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domingo, 18 de septiembre de 2016

El totalitarismo chavista


Pretendo demostrar con este artículo como el chavismo, o el socialismo del siglo XXI o la mentada Revolución Bolivariana, que para todos los efectos es la misma cosa, se ha convertido en la expresión más lamentable y peligrosa de esa ideología salvaje y destructora que es el totalitarismo, y la intención en descubrir para ustedes esta realidad es para que no se confundan, y piensen que los venezolanos libres, plurales y democráticos podemos convivir con esta manifestación de la maldad más pura y ciega que existe.
El chavismo es muerte y para allá se dirige, por lo que hay que acabar con esa ideología lo antes posible, y hacerlo, es un acto heroico y humanitario ya que como bien dice el historiador Eric Voeguelin, el totalitarismo no pretende cambiar la naturaleza humana, sino destruirla.

Antecedentes del totalitarismo
Hay autores que identifican los orígenes del totalitarismo en la forma de gobierno que asumieron los espartanos, una doctrina militarista colectivista donde las mujeres, los hijos, las bestias, todo pertenecía a la comunidad hecha estado en permanente estado de movilización.
Platón recoge en su obra La República, esta idea de estado absoluto y lo eleva como la mejor forma de organización de la sociedad, y lo expresa de ésta manera: “De todos los principios, el más importante es que nadie, ya sea hombre o mujer, ha de carecer de un jefe.  Tampoco debe acostumbrarse el espíritu de nadie a permitirse obrar siguiendo su propia iniciativa, ya sea en el trabajo o en el placer.  Lejos de ello, así en la guerra como en la paz, todo ciudadano deberá fijar la vista en su jefe, siguiéndolo fielmente y aún en los asuntos más triviales deberá mantenerse bajo su mando. Así, por ejemplo, deberá levantarse, moverse, lavarse o comer… sólo si se le hubiere ordenado hacerlo… en una palabra, deberá enseñarle a su alma, por medio del hábito largamente practicado, a no soñar nunca con actuar con independencia y a tornarse totalmente incapaz de ello.  En esta forma la vida de todos transcurrirá en una comunidad total.”
Es interesante destacar que el totalitarismo y sus adeptos hacen un punto de honor, para justificar la imposición de su sistema a la sociedad, el tema de la justicia, a decir de Platón, reemplazar el egoísmo y la discordia civil por la harmonía, una muy interesada tesis donde el patrón fundamental es el interés del estado. Todo aquello que favorezca al estado será bueno, virtuoso y justo; todo aquello que lo amenace será malo, perverso e injusto, su interés fundamental es hacerle la vida fácil a la clase gobernante.
El totalitarismo tuvo un importante repunte en la modernidad, éste renacimiento de las tesis totalitarias tiene sus antecedentes en formas de gobiernos absolutistas entre las que se distinguen las dictaduras y el imperialismo, conjuntamente  con prácticas de discriminación social tales como el antisemitismo y el racismo, por ejemplo, el sistema de dominio y explotación que instauró el príncipe Leopoldo sobre el Congo belga, fue una temprana muestra de lo que vendría, al igual que las distintas manifestaciones de persecución y exclusión social que se practicó por algunos gobiernos en contra de algunas minorías, como los judíos en Europa a principios del siglo XX.
El hecho de que un gobierno en términos del interés nacional, pudiera desarrollar métodos, leyes y argumentos para disponer sobre la vida de una parte de la población a la que considera “dispensable”, aplicarle restricciones y en algunos casos exterminarla, llevó a ciertos gobiernos, principalmente de corte militarista, a profundizar estas prácticas pero ya ejerciéndola sobre la población general, que consistía principalmente en la utilización del terror como herramienta de control social.
Fue sin duda el nacionalsocialismo alemán y la figura de su líder Adolfo Hitler la tendencia política llamada a desarrollar el totalitarismo en su forma más acabada, seguida muy de cerca por el totalitarismo estalinista en Rusia; aunque diferentes en actores, cultura y tiempos, ambos totalitarismos comparten semejanzas que sólo son obvias una vez que se conocen los mecanismos que lo mueven.
El totalitarismo está asentado sobre un discurso de principios y valores que elevan a grado sumo elementos raciales, del suelo (territoriales), patrióticos, de un pueblo como expresión cultural y de poder que sólo responde ante la divinidad, con un liderazgo que no puede ser discutido, al contrario, debe ser reverenciado como infalible y que obedece a unos máximas morales y éticas que lo sitúan por sobre cualquier otra visión del mundo, lo que hace que su ideología sea incontestable y que no acepta contradicciones.
Esta condición, de creer en su superioridad física y moral lo llevan a imponer su credo al mundo, su espíritu de dominio y control no detiene en sus fronteras sino que busca, como misión de vida y obligación histórica, la conquista liberadora de los demás pueblos del orbe, de allí su peligro para la paz y la estabilidad internacional, de allí el milenarismo y finalmente encarnar la voluntad del pueblo, su soberanía y su identidad.

El uso encubierto de la violencia
Mi primera hipótesis es que el chavismo como forma de totalitarismo, se ha venido desarrollando desde hace 18 años imponiéndole a Venezuela lo que la experta en totalitarismo, la historiadora y filósofa Hannah Arendt, describía como un “anillo de hierro”, que no es otra cosa que un pliego normativo autoritario, impuesto por las armas, que constriñe las libertades ciudadanas y obligaba a las personas a ser cada vez más dependientes del estado.
El chavismo como forma totalitaria de gobierno ya está desembocando en su fase última, que se reconoce por su actividad de exterminio de lo que considera, “sobrantes” de la población, la diferencia con el totalitarismo tradicional es que no hay campos de exterminios (aunque alguna cárcel venezolana pudiera coincidir con algunos de estos lugares), pero sí hay un programa en ejecución.
El uso de las policías y los operativos de exterminios (búsqueda y destrucción) de supuestos criminales en las barriadas de las principales ciudades del país, conocidos como OLP, que se traduce en la aplicación extrajudicial de la pena de muerte es una de sus facetas.
Otra modalidad consiste en la actividad que despliegan los bien llamados colectivos armados, que no son otra cosa que grupos de violentos bajo la fachada de movimientos políticos que apoyan a la revolución, que atacan a la población por órdenes del gobierno y con total impunidad (muchas veces con el apoyo abierto de las autoridades), aunque su función primordial es generar miedo entre la población opositora al régimen, sus acciones en contra de manifestaciones pacíficas de protestas han tenido su cuota de bajas.
La otra cara del programa de exterminio lo realiza con la ayuda del hampa común, bandas de delincuentes que operan desde las cárceles o en los barrios a quienes el gobierno ofrece territorios, armas y privilegios (zonas de paz), a cambio de que les mantengan el orden político en esos sectores.
La actividad de estos grupos en conjunto ha producido en los últimos tres años una inmensa cantidad de víctimas que el gobierno trata de confundirlas con las cifras negras policiales como bajas en la lucha contra el delito, pero en realidad son cifras amañadas que ocultan un proceso de limpieza de indeseables para el régimen.
Pero el grueso del exterminio se encuentra en las cifras de muertes por desahucio, de personas que no reciben la atención médica necesaria en el momento oportuno, de niños y ancianos que mueren por enfermedades contagiosas endógenas, infecciones hospitalarias y por desnutrición.
Esta enorme cifra de venezolanos exterminados por la inoperancia del gobierno, por la negación a prestarle a la población los más básicos requerimientos de salud para el sostén de la vida, solo se explica, bajo el esquema, o de que están recibiendo órdenes desde Cuba para causar una sensible reducción de la población autóctona venezolana con fines de un futuro repoblamiento del territorio con nacionales cubanos, o con una drástica reducción de los presupuestos de atención a la alimentación y a la salud, para que dichos montos de dinero sean desviados a las arcas de La Habana para atender las necesidades de ese gobierno.
El asunto es que el gobierno chavista está destruyendo su base poblacional de la que derivaba su apoyo electoral, pues son los sectores más vulnerables de la población, los pobres, los que engrosan estas espeluznantes estadísticas genocidas, no son los “escuálidos” o la clase media donde se encuentra la verdadera fuerza opositora al régimen, lo cual hace suponer que ya al gobierno no le importa contar con el apoyo popular pues piensa que puede mantenerse en el poder sin pueblo, sin elecciones, sólo con la fuerza de la violencia.
Esta limpieza poblacional tiene otro sentido dentro de la estrategia totalitaria, sembrar el miedo entre los que quedan vivos, sólo aquellos que estén de lado de los genocidas del gobierno recibirán los servicios y los alimentos que necesitan para sobrevivir, éste es un mecanismo de biopolítica suficientemente estudiado por expertos de todo el mundo, y consiste en el racionamiento de estos insumos por medio de listas, tarjetas o mecanismos como los CLAP, que son las organizaciones populares que hacen registro y control de la población que le son fieles al gobierno y a las que premian, entre otras cosas, con bolsas de alimentos cada cierto tiempo.
Para el chavismo todo aquel habitante que no le sea útil a la revolución, y exigen total entrega a sus adeptos, son superfluos y por lo tanto deben o irse del país, ser destruidos o aceptar en silencio el yugo, la filosofía del nuevo hombre y del pensamiento único exigen uniformidad, no puede haber variedad ni otros puntos de vista que no sea los que dicte la revolución.
La gran cantidad de presos políticos que exhibe el régimen, su constante bulling hacia los sectores de la oposición, no sólo son indicativos de su propia inseguridad ideológica sino de un desprecio supino por la confrontación de ideas, por el debate y fundamentalmente, por el miedo que le tienen al diálogo verdadero, ese que se produce entre iguales y donde solo triunfa la razón, donde es posible la negociación y los entendimientos; en el totalitarismo eso es imposible que suceda.
Como les decía, cuando un gobierno totalitario se encuentra en esta fase, es porque es la última etapa de su desarrollo, a partir de este momento el aparato totalitario funciona como estado policial a lo interno y como amenaza militar a lo externo, si bien el gobierno chavista no puede en este momento, por causas económicas, expandirse como lo hizo con el gobierno de Hugo Chávez a otro países para fomentar la ideología totalitaria, hay que estar atentos pues su voracidad territorial y poblacional no se extingue, sino que queda latente, esperando mejores tiempos.
Tratar de dialogar o entrar en razón con personas imbuidas en este marco mental es una tarea imposible, como creen en la superioridad moral de sus acciones por más torcidas y criminales que sean, siempre están convencidas que hacen el bien, enceguecidos por una venda que les impide la racionalidad, trabajan en base a dogmas y metas imposibles de cambiar desde afuera, la única manera de doblegarlos en venciéndolos con la fuerza.

El control de los ciudadanos o como robarle ciudadanía a la persona
Pero ahora veamos el aspecto del control poblacional, para controlar a la gente tienen que controlar su mente y para ello el gobierno debe manipular sus medios de vida, una vez que el gobierno tiene poder sobre los medios de producción, sobre los mercados de trabajo, sobre las ofertas de empleos, cuando se convierte en el principal empleador y fuente fundamental de inversión, cuando controla la emisión del dinero y provoca inflaciones galopantes, escasez de productos y control absoluto sobre las divisas, entonces tiene el control sobre la población.
Por ello, las colas de gente tratando de conseguir productos subsidiados, son una necesidad para el gobierno, necesita tenerlos ocupados en funciones básicas como sobrevivir, para quitarles toda fuerza para que se rebelen, protesten o piensen en política.
Una población desnutrida y hambreada es más fácil de manipular que una sana e independiente.
El gobierno además, induce al miedo en la calle, hay un toque de queda no declarado en el país, el gobierno nos obliga a comer lo que él quiere que comamos al precio que le conviene, las posibilidades de trabajo se hacen cada día más precarias, el crecimiento económico es negativo, las empresas y comercios cierran por imposibilidad de mantenerse en éste medio diseñado para arruinar a los empresarios libres e independientes.
Hay un trabajo de erosión de la dignidad y la voluntad en las personas, que de lograrlo, hacen a la población instrumento fácil para lograr de ellos verdaderos esclavos del régimen, pero para ello deben destruir toda traza de individualidad en la persona, necesitan colectivizarla, imponerles una igualdad en las necesidades, tener una sola voz.
El totalitarismo chavista ha provocado un éxodo de personas, la mayoría profesionales, que nunca antes se había visto en el país, la oposición política está trabajando con culillo, amenazada con procesos judiciales fabricados, con cárcel y torturas, incluso con la muerte, la comunidad internacional no termina de reaccionar ante las devastadoras evidencias de que Venezuela vive un totalitarismo salvaje y contagioso, el hecho de que el gobierno se haya posicionado a la izquierda y tenga el apoyo cubano, les ha resultado como especie de permiso para devastar al país sin mucha resistencia, por lo menos la comunidad internacional lo ha tolerado.
De allí la necesidad de la hegemonía comunicacional, de un aparato de propaganda de tal intensidad y penetración que sea imposible escuchar otras voces, otras ideas, la plataforma de comunicaciones del gobierno totalitario tiene como función primordial reinterpretar la realidad de acuerdo a los intereses del régimen, sin importar que es verdad y que es mentira, llegando incluso al extremo de fabricar una realidad virtual, por ello la guerra declarada al periodismo libre e independiente y la manipulación de los derechos de la información veraz y oportuna, y la censura al derecho de libre expresión del pensamiento es una política de estado.
La introducción del elemento militar en el gobierno y la creación de esa unión cívico-militar como objetivo de la revolución, ya hablan mucho de cómo el autoritarismo militar ha penetrado en todos los aspectos de la vida ciudadana, el país ha quedado dividido en regiones militares que son la base de la planificación no solo de la seguridad, sino de planes de producción y áreas educativas, de servicios de salud y ejes de desarrollo.
El militar banquero, industrial, comerciante, distribuidor, agricultor, transportista se confunde con el militar narcotraficante, corrupto, extorsionador, secuestrador, invasor, los uniformados están metidos en todos los negocios posibles de la república, lícitos o ilícitos, son tan socios de los emprendedores legítimos como de los carteles del crimen organizado, se confunden en su papel de guardianes y ladrones, de garantes de la ley y mafiosos, pero funcionan como una clase privilegiada por encima del común de los ciudadanos y de la ley.
El gobierno chavista gasta ingentes recursos en promocionar su imagen en el exterior, pero la imagen que pretende dar es todo lo contrario a su actuar, se quiere posicionar como un sistema político humanitario, pacífico y solidario cuando la verdad es lo opuesto, constantemente destaca las virtudes de la revolución y se erige como ejemplo a seguir, pero el contraste es ya insostenible, es imposible ocultar la crisis humanitaria que se empeña en negar, creada y sostenida precisamente para continuar con su limpieza ideológica.

El totalitarismo como problema político contagioso.
Pero en el caso venezolano, como ya se ha iniciado la devastación ecológica del territorio, que es inaceptable para la región por el peligro que representa para los intereses de países vecinos, las violaciones masivas de derechos humanos son demasiados horrendas como para seguir permitiéndolo en nombre de una muy mal entendida convivencia latinoamericana, la actitud del gobierno es de una burla absoluta a la decencia y los valores de occidente, no ha parado de inducir conflictos y enfrentamientos en el seno de las organizaciones donde participa, el gobierno de Maduro tiene los días contados.
El totalitarismo es como el cáncer, o se le contiene a tiempo o se come al cuerpo completo, es por naturaleza nihilista, autodestructivo, suicida, la distopía de un totalitarismo global solo pertenece a la literatura de ficción, hasta el momento la comunidad internacional, los hombres de buena voluntad, los pueblos libres, ha encontrado la manera de contenerlo cuando se presenta, o como en el caso de la Rusia estalinista, que se consumió sólo con la muerte de su líder.
Éste totalitarismo llamado socialismo del siglo XXI, tiene una superficie edulcorada con todas las buenas intenciones de una redención social, se confunde ex profeso con algunos aspectos de las creencias cristianas, se hace pasar por democrático y promete la liberación de los pueblos, al igual que el populismo, apela más a los sentimientos que a la razón, y su discurso, tiende hacia el nacionalismo y los valores patrios, pero es toda una impostura, un engaño, ya que una vez en el poder y asistido por la fuerza moral que le otorga actuar en nombre del pueblo, enseña sus garras y colmillos cuando ya es demasiado tarde.
Maduro y su régimen hace ya mucho tiempo sobrepasó el límite que Arendt calificó como de la desarticulación del espacio público, el venezolano obligado por las condiciones totalitarias se preocupa sólo por su sobrevivencia sin importarle los demás, no se involucra con suficiente ahínco a la lucha por sus derechos inculcados, individuos aislados sin posibilidad de coordinar acciones colectivas con sentido de verdadera resistencia, se agotan sin lograr avances, la sociedad civil en su imposibilidad de lograr acciones efectivas que pongan termino al horror, se va poco a poco silenciando y aceptando su condición de oprimido.
Maduro se me parece cada día más al jefe nazi Adolf Heichmann, encargado de transportar a los judíos a los campos de exterminio, y que en el juicio que le siguieron en Israel, Arendt lo calificó como la personificación de la banalidad del mal, un hombrecito común, ordinario, que cometió los más horrendos crímenes sin ninguna otra motivación que seguir órdenes.
Al igual que Maduro, siguiendo un Plan de la Patria que heredó como legado de su lider, que se atreve hacer chiste del hambre que pasa el pueblo hablando de la “dieta de Maduro”, que cree que ser valiente es agarrar a golpes a unas mujeres humildes que protestan la escasez tocando cacerolas, mandando a torturar a presos políticos indefensos en sus celdas, o tomando territorio con sus FFAA como si fueran tropas de ocupación, Maduro realiza estos actos criminales porque es un idiota moral, una persona incapaz de discernir sobre el valor moral y ético de sus propias acciones y hasta risa le dan, es capaz de incendiar al país mientras toca sus tambores y baila chancleteado con la Primera Combatiente, todo un Nerón tropicalizado.
El chavismo ha dejado sembrado en el mundo varias semillas de este totalitarismo transformado en socialismo del siglo XXI, en Bolivia, en Ecuador, en Nicaragua, en Cuba, en los EEUU, en España, en Colombia, en Panamá, en otros países de Centroamérica y el Caribe, ha sido recientemente extirpado de Argentina y Brasil y estamos a la espera de sus consecuencias, cuando el chavismo es derrotado abiertamente o su oposición es muy fuerte, su accionar se hace subterráneo, clandestino, y su plan es penetrar instituciones claves como las fuerzas armadas, minorías organizadas o algún partido político, en el caso de los EEUU, tengo la impresión que el partido Demócrata ha sido contaminado mas allá de lo deseable.
En países como Bolivia, Nicaragua y Cuba han prosperado, en los demás están latentes, a la espera de que los gobiernos de turno entre en crisis o se comporten con debilidad ante sus manifestaciones, lo importante es estar conscientes de que existe y que puede prosperar.
Heichmann fue sentenciado a la horca, el destino de Maduro está por verse, aunque ya tiene asegurado su lugar en la historia y no precisamente como un héroe revolucionario.
Su gobierno, definitivamente, es totalitario.   -    saulgodoy@gmail.com






viernes, 27 de noviembre de 2015

El poder como un demonio


Cuando revisamos la larga tradición de las ideas liberales en el mundo nos encontramos, en Europa y sobre todo de América, con un movimiento, más bien, un proyecto, denominado  “Constitucionalismo liberal” que no es otra cosa que el esfuerzo intelectual de generaciones de pensadores, por ponerle bridas al poder para controlarlo y direccionarlo, sin dejar de garantizar los derechos ciudadanos. limitando el tamaño del Estado.
El liberalismo no es solo una colección de normas y principios sobre igualdad y libertad, es principalmente una disciplina del poder, formulas para controlar y manejar ese poder.
Cuando una sociedad organizada logra controlar el poder, que por naturaleza es arbitrario, se sirve a sí mismo y tiende a abarcarlo todo, y lo hace de manera institucional, con la fuerza de la ley y por medio de la descentralización del estado, inmediatamente obtiene la posibilidad de generar riqueza, inclusión y conocimiento; elimine usted de la ecuación política el poder personalista, autoritario, irresponsable y no sujeto a balance ni control, e inmediatamente la sociedad sentirá no solo más estabilidad, sino que surgirán nuevas formas de participación, rutas de diálogo, acuerdos, consensos y se desatará una dinámica que necesariamente fortalecerá la democracia como un todo.
Pero hay que controlar el poder, y el problema mayor lo encontramos en aquellos hombres y mujeres que persiguen la obtención del poder para lograr sus propios intereses y no los de la sociedad como conjunto, o de quienes sustentan el poder, y una vez ganado el gusto por el mando y la obediencia, no permiten que el poder les sea confiscado, regulado o disminuido.
Esta lucha de la sociedad por controlar el poder es el elemento fundamental de toda democracia, si se permite que quienes detenten el poder en un determinado momento, se confundan con la soberanía y el pueblo, esta confusión traerá como resultado el crecimiento del aparato estatal hasta abarcar la vida privada de sus ciudadanos, se atribuirá más ámbitos y jurisdicciones, designando más burocracia para controlar al individuo, si el poder hecho gobierno no acata la ley, principalmente la Constitución y no responde a los valores democráticos, el poder absoluto tratará, por todos los medios de esclavizar a esa sociedad para su único propósito, perpetuar en el poder a quienes lo ejercen sin control.
Dejado solo, a su arbitrio, el poder es como el hambre más voraz que se pueda imaginar, no descansará hasta haberse tragado todo, al final su apetito insaciable lo hará autodestruirse, el poder es ciego y solo se sirve así mismo.
Por ello, es que no hay persona más peligrosa que un hombre enfermo de poder con un pueblo ignorante de las consecuencias, de las ausencias de los pesos y contrapesos de una democracia, Bolívar lo sabía y lo advirtió, Miranda y Simón Rodríguez lo sabían, he hicieron lo posible por explicarle a las generaciones futuras de la amenaza, sólo los ciudadanos conscientes del peligro pueden enfrentar con éxito los cantos de sirenas del tirano, que exigirá más poder y por más tiempo.
Pero estas ideas fueron olvidadas, cayeron en desuso, la moderna teoría del Estado exigía un aparato burocrático estatal lo suficientemente grande y poderoso para poder hacerse cargo de las nuevas funciones del Estado como generador del progreso y crecimiento de la nación, y para aquellos países que nunca pudimos diversificar nuestras economías, que vivíamos de las rentas petroleras en un esquema de capitalismo de estado, la presencia del Estado se hizo hasta necesaria.
Pero la verdad había sido descubierta mucho antes, la fórmula no es un engaño: A mayor tamaño del Estado menor es la libertad del ciudadano, menor las libertades públicas.
No hay necesidad de ser un genio para ver las proporciones trabajando, todo espacio que es ocupado por el Estado y su burocracia, es un espacio menos para la sociedad y el individuo.
La tendencia es una progresión aritmética, a mayor tamaño del Estado más espacio reclamará para sí, y una vez que el Estado sobrepasa ciertos límites en democracia, como el borrar los estancos que separan los poderes públicos de los derechos civiles, cuando el estado toma el control de las instituciones fundamentales para servirse de ellas y ataca la propiedad privada, cuando se pone por encima de la constitución y las leyes y genera sus propias justificaciones de derecho para imponerse a toda resistencia, entonces, el poder entra en una nueva progresión, esta vez geométrica, avasallante, canibalizante y totalizadora.
El poder empieza a destruir a la sociedad donde opera, como le sucedió a Mao en China, a Stalin en Rusia, a Pol Pot en Camboya, a Hitler en Alemania, como va a pasar en Venezuela si el chavismo continúa en el poder.
Cuando Bolívar advirtió que los pueblos se acostumbraban a obedecer y los líderes a mandar y por ello la alternabilidad en el poder era una necesidad, sabía de lo que hablaba, su vida fue una constante batalla personal con ese demonio del poder que atormentaba su alma republicana, era tan fácil sucumbir a su fuerza y lujuria, el poder absoluto envilece.
Me produce una gran desazón cuando veo y escucho a los líderes del chavismo preparar la mesa para el acto más antidemocrático de todos, las trampas electorales para permanecer en el poder, el solo hecho que se hayan permitido por parte del árbitro electoral, el CNE, todos esos fraudes, delitos, actos de violencia, trucos, abusos de poder, para que desde el estado, el grupo que manda, el partido PSUV, haga y deshaga para proteger esa cuota grosera y criminal de poder que sustenta, indica que tenemos una sociedad enferma y en camino a su destrucción.
El chavismo y sus seguidores son claramente personas antidemocráticas, no quieren ni aceptan otro arbitro sobre sus acciones sino ellos mismos, su actitud de desconocer y tergiversar la voluntad popular es ya señal de que el demonio del poder los tiene ciegos, que contra viento o marea van a intentar crear una casta real, de que van a tratar de constituir a Miraflores, en el asiento de la nueva oligarquía socialista de América Latina.
Bajo los pueriles argumentos de la relatividad de una vida humana en la suma geológica de las edades de la tierra, en que el pueblo decida hasta cuando se queda un presidente en el poder (sobre todo cuando el presidente quien cuenta los votos), que dieciséis años es muy poco tiempo para consolidar el proceso socialista… (el único proceso que se va a consolidar es el de la tiranía vitalicia y hereditaria) entra uno en sospecha sobre las verdaderas intenciones de los chavistas.
Se trata de hombres y mujeres que ya tienen en su contra acusaciones graves de genocidio, de trampa electorales, de corrupción, de terrorismo, de fraude, de extorción y de innumerables violaciones a los derechos humanos, que la única manera que tienen de eludir la justicia nacional e internacional, es precisamente perpetuándose en el poder, protegerse de los procesos escudados tras la excusa de la soberanía, de la majestad del cargo, de la inmunidad que otorga el ejercicio de sus fueros.
Sus reputaciones están tan dañadas, sus mentiras suenan tan huecas que ya toda Venezuela y el mundo sabe lo podrido que están, y que basta el soplo del viento para que todo ese mundo revolucionario de pacotilla se derrumbe, y tengan finalmente que enfrentar la justicia de los hombres.
Esa es la razón fundamental para que Venezuela, con la ayuda de gobiernos democráticos que no claudican ante los sobornos y el miedo, haga de estas elecciones un gesto de rebelión, un grito de libertad y un acto de reparación, sobre los verdaderos ideales de la república y la democracia que llevamos sembrados en el alma. -        saulgodoy@gmail.com


martes, 23 de junio de 2015

El problema del conocimiento para el chavismo



La búsqueda de la verdad, para el chavismo es un asunto de dogma, tienen en varios textos, de diversas épocas y autores, una colección de discursos que toman como la palabra revelada, lo que allí se dice es sagrado, Marx, Simón Bolívar, Gramsci, Carl Schmitt, Eduardo Galeano, Enrique Dussel, Mao, los discursos de Chávez y Fidel y la Constitución Nacional son algunas de las fuentes en donde abrevan sus calenturientas mentes cuando enfrentan al mundo, que en su particular visión, está en cadenas y quieren liberar.
Por supuesto, estamos hablando no de discursos liberadores dirigidos a la inteligencia, sino al fanatismo, sus ideas no son producto de un sosegado análisis de las circunstancias sino a la acción epiléptica del cambio del mundo, propio de alucinados revolucionarios que se ven así mismo como ángeles demiurgos.
En esa acometida por el cambio y un nuevo mundo, en esa cruzada por la salvación de la humanidad, no hay tiempo para la reflexión, ya todo está dicho, no hay nada que discutir, lo que queda es actuar.
El concepto de hombre y humanismo están degradados a metáforas del capitalismo, los derechos humanos son trampas para la voluntad socialista en su labor de parir un nuevo mundo, la cultura es un simple residuo del consumismo procaz con que el Imperio adormece las mentes.
El Sur, la nueva versión del Tercer Mundo, que se imaginan, es el de los pueblos en resistencia, que luchan por su emancipación, es un mundo idealizado en clases explotadas, el mismo sueño que tenía Espartaco cuando se levantó en contra de Roma, es esa lucha que no tiene final contra los imperios, que es violenta y es a muerte.
Para muestra un botón, les presento un extracto del discurso de Chávez  de presentación de su candidatura ante el Consejo Nacional Electoral, el 11 de junio de 2012 y aludiendo al Plan de la Patria: “Este es un programa que busca traspasar ´la barrera del no retorno´. Para explicarlo con Antonio Gramsci, lo viejo debe terminar de morir definitiva­mente, para que el nacimiento de lo nuevo se mani­fieste en toda su plenitud (…) La coherencia de este Programa de Gobierno responde a una línea de fuerza del todo decisiva: no­sotros estamos obligados a traspasar la barrera del no retorno, a hacer irreversible el tránsito hacia el socia­lismo. Ciertamente es difícil precisar cuándo despun­tará tan grandioso horizonte, pero debemos desplegar esfuerzos sensibles y bien dirigidos, para decirlo con Bolívar, en función de su advenimiento (…) Sólo por el rumbo y el camino de la Revolu­ción Bolivariana seguiremos triunfando, seguiremos venciendo, seguiremos garantizando y construyendo la independencia nacional y el socialismo en Venezuela, y convirtiendo nuestro país en una potencia para la vida, y contribuyendo a crear la gran potencia suramericana a Latinoamérica, como una zona de paz.”
Este es parte del discurso de un hombre que se sabía moribundo, no iba a poder ejercer la presidencia a la que se lanzaba como candidato porque ya sabía, sufría de un cáncer terminal, el país se caía a pedazos y ya había escogido a su sucesor para continuar su labor de destrucción. 
Bajo estas premisas, la verdad es la primera víctima, por lo tanto, la razón sale del juego como también lo hace la ciencia, la lógica, el lenguaje, la ley y el orden, en esta zambullida salvaje en la lucha de clases y en la consecución de la dictadura del proletariado solo hay consignas, promesas, sentimientos y la certeza absoluta que sus objetivos y metas es lo que le conviene a todos, y el que no esté de acuerdo, está equivocado, cuando menos alienado, y en ese mundo maniqueo, el que no es parte de la solución es parte del problema.
Es entonces completamente comprensible que el conocimiento es peso muerto, no hace falta, el hombre se hace por sus relaciones, es solo cuestión política, como decían algunos fanáticos del islam, si es verdad le da la razón al profeta, si es falso, no lo necesitamos.
Por ello es que en el chavismo priva la indoctrinación sobre la educación, los maestros son comisarios políticos, las escuelas son centros de organización comunales y electorales, las universidades que sueñan son para las masas de desposeídos y manejadas por los obreros y bedeles, las instituciones de investigación funcionan en los barrios resolviéndoles problemas cotidianos a la gente, la meritocracia es un asunto de popularidad, los museos y las bibliotecas son lugares para el estudio del folklore y la preservación del conocimiento ancestral.
El mundo que se proponen construir es de una pobreza conceptual tal, que da grima, pero no importa, la ignorancia es arriesgada, no conoce dificultades toda carga se arregla en la marcha, vivan los memes, las consignas, los twiters, la guturalidad, el mundo es de los valientes.
Toda esta ideología del socialismo del siglo XXI nace fundamental de la exégesis de los textos claves del marxismo leninismo, aplicados a las sociedades latinoamericanas, el chavismo es a su vez construcción de las interpretaciones que hacía el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, un militar golpista de izquierda, sobre las ideas de otros pensadores latinoamericanos (Mariátegui, Martí, Simón Rodríguez, Ludovico Silva y toda la caterva de autores pertenecientes a la llamada Teología de la Liberación) de la que resultó un verdadero “mondongo” (sopa de estómago de vaca con verduras diversas, condumio muy espeso y pesado para digerir) aliñado con las tradiciones caudillistas y militaristas de bandidos locales venezolanos, como el general Zamora, y el ideario guerrillero fidelista-guevarista, tan popular en nuestro país en los años sesenta del pasado siglo.
Hay todo un constructo agrarista-obrero en base a comunas y colectivos revolucionarios que se ven claramente reflejados en un idea de país como campamento militar, compuestos de milicianos dados a la vida en comunismo y un estado fuerte y grande en referencia al soviet de la Rusia estalinista o a un Comité Central del Partido de la China maoísta, con una clase política privilegiada sobre un proletariado en armas, movilizado y obediente.
Líder único, partido único, pensamiento único, esa es la base que sustenta el aparato político chavista a pesar de todas esas ínfulas y afeites por hacerse pasar como una organización democrática, que no lo es y nunca lo será.
Con esta estructura, que claramente está regida por el principio de autoridad, el chavismo simplemente sacrifica la búsqueda de la verdad, la tolerancia y la ética, veamos por qué.
El chavismo se basa en el conocimiento personal de los líderes, que asumen como cierto, no hay discusión al respecto, no hay argumentos a contrario, lo que dice la cúpula del partido es santa palabra, en eso basa su autoridad, si hay discusión, si hay otras opiniones o peor aún, si existiera la presunción de que están en un error, inmediatamente es considerado como un desconocimiento a su principio de autoridad, por ello es que toda crítica son vistas como ataques, el mismo sistema les impide razonar, mucho menos rectificar.
Como creen que su sistema socialista es el mejor modelo a seguir para la sociedad venezolana, no hay posibilidad de contradecirlos, de argumentar, ellos simplemente lo imponen, no les importa la opinión del pueblo, por eso es que desprecian los referéndum (al menos que les dé la razón), las discusiones públicas, el debate parlamentario, las opiniones críticas.
Sus mentes están programadas en que ellos son dueños de la verdad absoluta, ni siquiera de la verdad objetiva, que necesitaría de la crítica para llegar a ella, sino de la verdad absoluta que es aquella que solo tienen los iluminados, los profetas; y ante la pretensión de la verdad absoluta no hay recurso, por ello es que se les cataloga como fundamentalistas, esto explica, que ante el desastre de gestión y gobierno, el chavismo es incapaz de reconocer que se equivocaron, que el modelo socio-económico que nos quieren imponer es inviable, no es que no quieran rectificar, es que no pueden, porque en ello va involucrado el principio de autoridad, que van a sostener al costo que sea ya que en ello se les va el proceso revolucionario.
El chavismo jamás puede pretender una posición moral, la única que tiene, es la de la fuerza bruta y la de la intolerancia, que explica la enorme violencia desatada en contra del país, tanto la racionalidad, como la honestidad y la responsabilidad intelectual brillan por su ausencia, eso sí, se llenan la boca de consignas y palabras que refieren a valores humanistas, éticos y republicanos, pero ante la pared que le han levantado a la verdad, no son sino palabras vacías que contrastan horriblemente con la realidad, por eso es que, escuchar a un chavista, es escuchar a un alucinado, a un loco que dispara a diestra y siniestra mientras habla de amor y paz.
Es por ello que veíamos a un ministro del gobierno pidiéndole a los expertos del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU en Ginebra, que respetaran y creyeran en la tesis de la Guerra Económica como causa del desabastecimiento en Venezuela, era un ministro pidiendo un acto de fe a un panel técnico que quería una rendición de cuentas, escuchar razones, ver cifras, constatar realidades.
Lo único que faltó, fue que el ministro chavista sacrificara un toro en plena sesión para leerle el hígado como prueba que el oráculo que el gran sacerdote en Miraflores había hecho de nuestra situación como país en pleno siglo XXI, es cierta y no admite dudas.
Es la razón que impulsa a su líder, el ciudadano colombiano Nicolás Maduro, a proferir su amenaza, si la revolución fracasa lo que viene es una mortandad.
Toda esta situación existencial del chavismo le impide tener acceso al conocimiento y se convierte en un obstáculo para que el país tenga acceso al mismo, pueden que manejen información pero jamás podrán generar conocimiento ya que la búsqueda de la verdad está vedada y esto se nota en el sistema educativo que pretenden, no quieren gente preparada, ni especializada ni con criterio ya que esto va en contra de su naturaleza, que no es otra, sino la de un oscurantismo retrógrado y primitivo y al que quieren condenarnos por siempre. – saulgodoy@gmail.com