lunes, 28 de septiembre de 2026

Los factores que importan, por Saúl Godoy Gómez

 

 


La situación venezolana reviste para las ciencias políticas una importancia clave para el futuro desarrollo de las medidas de rescate y auxilio para estado fallidos y democracias en problemas, eso corresponde al campo teórico, pero desde la urgencia práctica y de la real-politik lo que suceda en nuestro país es vital para mantener el orden no solo regional, sino para que no se produzcan situaciones de inestabilidad a lo interno de los Estados Unidos de Norteamérica, lo que conllevaría a un desequilibrio en el delicado orden mundial.

El presidente Trump aplicando un criterio muy personal, tal y como la Constitución y las leyes de su país lo permiten, le ha dado a este, su segundo período presidencial, un carácter bastante autoritario y parcializado hacia posiciones extremistas sobre como entiende el poder militar-económico que posee su país, y como concibe las relaciones humanas en términos de un racismo militante y de una fobia hacia la migración, que ha caracterizado su mandato por sobre otros aspectos positivos como sería el desarrollo tecnológico y el cultivo de exitosos emprendimientos (destacando el desarrollo de la IA, la computación cuántica y el manejo masivo de data), así como una mayor participación de los grandes grupos económicos privados dentro de la gestión de gobierno, sobre todo dentro de la industria militar.

El señor Donald Trump está en este momento bajo la presión de unas elecciones, en las que se va a decidir el futuro inmediato del poder legislativo de su gobierno, que, hasta los momentos, ha mantenido el control sobre el congreso y el favoritismo de una buena parte del electorado, lo que le ha permitido trabajar sin mucha oposición, y permitiéndole elaborar su plan de control y crecimiento del aparato estatal en los términos de su particular ideología, de “America first”.

Pero, y siempre hay peros, aún en el mejor de los planes, tanto la economía del país como el asunto de la seguridad, interna como externa, los desarrollos han sido desiguales y en algunos aspectos, críticos, veamos de manera somera estos puntos, echemos un vistazo a la situación internacional.

En la economía, Trump ha podido conservar hasta el momento la supremacía del dólar como moneda  en el intercambio mundial, aunque tiene presiones de varios sectores, de las economías emergentes que buscan sus propios caminos, de la debilitada economía japonesa, de la presión china que no ha hecho sino aumentar en productividad y conquistar nuevos mercados, de las economías de guerra en el Medio Oriente afectadas por la destrucción de importantes instalaciones energéticas, en Rusia y Ucrania en una guerra fratricida y sin sentido, de la amenaza de Corea del Norte con su enloquecida carrera armamentista nuclear a costa del hambre de su pueblo, con la economía europea tratando de encontrar equilibrio en tiempos de crisis, con una invasión islámica en proceso, y tratando de lograr consensos imposibles en asuntos tan básicos como cuanto gastar en defensa.

A lo interno, la enorme deuda de USA que apenas encuentra el equilibrio necesario en su capacidad productiva y en la confianza del mundo en su poder de innovación, la crisis climática que igual afecta a todo el mundo, pero en USA, y debido a su enorme territorio, acusa grandes déficits en términos de agua, energía, producción de alimentos, contaminación, seguridad contra desastres naturales, y aunque parezca increíble, en mano de obra no calificada (obreros, trabajadores del campo, servicio doméstico, de repartos, de transporte, etc.) y plantillas de técnicos de segundo nivel como mecánicos, electricistas, soldadores, maestros de obra, etc., que han huido del país gracias a la represión de organismos como ICE.

En su afán por no perder el liderazgo mundial y bajo la fórmula de que USA ya no presta servicios gratuitos al mundo y que todo tiene un precio, hasta la seguridad de las naciones se han convertido en un negocio, siempre lo han sido, pero hoy es más evidente y costoso, y el contar con las fuerzas armadas más grandes y eficientes del mundo es una ventaja que el Sr. Trump ha utilizado en su política exterior, y que hasta el momento, le ha resultado.

Este tipo de política de “contratar un pistolero” como se hacía en el viejo oeste norteamericano ha derivado, y así lo estoy viendo, en el caso de mi país, Venezuela, en una más primitiva noción de mercenarios asueldo, en la tradición de los corsarios que alguna vez entre los siglos XVI y XVII eran un buen negocio para aventureros en el Caribe, la famosa “patente de Corso” con la cual los piratas dejaban de ser piratas para trabajar bajo contrato con el monarca de turno en Europa, compartiendo los expolios de los enemigos capturados, protegidos por las leyes del país que los contrataba, ya no eran bandidos que trabajaban por su cuenta, eran mercenarios bajo contrato.

Y es que el lenguaje que utiliza el Sr, Trump en sus discursos, ambivalente y confuso, donde al unísono a sus buenos deseos por que los países a los que “ayuda” tengan un futuro bueno y próspero para su gente, en el mismo discurso declara que el botín es para los vencedores, es decir, que lo que tengan de valor ya no les pertenece, y actuando como si fuera un verdadero pirata del Caribe, reclama para sí lo que necesite y guste de la riqueza expoliada. En el caso venezolano la lógica del señor Trump se pierde entre los vericuetos de quien es o era “el dueño” del país y sus recursos.

Y esta actitud tiene una razón y un porqué, el mundo actual se encuentra en una terrible encrucijada donde ya se han medido y cuantificado los recursos que quedan en el mundo, donde se encuentran y quienes los poseen, se sabe más o menos cuanto hay y cuanto podrían durar, y si quienes son dueños de esos recursos no lo pueden explotar o comercializar, pues existen países grandes y poderosos que tienen como arrebatárselos… y la necesidad es urgente.

El gobierno del Sr. Trump, no sé si por designio o por accidente, debido a las circunstancias de la política global, ha embarcado a su país en varios conflictos en el mundo, su agresiva política exterior lo ha llevado a crear varios puntos de conflicto y en algunos se están llevando a cabo guerras de gran envergadura, principalmente en el Medio Oriente, en lugares que son productores de energía o que están muy cerca de estos yacimientos, y allí están colapsando todos los servicios que atienden la demanda petrolera mundial, incluyendo la del tráfico marítimo, todo lo cual afectan de manera importante tanto la economía global como la paz.

Venezuela hasta hace poco, estuvo a cargo de un gobierno que era enemigo declarado de USA, no solo le quería negar acceso a su petróleo, sino que se las apañó para agredirlo directamente con el tráfico de drogas peligrosas, con el lavado de capitales ilícitos y con una emigración ilegal para desatar el desorden en sus ciudades, esos gobiernos, primero en manos de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro, estuvieron 27 años desplegando un gran plan conspirativo para dañar a la sociedad norteamericana, haciéndose cómplices de otra serie de enemigos de USA.

El Sr. Trump reaccionó y descabezó a su contendor y muy al estilo corsario, reconoció a un gobierno interino compuesto por los cómplices derrotados de su enemigo, y los obligó a negociar con él en sus propios términos para que le entregaran, no solo los costos de su aventura, sino el botín energético más grande del mundo. Me cuento entre los venezolanos que creyeron que había una condición moral y civilizada, en el sentido de valores que defendían la libertad y la integridad de las personas que impulsaban tales acciones, pero sorpresivamente, todo el discurso cambió cuando empezaron a justificar la permanencia del régimen chavista en el poder, con el solo propósito de asegurar para sí las reservas de petróleo más grandes del mundo.

Pero había otro problema, Venezuela era un país que en su pasado reciente fue amigo y socio de USA, era una democracia y un aliado que demostró su valía para los intereses de los Estados Unidos en varias ocasiones, su industria petrolera era creación de empresas norteamericanas y los venezolanos estaban bien considerados por sus gobiernos, pero… el comunismo castrista hizo su incursión utilizando las vías electorales, y lo que no había podido hacer con sus guerrillas, lo logró con la política, de esta manera un militar golpista y traidor se convirtió en presidente del país, y a partir de ese momento, otra fue la historia. Pero algo no se podía olvidar, Venezuela era un país, con una población heterogénea de más de 30 millones de habitantes que en su gran mayoría creía en los principios de la democracia, el régimen chavista apenas era una insignificante minoría, pero por medio del terror y las armas se impuso, obligando casi a un tercio de los venezolanos a emigrar a otros países.

Los venezolanos fueron oprimidos y engañados por la izquierda mundial, por medio de otros países y organizaciones internacionales, manipulando elecciones, promoviendo una campaña de mentiras y falsas posturas, aprovechándose de las instituciones democráticas y el prestigio que el país había logrado en la comunidad internacional, lograron infiltrar algunos sectores de la sociedad norteamericana, entre ellos al partido demócrata, que por mucho tiempo se hizo el indiferente ante la amenaza que se estaba construyendo a un tiro de piedra de sus costas.

Por mucho que luchamos, que protestamos, que nos movilizamos, los comunistas vestidos ahora como socialistas revolucionarios y bautizados como chavistas, secuestraban y asesinaban a nuestros familiares y amigos, toda resistencia era fútil, era casi imposible que pudiéramos contar con un líder que pudiera darle sentido a nuestra larga y penosa resistencia… hasta que apareció la figura de María Corina Machado, una mujer valiente y carismática, que venciendo amenazas y peligros logró darle sentido a nuestra lucha, primero desde las trincheras del proceso electoral, y luego desde su campaña como dirigente política.

Cuando el presidente Trump decide tomar cartas en el asunto de Venezuela, lo hace en términos de guerra, Venezuela es prácticamente sitiada y a partir de ese momento es tutelada en un supuesto plan de reconstrucción, estabilización y vuelta a la democracia, el cual empieza designando a la vicepresidenta chavista Delsy Rodríguez como presidenta encargada, sin elecciones, sin llenar ningún extremo legal, puesta a dedo por quien sustenta el poder de las armas.

Y aquí empieza un teatro del absurdo, el gobierno norteamericano declara haber hecho “el negocio del siglo en petróleo” con el gobierno de Venezuela, cuando todos sabemos, el mundo lo sabe, Venezuela no tiene gobierno, el que tenía fue declarado un gobierno terrorista y narcotraficante, usurpado por un extranjero, su jefe está encerrado en una cárcel de alta seguridad en New York y su vicepresidenta, bajo coacción y amenazas de un castigo igual o mayor que el de su jefe, debe obedecer toda la normativa que le dicte Washington.

El gobierno de los republicanos en USA, está mandando un peligroso mensaje al mundo, por puro pragmatismo y realismo político, está dispuesto a hacer negocios, a mantener asociaciones y a reconocer a miembros de los carteles de drogas, a representantes de grupos terroristas, como legítimos interlocutores de supuestos gobiernos, siempre y cuando se presten a otorgarles concesiones y ventajas sobre recursos naturales para su explotación de manera exclusiva y por un largo tiempo.

Washington está utilizando a las organizaciones criminales para promover sus intereses económicos en países donde estas mafias son gobierno, negociando con ellos impunidad, salvoconductos, legitimidad y reconocimiento como los representantes de estas naciones fallidas, se trata de un nuevo negocio y de una fórmula, que obviando todo criterio moral y legal, reconstruye la “legitimidad” de estas organizaciones, alentando incluso que se formalicen como partidos y órganos de representación política para que compitan en unas elecciones.

No dudo que los carteles de drogas como los de Sinaloa o Jalisco, o los frentes guerrilleros como los del ELN, o incluso organizaciones terroristas como Hamas y los huties, o los señores de la guerra en África, o el mismo gobierno comunista de Cuba, estuvieren interesados en ofrecer sus servicios a cambio de este salvavidas que el gobierno del Sr. Trump acaba de ofrecerle al mundo del hampa internacional. Ha sido tanto la publicidad y la exhibición de estos acuerdos petroleros con un gobierno ilegítimo y criminal, que ya debe haber una fila ante la Casa Blanca, de dictadores y mafiosos, dispuestos a participar en negocios multimillonarios con un gobierno que abra esta puerta.

Esto es lo que sucede cuando se pierde el rumbo en esquemas tan complejos como los de transición y rescates democráticos de países, el Departamento de Estado lo tiene claro, son circunstancias difíciles, negociaciones que requieren de mucho tacto y paciencia, desmantelar gobiernos criminales y al mismo tiempo alimentar y nutrir la democracia, se necesita de criterio transaccional para que no se desborden los ánimos. Las reparaciones y la justicia que necesita Venezuela para recuperar su equilibrio, luego de 27 años de opresión y totalitarismo, no es una tarea para vendedores de elíxires milagrosos ni para vendedores de autos usados.

Los Estados Unidos desde su fundación como nación, escogió darse un poder ejecutivo fuerte, una presidencia con mucha autonomía para poder hacerle frente a las dificultades de gobierno, esto trae sus ventajas y desventajas, dependiendo principalmente de la naturaleza del gobernante de turno, un hombre probo, instruido y equilibrado está más propenso a hacer un buen gobierno, un hombre apasionado, práctico y ambicioso puede que se extravíe en el laberinto del poder, y en esto influye de manera importante su estado de salud y su edad.

En el caso venezolano, es urgente sacar la situación del país de la oferta electoral interna de USA, si bien el componente energético es vital y de gran importancia para la situación geopolítica del momento, las falsas expectativas y atajos son peligrosos para mantener objetividad en el problema de rescatar la gobernabilidad del país, y si al caso vamos, de la región completa.

Si bien es cierto que María Corina Machado, una mujer que se encuentra en el tope de sus facultades, no puede, ni tiene como garantizar estabilidad en un posible gobierno elegido con los votos, apostar a su posible elección es una posibilidad que abre muchas avenidas, y que entre ellas, que el socialismo siga existiendo (muy a mi pesar), es una apuesta que hay que considerar como posible, María Corina tiene demasiados aliados y de diversas tendencias, personas y organizaciones verdaderamente hambrientos de poder, y que hay que controlar para que no se vuelvan locos y dañen la importante tarea que como candidata a la Presidencia de la República tiene por delante, lo fundamental es no seguir alimentando al extremismo chavista, que en mi opinión personal debe ser proscrito de raíz y para siempre, por violento y antidemocrático.

Los alacranes y la oposición falsaria no van a desaparecer de la noche a la mañana, por lo que se deben ir ajustando las tuercas de las leyes contra la corrupción, alentar la transparencia en las gestiones públicas, el rendimiento de cuentas, la lucha en contra del amiguismo y el nepotismo, dignificar el papel del funcionario con sueldos que le permitan una vida sin carencias, disminuir en lo posible el tamaño del estado y el gasto público no productivo, castigar sin reparos el fraude y la mentira. El Departamento de Estado debe comprometerse en asistir técnicamente la actividad burocrática para hacerla más eficiente, dar el respaldo necesario en seguridad y defensa, mantener la actividad energética activa y con tecnología de punta, permitiendo que las mejores empresas participen de manera abierta y competitiva en estos emprendimientos, olvidarse de los “operadores” clandestinos y de empresas salidas de las cloacas del crimen.

El factor tiempo es fundamental, los venezolanos estamos desesperados por encontrar un respiro a nuestros múltiples problemas, agravados por las circunstancias de los terremotos y de las fallas de nuestro sistema eléctrico, el control de la inflación y la estabilidad en el cambio es urgente, hay que acelerar la restitución de las libertades públicas, principalmente del derecho a la protesta y a la libertad de información, debe de acabarse el denigrante asunto de los presos políticos… 27 años en el infierno chavista se dice fácil, pero es una eternidad para quienes lo hemos sufrido, y no hay mucha paciencia en reserva, pero hay que reconocer que en el poco trayecto andado desde el pasado 3 de Enero, el camino se ha enderezado.

El presidente Trump, a quien los venezolanos debemos mucho al haber decidido, aunque fuera por propio interés, deshacerse de Nicolás Maduro, se está enfrentando a una prueba electoral con las elecciones del Midterm; el tiempo, los errores acumulados, la falta de ponderación, le van a pasar factura, y en esto, los grandes perjudicados serán los integrantes del partido Republicano, Trump ya tiene ganado los dos años que le restan en la presidencia y si la salud y la suerte lo acompañan, pudiera retirarse sin mayores costes a su labor política siempre y cuando no se agraven sus “debilidades” como administrador del estado, como partícipe en el caso “Epstein”, como supremacista blanco enemigo de la migración, en especial de la hispanoamericana, como instigador de las guerras en Asia y el Medio Oriente, como terrófago de espacios vitales para la seguridad de su país.

Si María Corina tiene su alternativa en el ruedo del poder, va a tener que pensar muy bien lo que va hacer con el negocio petrolero, durante los dos años que le restan a Trump en el poder va a tener que acomodarse a los apetitos de su socio obligado, si bien los venezolanos somos “arrechos” y todo lo podemos, no menos es cierto es que nos hemos caracterizado por meternos en problemas insolubles para nuestras capacidades, y el futuro petrolero de nuestro país está claramente determinado por una injerencia norteamericana tanto financiera como tecnológica, y en un arco de tiempo muy largo, lo cual no es malo si sabemos cómo manejarlo, pero sería desastroso si nos dejamos llevar por un falso orgullo del cual somos mundialmente famosos.

De modo que, mi consejo final luego de este somero análisis de nuestra situación, es solo uno, prudencia, mucha prudencia.

 

 

 

 

 

 

 

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