lunes, 21 de septiembre de 2026

Rescatando al Bolívar hombre (4ta. parte y última), por Saúl Godoy Gómez

 



 "Tengamos presente que nuestro Pueblo no es el Europeo, ni el Americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma, deja de ser Europea por su sangre africana, por sus Instituciones, y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad, a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte de lo indígena se ha aniquilado, el Europeo se ha mezclado con el Americano y con el Africano, y éste se ha mezclado con el Indio y con el Europeo. Nacidos todos del seno de una misma Madre, nuestros Padres diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reto de la mayor trascendencia"

Congreso de Angostura, 15 febrero. 1819, S. Bolívar

Todo grande hombre tiene sus detractores y más Simón Bolívar, quien dejó tras de sí una historia documental y testimonios, copiosos y variados, que marcan su ciclo vital desde la cuna hasta la muerte; todos los años, las universidades del mundo y sus centros de investigación históricos publican nuevos estudios donde se analiza aspectos inéditos de su pensamiento, su trabajo político y su influencia en el mundo contemporáneo, sobre todo en Hispanoamérica.

Su vida como militar es altamente polémica, sobre todo por la enorme actividad que tuvo en tan distintos escenarios; he recogido una gran cantidad de observaciones de oficiales extranjeros que tuvieron contacto con él, algunos fueron sus amigos, una gran parte de ellos sirvió bajo su comando en distintas campañas, hubo prusianos, franceses, escoceses, norteamericanos, españoles… que lo observaron bajo sus muy personales ópticas, lo criticaron desde las escuelas y la formación que tuvieron en sus carreras, y aunque algunos fueron muy críticos y hasta despectivos sobre su manera de proceder, ninguno se atrevió a descalificarlo como estratega militar, siempre lo reconocieron como Comandante en jefe.

Como mínimo, sorprende el solo ver a aquel hombre menudo, nervioso, incansable, con una cultura cosmopolita envidiable en medio de los campamentos atendiendo no solo a su tropa, que para algunos comentaristas no pasaban de ser una peligrosa banda de salvajes que recordaban a los hunos de Atila en las estepas asiáticas, sino recibiendo a embajadores, flirteando con las damas de los pueblos a donde llegaba, escuchando atentamente a sus oficiales de avanzada y dibujando movimientos de tropas en los mapas sobre la mesa; no solo era un misterio sino un formidable contendor, fácil de palabra en sus discursos en los congresos, inspirador en los frentes de batalla y el alma de las fiestas y reuniones sociales donde destacaba su facilidad para los idiomas.

Bolívar no era una persona fácil, cuando iracundo era de temer, cuando magnánimo era pródigo y cuando se vengaba era implacable. Aprendió a fuerza de atentados contra su vida a dormir ligero y con las armas a su lado, saltar de un balcón y refugiarse debajo de los puentes, tuvo en su corta existencia que tomar decisiones que implicaban sacrificar vidas para salvar otras, la suya la arriesgaba por lograr la victoria. Cuando el Estado Mayor de los ejércitos del rey de España decidió utilizar venezolanos y colombianos para combatirlo, promoviendo un plan de exterminio a cuenta del pillaje y el ultraje, liberar esclavos para que sirvieran como soldados y asesinaran patriotas, para negarle refugio cuando era perseguido… su respuesta fue una guerra a muerte, la erradicación absoluta de los españoles en América.

Para la doctora Aline Helg, profesora de historia de la Universidad de Ginebra en Suiza, en su destacado estudio “La República de Simón Bolívar: un pilar contra la tiranía de la mayoría”, el gran temor de Bolívar era el levantamiento de las mayorías negras contra la minoría blanca y su erradicación por medios violentos, tal como había sucedido en Haití, e igualmente temía este comportamiento de las mayoría indígenas, tal como lo había presentido en Colombia, Ecuador y Perú, y del ejemplo del poder de convocatoria de la rebelión de Tupac Amaruc… y no eran simple temores, sus tropas estaban luchando contra negros e indios que apoyaban el bando del rey de España y se estaban matando en los campos de batalla.

Pero al mismo tiempo, y pareciera contradictorio pero no lo era, de allí el complejísimo sistema político y social que imaginaba Bolívar para la América libre, admirador del sistema parlamentario británico, y creía en una figura de poder que pudiera mantener la cohesión en el tiempo. Ya los españoles estaban ejecutando su plan de contener estos movimientos independentistas por medio de una guerra racial, dividir y vencer, poner al hermano en contra del hermano, no le quedó otra al Libertador que ser más extremista que sus contendores, y se dio a la tarea de exterminar españoles a granel, donde quiera que se encontraran, en campos de batalla, en sus casas, en hospitales… fue una guerra del terror, gana el más extremista y en las guerras de independencia en Hispanoamérica, las más violentas de su tiempo, Bolívar ganó.

En 1815, en Jamaica, Bolívar declaraba lo siguiente: “Estamos autorizados, pues, a creer que todos los hijos de la América española, de cualquier color o condición que sean, se profesan un afecto fraternal recíproco, que ninguna maquinación es capaz de alterar”. No era un deseo acomodaticio ni una posición política oportunista, sus tropas eran su pueblo, su gente, bajo su comando tenían una misión y ésa era libertar a la América del imperio español que lamentablemente se hacía cada día más intolerante, explotador y abusador en contra de sus súbditos.

Pero también ese mismo Bolívar, ese mismo general que se había liado en combate a riesgo de su propia vida, había visto y sufrido la furia de ese mismo pueblo, confundido y manipulado por la corona española e inmolando sus vidas en nombre de un rey que nunca conocieron, de la religión y la idea de un estado que por medio de sus leyes les decía que eran súbditos con derechos… y esos indios y esos negros, que caían en la trampa para defender la ilusión de una mejor vida, eran tan peligrosos y mortales en los campos de batalla como aquellos que le acompañaban; si no podía convencerlos a las buenas tuvo que hacerlo con las armas.

Sabía del daño que podían causar los esclavos renegados y los indios obstinados y sigilosos, tan útiles en operaciones de contrabando y sabotaje en las costas de Falcón y Maracaibo, indios como Reyes Vargas que con 300 rifles y 100 arqueros tuvieron en jaque a la región de Coro y que cuya aguerrida resistencia contribuyó a la caída de la Primera República, cuando Bolívar se enteró de la resistencia indígena en Pastos, en ruta hacia Perú, supo que si no eliminaba el obstáculo para que sus tropas bajaran hacia Quito y Guayaquil, para terminar con la amenaza de las tropas realistas que se acantonaban en el Pacífico, su proyecto gran colombino estaba destinado al fracaso; su respuesta fue contundente y las acciones del Mariscal Sucre  sobre ese escenario fueron definitivas y terribles.

La creación de Bolivia en el Alto Perú fue una estrategia necesaria para asegurar la paz en el altiplano, hoy muchos peruanos no perdonan aquel movimiento estratégico y es causa de un malestar histórico, pero Bolívar estaba asegurando la paz entre las etnias para a su vez negarle a España que contara con cabezas de playa en el Pacífico, y sabía que la intención de la corona española era retomar militarmente sus antiguas posesiones.

Pretender, como pretenden sus detractores, que todo este plan geopolítico respondía a una estrategia inglesa para atomizar y debilitar a España, que Bolívar era su agente provocador, para desmembrar al imperio español en América, es simplemente no comprender los ímpetus libertarios de ese siglo, la sed de libertad y autodeterminación de los pueblos, era desconocer los procesos de decadencia de los sistemas políticos.  Con la pérdida de sus colonias inglesas en Norteamérica, gracias a la ayuda militar francesa, la armada inglesa y su imperio colonial empezaba a perder fuerza en el mundo, los imperios iniciaban su decadencia fatal; el plan bolivariano reportaba ventajas para el gobierno inglés, pero nunca lo apoyaron del todo, solo en los momentos de inflexión que de acuerdo al Primer Ministro y su gabinete, eran de absoluto interés para el gobierno anglo.

El historiador hispano-venezolano, el profesor Manuel Pérez Vila, ese catalán de nacimiento, venezolano por convicción, conocedor de Bolívar desde su documentación original y autor de bibliografía fundamental sobre Bolívar y su época, en su Biografía de Simón Bolívar, nos relata:

En enero de 1824 Bolívar se hallaba enfermo de cuidado en Pativilca, en la Costa del Perú, donde recibió la noticia de que la guarnición del Callao se había pasado a los realistas... Lima cae en manos de los realistas, pero el Congreso del Perú, antes de disolverse, nombra a Bolívar Dictador -como en la antigua República Romana- con facultades ilimitadas para salvar al país. Él acepta serenamente tan tremenda responsabilidad. Retirado a Trujillo, trabaja infatigablemente; su genio y su fe en el destino de América operan el milagro. Emprende la ofensiva, y el 7 de agosto de 1824, en Junín, derrota al Ejército Real del Perú. La campaña continúa, y mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del Callao, el General Sucre, en Ayacucho, pone el sello definitivo a la libertad americana el 9 de diciembre de 1824. Dos días antes, desde Lima, Bolívar había dirigido a los gobiernos de Hispanoamérica una invitación para enviar sus plenipotenciarios al Congreso que habría de reunirse en Panamá, el cual efectivamente se celebró en junio de 1826”.

Bolívar no murió como dictador, ni como rey, ni como Cesar Augusto, cada vez que tuvo el poder absoluto en sus manos, hizo la tarea para la cual fue nombrado y restituyó al terminar los fueros encomendados a sus órganos jurisdiccionales; murió muy enfermo, tratando de retornar a su patria, fue sin lugar a dudas nuestro propio Odiseo… aunque nunca llegó a Ítaca.

 

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