viernes, 20 de diciembre de 2019

Trump y la democracia



Primero que nada, quiero expresarle mis felicitaciones al Sr. Donald Trump, Presidente constitucional de los EEUU, por el ejemplo de entereza y responsabilidad democrática que ha estado demostrando bajo el despiadado ataque de las fuerzas de la izquierda norteamericana, agavilladas en la Cámara de Representantes, y quienes han conseguido manipular a una parte de la opinión pública y activar los mecanismos institucionales en el Congreso, y en utilizar algunas parcelas del poder judicial, para dispararle a mansalva al jefe electo del gobierno y tratar de sacarlo del cargo legítimamente otorgado por el pueblo de esa gran nación.
Solo un hombre con temple democrático y seguro de su inocencia y respaldo del pueblo, puede enfrentarse de manera institucional a estas fuerzas ciegas que intentan destruirlo y despojarlo del mandato que millones de ciudadanos le confiaron, si va a quedar alguna marca de vergüenza para la historia, será para aquellos que han estado propiciando este “golpe blando de estado” en contra de un presidente constitucionalmente elegido.
¿Por qué un partido político norteamericano, supuestamente democrático como lo debería ser el Partido Demócrata, con su larga trayectoria de respeto y cultivo de las mejores tradiciones republicanas, de pronto, se le voltea al presidente Trump y con una rabia nunca antes vista, luego de perder las elecciones del 2016, lo ataca e intenta destruirlo, y con ello, hacerle un grave daño a la institución de la presidencia, al poder ejecutivo, vital para la estabilidad del gobierno?
Porque recurrir al procedimiento del “impeachment” y llevarlo a un juicio político, con vista a obligarlo a renunciar al cargo, o destituirlo, es quizás la medida más extrema que tiene el sistema político norteamericano para protegerse de un presidente que ha perdido el rumbo, y le está haciendo un grave daño al país, tan grave, que amerita desconocer la voluntad de la gente que lo eligió.
Pero cuando vemos la realidad de su mandato, nos encontramos que con el Sr. Trump la economía de ese país se ha revitalizado, hay más empleo, más consumo, mejor ambiente para las inversiones en el país, la inflación está controlada, la economía ha crecido, de eso no hay dudas, sus productos y servicios son competitivos en todo el mundo, la ciencia y la tecnología no han parado en su impulso de innovar y ofrecer una mejor calidad de vida… todo eso es posible porque hay confianza, hay un rumbo claro y unas reglas de juego que todos conocen y respetan, hay autoridad y respeto por las leyes.
Por supuesto que hay problemas, tonto sería no admitirlo, hay grandes diferencias sociales entre diferentes grupos, desigualdades en las rentas, hay clases con privilegios que otras no tienen, el mundo de las oportunidades varían grandemente, la preparación y los contactos de personas y grupos no son las mismas, esas diferencias son atendidas por los gobiernos federales y locales en un esfuerzo por reducirlas, minimizarlas para que no frenen la participación y la vida en común, no hay país en el mundo con tantas etnias, culturas, saberes y tradiciones reunidas en paz y construyendo futuro, y eso trae roces, conflictos, diferencias de opinión pero la mayor parte de ellos son transados en acuerdos y negociaciones.
El sistema de justicia, con todas sus imperfecciones, funciona, las instituciones cumplen con su cometido, y el país entero se enriquece con estas interacciones, con la llegada del Sr. Trump al poder se dio un cambio de estilo no sólo en cómo hacer política, sino también de como abarcar la realidad y cambiarla para el bien del país y las libertades en el mundo.
Que hay extremistas, que la violencia ciega y destructiva a veces se desborda, en todos los países del mundo sucede, pero a pesar de su tamaño y complejidad como nación, los EEUU permanece como ejemplo y paradigma de una sociedad cosmopolita y equilibrada, con altos márgenes de seguridad y paz social, de hecho, todo el mundo quiere ir allá, a ver sus maravillas, algunos acariciando la idea de poder vivir y hacer sus vidas en ese país, porque la libertad y el sueño americano persisten como idea y proyecto para millones de personas, que como nosotros, los atribulados y golpeados venezolanos, pensamos pudiéramos conseguir para nuestra propia tierra, tan cerca y tan lejos de los EEUU.
Hay mucha gente que cree que los EEUU están destinados a ser policías del mundo, administradores del orden global, no se dan cuenta o no saben que ese país tiene vida propia, que su sociedad ha hecho grandes sacrificios para tener el país que ahora tienen, con su propio proyecto de nación, con sus ideas de lo que deben hacer para mejorar esas libertades y derechos que han conseguido, y es con la práctica de más y mejor democracia como lo han logrado, tal y como lo observó el agudo pensador venido de Francia, Alexis de Tocqueville, allá por el año de 1831, dijo luego de ver como los norteamericanos vivían y se gobernaban: La sociedad norteamericana, actúa por sí misma y sobre ella misma, no hay poder fuera de su seno; no se encuentra, incluso, casi nadie que se atreva a concebir, y sobre todo a expresar, la idea de buscarlo fuera de ella [...]. El pueblo reina sobre el mundo político americano como Dios sobre el universo. Él es la causa y el fin de todas las cosas; todo sale de él y todo se incorpora de nuevo a él".
Trump como buen hijo de su tierra cree absolutamente en el poder de la democracia en América, como jefe de estado ha actuado como el más responsable de los presidentes, evitando caer en confrontaciones y peligros, sus actuaciones son públicas, abiertas, bajo el escrutinio público y administrativo de un estado altamente tecnificado, y con el mejor interés para su país, pero el Partido Demócrata pareciera haber caído en la tentación populista de los extremismos, y para satisfacer el hambre de poder y las ansias revolucionarias de un grupito de revolucionarios comunistas, se han embarcado en un peligroso proyecto de inestabilidad y siembra de la desconfianza.
Lo sucedido en Ucrania, que por una llamada telefónica que hizo Trump al presidente Volodímir Zelensky, una llamada grabada, hecha con el ánimo de establecer entre las dos naciones relaciones de mutua conveniencia y cooperación, cuya transcripciones han sido desnaturalizadas y descontextualizadas, se le acuse de estar pidiéndole favores a un mandatario extranjero, para que investigue al hijo del quien era el Vicepresidente, Joe Biden (demócrata), y quien ha sido acusado de manejos impropios con el gobierno de Ucrania, entre otros “pecadillos” por exigirle la renuncia del procurador que investigaba los manejos nada claros de su vástago.
Abuso de poder para obtener una ganancia personal y obstrucción de la justicia, estos son los cargos que pesan sobre Donald Trump, promovidos por una gavilla de comunistas que prometieron hacerle daño desde el primer día de su mandato, los Clinton, los Obama, los Biden, ahora Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara de Representantes, luego de orquestar una costosísima campaña mediática de desprestigio y asesinato moral en contra de Trump, acusándolo de mentiroso, manipulador de la verdad, de ser el sumo sacerdote de la “postverdad”, términos acuñados en la ideología izquierdista de la postmodernidad, de esa modernidad líquida en la que viven los Demócratas, donde todo es relativo.
Simplemente siguen supurando por la herida de la derrota electoral y quieren asegurarse un triunfo para el 2020 haciéndole el mayor daño posible a los Republicanos, no les gusta su estilo de gobernar, las cosas que dicen, como las dicen, el desmontaje del estado benefactor que estaba construyendo Obama sobre los hombros del hombre común norteamericano, es una afrenta insoportable.
Trump ha sido tan exitoso como presidente, que probablemente los Demócratas no vean otra oportunidad de retornar al poder por la próxima década, de allí su nerviosismo y el desespero de montarle al presidente Trump una “olla podrida” como hacen los estrategas castrocomunistas en Cuba, o declarando “infiel” al funcionario ante los vengadores talibanes librando su fatwa en Afganistán.
Es por ello que  Hilary Clinton y Barack Obama, las figuras que manejan los hilos del Partido Demócrata desde la sombra, han utilizado todo el poder que ese partido tenía sobre las instituciones en Washington, a las que había penetrado  y dejado toda una cohorte de funcionarios adeptos al partido, incluyendo, lamentablemente, el FBI, al que utilizaron para crear ese ambiente delincuencial y amoral en donde pretenden introducir supuestas pruebas, que ahora ilustres abogados y académicos, afectos al socialismo, se esfuerzan en demostrar que conforman un comportamiento criminal.
Es claro para quien tenga dos ojos y vea, que se trata de una estrategia partidista, no del país, de algunos medios de comunicación interesados en dañar la imagen del presidente, no del pueblo que puso a Trump en la dirección de la Casa Blanca; los votos obtenidos para proseguir con la maniobra del impeachment, luego de las discusiones en la Cámara, reflejan el balance electoral obtenido en las elecciones, no es un movimiento nacional de rechazo al presidente, de hecho, con esta maniobra lo que se descubre es el ánimo del Partido Demócrata de robarle al pueblo norteamericano su derecho a elegir, una actitud muy de izquierda, de la maluca, de la autoritaria.
Pero no contaban con el enorme arraigo popular de Trump, principalmente en las clases trabajadoras quienes han sido los principales beneficiarios de sus políticas económicas, de la recomposición del comercio exterior, de los beneficios impositivos para esa gran mayoría productiva y emprendedora, quienes sí comprenden que Trump tiene su propio estilo de hacer política, que le gusta confrontar, que tiene su particular sentido del humor, que le gusta twittear,  y quizás lo más importante, que tiene el apoyo incondicional de su partido.
Presas del pánico y el nerviosismo  los Demócratas están montando un tinglado de trucos y manipulaciones, en un caso a todas luces sin delito, sin otra causa que opiniones, interpretaciones y puntos de vista personalísimos, utilizando el orden constitucional como excusa; y el presidente Trump, previendo la derrota de su enemigo y la prevalencia de la justicia, dando un ejemplo de civismo y democracia está dejando que las cosas caigan en el lugar que les corresponde, porque él ya sabe, que los responsables de tamaña insensatez deberán pagar ante la ley, y responderle por sus actos bochornosos, al pueblo de los EEUU.
Y espero que una vez que este lamentable episodio termine y salga su oficina fortalecida, pueda el presidente Trump enfocarse en los socialistas que nos tiene, a sus vecinos suramericanos, la vida echa tiritas, al otro lado del Río Grande.   -   saulgodoy@gmail.com








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