En el
año 2004 me retiré de mi activismo ambientalista, había llegado a ese límite,
donde si insistía en mi posición a favor de la naturaleza, ya pisaba terrenos
del martirio, demasiadas amenazas, enemigos a granel, y una administración
pública que estaba desmontando de manera acelerada a todas las instituciones
que servía de apoyo a la defensa del medio ambiente.
Aquel
concepto vago y tenebroso del eco-socialismo se escuchaba con más insistencia,
me había convertido en una molestia para la Fiscalía Ambiental, cuando llamaba
a la Guardia Nacional ya no me atendían, las autoridades ambientales locales y
nacionales me veían como un bicho raro, poco a poco sentí como el poder
político se situaba de lado de los depredadores e invasores y en contra de
quienes luchábamos por preservar el ambiente para futuras generaciones.
Tenía
una columna en el diario La Voz sobre el tema ambiental, conducía un programa
radial en Guarenas y tocaba regularmente los asuntos ecológicos, era miembro de
diversas asociaciones ambientalistas en Caracas, participaba activamente en
foros en la UCV, dicté varias conferencias en Guatire en la sede de los
bomberos forestales que atendía el parque nacional El Ávila, fui condecorado
por mis servicios en la educación ambiental.
Pero
fueron dos hechos fundamentales los que me pusieron en alerta máxima,
prácticamente una poblada de comuneros fueron a buscarme a mi parcela en las
montañas del Güeime, ya venía reportando amenazas en mi contra por parte de las
bandas de traficantes de maderas preciosas que deforestaban la montaña donde
vivo (donde todavía existe una de las pocas colonias de cedros rojos del estado
Miranda), a las que le fueron decomisados sierras y otros equipos, impuesto multas
y algunos fueron detenidos, a los comuneros que habían invadido los bosques
vírgenes del Güeime los habían desalojado y la razón de aquella visita, era
pedirme explicaciones sobre mi oposición a que ellos tuvieran parcelas
agrícolas y de vivienda en aquella cuenca hidrográfica protegida.
Fue
la razón que me impulsó pedirle una reunión a la Comisión del Ambiente de la
Asamblea Nacional, recuerdo que la presidía Calixto Ortega, allí hice una
detallada exposición de los riesgos que corría aquella área protegida por tres
(3) decretos ambientales si se permitía la deforestación sin control, entre
estos peligros estaba las recurrentes inundaciones que invierno ocurrían sobre
la ciudad de Guarenas y amenazas de deslaves, al final de la exposición exhorté
a la Comisión para que me dieran protección policial mientras duraran las medidas
de desalojo de los comuneros.
Me
dieron una carta para el entonces Ministro del Interior, el inefable, Pedro
Carreño, y me acuerdo como si fuera ayer, fui hasta su despacho en el
Ministerio, lo estuve esperando por espacio de dos horas haciendo antesala,
cuando llegó, con un impecable liquiliqui
blanco, me miró como gallina que mira sal, ni siquiera tuvo la delicadeza de
presentarse, llamó a su secretario y le preguntó qué era lo que quería, su
dependiente le informó, y sin ni siquiera bajar la voz le dijo: “Dile que no tenemos presupuesto para
atender semejante mariconería”, entró a su despacho y se encerró de un
portazo.
Hasta
allí llegó la ilusión de que el estado estaba de mi lado.
Pero
el segundo hecho fue el que derramó el vaso, la Guardia Nacional allanó mi
hogar de sorpresa en base a una denuncia,
hecha por una ciudadana colombiana que pertenecía a la comuna agrícola
del Socorro, y que en ese momento traficaba con cedulas de identidad falsas, y
contrató a una cuadrilla para que desforestara la montaña al lado de mi casa,
quisieron agredirme con machetes pero los contuve con mi escopeta, y logré
desalojarlos a la fuerza, me denunciaron y los uniformados me decomisaron todas
mis armas.
Lo
que sucedió después era tan sencillo como conectar los puntos en un dibujo
numerado, dos noches después dispararon contra mi casa, me hacen llegar
advertencias de que me van a estar esperando en la carretera, de que habían
contratado un sicario que se encargaría de mí, era un blanco perfecto, en un
paraje remoto y solitario.
Fue
cuando entendí que los activistas ambientales que mueren asesinados, todos, han
tocado intereses muy poderosos: ganaderos, madereros, minerales, latifundistas,
de invasiones; Chávez había estado desmontando el aparato de protección
ambiental del estado, primero negándole recursos al Ministerios del Ambiente,
luego restringiéndole jurisdicción ambiental a la Guardia Nacional, y
reduciendo la operatividad de la Fiscalía Ambiental, las leyes ambientales se
hicieron letra muerta, las cuencas hidrográficas protegidas contiguas a las
grandes ciudades eran perfectas para su campaña política, regalando parcelas y
permisos para la agricultura, ese era mi caso, era una molestia para los planes
de campaña del chavismo (me convertí en la piedra en el zapato para el
gobernador de Miranda, Diosdado Cabello, quien comprometió a la empresa petrolera
Maraven, que todavía existía, en construir un entramado de carretas rurales
dentro de la cuenca hidrográfica, afortunadamente, y lo digo con toda ironía,
se robaron esos reales, abrieron apenas una trocha).
Estaban
utilizando áreas verdes, productoras de agua, para esos horribles desarrollos
habitacionales que hoy atenazan a nuestros centros urbanos, e inaugurando
centros de desarrollo agrícolas rurales para producir toda la comida que
Caracas pudiera necesitar, un remedo de la utopía camboyana de Pol Pot que
nunca despegó.
El
asunto fue que me retiré a tiempo, tuve la menor exposición posible y no
jurungué más el panal de avispas, con la suerte de que ya el trabajo que había
hecho anteriormente, las denuncias y los procedimientos abiertos en fiscalía,
habían resultado, la intervención de la cuenca del Güeime no fue tan severa, y
parte del bosque originario todavía se mantiene, lo mejor del asunto, se
olvidaron de mí y pude retomar el curso normal de mi vida.
Pero
otras regiones de Venezuela no corrieron con la misma suerte.
El
llamado Arco Minero era uno de los objetivos estratégicos de Chávez desde el
principio, en su avaricia por dinero y poder, en su visión de Venezuela como
financista internacional de la revolución en Latinoamérica, no bastaba el petróleo,
no escatimó esfuerzo en hacer lo que hizo de manera implacable: desmontar todo
el aparato de protección ambiental que la democracia nos había legado y
construido con tanto trabajo, y que Maduro resumió de la manera más salvaje y
atropellada, infringiéndole un daño al país del cual será muy difícil
recuperarse.
El
Arco Minero será la cicatriz más fea y notoria de estos años de revolución
socialista bolivariana, sus consecuencias perdurarán por generaciones, y sus
efectos van a tener hondas repercusiones mundiales pues está afectando a uno de
los más importantes reguladores climáticos del mundo, la selva amazónica, el
motor de los ciclos de lluvia e intercambio de calor del planeta que se
efectúan en la Zona de Convergencia Intertropical.
Los
chavistas, como buenos ignorantes, creen que escapando con sus fortunas mal
habidas a otros países van a poder huir de la ruina que han dejado atrás
durante sus gestiones de gobierno, no tiene la menor idea de lo que han hecho,
le han arruinado la vida a sus hijos y nietos, probablemente a otras
generaciones que los recordarán como lo que son, unos insensatos, harán que la
existencia humana en el planeta sea mucho más difícil, y Cuba no se salvará de
ello, pues arreciarán los huracanes en el Caribe y los tiempos de sequía serán
intensos y largos, los incendios en California serán cada año más desastrosos,
las inundaciones en Venecia podrían ponerle fin a sus tesoros arquitectónicos y
los inviernos en Rusia dejarán su secuela de víctimas cuando las temperaturas
bajen a los menos cuarenta grados durante todo el invierno.
La
devastación del Arco Minero no es un problema local, ya deberían haber
distintas comisiones internacionales evaluando la profundidad de los daños que
el chavismo le ha propinado al medio ambiente, únicamente con los niveles de
contaminación mercurial que están descargando al Océano Atlántico por las aguas
vertidas del río Orinoco, la contaminación de la fauna marina en la franja
intertropical debe estar en niveles de desastre, están envenenando el mundo
entero.
Pero
la deforestación en la amazonia de Venezuela va a afectar de manera importante
el delicado equilibrio de la corriente del Niño, tan importante en las
variaciones de temperatura del océano y en los niveles de desalinización del
agua, al desertificar (y envenenar) esos territorios, los patrones de los
vientos de la célula de Hadley, que controla la circulación atmosférica,
justamente sobre las selvas que en este momento están siendo destruidas para
hacer la minería salvaje del oro, los diamantes y el coltan, van a afectar a la
humanidad entera.
Por
ellos es prioritario que se detenga de inmediato las actividades sobre el Arco
Minero y se aprese a su promotor e instigador, Nicolás Maduro, bajo cargos de
terrorismo, no hay tiempo que perder.
Maduro
es un ignorante en materia ambiental y los socialistas tienen al ambiente como
simple recurso económico, es un instrumento más para lograr los fines de esa
revolución obrera, humanista y colectivista que es la excusa que presentan para
explicar sus incontables fechorías y mentiras de las que viven y obtienen poder
político, no tienen mayor horizonte que el de sus propias narices, ni mayores
pretensiones que su propio bienestar sin importarles los demás.
El
presidente Obama favoreció la tesis de que el cambio climático era producido
por la actividad del hombre (antropocénica) quemando combustible fósiles, y
descargando toneladas de residuos que producen el efecto invernadero en la
atmósfera, yo me ubico en la acera de enfrente, los cambios climáticos vienen dados
por la dinámica climática del planeta que es de una enorme complejidad y
obedece a ciclos de muy largo aliento, estamos en medio de unos de esos
períodos de ajustes, las condiciones geofísicas de nuestro planeta han variado,
cambios en nuestra órbita, en el geomagnetismo, en la temperatura interna de
nuestro núcleo, en la velocidad de traslación y rotación, y para colmo de males
cambios inducidos por la mentalidad predadora del socialismo, como lo es el
Socialismo del Siglo XXI y su política de destrucción ambiental.
El
intercambio de gases atmosféricos igualmente se está viendo comprometido al
arrasar sin ninguna consideración con una selva milenaria, que procesa CO2 y
emite a cambio oxígeno, una selva que no vamos a poder reponer, primero, por el
grado de destrucción que le han propinado a la composición y estructura de los
suelos, y segundo, porque esos árboles les tomó millones de años colonizar un
territorio pobre de nutrientes y en un clima feraz.
No
digamos nada de las especies animales que se han perdido por la destrucción de
su hábitat natural, de las innumerables especies de plantas aún no estudiadas
ni clasificadas donde pudiera estar la cura para enfermedades terminales, y que
contribuían con el delicado equilibrio de la pluviselva que afectan hasta la
intensidad de los monzones al otro lado del mundo.
Hay
otro elemento que la gente por lo general ignora y que sucede en sistemas vivos
organizados como las selvas tropicales, y es que, a medida que se pierde la
humedad ambiental y aumenta la reflexión de la radiación solar, estas
condiciones se transmiten en todo el entorno como si fuera una red neural, la
selva como un todo va perdiendo su vitalidad, extensiones grandes de territorio
adyacente se ven negativamente afectados por este cambio de sus condiciones
originales y como una enfermedad progresiva y mortal, la selva va muriendo poco
a poco, este proceso ha sido notado e investigado en las deforestaciones en
Brasil para sustituir la selva por pasto para el ganado o para el desarrollo
urbano; el claro que se hace en una selva tropical, termina siendo tres y
cuatro veces su tamaño si el mismo rebaza su capacidad de reposición y de auto
sustento, Colombia, Perú y Brasil se verán afectadas por estas terribles
deforestaciones.
El
plan de explotación del Arco Minero fue el acto más despiadado y artero para
destruir al país, si fue promovido por la ignorancia o fue deliberado, ya no
importa, el asunto es que sus principales factores son las Fuerzas Armadas,
nunca consideraron los efectos globales de este acto criminal, que debe estar
configurado como terrorismo ambiental en contra de toda la humanidad. –
saulgodoy@gmail.com

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