Llamo
política sucia aquella que se vale del repertorio populista, circense, de
efectos, de promesas vacías, de poses, de mentiras, que es la manera de hacer
política más usual en Venezuela. Y esto es así, no porque a los venezolanos nos
guste, sino porque hay maquinarias electoreras y partidos políticos que imponen
este estilo en el que desechan los argumentos y el discurrir de la razón, y en
su lugar utilizan las consignas y lugares comunes con el fin de “entubar”,
dirigir, obligar a los votantes por medio de la manipulación a dos cosas: la
primera, conformarse con lo que se les ofrece, la segunda, obligarlos a aceptar
una figura política como líder indiscutible de la oposición como si fuera un
acto de su libre voluntad.
Esto
empezó a ocurrir dentro de los grandes partidos tradicionales como AD, Copey,
el MAS, sus maquinarias escogía al candidato de turno, lo hacían ganar las
elecciones internas y quedaba todo el mundo comprometido con el resultado final,
había que apoyarlo y punto, “disciplina partidista” lo llamaban, esta misma
situación la heredó la llamada unidad democrática, que no era sino una
coalición de esos mismos partidos y sus nuevos clones y su expresión más
contundente fue la MUD, la misma que nos dio la lamentable figura de Henrique
Capriles y ahora Juan Guaidó.
La
política sucia tiene la particularidad que embarra y salpica, igual que sucede
cuando una persona trata de salir de un lodazal, por más que no quiera
ensuciarse, siempre termina echa un asco, pero para que esto suceda tenemos que
preguntarnos, ¿Como nos metimos en aquel pantano sin darnos cuenta?
La
respuesta no es sencilla, pero todo se inicia cuando empezamos a delegar
nuestros deberes y a permitir que otros, en el caso que nos ocupa, los
políticos que supuestamente nos representaban, empezaron a jugar ellos solos,
llevándonos a unas elecciones donde ya la mesa estaba servida para sus
intereses, una sola tarjeta, un solo candidato, unos solos colores, una sola
campaña, sin ideas, sin programas, sin ni siquiera decirnos que nos llevaban
hacia más socialismo.
Era
como si nos hubieran dicho: “permítanos
pensar por usted, hacer por usted, quédese tranquilo, no se mueva de su
poltrona, nosotros nos ocupamos de resolver los problemas de su calle, de su
urbanización, de su municipio, de su estado… de su país, somos los mejores en
estos asuntos, solo ponga aquí su firma, escoja este tarjetón y ponga su huella
aquí… y listo”.
El
problema de tener “representantes” que hagan todo por uno, es que llega un
momento en que empiezan hacer cosas que uno no quiere ni desea, pero igual, te
dicen que lo hacen por tu bien.
-Ah,
que dicha es vivir en democracia, me gusta como ese muchacho se ve, que bien
baila, mira qué familia tan bella tiene, los artistas lo aman, que buen porte y
que decente se comporta, lo reciben bien en todos lados… mi amor, te juro que
si ese galán se lanza para presidente será mi candidato, es tan bello…
Así
me decía Ana, mi esposa, eso fue hace muy poco y se estaba refiriendo a Juan
Guaidó, el nuevo candidato de la oposición, ella había muerto en un terrible
accidente; venía rodando su caja CLAP en un carrito de mercado por la calle, y
unos delincuentes, que los testigos identificaron como unos jóvenes
zagaletones, pasaron corriendo, le arrancaron el carrito de las manos y la
empujaron a la calle, un taxi que venía a alta velocidad la atropelló y quedó
tendida en el asfalto, el conductor se dio a la fuga, y ella murió en el
hospital donde no había como atenderla.
Y así
como ese candidato hubo otros cuando yo era joven: viejos zorros de la
política, feos pero sagaces, negros cumbancheros como yo, militares patriotas
relucientes de medallas, charreteras, sables e insignias de la cabeza a los
pies, mises tira besitos de rutilante elegancia, abogados sapientísimos con
decenas de tratados y leyes escritas, predicadores que en sus presentaciones
hacían caminar a los inválidos, ex guerrilleros y socialistas que prometían el
cielo en la tierra… todos me decían lo mismo, no te levantes de la butaca, todo
lo tenemos bajo control, sólo firme aquí…
Y de
esta manera poco a poco nos fueron acostumbrando a que gobernar era estar en
cadena nacional, presentando los logros del gobierno, con testimonios de gente
que se había ganado la lotería de un apartamento a estrenar, un crédito para su
finca con tractor incluido, una beca para ir a estudiar podología en Italia, un
estadio techado para un barrio, nuevas motos para la policía… pero era haciendo
una cola de tres horas frente a una taquilla, que nos enterábamos de los nuevos
trámites para sacar el pasaporte, de todo el papeleo que había que llevar para
inscribirse en el seguro social, de las nuevas normas para inscribir una empresa
en el registro, de los pasos que había que dar para registrar a un hijo en la
escuela.
Mientras
algunos hacían realidad el sueño de sus vidas de manos del presidente de la
república, entregando llaves y títulos en televisión, la gran mayoría teníamos
que desgastarnos y ser humillados por la burocracia más infame y hostil que
hayamos tenido jamás, eso de “servidores públicos” era una mala broma,
cualquier gestión que se hacía con un ente oficial era un penoso calvario,
humillante y caro.
Y no
pasó mucho tiempo cuando empezaron los apagones, los cortes de agua, se
multiplicaban los huecos en las calles, los precios de las cosas escalaron sin
control, los robos aumentaban, mientras
los nuevos y flamantes gobiernos, nuestros gobiernos, donaban hospitales a
otros países, les construían autopistas, inauguraban barrios completos con sus
nombres, le regalábamos aviones a sus presidentes, les dábamos petróleo muy
barato y a crédito.
Y si
protestabas por las cosas malas que ocurrían en tu vecindario, te enviaban la
policía o a la Guardia Nacional para reprimirte, si denunciabas a los
responsables de tanto desgobierno te hacían una visita domiciliaria a altas
horas de la madrugada, te sacaban en interiores, te metían en una patrulla y te
convencían de que tu proceder era equivocado.
Cerraron
nuestros medios favoritos de comunicación, ya no podíamos ver nuestras novelas,
ni las entrevistas, ni los programas cómicos, a medida que el tiempo
transcurría ni nos enterarnos de lo que pasaba en el país, a los periódicos les
faltaba el papel, a las radios las cerraban, los políticos que gobernaban nos
fueron acostumbrando a la idea de que ellos no eran responsables de nada, que
si algo iba mal era culpa de otro, por lo general del Imperio, o de la
oposición, de las iguanas y no pocas veces era culpa de dispendioso y
desordenado estilo de vida de nosotros los ciudadanos.
Pero
ya era muy tarde para cambiar las cosas, Venezuela se fue poniendo vieja sin
darnos cuenta, tu vida ya estaba hecha, lo que ya no hiciste cuando llegabas a
los 40 ya estaba grabado en roca, y a muchos, lo único que les quedaba era
seguir apoltronado y que los demás arreglaran el asunto, tu no eras político y
no querías tratar con esa gentuza del gobierno porque tú eras superior, mas
grande, mas bueno, mas importante que esos funcionarios muertos de hambre, que
para no morirse de hambre cada vez que te veían por las taquillas de las
licencias y permisos, te “martillaban” con furia, te extorsionaban.
Te
sacaban hasta el último centavo del bolsillo para que no tuvieras problemas y
pudieras volver a tu poltrona, a la tranquilidad de tu concha en el apartamento
que tenías en alquiler, y que ahora, un funcionario te decía en un susurro, que
por una módica suma podías ser tuyo, pues las leyes habían cambiado y ya el
inmueble no era de su propietario sino de quien lo ocupaba… tenías que moverte
para conseguir ese dinero y salir “premiado” como te lo mereces, porque eras
venezolano y una porción del país era tuyo, por derecho de cuna, ¿Por qué no tu
apartamento? Con lo que le habías pagado al explotador capitalista que era tu
arrendatario, ya le habían comprado el piso con creces…
La
vida se te había complicado casi sin darte cuenta, ahora si votabas eras
colaboracionista y si no eras traidor, si reclamabas era un desestabilizador y
si no eras uno de “ellos”, hicieras lo que hicieras siempre había alguien
señalándote e insultándote, era aquel famosos estado de sospecha permanente, ya
nadie sabía que estaba bien o que estaba mal, los chavistas empezaron a
atacarse entre ellos, se ponían presos, se torturaban, se asesinaban.
Mientras
tanto te enterabas que familiares del presidente de la república estaban
detenidos por traficar con drogas, que sus ex ministros eran detenidos en el
exterior con cuentas bancarias millonarias y propiedades lujosísimas, que había
jueces del Tribunal Supremo trabajando estacionando carros en un negocio en
Miami, había huido, y a cambio de su confesión en contra del juez que lo había
sucedido, le permitían sobrevivir honestamente.
Porque
ya a estas alturas, el mundo entero se ha dado cuenta que el chavismo es un
peligro para el orden internacional y que si no ayudan a que Venezuela consiga
de nuevo su estabilidad y rescate su democracia, podría crearse un conflicto de
proporciones mayores; el sólo hecho de tener a tantos refugiados buscando asilo
en otros países creaba una situación grave, no había como atender a tanta gente
junta y en el mismo momento.
Había
terroristas y mafias, gobiernos oportunistas y políticos sin escrúpulos, que estaban
empeñados en pescar en río revuelto, vendiendo armas, amenazando a otros
países, enviando tropas, apoderándose de las riquezas del país, endeudándolo
con créditos y negocios de dudosa naturaleza, la situación exigía una solución
rápida y definitiva, por lo menos contundente de parte de las democracias del
mundo, pero todo quedó en veremos, en negociaciones, la llamada oposición
democrática jamás dio señales de que quería cambio, todo lo contrario, hacía
todo lo posible para que las cosas continuaran igual.
El
mundo es mucho más complicado de lo que pensábamos- le comentas a tu vecino en
una cola en el banco para retirar algún dinero en efectivo y poder ir hacer la
cola para comprar los huevos, resulta que ahora lo que se estila es negociar
las salidas a los problemas, por más complicados que sean, no hay nada que una
buena conversación no pueda arreglar, y eso lo dicen los europeos que pudieron
arreglar sus diferencias negociando y no con guerras, a ellos no tuvieron que
invadirlos, sólo se sentaron con Hitler hablaron, y todo arreglado.
Te
enteras en la tarde que tu hijo se va con su familia para Colombia, que ya no
aguanta la “pelazón”, está sin trabajo y su esposa fue víctima de un secuestro exprés
en el centro comercial, tuvo que pedir prestado para pagar y que la soltaran,
aparece de pronto, te trae un pan dulce y un litro de leche, mueve una silla
del comedor y se sienta delante de ti.
-Mi
hijo no sabe ni hablar sino pura groserías, si tu nieto, el malandro ese, que preñó a la novia- te
confiesa entre sollozos- el mismo que fuimos a buscarlo a los tribunales para
que nos lo entregaran en régimen de presentación, ahora lo están buscando unos
policías, las FAES… lo tuve que enviar a Rubio para que nos espere por allá…
viejo, esta vaina se jodió, el país se fue para el carajo…
Y te
lo dice a ti, que no sabes cómo vas a comprar la comida de mañana, ni la del
día siguiente… pero está ese muchacho, Juan Guaidó, ese si sabe lo que está
haciendo y además es un valiente… Desvías la conversación hablándole del nuevo líder
y le dices a tu hijo
- Figúrate,
en sólo siete meses logró hacer lo que hizo, conseguir todo ese apoyo
internacional, logró movilizar ese gentío a las calles, si yo estuviera en
mejores condiciones estaría marchando con él… la verdad que no entiendo a esa
gente que lo critica, que le dice cosas tan desagradable como que está
colaborando con el gobierno de Maduro, por Dios.
-Pero
no hace nada papá- te dice tu hijo olvidándose del suyo por un instante-…puro
prometer, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, lo primero que dijo era
que iba a acabar con la usurpación… ¿Qué ha hecho para lograrlo? ¿Sentarse a
negociar con él? ¿Que los otros países presionen e impongan más sanciones?... ahora, que se las quiten para poder llegar a
acuerdos, ni siquiera a nombrado gobierno… yo no puedo esperar, ni mi familia…
ni tú.
-Hijo,
no te metas con Guaidó… si no fuera por él ya estuviéramos invadidos por
ejércitos extranjeros, el país estuviera bombardeado, destruido como se ve en
las películas de guerra, mucha gente estuviera muerta, las ciudades en ruinas y
a oscuras, comiéndonos unos a otros…
-Pero
viejo… ¿Qué crees que estamos viviendo?, ninguna ciudad en Venezuela funciona,
todos es un desorden… hay gente en este instante que no tiene que comer, que no
tiene una aspirina para aliviarse un dolor de cabeza, ni digamos de algo más
grave, un cáncer, una diabetes… mira, ese gentío que tú dices el hombre
arrastra son todos unos desesperados, gente que ya no puede más, se va a los
sitios donde más se sufre y los reúne para darles esperanza, les habla de su
dolor, llora con ellos, pero luego regresa para Caracas y se llena la boca
diciendo que el país entero está con él, ¿Y qué hace? Irse a Noruega o a
Barbados a tratar de convencerlos de que se vayan a rumbear a otro lado, que si
los perdona, que si se pueden quedar e ir a elecciones… la ruta más fácil, la
más larga, la que menos costos tiene para él… ese es otro traficante de la
miseria humana, papá.
-No
te confundas hijo, no le eches la culpa al único que está trabajando y luchando
por este país, Venezuela está como está por culpa de los chavistas, no de Guaidó-
le corriges a tu hijo- estas nuevas generaciones no entienden de unidad… debemos
todos apoyar a Guaidó como un solo hombre
¿qué sentido tiene debilitarlo?
-A
Guaidó lo puso allí la misma gente que quiere seguir con este bochinche, el no
apareció de la nada, a él lo pusieron allí los socios de los chavistas, todos
esos políticos corruptos que quieren seguir robando y…
-Ya
deja de decir tonterías, eso es lo que pasa con éste país, los más confundidos
con los que más chillan, los que se quieren ir, los que no aguantan esta mecha…además
déjame decirte, con ese Plan País que tiene saldremos de abajo en un suspiro,
todo está pensado hasta el último detalle, el petróleo volverá a ser de los
venezolanos, tendremos un gobierno que se ocupe de la gente, que haga justicia
social, que reparta la renta petrolera con equidad, con todos esos muchachos y
muchachas, gente joven y responsable que jamás se venderían por un sucio dólar…
mira hijo, el que piense que lo pueda hacer mejor que Guaidó que lo haga, que
convoque a la gente para que lo siga y que le eche pichón.
-Mientras
el chavismo siga en el poder viejo, ni el presidente Trump podría gobernar
Venezuela, y si alguien me diera aunque sea un poquito de esos sucios dólares
me iría a Colombia en avión y no en autobús… mira papá, siento decirte que
Guaidó no es el superhombre que dicen que es, si hubiera querido salir de
Maduro y los cubanos, ya hace tiempo estuviera trabajando con los gringos en
otras estrategias mucho más contundentes… pero sentarse a negociar…
-Vete,
huye, el país no te necesita, pero no regresen cuando las cosas cambien para
mejor… porque con Guaidó estoy seguro volveremos a ser como la Venezuela en los
tiempos de Acción Democrática y Copey, porque sólo en la unidad es posible el
milagro…
-Mejor
me voy papá, écheme la bendición… lo llamo desde Bogotá y le mando sus
medicinas para la tensión y los ansiolíticos… y ojalá Guaidó haga algo… y
rápido.
Cuando
su hijo se fue, el viejo se sentó en su poltrona en el medio de una sala vacía
y destartalada, lo único que guindaba de la pared era la foto que Ana había
colgado de ese joven político, que le había guiñado el ojo una vez, cuando
pasaba bajo su ventana caminando, con un río de gente detrás suyo… él sabía que
era la esperanza de los demócratas como él, y nadie, nadie, tenía derecho de
quitársela, de pronto la nevera vacía enmudeció, la luz de la entrada se apagó,
otro corte de luz. - saulgodoy@gmail.com
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