hispanoamericana, esta es una ofensiva del bloque euroasiático
utilizando como peones a esas familias centroamericanas, no confunda a su
enemigo Sr. Trump
La mejor defensa es un buen ataque,
imponga la ley marcial en todo los EEUU, ponga en alerta naranja a todas sus
fuerzas y deshabilite con contundencia el sistema nervioso de sus enemigos en la
región, lo que le están haciendo no es una broma pesada, es un acto de guerra, es
la única manera en parar esas caravanas que podrían complicarle la vida en una
escalada que no tendrá fin.
Si bien es cierto que algunos grupos
de emigrantes se resisten a abandonar sus costumbres y rutinas raigales, que no
hacen mayor esfuerzo por integrarse a la nueva sociedad que los acoge, la gran
mayoría de los latinos estamos dispuestos a compartir riesgos y peligros, a
poner nuestro aporte para que los EEUU siga siendo una potencia mundial; algunos
Latinoamericanos deben sacudirse todavía esas telarañas del comunismo y renunciar
a ciertos complejos y resentimientos, pero nada es imposible o que tome una
eternidad.
De modo que guardemos las consideraciones
y nuestro respeto por las brillantes ideas del profesor Huntington en otros
terrenos, pero su xenofobia por los hispanos no tiene sustento en la realidad
de la Norteamérica de hoy. – saulgodoy@gmail.com

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