"Tengamos presente que nuestro Pueblo no
es el Europeo, ni el Americano del Norte, que más bien es un compuesto de
África y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España
misma, deja de ser Europea por su sangre africana, por sus Instituciones, y por
su carácter. Es imposible asignar con propiedad, a qué familia humana
pertenecemos. La mayor parte de lo indígena se ha aniquilado, el Europeo se ha
mezclado con el Americano y con el Africano, y éste se ha mezclado con el Indio
y con el Europeo. Nacidos todos del seno de una misma Madre, nuestros Padres
diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren
visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reto de la mayor
trascendencia"
Congreso de Angostura,
15 febrero. 1819, S. Bolívar
Todo grande hombre
tiene sus detractores y más Simón Bolívar, quien dejó tras de sí una historia
documental y testimonios, copiosos y variados, que marcan su ciclo vital desde
la cuna hasta la muerte; todos los años, las universidades del mundo y sus
centros de investigación históricos publican nuevos estudios donde se analiza
aspectos inéditos de su pensamiento, su trabajo político y su influencia en el
mundo contemporáneo, sobre todo en Hispanoamérica.
Su vida como militar
es altamente polémica, sobre todo por la enorme actividad que tuvo en tan
distintos escenarios; he recogido una gran cantidad de observaciones de
oficiales extranjeros que tuvieron contacto con él, algunos fueron sus amigos,
una gran parte de ellos sirvió bajo su comando en distintas campañas, hubo prusianos,
franceses, escoceses, norteamericanos, españoles… que lo observaron bajo sus
muy personales ópticas, lo criticaron desde las escuelas y la formación que
tuvieron en sus carreras, y aunque algunos fueron muy críticos y hasta
despectivos sobre su manera de proceder, ninguno se atrevió a descalificarlo
como estratega militar, siempre lo reconocieron como Comandante en jefe.
Como mínimo, sorprende
el solo ver a aquel hombre menudo, nervioso, incansable, con una cultura
cosmopolita envidiable en medio de los campamentos atendiendo no solo a su
tropa, que para algunos comentaristas no pasaban de ser una peligrosa banda de
salvajes que recordaban a los hunos de Atila en las estepas asiáticas, sino
recibiendo a embajadores, flirteando con las damas de los pueblos a donde
llegaba, escuchando atentamente a sus oficiales de avanzada y dibujando
movimientos de tropas en los mapas sobre la mesa; no solo era un misterio sino
un formidable contendor, fácil de palabra en sus discursos en los congresos,
inspirador en los frentes de batalla y el alma de las fiestas y reuniones
sociales donde destacaba su facilidad para los idiomas.
Bolívar no era una
persona fácil, cuando iracundo era de temer, cuando magnánimo era pródigo y
cuando se vengaba era implacable. Aprendió a fuerza de atentados contra su vida
a dormir ligero y con las armas a su lado, saltar de un balcón y refugiarse debajo
de los puentes, tuvo en su corta existencia que tomar decisiones que implicaban
sacrificar vidas para salvar otras, la suya la arriesgaba por lograr la victoria.
Cuando el Estado Mayor de los ejércitos del rey de España decidió utilizar
venezolanos y colombianos para combatirlo, promoviendo un plan de exterminio a
cuenta del pillaje y el ultraje, liberar esclavos para que sirvieran como
soldados y asesinaran patriotas, para negarle refugio cuando era perseguido… su
respuesta fue una guerra a muerte, la erradicación absoluta de los españoles en
América.
Para la doctora Aline
Helg, profesora de historia de la Universidad de Ginebra en Suiza, en su
destacado estudio “La República de Simón Bolívar: un pilar contra la tiranía de
la mayoría”, el gran temor de Bolívar era el levantamiento de las mayorías
negras contra la minoría blanca y su erradicación por medios violentos, tal como
había sucedido en Haití, e igualmente temía este comportamiento de las mayoría
indígenas, tal como lo había presentido en Colombia, Ecuador y Perú, y del
ejemplo del poder de convocatoria de la rebelión de Tupac Amaruc… y no eran
simple temores, sus tropas estaban luchando contra negros e indios que apoyaban
el bando del rey de España y se estaban matando en los campos de batalla.
Pero al mismo tiempo,
y pareciera contradictorio pero no lo era, de allí el complejísimo sistema
político y social que imaginaba Bolívar para la América libre, admirador del
sistema parlamentario británico, y creía en una figura de poder que pudiera
mantener la cohesión en el tiempo. Ya los españoles estaban ejecutando su plan
de contener estos movimientos independentistas por medio de una guerra racial,
dividir y vencer, poner al hermano en contra del hermano, no le quedó otra al
Libertador que ser más extremista que sus contendores, y se dio a la tarea de
exterminar españoles a granel, donde quiera que se encontraran, en campos de
batalla, en sus casas, en hospitales… fue una guerra del terror, gana el más
extremista y en las guerras de independencia en Hispanoamérica, las más
violentas de su tiempo, Bolívar ganó.
En 1815, en Jamaica,
Bolívar declaraba lo siguiente: “Estamos autorizados, pues, a creer que todos
los hijos de la América española, de cualquier color o condición que sean, se
profesan un afecto fraternal recíproco, que ninguna maquinación es capaz de
alterar”. No era un deseo acomodaticio ni una posición política oportunista,
sus tropas eran su pueblo, su gente, bajo su comando tenían una misión y ésa
era libertar a la América del imperio español que lamentablemente se hacía cada
día más intolerante, explotador y abusador en contra de sus súbditos.
Pero también ese mismo
Bolívar, ese mismo general que se había liado en combate a riesgo de su propia
vida, había visto y sufrido la furia de ese mismo pueblo, confundido y
manipulado por la corona española e inmolando sus vidas en nombre de un rey que
nunca conocieron, de la religión y la idea de un estado que por medio de sus
leyes les decía que eran súbditos con derechos… y esos indios y esos negros,
que caían en la trampa para defender la ilusión de una mejor vida, eran tan
peligrosos y mortales en los campos de batalla como aquellos que le acompañaban;
si no podía convencerlos a las buenas tuvo que hacerlo con las armas.
Sabía del daño que
podían causar los esclavos renegados y los indios obstinados y sigilosos, tan
útiles en operaciones de contrabando y sabotaje en las costas de Falcón y
Maracaibo, indios como Reyes Vargas que con 300 rifles y 100 arqueros tuvieron
en jaque a la región de Coro y que cuya aguerrida resistencia contribuyó a la
caída de la Primera República, cuando Bolívar se enteró de la resistencia
indígena en Pastos, en ruta hacia Perú, supo que si no eliminaba el obstáculo
para que sus tropas bajaran hacia Quito y Guayaquil, para terminar con la
amenaza de las tropas realistas que se acantonaban en el Pacífico, su proyecto
gran colombino estaba destinado al fracaso; su respuesta fue contundente y las acciones
del Mariscal Sucre sobre ese escenario fueron
definitivas y terribles.
La creación de Bolivia
en el Alto Perú fue una estrategia necesaria para asegurar la paz en el
altiplano, hoy muchos peruanos no perdonan aquel movimiento estratégico y es causa
de un malestar histórico, pero Bolívar estaba asegurando la paz entre las
etnias para a su vez negarle a España que contara con cabezas de playa en el Pacífico,
y sabía que la intención de la corona española era retomar militarmente sus
antiguas posesiones.
Pretender, como
pretenden sus detractores, que todo este plan geopolítico respondía a una
estrategia inglesa para atomizar y debilitar a España, que Bolívar era su
agente provocador, para desmembrar al imperio español en América, es
simplemente no comprender los ímpetus libertarios de ese siglo, la sed de
libertad y autodeterminación de los pueblos, era desconocer los procesos de
decadencia de los sistemas políticos. Con
la pérdida de sus colonias inglesas en Norteamérica, gracias a la ayuda militar
francesa, la armada inglesa y su imperio colonial empezaba a perder fuerza en
el mundo, los imperios iniciaban su decadencia fatal; el plan bolivariano
reportaba ventajas para el gobierno inglés, pero nunca lo apoyaron del todo,
solo en los momentos de inflexión que de acuerdo al Primer Ministro y su
gabinete, eran de absoluto interés para el gobierno anglo.
El historiador hispano-venezolano, el profesor
Manuel Pérez Vila, ese catalán de nacimiento, venezolano por convicción,
conocedor de Bolívar desde su documentación original y autor de bibliografía
fundamental sobre Bolívar y su época, en su Biografía de Simón Bolívar, nos
relata:
“En
enero de 1824 Bolívar se hallaba enfermo de cuidado en Pativilca, en la Costa
del Perú, donde recibió la noticia de que la guarnición del Callao se había
pasado a los realistas... Lima cae en manos de los realistas, pero el Congreso
del Perú, antes de disolverse, nombra a Bolívar Dictador -como en la antigua
República Romana- con facultades ilimitadas para salvar al país. Él acepta
serenamente tan tremenda responsabilidad. Retirado a Trujillo, trabaja
infatigablemente; su genio y su fe en el destino de América operan el milagro.
Emprende la ofensiva, y el 7 de agosto de 1824, en Junín, derrota al Ejército
Real del Perú. La campaña continúa, y mientras Bolívar entra en Lima y
restablece el sitio del Callao, el General Sucre, en Ayacucho, pone el sello
definitivo a la libertad americana el 9 de diciembre de 1824. Dos días antes,
desde Lima, Bolívar había dirigido a los gobiernos de Hispanoamérica una
invitación para enviar sus plenipotenciarios al Congreso que habría de reunirse
en Panamá, el cual efectivamente se celebró en junio de 1826”.
Bolívar no murió como
dictador, ni como rey, ni como Cesar Augusto, cada vez que tuvo el poder
absoluto en sus manos, hizo la tarea para la cual fue nombrado y restituyó al
terminar los fueros encomendados a sus órganos jurisdiccionales; murió muy
enfermo, tratando de retornar a su patria, fue sin lugar a dudas nuestro propio
Odiseo… aunque nunca llegó a Ítaca.

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