jueves, 22 de noviembre de 2018

Tragedia ambiental



En el año 2004 me retiré de mi activismo ambientalista, había llegado a ese límite, donde si insistía en mi posición a favor de la naturaleza, ya pisaba terrenos del martirio, demasiadas amenazas, enemigos a granel, y una administración pública que estaba desmontando de manera acelerada a todas las instituciones que servía de apoyo a la defensa del medio ambiente.
Aquel concepto vago y tenebroso del eco-socialismo se escuchaba con más insistencia, me había convertido en una molestia para la Fiscalía Ambiental, cuando llamaba a la Guardia Nacional ya no me atendían, las autoridades ambientales locales y nacionales me veían como un bicho raro, poco a poco sentí como el poder político se situaba de lado de los depredadores e invasores y en contra de quienes luchábamos por preservar el ambiente para futuras generaciones.
Tenía una columna en el diario La Voz sobre el tema ambiental, conducía un programa radial en Guarenas y tocaba regularmente los asuntos ecológicos, era miembro de diversas asociaciones ambientalistas en Caracas, participaba activamente en foros en la UCV, dicté varias conferencias en Guatire en la sede de los bomberos forestales que atendía el parque nacional El Ávila, fui condecorado por mis servicios en la educación ambiental.
Pero fueron dos hechos fundamentales los que me pusieron en alerta máxima, prácticamente una poblada de comuneros fueron a buscarme a mi parcela en las montañas del Güeime, ya venía reportando amenazas en mi contra por parte de las bandas de traficantes de maderas preciosas que deforestaban la montaña donde vivo (donde todavía existe una de las pocas colonias de cedros rojos del estado Miranda), a las que le fueron decomisados sierras y otros equipos, impuesto multas y algunos fueron detenidos, a los comuneros que habían invadido los bosques vírgenes del Güeime los habían desalojado y la razón de aquella visita, era pedirme explicaciones sobre mi oposición a que ellos tuvieran parcelas agrícolas y de vivienda en aquella cuenca hidrográfica protegida.
Fue la razón que me impulsó pedirle una reunión a la Comisión del Ambiente de la Asamblea Nacional, recuerdo que la presidía Calixto Ortega, allí hice una detallada exposición de los riesgos que corría aquella área protegida por tres (3) decretos ambientales si se permitía la deforestación sin control, entre estos peligros estaba las recurrentes inundaciones que invierno ocurrían sobre la ciudad de Guarenas y amenazas de deslaves, al final de la exposición exhorté a la Comisión para que me dieran protección policial mientras duraran las medidas de desalojo de los comuneros.
Me dieron una carta para el entonces Ministro del Interior, el inefable, Pedro Carreño, y me acuerdo como si fuera ayer, fui hasta su despacho en el Ministerio, lo estuve esperando por espacio de dos horas haciendo antesala, cuando llegó, con un impecable liquiliqui blanco, me miró como gallina que mira sal, ni siquiera tuvo la delicadeza de presentarse, llamó a su secretario y le preguntó qué era lo que quería, su dependiente le informó, y sin ni siquiera bajar la voz le dijo: “Dile que no tenemos presupuesto para atender semejante mariconería”, entró a su despacho y se encerró de un portazo.
Hasta allí llegó la ilusión de que el estado estaba de mi lado.
Pero el segundo hecho fue el que derramó el vaso, la Guardia Nacional allanó mi hogar de sorpresa en base a una denuncia,  hecha por una ciudadana colombiana que pertenecía a la comuna agrícola del Socorro, y que en ese momento traficaba con cedulas de identidad falsas, y contrató a una cuadrilla para que desforestara la montaña al lado de mi casa, quisieron agredirme con machetes pero los contuve con mi escopeta, y logré desalojarlos a la fuerza, me denunciaron y los uniformados me decomisaron todas mis armas.
Lo que sucedió después era tan sencillo como conectar los puntos en un dibujo numerado, dos noches después dispararon contra mi casa, me hacen llegar advertencias de que me van a estar esperando en la carretera, de que habían contratado un sicario que se encargaría de mí, era un blanco perfecto, en un paraje remoto y solitario.
Fue cuando entendí que los activistas ambientales que mueren asesinados, todos, han tocado intereses muy poderosos: ganaderos, madereros, minerales, latifundistas, de invasiones; Chávez había estado desmontando el aparato de protección ambiental del estado, primero negándole recursos al Ministerios del Ambiente, luego restringiéndole jurisdicción ambiental a la Guardia Nacional, y reduciendo la operatividad de la Fiscalía Ambiental, las leyes ambientales se hicieron letra muerta, las cuencas hidrográficas protegidas contiguas a las grandes ciudades eran perfectas para su campaña política, regalando parcelas y permisos para la agricultura, ese era mi caso, era una molestia para los planes de campaña del chavismo (me convertí en la piedra en el zapato para el gobernador de Miranda, Diosdado Cabello, quien comprometió a la empresa petrolera Maraven, que todavía existía, en construir un entramado de carretas rurales dentro de la cuenca hidrográfica, afortunadamente, y lo digo con toda ironía, se robaron esos reales, abrieron apenas una trocha).
Estaban utilizando áreas verdes, productoras de agua, para esos horribles desarrollos habitacionales que hoy atenazan a nuestros centros urbanos, e inaugurando centros de desarrollo agrícolas rurales para producir toda la comida que Caracas pudiera necesitar, un remedo de la utopía camboyana de Pol Pot que nunca despegó.
El asunto fue que me retiré a tiempo, tuve la menor exposición posible y no jurungué más el panal de avispas, con la suerte de que ya el trabajo que había hecho anteriormente, las denuncias y los procedimientos abiertos en fiscalía, habían resultado, la intervención de la cuenca del Güeime no fue tan severa, y parte del bosque originario todavía se mantiene, lo mejor del asunto, se olvidaron de mí y pude retomar el curso normal de mi vida.
Pero otras regiones de Venezuela no corrieron con la misma suerte.
El llamado Arco Minero era uno de los objetivos estratégicos de Chávez desde el principio, en su avaricia por dinero y poder, en su visión de Venezuela como financista internacional de la revolución en Latinoamérica, no bastaba el petróleo, no escatimó esfuerzo en hacer lo que hizo de manera implacable: desmontar todo el aparato de protección ambiental que la democracia nos había legado y construido con tanto trabajo, y que Maduro resumió de la manera más salvaje y atropellada, infringiéndole un daño al país del cual será muy difícil recuperarse.
El Arco Minero será la cicatriz más fea y notoria de estos años de revolución socialista bolivariana, sus consecuencias perdurarán por generaciones, y sus efectos van a tener hondas repercusiones mundiales pues está afectando a uno de los más importantes reguladores climáticos del mundo, la selva amazónica, el motor de los ciclos de lluvia e intercambio de calor del planeta que se efectúan en la Zona de Convergencia Intertropical.
Los chavistas, como buenos ignorantes, creen que escapando con sus fortunas mal habidas a otros países van a poder huir de la ruina que han dejado atrás durante sus gestiones de gobierno, no tiene la menor idea de lo que han hecho, le han arruinado la vida a sus hijos y nietos, probablemente a otras generaciones que los recordarán como lo que son, unos insensatos, harán que la existencia humana en el planeta sea mucho más difícil, y Cuba no se salvará de ello, pues arreciarán los huracanes en el Caribe y los tiempos de sequía serán intensos y largos, los incendios en California serán cada año más desastrosos, las inundaciones en Venecia podrían ponerle fin a sus tesoros arquitectónicos y los inviernos en Rusia dejarán su secuela de víctimas cuando las temperaturas bajen a los menos cuarenta grados durante todo el invierno.
La devastación del Arco Minero no es un problema local, ya deberían haber distintas comisiones internacionales evaluando la profundidad de los daños que el chavismo le ha propinado al medio ambiente, únicamente con los niveles de contaminación mercurial que están descargando al Océano Atlántico por las aguas vertidas del río Orinoco, la contaminación de la fauna marina en la franja intertropical debe estar en niveles de desastre, están envenenando el mundo entero.
Pero la deforestación en la amazonia de Venezuela va a afectar de manera importante el delicado equilibrio de la corriente del Niño, tan importante en las variaciones de temperatura del océano y en los niveles de desalinización del agua, al desertificar (y envenenar) esos territorios, los patrones de los vientos de la célula de Hadley, que controla la circulación atmosférica, justamente sobre las selvas que en este momento están siendo destruidas para hacer la minería salvaje del oro, los diamantes y el coltan, van a afectar a la humanidad entera.
Por ellos es prioritario que se detenga de inmediato las actividades sobre el Arco Minero y se aprese a su promotor e instigador, Nicolás Maduro, bajo cargos de terrorismo, no hay tiempo que perder.
Maduro es un ignorante en materia ambiental y los socialistas tienen al ambiente como simple recurso económico, es un instrumento más para lograr los fines de esa revolución obrera, humanista y colectivista que es la excusa que presentan para explicar sus incontables fechorías y mentiras de las que viven y obtienen poder político, no tienen mayor horizonte que el de sus propias narices, ni mayores pretensiones que su propio bienestar sin importarles los demás.
El presidente Obama favoreció la tesis de que el cambio climático era producido por la actividad del hombre (antropocénica) quemando combustible fósiles, y descargando toneladas de residuos que producen el efecto invernadero en la atmósfera, yo me ubico en la acera de enfrente, los cambios climáticos vienen dados por la dinámica climática del planeta que es de una enorme complejidad y obedece a ciclos de muy largo aliento, estamos en medio de unos de esos períodos de ajustes, las condiciones geofísicas de nuestro planeta han variado, cambios en nuestra órbita, en el geomagnetismo, en la temperatura interna de nuestro núcleo, en la velocidad de traslación y rotación, y para colmo de males cambios inducidos por la mentalidad predadora del socialismo, como lo es el Socialismo del Siglo XXI y su política de destrucción ambiental.
El intercambio de gases atmosféricos igualmente se está viendo comprometido al arrasar sin ninguna consideración con una selva milenaria, que procesa CO2 y emite a cambio oxígeno, una selva que no vamos a poder reponer, primero, por el grado de destrucción que le han propinado a la composición y estructura de los suelos, y segundo, porque esos árboles les tomó millones de años colonizar un territorio pobre de nutrientes y en un clima feraz.
No digamos nada de las especies animales que se han perdido por la destrucción de su hábitat natural, de las innumerables especies de plantas aún no estudiadas ni clasificadas donde pudiera estar la cura para enfermedades terminales, y que contribuían con el delicado equilibrio de la pluviselva que afectan hasta la intensidad de los monzones al otro lado del mundo.
Hay otro elemento que la gente por lo general ignora y que sucede en sistemas vivos organizados como las selvas tropicales, y es que, a medida que se pierde la humedad ambiental y aumenta la reflexión de la radiación solar, estas condiciones se transmiten en todo el entorno como si fuera una red neural, la selva como un todo va perdiendo su vitalidad, extensiones grandes de territorio adyacente se ven negativamente afectados por este cambio de sus condiciones originales y como una enfermedad progresiva y mortal, la selva va muriendo poco a poco, este proceso ha sido notado e investigado en las deforestaciones en Brasil para sustituir la selva por pasto para el ganado o para el desarrollo urbano; el claro que se hace en una selva tropical, termina siendo tres y cuatro veces su tamaño si el mismo rebaza su capacidad de reposición y de auto sustento, Colombia, Perú y Brasil se verán afectadas por estas terribles deforestaciones.
El plan de explotación del Arco Minero fue el acto más despiadado y artero para destruir al país, si fue promovido por la ignorancia o fue deliberado, ya no importa, el asunto es que sus principales factores son las Fuerzas Armadas, nunca consideraron los efectos globales de este acto criminal, que debe estar configurado como terrorismo ambiental en contra de toda la humanidad. 
saulgodoy@gmail.com






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