Ya que es fin de año, vamos a entretenernos con uno de
mis autores favoritos en mi extensa galería de teóricos de la Conspiración,
esta vez se trata del misterioso Miles Willian Mathis que de acuerdo al sitio
en Intenet, RationalWiki, un sitio
dedicado a desenmascarar “habladores de pistoladas” del mundo entero, se
trataría de un surfista californiano venido en filósofo, científico, matemático
y cazador de conspiradores en las profundidades del mundo de los espías y las
operaciones psicológicas.
Pero en realidad es un tejano nacido en 1964 con
habilidades y dotes muy particulares, principalmente en el dibujo y la pintura,
en el ballet (fue bailarín clásico profesional en una compañía en Austin), en
matemáticas y física, materias sobre las que ha publicado una serie de
controversiales trabajos, y en lo que particularmente me interesa más de su
extensa producción, como crítico e historiador del arte (y para rematar es un
excelente caricaturista).
Aunque es una figura conocida en estas áreas, su fama le
viene como teórico de la conspiración especializado en descubrir eventos falsos
preparados para distraer la atención de la opinión pública, su página web es
muy popular debido, entre otras cosas por su extenso y variado contenido que
van desde su tesis de que el número π no es 3,1416… (y dele), sino 4, por
lo que todos los cálculos que se han hecho sobre el anterior valor de pi están equivocados.
Se declaró descubridor y ha desarrollado su propia teoría
de un Campo Unificado (una Teoría del Todo) en física, y ha logrado producir
una ecuación que la explica de manera impecable, igualmente sostiene que las
hipótesis de los derivados matemáticos cuyas funciones se han utilizado en
calculo, están todas equivocadas.
Pero además es un extraordinario creyente, recopilador e
investigador en diversas teorías conspirativas, entre ellas: que Shakespeare
nunca existió y su obra pertenece a un colectivo de autores asignados a un
personaje ficticio, que el asesinato del Presidente Lincoln fue puro teatro,
que la CIA está en control de la divulgación de todos la mayor parte de los
supuestos adelantos en la física, que Stephen Hawking murió mucho antes de la
fecha de su deceso oficial y fue suplantado por un doble, que John Lennon está
vivo y viviendo en Canadá, que el certificado de nacimiento que presentó Obama
como prueba de su nacionalidad norteamericana es una falsificación, que Donald
Trump y Elon Musk son en realidad judíos, y una larga lista de sospechosos, de gente
famosa que son agentes encubiertos de los servicios de inteligencia.
Dicen algunos que en realidad Miles es un colectivo, que
es la única manera de explicar el impresionante volumen y variado material que
tiene rodando por el mundo, que se trata de una empresa de desinformación del
este de Europa, que trabaja para Langley… nadie sabe quién es en realidad Miles
Mathis, pero en internet está vivito y coleando, respondiendo a los
innumerables ataques y críticas que reciben sus escritos.
Pero lo que más me gusta de Miles son sus teorías
conspirativas sobre arte y literatura, unas verdaderas piezas de argumentación
históricas que lo dejan a uno dudando sobre la posibilidad de que las cosas
hayan sucedido tal y como él las comenta, por lo menos, se trata de alguien muy leído y que ha
investigado a fondo algunos temas, como sería el caso del arte moderno.
Con el largo título de: Me gustaría consignar un expediente sobre un reporte de transacciones
sospechosas durante todo el siglo XX (2013), Miles nos adentra en una
historia alternativa del arte en el siglo pasado, donde nos dibuja una
estratagema global financiera, de trafico de obras de arte, operaciones
encubiertas de servicios de inteligencia y construcción de mitos que
verdaderamente asombran si fueran verdad (recuerden que soy de los que creen
que en toda teoría conspirativa hay algo de verdad).
Vamos a empezar por el final, ya que el ejemplo que
ilustra el artículo, tiene una fuerza tremenda para la comprensión de lo que
quiere decirnos.
Para el año 2011 la pintura más costosa del mundo recayó
sobre Los Jugadores de Carta de Paul
Cezanne, que se vendió por un precio estimado entre 250 y 300 millones de
dólares (una de las cosas insólitas en estas operaciones, es que el público
nunca sabe el valor final de la transacción), los compradores fueron los Al
Thanis, la familia real de Qatar, y el vendedor fue el empresario naviero
griego George Embiricos, dueño de una enorme flota de barcos petroleros, a
partir de esta operación de compra-venta Miles empieza a tejer una red de
conjeturas.
Empieza por decirnos que el gobierno de los EEUU estuvo
involucrado en esta negociación ya que en realidad la estaba usando para
ocultar un pago que le hacía el gobierno norteamericano del momento, a los
mandatarios de Qatar, por sus servicios en la guerra contra Libia con la
intención de derrocar el régimen de Gaddafi.
Explica Miles, que los EEUU no quería se supiera que uno
de sus aliados estaba peleando una guerra por ellos, el pago debía hacerse por
vía privada, y la venta de una obra de arte es una de las formas usuales de
pago por servicios ejecutados, según Miles es una forma altamente sofisticada
de lavado de dinero que va como sigue: La empresa naviera de Embiricos estaba
en competencia con la empresa estatal libia por el petróleo que este país
producía, pero se trataba de un monopolio al que no le permitían acceso, y
Grecia estaba muy cerca de Libia de modo que las operaciones podrían ser
bastantes cómodas para el magante griego.
De modo que lo que en realidad estaba obteniendo
Embiricos por vender el Cezanne a Qatar, era el derecho de acceder a ese
petróleo, según la hipótesis de Miles, la operación fue una tapadera, un show,
para ocultar una operación encubierta de transferencia de dinero entre unos
protagonistas de aquella guerra, se pregunta Miles: ¿Fue una coincidencia que
la pintura más costosa de ese año intercambiara de dueños con el fondo la
guerra con Libia, y entre dos aliados partícipes en la misma?
Pero el negocio es mucho más complejo de lo que uno pudiera
presumir ya que lo que menos importaba era el cuadro, que efectivamente fue
enviado a Qatar; para la familia real era mucho más práctico y sencillo que
recibieran el dinero sin necesidad de traficar con la pintura, pero lo que
realmente estaba en juego era una operación financiera secreta entre bancos, el
cuadro era apenas la ficha de la operación.
Los bancos involucrados no transfieren oro o dinero,
ellos simplemente abren créditos o cancelan deudas, todo es automatizado, sólo
ceros y unos, pasando de una computadora a otra, Qatar recibió ambos, el cuadro
y el crédito bancario, la pintura servía sólo de acompañante a esa transacción
digital, pero como es un señuelo, le puede servir para aumentar el valor de su
patrimonio, y para “engordar” el valor del cuadro (la ficha), ya que la próxima
vez que salga al mercado se cotizará por una cifra superior a lo que pagaron.
Miles nos plantea la hipotética situación de que alguno
de nosotros, simples mortales, robáramos el cuadro para intentar venderlo en el
mercado negro, no recibiríamos ni un millón de dólares por el cuadro, no porque
estuviere siendo buscado y fuera mercancía “caliente” muy difícil de colocar,
sino porque quienes trafican con fichas tan altas son gobiernos o empresas
multinacionales, que tienen que cubrir transacciones muy privadas y utilizan el
cuadro para hacerlas, y pactan el precio entre ellas.
La obra de arte es perfecta porque tapa el verdadero
negocio, los entes reguladores, agencias de espionaje, investigadores y demás
interesados, no están viendo la verdadera transacción y todo es público y
legal.
Miles tiene abundante material sobre como el arte moderno
es utilizado, manipulado y controlado por agencias de inteligencia e
instituciones bancarias mundiales para sus propios fines, y como se fabrican
ingentes fortunas en el proceso, en uno de sus artículos más interesantes, The Stolen Century, nos cuenta como la
famosa exhibición del Armory Show en 1913 en New York, fue la gran oportunidad
para el público norteamericano de apreciar por primera vez el nuevo arte
europeo que estaba rompiendo con las viejas tradiciones de la academia, y
explorando formas y conceptos totalmente experimentales.
Pero para Miles, el grueso de las obras creadas por el
modernismo europeo eran pura basura, pinturas y objetos sin ningún valor
estético, propuestas sin sentido, trabajos que parecían más bien una burla a la
inteligencia y el buen gusto, pero tenían detrás de ellos el apoyo financiero y
la promosión de gobiernos. Empresas y bancos dispuestos a convertirlos en
preciados objetos de valor.
Los datos y la narrativa concuerdan con otros autores que
han investigado el tema, allí estaban involucrados los servicios británicos de
inteligencia, los norteamericanos (el Armory Show se hizo en una instalación
militar), los grandes bancos, empresas petroleras y del hierro, familias
poderosas como los Rockefeller, se dieron movimientos de una precisión
impresionantes como el de que el Congreso eliminara las tarifas que pechaban el
arte europeo hasta el momento, que se fundara el MOMA, que se involucraran los
mejores críticos de arte y la academia de los EEUU para elevar el arte moderno
como símbolo de la libertad y el progreso del nuevo siglo.
Las familias más ricas y los bancos simplemente compraron
barato y vendieron caro en uno de los movimientos de inversión en el arte más
impresionantes de la historia, y de éste espectacular negocio nació la
posibilidad de crear nuevas maneras de lavar dinero con el arte, y eso sucedió
con la música, con la literatura y con todas las demás manifestaciones
artísticas del siglo XX.
El arte moderno, según Miles fue una fabricación
artificial, una manipulación global de la cultura occidental de la postguerra
para crear las condiciones y los elementos necesarios para la globalización,
que estaría controlada por unas pocas familias y organizaciones, y con
elementos psicológicos y de manipulación de masas que les daría la oportunidad
de poner en práctica las técnicas y procedimientos que hoy distinguen un mundo
totalmente controlado y artificial, a la usanza de Matrix.
De nuevo les dejo una palabra de advertencia, las teorías
conspirativas son adictivas, tienen la peligrosa facultad de sustituir la
realidad con argumentos y giros de los acontecimientos, alimentan la paranoia,
la fantasía y el miedo, y pueden confundir y extraviar incluso a expertos en el
tema, sobre todo en estos tiempos postmodernistas, para mí son un divertimento,
me proporcionan un panorama mucho más amplio de la historia pero
indudablemente, si usted se va a sumergir en estos temas, hágalo a consciencia,
pues puede terminar preso de la locura si se deja llevar por estas historias,
dicho esto, si se sienten atraídos por estas visiones, internet es una mina
inagotable de teorías de la conspiración, creadas y ciertas. -
saulgodoy@gmail.com
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